EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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Hollywood, la meca del cine estadounidense, va casi siempre de la mano de la realidad: durante los años de guerra en Iraq y en Afganistán, primero, y con la crisis financiera y económica, después, hubo cientos de películas que trataban la temática del momento: lo que estaba de moda y las personas vivían en sus carnes o aprendían a través de los medios de comunicación.

Hoy, la moda es la Digitalización. Ni que decir tiene, todo Silicon Valley, está volcado en este concepto etéreo que muchos gurús pretenden explicar en conferencias con exceso de fotografías y poco contenido. Bajo el paraguas de la Digitalización, se han ubicado muchos conceptos tecnológicos de moda, especialmente si tratamos del entorno empresarial: Big Data, Cloud Computing, Inteligencia Artificial, Impresión 3D, Robótica, Convergencia de comunicaciones y contenidos, ciberseguridad, etc.

Terminator Genesis, Money Monster, Blackhat, amenaza en red, La gran apuesta, IT, Desconexion, Eternal, Trascendence, Runner Runner, Lucy, Criminal y tantas otras películas, entre 2014 y 2017 han llevado a la gran pantalla el objeto de negocio de las compañías tecnológicas que ofrecen las soluciones arriba mencionadas. Después de todo, tanto Hollywood como Silicon Valley están en California y son primos hermanos. Y los mismos actores famosos que protagonizaron las películas de las guerras en Oriente Medio y las de la crisis financiera, hoy, son “expertos” en Big Data, Cloud Computing, Inteligencia Artificial, Impresión 3D, Robótica, Convergencia de comunicaciones y contenidos, ciberseguridad. Brad Pitt, Ryan Groslyn, Steve Carrel, George Clooney, Julia Roberts, Pierce Brosnan, Scarlett Johansom, Kevin Costner, Morgan Freeman y tantos otros actores, han visto la oportunidad que les brinda la nueva moda de la Digitalización y la han aprovechado.

Dejo de lado la aberración odiosa del espionaje, sea ruso, chino, de Edward Snowden o Julian Assange (Wikileaks). Su mal hacer ha costado muchas vidas humanas. Y aquí dejo “la cosa”.

En la literatura económica, también pasa lo mismo que en el cine y auténticos ladrillos, se han convertido en best-sellers en Amazon y en Barnes & Noble; en España en El Corte Inglés, La Casa del Libro y FNAC: Macrowikinomics (Tapscott y Williams) y Capitalism 4.0: the birth of a new economy (Anatole Kaletsky) en 2009 y, más recientemente, en 2017, The fourth industrial revolution (Klaus Schwab), The rise and fall of American growth (Robert Gordon), Makers and takers (Rana Foroohar) y The rise and fall of nations (Ruchir Sharma).

Honestamente, podría citar cientos de libros -incluso tres míos (“Éxito con o sin crisis”, “Recuperación económica y grandes empresas”; “Innovación y Éxito empresarial: la necesidad de crear un modelo productivo basado en las TIC y la Digitalización”) que, en los últimos ocho años han ido configurando el concepto de la Digitalización como el siguiente paso lógico en la evolución económica y empresarial, con sus consiguientes consecuencias en los modelos productivos, competitividad, empleo, PIB, etc. Empecé a medirlo en España en el año 2012, incorporando el concepto de Digitalización a mi libro Éxito con o sin crisis, de la mano (prestada) de César Alierta, ex presidente de Telefónica y que, ya entonces, tenía en mente convertir la empresa que dirigía, en una Telco Digital. También decidí ver las implicaciones de negocio, comerciales, de producto, de factores de éxito, etc, en el Estudio Advice de éxito empresarial, sabiendo que, nadie más que Advice Strategic Consultants, en España, está midiendo las consecuencias de la aplicación práctica de la Digitalización en la vida de las empresas, la economía y la sociedad. Sí lo están midiendo, en cambio, en Silicon Valley y en MIT-Harvard.

En la medida en que todos los segmentos de las Tecnologías de la Información (TIC) venden Digitalización a pymes, autónomos, grandes empresas, sector público, etc, la variedad de productos, servicios y soluciones que genera la Digitalización es casi infinito. En el mundo de las telecomunicaciones digitales, tenemos a -por ejemplo, en España- a Telefónica, Vodafone y Orange luchando fuertemente en este mercado. En Estados Unidos, las operadoras de telecomunicaciones, ante la amenaza de Apple, Facebook, Amazon y Google, que abarcan todos los segmentos de todos los subsectores TIC, están comprando compañías proveedoras de contenidos: ATT, Verizon, Comcast, etc, lo han hecho con Time Warner, Yahoo!, Universal Televisión, respectivamente, etc.

Evidentemente, la informática tradicional no se quiere quedar atrás, e IBM, HPE, HP Inc, Microsoft, Oracle, SAP, SAS, Dell, Lenovo, Cisco, Sage, Salesforce.com…, tienen una oferta comercial digital más cercana a la de su objeto de negocio. Samsung, LG, Ericsson, Sony, y tantas empresas de electrónica de consumo están en ello, al igual que los fabricantes de teléfonos móviles inteligentes, quizá con la excepción de los fabricantes chinos cuyo valor añadido es copiar.

Con este breve artículo, solo he pretendido llamar la atención sobre un fenómeno del que mucho se habla y poco realmente se conoce. Lo cual se traducirá en más tribunas mías sobre la Digitalización y sus derivadas en sectores y empresas. Robert Soslow, premio nobel de economía escribió que “cuatro quintas partes de la productividad de Estados Unidos se debe a la informatización de las empresas” (también escribió que “la productividad derivada de las TIC se ve en cualquier sitio, excepto en las estadísticas de los economistas”, para escarnio mío). Tras Soslow, otro premio nobel de economía, Michael Spence afirmó en 2001 que “la siguiente fase de la evolución tecnológica será la Convergencia Digital”. Y ahí nos encontramos ahora, en España, con Telefónica denominándose “Telco Digital” y con una oferta convergente y digital que Vodafone y Orange también quieren desplegar.

En España, tenemos una ventaja: no somos tontos. Muchas de nuestras empresas ya están en la vanguardia de la Digitalización. Telefónica abanderó el cambio, como digo, hace cinco años. CaixaBank, también en el último lustro, se ha convertido en el banco TIC más innovador del mundo (Forrester, Advice Strategic Consultants); El Corte Inglés es líder en comercio electrónico en España, superando a Amazon; Abertis es líder mundial en gestión de infraestructuras inteligentes y Cellnex Telecom -que sirve a Telefónica, Vodafone y Orange, entre otras- es líder europeo en gestión de infraestructuras de telecomunicaciones inalámbricas; Gas Natural Fenosa aprovecha todas las herramientas de la Digitalización con docenas de proveedores (IBM, SAP, HP, SAS, etc) para innovar en energías renovables. Y Sage ayuda de manera esencial a digitalizar a pymes y autónomos, el 99,88% del tejido empresarial del país. España es mucho más que sol y playa.

Es el principio de un cambio de era, que pocos se han atrevido a describir. Quizá con una excepción: Eric Smith, presidente de Alphabet (Google) explica cómo será el futuro de la sociedad, la economía, el trabajo y el empleo, las empresas, la política, etc, en su obra: El futuro Digital, de 2013. En enero de 2017, Seguéi Brin y Larry Page, fundadores y dueños de Alphabet/Google dijeron: “sabíamos que estaba ahí, pero no supimos encontrarla. Ahora vamos a volcar todos nuestros esfuerzos en desarrollarla”. Se referían a la Digitalización y todas sus derivadas, especialmente la Inteligencia Artificial.

21 octubre, 2014 | 09:27

Multitud de encuestas anticipan una victoria republicana en las elecciones de mitad de mandato de noviembre de este año. Si así fuere, los demócratas perderían la única cámara que aun controlan -el senado- y el presidente Obama quedaría solo ante el peligro, atrincherado en la Casa Blanca, teniendo que elegir entre cualquiera de las siguientes opciones: firmar las leyes -de sabor republicano- que le envíe el Congreso; vetarlas, o llegar a un entendimiento con los conservadores. Quizá esta última opción fuera la más sensata para facilitar la amable gobernabilidad del país; pero es difícil que llegue a buen puerto, porque los republicanos apuntalan su estrategia electoral en oponerse al presidente. Difícil es que, por tanto, se alíen con él tras la victoria, en caso de que la consigan.

Este es el marco en el que el presidente Obama llega a su vigésimo tercer trimestre como presidente. Muy importante, nos dice la historia reciente, para aquellos presidentes de dos mandatos que, llegan a las vísperas de las elecciones de mitad del segundo mandato... en situación..., "buena" o "mala".

El índice de aprobación de la gestión del presidente Obama, a punto de celebrarse las elecciones legislativas y para elegir gobernadores, influye en el ánimo de los electores y en su orientación del voto. El índice de aprobación de la gestión de Obama en su trimestre número veintitrés como presidente, es del 41,5%, bastante bajo, comparado con el 63% de inicios de su presidencia. Peor es el índice de desaprobación de su gestión, que se sitúa en el 53,4%. Aún así, algunos sostienen que, a pesar de lo que digan las encuestas en el corto plazo, lo que importa son las políticas que ha hecho el presidente y que eso es lo que convierte en un gran político. Así se expresa el Economista y Premio Nobel de dicha disciplina en la última portada de la revista Rolling Stone ("In defense of Obama", octubre 2014).

Veamos cómo ha influido históricamente la percepción de la gestión del presidente, en términos electorales, cara a su partido, en circunstancias similares a las actuales, y qué ha hecho grandes a unos presidentes y a otros. En 1998, Bill Clinton aún no había llegado a su purgatorio personal, que arrastró el país, y la economía crecía y generaba empleo; el índice de aprobación de su gestión era elevado y los demócratas ganaron puestos en la Cámara de Representantes y en Senado. En 2006, cuando pintaban bastos en Irak y en Afganistán, los sucesos del Huracán Katrina erosionaron la imagen de "compassionate conservatism" de George W. Bush proyectando incompetencia, ineficacia y falta de atención a las necesidades de los que peor lo pasan, en pleno vigésimo tercer trimestre de la presidencia de Bush hijo, su partido, el republicano perdió la mayoría en las dos Cámaras del Congreso, propiciando la victoria demócrata de 2006 que anticipó la victoria presidencial de Obama dos años más tarde (noviembre de 2006).

Algo parecido sucedió a los republicanos en el trimestre número 23 de la presidencia de Richard Nixon: consecuencia de la fuerte presión por el escándalo que él mismo había creado (Watergate, agosto 1974), Nixon dimitió. En las elecciones de noviembre de ese año, legislativas de mitad de mandato, los republicanos sufrieron una derrota.

Hay relación entre la percepción que se tiene del presidente, de su gestión, y la orientación del voto en las elecciones legislativas. Cuán grande sea un presidente, en atención a la defensa encendida de Obama por parte de Krugman, es algo que solo el tiempo puede decir. Hay logros de presidentes, que en su momento fueron controvertidos, pero pasado el tiempo se han convertido en grandes hazañas: la política económica de Roosevelt y la creación de la Seguridad Social en 1939, que llega hasta nuestros días; "The Bill of Rights" de LBJ, Johnson, que inició el fin de la segregación racial; el reinicio de pacíficas relaciones con la China comunista de Mao Zedong que hizo Nixon, o las negociaciones nucleares de Reagan con Gorbachev, forzando su mano gracias a la iniciativa "Star Wars", que dio al traste con la economía soviética y, en última instancia, provocó la caída del Muro de Berlín, liberando media Europa.

Sabemos que Obama, sus políticas combinadas con la iniciativa del sector privado, han sacado América de la Gran Recesión y que el país ha crecido una media del 2,2%, creando 198.000 empleos mensuales desde junio de 2009 (54 meses consecutivos, 10 millones de empleos). La Reforma Sanitaria, Obamacare, que provee de seguro médico a 32 millones de nuevos pacientes aún está en sus albores y siempre ha sido controvertida, incluso antes de su aprobación en marzo de 2010.

El hoy y ahora de las encuestas indican castigo al presidente a través de su partido en el Congreso. Si el legado de Obama es percibido más positivamente que hoy a medio y largo plazo, lo sabremos en noviembre de 2016, con las elecciones presidenciales. Entonces, el 53% del electorado tendrá la llave de la presidencia, esto es las mujeres, que en 2012 apoyaron mayoritariamente a Obama (55%).

03 octubre, 2014 | 09:25

XiJinping ascendió a la Secretaría General del Comité de Central del Partido Comunista Chino (marzo 2013) prometiendo un programa de reformas que permitieran seguir creciendo la economía. No es que su promesa fuera electoral y tuviera que rendir cuentas a los votantes. Su compromiso era con los dos pilares que garantizan la estabilidad en un país de 1.500 millones de personas: el Partido Comunista y el Ejército. Ahora bien, una excesiva divergencia entre esos dos baluartes en que se asienta el sistema y la sociedad, podría provocar un cisma con consecuencias sociales imprevisibles. De aquí que la economía entre en la ecuación como un factor esencial de la estabilidad del país. Las revueltas estudiantiles en Hong Kong son una broma -más bien, un mosquito- para el Gobierno chino, que podría acabar con ellas con más rapidez y eficacia que con la Revuelta de la Plaza de Tiannamen.

El capitalismo de estado chino ha generado crecimientos económicos de dos dígitos durante tres décadas. 400 millones han salido de la pobreza. Una incipiente clase media -todavía, con ingresos netos anuales situados en un 25% de los norteamericanos o europeos- que se agrupa en la costa, y un millón de personas con más de un millón de dólares -por eso, se les llama millonarios- han cambiado la realidad de China que conoce el mundo exterior. Shanghai es un "show room" con impresionante distrito financiero, altísimos rascacielos, escenario de películas de acción y espionaje occidentales (Skyfall, Misión Imposible...), pero China no es Shanghai, como tampoco es Pekín. Y tampoco la inmensa China se identifica con los espectaculares centros de producción de Guangdong o Chongquing, con fábricas de 800.000 trabajadores...

La primera conclusión del crecimiento económico chino iniciado en 1979 por Deng Xiaoping es los enormes desequilibrios que ha generado dicho ascenso: la sociedad china no es el paraíso comunista -espejismo falso de la realidad- en que todos tienen de todo: unos pocos tienen muchísimo, unos cuantos, tienen algo, una inmensa mayoría apenas tiene. En esto, China no se diferenciaría en demasía del resto del mundo desarrollado, a no ser por el tamaño, las dimensiones.

A los desequilibrios sociales se une otra conclusión: la divergencia entre demanda interna y la externa. Hasta ahora, la gran fábrica del mundo que es China ha producido muy barato para exportar a bajo coste. Las exportaciones han expoleado el PIB, hasta ahora, cuando la economía mundial -lo dijo el 2 de octubre de 2014 el FMI- empieza de nuevo a ralentizarse, excepto en Estados Unidos. Xi Jinping no prometió un crecimiento armonioso -"sociedad armoniosa"-, como el de su predecesor, Hu Jintao. Su gran reto ha sido, desde marzo de 2013, aumentar la capacidad de consumo de los chinos para incrementar el consumo interno y compensar la caída de las exportaciones. Para eso, es menester hacer crecer el poder adquisitivo de los ciudadanos. Lo cual, en China, es opuesto a una política de altísima productividad basada en mucho factor trabajo a bajísimo coste salarial. De hecho, en los últimos doce meses, los costes laborales chinos ha  aumentado, por lo que sus fábricas son menos productivas. Gigantes americanos -Apple, Wall-Mart- han aprovechado para "volver al cacareado y popular (populista) made in America" y devolver significativa producción a Estados Unidos, lo que explica -solo muy parcialmente- la caída del desempleo en Norteamérica.

La realidad es que Xi Jinping está teniendo que elegir, entre seguir con sus reformas o espolear el crecimiento económico. No puede hacer ambas al mismo tiempo, por los vicios innatos al sistema chino, que no es inclusivo en sus instituciones, por no ser democrático ("Why nations fail", 2012, Harvard). Las medidas de estímulo económico puestas en marcha por Xi han tenido impacto, solo inmediato, y la segunda economía del mundo en tamaño, no va a poder evitar una fuerte caída del mercado inmobiliario, y un mayor descenso de la producción industrial: en agosto pasado, aquella cayó el 6,9% -año sobre año-, el crecimiento más bajo desde la Recesión de 2008.

El Gobierno no puede impulsar paquetes de estímulo de estilo de los de Barack Obama en Estados Unidos (787 billones de dólares en febrero de 2009; 400 billones adicionales en septiembre de 2011): se encuentra con altísimos niveles de endeudamiento de bancos -entre los mayores del mundo-, empresas -muchas, estatales- y gobiernos, a todos los niveles de la administración.

El PMI chino, en septiembre, permaneció en el mismo nivel que el mes de agosto: el 51,1. ¿Anecdótico? No, sintomático: es ya una tendencia, en 2014. La cuestión es qué va a hacer Xi Jinping ahora. Tiene dos opciones: tomar fuertes medidas, como recortar mucho los tipos de interés, al igual que Estados Unidos y Europa, o aceptar (resignarse) a la ralentización de la economía, con aumento del desempleo y menor crecimiento. Esto segundo no es una opción,  para un Secretario General del Comité Central del Partido Comunista Chino. Hoy, las "purgas" no son como las de Mao, son más amables, sutiles y..., armoniosas..., pero las hay.

Sería la primera vez que China no cumpliera, en un escenario hipotético, con su objetivo de crecimiento económico, del 7,5%, para este año. En Europa, acogeríamos ese crecimiento como maná llovido del cielo, pero para la economía china es un nivel ligeramente por encima del recesivo: China necesita expandirse dos dígitos, pero crecimientos de estos, "are long forgotten", han quedado en el olvido. Bloomberg, Wall Street Journal, Barclays, The Economist Intelligence Unit, HSBC..., todos coinciden en que, o Xi Jinping, timonel -grande o pequeño, no sabemos, pero todo indica, que mediano tirando a grande- tendrá que tomar decisiones pronto, y que serán drásticas, para estimular el crecimiento.

Los estudiantes de Hong Kong manifestados con teléfonos móviles, no cualifican ni como "china (piedra) en el zapato de China"...

 

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