EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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Se acabó lo de "que inventen ellos". Tengo respecto, cariño y admiración por Estados Unidos, pero -como dice la definición clásica de la justicia, que además, es uno de los tres principios generales del Derecho: Eius sum quique tribuendi. A cada uno hay que darle lo suyo- "en esto de la banca digital", los españoles hemos ido por delante.

Muchos medios de comunicación se hacen eco no ya de las famosas Fintec, sino de las iniciativas de banca digital de Facebook, Apple, Google y Amazon, entre otras grandes empresas tecnológicas norteamericanas. No cabe duda que su acervo tecnológico es insuperable. Baste ver los resultados: son las cuatro empresas que más valen en Bolsa del mundo, que más beneficios obtienen y cuyos ingresos son ingentes y no paran de crecer gracias a que ofrecen de todo: ordenadores, software, Internet, conectividad, Big Data, Cloud, Digitalización, etc.

Pero su conocimiento del mundo financiero, concretamente del bancario, es limitado. Pueden comprar talento, por supuesto, aunque el presidente Trump se lo pone cada vez más difícil con sus decretos sobre inmigración que, por ejemplo, impiden a Silicon Valley contratar a 100.000 necesarios ingenieros que América, ya saturada y con pleno empleo ya no puede proveer.

En cambio, en España, donde nos acucian otras cuestiones, la sociedad del conocimiento sigue avanzando y, hoy, con datos del INE (DIRCE 2016; Encuestas sobre Equipamiento Tecnológico de las Familias y Equipamiento tecnológico de las empresas) sabemos que el 74% de la población española tiene ordenador, tableta, smartphone y está conectado a Internet y que el 99% de las empresas también está bien equipadas tecnológicamente.

En el caso de las pymes (3,2 millones o, lo que es lo mismo, el 99,88% del tejido empresarial español), dos son las cuestiones que les acucian: por un lado, el acceso a la financiación bancaria. Por otro, la adquisición de nuevas tecnologías, para ser más productivas y competitivas. En ambos casos, CaixaBank, presidida por Jordi Güal y por un hombre de la Casa, ex director general de Criteria Caixa, Gonzalo Gortázar, CEO de CaixaBank es punto de referencia de población general y pymes.

Por un lado, CaixaBank es el primer banco de España, tanto en banca retail como en banca privada (28,4% de cuota de mercado, según el Estudio Advice de Éxito Empresarial). Y es el banco con mayor favorabilidad y familiaridad de España, amén de ser el que tiene mejor imagen y reputación. Esto se debe tanto a que atiende muy bien a sus clientes como que pertenece al Grupo La Caixa, a través de Criteria Caixa, es decir, la Fundación Bancaria La Caixa, que preside el mejor directivo/empresario de España, Isidre Fainé, con uno de los mejores directivos de nuestro país, Jaume Giró, director general de la Fundación y con una sólida y exitosa trayectoria profesional como directivo en Gas Natural, Repsol y CaixaBank.

No soy yo quien lo dice: es la primera consultora de tecnologías de la información del  mundo, Forrester. Y, también, Euromoney y The Banker, entre otros: desde hace cinco años, todas estas instituciones de prestigio y credibilidad han otorgado a CaixaBank y, por ende, a la Fundación Bancaria La Caixa dos galardones, entre otros: es el banco más innovador del mundo y el que más intensivamente usa las Tecnologías de la Información tanto para sus procesos internos como para mejorar su servicio al cliente y, además, es el mejor y más exitoso banco de España.

Sea banca a través de Internet, banca a través del móvil, etc, CaixaBank va por delante. Y, en el mejor de los casos, Facebook, Google, Apple y Amazon, van por detrás.

01 agosto, 2014 | 08:55

La historia electoral de Estados Unidos muestra que la teoría de la inevitabilidad de la victoria no siempre se cumple. Durante 2007 y hasta mediados de 2008, Hillary Clinton -y, con ella, medio país- creyó que su victoria era inevitable: sería candidata presidencial demócrata y, posiblemente, la primera mujer presidenta de Norteamérica. Pero un factor inesperado en la ecuación -la aparición del desconocido Barack Obama-, tiró por tierra las expectativas de Clinton.

En el verano de 2014, América vive la precampaña electoral de las Mid-Term Elections, por las que se renovarán parcialmente las Cámaras de Representantes, el Senado y bastantes puestos de gobernador. Actualmente, los demócratas tienen una mayoría simple en el Senado, que permite gobernar a Obama, versus la Cámara de Representantes, donde la mayoría republicana hace todo lo posible por bloquear la agenda del presidente. Tanto es así que éste, recientemente, ha dicho que estaba dispuesto a gobernar haciendo uso de sus prerrogativas presidenciales y, ante ese aviso a navegantes, los republicanos han respondido amenazando con llegar a juicio al presidente. La ironía del anuncio de John Boehner de proceder a un "impeachment" de Obama es que está consiguiendo lo que los demócratas no lograban por sí solos: movilizar a su base electoral a favor del partido: cuanto más atacan al presidente, más fuerte se hace la alianza electoral demócrata, muy variopinta según variables sociodemográficas: hispanos y latinos, afroaméricanos, judíos, clase media, demócratas de toda la vida, católicos, mujeres...

La verdadera campaña electoral se da dentro del bando conservador, que no republicano. Porque la auténtica guerra es ideológica y se produce por dirimir quién tiene las credenciales más conservadoras dentro del bando republicano. Los miembros del Tea Party, pocos pero muy bien organizados, han iniciado una batalla electoral orientada a buscar la pureza ideológica republicana, supuestamente acudiendo a principios constitucionales tan genéricos como la libertad de mercado, las bajadas de impuestos y la reducción del peso del estado en la vida de los ciudadanos.

Los miembros del aparato del partido republicano son vistos con sospecha, por no ser considerados suficientemente "puros" ideológicamente. Eric Cantor, el ex líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, perdió las elecciones primarias a favor de un desconocido profesor de economía, David Brat, representante del Tea Party, el pasado 10 de junio, a pesar de que Cantor tenía un track record de haber votado en clave muy conservadora en el 95% de las votaciones en que participó. Hasta la cadena FOX mostró su sorpresa, aunque contenta con mantener su cuota de audiencia, apoya manifiestamente a los candidatos más conservadores y representantes de lo que hace más de medio siglo se llamaba el "establishment WASP". El líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell -el mismo que dijo tras la primera victoria de Obama en 2008, que su única misión era impedir la reelección del presidente en 2012; obviamente no lo consiguió- ha tenido que invertir 11 millones de dólares en publicidad para defender sus credenciales conservadoras frente a oponentes mucho más puros ideológicamente.

Si Ronald Reagan viera el panorama del partido republicano, se llevaría las manos a la cabeza. Reagan creía en una América en la que apenas había hispanos y negros y en que los católicos, como el presidente Kennedy, eran una anomalía. La realidad es que hoy los hispanos son el 13% del electorado, los afroaméricanos suponen el 12% y hay 80 millones de católicos. La América uniforme en la que creía Reagan, ya no existe, y no es que no existiera en los años ochenta del siglo pasado, sino que Reagan no quería verla porque no le gustaba, de la misma manera en que en la cadena FOX de representa solo a una muestra no representativa de la sociedad americana en que todos son guapos, rubios/rubias, ricos y protestantes: no hay ni latinos, ni negros, ni judíos ni católicos.

Evidentemente, estoy reduciendo la realidad hasta el absurdo para ilustrar el siguiente dato: hoy, las encuestas -todas- dan a los republicanos unas probabilidades del 60% de ganar la mayoría simple en el Senado, obteniendo posiciones en Michigan, Georgia, Carolina del Norte, Colorado y Alaska. En la Cámara de Representantes, las encuestas ni se molestan en elaborar escenarios, sino que directamente otorgan la victoria a los republicanos, con 230 congresistas conservadores versus 188 demócratas. Los republicanos ganarían 23 puestos de gobernador versus 17 de los demócratas.

Es cierto que el presidente Obama no pasa por su mejor momento ante la opinión pública: 41,7% de ciudadanos aprueban su gestión, frente al 54,5% que la rechaza. A estas mismas alturas de su mandato, George Bush hijo, tras su gestión del Huracán Katrina y el estado de las guerras de Irak y Afganistán, apenas pasaba del 20% de aprobación, por lo que todo es relativo en esta vida terrenal. Los ciudadanos, en las mismas encuestas que estamos citando, rechazan aún más la gestión de senadores y congresistas, a quienes califican peor que al presidente, y el 43,7% aprueban a los demócratas versus el 41,2% que lo hacen a los republicanos, que, por tanto, salen peor parados.

El 64,3% de los americanos creen que el país va en la dirección equivocada. A muchos da miedo los atrevimientos del presidente Putin, con una Rusia que quiere pisar fuerte en la escena internacional: en agosto de 2008 fue Georgia, y en agosto de 2014 le ha tocado el turno a Ucrania. Pero los americanos no quieren ir a la guerra con Rusia. Los acontecimientos en Oriente Medio tampoco animan: ni el enfrentamiento en Gaza entre Hamás e Israel, ni la potencial amenaza nuclear de Irán, a quien el presidente ha ofrecido una moratoria de seis meses en las sanciones económicas, para volver a la mesa de negociación. Muchos republicanos ven débil al presidente y, como ha hecho recientemente el ex presidente Dick Chenney, avisan de la amenaza de un atentado terrorista, mucho peor que el del 11 de Septiembre de 2001, si Obama no actúa con más fuerza.

La posible implicación de Estados Unidos en los conflictos de Libia y en la guerra civil en Siria, no anima en demasía a la mayoría de la ciudadanía que, como hasta ahora, preferían mayoritariamente la actitud distante, y comportamiento aún más distanciado del presidente Obama: dos guerras en Oriente Medio ya fueron más que suficiente para la opinión pública.

Hay elementos esenciales de la agenda doméstica de Obama que tienen problemas para salir adelante apropiadamente: la reforma de la inmigración del presidente está parada en la Cámara de Representantes -aunque aprobada en el Senado-, mientras miles de niños inmigrantes se agolpan en la frontera con México y el gobernador Perry manda a la Guardia Nacional para restablecer el orden -se me escapa la relación causa efecto o simple correlación entre 1.000 militares armados y miles de niños hispanos necesitados de atención médica-. La reforma de la Sanidad ha tenido fuerte rechazo en los tribunales, al menos en lo que se refiere a la objeción de conciencia por motivos religiosos: las empresas no tendrán porqué financiar abortos o contracepción a sus empleados a través de "Obamacare", si el hacerlo va contra sus principios éticos y/o religiosos. Los casos de espionaje vuelven a estar de moda: la CIA pide perdón (su Director, Brennan) porque han espiado a miembros del Senado que a su vez investigaban en comités las técnicas de interrogación de la CIA durante la Guerra contra el Terror. Y el director de la Hacienda Pública (IRS) probablemente tendrá que dimitir "bien por malo, bien por tonto, o por ambas cosas a la vez", al afirmar que ha perdido correos electrónicos que demuestran que sus subordinados discriminaron fiscalmente a organizaciones y asociaciones del Tea Party.

Todas estas cosas son importantes, especialmente para la opinión publicada. Pero no lo son tanto para la opinión pública: a ésta le sigue, como siempre, interesando sobremanera la economía y el empleo; la primera crece al 4% en PIB trimestral y el segundo se traduce en creación de 278.000 puestos de trabajo cada mes, desde que comenzó el año, descendiendo la tasa de paro al 6,1%.

El estado positivo de la economía y los ataques republicanos al presidente Obama están haciendo confluir a las familias demócratas a favor del partido del presidente. En cambio,la lucha ideológica está desangrando al partido republicano. Ronald Reagan pensaba que su partido -hay que recordar que él fue demócrata antes que republicano y representante de actores en su sindicato en Hollywood- solo podía ganar elecciones si mantenía unidos tres grupos: los conservadores sociales y/o religiosos, los que apoyan fervientemente el mundo de los negocios y los muy agresivos en defensa y política internacional. Estos tres grupos, por variables sociodemográficas, tienen poco que ver entre sí, es muy poco lo que les une hoy más allá del partido republicano. Pero si no confluyen electoralmente -versus la unión de clase media, negros, hispanos, judíos y católicos en torno a los demócratas- estos tres grupos, muy bien podría suceder lo que tanto temía Ronald Reagan: que, a pesar de tener unas expectativas electorales del 60%, los republicanos se queden en un partido de estimación de voto del 30%, con lo que nunca podrían gobernar. Como le gustaba citar a Ronald Reagan, "ya decía Nuestro Señor que una casa dividida contra sí misma no podrá prevalecer". Y los republicanos viven en una jaula de grillos donde unos están enfrentados contra otros. No les arriendo la ganancia y, si volviera Reagan, se llevaría las manos a la cabeza, de nuevo: de él es la frase de "el undécimo mandamiento consiste en no atacar nunca a un compañero de partido republicano".

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

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Francisco Márquez de Prado, analizará activos y productos financieros, con sus ventajas e inconvenientes, para cada tipo de inversor.

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Íñigo Petit tratará temas relacionados con la evolución de la industria de fondos de inversión y planes de pensiones y aspectos relacionados con la educación financiera

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