30 enero, 2010 | 12:23
Pobre Paulson
El otrora todopoderoso último Secretario del Tesoro de George Bush, procedente de la aristocracia de Wall Street ya que era Presidente de Goldman, ha publicado sus memorias y culpa de la crisis de Fannie Mae y Freddie Mac a los rusos y a los chinos y de la de Lehman a su homólogo británico por no permitir que Barclays comprara la entidad.
Al igual que Greenspan que en sus memorias, en las que no escribió ni una línea sobre supervisión financiera, salvo el episodio de la quiebra del hedge Fund LTCM en 1998, las biografías acaban siendo un ejercicio de autojustificación lamentable.
La tesis de Paulson es que los rusos acordaron con los chinos vender bonos de Fannie Mae y Fredie Mac lo cual forzó a la nacionalización de ambas entidades. La realidad es que ambas entidades estaban muy apalancadas y con débil capitalización para los riesgos que estaban asumiendo comprando carteras de créditos hipotecarios, sólo prime, y titulizaciones, donde entraron en el maravilloso mundo del subprime, puenteando la regulación en las mismas narices del Gobierno. Pero ya sabemos que el Gobierno y la Fed confiaban plenamente en los mercados libres en una versión moderna de la Teología del amor de San Agustín.
En marzo de 2008, la banca americana ya acumulaba 400.000 millones de dólares en pérdidas y en el mercado todo el mundo sabía que estaban ocultando muchas más. La quiebra de Bear Stearns, una de las sextillizas de Wall Street, fue una señal evidente de que el sistema bancario estaba descapitalizado y necesitaba urgentes inyecciones de capital.
Antes de reconocer la crisis bancaria, el Gobierno optó por contarnos las mil y una noches y embarcó a los fondos soberanos de oriente medio para que metieran capital en sus bancos. Pero ese capital era sólo para reponer parte de las pérdidas y no servía para que llegara nuevo crédito a empresas y familias. Entonces, el Gobierno forzó a los bancos regionales de la Fed y a Fannie Mae y Freddie Mac para que compraran activamente créditos hipotecarios con el fin de evitar el credit crunch hipotecario y frenar el desplome residencial y la caída de precios de la vivienda, principal variable que provocaba minusvalías.
Desde marzo hasta junio de 2008, los bancos federales compraron un billón español de dólares en créditos al sistema bancario, aliviando sus elevadas necesidades de liquidez, y Fannie Mae y Freddie Mac 200.000 millones. La Fed financiaba las compras monetizándolas, lo cual ayudaba a mitigar el desplome de la velocidad de circulación del dinero y la deflación de activos pero Fannie y Freddie tenían que financiarse en mercado y los chinos, los rusos y los árabes eran sus principales compradores de bonos.
En junio, la presión sobre el mercado de capitales de ambas agencias era enorme y Paulson no estuvo muy afortunado al generar dudas sobre el supuesto aval público de ambas agencias en caso de suspensión de pagos. Los chinos y los rusos dejaron de acudir a las subastas de pagarés de Fannie y Freddie e intentaron vender sus bonos en mercados para comprar directamente deuda pública.
Desde julio, la iliquidez en el mercado fue en aumento hasta el 8 de septiembre, cuando el Gobierno anuncia la nacionalización de ambas agencias y pasan a financiarse del Tesoro y de la Fed. Pero, la crisis ya se había activado y la desconfianza inundaba el mercado. Esa semana, sus colegas de Wall Street cerraron sus líneas de financiación a corto a Lehman y forzaron el error histórico de dejarla caer.
Si Barclays hubiera comprado Lehman sin apoyo de capital público del Tesoro, cómo sucedió con JP Morgan al comprar Lehman en marzo, habría sido una inmolación y habría forzado al Gobierno británico a incluir a Barclays en su plan de salvamento bancario.
En enero de 2009 tuve una reunión con un Gobernador de la Fed. El resto de comensales estaban preocupados por la deflación y la posible depresión pero mis miedos ya habían pasado ya que el diagnóstico del problema era el correcto y los gobiernos habían aplicado las políticas necesarias por lo que le hice dos preguntas que le incomodaron mucho. La primera es cuál era la causa de su discrecionalidad para decidir que Bear si, Lehman no y luego Citi y BoA si y, tres días después, cuando quiebra Washington Mutual, la mayor caja de ahorros de los EEUU, por qué deciden salvar el 100% de los depósitos y permitieron que un pequeño ahorrador que había metido su dinero en un fondo de inversión que compraba pagarés de la entidad perdiese el 90% de su inversión.
La respuesta fue que en Bear tuvieron apoyo privado de JP Morgan, con una opción de venta del Gobierno del valor de la acción a 2 dólares, y en Lehman no, ahora le echan la culpa a los británicos. En el caso de Washington se puso muy nervioso y reconoció que fue una semana muy complicada y no eran muy conscientes de lo que hacían.
Ahora que intentamos cambiar la regulación para evitar crisis futuras y hay un aquelarre contra los banqueros, ya nadie recuerda que las familias americanas estaban igual de apalancadas que Lehman y no debemos olvidar que la gestión de la crisis fue nefasta. Si George Bush y Henry Paulson hubieran aplicado el plan de salvamento bancario en marzo 2008, los efectos de la crisis en términos de pérdidas de empleos y cierres de empresas en todo el mundo habrían sido infinitamente inferiores a las actuales.
Por no montar otro aquelarre contra los políticos, si hubieran tomado esa decisión habrían perdido con seguridad las elecciones presidenciales de noviembre. Los errores de Bush forzaron a la mayor intervención pública en años y ahora los republicanos culpan a Obama de mala gestión de del dinero de los contribuyentes y la culpan del elevado déficit público y de ayudar a los bancos, planes que ya aprobó su antecesor.
Demos gracias que esta pesadilla ya acabado, sigamos tomando medidas para evitar que se reproduzca la temida W y seamos conscientes que “Dios no juega a los dados con la naturaleza” y que las crisis económicas son periódicas y no es futo de la casualidad.
Pero lo que no es de recibo es que aquellos que no tomaron las decisiones adecuadas vengan ahora a justificarse, aduciendo una conspiración chino-rusa-británica. Hasta nunca Henry Paulson, seguramente el peor Secretario del tesoro de la historia de los Estados Unidos de América.
Últimos comentarios