Sufriendo a los controladores
Hoy he llegado a la T4 a las siete de la mañana para volar a Granada. Al salir de casa me ha sorprendido la pequeña nevada que ha caído sobre Madrid y en el taxi iba disfrutando del blanco paisaje. Al llegar a la T4 la compañía me ha dejado emitir la tarjeta de embarque pero no había puerta asignada. He tomado un café y cuarto de hora después he comprobado que habían cancelado el vuelo. En el servicio al cliente nos han informado que según los controladores había medio metro de nieve y por nuestra seguridad han restringido la operativa del aeropuerto y han cancelado vuelos.
Todos los viajeros éramos conscientes que lo que había era medio centímetro de nieve y todos habríamos entendido un retraso para limpiar las pistas pero no una cancelación. Todos hemos interpretado que estábamos siendo perjudicados por un exceso de celo de los controladores que suelen tener cuando les toca firmar anualmente su convenio colectivo y que les ha funcionado en la última década para llegar a la situación salarial que han alcanzado que es propio de una película de los hermanos Marx.
Hemos tenido que sufrir la peor crisis en cincuenta años, el mayor desplome de los ingresos públicos y tener un ministro de Fomento con lo que hay que tener para plantarles cara. Me han asignado un vuelo a las 12 y la duda razonable de no salir a tiempo me ha llevado a alquilar un coche de alquiler, hacerme casi 400 kilómetros, anular la cita a un cliente y retrasársela a otro.
Mi total apoyo al ministro de Fomento para renegociar a la baja sus salarios pero hay que pensar a medio plazo en eliminar este cuello de botella que tiene la economía española con un grupito de personas que limita la actividad de los 45 millones de habitantes y los casi sesenta millones de turistas que nos visitan. Yo soy defensor de una economía mixta donde el pilar básico es el sector privado pero el sector público juega un papel determinante en la fijación de unas reglas del juego que protejan a los consumidores y favorezcan la libre competencia y que se encargue de que se cumplan.
Pero también soy un defensor de que la acción pública sea complementaria y nunca excluyente del sector privado. Por eso me parece que el nuevo equipo de Fomento ha abierto la puerta al sector privado en la gestión aeroportuario y es el momento para avanzar en la privatización de Aena. En una empresa privada, los controladores dejarían de estar protegidos por la función pública y sus sueldos y condiciones volverían rápidamente a condiciones de mercado. Sin duda son trabajadores altamente cualificados y seguirían teniendo salarios de eficiencia pero no 300.000 euros de sueldo medio anual.
El problema es similar al del sindicato de pilotos Sepla cuando Iberia tenía el cuasimonopolio del transporte aéreo en España y los pilotos nos amenazaban periódicamente con huelgas en las vacaciones de Semana Santa, verano y navidades y sus salarios también eran desorbitados. La competencia de empresas privadas y la necesidad de Iberia de presentar cuentas a sus accionistas han cambiado radicalmente la situación.
Varias empresas españolas están especializadas en concesiones aeroportuarias y tenemos capacidad de gestión suficiente para privatizar Aena. Además, su salida a Bolsa permitiría hacer caja su fondo de comercio y compensar el fuerte aumento de la deuda púbTrackBack
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