Sobre el autor

José Carlos Díez es profesor de economía de Icade y autor del libro Hay Vida Después de la Crisis, un best seller en el que explica la crisis financiera internacional, la Gran Recesión, la crisis del Euro y la crisis española. Siempre ha combinado su faceta académica, empresarial y de divulgación en medios de comunicación, nacionales e internacionales. Este blog comenzó en 2008 y se ha convertido en un referente y lidera el ranking de visitas en redes sociales sobre economía.

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28 abril, 2009 | 22:42

Te adjunto un link a un fantástico artículo en el que uno de los mejores economistas especializado en crisis financieras compara la actual crisis con la Gran Depresión.

http://www.scribd.com/doc/14069561/Historia-de-Dos-Depresiones-Eichengreen-ORourke

Sin duda la intensidad de la crisis es similar e incluso mayor en esta ocasión en lo que a deflación de activos se refiere, pero la intervención pública ha sido mucho más rápida y más intensa. Conclusión la crisis actual será más corta y menos dramática en términos de desempleo y pobreza y la duda es como será la recuperación en la actual. En la Gran Depresión la recuperación fue en V pero la economía venía del subsuelo. La clave fue y será el crédito.

25 abril, 2009 | 10:45

Ayer conocimos la EPA del primer trimestre que fue nefasta y desbordó todas las previsiones. Te adjunto el link a la nota de prensa del INE que contiene una amplia base estadística para analizar el dato.

http://www.ine.es/daco/daco42/daco4211/epa0109.pdf

La población activa, que había explicado la mitad del aumento del desempleo en 2008, dejó de crecer y aún así la tasa de paro superó las previsiones más pesimistas de los analistas. La clave fue la destrucción de empleo que superó las 750.000 personas. El problema de esta estadística es que hablamos fríamente de los números, pero detrás de cada desempleado hay una historia dramática y humana que nunca debemos olvidar.

Analizando los datos mensualmente con afiliaciones a la S.S., el cuarto trimestre fue de menos a más en destrucción de empleo y el primero de más a menos por lo que todo apunta que nos encontramos ante un cambio de ciclo y que lo peor ha quedado a tras. El sector de la construcción, que fue el que con más intensidad destruyó empleo en 2008, ha moderado la intensidad de la destrucción y también confirma el cambio de tendencia.

Ahora comienzan a surtir efecto las bajadas de tipos de interés, los planes de gasto público y las medidas para mejorar la liquidez de las empresas, pero aún nos quedan varios meses de destrucción de empleo y de recesión, aunque irá moderando gradualmente su fuerza destructiva.

Pero cuando la economía se estabilice sólo conseguiremos frenar el aumento de la infelicidad pero los que han caído en las redes del desempleo no mejorarán su felicidad. Para eso hay que crear empleo y hay sigue estando la incertidumbre. La variable determinante a corto plazo para una economía es el crédito y éste sigue sin fluir con normalidad en España. 

Está claro que nuestro sistema bancario tiene problemas pero en vez de un debate intelectual honesto para analizarlos, nos limitamos a mandar señales de presión para que nuestros bancos den crédito, sin más. Si fuera tan fácil bastaría con decir a los consumidores que gasten y a las empresas que contraten de nuevo para acabar con la recesión.

La banca se ve desbordada por la morosidad y tiene que financiar esos activos fallidos en unos mercados de capitales que no funcionan. Además tienen que hacer frente a las emisiones de los últimos años que utilizaron para financiar el boom de crédito, lo cual agrava el problema. Nuestras entidades tienen que refinanciar este año y el próximo unos 80.000 millones anuales de vencimientos de deuda a largo plazo. Si no consiguen financiación suficiente para sus vencimientos y para el aumento de los fallidos no podrán atender la nueva demanda de crédito.

El Gobierno ha aliviado el problema con 20.000 millones del Fondo de Adquisición de Activos, con los 20.000 millones de deuda avalada que se han emitido hasta el momento y por el uso que se han hecho de las nuevas líneas del ICO, pero no es suficiente. Además, inyectar liquidez en las entidades les alivia el problema pero no se lo resuelve.

Hay que hacer un plan integral para reactivar el crédito, especialmente de hipotecas, que fue lo primero que hizo el equipo de Obama cuando llego al poder. Hay que dar apoyo financiero a las familias que van a entrar en mora para evitarlo. Se puede dar un cheque fiscal a cargo de sus futuras desgravaciones de la compra de la vivienda en el IRPF, por lo que no tendría ningún coste para el resto de contribuyentes. Además hay que ayudar a los bancos a deshacerse de los inmuebles de morosos. Aquí la solución es muy sencilla; si el Estado ya es una gran inmobiliaria y promueve vivienda social es más útil que se las compre ya hechas que producirlas nuevas, todo será una cuestión de precio. Hay edificios enteros en liquidación que salen al mercado con descuentos de precio superiores al 30% y hay inversión especulativa que vuelve a ver en el sector inmobiliario una inversión atractiva, ya que el alquiler ya ofrece rentabilidades del 5%, muy por encima de la deuda pública.

Con estas medidas frenaremos el aumento de fallidos, eliminaremos los antiguos, reduciremos la dependencia de nuestros bancos y nuestra economía del ahorro externo, aliviaremos la restricción de crédito, los nuevos hogares comprarán muebles y electrodomésticos, que tendrán que contratar a transportistas que irán más al taller y ya habremos puesto a circular el flujo de renta de nuevo.

Lo importante es reconocer que las medidas han sido insuficientes y tomar las nuevas sin demora. Los cuatro millones de parados ya han perdido la paciencia y no podemos permitirnos que también pierdan la esperanza.

12 abril, 2009 | 23:46

Viendo los disturbios en Bangkok, coincidiendo con la reunión del Asean, me ha recordado un artículo que escribí el día del Golpe de Estado de 2006 para el diario 5 Días. Por desgracia acerté en el pronóstico y se confirma la máxima de que los militares nunca son la solución y sólo consiguen una huida hacia a delante y aumentar el desorden. Te adjunto un link al artículo.

http://www.cincodias.com/articulo/opinion/llamada-prudencia-Tailandia/20060921cdscdiopi_5/cdsopi/

Tailandia es un buen referente de crisis financiera y de los efectos que provocan, no sólo económicos, sino sociales y políticos. Ahora afirmamos que la actual crisis es la peor desde la Gran Depresión de los años treinta, pero sólo es cierto para los países desarrollados. Tailandia sufrió una depresión económica en 1997 que provocó una contracción del PIB de dos dígitos y un aumento desproporcionado de la pobreza.

En 1996, Tailandia registró un déficit por cuenta corriente del 7% del PIB que se financiaba a través de endeudamiento de sus bancos en dólares y a muy corto plazo. En la primavera de 1997, los inversores temían que el Gobierno tailandés dejaría flotar libremente su divisa contra el dólar y huyeron despavoridos para protegerse de las pérdidas de valor en su cartera que supondría la devaluación y provocaron lo que en la literatura se denomina un “frenazo brusco de la economía. Caída del PIB del 12% en dos años y una deflación del 4% en 2008, según el deflactor del PIB. En 1998, el país registró un superávit exterior del 12% necesario para pagar los vencimientos de su deuda externa que no pudo refinanciar.

Yo viajé en 2003 a Tailandia y el país acababa de recuperar el nivel de PIB previo a la crisis, pero las cicatrices de la misma se podían sentir. El sector informal dominaba la actividad económica. En Bangkok, nueve millones de habitantes, había mucha indigencia, incluso en el centro turístico, y las calles estaban plagadas de restaurantes ambulantes en los que se podía comer por menos de dos euros. Toda la ciudad olía a cerdo al agridulce, era insoportable. Por no hablar de la prostitución, tráfico de falsificación, drogas, etcétera. La pobreza se concentraba en el norte, especialmente en la frontera birmana. Recuerdo que nuestro guía era licenciado en historia, bilingüe en inglés y tenía tres trabajos, pero me reconocía que tenía que dar dinero en casa y no podía permitirse muchas alegrías. Los salarios eran de miseria.

En aquella ocasión, el FMI llegó con su píldora mágica y recomendó al Gobierno una política fiscal restrictiva para frenar los efectos inflacionistas asociados a la devaluación y al incremento de los precios de importación. La política suponía menor gasto público y mayores impuestos, incluido sobre alimentos básicos. Resultado, mayor pobreza y depresión. El coste de salvar el sistema bancario supuso cerca de un tercio del PIB del país.

Ahora, el problema se llama apalancamiento y vehículos de los bancos fuera de balance pero la causa de nuevo es que esos vehículos se financiaban a muy corto plazo. Cuando los inversores retiraron la confianza a los vehículos, los mercados se volvieron ilíquidos, los bancos implicados insolventes y el contagio a la economía real fue inmediato.

La complejidad de esta crisis es que ha sido global y ha colapsado la demanda y el comercio mundial. Las ventajas: que las monedas de los países más afectados han actuado de refugio, lo cual ha permitido a sus bancos centrales, la Fed y el BCE, bajar los tipos de interés y financiar a sus bancos para evitar la depresión. Los gobiernos han bajado los impuestos, especialmente a las clases más necesitadas, y han incrementado el gasto público. Además, el FMI ahora es el máximo adalid de las políticas heterodoxas.

La crisis está viva y aún no podemos compararla con la asiática. Pero si podemos afirmar lo que uno de mis maestros siempre nos repetía en la Universidad “todos somos iguales, pero unos más iguales que otros” En España, desbordados por la situación, muchos se lamentan por no poder devaluar, en vez de despertarse cada mañana dando gracias por formar parte del euro. Por suerte tenemos problemas de nuevos ricos.

08 abril, 2009 | 05:06

Decía Platón, citando a Heráclito, que "nunca te bañaras en el mismo rio, la corriente se habrá encargado de cambiarlo. Diciendo esto, el cambio de Gobierno debemos entenderlo como una dapatación a un rio de aguas bravas que destruye 150.000 empleos al mes.

A la ministra que llega sólo esperar que haga su diagnóstico de la crisis y anuncie sus medidas para afrontarla. Hay dos posiciones ante esta crisis: pensar que es una crisis más y que en algún momento saldremos de ella. Para ello hay que dejar actuar los estabilizadores automáticos y hacer reformas estructurales que sitúen a la economía lo mejor preparada posible para la recuperación o pensar que esta crisis es atípica que ha afectado a una institución básica de la economía de mercado, el sistema financiero, y que se necesitan políticas excepcionales para salir de ellas. Solbes ha sido el defensor de los estabilizadores automáticos y, aunque ha tomado medidas heterodoxas, como el fondo de adquisición de activos o los avales a entidades financieras, desde marzo del pasado año ha ido por detrás de la corriente y arrastrado por ella.

La nueva ministra tendrá que definirse para que empresas y familias puedan formar sus expectativas. Como hemos visto en EEUU, las primeras decisiones serán claves para ello. Geithner ha seguido la línea de su antecesor y ahora está muy cuestionado. El cambio real va a una velocidad de vértigo y los humanos nos debemos adaptar cuanto antes. El caso de CCM empaña la visión. No se trata de definir la economía funeraria de cómo se va a intervenir a las entidades en situación límite. Se trata de usar la política financiera de manera audaz y eficaz para evitar que entidades sanas, en el caso español la mayoría, acaben en situación límite.

La política monetaria y la política fiscal ya se han activado y han empezado a surtir efecto, por lo que ahora la prioridad es normalizar el crédito. Aquí tenemos toda una batería de medidas, sobre todo en EEUU, que son una referencia positiva o negativa y siempre con la necesidad de adaptarlas a nuestra situación, por fortuna con un sistema bancario más saneado que el estadounidense: Compra de activos a las entidades, en nuestro caso viviendas, ayudas a las familias para frenar la morosidad y reactivar la demanda de hipotecas y la compra de viviendas, apoyo al crédito interempresarial, especialmente entre pymes.

Ya hay recursos públicos comprometidos y es posible que no hagan falta más, pero es importante que se defina bien el modelo al principio. Si aciertas, reducirás la incertidumbre y allanarás el camino para una recuperación. No es fácil, pero tampoco es imposible. No hay que precipitarse, pero como dijo A. Einstein “nunca pienso en el futuro, llega demasiado pronto”. El futuro son 150.000 empleos destruidos cada mes.

Además de estas medidas, las reformas estructurales también son esenciales. La nueva ministra debe liderar el dialogo social con sindicatos y empresarios para conseguir un mercado de trabajo con menor temporalidad, más estabilidad en el empleo y mejor fijación de salarios. Hay que evitar que en un año de fuerte destrucción se produzca una aceleración de los incrementos salariales, como sucedió en 2008. Además debe conseguir una adaptación de la directiva de servicios ambiciosa. Para ello, tendrá que ayudarla su colega Manuel Chavés, ya que la implicación de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos es clave. Yes, we can, pero tenemos que tomar las medidas adecuadas.

 

01 abril, 2009 | 23:33

Te adjunto un link al artículo que me ha publicado 5 días en la edición impresa.

http://www.cincodias.com/articulo/opinion/momento-G-20/20090331cdscdiopi_6/cdsopi/

La coordinación es más necesaria que nunca pero los mensajes previos a la reunión no permiten ser muy optimistas. EEUU presionando a Europa, Sarkozy amenzando irse de la reunión y los chinos pidiendo una divisa mundial para sustituir al dólar. Como díria Groucho Marx "que se pare esto que yo me bajo"

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