05 febrero, 2012 | 13:31
Hasta siempre Luis Toharia
Ayer fue un día triste para este economista observador al tener que visitar en el tanatorio a Luis Toharia, uno de mis maestros y de los mejores economistas que he conocido. Samuel Bentolila hace perfecta descripción de la obra de Luis, sólo una corrección. Luis si creía en el equilibrio general, él fue quien me lo enseñó magistralmente en su curso de Microeconomía en segundo de licenciatura y luego en el del doctorado. Luis y Samuel estudiaron en MIT pero en épocas muy distintas. En los sesenta se estaba formalizando y axiomatizando la teoría económica. La idea de la escuela del Cambridge americano que se enfrentaron con el Cambridge británico posterior a Keynes era explicar lo mismos que los clásicos pero en lenguaje matemático con el fin de apoyarse en un aparato científico más potente sobre el que avanzar en la explicación de los problemas económicos. Luego en los ochenta la profesión cayó en el mecanicismo y las matemáticas en muchos se convirtieron en una restricción para desarrollar el marco conceptual y justificar la filosofía moral del laissez faire.
Luis entendía el mercado de trabajo cómo institución social, igual que lo entendía y lo escribió uno de sus maestros en MIT, R. Solow. El mercado es también un instrumento de distribución de renta pero sólo lo hace a través del salario. Por esta razón el salario no es sólo un precio derivado de la oferta y la demanda de empleo es también la renta que financia el consumo de los hogares y el consumo explica dos terceras partes de nuestro PIB. Por eso Luis era institucionalista cuando hablaba del mercado de trabajo y por eso muchos de sus alumnos también lo somos. La pregunta debería ser ¿puede algún economista no ser institucionalista?
Otro de sus maestros en MIT P. Samuelson decía que “los economistas somos unos bichos raros ya que nuestra función de utilidad busca el reconocimiento del resto de nuestros colegas de nuestro trabajo” Luis puede descansar tranquilo. Ayer en el tanatorio había muchos y buenos economistas y todos hablaban bien de Luis. La mejor frase la dio Manolo Gala, uno de los primeros españoles en formarse en EEUU, nada menos que en Chicago con Milton Friedman en su máximo apogeo, y que ayudó a Luis a ir a MIT y luego para que viniera a Alcalá cómo profesor. “Yo sólo exigía dos cosas para entrar en el departamento de Fundamentos de Economía de Alcalá: un título anglosajón y ser buena persona y Luis cumplía ambos”
Todos los economistas españoles, seguramente sin saberlo, nos hemos beneficiado del trabajo de Luis ya que ha sido el encargado, junto a su mujer Esther, de traducir al español los principales manuales de economía que hemos usado en nuestra querida España desde hace décadas.
Pero sus alumnos sin duda somos los que más hemos aprovechado sus ideas. Era habitual que Luis repitiera su examen de junio en septiembre. Su objetivo no era evaluar a sus alumnos, su objetivo era que aprendiéramos los conceptos básicos de la microeconomía. Luis también daba clase de macroeconomía pero recuerda que meses antes que su salud se deteriorara me advertía en su despecho del departamento “la macro es una abstracción irreal, la economía es microeconómica”.
La emoción supera a este economista observador al escribir este post y sólo puede acabar dándote mil gracias Luis y decirte hasta siempre. Intentaré transmitir a mis alumnos lo que él me enseñó a mí con humildad y desinterés.
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