EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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06 octubre , 2016 | 08 : 41

Elecciones USA: el debate entre "vicepresidentes" fue útil y de altura

Tal y como anticipé en este diario antes de la celebración del debate entre candidatos a vicepresidente de Norteamérica, el encuentro estuvo lleno de sustancia y exento de superficialidad.

En Farmville, Virginia, debatieron anoche el senador Time Kaine (demócrata) y el gobernador Mike Pence (republicano). Explicar quiénes son es importante: un tercio del electorado dice no conocerles y otro tercio afirma que no tiene información suficiente sobre ellos como para formarse una opinión acerca de Kaine y de Pence. En su caso, además, se trata, por vez primera en la historia electoral de Estados Unidos, de dos candidatos a vicepresidentes que aparecen como totalmente irrelevantes, si se les pone al lado de sus respectivos jefes, Hillary Clinton y Donald Trump: dos nombres universalmente conocidos, dos fuertes personalidades, dos personas con visiones casi totalmente opuestas de la vida en todos sus aspectos…; teniendo todo esto en cuenta, los nombres de Kaine y Pence son irrelevantes: fueron escogidos por Clinton y por Trump no porque les amaran sino porque les aportaban lo que ellos no tenían ni tienen.

Kaine, católico, tiene fama de buena persona, íntegra y decente. Nadie pone en tela de juicio su “hombría de bien”, cuando ha sido abogado defensor de derechos humanos y misionero con los jesuitas en Hispanoamérica, amén de gobernador y senador por Virginia. A Pence le pasa lo mismo. Trump le escogió por el prestigio del gobernador de Indiana en el partido republicano: hombre de fe, evangélico, con fuertes convicciones conservadoras y adherido a la ortodoxia republicana. Pence pasó a formar parte del equipo de Trump en un momento en que gran parte del aparato del partido republicano estaba en contra de su propio candidato. Es, en este contexto, y en el de que dos tercios de los electores no confían en Clinton ni en Trump y, además, no les caen bien, en que se ha celebrado el debate de esta noche.

La gran sorpresa ha sido la agresividad positiva de Kaine. Frente a un hombre tranquilo como Mike Pence, Kaine no desaprovechó ninguna oportunidad para intentar poner al republicano contra las cuerdas y en una posición incómoda. La culpa la tiene Donald Trump, por sus continuas meteduras de pata, de las que Mike Pence se ve obligado a salvarle continuamente. La última semana ha sido especialmente desastrosa para Trump -debido, primordialmente, a sus continuos errores- y Kaine no dudó en utilizarlo: en siete días, Trump se ha declarado ganador de un debate que perdió y que vieron en televisión casi 100 millones de personas, lo que le ha dejado en ridículo; The New York Times -algo que adelantamos nosotros en las páginas de este diario- sacó a relucir las finanzas de Trump y demostró que, utilizando la ley, Trump llevaba sin pagar impuestos desde hace 18 años, algo que según él, le “hace más inteligente” y, como responde Clinton, “¿qué nos hace parecer a nosotros, que sí pagamos impuestos: somos tontos?”; de nuevo, los ataques de Trump a las mujeres, en este caso, escribiendo un tuit contra una mujer ex Miss Universo a quien “acusó” de haber engordado tras ganar el concurso. Todas las encuestas muestran esta semana, que Trump ha perdido completamente el apoyo femenino (51% del electorado): 57% apoya a Clinton versus 37%, que votaría a Trump.

Kaine tomó la iniciativa durante todo el debate, comportándose en ocasiones de manera que, es posible, no haya caído bien al telespectador, puesto que no paró de interrumpir a Pence cuando éste defendía a Trump. De hecho, en muchas ocasiones, a la moderadora- Elaine Quijano, de CBS News- el debate se le fue de las manos, perdiendo el control a manos de Kaine, quien dominó el encuentro de principio a fin. Para empezar, dibujó el marco del debate: la cuestión esencial es el carácter de los candidatos y, frente a una Hillary Clinton que siempre ha luchado por los demás, Trump ha demostrado con creces que solo se preocupa por sí mismo. El pobre Pence, quien muchas veces me dio pena porque echaba la cabeza para abajo como quien -sin darse cuenta frente a la cámara- es consciente de que defiende lo indefendible y se arrepiente por ello-, solo respondió que Trump es un “hombre de negocios y no un político profesional y eso es lo que atrae a los electores”. Kaine estuvo siempre muy rápido de reflejos, continuamente al acecho para aprovechar cualquier oportunidad de atacar, de eludir todo ataque a Clinton para convertirlo en un contraataque contra Trump: “lo que tiene Trump es un ego más grande que Mount Rushmore y devoción por los dictadores”, en alusión a las alabanzas de Trump a Vladimir Putin o sus comentarios sobre el líder de Corea del Norte.

Kaine y su mujer tienen un hijo “Marine” y, como padres, “nos asusta hasta la muerte que Trump pueda ser Comandante en Jefe”, en alusión a las continuas declaraciones de Trump sobre “¿para qué tenemos armas nucleares si no podemos usarlas?”. Kaine pintó a un Trump errático en cuestiones de Seguridad Nacional, que decía saber más que los generales sobre ISIS, para decir a continuación que despediría a los generales. Pence solo pudo responder que, desde que Hillary fue secretaria de estado, Norteamérica es un país menos seguro. Se lo puso fácil a Kaine, quien pudo sacar pecho, a favor de Clinton, por su papel en “la solución Bin Laden”.

La misma actitud de ataque (Kaine) y defensa (Pence) se repitió en todos los temas objeto de debate. Aunque ambos dijeron respetarse por sus respectivas creencias religiosas, cuestión importante, porque esos principios pusieron límites a un debate que podía haber sido una masacre. Fue una fuerte victoria para Clinton, que recuperó la superioridad moral -al igual que el ascenso en las encuestas-, frente a un resignado Mike Pence que, por supuesto, defendió a Trump, tapándose metafóricamente la nariz, y, en mi opinión, con los ojos puestos en las elecciones de 2020.

El debate no afectará a la población general, pero será estudiado por los expertos en Comunicación Política.

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