EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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"Nunca te levantarás sin aprender algo nuevo cada día". Esto me ha sucedido a mí con Salesforce, con su evento mundial Dreamforce y, especialmente con su fundador y líder empresarial Marc Benioff. 32 años trabajando con y para empresas de todos los sectores como Telefónica, Vodafone, Orange, Santander, CaixaBank, Abertis, Gas Natural Fenosa, Hewlett-Packard (HPE y HP Inc) SAP, Oracle, Sage, Microsoft, El Corte Inglés, Eroski, Bankinter; Cellnex Telecom; Fundación Bancaria La Caixa, Intel, IBM, etc, dan perspectiva y muchísimo aprendizaje. 

De vez en cuando encuentras personas que te impresionan, por su carácter, liderazgo, virtudes humanas y profesionales, como me sucede con Isidre Fainé, presidente de La Fundación Bancaria La Caixa y de Gas Natural Fenosa. Isidre Fainé -y su director general, Jaume Giró- cree en un capitalismo humanista. Estudié -entre otras seis carreras universitarias- filosofía y, de santo Tomás de Aquino aprendí que capitalismo y justicia social (el "Aquinate", como se le llama en entornos filosóficos, no hablaba de filantropía) pueden y deben ir de la mano. Ya en el siglo XX, el Papa Juan Pablo II articuló la Doctrina Social de la Iglesia, nacida siglo y medio antes, con encíclicas como "De solicitudo rei socialis", "Centessimus annus" y otras. Un capitalismo que, obviamente, busque beneficios mediante una excelente gestión empresarial y que contribuya al bien de la sociedad. Eso es lo que he visto en Isidre Fainé, en la Fundación Bancaria La Caixa, en Jaume Giró y en CaixaBank, en Europa, puesto que la Fundación Bancaria La Caixa es la primera de Europa con más de 500 millones de euros de presupuesto anual dedicado a proyectos sociales.

Teniendo mi foco de negocio desde Advice Strategic Consultants y su Estudio Advice de Éxito Empresarial, entre otros muchos, en las empresas del IBEX-35 de todos los sectores, es lógico ponga énfasis en La Caixa, en Isidre Fainé y en "sus" empresas como Gas Natural Fenosa y CaixaBank. Pero vengo de una tradición -que mantengo- de haber trabajando para 733 empresas tecnológicas, TIC, en todos sus ámbitos: hardware, software, conectividad, Internet, en la Tercera Revolución Industrial, la de la Computación en los años noventa del siglo pasado. Viví y sufrí el crash de las Dot.com a principios del nuevo siglo. Yo mismo he trabajado como director general para empresas anglosajonas y norteamericanas relacionadas con las nuevas tecnologías, hoy, en el ámbito de la Cuarta Revolución Industrial o Digitalización, en que estoy cien por ciento zambullido: este año la empresa que dirijo ha realizado 101 estudios e informes sobre Digitalización Económica y Empresarial. Habiendo sido director general de Ipsos Public Affairs, Intel, Porter Novelli International, Brodeur Worldwide y Shandwick Consultants a lo largo de las tres últimas décadas, he conocido iniciativas de personas concretas en el sector tecnológico -el más importante en Estados Unidos, junto al financiero- a favor de esta unión del capitalismo y la filantropía. Es lo que me ha sucedido con Marc Benioff, líder empresarial de Salesforce y su fundador.

Reconozco que "no tengo el gusto de conocerle". Fui invitado por la compañía (Salesforce) a asistir a su evento mundial en mi tierra patria, Estados Unidos, en San Francisco, llamado Dreamforce, pero hube de declinar porque los acontecimientos en España exigían mi presencia cerca de las empresas del IBEX-35. Pero he visto los vídeos de las intervenciones de Marc Benioff y de dos amigos muy cercanos: Michelle Obama -ha aparecido en prensa, radio, TV e Internet cómo y cuándo nos conocimos, en agosto de 2010 en Marbella, habitando en el mismo hotel- de cuyo marido, Barack, he publicado seis libros y el actor e inversor en start-ups Ashton Kushner, hombre inteligente donde los haya. Había otros muchos ponentes de postín, como Virgina Rommetti, presidenta de IBM y la actriz Natalie Portman. Admiro a ambas, pero no las conozco.

La intervención de Marc Benioff me dejó impresionado. Insisto en que no he tenido interacción alguna con él. He conocido muy bien a tres presidentes en activo de Estados Unidos, pero no al presidente de Salesforce. Digo esto porque nadie piense que mis "compliments" a Marc Benioff son peloteo. Si la empresa, Salesforce, me invitó al evento -al que acudieron 171.000 personas- no creo que fuera por mi inexistente relación con su presidente, sino porque disfruto de la interacción con una audiencia (la palabra "seguidores" o "followers" no me gusta nada) de seis millones de personas, porque todos los días aparezco en medios como El País y Cinco Días, TVE, Telecinco, Cuatro TV o New York Times, L'Monde, y, así, hasta 30 medios internacionales. Mis dos últimos libros, recién publicados, "Trump, año uno" y "Digitalización y éxito empresarial" han recibido reviews positivos con más de 500 noticias de página entera o prensa, radio, TV e Internet: no "reseñas", sino críticas serias y extensas. Por tanto no me llamo a engaño: no soy periodista, pero, de haber acudido a Dreamforce en San Francisco, probablemente hubiera escrito en esos treinta medios con los que colaboro a diario acerca del evento. 

Al menos, he visto los videos de Dreamforce. De Michelle Obama y de Ashton Kushner..., ¿qué va a decir un amigo? Cosas buenas: inspiradores, motivadores, apasionados y con una idea clara y compartida sobre la unión entre capitalismo humanista (Isidre Fainé, Jaume Giró) y filantropía. 

Marc Benioff me sorprendió porque no habló de sí mismo durante las dos horas que duró su intervención. Habló de los asistentes, de los clientes -de los que había unos 200 españoles, como Liberty Seguros, Santander, IBM, etc-, de los empleados, hasta de la multitud de ONG's presentes, que fueron bastantes. Esta actitud y comportamiento me dicen que el señor Benioff cree en lo que dice sobre capitalismo y filantropía. Dirige una empresa muy exitosa, que está entre las primeras empresas de futuro del Fortune 100 (50) y que no ha parado de crecer rentablemente en apenas dos décadas de historia. Es pionera en cloud. Y todo lo que hace -sus soluciones y productos- son cloud, trátese de Marketing, Sales, Business Intelligence, Big Data, Internet de las Cosas (IoT), CRM, SCM, IA, etc. Esto ya de por sí es novedoso y empresas como Adidas -cuyo CEO acompañó a Marc Benioff en el estrado para contar su caso de éxito: el tipo vende a diario casi dos millones de zapatillas de deporte!- explicaron que la Inteligencia Artificial (Einstein) que les proporciona Salesforce convierte Adidas en una empresa aún más exitosa. Es solo un ejemplo.

Formidable la exposición de Benioff de su modelo filantrópico: Triple Uno; 1% del equity de la compañía; 1% del tiempo de los empleados; 1% de sus productos dedicados a causas sociales. Miles de empresas han adoptado este modelo, dijo Benioff y esto es particularmente en Estados Unidos -país más rico del mundo pero sin red social como la europea- o en países pobres de África donde no tienen nada.

Por tanto, aunque no acudí a Dreamforce -a pesar de haber sido invitado amablemente por Salesforce-, tras ver los vídeos de Marc Benioff, Michelle Obama y Ashton Kushner, etc; y recordarme a la filosofía de Isidre Fainé y la Fundación Bancaria La Caixa que aúna capitalismo y filantropía, me he decidido a escribir unas palabras sobre algo que vale la pena conocer. Benioff finalizó su exposición con su leit motif: "la finalidad de los negocios es hacer un mundo mejor".

Jorge Díaz Cardiel

Socio Director de Advice Strategic Consultants

Director del Estudio Advice de Éxito Empresarial

Autor de Trump, año uno y Digitalización y éxito empresarial

 

16 enero, 2015 | 08:04

En 2015 se inicia el final de la era Obama. Así sucede siempre en los dos últimos años del segundo mandato de un presidente estadounidense. Máxime si, como suele ser habitual, el poder legislativo es de signo contrario, indicativo de que corren nuevos tiempos y que la población está necesitada de un cambio. El propio Obama lo ha dicho en alguna ocasión: “en 2008, yo era noticia fresca. Ahora ya no soy noticia”.

Bill Clinton gobernó sus dos últimos años con un Congreso republicano. George Bush lo hizo con una Congreso demócrata. Obama vuelve a revivir la era Clinton. Entre 2015 y 2016, período pre electoral en Estados Unidos, porque en noviembre de 2016 habrá elecciones presidenciales y, en 2015 los potenciales candidatos están calentando motores y empezando a recolectar fondos. La de 2016 será, con toda probabilidad, la campaña electoral más cara de la historia. Podría haber, también, un duelo al sol, entre Hillary Clinton y Jeb Bush.

En 2015 y 2016, Obama tratará de conseguir dos objetivos: por un lado, alcanzar los retos que se ha propuesto. Por otro, consolidarlos –puesto que son continuidad de sus políticas de los seis años previos- para que, parafraseando a Bill Clinton, Obama pueda constituir su propio legado como presidente.

El primer reto que tiene Obama por delante es el de la aceleración del crecimiento económico con fuerte creación de empleo. El presidente quiere llegar a finalizar su mandato con crecimientos del PIB superiores al 3% anual y pleno empleo (tasa de paro del 5%). Para ello, habrá de aumentar la tasa de participación, especialmente entre los jóvenes y los desanimados. Cada vez más, los autónomos serán protagonistas de la vida del trabajo en Estados Unidos, como en el resto de Occidente. Lo destaca The Economist en enero de 2015. Será menester subir los tipos de interés paulatinamente (le corresponderá a la FED), al tiempo que se produce la reducción de estímulos a la economía durante 2015.

El PIB americano que saldrá de la recuperación tendrá, por un lado, fuerte demanda interna (cada vez más consumo privado y público e inversión). Pero también habrá de haber exportaciones y será necesario culminar los acuerdos de libre comercio, tanto el pendiente con la Unión Europea (TTIP) como con los países de Asia Pacífico: es lo que Hillary Clinton denomina el giro estratégico de Estados Unidos hacia Asia, tras los fallidos intentos en Oriente Medio, por un lado, y la amenazadora y creciente influencia de China en la región.

El gran riesgo para la recuperación económica americana es la desaceleración en la zona euro, China, Brasil y Rusia. Y que todos juntos, tiren de Estados Unidos para abajo, porque Estados Unidos no sea capaz de tirar de ellos para arriba.

El legado del presidente no sería completo, si no se consolidan las reformas iniciadas. La reforma de la sanidad arrancó con mal pie, pero son ya muchos los millones de norteamericanos que se benefician de ella y está siendo motor del crecimiento económico.

La reforma financiera, de la que ya hablamos en obras previas, debe aún ser implementada. Quedar por aplicar la letra pequeña –desarrollo normativo- del 40% de la ley Dodd Frank.

La reforma de la inmigración ni siquiera ha sido incoada (aunque una versión bipartidista llegó a ver la luz en el Senado): a finales de 2014, Obama ha impedido la deportación de cinco millones de hispanos, pero la realidad es que la ansiada reforma no avanza, debido a la falta de acuerdo entre republicanos y demócratas. Estados Unidos tiene quince millones de latinos viviendo y trabajando ilegalmente en el país. Su peso demográfico es cada vez mayor y también el electoral. Los republicanos temen un país diverso y muy distinto al heredado de sus abuelos, y los demócratas ven una oportunidad en abrazar esa diversidad de la que se nutren.

El aumento de los niveles de renta familiares a partir de 2015 habrá de estar en la agenda de Obama en materia de política económica interna. La salida de la crisis se ha saldado con aumentos de productividad (gracias a las tecnologías de la información y congelación de salarios): es tiempo, ya, de que los ciudadanos se beneficien de la recuperación económica, con una mayor capacidad para ahorrar y gastar.

Las elecciones presidenciales de 2016 marcarán también en parte la agenda del presidente, porque recibirá presiones de los contendientes demócratas que ya se van preparando para la batalla electoral.

Desde un punto de vista sociodemográfico, Obama tendrá que lidiar con tres grandes retos: las tensiones raciales, reducir la disparidad de ingresos entre ricos y pobres, y asegurar la movilidad social o el llamado “Sueño Americano”. Este tercer punto va a ser la gran baza electoral de Hillary Clinton en 2016, recordando a los electores los logros económicos conseguidos por su marido en los años noventa.

Desde un punto de vista político, para Obama no va a ser fácil conseguir estos objetivos, porque va a tener enfrente a todo el poder legislativo (Cámara de Representantes y Senado, en manos republicanas). Por tanto, Obama tendrá que conjugar el gobernar por decreto ley, y el llegar a compromisos con los republicanos, sabiendo que esto último no le ha sido fácil en seis años de presidencia.

La política internacional, por último, es el reto en el que suelen refugiarse los presidentes en sus dos últimos años de mandato. En cualquier caso, hay problemas que requieren la atención real de Obama, empezando por el restablecimiento de las relaciones con Rusia, tras los enfrentamientos por Ucrania.

En Oriente Medio hay compromisos ineludibles. Primero, la retirada con honor de guerras inconclusas, como Irak y Afganistán. Pero también el conflicto en Siria, donde Obama se había autoimpuesto unas líneas rojas que él mismo acabó saltándose, para no tener que involucrarse más en la guerra civil que asola ese país. La aparición de ISIS, en Irak y Siria, y los ataques en Occidente perpetrados por islamistas radicales –como los terribles sucesos de Francia en enero de 2015- obligarán a Obama a no desligarse del único lugar del mundo del que quería marcharse. También habrá de involucrarse más con Pakistán, porque los talibanes están no fuera, sino dentro de sus fronteras, y el armamento nuclear pakistaní corre peligro: Norteamérica habrá de acudir en su auxilio, y poner dinero y armas encima de la mesa.

Obama desea que Irán deje de ser un problema. A Estados Unidos no le ha molestado que Irán y Hizbulá luchen contra el Estado Islámico (ISIS) en Siria e Irak, pero a Israel –y, por tanto, a Estados Unidos- no le hace ninguna gracia que Irán pueda convertirse en una potencia nuclear. De manera que las negociaciones para que el país persa termine con su programa de enriquecimiento de uranio continuarán durante 2015 y 2016. El presidente de Irán, el más moderado de los últimos presidentes que ha tenido el país, Hasán Rouhaní, tiene la presión de una población que no quiere quedarse aislada del mundo, que siente la presión de los países musulmanes sunníes (especialmente su enemigo Arabia Saudí) y que quiere mejorar su nivel de vida, para lo que es menester levantar las sanciones económicas internacionales al régimen iraní. Todo indica que Rouhaní es un clérigo-político-presidente pragmático, que se esforzará por alcanzar un acuerdo.

Mencionar Irán es sacar a colación el Acuerdo de Paz en Oriente Medio, entre palestinos e Israel. Por ahora, tras los varios intentos frustrados que muy bien narra Hillary Clinton en “Hard Choices”, es altamente probable que Obama se tome un respiro en esta cuestión, al menos hasta ver qué dilucidan las elecciones en Israel de 2015.  El actual primer ministro, Benjamín Netanyahu no tiene una especial buena relación con Barack Obama, y sus enfrentamientos, aun suavizados ante la opinión pública, son ya famosos. Probablemente, como ya hicieran George Bush y Condolezza Rice, Obama intente muy al final de su mandato una última iniciativa de paz auspiciada por Estados Unidos.

Por último, una cuestión simbólica: el inicio de una mayor normalización en las relaciones con Cuba no significa mucho ni política ni económicamente. Pero tiene una gran trascendencia histórica.

 

15 enero, 2015 | 08:36

Estados Unidos ha culminado 2014 con un crecimiento interanual de 5%. En términos de Producto Interior Bruto. El consumo interno, la inversión, las exportaciones han contribuido fuertemente: tanto demanda interna como demanda externa.

El Banco Mundial –como otras instituciones internacionales: FMI, OCDE, Comisión Europea- augura en su informe de enero de 2015, que Estados Unidos será el principal motor del crecimiento económico mundial. Los semanarios económicos y de negocios The Economist y Business Week, de diciembre de 2014, sostuvieron la misma tesis.

A lo largo del período que abarca desde junio de 2009 hasta diciembre de 2014, la economía norteamericana ha ido cogiendo fuerza, en términos de crecimiento y de empleo. En 2014 ambos parámetros han empezado a asemejarse a los de “la era Clinton”. En 2014 se crearon 3 millones de empleos en Estados Unidos: el mejor dato desde 1999. La media mensual ha sido de 224.000, aunque en noviembre fueron 353.000 y en diciembre 252.000. La tasa de paro se ha visto reducida hasta el 5,6%: es casi la mitad de la que había en los inicios de la crisis, cuando el desempleo llegó al 10,2%, y cada mes eran despedidos entre 800.000 y 900.000 personas, en la segunda mitad de 2008 y el primer semestre de 2009.

Casi todos los sectores de actividad económica han contribuido a la creación de empleo, empezando por los 52.000 en servicios profesionales y tecnologías de la información. Pero también los 48.000 de la construcción o los 34.000 en servicios sanitarios. Ha aumentado el empleo a tiempo completo (más de 400.000 trabajadores lo han conseguido), aunque la tasa de participación sigue siendo relativamente baja, del 62,7% y los salarios –mes sobre mes, de noviembre a diciembre de 2014- han descendido el 0,2%, aumentando en el año el 1,7%.

Bien es cierto que la baja inflación y el fuerte descenso del coste de la gasolina han puesto más dinero en los bolsillos de los norteamericanos, aumentando su poder adquisitivo y capacidad de compra. Es decir, que, aunque los salarios no han aumentado significativamente en 2014 –durante los seis años de recuperación lo hicieron en un 4%, versus un 8% de la época de Clinton-, los hogares estadounidenses disponen de más dinero para consumir y ahorrar, debido a la fuerte contención y bajada de precios en algunos casos.

La Reserva Federal (FED) tiene presiones para actuar. También las tiene para que no actúe. The Wall Street Journal y Bloomberg hicieron a finales de 2014 encuestas entre cien economistas, respectivamente, acerca de la previsión de los datos de paro de diciembre y, en los dos casos, se quedaron cortos: preveían una creación de empleo de 240.000 puestos de trabajo y no de 252.000. También pensaban que la tasa de paro pasaría del 5,8% de noviembre al 5,7%, cuando la realidad fue mejor, del 5,6%. Estos mismos economistas –cientos de ellos- anticipan que 2015 y 2016 serán buenos años para la economía norteamericana.

De ahí las presiones para que la Reserva Federal actúe. Ben Bernanke, primero, y Janet Yellen, después, han buscado un crecimiento económico anual del 3% y que la tasa de paro baje al 5,5%. Ambos objetivos van camino de conseguirse. Y la FED tiene varios mandatos: asegurar el crecimiento económico con creación de empleo, por un lado, y la estabilidad de precios, por otro. Lo primero está encaminado, tras 6 años de crecimiento tenue, pero casi ininterrumpido. Y el objetivo de inflación está controlado: por debajo del 2%, como quiere la FED.

Las medidas extraordinarias adoptadas por la Reserva Federal y por el Gobierno estadounidense quizá empiecen a perder su sentido. Primero ha sido el Quantitative Easing, de tal manera que aquel se ha ido gradualmente, reduciendo la compra de deuda pública e hipotecaria; y ahora podría ser el turno de los tipos de interés, que han estado en el entorno del 0% durante seis años y, quizá, en la segunda mitad de 2015, podrían empezar a subir de nuevo.

Los mercados de valores viven momentos de euforia, con el DJ (Dow-Jones) en máximos históricos, al igual que el Nasdaq y el SP-500. Por lo general, todos los índices bursátiles han alcanzado niveles formidables en los últimos dos años. El mercado de la vivienda se ha revitalizado de nuevo –con fuertes diferencias regionales, como muestra el Índice Case Schiller-, y en Silicon Valley aparece un nuevo panorama empresarial exitoso completamente inmerso en el entorno digital, nacido en ese nuevo entorno, y que sigue la estela exitosa inaugurada por empresas que ya generan muchos beneficios, como Amazon.com, Facebook, Apple y Google.

Ya no se trata de lo que hicieron las famosas “dot.com” de 1999, 2000 y 2001, que arruinaron a tantos, y defraudaron grandes expectativas: entonces, el mundo no eran digital, pero hoy, tres lustros más tarde, los mercados de consumo, corporativo y de pequeñas y medianas empresas (pymes), están plenamente inmersas en los modelos de negocio de internet, las nuevas plataformas, la nube, el big data, la movilidad y las redes sociales, como herramientas para ser más productivas y competitivas. Las personas ya no pueden vivir sin la tecnología en movilidad y en estar plenamente, siempre, conectados. La necesidad de información actualizada es constante. Como explican Eric Schmidt y Jared Cohen en “The New Digital Age”, Internet ha redefinido el futuro de las personas, los negocios, la política y la concepción de la forma de participar en la democracia por parte de los ciudadanos.

Crónica de la recuperación

A lo largo de estas páginas, hacedores de la política económica norteamericana nos han ayudado a entender cómo Estados Unidos ha salido de la recesión y se ha vuelto a reinventar. Lo hemos hecho de la mano de Ben Bernanke (“The Federal Reserve and the Financial Crisis), desde la Reserva Federal. También con su colega Timothy Geithner, como secretario del Tesoro de 2009 a 2013 (“Stress Test: reflections on financial crisis”). Michael Brunwald nos ayudó a comprender y valorar el paquete de estímulo económico de febrero de 2009 por importe de 787 billones de dólares que salvó la economía americana del abismo y evitó una Depresión como la de 1929 (“The new, new deal”). El oráculo de la Reserva Federal, Alan Greenspan, a quien ya acudimos en anteriores escritos, nos ha servido para poner en valor la capacidad de predictibilidad de la economía, cuando se hacen bien los deberes (“The map and the territory. Risk, Human Nature and the Future of Forecasting”).

El premio nobel de economía, Joseph Stiglitz, en “The Price of inequality” –mucho más que el famoso Piketty en “Capital in the Twenty First Century”- ha explicado muy bien las fuertes diferencias de ingresos entre ricos y pobres que ha generado la crisis, y cómo la clase media americana ha sido la gran sufridora de la recesión.

Para nosotros, el gran cronista de la crisis ha sido el ex asesor de Bill Clinton, Alan S. Blinder, con su magna obra “After the music stopped: the financial crisis, the response, and the work ahead”. Por último, Thomas L. Friedman, junto a Michael Mandelbaum –“That used to be us: how America fell behind in the world it invented and how we can come back”- nos han enseñado que, desde los tiempos de la recesión de 2008 y 2009, cuando parecía que todo estaba hundido, y que América había perdido su primacía económica en el mundo, hasta hoy, se ha recorrido un trecho en el que el panorama ha cambiado radicalmente.

Es cierto, China ha jugado un papel esencial en estos años, y ha procurado ejercer su influencia económica, política y geoestratégica en el mundo, aprovechando que Estados Unidos atravesaba una recesión fuerte y estaba perdiendo “vidas y dinero” (Geoffrey Parker) en Oriente Medio. Nos lo ha recordado David Shambaugh en “China goes global”. Pero China –lo anticipamos hace tres años, y lo publicamos para que no hubiera duda- está experimentando una suave desaceleración de su crecimiento, que irá a más, porque sus fundamentos económicos y políticos no inclusivos son débiles (“Why nations fail. The Origins of Power, Prosperity, and Poverty”, de Daron Acemoglu y James Robinson). Por contraste, Estados Unidos está creciendo de nuevo con fuerza, y se convierte en el motor económico del mundo.

Esta obra es una explicación de las raíces, de las causas, de los fundamentos y de las consecuencias de la recuperación económica norteamericana, de la que se pusieron las bases entre 2009 y 2012 y se ha producido un proceso de afianzamiento entre 2012 y 2014. La siguiente etapa, entre 2015 y 2016 serán de fuerte acelerón del crecimiento económico y la creación de empleo. En estos años, ha sido un presidente demócrata, Barack Obama, quien ha aplicado las curas necesarias para volver a la senda de la prosperidad. Por eso hemos prestado atención a su segunda victoria electoral, en noviembre de 2012: la victoria de un presidente norteamericano –y su legado- no están asegurados si no culminan dos mandatos, como le está sucediendo a Obama.

En los últimos seis años, la economía ha sido la primera preocupación de los estadounidenses. Siempre lo es: en las duras, y en las maduras. Lo llevan en la sangre. Por eso, en esta obra hemos prestado una atención primordial a la economía, versus a otros escritos nuestros en los que las relaciones internacionales o la política interior jugaban un papel muy destacado.

2015 es el año de pistoletazo de salida de la carrera electoral hacia la Casa Blanca. Habrá elecciones presidenciales en noviembre de 2016. En su segundo libro de memorias, (“Hard Choices”), Hillary Clinton dice que tiene una difícil decisión que tomar, sobre si se presenta a las elecciones como candidata o no. Todas las encuestas la dan por ganadora, al menos por el bando demócrata. En el campo republicano, hay muchos potenciales candidatos: Jeff Bush, Marco Rubio, Ted Cruz, Mike Huckabee, Mitt Romney, Rand Paul, y muchos más. Serán las elecciones más caras de la historia, con candidatos gastando ingentes cantidades de dinero en la campaña electoral, tanto en las primarias como en las elecciones presidenciales.

Nadie sabe quién ganará, aunque todas las encuestas, hoy, dan por ganadora a Hillary Clinton. Sea como fuere, la economía será objeto de debate con toda certeza. Y esperamos, como ya hicimos en 2008 y en 2012, estar muy cerca de los Estados Unidos para, como ahora, poder vivirlo y escribirlo.

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

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