EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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« julio 2014 | Inicio | septiembre 2014 »

“El dato no tiene valor si no se convierte en un insight”, afirman los directores de tecnologías de la información (ahora llamados CIO, es decir, Chief Information Officer) de Banco Santander, El Corte Inglés y Prisa. Gracias a Dios, estudié inglés por mi cuenta con 23 años y ahora soy bilingüe, por lo que sé lo que significa la palabra “insight”, en inglés, y el sentido que le dan estos directivos en el Congreso tecnológico cloud Salesforce Essentials ante 4.500 empresarios y ejecutivos.

Un insight es un dato interpretado, contextualizado en el ámbito que corresponda (marketing, publicidad, ventas, negocio de empresas, estimación de voto electoral o “el dato de paro desestacionalizado”). Luego, un insight es un dato comprensible, que nos aporta información relevante para nuestra vida personal y profesional. El ejemplo del dato de paro desestacionalizado me gusta especialmente, porque se refiere a mi pasión, la economía y la sociología unidas. No es lo mismo saber la tasa de paro en febrero, cuando la campaña de Navidad ha terminado y las empresas de distribución no han renovado contratos temporales a cientos de miles de trabajadores eventuales, que en marzo/abril, cuando suele “caer” la Semana Santa, momento turístico álgido, cuando en España más se contrata, al igual que en el verano. He escogido un ejemplo tan obvio, como sencillo de entender: el dato a palo seco no sirve de nada, si no está dentro de un contexto, sea económico, empresarial o sociológico.

La cuestión, es que vivimos en la “era del dato”. Las tecnologías de la información (TIC) nos proveen de datos continuamente desde innumerables fuentes de información. Personas, familias, empresas, gobiernos…, reciben información en forma de muchísimos datos que hay que leer o estudiar, entender y, si es el caso, hacer algo con ellos. Esto aplica a la persona que quiere comprarse un apartamento y ha consultado los cientos de páginas web que proveen de información sobre el mercado inmobiliario; a la familia que piensa en el destino turístico para este verano en función de su nivel de renta y la felicidad de los niños; la pyme que tiene dudas sobre si contratar a un nuevo trabajador o no, porque no sabe si sus productos tendrán la necesaria demanda para ampliar el negocio; la gran empresa que necesita conocer a sus clientes, tanto si son millones (población general) como si son pocos (otras empresas de gran tamaño) para orientar su relación con ellos y poder ofrecerles las mejores soluciones y servicios, como dicen los expertos “de manera personalizada” (muchos dirían: “de manera customizada”, pero es expresión que, en palabras de un amigo mío, marqués y Grande de España, “es una ordinariez”). Y qué decir del sector público, en sus dos vertientes: la del gobierno de la nación, la comunidad autónoma o la corporación local, para lo que es necesario disponer de muchos datos y de distinta naturaleza; y el ámbito del conocimiento de la sociedad en que vivimos: demografía, niveles de renta, digitalización de la sociedad, relación digital con la Administración, envejecimiento de la población, actividad empresarial, creación y destrucción de empleo, etc). Sin estos datos, los ayuntamientos no podrían sacar pecho (Barcelona, Madrid) diciendo que son “ciudades inteligentes” (traducción para anglosajones: “Smart Cities”, que donde las dan, las toman)

Puede parecer obvio, pero durante siglos, todos hemos manejado datos de la mejor manera posible, aunque pudiere parecer pedestre. En España, el primer censo demográfico serio lo encargó el Rey Felipe II en 1578, cuentan Stanley Payne, Geoffrey Parker, Henry Kamen y John Elliot. Y cito a estos hispanistas, porque todos coinciden en que se trató del primer censo moderno y basado en encuesta del mundo. Tiene su mérito ser pionero (trail blazer, pionero, en inglés, concepto que escuché mucho en este congreso tecnológico al que asistí el 17 de mayo, organizado por Salesforce y con la presencia de cientos de empresas tecnológicas tanto proveedores como clientes), como lo fue en muchos aspectos Felipe II. El historiador Geoffrey Parker ha comparado el manejo de los flujos de información en el gobierno del imperio de Felipe II, con los del presidente de Estados Unidos como líder de la nación más poderosa de la tierra.

Vuelvo al principio: vivimos en un mundo en el que, personal y profesionalmente, todos estamos inundados de datos y deseamos que éstos tengan sentido. Las tres revoluciones industriales previas, desde la primera con la máquina de vapor, la segunda con la electricidad, la tercera con el ordenador, han dado lugar a una Cuarta Revolución Industrial, que tiene a la Digitalización de la Sociedad por objeto y, por tanto, a las tecnologías de la información (TIC) en el corazón de esta transformación.

Ha sido este uso muy intensivo de las TIC, en procesos internos y externos de las empresas, el que ha hecho de Telefónica la primera Telco digital de Europa, seguida por Vodafone, con una oferta integral convergente y con una fuerte aportación al crecimiento económico y la generación de empleo en España; quien ha convertido a CaixaBank en el banco digital más innovador del mundo, cada año, en los últimos seis años, (en el congreso Salesforce Essentials pude ver el caso de una entidad financiera más sencilla, Cajamar, porque el proceso imparable de la digitalización afectará a todas las empresas de todos los tamaños y sectores); El Corte Inglés -me quedó meridianamente claro tras escuchar a su director de informática- está volcado en el comercio electrónico, además de poner en valor sus centros comerciales, cada vez más tecnologizados. Los casos de liderazgo sectorial en Europa de Cellnex Telcom, de liderazgo mundial de Abertis y del sector de la energía en Gas Natural Fenosa, están directamente relacionados con el uso de las nuevas tecnologías que conforman, incipientemente, la Cuarta Revolución Industrial.

Hoy, esas soluciones tecnológicas son un galimatías que suenan a chino a cualquiera. Pero, con una sociedad como la española en que un 74% de hogares tiene ordenador con acceso a Internet y el 98% de las pymes disponen de banda ancha, más pronto que tarde, lo que yo aprendí en Salesforce Essentials serán lugares comunes para todos, en menos que canta un gallo. De hecho y, puesto que he publicado cuatro libros sobre la materia (Éxito con o sin crisis, Recuperación económica y grandes empresas, Innovación y éxito empresarial y Empresas y empresarios más exitosos) me he atrevido a hacer un ejercicio de traducción que sea útil para empresarios, directivos, ejecutivos, empleados, funcionarios, sea en gran empresa o pyme, se trate de autónomo o de servidor público. He aquí algunos ejemplos aprendidos de Salesforce, que traduzco para las personas normales de la calle como yo:

Sales Cloud: Vender con mayor inteligencia y rapidez con el sistema de CRM número uno del mundo. Service Cloud: Asistencia para todos los clientes. A cualquier hora. En cualquier lugar. Marketing Cloud: El futuro del marketing son las experiencias individuales de los clientes. Community Cloud: un nuevo concepto de participación de clientes, socios y empleados. Wave Analytics, Business analytics, cualquier dato, en cualquier dispositivo (a esto, muchos lo llaman Big Data, incluido el Instituto Nacional de Estadística o INE, que ya usan todas las grandes empresas españolas y el 15% de las pymes, según esta fuente pública de información). App Cloud: Crear aplicaciones rápido. Desarrollar el negocio aún más rápido. IoT Cloud: Reinventar el Internet de las Cosas.

La Agenda Digital del Gobierno, hoy en manos del ministro Álvaro Nadal, quiere extender a toda la comunidad empresarial (3,2 millones de empresas, según DIRCE de INE, enero 2017, 99,88%, pymes y autónomos) esos conceptos. La primera fase de la Agenda Digital culminó con éxito en 2015. La segunda, que termina en 2020, tiene por objeto que esa traducción de conceptos que he hecho de manera rudimentaria, sean lugares comunes no ya en Vodafone y Telefónica, IBM y HPE, Salesforce y Microsoft, Apple y Amazon, Sage y SAP, Cisco e Iecisa…, sino para el dueño del bar de la esquina o del taller de barrio, para digitalizar su contabilidad y poder ahorrar tiempo de trabajo y pasar más tiempo con la familia…, y ahorrar un dinerito para comprar chuches a los nietos.

jorge diaz cardielJorge Díaz-Cardiel. Socio director general de Advice Strategic Consultants. Economista, Sociólogo, Abogado, Historiador, Filósofo y Periodista. Ha sido Director General de Ipsos Public Affairs, Socio Director General de Brodeur Worldwide y de Porter Novelli International; director de ventas y marketing de Intel Corporation y Director de Relaciones con Inversores de Shandwick Consultants. Autor de más de miles de artículos de economía y relaciones internacionales, ha publicado una docena de libros, como Las empresas y empresarios más exitosos; Innovación y éxito empresarial; El legado de Obama; Hillary Clinton versus Trump: el duelo del siglo; La victoria de América; Éxito con o sin crisis; Recuperación Económica y Grandes Empresas; Obama y el liderazgo pragmático, La Reinvención de Obama, Contexto Económico, Empresarial y Social de la Pyme en España, entre otros. Es Premio Economía 1991 por las Cámaras de Comercio de España.

01 agosto, 2014 | 08:55

La historia electoral de Estados Unidos muestra que la teoría de la inevitabilidad de la victoria no siempre se cumple. Durante 2007 y hasta mediados de 2008, Hillary Clinton -y, con ella, medio país- creyó que su victoria era inevitable: sería candidata presidencial demócrata y, posiblemente, la primera mujer presidenta de Norteamérica. Pero un factor inesperado en la ecuación -la aparición del desconocido Barack Obama-, tiró por tierra las expectativas de Clinton.

En el verano de 2014, América vive la precampaña electoral de las Mid-Term Elections, por las que se renovarán parcialmente las Cámaras de Representantes, el Senado y bastantes puestos de gobernador. Actualmente, los demócratas tienen una mayoría simple en el Senado, que permite gobernar a Obama, versus la Cámara de Representantes, donde la mayoría republicana hace todo lo posible por bloquear la agenda del presidente. Tanto es así que éste, recientemente, ha dicho que estaba dispuesto a gobernar haciendo uso de sus prerrogativas presidenciales y, ante ese aviso a navegantes, los republicanos han respondido amenazando con llegar a juicio al presidente. La ironía del anuncio de John Boehner de proceder a un "impeachment" de Obama es que está consiguiendo lo que los demócratas no lograban por sí solos: movilizar a su base electoral a favor del partido: cuanto más atacan al presidente, más fuerte se hace la alianza electoral demócrata, muy variopinta según variables sociodemográficas: hispanos y latinos, afroaméricanos, judíos, clase media, demócratas de toda la vida, católicos, mujeres...

La verdadera campaña electoral se da dentro del bando conservador, que no republicano. Porque la auténtica guerra es ideológica y se produce por dirimir quién tiene las credenciales más conservadoras dentro del bando republicano. Los miembros del Tea Party, pocos pero muy bien organizados, han iniciado una batalla electoral orientada a buscar la pureza ideológica republicana, supuestamente acudiendo a principios constitucionales tan genéricos como la libertad de mercado, las bajadas de impuestos y la reducción del peso del estado en la vida de los ciudadanos.

Los miembros del aparato del partido republicano son vistos con sospecha, por no ser considerados suficientemente "puros" ideológicamente. Eric Cantor, el ex líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, perdió las elecciones primarias a favor de un desconocido profesor de economía, David Brat, representante del Tea Party, el pasado 10 de junio, a pesar de que Cantor tenía un track record de haber votado en clave muy conservadora en el 95% de las votaciones en que participó. Hasta la cadena FOX mostró su sorpresa, aunque contenta con mantener su cuota de audiencia, apoya manifiestamente a los candidatos más conservadores y representantes de lo que hace más de medio siglo se llamaba el "establishment WASP". El líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell -el mismo que dijo tras la primera victoria de Obama en 2008, que su única misión era impedir la reelección del presidente en 2012; obviamente no lo consiguió- ha tenido que invertir 11 millones de dólares en publicidad para defender sus credenciales conservadoras frente a oponentes mucho más puros ideológicamente.

Si Ronald Reagan viera el panorama del partido republicano, se llevaría las manos a la cabeza. Reagan creía en una América en la que apenas había hispanos y negros y en que los católicos, como el presidente Kennedy, eran una anomalía. La realidad es que hoy los hispanos son el 13% del electorado, los afroaméricanos suponen el 12% y hay 80 millones de católicos. La América uniforme en la que creía Reagan, ya no existe, y no es que no existiera en los años ochenta del siglo pasado, sino que Reagan no quería verla porque no le gustaba, de la misma manera en que en la cadena FOX de representa solo a una muestra no representativa de la sociedad americana en que todos son guapos, rubios/rubias, ricos y protestantes: no hay ni latinos, ni negros, ni judíos ni católicos.

Evidentemente, estoy reduciendo la realidad hasta el absurdo para ilustrar el siguiente dato: hoy, las encuestas -todas- dan a los republicanos unas probabilidades del 60% de ganar la mayoría simple en el Senado, obteniendo posiciones en Michigan, Georgia, Carolina del Norte, Colorado y Alaska. En la Cámara de Representantes, las encuestas ni se molestan en elaborar escenarios, sino que directamente otorgan la victoria a los republicanos, con 230 congresistas conservadores versus 188 demócratas. Los republicanos ganarían 23 puestos de gobernador versus 17 de los demócratas.

Es cierto que el presidente Obama no pasa por su mejor momento ante la opinión pública: 41,7% de ciudadanos aprueban su gestión, frente al 54,5% que la rechaza. A estas mismas alturas de su mandato, George Bush hijo, tras su gestión del Huracán Katrina y el estado de las guerras de Irak y Afganistán, apenas pasaba del 20% de aprobación, por lo que todo es relativo en esta vida terrenal. Los ciudadanos, en las mismas encuestas que estamos citando, rechazan aún más la gestión de senadores y congresistas, a quienes califican peor que al presidente, y el 43,7% aprueban a los demócratas versus el 41,2% que lo hacen a los republicanos, que, por tanto, salen peor parados.

El 64,3% de los americanos creen que el país va en la dirección equivocada. A muchos da miedo los atrevimientos del presidente Putin, con una Rusia que quiere pisar fuerte en la escena internacional: en agosto de 2008 fue Georgia, y en agosto de 2014 le ha tocado el turno a Ucrania. Pero los americanos no quieren ir a la guerra con Rusia. Los acontecimientos en Oriente Medio tampoco animan: ni el enfrentamiento en Gaza entre Hamás e Israel, ni la potencial amenaza nuclear de Irán, a quien el presidente ha ofrecido una moratoria de seis meses en las sanciones económicas, para volver a la mesa de negociación. Muchos republicanos ven débil al presidente y, como ha hecho recientemente el ex presidente Dick Chenney, avisan de la amenaza de un atentado terrorista, mucho peor que el del 11 de Septiembre de 2001, si Obama no actúa con más fuerza.

La posible implicación de Estados Unidos en los conflictos de Libia y en la guerra civil en Siria, no anima en demasía a la mayoría de la ciudadanía que, como hasta ahora, preferían mayoritariamente la actitud distante, y comportamiento aún más distanciado del presidente Obama: dos guerras en Oriente Medio ya fueron más que suficiente para la opinión pública.

Hay elementos esenciales de la agenda doméstica de Obama que tienen problemas para salir adelante apropiadamente: la reforma de la inmigración del presidente está parada en la Cámara de Representantes -aunque aprobada en el Senado-, mientras miles de niños inmigrantes se agolpan en la frontera con México y el gobernador Perry manda a la Guardia Nacional para restablecer el orden -se me escapa la relación causa efecto o simple correlación entre 1.000 militares armados y miles de niños hispanos necesitados de atención médica-. La reforma de la Sanidad ha tenido fuerte rechazo en los tribunales, al menos en lo que se refiere a la objeción de conciencia por motivos religiosos: las empresas no tendrán porqué financiar abortos o contracepción a sus empleados a través de "Obamacare", si el hacerlo va contra sus principios éticos y/o religiosos. Los casos de espionaje vuelven a estar de moda: la CIA pide perdón (su Director, Brennan) porque han espiado a miembros del Senado que a su vez investigaban en comités las técnicas de interrogación de la CIA durante la Guerra contra el Terror. Y el director de la Hacienda Pública (IRS) probablemente tendrá que dimitir "bien por malo, bien por tonto, o por ambas cosas a la vez", al afirmar que ha perdido correos electrónicos que demuestran que sus subordinados discriminaron fiscalmente a organizaciones y asociaciones del Tea Party.

Todas estas cosas son importantes, especialmente para la opinión publicada. Pero no lo son tanto para la opinión pública: a ésta le sigue, como siempre, interesando sobremanera la economía y el empleo; la primera crece al 4% en PIB trimestral y el segundo se traduce en creación de 278.000 puestos de trabajo cada mes, desde que comenzó el año, descendiendo la tasa de paro al 6,1%.

El estado positivo de la economía y los ataques republicanos al presidente Obama están haciendo confluir a las familias demócratas a favor del partido del presidente. En cambio,la lucha ideológica está desangrando al partido republicano. Ronald Reagan pensaba que su partido -hay que recordar que él fue demócrata antes que republicano y representante de actores en su sindicato en Hollywood- solo podía ganar elecciones si mantenía unidos tres grupos: los conservadores sociales y/o religiosos, los que apoyan fervientemente el mundo de los negocios y los muy agresivos en defensa y política internacional. Estos tres grupos, por variables sociodemográficas, tienen poco que ver entre sí, es muy poco lo que les une hoy más allá del partido republicano. Pero si no confluyen electoralmente -versus la unión de clase media, negros, hispanos, judíos y católicos en torno a los demócratas- estos tres grupos, muy bien podría suceder lo que tanto temía Ronald Reagan: que, a pesar de tener unas expectativas electorales del 60%, los republicanos se queden en un partido de estimación de voto del 30%, con lo que nunca podrían gobernar. Como le gustaba citar a Ronald Reagan, "ya decía Nuestro Señor que una casa dividida contra sí misma no podrá prevalecer". Y los republicanos viven en una jaula de grillos donde unos están enfrentados contra otros. No les arriendo la ganancia y, si volviera Reagan, se llevaría las manos a la cabeza, de nuevo: de él es la frase de "el undécimo mandamiento consiste en no atacar nunca a un compañero de partido republicano".

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