EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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En España, a muchos les cuesta hablar del éxito en general y del empresarial en particular. Modestia, pudor, envidias…; en España se pone más énfasis en el árbol caído que en el frondoso que da sombra en verano y cobija en invierno: porque, el éxito empresarial, como el buen árbol, es bueno para todos. Si el sistema económico que imperó en la extinta Unión Soviética hubiese triunfado, posiblemente hablaríamos en otros términos. En cambio, muchos fueron los que cantaron la victoria del capitalismo, la economía de libre mercado y libre empresa sobre el modelo estatalista. En el país capitalista por excelencia, Estados Unidos, población general y líderes de opinión admiran al empresario exitoso; representa el sueño americano: todos, gracias a la movilidad social, con creatividad, innovación y trabajo esforzado, pueden llegar muy lejos.

Es necesario que, en España, se desarrolle una cultura que favorezca el éxito empresarial. Lo contrario es ir contra la sociedad misma: el 99,88% de las empresas españolas (DIRCE; INE, mayo 2017) son pyme y autónomos. Solo un 0,12% son grandes empresas que, en números absolutos rondan las 4.000. Luego, desear el éxito empresarial es querer el éxito de pymes y autónomos, que son casi 3,2 millones de empresas; el 55,4% autónomos sin asalariados. En total, las pymes generan y mantienen el 66% de la fuerza laboral. La gran empresa, el 33%.

Teniendo en cuenta la diversidad geográfica y las profundas diferencias culturales entre comunidades autónomas -que se reflejan en las pyme y autónomos- es más fácil analizar qué hace a una empresa exitosa en el caso de las más grandes, especialmente porque, de ellas, disponemos de más información. En el caso de las compañías del IBEX-35, con mayor motivo, por sus obligaciones de transparencia y buen gobierno. Recientemente, el presidente de El Corte Inglés -no cotizada-, Dimas Gimeno, afirmó que su empresa, líder en Distribución física y online en España “iba a trabajar como si de una empresa cotizada se tratara”. Las implicaciones son grandes, tanto en el cambio de procesos internos como en la cantidad y frecuencia de información que habrá de proveer a sus stakeholders.

Cotizadas o no, las grandes empresas están sujetas a parámetros que -cumplidos o no- les llevan a ser exitosas -o no- en los tiempos de bonanza y en los de penuria. El Estudio Advice de éxito empresarial, realizado semestralmente desde 2006, ha analizado las primeras 300 empresas en España más grandes por facturación en los ámbitos que, sectorialmente, componen el 90% del PIB. Entre 2006 y mayo de 2017 España ha vivido bonanza, profunda recesión y recuperación. Lo que nos dice el Estudio, en la primavera de 2017, por boca de 2.400 pymes y autónomos, 2.400 personas que componen población general y 800 líderes de opinión informados (empresarios, directivos, periodistas, analistas, algún político culto, economistas, tercer sector, sindicatos) es que hay empresas que han sido exitosas “a las duras y a las maduras”. Ya publicamos una primera impresión en la obra “Éxito con o sin crisis” (2012), en plena recesión y, de nuevo, en febrero de 2017 en “Empresas y empresarios españoles más exitosos”. Por cierto, la ficha técnica que acompaña al Estudio es similar a la que utilizan los grandes estudios del INE o el CIS, con índice de confianza del 98% y margen de error del 1,8%.

Por lo general, las empresas grandes de Telecomunicaciones han salido muy bien paradas, siendo Telefónica la líder, seguida por Vodafone y, a distancia, por Orange. En el caso de Telefónica, además, se da el caso de tratarse de una compañía sistémica: aporta cada año, directamente el 1,8% al PIB. Excelencia en la gestión, líder que contribuye al éxito, internacionalización, estrategia corporativa fuerte y clara, responsabilidad social, buenos resultados…, y así hasta 40 parámetros hacen que Telefónica lidere el ranking de empresas más exitosas. La innovación y el proceso de transformación digital iniciado hace seis años por César Alierta -continuado por Álvarez-Pallete-, han dado buenos resultados, con una fuerte apuesta por el Big Data. Vodafone, anglosajona, pero con fuerte ADN ibérico pone foco en la exitosa relación con el cliente. Orange bastante tiene con ampliar y mejorar su cobertura.

Puestos a aportar al PIB CaixaBank (el banco del grupo La Caixa) contribuye directamente el 0,8% al PIB. No solo es el banco líder en el mercado minorista y en todas las categorías de producto, sino que -como reconocen docenas de premios internacionales- es el banco líder digital por excelencia, tanto en Internet (5,8 millones de clientes) como por móvil (3,9 millones de clientes). Los resultados le acompañan, porque en su última presentación, los beneficios habían aumentado el 47,9%. Esto permite al banco aportar a la sociedad mediante la Obra Social de La Caixa, perteneciente al principal accionista de ambos, Fundación Bancaria La Caixa, quien, además, tiene el mayor grupo industrial español mediante CriteriaCaixa, con participaciones en Gas Natural Fenosa, Abertis, Cellnex Telecom, entre otras empresas líderes y exitosas en sus sectores de actividad. En CaixaBank están las participaciones en Repsol (10%) y Telefónica (5,4%). La Obra Social, con un presupuesto de 510 millones de euros al año, genera empleo, fomenta la innovación, ayuda a 3,5 millones de discapacitados y es la tercera fundación más importante del mundo. Hechura de Isidre Fainé, que preside la Fundación y Gas Natural Fenosa. La contribución de todo el Grupo La Caixa (la Fundación) al PIB es el 1,8%.

El Corte Inglés es exitoso -también Inditex y Mercadona, según el Estudio Advice de éxito empresarial- por la calidad de productos y servicios, la atención al cliente y porque se está reinventando digitalmente, tanto en sus procesos internos como en ecommerce, donde disputa el liderazgo a Amazon.es.

Hay más empresas exitosas en todos los sectores: Mapfre, Mutua, Meliá, Barceló, Seat, Iberia, Sage, Salesforce, Abertis, Cellnex Telecom, Gas Natural Fenosa, Microsot, etc. Es importante en sí mismo y, también, cara al ejemplo y “efecto tractor” que tiene en las pymes y autónomos, que pueden aprender de ellas. España también tiene empresas exitosas.

Jorge Díaz Cardiel. Socio Director Advice Strategic Consultants. Autor de Innovación y éxito empresarial

07 octubre, 2016 | 08:58

En la época de la Guerra Fría, especialmente los soviéticos pagaban a agentes -de la CIA, del FBI- para, convirtiéndoles en "dobles agentes", les proporcionaran información útil sobre la economía de Estados Unidos, sus avances tecnológicos, el poderío militar, la Guerra de las Galaxias, etc. En este menester, los soviets siempre fueron muchísimo más eficaces que los norteamericanos, que apenas supieron y pudieron contratar a un número muy limitado de agentes dobles soviéticos, la mayor parte de los cuales fueron descubiertos y ejecutados por el KGB. La Unión Soviética era consciente del adelanto norteamericano en todos los frentes y, con la explosión de las tecnologías de la información (El Silicon Valley, en 1971), supo que ya había perdido la Guerra Fría. En cambio, Estados Unidos se tragaba la propaganda soviética según la cual se excedían formidables cuotas de producción agrícola e industrial, aunque la realidad es que los ciudadanos que vivían al otro lado del Telón de Acero (Winston Churchill) pasaban necesidad.

En este contexto de enfrentamiento ideológico entre dos formas de concebir el mundo y la vida entre el Occidente libre y la tiranía comunista, el espionaje tenía sentido. Cuando menos, ha dado lugar a muchas películas de cine y literatura (novelas) a cual más interesante. Cuando en noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín y en 1992 se disolvió la Unión Soviética, Estados Unidos quedó como única super potencia y tanto espionaje empezó a verse como un gasto innecesario. De tal guisa que el presidente Clinton despidió a miles de agentes de la CIA que habían luchado contra el comunismo en la Guerra Fría. Una de las consecuencias negativas de esta decisión fue que Estados Unidos se quedó sin ojos y oídos en Oriente Medio: los países árabes, en su inmensa mayoría, estaban alineados con Moscú, para contrarrestar a un Israel aliado de Estados Unidos. Este es uno de los motivos por los que el nacimiento de Al-Qaeda, los atentados en Kenia, Tanzania y el World Trade Center no pasaron de ser anecdóticos en Norteamérica hasta los atentados del 11S de 2001.

Estados Unidos, con 16 agencias de inteligencia, tuvo que reconstruir sus servicios de inteligencia: la reiteración está hecha a propósito. La guerra contra un enemigo fanático y sin miedo a morir -los radicales islámicos- requerían un nuevo tipo de agente de la CIA, los servicios de información de la NSA, la sofisticación de los drones y el uso intensivo de las Fuerzas Especiales (Green Berets, Navy Seals, Delta Force). Y el uso de las tecnologías de la información. Y aquí encontró Estados Unidos su telón de Aquiles, porque, primero Edward Snowden y después, ahora, Harold Thomas Martin, robaron secretos oficiles y, en el caso del primero, los hicieron públicos a través de Wikileaks. Muchos Marines norteamericanos han muerto fruto de la irresponsabilidad de Snowden: atentados, asesinatos de agentes, bombas... No se sabe aún el alcance de lo hecho por Harold Thomas Martin y el daño causado.

Pero queda claro que esta epidemia de espías dentro de la NSA aireando trapos sucios tiene que terminar.

06 octubre, 2016 | 08:41

Tal y como anticipé en este diario antes de la celebración del debate entre candidatos a vicepresidente de Norteamérica, el encuentro estuvo lleno de sustancia y exento de superficialidad.

En Farmville, Virginia, debatieron anoche el senador Time Kaine (demócrata) y el gobernador Mike Pence (republicano). Explicar quiénes son es importante: un tercio del electorado dice no conocerles y otro tercio afirma que no tiene información suficiente sobre ellos como para formarse una opinión acerca de Kaine y de Pence. En su caso, además, se trata, por vez primera en la historia electoral de Estados Unidos, de dos candidatos a vicepresidentes que aparecen como totalmente irrelevantes, si se les pone al lado de sus respectivos jefes, Hillary Clinton y Donald Trump: dos nombres universalmente conocidos, dos fuertes personalidades, dos personas con visiones casi totalmente opuestas de la vida en todos sus aspectos…; teniendo todo esto en cuenta, los nombres de Kaine y Pence son irrelevantes: fueron escogidos por Clinton y por Trump no porque les amaran sino porque les aportaban lo que ellos no tenían ni tienen.

Kaine, católico, tiene fama de buena persona, íntegra y decente. Nadie pone en tela de juicio su “hombría de bien”, cuando ha sido abogado defensor de derechos humanos y misionero con los jesuitas en Hispanoamérica, amén de gobernador y senador por Virginia. A Pence le pasa lo mismo. Trump le escogió por el prestigio del gobernador de Indiana en el partido republicano: hombre de fe, evangélico, con fuertes convicciones conservadoras y adherido a la ortodoxia republicana. Pence pasó a formar parte del equipo de Trump en un momento en que gran parte del aparato del partido republicano estaba en contra de su propio candidato. Es, en este contexto, y en el de que dos tercios de los electores no confían en Clinton ni en Trump y, además, no les caen bien, en que se ha celebrado el debate de esta noche.

La gran sorpresa ha sido la agresividad positiva de Kaine. Frente a un hombre tranquilo como Mike Pence, Kaine no desaprovechó ninguna oportunidad para intentar poner al republicano contra las cuerdas y en una posición incómoda. La culpa la tiene Donald Trump, por sus continuas meteduras de pata, de las que Mike Pence se ve obligado a salvarle continuamente. La última semana ha sido especialmente desastrosa para Trump -debido, primordialmente, a sus continuos errores- y Kaine no dudó en utilizarlo: en siete días, Trump se ha declarado ganador de un debate que perdió y que vieron en televisión casi 100 millones de personas, lo que le ha dejado en ridículo; The New York Times -algo que adelantamos nosotros en las páginas de este diario- sacó a relucir las finanzas de Trump y demostró que, utilizando la ley, Trump llevaba sin pagar impuestos desde hace 18 años, algo que según él, le “hace más inteligente” y, como responde Clinton, “¿qué nos hace parecer a nosotros, que sí pagamos impuestos: somos tontos?”; de nuevo, los ataques de Trump a las mujeres, en este caso, escribiendo un tuit contra una mujer ex Miss Universo a quien “acusó” de haber engordado tras ganar el concurso. Todas las encuestas muestran esta semana, que Trump ha perdido completamente el apoyo femenino (51% del electorado): 57% apoya a Clinton versus 37%, que votaría a Trump.

Kaine tomó la iniciativa durante todo el debate, comportándose en ocasiones de manera que, es posible, no haya caído bien al telespectador, puesto que no paró de interrumpir a Pence cuando éste defendía a Trump. De hecho, en muchas ocasiones, a la moderadora- Elaine Quijano, de CBS News- el debate se le fue de las manos, perdiendo el control a manos de Kaine, quien dominó el encuentro de principio a fin. Para empezar, dibujó el marco del debate: la cuestión esencial es el carácter de los candidatos y, frente a una Hillary Clinton que siempre ha luchado por los demás, Trump ha demostrado con creces que solo se preocupa por sí mismo. El pobre Pence, quien muchas veces me dio pena porque echaba la cabeza para abajo como quien -sin darse cuenta frente a la cámara- es consciente de que defiende lo indefendible y se arrepiente por ello-, solo respondió que Trump es un “hombre de negocios y no un político profesional y eso es lo que atrae a los electores”. Kaine estuvo siempre muy rápido de reflejos, continuamente al acecho para aprovechar cualquier oportunidad de atacar, de eludir todo ataque a Clinton para convertirlo en un contraataque contra Trump: “lo que tiene Trump es un ego más grande que Mount Rushmore y devoción por los dictadores”, en alusión a las alabanzas de Trump a Vladimir Putin o sus comentarios sobre el líder de Corea del Norte.

Kaine y su mujer tienen un hijo “Marine” y, como padres, “nos asusta hasta la muerte que Trump pueda ser Comandante en Jefe”, en alusión a las continuas declaraciones de Trump sobre “¿para qué tenemos armas nucleares si no podemos usarlas?”. Kaine pintó a un Trump errático en cuestiones de Seguridad Nacional, que decía saber más que los generales sobre ISIS, para decir a continuación que despediría a los generales. Pence solo pudo responder que, desde que Hillary fue secretaria de estado, Norteamérica es un país menos seguro. Se lo puso fácil a Kaine, quien pudo sacar pecho, a favor de Clinton, por su papel en “la solución Bin Laden”.

La misma actitud de ataque (Kaine) y defensa (Pence) se repitió en todos los temas objeto de debate. Aunque ambos dijeron respetarse por sus respectivas creencias religiosas, cuestión importante, porque esos principios pusieron límites a un debate que podía haber sido una masacre. Fue una fuerte victoria para Clinton, que recuperó la superioridad moral -al igual que el ascenso en las encuestas-, frente a un resignado Mike Pence que, por supuesto, defendió a Trump, tapándose metafóricamente la nariz, y, en mi opinión, con los ojos puestos en las elecciones de 2020.

El debate no afectará a la población general, pero será estudiado por los expertos en Comunicación Política.

04 octubre, 2016 | 08:59

Esta noche, 3 de la mañana hora española se enfrentan en CBS los dos candidatos a vicepresidentes, Mike Pence y Time Kaine, en la Universidad Longwood, en Farmville (Virginia). Mike Pence ha sido gobernador de Indiana y Tim Kaine ha sigo gobernador y senador por Virginia. Los dos tienen en común algunos rasgos personales: son tranquilos, sosegados, no acuden al insulto, por lo general, son educados siempre y, en especial con el rival y ambos son contrapeso que equilibra a los huracanes Clinton y Trump. Estos dos tienen personalidades tan fuertes que, pudiere pensarse que han buscado como candidatos a vicepresidentes a alguien que ponga aceite en las heridas, que matice las fuertes declaraciones, tienda una mano al contrario, explique los malentendidos y "desfaga los entuertos", que diría Cervantes en El Quijote.

Time Kaine tiene rasgos que le hacen particularmente atractivo a su electorado: a su moderación, se une que tiene fuertes convicciones religiosas y hasta trabajó como misionero en Hispanoamérica con religiosos católicos, ayudando a los más desfavorecidos: obras son amores y no buenas razones y Kaine ha predicado con el ejemplo. Habla muy bien español y cae simpático al público hispano. También fue profesor, lo que le da grandes dotes de psicología en el trato humano. Y tiene sentido del humor y sabe reirse a carcajadas.

Mike Pence representa el conservadurismo. Pero no es un radical. Es respetuoso. Es, como la película de John Houston protagonizada por John Wayne, el "hombre tranquilo". Se le respeta por sus convicciones religiosas y principios republicanos. Es un hombre íntegro.

Ninguno de los dos han sido elegido por Clinton o por Trump para sucederles o porque les quieran, sino porque les necesitan para ganar las elecciones. Les honra estar en un segundo plano porque, honestamente, si uno tiene (o tuviere) aspiraciones de poder, el cargo de vicepresidente es el más anodino del mundo para ello. A no ser que el presidente/a muera o quede incapacitado/a.

Sea como fuere, nadie espera que, esta noche, más allá de defender a Clinton y Trump y sus posiciones en economía, política exterior, seguirdad nacional, etc, Pence y Kaine se tiren los trastos a la cabeza.

En principio, debería ser un debate..., ¿tranquilo?

03 octubre, 2016 | 08:39

En las economías desarrolladas, las empresas sistémicas cumplen un papel esencial: son sostenedoras del sistema, varguardistas en innovación, líderes en su sector y pilares de la sociedad. Sus líderes empresariales suelen ser personas de alto calibre, humano y profesional.

Gas Natural Fenosa: de Salvador Gabarró a Isidro Fainé. Éxito y humildad de la mano

Gas Natural Fenosa tiene un nuevo presidente, Isidre Fainé. Evidentemente, eso ya no es noticia, ni lo pretende ser. Cuando supe del nombramiento, al igual que el del nuevo presidente de CaixaBank, Jordi Gual, preferí esperar unos días antes de escribir algo. Desde que se hicieron públicos los nombramientos, hasta el momento en que me pongo a escribir, han corrido ríos de tinta con perfiles de Isidre Fainé, Salvador Gabarró, Rafael Villaseca, etc

Todos los perfiles publicados destacan lo mismo, con las mismas citas y en el mismo orden. Los orígenes humildes de Salvador Gabarró, su aprendizaje y ascenso en la empresa familiar catalana, su incorporación a Gas Natural Fenosa en 2004 como presidente y sus logros hasta el día de hoy: de 600 millones de beneficios entonces, a los 1.500 de ahora; de los 300 millones de dividendo de 2004 a los 1.000 de 2015; de los 9 millones de clientes que heredó, a los 23,8 actuales; el exitoso proceso de internacionalización por el que, de estar presente en 10 países, ahora lo está en 30: desde Chile con CPG a Estados Unidos con Cherniere. Quizá, junto a la internacionalización exitosa, la generación de beneficio, el crecimiento en ingresos, etc, valga la pena destacar que Gas Natural Fenosa es una empresa que “tiene de todo”, que es lo mismo que se dice de HP Inc, la compañía informática cuya presidenta, Helena Herrero, forma parte del Consejo de la nueva Gas Natural Fenosa. Gas Natural compró -tras los intentos fallidos de hacerlo con Endesa, que acabó en manos de la italiana Enel- Unión Fenosa en 2009. Con esta adquisición, la nueva empresa podía ofrecer gas y electricidad. Es decir, una oferta integral. Además, la fuerte implantación de Gas Natural en el arco mediterráneo y de Unión Fenosa en Galicia y norte de España, hacían también una buena complementariedad desde el punto de vista geográfico. Poco a poco, los gallegos se van olvidando de “la Fenosa” y van hablando más de Gas Natural Fenosa.

El Estudio Advice de éxito empresarial ha identificado desde 2004 hasta el día de hoy, en Salvador Gabarró a un hombre-profesional exitoso, con prestigio entre sus iguales, los presidentes de las compañías sistémicas de España. Y destaca en el apartado del Estudio citado referido a “las mejores relaciones institucionales”. El mismo dice que se le da muy bien el trato con las personas y ha dedicado mucho tiempo a los empleados y a crear equipo. Por ejemplo, en el caso del consejero delegado, Rafael Villaseca, cuyo rasgo más destacado es “excelencia en la gestión empresarial y orientación a resultados”. Tanto Salvador Gabarró como Rafael Villaseca destacan porque no se han dedicado a la política, sino que su foco ha sido el negocio. Es ésta una constante en las empresas del Grupo La Caixa, agrupadas en CriteriaCaixa, de la que es presidente Isidre Fainé, al mismo tiempo que presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, Vicepresidente de Telefónica y consejero en BPI, The Bank of East Asia y Suez Environnement.

El nuevo presidente de Gas Natural Fenosa, Isidre Fainé, acompañado por el director general de la Fundación Bancaria La Caixa, Jaume Giró, no ha perdido tiempo: quiere cumplir el plan estratégico 2016-2018 “magnis itineribus” (a marchas forzadas, como dice Julio César que atravesó Las Galias) para lanzarse a por otro en 2018-2020 en el que haya más tamaño, más rentabilidad, más internacionalización. Es muy bueno que en España haya empresarios con “auctoritas” y con “potestas” para construir grandes empresas, grandes proyectos. Isidre Fainé es uno de ellos. De hecho, es uno de los dos directivos que más contribuyen al éxito de su empresa, de lo que se deriva que tiene una excelente reputación y una imagen formidable. Y es buena persona. La Obra Social La Caixa (“el alma de La Caixa”) tiene un presupuesto anual de 500 millones de euros, lo que la convierte en la primera fundación de Europa por recursos y cuarta del mundo. La primera es la Fundación de Bill y Melinda Gates. Es decir, lo cortés no quita lo valiente y durante los años de crisis, al tiempo que La Caixa, CaixaBank, Criteria trabajaban para crecer rentablemente bajo las órdenes y dirección de Isidre Fainé y Jaume Giró, la Obra Social financiaba proyectos para acabar con la exclusión social, crear empleo, ayudar a las mujeres desprotegidas con una especial atención a la infancia, financiar proyectos sociales, de investigación y desarrollo y culturales, entre otros. Todo esto engarza muy bien con la política de Responsabilidad Social Empresarial de Gas Natural Fenosa, primera en España y en el mundo (Dow Jones Sustainability Index).

He conocido a tres presidentes de Gas Natural Fenosa. A Pere Durán Farell, el 4 de julio de 1991, día nacional de Estados Unidos, quien me dijo, estando yo acompañado por José Ángel Sánchez Asiaín (expresidente de BBV), que “Jorge, en la vida es más importante el ser que el tener”. En 2009 conocí a Salvador Gabarró, en plena compra y fusión con Unión Fenosa, quien me dijo que “Jorge, lo más importante son las personas”.

Ahora el presidente es Isidre Fainé. Ya he dicho que es uno de los dos empresarios/directivos más exitosos de España, más y mejor reconocidos como tal dentro y fuera de nuestras fronteras. Y lo ha sido consistentemente a lo largo del tiempo, sin altibajos, lo cual no es habitual. Pero el éxito no se le ha subido a la cabeza, más bien, al contrario, para ser un hombre de grandeza -profesional, personal, espiritual-, es también un hombre humilde: la humildad es una virtud que Jesucristo alaba constantemente en el Evangelio, pero que los hombres nos empeñamos en despreciar.

En julio de 2016, el director general de la Fundación Bancaria La Caixa, Jaume Giró, me invitó a dar una conferencia de una hora en CEDE, que preside Isidre Fainé. La temática era “Las elecciones en USA: una nueva geopolítica para un nuevo presidente”. Cuando acabé mi intervención, Jaume Giró e Isidre Fainé alabaron mi conferencia y me felicitaron por ella. Me emocionó su sensibilidad y su humildad y afabilidad: me consta que ambos saben de Estados Unidos a raudales, que son ávidos lectores y conocen a los principales políticos norteamericanos. Sin embargo, en vez de -como hubieran hecho otros- sacar pecho de lo mucho que ambos saben del tema del que yo hablé ante 1.200 directivos, ambos me hicieron sentir bien, volcándose en ser agradables y amables, destacando “lo excelente” que había sido mi charla. Con generales así, cualquier ejército se moviliza como un solo hombre tras ellos, para tomar la colina: exigencia y amabilidad, conocimiento y humildad.

Gas Natural Fenosa ha cosechado muchos éxitos con Salvador Gabarró y debe ser felicitado por ellos, al igual que Rafael Villaseca. Con Isidre Fainé y su director general, Jaume Giró, Gas Natural Fenosa se convertirá -más pronto que tarde- en la primera compañía energética de Europa y del planeta.

 

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

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Francisco Márquez de Prado, analizará activos y productos financieros, con sus ventajas e inconvenientes, para cada tipo de inversor.

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Íñigo Petit tratará temas relacionados con la evolución de la industria de fondos de inversión y planes de pensiones y aspectos relacionados con la educación financiera

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