EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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En "Money and Power: How Goldman Sachs Came to Rule the World", William Cohan defiende que Goldman Sachs es la organización (banco, secta, amigos, poder, lo que quiera que sea) más poderosa del mundo. Curioso que, desde que Bill Clinton fue presidente, casi todos los secretarios del Tesoro a lo largo de 25 años, provengan de Goldman Sachs. El actual, también: Steve Mnuchin.

Steve Mnuchin es un candidato típico para el puesto de secretario del Tesoro. Como dos de sus últimos siete predecesores  escaló las filas en Goldman Sachs. En la década de 2000 trabajó brevemente para George Soros. (En vísperas de la elección, Soros apareció junto a Lloyd Blankfein, CEO de Goldman, como blanco de un ataque de Donald Trump a la "estructura de poder global".) Cuando la noticia de la nominación del Sr. Mnuchin se hizo pública, habló sobriamente en CNBC, de la necesidad de reformar el código tributario.

Sin embargo, Mnuchin es un candidato bastante poco convencional. En los últimos años ha intercambiado fondos para películas. Su compañía de entretenimiento, en colaboración primero con Fox y más tarde con Warner Bros, ha producido éxitos de taquilla como "Avatar" y "Gravity". En su último intento, un drama romántico sobre Hollywood de los años 50, Mnuchin incluso hace una aparición en un cameo.

Mnuchin ha dedicado tiempo a financiar la costa oeste. En 2009 él y otros inversores compraron IndyMac, un banco fallido de California. Renombrado OneWest, el banco se adjudicó a los prestatarios hipotecarios incumplimiento la ley, de acuerdo con sus críticos, dando lugar a varias demandas.

Si el Senado confirma su nombramiento,  Mnuchin se enfrentará a tres retos principales en el cargo. El primero será conseguir que la política fiscal de Trump sea correcta. Durante la campaña, Trump propuso reducciones de impuestos que, según la Fundación de Impuestos, un grupo de reflexión de derechas, otorgarían al primer 1% de los asalariados una reducción de impuestos de un promedio del 12-20% de sus ingresos. Pero  Mnuchin dijo a CNBC que no habría un recorte tributario neto para los ingresos más altos. Antes de las elecciones, Trump criticó el plan de su oponente para un banco de infraestructuras "controlado por políticos y burócratas" y propuso utilizar créditos fiscales para estimular la inversión privada. Sin embargo, Mnuchin sugirió a mediados de noviembre que la administración entrante está buscando iniciar un banco de infraestructura..., después de todo.

El segundo desafío será cumplir con las promesas de Trump sobre el comercio. Se cree que Mnuchin comparte los instintos proteccionistas de su jefe. Él determinará la política comercial junto con Wilbur Ross, el candidato de Trump para el secretario de comercio. Ross, un multimillonario inversor en empresas en quiebra, es un crítico de los recientes acuerdos comerciales. En el departamento de comercio, supervisará la aplicación de la nueva política comercial, como la imposición de aranceles. En el Tesoro, Mnuchin tendrá responsabilidades tales como declarar a China un manipulador de la moneda.

El desafío final y general será defender la agenda de crecimiento Trump. Al anunciar las nominaciones, el equipo de transición reiteró la promesa de crear más de 25 millones de empleos durante la próxima década, 18 millones más de lo que se prevé hoy. La aritmética sugiere que esta promesa es una ilusión: incluso si la participación en la fuerza de trabajo de los jóvenes de 25 a 54 años vuelve a su máximo récord, sólo se presentarán 4.3 millones de nuevos trabajadores en 2024. Para lograr consistentemente su meta de crecimiento económico de 3,5-4 %, el nuevo equipo de Trump debe esperar, a cambio  un aumento sin precedentes de la productividad, impulsado, quizá, por la desregulación. Las voces más sobrias dicen que el crecimiento será del 2,5%, o, en su mayor parte, del 3%. Lejos de las promesas de Trump...

15 noviembre, 2016 | 18:38

En abril de 2011, cuando HBO estrenó "Juego de Tronos" en Estados Unidos, coincidí con el Presidente Obama en Miami. El iba a dar un discurso de contenido económico en el puerto inddustrial de Miami y allí nos vimos. Eran las semanas en que Donald Trump acariciaba su cuarto intento de presentarse como candidato a presidente (2012), aunque no tenía claro con qué partido, pero -al menos entonces- tenía más inclinaciones demócratas que republicanas. No que importe mucho: ha cambiado cinco veces de partido, otras tantas de posición sobre el aborto y tres veces de esposa: Dios me libre de juzgar! Creo que es un síntoma más de lo que explicó ayer Barack en rueda de prensa: "no creo que el presidente electo se una persona a quien le mueve la ideología. Más bien creo que es alguien muy pragmático".

El presidente Obama tiene más razón que un santo. El 7 de noviembre, un día antes de las elecciones, publiqué mi primer libro sobre la era Trump, tras publicar seis libros sobre Barack Obama al objeto de hacer una crónica de su histórica presidencia. En mi nuevo libro "Hillary versus Trump: el duelo del siglo", me manifiesto a favor de Hillary, pero anticipo que ganará Trump, como así fue. A propósito puse presión a la editorial para que el libro estuviera en librerías un día antes de las elecciones. Así podría probar en un libro que ha supuesto 15 meses de investigación, que hay encuestas que sí aciertan y que son aquellas que no se publican.

Volviendo a Miami en abril de 2011, fue el momento álgido de la insultante acusación de Trump sobre que Obama no había nacido en Estados Unidos. Obama calló. El FBI investigó. Trump atacó. Y perdió: Primero el FBI puso sobre la mesa pruebas irrefutables sobre la nacionalidad del presidente, nacido en Honolulú, Hawaii, dos años después que las islas se incorporaran como el estado 50 de la Unión. Segundo, Barack hizo pública su partida de nacimiento. Trump hizo el ridículo, pero no le importó: consiguió lo que quería, notoriedad a cualquier precio. Y lo consiguió. El ofendido fue Obama, quien no le ha guardado rencor.

En la campaña electoral americana de 2015-2016, Trump ha dicho cosas muy feas e injustas sobre Barack. A sus insultos, el presidente ha respondido siempre -como es él- de manera analítica y razonada. Toda vez que el pueblo americano ha votado a Trump, Obama ha pasado página y, aunque sabe que su sucesor pretende desmotar todo lo que él ha construido en 8 años (la recuperación económica, Obamacare, la reforma financiera Dodd-Frank, y todas las órdenes ejecutivas firmadas como la que evitó la deportación de cinco millones de niños hispanos, separándoles de sus familias y viceversa), le está ayudando en la transición. Esto no es cuestión baladí. Yo siempre he apoyado a los Clinton, pero hay que reconocer que Bill Clinton no hizo bien la transición con George Bush: no solo se llevó los muebles de la Casa Blanca -que tuvo que devolver previa multa- sino también los papeles. En cambio, Obama siempre destaca la generosidad de George Bush, un presidente a quien yo nunca he apoyado, pero que hizo una transición ejemplar. Como la que está haciendo Obama ahora con Trump. Y, de esto, podría poner docenas de ejemplos, pero me los callo por no aburrir al lector.

Baste decir que espero y deseo que Trump aprecie todo lo que el presidente Obama está haciendo por él. Bill Clinton hubiera mandado a Trump a to fry puñetas. Pero Obama es Presidente y Caballero.

07 octubre, 2016 | 08:58

En la época de la Guerra Fría, especialmente los soviéticos pagaban a agentes -de la CIA, del FBI- para, convirtiéndoles en "dobles agentes", les proporcionaran información útil sobre la economía de Estados Unidos, sus avances tecnológicos, el poderío militar, la Guerra de las Galaxias, etc. En este menester, los soviets siempre fueron muchísimo más eficaces que los norteamericanos, que apenas supieron y pudieron contratar a un número muy limitado de agentes dobles soviéticos, la mayor parte de los cuales fueron descubiertos y ejecutados por el KGB. La Unión Soviética era consciente del adelanto norteamericano en todos los frentes y, con la explosión de las tecnologías de la información (El Silicon Valley, en 1971), supo que ya había perdido la Guerra Fría. En cambio, Estados Unidos se tragaba la propaganda soviética según la cual se excedían formidables cuotas de producción agrícola e industrial, aunque la realidad es que los ciudadanos que vivían al otro lado del Telón de Acero (Winston Churchill) pasaban necesidad.

En este contexto de enfrentamiento ideológico entre dos formas de concebir el mundo y la vida entre el Occidente libre y la tiranía comunista, el espionaje tenía sentido. Cuando menos, ha dado lugar a muchas películas de cine y literatura (novelas) a cual más interesante. Cuando en noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín y en 1992 se disolvió la Unión Soviética, Estados Unidos quedó como única super potencia y tanto espionaje empezó a verse como un gasto innecesario. De tal guisa que el presidente Clinton despidió a miles de agentes de la CIA que habían luchado contra el comunismo en la Guerra Fría. Una de las consecuencias negativas de esta decisión fue que Estados Unidos se quedó sin ojos y oídos en Oriente Medio: los países árabes, en su inmensa mayoría, estaban alineados con Moscú, para contrarrestar a un Israel aliado de Estados Unidos. Este es uno de los motivos por los que el nacimiento de Al-Qaeda, los atentados en Kenia, Tanzania y el World Trade Center no pasaron de ser anecdóticos en Norteamérica hasta los atentados del 11S de 2001.

Estados Unidos, con 16 agencias de inteligencia, tuvo que reconstruir sus servicios de inteligencia: la reiteración está hecha a propósito. La guerra contra un enemigo fanático y sin miedo a morir -los radicales islámicos- requerían un nuevo tipo de agente de la CIA, los servicios de información de la NSA, la sofisticación de los drones y el uso intensivo de las Fuerzas Especiales (Green Berets, Navy Seals, Delta Force). Y el uso de las tecnologías de la información. Y aquí encontró Estados Unidos su telón de Aquiles, porque, primero Edward Snowden y después, ahora, Harold Thomas Martin, robaron secretos oficiles y, en el caso del primero, los hicieron públicos a través de Wikileaks. Muchos Marines norteamericanos han muerto fruto de la irresponsabilidad de Snowden: atentados, asesinatos de agentes, bombas... No se sabe aún el alcance de lo hecho por Harold Thomas Martin y el daño causado.

Pero queda claro que esta epidemia de espías dentro de la NSA aireando trapos sucios tiene que terminar.

06 octubre, 2016 | 08:41

Tal y como anticipé en este diario antes de la celebración del debate entre candidatos a vicepresidente de Norteamérica, el encuentro estuvo lleno de sustancia y exento de superficialidad.

En Farmville, Virginia, debatieron anoche el senador Time Kaine (demócrata) y el gobernador Mike Pence (republicano). Explicar quiénes son es importante: un tercio del electorado dice no conocerles y otro tercio afirma que no tiene información suficiente sobre ellos como para formarse una opinión acerca de Kaine y de Pence. En su caso, además, se trata, por vez primera en la historia electoral de Estados Unidos, de dos candidatos a vicepresidentes que aparecen como totalmente irrelevantes, si se les pone al lado de sus respectivos jefes, Hillary Clinton y Donald Trump: dos nombres universalmente conocidos, dos fuertes personalidades, dos personas con visiones casi totalmente opuestas de la vida en todos sus aspectos…; teniendo todo esto en cuenta, los nombres de Kaine y Pence son irrelevantes: fueron escogidos por Clinton y por Trump no porque les amaran sino porque les aportaban lo que ellos no tenían ni tienen.

Kaine, católico, tiene fama de buena persona, íntegra y decente. Nadie pone en tela de juicio su “hombría de bien”, cuando ha sido abogado defensor de derechos humanos y misionero con los jesuitas en Hispanoamérica, amén de gobernador y senador por Virginia. A Pence le pasa lo mismo. Trump le escogió por el prestigio del gobernador de Indiana en el partido republicano: hombre de fe, evangélico, con fuertes convicciones conservadoras y adherido a la ortodoxia republicana. Pence pasó a formar parte del equipo de Trump en un momento en que gran parte del aparato del partido republicano estaba en contra de su propio candidato. Es, en este contexto, y en el de que dos tercios de los electores no confían en Clinton ni en Trump y, además, no les caen bien, en que se ha celebrado el debate de esta noche.

La gran sorpresa ha sido la agresividad positiva de Kaine. Frente a un hombre tranquilo como Mike Pence, Kaine no desaprovechó ninguna oportunidad para intentar poner al republicano contra las cuerdas y en una posición incómoda. La culpa la tiene Donald Trump, por sus continuas meteduras de pata, de las que Mike Pence se ve obligado a salvarle continuamente. La última semana ha sido especialmente desastrosa para Trump -debido, primordialmente, a sus continuos errores- y Kaine no dudó en utilizarlo: en siete días, Trump se ha declarado ganador de un debate que perdió y que vieron en televisión casi 100 millones de personas, lo que le ha dejado en ridículo; The New York Times -algo que adelantamos nosotros en las páginas de este diario- sacó a relucir las finanzas de Trump y demostró que, utilizando la ley, Trump llevaba sin pagar impuestos desde hace 18 años, algo que según él, le “hace más inteligente” y, como responde Clinton, “¿qué nos hace parecer a nosotros, que sí pagamos impuestos: somos tontos?”; de nuevo, los ataques de Trump a las mujeres, en este caso, escribiendo un tuit contra una mujer ex Miss Universo a quien “acusó” de haber engordado tras ganar el concurso. Todas las encuestas muestran esta semana, que Trump ha perdido completamente el apoyo femenino (51% del electorado): 57% apoya a Clinton versus 37%, que votaría a Trump.

Kaine tomó la iniciativa durante todo el debate, comportándose en ocasiones de manera que, es posible, no haya caído bien al telespectador, puesto que no paró de interrumpir a Pence cuando éste defendía a Trump. De hecho, en muchas ocasiones, a la moderadora- Elaine Quijano, de CBS News- el debate se le fue de las manos, perdiendo el control a manos de Kaine, quien dominó el encuentro de principio a fin. Para empezar, dibujó el marco del debate: la cuestión esencial es el carácter de los candidatos y, frente a una Hillary Clinton que siempre ha luchado por los demás, Trump ha demostrado con creces que solo se preocupa por sí mismo. El pobre Pence, quien muchas veces me dio pena porque echaba la cabeza para abajo como quien -sin darse cuenta frente a la cámara- es consciente de que defiende lo indefendible y se arrepiente por ello-, solo respondió que Trump es un “hombre de negocios y no un político profesional y eso es lo que atrae a los electores”. Kaine estuvo siempre muy rápido de reflejos, continuamente al acecho para aprovechar cualquier oportunidad de atacar, de eludir todo ataque a Clinton para convertirlo en un contraataque contra Trump: “lo que tiene Trump es un ego más grande que Mount Rushmore y devoción por los dictadores”, en alusión a las alabanzas de Trump a Vladimir Putin o sus comentarios sobre el líder de Corea del Norte.

Kaine y su mujer tienen un hijo “Marine” y, como padres, “nos asusta hasta la muerte que Trump pueda ser Comandante en Jefe”, en alusión a las continuas declaraciones de Trump sobre “¿para qué tenemos armas nucleares si no podemos usarlas?”. Kaine pintó a un Trump errático en cuestiones de Seguridad Nacional, que decía saber más que los generales sobre ISIS, para decir a continuación que despediría a los generales. Pence solo pudo responder que, desde que Hillary fue secretaria de estado, Norteamérica es un país menos seguro. Se lo puso fácil a Kaine, quien pudo sacar pecho, a favor de Clinton, por su papel en “la solución Bin Laden”.

La misma actitud de ataque (Kaine) y defensa (Pence) se repitió en todos los temas objeto de debate. Aunque ambos dijeron respetarse por sus respectivas creencias religiosas, cuestión importante, porque esos principios pusieron límites a un debate que podía haber sido una masacre. Fue una fuerte victoria para Clinton, que recuperó la superioridad moral -al igual que el ascenso en las encuestas-, frente a un resignado Mike Pence que, por supuesto, defendió a Trump, tapándose metafóricamente la nariz, y, en mi opinión, con los ojos puestos en las elecciones de 2020.

El debate no afectará a la población general, pero será estudiado por los expertos en Comunicación Política.

04 octubre, 2016 | 08:59

Esta noche, 3 de la mañana hora española se enfrentan en CBS los dos candidatos a vicepresidentes, Mike Pence y Time Kaine, en la Universidad Longwood, en Farmville (Virginia). Mike Pence ha sido gobernador de Indiana y Tim Kaine ha sigo gobernador y senador por Virginia. Los dos tienen en común algunos rasgos personales: son tranquilos, sosegados, no acuden al insulto, por lo general, son educados siempre y, en especial con el rival y ambos son contrapeso que equilibra a los huracanes Clinton y Trump. Estos dos tienen personalidades tan fuertes que, pudiere pensarse que han buscado como candidatos a vicepresidentes a alguien que ponga aceite en las heridas, que matice las fuertes declaraciones, tienda una mano al contrario, explique los malentendidos y "desfaga los entuertos", que diría Cervantes en El Quijote.

Time Kaine tiene rasgos que le hacen particularmente atractivo a su electorado: a su moderación, se une que tiene fuertes convicciones religiosas y hasta trabajó como misionero en Hispanoamérica con religiosos católicos, ayudando a los más desfavorecidos: obras son amores y no buenas razones y Kaine ha predicado con el ejemplo. Habla muy bien español y cae simpático al público hispano. También fue profesor, lo que le da grandes dotes de psicología en el trato humano. Y tiene sentido del humor y sabe reirse a carcajadas.

Mike Pence representa el conservadurismo. Pero no es un radical. Es respetuoso. Es, como la película de John Houston protagonizada por John Wayne, el "hombre tranquilo". Se le respeta por sus convicciones religiosas y principios republicanos. Es un hombre íntegro.

Ninguno de los dos han sido elegido por Clinton o por Trump para sucederles o porque les quieran, sino porque les necesitan para ganar las elecciones. Les honra estar en un segundo plano porque, honestamente, si uno tiene (o tuviere) aspiraciones de poder, el cargo de vicepresidente es el más anodino del mundo para ello. A no ser que el presidente/a muera o quede incapacitado/a.

Sea como fuere, nadie espera que, esta noche, más allá de defender a Clinton y Trump y sus posiciones en economía, política exterior, seguirdad nacional, etc, Pence y Kaine se tiren los trastos a la cabeza.

En principio, debería ser un debate..., ¿tranquilo?

03 octubre, 2016 | 08:39

En las economías desarrolladas, las empresas sistémicas cumplen un papel esencial: son sostenedoras del sistema, varguardistas en innovación, líderes en su sector y pilares de la sociedad. Sus líderes empresariales suelen ser personas de alto calibre, humano y profesional.

Gas Natural Fenosa: de Salvador Gabarró a Isidro Fainé. Éxito y humildad de la mano

Gas Natural Fenosa tiene un nuevo presidente, Isidre Fainé. Evidentemente, eso ya no es noticia, ni lo pretende ser. Cuando supe del nombramiento, al igual que el del nuevo presidente de CaixaBank, Jordi Gual, preferí esperar unos días antes de escribir algo. Desde que se hicieron públicos los nombramientos, hasta el momento en que me pongo a escribir, han corrido ríos de tinta con perfiles de Isidre Fainé, Salvador Gabarró, Rafael Villaseca, etc

Todos los perfiles publicados destacan lo mismo, con las mismas citas y en el mismo orden. Los orígenes humildes de Salvador Gabarró, su aprendizaje y ascenso en la empresa familiar catalana, su incorporación a Gas Natural Fenosa en 2004 como presidente y sus logros hasta el día de hoy: de 600 millones de beneficios entonces, a los 1.500 de ahora; de los 300 millones de dividendo de 2004 a los 1.000 de 2015; de los 9 millones de clientes que heredó, a los 23,8 actuales; el exitoso proceso de internacionalización por el que, de estar presente en 10 países, ahora lo está en 30: desde Chile con CPG a Estados Unidos con Cherniere. Quizá, junto a la internacionalización exitosa, la generación de beneficio, el crecimiento en ingresos, etc, valga la pena destacar que Gas Natural Fenosa es una empresa que “tiene de todo”, que es lo mismo que se dice de HP Inc, la compañía informática cuya presidenta, Helena Herrero, forma parte del Consejo de la nueva Gas Natural Fenosa. Gas Natural compró -tras los intentos fallidos de hacerlo con Endesa, que acabó en manos de la italiana Enel- Unión Fenosa en 2009. Con esta adquisición, la nueva empresa podía ofrecer gas y electricidad. Es decir, una oferta integral. Además, la fuerte implantación de Gas Natural en el arco mediterráneo y de Unión Fenosa en Galicia y norte de España, hacían también una buena complementariedad desde el punto de vista geográfico. Poco a poco, los gallegos se van olvidando de “la Fenosa” y van hablando más de Gas Natural Fenosa.

El Estudio Advice de éxito empresarial ha identificado desde 2004 hasta el día de hoy, en Salvador Gabarró a un hombre-profesional exitoso, con prestigio entre sus iguales, los presidentes de las compañías sistémicas de España. Y destaca en el apartado del Estudio citado referido a “las mejores relaciones institucionales”. El mismo dice que se le da muy bien el trato con las personas y ha dedicado mucho tiempo a los empleados y a crear equipo. Por ejemplo, en el caso del consejero delegado, Rafael Villaseca, cuyo rasgo más destacado es “excelencia en la gestión empresarial y orientación a resultados”. Tanto Salvador Gabarró como Rafael Villaseca destacan porque no se han dedicado a la política, sino que su foco ha sido el negocio. Es ésta una constante en las empresas del Grupo La Caixa, agrupadas en CriteriaCaixa, de la que es presidente Isidre Fainé, al mismo tiempo que presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, Vicepresidente de Telefónica y consejero en BPI, The Bank of East Asia y Suez Environnement.

El nuevo presidente de Gas Natural Fenosa, Isidre Fainé, acompañado por el director general de la Fundación Bancaria La Caixa, Jaume Giró, no ha perdido tiempo: quiere cumplir el plan estratégico 2016-2018 “magnis itineribus” (a marchas forzadas, como dice Julio César que atravesó Las Galias) para lanzarse a por otro en 2018-2020 en el que haya más tamaño, más rentabilidad, más internacionalización. Es muy bueno que en España haya empresarios con “auctoritas” y con “potestas” para construir grandes empresas, grandes proyectos. Isidre Fainé es uno de ellos. De hecho, es uno de los dos directivos que más contribuyen al éxito de su empresa, de lo que se deriva que tiene una excelente reputación y una imagen formidable. Y es buena persona. La Obra Social La Caixa (“el alma de La Caixa”) tiene un presupuesto anual de 500 millones de euros, lo que la convierte en la primera fundación de Europa por recursos y cuarta del mundo. La primera es la Fundación de Bill y Melinda Gates. Es decir, lo cortés no quita lo valiente y durante los años de crisis, al tiempo que La Caixa, CaixaBank, Criteria trabajaban para crecer rentablemente bajo las órdenes y dirección de Isidre Fainé y Jaume Giró, la Obra Social financiaba proyectos para acabar con la exclusión social, crear empleo, ayudar a las mujeres desprotegidas con una especial atención a la infancia, financiar proyectos sociales, de investigación y desarrollo y culturales, entre otros. Todo esto engarza muy bien con la política de Responsabilidad Social Empresarial de Gas Natural Fenosa, primera en España y en el mundo (Dow Jones Sustainability Index).

He conocido a tres presidentes de Gas Natural Fenosa. A Pere Durán Farell, el 4 de julio de 1991, día nacional de Estados Unidos, quien me dijo, estando yo acompañado por José Ángel Sánchez Asiaín (expresidente de BBV), que “Jorge, en la vida es más importante el ser que el tener”. En 2009 conocí a Salvador Gabarró, en plena compra y fusión con Unión Fenosa, quien me dijo que “Jorge, lo más importante son las personas”.

Ahora el presidente es Isidre Fainé. Ya he dicho que es uno de los dos empresarios/directivos más exitosos de España, más y mejor reconocidos como tal dentro y fuera de nuestras fronteras. Y lo ha sido consistentemente a lo largo del tiempo, sin altibajos, lo cual no es habitual. Pero el éxito no se le ha subido a la cabeza, más bien, al contrario, para ser un hombre de grandeza -profesional, personal, espiritual-, es también un hombre humilde: la humildad es una virtud que Jesucristo alaba constantemente en el Evangelio, pero que los hombres nos empeñamos en despreciar.

En julio de 2016, el director general de la Fundación Bancaria La Caixa, Jaume Giró, me invitó a dar una conferencia de una hora en CEDE, que preside Isidre Fainé. La temática era “Las elecciones en USA: una nueva geopolítica para un nuevo presidente”. Cuando acabé mi intervención, Jaume Giró e Isidre Fainé alabaron mi conferencia y me felicitaron por ella. Me emocionó su sensibilidad y su humildad y afabilidad: me consta que ambos saben de Estados Unidos a raudales, que son ávidos lectores y conocen a los principales políticos norteamericanos. Sin embargo, en vez de -como hubieran hecho otros- sacar pecho de lo mucho que ambos saben del tema del que yo hablé ante 1.200 directivos, ambos me hicieron sentir bien, volcándose en ser agradables y amables, destacando “lo excelente” que había sido mi charla. Con generales así, cualquier ejército se moviliza como un solo hombre tras ellos, para tomar la colina: exigencia y amabilidad, conocimiento y humildad.

Gas Natural Fenosa ha cosechado muchos éxitos con Salvador Gabarró y debe ser felicitado por ellos, al igual que Rafael Villaseca. Con Isidre Fainé y su director general, Jaume Giró, Gas Natural Fenosa se convertirá -más pronto que tarde- en la primera compañía energética de Europa y del planeta.

 

29 septiembre, 2016 | 08:54

He conocido pocas personas tan religiosas, en Estados Unidos como Hillary Clinton. Es protestante y Metodista, lo que significa que se somete a una férrea disciplina. Bill Clinton, un poco más laissez faire es Baptista, pero igualmente religioso. Los dos asisten a Misa todos los domingos, juntos, desde que se casaron. En esta campaña electoral presidencial de 2016, Hillary Clinton ha recordado en muchas ocasiones lo importante que es para ella la religión, el cristianismo. Por cierto, para Barack Obama -que pertenece a United Trinity Church- la religión forma parte esencial de su vida.

Hillary conoce muy bien las Escrituras, aunque siempre he pensado que su marido, Bill, las conoce aún mejor, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento. No hace falta recordar que son demócratas. Ronald Reagan, republicano, defensor de ideales y principios conservadores, ni asistía a Misa los domingos ni creo que pudiera citar pasajes de la Biblia de memoria. Donald Trump, de quien el Papa Francisco ha dicho que "no es cristiano", tampoco ha sido capaz de citar de memoria ningún texto bíblico, aunque leyó uno en una iglesia afroamericana hace poco, sobre el amor.

Una de las citas evangélicas que más gusta a Hillary es la de que una "cada desunida no puede prevalecer". Y aplica este principio a la política, también. Por eso, en junio de 2008, primero, y en la Convención de agosto de ese año, no dudó en apoyar a Barack Obama, pedir públicamente su apoyo y cederle sus delegados. En 2016 en el partido había dos corrientes: una más a la izquierda y renovadora, personificada en Bernie Sanders y en Elisabeth Warren y otra más conservadora, que tiene el apoyo del aparato del partido y que está mucho más centrada en lo ideológico.

Hillary ha luchado con denuedo -lo he venido narrando en prensa, radio, televisión e Internet- desde hace meses para conseguir que Sanders y Warren le apoyaran, para lo cual ella ha hecho concesiones. Y lo que vimos en la Convención demócrata en Filadelfia fue una casa unida que puede prevalecer: un partido demócrata unido en torno a Hillary, que recibió el apoyo de el matrimonio Obama y de los izquierdistas Bernie Sanders y Elisabeth Warren; ahora, todos ellos hacen campaña a su favor.

Por contraste, el partido republicano -también lo he venido explicando por extenso durante meses- está muy dividido y son muchos los líderes que no apoyan a Trump y dicen que votarán a Hillary Clinton.

Siendo así las cosas, en términos de eficacia cara a llegar a la Casa Blanca, la unidad en torno a Hillary es un activo tangible del que vale tomar nota.

24 septiembre, 2016 | 09:16

El lunes se enfrentan, por fin, Clinton y Trump. Cara a cara. En televisión. Ellos dos, confrontando ideas y su visión para el futuro de América ante muchos millones de espectadores. A ellos solo les ha elegido en primarias -sumando los votos de ambos- el 9% del electorado. No llegan a 30 millones de personas en un país de 323 millones de habitantes.

En el debate saldrá todo: por parte de Clinton, los emails, la falta de transparencia con los medios, la desconfianza que genera en el electorado, que la considera deshonesta; su conexión con la Fundación Clinton, Bengasi...; de Trump, sus bancarrotas y suspensiones de pagos, los muchos a los que ha dejado en el camino en sus malogradas aventuras exageradas, su tendencia a mentir y exagerar en todo lo que se refiere a él para engrandecerlo; sobre todo, sus insultos a mujeres, hispanos, inmigrantes, musulmanes, progresistas...

Hay dos posibles tonos en el debate: agresivo, en el que Trump mejor se mueve y para el que Clinton se ha preparado bien. Esto no le convendría a Trump porque bastante mala fama tiene en este terreno como para caer mal antes docenas de millones de espectadores. Además, se entendería que está atacando a una mujer a quien él considera inferior al hombre. Le conviene un tono conciliador, sin olvidar todo lo que ha dicho de "Crooked Hillary" en campaña.

Clinton es la experiencia, conocimiento, profundidad y debate (como abogada en Rose Law Firm debatió mucho, al igual que a lo largo de su carrera política), pero su superioridad intelectual frente a alguien que no sabe sino un 0,1% de lo que se sabe ella -Trump será muy "listo", pero es muy inculto y muy ignorante- le puede hacer parecer soberbia, de lo cual tiene fama y esto no le conviene, porque la gente prefiere la humildad a la superioridad.

Cada candidato acude al debate televisado del lunes con sus fortalezas y debilidades, con su visión de América: Clinton, la tiene claramente articulada en programa electoral para todo. Trump, que habla en retazos, titulares y cambia de opinión sobre un tema tantas veces como sea necesaria, intentará apelar al conservador y al descontento con el establishment que, según él Hillary representa.

Será un muy interesante lucha de titantes

23 septiembre, 2016 | 08:50

Me llama la atención nadie esté levantando la voz para "acusar" al Presidente Obama de no hacer nada por el conflicto en Oriente Medio que enfrenta a palestinos e israelíes. Al fin y al cabo, sus dos predecesores, George Bush y Bill Clinton intentaron, en los últimos meses de mandato llegar a acuerdos de paz sentando a negociar a las dos partes. Clinton cuenta en sus memorias "My life" que si no hubo acuerdo en Camp David fue por la intransigencia de Yasser Arafat; por su parte Bush Jr. explica en "Decision points" la firma voluntad israelí de no ceder en nada.

Barack ha intentado varias veces retomar el proceso de paz, pero se ha encontrado con la intransigencia del primer ministro conservador israelí, Benjamin Netanyahu. Ni siquiera Hillary Clinton, cuando era secretaria de estado y buena amiga del principal lobby judío estadounidense, AIPAC, consiguió que Netanyahu cediera un ápice o hiciera concesiones, cuenta en "Hard Choices". Obama es un hombre muy inteligente y de gran paciencia, pero ésta no es infinita. Les pidió en infinidad de ocasiones a los israelíes que no ampliaran asensamientos en Jesusalém o en las zonas limítrofes con Gaza y Cisjordania. Parecía la típica "acción-reacción": cada vez que Obama lo pedía, Netanyahu le respondía con más asentamientos. Nada sienta peor a un presidente norteamericano que le chuleen o le tomen el pelo. Al menos, Reagan se lo tomaba con filosofía. Como le confió a su jefe de Gabinete James Baker III, "para qué preocuparse, si al fin y al cabo, no nos van a votar", refiriéndose a los judíos. Y, ciertamente, el electorado judío es mayoritariamente liberal, progresista y vota demócrata.

Obama ha prometido en mil ocasiones proteger a Israel de sus enemigos y, de hecho, le ha seguido vendiendo armas. Pero cuando Barack ha visto que sus muchos intentos para alcanzar la paz han resultado infructuosos, el presidente ha preferido dedicarse a otros menesteres: no habrá cumbre de Annapolis, como la que convocó George Bush hijo para sentar a negociar a palestinos e israelíes. En 2011 nació la primavera árabe, que acabó, bien con teocracias fundamentalistas islamistas -y no la democracia que predicaban ingenuos e incultos por igual- bien con conflictos armados como el Sirio o, al fin y a la postre, la vuelta al poder de hombres fuertes como Al Sisi, que dan tranquilidad a Estados Unidos: lucha contra los fundamentalistas islámicos y paz con Israel.

Además, en estos meses Obama se está volcando con todas sus fuerzas a gobernar, por un lado, y a ayudar a Hillary Clinton a ganar las elecciones, por otro. Sin una crisis económica que resolver, como Bush en otoño de 2008 o escándalos que ocultar, como Clinton en 2000, Obama tiene las manos para actuar: y, hoy, su prioridad en política exterior es Asía, China, y no Oriente Medio.

Como dije en mi dije en mi primera biografía sobre el presidente Obama ("Obama y el liderazgo pragmático"), Barack es el presidente más pragmático que ha tenido Estados Unidos en un siglo. Y, posiblemente, el más inteligente y uno de los más cultos.

22 septiembre, 2016 | 09:06

El mundo se cayó del guindo (to fall down from the guindo, en inglés), en agosto de 2014 en Fergusson: un joven norteamericano cosido a tiros por la policía. El chico era de color y a su muerte siguieroon protestas y disturbios. En dos años ha habido sucesos parecidos..., a raudales: Baltimore, Detroit..., y anoche en Charlotte.

Los no norteamericanos se llevan las manos a la cabeza, máxime cuando, también hay negros entre los policías que disparan y, sobre todo, cuando ha habido -al menos- tres emboscadas a policías por parte de ex militares afro americanos que decidieron tomarse la justicia por su mano.

¿Qué justicia, preguntará quién no es de Estados Unidos? Aquella a la que se refirió Michelle Obama en la campaña electoral de 2008 cuando dijo que hay había momentos de la historia de Norteamerica de los que se sentía avergonzada. Atacada por la derecha radical, Michelle explicó que era descenciente de esclavos y que a eso se refería. Las tensiones raciales están al orden del día, especialmente en el Sur (la antigua Confederación, sobre la que ya hubo polémica en 2015 a propósito de su bandera, que no es constitucional) desde el nacimiento de la República. Muchos de los padres fundadores de Estados Unidos, como Thomas Jefferson, George Washington, Hamilton, John Adams y su hijo John Quincy Adams -y tantos otros más- tenían exclavos en sus granjas y plantaciones. Y, aunque, por simplificar, ellos hablaran de "libertad, igualdad y fraternidad", la realidad es que ellos no pensaban que esos conceptos se aplicaban a los negros.

En Castilla sí había habido un debate sobre esta materia en el siglo XVI, cuando los Conquistadores llegaron a América: el religioso Bartolomé de las Casas escribió y denunció el maltrato a los indios, lo que obligó al Rey y Emperador Carlos V a emitir las Leyes de Indias, que, en gran parte, con el debate entre Sigüenza, Sepúlveda y Bartolomé de las Casas dio lugar a lo que en mi época en la Universidad se llamaba Derecho Internacional.

En América no tuvieron este debate ni leyes que protegieran a los negros de la esclavitud ni el maltrato. Tuvieron una Guerra Civil entre 1861 y 1865 que dejó muchos muertos y heridas abiertas. El gran sociólogo Darrell Bricker me explicó en 2008 que, ante los hechos que yo veía, la respuesta es que siglo y medio de terminada la contienda, ésta sigue abierta en la psique norteamericana. Y Hollywood, que "va por modas", lo refleja: si hay guerras en Iraq y Afganistán; si hay crisis financiera y económica o si hay tensiones raciales que aparecen en televisión, el cine lo refleja en sus películas. En cuanto al racismo lo hemos visto en Django, Doce años de exclavitud, The Butler, Selma...,

Posiblemente, Martin Luther King Junior fue el Bartolomé de las Casas de los Estados Unidos. A Castilla le llevó siglos resolver "la cuestión indiana". Temo que aun pasará tiempo hasta que el "I had a dream" del pastor protestante negro se haga realidad y todos, en América sean de verdad iguales.

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