24 mayo, 2009 | 23:58
EEUU pierde el AAA
SR Rating, una agencia brasileña, ha rebajado el AAA a los EEUU. Es una agencia con escasa influencia pero S&P ya ha puesto en revisión el AAA a Reino Unido y los mismos criterios podrían llevar a también a rebajar la calificación a los EEUU. Los déficits públicos y los planes de salvamento bancario proyectan ratios de endeudamiento que hacen poco sostenible el AAA. Japón ya no lo tiene y Alemania está estudiando un banco malo que compraría activos a sus bancos y que supondría un endeudamiento público de entre el 10% y el 50% de su PIB, lo cual también debería llevar a perder el AAA.
La duda surge si un mundo sin AAA será como la tierra sin rey de la mitología clásica y que fue resuelta por Arturo al sacar Excalibur de la piedra. La realidad es que la diferencia entre una calificación AAA y una doble AA es de apenas unas décimas de probabilidad de que el emisor del bono incumpla sus compromisos de pago, por lo que un mundo sin AAA no tiene por qué hacer que se cumplan las profecías del apocalipsis. España es buen ejemplo. Nuestro país perdió el AAA por la agencia S&P pero, al estar dentro del euro, el Tesoro consiguió levantar la pasada semana 4.000 millones de euros en Letras a un año a tipos inferiores al 1%.
El ahorrador tiene que comprar activos para protegerse de la inflación y siempre habrá un activo de referencia, aunque no fuera AAA. Sería un mundo donde los mercados financieros se alejarían de la eficiencia de la última década pero si se combina con menos oportunidades especulativas y una mayor canalización de fondos prestables hacía la economía real, el resultado sería incluso positivo.
No obstante, el AAA es un tótem para los inversores y perderlo generará desconcierto incertidumbre y volatilidad, lo cual complica la necesaria normalización de los flujos financieros. El dólar es la moneda de reserva internacional y sufrirá mientras se especule con la pérdida del AAA, aumentando la prima de riesgo global del resto de activos. También cabe la posibilidad de que los inversores le acaben perdiendo el respeto a las agencias de calificación. La verdad es que, desde un punto de visto del bienestar social mundial, sería la opción más favorable. Además, se lo han ganado a pulso y siguen haciendo todo lo posible para que suceda.
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