EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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Hollywood, la meca del cine estadounidense, va casi siempre de la mano de la realidad: durante los años de guerra en Iraq y en Afganistán, primero, y con la crisis financiera y económica, después, hubo cientos de películas que trataban la temática del momento: lo que estaba de moda y las personas vivían en sus carnes o aprendían a través de los medios de comunicación.

Hoy, la moda es la Digitalización. Ni que decir tiene, todo Silicon Valley, está volcado en este concepto etéreo que muchos gurús pretenden explicar en conferencias con exceso de fotografías y poco contenido. Bajo el paraguas de la Digitalización, se han ubicado muchos conceptos tecnológicos de moda, especialmente si tratamos del entorno empresarial: Big Data, Cloud Computing, Inteligencia Artificial, Impresión 3D, Robótica, Convergencia de comunicaciones y contenidos, ciberseguridad, etc.

Terminator Genesis, Money Monster, Blackhat, amenaza en red, La gran apuesta, IT, Desconexion, Eternal, Trascendence, Runner Runner, Lucy, Criminal y tantas otras películas, entre 2014 y 2017 han llevado a la gran pantalla el objeto de negocio de las compañías tecnológicas que ofrecen las soluciones arriba mencionadas. Después de todo, tanto Hollywood como Silicon Valley están en California y son primos hermanos. Y los mismos actores famosos que protagonizaron las películas de las guerras en Oriente Medio y las de la crisis financiera, hoy, son “expertos” en Big Data, Cloud Computing, Inteligencia Artificial, Impresión 3D, Robótica, Convergencia de comunicaciones y contenidos, ciberseguridad. Brad Pitt, Ryan Groslyn, Steve Carrel, George Clooney, Julia Roberts, Pierce Brosnan, Scarlett Johansom, Kevin Costner, Morgan Freeman y tantos otros actores, han visto la oportunidad que les brinda la nueva moda de la Digitalización y la han aprovechado.

Dejo de lado la aberración odiosa del espionaje, sea ruso, chino, de Edward Snowden o Julian Assange (Wikileaks). Su mal hacer ha costado muchas vidas humanas. Y aquí dejo “la cosa”.

En la literatura económica, también pasa lo mismo que en el cine y auténticos ladrillos, se han convertido en best-sellers en Amazon y en Barnes & Noble; en España en El Corte Inglés, La Casa del Libro y FNAC: Macrowikinomics (Tapscott y Williams) y Capitalism 4.0: the birth of a new economy (Anatole Kaletsky) en 2009 y, más recientemente, en 2017, The fourth industrial revolution (Klaus Schwab), The rise and fall of American growth (Robert Gordon), Makers and takers (Rana Foroohar) y The rise and fall of nations (Ruchir Sharma).

Honestamente, podría citar cientos de libros -incluso tres míos (“Éxito con o sin crisis”, “Recuperación económica y grandes empresas”; “Innovación y Éxito empresarial: la necesidad de crear un modelo productivo basado en las TIC y la Digitalización”) que, en los últimos ocho años han ido configurando el concepto de la Digitalización como el siguiente paso lógico en la evolución económica y empresarial, con sus consiguientes consecuencias en los modelos productivos, competitividad, empleo, PIB, etc. Empecé a medirlo en España en el año 2012, incorporando el concepto de Digitalización a mi libro Éxito con o sin crisis, de la mano (prestada) de César Alierta, ex presidente de Telefónica y que, ya entonces, tenía en mente convertir la empresa que dirigía, en una Telco Digital. También decidí ver las implicaciones de negocio, comerciales, de producto, de factores de éxito, etc, en el Estudio Advice de éxito empresarial, sabiendo que, nadie más que Advice Strategic Consultants, en España, está midiendo las consecuencias de la aplicación práctica de la Digitalización en la vida de las empresas, la economía y la sociedad. Sí lo están midiendo, en cambio, en Silicon Valley y en MIT-Harvard.

En la medida en que todos los segmentos de las Tecnologías de la Información (TIC) venden Digitalización a pymes, autónomos, grandes empresas, sector público, etc, la variedad de productos, servicios y soluciones que genera la Digitalización es casi infinito. En el mundo de las telecomunicaciones digitales, tenemos a -por ejemplo, en España- a Telefónica, Vodafone y Orange luchando fuertemente en este mercado. En Estados Unidos, las operadoras de telecomunicaciones, ante la amenaza de Apple, Facebook, Amazon y Google, que abarcan todos los segmentos de todos los subsectores TIC, están comprando compañías proveedoras de contenidos: ATT, Verizon, Comcast, etc, lo han hecho con Time Warner, Yahoo!, Universal Televisión, respectivamente, etc.

Evidentemente, la informática tradicional no se quiere quedar atrás, e IBM, HPE, HP Inc, Microsoft, Oracle, SAP, SAS, Dell, Lenovo, Cisco, Sage, Salesforce.com…, tienen una oferta comercial digital más cercana a la de su objeto de negocio. Samsung, LG, Ericsson, Sony, y tantas empresas de electrónica de consumo están en ello, al igual que los fabricantes de teléfonos móviles inteligentes, quizá con la excepción de los fabricantes chinos cuyo valor añadido es copiar.

Con este breve artículo, solo he pretendido llamar la atención sobre un fenómeno del que mucho se habla y poco realmente se conoce. Lo cual se traducirá en más tribunas mías sobre la Digitalización y sus derivadas en sectores y empresas. Robert Soslow, premio nobel de economía escribió que “cuatro quintas partes de la productividad de Estados Unidos se debe a la informatización de las empresas” (también escribió que “la productividad derivada de las TIC se ve en cualquier sitio, excepto en las estadísticas de los economistas”, para escarnio mío). Tras Soslow, otro premio nobel de economía, Michael Spence afirmó en 2001 que “la siguiente fase de la evolución tecnológica será la Convergencia Digital”. Y ahí nos encontramos ahora, en España, con Telefónica denominándose “Telco Digital” y con una oferta convergente y digital que Vodafone y Orange también quieren desplegar.

En España, tenemos una ventaja: no somos tontos. Muchas de nuestras empresas ya están en la vanguardia de la Digitalización. Telefónica abanderó el cambio, como digo, hace cinco años. CaixaBank, también en el último lustro, se ha convertido en el banco TIC más innovador del mundo (Forrester, Advice Strategic Consultants); El Corte Inglés es líder en comercio electrónico en España, superando a Amazon; Abertis es líder mundial en gestión de infraestructuras inteligentes y Cellnex Telecom -que sirve a Telefónica, Vodafone y Orange, entre otras- es líder europeo en gestión de infraestructuras de telecomunicaciones inalámbricas; Gas Natural Fenosa aprovecha todas las herramientas de la Digitalización con docenas de proveedores (IBM, SAP, HP, SAS, etc) para innovar en energías renovables. Y Sage ayuda de manera esencial a digitalizar a pymes y autónomos, el 99,88% del tejido empresarial del país. España es mucho más que sol y playa.

Es el principio de un cambio de era, que pocos se han atrevido a describir. Quizá con una excepción: Eric Smith, presidente de Alphabet (Google) explica cómo será el futuro de la sociedad, la economía, el trabajo y el empleo, las empresas, la política, etc, en su obra: El futuro Digital, de 2013. En enero de 2017, Seguéi Brin y Larry Page, fundadores y dueños de Alphabet/Google dijeron: “sabíamos que estaba ahí, pero no supimos encontrarla. Ahora vamos a volcar todos nuestros esfuerzos en desarrollarla”. Se referían a la Digitalización y todas sus derivadas, especialmente la Inteligencia Artificial.

31 julio, 2014 | 08:31

En "Return to prosperity. How America can regain its economic superpower status" (Threshold Editions, 2010), Arthus B Laffer y Stephen Moore predijeron la vuelta al crecimiento económico, de la manera fuerte y sostenida que ahora estamos viendo, cuatro años después de haber publicado el libro (2014 versus 2010, cuando pocos creían en la recuperación).

Como sostiene Hillary Clinton en su segundo libro de memorias, "Hard Choices" (Simon & Schuster, 2014), "el presidente Obama tiene una mente analítica que lo estudia todo". Esto se aplica de manera especial a la economía, a la que el presidente ha dedicado buena parte de su atención desde enero de 2009. El Producto Interior Bruto ha crecido una media mensual del 2,2% desde junio de 2009.

En el segundo trimestre de 2014, el PIB aumentó el 4%. No nos sorprende, porque los estudios publicados por ADVICE Strategic Consultants a principios de año y hechos públicos en Cinco Días ya indicaban que -cuando terminara el invierno- la economía repuntaría fuertemente. La firma ADP estima más de 210.000 empleos nuevos en julio, a los que habrá que sumar los potencialmente creados por el sector público. Quinto mes consecutivo generando más de 200.000 puestos de trabajo cada mes.

El presidente Obama no lanzó las campanas al vuelo, aunque las noticias economicas positivas serán explotadas por los demócratas en la campaña electoral que se avecina, en noviembre de 2014 ("Mid-Term Elections") en que las encuestas actuales vaticinan victorias republicanas para muchos gobernadores, congresistas y, quien sabe, si también en el Senado, donde hoy vemos empate técnico entre los dos grandes partidos. Obama afirmó que se alegraba que el PIB creciera, así como los beneficios de las grandes empresas... "pero ahora quiero ver que un americano normal consigue un trabajo de 9 a 5 y, después, puede seguir haciendo horas extras y ser pagado por ellas por encima del salario mínimo".

Efectivamente, el gran reto de la recuperación va a ser el aumento de los salarios y del poder adquisitivo de las familias. Previsiblemente, esto sucederá a lo largo de los siguientes 24 meses, de una manera tan sólida, que consolidará fuertemente la recuperación económica, y el legado económico que Obama dejará a su sucesor o sucesora, será inmejorable. Hoy, la tasa de paro está en el 6,1% y, en dos años podría descender al 5% o, lo que es lo mismo, el pleno empleo.

En la última semana de julio, Conference Board anunciaba que la confianza del consumidor alcanzaba su nivel más alto desde julio de 2007. Y el consumo ha aumentado el 1,69% -y el consumo, recordémoslo, supone el 70% del PIB americano-, gracias a la compra de coches, mobiliario y alimentos. La inversión empresarial se incrementó el 0,68%, porque las empresas entendieron que, tras el invierno económico, vendría la primavera económica: las familias consumieron mucho menos en el primer trimestre, no porque no quisieran, sino porque no pudieron, debido al mal tiempo, de tal manera que el PIB decreció el -2,1% (menos de la estimación inicial del-2,9%).

La inversión residencial repuntó el +0,23%, y los inventorios el 1,66%, de tal manera, que los almacenes han estado repletos de bienes listos para ser servidos en el canal de distribución, toda vez que las familias, con más empleo, más poder adquisitivo y, sobre todo, más confianza, han ido a los centros comerciales a comprar. La inversión pública aumentó el 0,3% y, tan solo las exportaciones contribuyeron negativamente al crecimiento (-0,61%, lejos del +7% del primer trimestre).

No es mala cosa que las importaciones sustituyan a las exportaciones como aportación positiva al crecimiento económico: es síntoma de que se recupera la demanda interna y, por tanto, el consumo y la inversión. Si este dato se confirma en los próximos seis meses, la economía americana estará en la rampa de lanzamiento del "retorno a la prosperidad".

25 julio, 2014 | 08:30

Las grandes compañías energéticas norteamericanas disponen de servicios de estudios que publican previsiones periódicamente. Ninguna de ellas había previsto la fuerte recuperación de la producción de gas y petróleo en Estados Unidos, que ahora se está produciendo. Posiblemente porque no habían tenido en cuenta la tecnología propia, "made in the USA" que lo ha hecho posible.

La producción de petróleo en Norteamérica ha decrecido en los últimos cuarenta años, pero América va camino de convertirse en el primer productor de dicha energía en 2015. Los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía así lo ponen de manifiesto. También el gas natural se había producido en mucha menor proporción en las últimas cuatro décadas. Sin embargo, la US Energy Information Administration asegura que, con el ritmo de producción actual, y manteniéndose los actuales ratios de consumo, Estados Unidos tendría asegurados 100 años de provisión de gas natural. El consumo se irá reduciendo, conforme aumenta la eficiencia energética y su uso inteligente, por lo que la Administración norteamericana estima un escenario de independencia energética de hasta 200 años.

La producción de crudo seguirá incrementándose más del 25% al día, hasta los 9,3 millones de barriles diarios en 2015, alcanzando su nivel más alto desde 1972, un año antes de la primera crisis del petróleo. La producción diaria de gas natural, que creció un 5% en 2013, aumentará fuertemente, y convertirá a Estados Unidos en su primer exportador neto mundial, en 2018.

Desde el punto de vista estadounidense, se trata de noticias positivas para el crecimiento económico, el aumento del consumo doméstico y la renta disponible de los hogares, al igual que para la política del presidente Obama de protección del medioambiente, así como para la seguridad nacional de Estados Unidos, para quien es necesaria la independencia energética, como ya dijimos previamente.

Dado que las reservas de gas natural americano son enormes, y que la enegía en Estados Unidos es mucho más barata, la factura energética va a ser mucho menor en todo el país. Y el gas natural está sustituyendo a energías mucho más "sucias", como el petróleo y el carbón, para generar electricidad. Desde el punto de vista geopolítico, conforme Norteamérica importa menos energía de los países del Golfo Pérsico y de China, se convierte en más libre de tomar decisiones a favor de sus intereses en la escena internacional. Y, desde el punto de vista económico, estudiosos tanto conservadores como liberales -Fareed Zakaria, Thomas Friedman, Joseph Stiglitz, Paul Krugman, etc- están de acuerdo en que el auge energético norteamericano es el principal logro económico y social del país, junto con la explosión de Internet en los años 90. Grandes empresas españolas como Gas Natural Fenosa están liderando el proceso en Estados Unidos.

La protección del medioambiente es esencial y la EPA, obedeciendo directrices del presidente Obama, ha puesto en marcha programas para reducir las emisiones de CO2, que, de hecho, están ya decreciendo: hoy son un 5% inferiores a las de 2005. Es plausible pensar que Estados Unidos cumplirá sus objetivos de recorte de emisiones en un 17% en 2020, por debajo de los niveles del 2005.

Las tecnologías de la información y la nueva regulación del presidente Obama explican esta tendencia positiva de reducción de emisiones de CO2, que afectan a la industria del automóvil -mucho más eficiente- y a las fábricas que usan carbón y petróleo, y han de reducir la emisión de CO2.

Norteamérica ha sido -es- líder en crecimiento económico, y también fue uno de los peores enemigos de la protección del medioambiente. Pero con el presidente Clinton esto ya empezó a cambiar para mejor, con fuerte impulso del vicepresidente Al Gore. Barack Obama está culminando esta tarea e inicia un nueva era de crecimiento económico y protección al medioambiente, dando ejemplo al resto del mundo. Es hora de que China, Rusia, Venezuela, y tantos otros, tomen nota del ejemplo positivo norteamericano.

24 julio, 2014 | 08:45

Si hay una característica virtuosa que define el espíritu norteamericano es "resilience": fortaleza para soportar los golpes, ánimo para seguir luchando, levantarse siempre, sacudirse el polvo y tirar para adelante. Gracias a esa resilience, Estados Unidos ha salido de muchas crisis de distinta naturaleza, mientras que sus competidores, incapaces de tal perseverancia combinada con el genio inventivo americano, se quedaban atrás.

En los años 80' muchos daban por muerta a Norteamérica, frente a la exitosa Japón, reina de la electrónica de consumo y las tecnologías de la información. Los famosos conglomerados japoneses desembarcaron en Estados Unidos, comprando todo lo que se les ponía por delante. Sony adquiría Columbia, icono del cine americano. Hasta Steve Jobs se maravillaba del "Walkman" y lo definía como el mayor invento tecnológico de todos los tiempos. El fundador de Apple llegó a plantear a Sony que, en su compañía fabricante de ordenadores personales, utilizaran su sistema operativo, el de Apple. Los japoneses, altivos, dueños del mundo, dijeron que no. Japón se hizo con el Rockefeller Center, en Nueva York y todo hacía indicar que el Imperio del Sol Naciente le daría la vuelta a la tortilla de su humillante derrota en la Segunda Guerra Mundial. La industria cinematográfica norteamericana, siempre haciéndose eco de "los temas de moda de cada momento", lanzó películas en que se manifestaba esa superioridad empresarial económica y empresarial norteamericana: "La Jungla de Cristal" (Bruce Willis), "Sol Naciente" (Sean Connery), entre otras.

Sin embargo, pocos años después, Estados Unidos salía de la "malaise" de la que habló de manera ignominiosa el presidente Carter y, con el liderazgo de Reagan, primero, y de Bill Clinton, esencialmente, después, volvía a crecer y a pasar por la izquierda a Japón: El Imperio del Sol Naciente iniciaba un período de dos décadas de estancamiento económico, y sus empresas -muy especialmente las tecnológicas- estaban en franca retirada. El "ipod" de Apple destronó al "Walkman" de Sony. Los ordenadores Vaio de Sony ya no pertenecen a esta compañía, que los vendió a un fondo de inversión que pierde dinero con ellos. Las tabletas de Sony no son rentables, frente al líder de la categoría, el "ipad" de Apple.

Sony, Panasonic, Sharp... todas están pasando a mejor vida, mientras las empresas tecnológicas norteamericanas florecen y triunfan, como Facebook, Google, Apple y Amazon. La movilidad, hoy, es el "todo absoluto". Todas estas empresas, y las tradicionales del sector tecnológico norteamericano, ganan dinero gracias a la movilidad. El último caso ha sido Facebook, que anunció a finales de julio de 2014 beneficios más del doble de lo estimado por los analistas e ingresos récord por noveno mes consecutivo: el 62% de sus ingresos publicitarios ahora vienen de anuncios en teléfonos móviles y tabletas. Amazon anuncia que lanza su propio teléfono móvil para no tener que depender de Android (Google). Apple acaba de obtener beneficios formidables gracias, esencialmente, a la venta de teléfonos inteligentes, más que ninguna otra línea de negocios, incluída la de ipads.

Hay una lección en todo esto. Los norteamericanos viven en continuo estado de paranoia y, como escribió en 1997, el presidente de Intel, Andry Grove, "only the paranoids survive", solo los paranoicos sobreviven. Esa paranoia es el secreto de su éxito: En los años 80' fue Japón quien amenazó la primacía mundial norteamericana; Estados Unidos reaccionó, como hemos visto, y Norteamérica vuelve a liderar en crecimiento económico y empresarial. Para triunfar, Estados Unidos, un país eminentemente competitivo por naturaleza, necesita un enemigo al que batir: durante la Guerra Fría fue la extinta Unión Soviética, que espoleó la carrera espacial y el desarrollo tecnológico: en los años 70', IBM o Kodak dominaban el mundo tecnológico y de la fotografía, respectivamente, mientras los soviétivos apenas sabían lo que eran los ordenadores personales. En consecuencia, la productividad norteamericana aumentó exponencialmente, y el sistema soviético, viciado económicamente en sus cimientos, se vino abajo.

El enemigo hoy es China, que junto con otros emergentes, quiere disputar la primacía mundial a Estados Unidos. Ya hablamos de ello en "Obama y el liderazgo pragmático" (2010) y "La Reinvención de Obama" (2011). En 2008 había tratado el tema Fareed Zakaria, en "The Post American World". China, convertida en la gran fábrica del mundo, gracias a los costes de fabricación, hasta ahora baratos, pero cada vez más equiparables a los de Occidente: la diferencia, antes abismal, es hoy de un 15%. Es por ello, que las empresas estadounidenses vuelven a poner énfasis en la manufactura local: un informe de Brookings Institution enfatiza que la robótica, la impresión 3D y la tecnología digital están transformando la fabricación norteamericana, versus la china que depende fundamentalmente de la mano de obra.

Eso explica que muchos fabricantes estadounidenses estén llevándose de nuevo la producción a casa: Walmart ha anunciado que va a vender 50 billones de dólares más de productos "made in America", durante los próximos diez años y the Boston Consulting Group estima que un 30% de la producción americana en el extranjero volverá a casa.

Bendita sea la competencia con los chinos, que ha hecho reaccionar a Norteamérica y, como afirmó el presidente Obama en su Discurso de la Unión de 2011: "It used to be us" o, lo que es lo mismo, los que tenemos que liderar somos nosotros, los norteamericanos, y no los chinos.

23 julio, 2014 | 08:44

El Índice de Confianza Económica que publica cada semana Gallup muestra una recuperación en la tercera semana de julio, en línea con la evolución de los siete primeros meses del año, indicando una tendencia que se está consolidando en 2014. La confianza económica de los estadounidenses se ha recuperado tres puntos y, aunque permanece en terreno negativo (-15), vuelve a los niveles de abril y mayo, tras una reciente caída.

La confianza de los americanos en la economía ha sido estable este año. Goldman Sachs y otras fuentes de información anticipan un crecimiento del 3,3% en PIB de aquí a finales de 2014. En el primer semestre, el país ha experimentado la más fuerte creación de empleo en 15 años, reduciéndose la tasa de paro al 6,1% de la población activa. La riqueza financiera neta de los hogares y el empleo en el sector privado ya han superado los niveles de 2008. El crédito a las pymes ha alcanzado su nivel más algo en siete años.

El panorama económico norteamericano es mucho mejor que el de Japón y la Unión Europea. La Gran Recesión de 2007-2009 hizo que los negocios estadounidenses se reconvirtieran, haciéndose más productivos y más competitivos: los costes de producción son menores y el sistema financiero se ha recapitalizado, especialmente tras la entrada en vigor de la Reforma Financiera Dodd-Frank de julio de 2010. Por ahora, no hay burbuja inmobiliaria, aunque los precios de la vivienda se han recuperado, especialmente en las mejores zonas metropolitanas.

Las empresas -especialmente las pymes- compran e implementan más tecnologías de la información que nunca, incrementando su productividad media un 20%. El sector tecnológico tira de la economía hacia arriba y se ve recompensado por ello: grandes compañías como Intel y Apple alcanzan resultados récord en el segundo trimestre. Otras, como Hewlett-Packard y Microsoft, siguen su proceso de reestructuración, para adaptarse al nuevo entorno digital, que dominan "los cuatro grandes" (Apple, Amazon, Google y Facebook). Especialmente duro es el ajuste de Microsoft, que despedirá a 18.000 empleados en el ejercicio fiscal 2015 -que ha comenzado en julio de 2014-, en su mayor parte provenientes de su división de móviles, tras la compra de Nokia. Una vez más, el fenómeno de "creative destruction" enunciado por Schumpeter. En los años 90' HP y Microsoft lo fueron todo en el mundo del hardware y del software, respectivamente. Pero los modelos de negocio digitales del siglo XXI no tienen nada que ver con los de aquellos años.

Los consumidores lo han asumido, lo han hecho propio fuertemente. Los hogares norteamericanos son los que tienen más productos tecnológicos del mundo, seguidos por los de Japón y Corea del Sur. Ni siquiera durante los últimos años de leve recuperación económica los hogares han dejado de comprar teléfonos inteligentes y tabletas, que siguen al alza. Aunque ha llevado siete años, el consumo, que supone el 70% del PIB nacional, se está recuperando en todos los sectores, no solo en el tecnológico. La recuperación de la bolsa y del valor de las casas ha hecho que la riqueza financiera neta de las familias vuelva a los niveles de 2007, en su punto más alto antes del estallido de la crisis. La creación de empleo ha sido muy fuerte en la primera mitad de 2014.

Como consecuencia, se recupera la confianza económica del consumidor, que llega casi a niveles previos a los de la crisis. El consumo de las familias podría aumentar de manera pareja al del PIB (3%) este año, conforme aumenta su renta disponible y se modera el ritmo de ahorro. En un año, la tasa de paro podría situarse en el 5%, si continúa el ritmo de creación de empleo de los últimos seis meses, con una media de 248.000 nuevos puestos de trabajo netos cada mes.

Una sana recuperación del mercado inmobiliario era inevitable. Como ya indicamos, el Índice Case-Schiller ha aumentado el 25%, en las 20 principales áreas metropolitanas del país. La construcción de nueva vivienda, además, vuelve a ser fuerte, con algo más de un millón de viviendas construídas este año -por debajo de las 1,5 millones anuales construídas en los años previos a la crisis, pero más del doble de la media de 2007-2012-. Las previsiones apuntan a 1,2 millones de nuevas viviendas en 2015 y 1,6 millones en los años siguientes.

El mercado de la construcción y la vivienda son esenciales para que aumente el consumo y la confianza económica, porque -al igual que las tecnologías de la información- tienen un "efecto tractor" sobre otros sectores de la economía, como los auxiliares de la construcción, servicios, electrónica de consumo, transporte y logística, etc.

La crisis obligó a muchos jóvenes a permanecer con sus padres en vez de independizarse, como era costumbre en Norteamérica, a partir de los 18 años: según Harvard's Joint Center for Housing Studies, el ratio de formación de hogares aumentará hasta los 1,2 millones al año, conforme los jóvenes se independizan y, en consecuencia, aumenta el porcentaje de población adulta y en edad de trabajar.

18 julio, 2014 | 08:37

El Gobierno chino se había propuesto que, este año, la economía creciera el 7,5%. Así lo ha hecho en el segundo trimestre, versus el 7,4% del trimestre anterior. Estados Unidos, que venía de un fuerte retroceso en el primer trimestre (-2,9%, PIB), crecerá muy posiblemente el 3%. El estudio de los datos muestra una realidad que no es evidente: Estados Unidos fortalece su recuperación y China tiene que mantenerse a flote con gran esfuerzo para cumplir sus objetivos.

Si pudieran establecerse comparaciones homogéneas, nos daríamos cuenta que estamos hablando de realidades distintas, al analizar el crecimiento del PIB americano y el de China. Un crecimiento del 3% en Estados Unidos, con fuerte creación de empleo como la actual, llevaría a un período prolongado de prosperidad, con equilibrio fuerte en sectores de actividad y en regiones. En cambio, para China, crecer por debajo del 7% sería lo equivalente a una recesión en Estados Unidos.

Hay que tener en cuenta que el poder de compra en Estados Unidos, la renta per cápita y el nivel de vida sigue siendo muy superior en Norteamérica por comparación con el chino. De 1.500 millones de chinos (200 millones más que los que reconoce el censo oficial del Gobierno) solo 400 millones podrían tener niveles de renta relativamente equivalentes a los de los norteamericanos, con unos ingresos medios anuales de 36.000 dólares, por comparación con la media estadounidense, de 51.000 dólares: y, aún así, hay una fuerte divergencia. Y, verdaderamente, el problema no es ése, sino los restantes 1,1 billones de chinos (casi tantos como población tiene la India, con 1,2 billones), que todavía viven en relativa pobreza. Además, los chinos más ricos viven en la costa, donde se agolpan en ciudades como Shanghai, versus el interior del país, que es rural y francamente pobre. Hay fuertes desequilibrios regionales, en China.

Xi Jinping -presidente chino- prometió corregir los desequilibrios económicos y sociales de China, pero está descubriendo que no solo no es fácil, sino que -todavía peor-, para mantener el ritmo de crecimiento, China ha de estimular esos mismos desequilibrios con los que tiene que acabar. Por ejemplo, "la burbuja del crédito". Se supone que China debe empujar el consumo interno -ahora, los chinos que ganan dinero, dedican la mitad de sus ingresos al ahorro, tanto por cuestiones culturales como por miedo al futuro- para compensar un crecimiento muy basado en las exportaciones. Dado que el resto del mundo compra poco, animar el consumo interno se convierte en inminente necesidad. Pues bien, cada vez que el PIB baja ligeramente -y lleva haciendo desde 2010-, el gobierno chino estimula el crédito, creando una gran burbuja que ya preocupa el Occidente, dado que los bancos chinos se encuentran entre los más grandes del mundo por activos. No es menos preocupante que el gobierno china tenga invertidos 1,3 trillones de dólares en activos del Tesoro norteamericano.

El crecimiento económico norteamericano en el segundo trimestre se ha basado en los siguientes componentes: producción acelerada, aumento del consumo de las familias y la inversión y la recuperación del turismo nacional y extranjero. La creación de empleo en el trimestre ha sido de 272.000 nuevos puestos de trabajo al mes, de media. En cambio, China, a pesar de aumentar en una décima su crecimiento, sigue estancada. Más aún, la evolución del crecimiento en cada país en los últimos cuatro años no podía ser más divergente: el PIB chino creció el 12% en 2010, cuando Estados Unidos aún luchaba por salir de la recesión y su crecimiento no llegaba al 2%. Del 12% del 2010, China ha pasado al 7,5% del 2014, mientras Estados Unidos ha aumentado del 2% de media al 3% con el que acabará el año: las diferencias esenciales hay que encontrarlas en las ventas del comercio minorista y en la producción industrial: las ventas al por menor, en China aumentaron el 22% en 2010, mientras este año se han acelerado el 12%. El crecimiento de la producción industrial en China fue del 18% en 2010 versus el 8% de 2014.

En cambio, ambos componentes son fuertes y equilibrados en el caso americano: la producción industrial estadounidense, según la Reserva Federal aumenta este año el 5,5%, contribuyendo un 12% al PIB. El Libro Beige de la Reserva Federal de 16 de julio, constata el aumento del consumo y de las ventas al por menor en todo  el país, así como el fuerte incremento de la actividad industrial. Solo el mercado inmobiliario muestra desequilibrios según la zona del país de que se trate e, incluso, dentro de cada estado y ciudad. Cosa que no deja de ser una obviedad, porque en una ciudad de 14,5 millones de habitantes como Los Ángeles, los precios de la vivienda en Beverly Hills han aumentado un 45% (una de las zonas más ricas del país), mientras que en los extrarradios los precios apenas han aumentado.

El "S&P/Case-Shiller 20-City Composite Home Price Index" -que mide el valor del mercado inmobiliario en las 20 mayores áreas metropolitanas de Estados Unidos: Atlanta, Boston, Charlotte, Chicago, Cleveland, Dallas, Denver, Detroit, Las Vegas, Los Angeles, Miami, Minneapolis, New York, Phoenix, Portland, San Diego, San Francisco, Seattle, Tampa y Washington, D.C.- muestra un crecimiento del valor de la vivienda medio del 10,8% en los seis primeros meses del año, pero con fuertes variaciones según ciudades.

El crecimiento económico en Estados Unidos, que va acompañado de fuerte creación de empleo muestra una evolución positiva en los últimos años, porque se está acelerando: esto llevará a la FED a no sólo seguir reduciendo la compra de deuda pública y terminar con el Quantitative Easing en octubre de este año, sino también, aumentar los tipos de interés, que ahora están cerca del 0%. En cambio el crecimiento chino, que se ha reducido a la mitad en los últimos seis años, habrá de seguir fundamentándose en el crédito (ha aumentado el 16,2% en lo que va de año, según el Banco Central Chino), con la consiguiente formación de una burbuja.

Lo dijimos en estas mismas páginas en 2010, lo reiteramos en 2012 y volvemos a insistir en 2014: "ésta" es una carrera a largo plazo, en la que China empieza a dar síntomas de cansancio; por el contrario, Estados Unidos empieza a coger carrerilla y acelerar el paso de su crecimiento.

16 julio, 2014 | 08:13

En su segundo libro de memorias, "Hard Choices" (2014), Hillary Clinton recuerda los enfrentamientos que ella y Barack Obama -ya unidos tras las primarias demócratas que ganó Obama- tuvieron con el candidato republicano, Mitt Romney a propósito del precio de la gasolina, que había aumentando, "hurting the pockets of the American people", en el verano de 2008. En Estados Unidos, el aumento del precio del petróleo tiene un efecto inmediato en la inflación -por ser su principal componente- y, en consecuencia, en el poder adquisitivo de las familias, máxime si los salarios se mantienen estables o, peor aún, a la baja. Es, también, tema sensible, electoralmente.

La cuestión energética no es nueva en Estados Unidos. El candidato presidencial Barack Obama ya habló de ella en un discurso titulado "New Energy for America" (4 de agosto, 2008) y, de nuevo, ya recien ganadas las elecciones presidenciales, en "Remarks to the Global Climate Summit" (18 de noviembre, 2008). El presidente Obama retomaba una temática -"cantinela", mejor dicho, por manida-, que ya había propuesto el presidente Richard Nixon en 1973, tras la primera gran crisis del petróleo: la necesidad de que Estados Unidos alcance la llamada "independencia energética". En sus discursos, Obama llamaba a Norteamérica a no depender energéticamente de países que, no necesariamente, tienen por qué compartir los ideales de democracia y economía de libre mercado que fundamentan Estados Unidos, se trate de Rusia, Venezuela, Irán, Irak o Arabia Saudí, todos ellos grandes productores y exportadores de petróleo.

La cuestión tiene raíces históricas: tras la Guerra de Yom Kippur, en octubre de 1973, los países árabes impusieron un fuerte embargo de petróleo a Occidente, provocando aumentos generalizados de precios, con la consiguiente alta inflación y, lo que es peor, en un momento de casi nulo crecimiento económico. Es lo que se dio en llamar "Stagflation": estacamiento económico e inflación disparada. Fenómeno del que hablan extensamente los tres últimos presidentes de la Reserva Federal (FED) en sus libros de memorias, dada la importancia económica del fenómeno y la fuerte dependencia de Estados Unidos del petróleo: Paul Volcker en "The triumph of persistence" (2012), Alan Greenspan ("The age of turbulence", 2007, 2008 y 2009) y Ben Bernanke, en "The FED and the financial crisis" (2013). El fenómeno de 1973 volvió a repetirse en 1979, con un segundo embargo de petróleo por parte de los países árabes.

En su discurso sobre el Estado de la Unión de enero de 2006, el presidente George Bush dijo textualmente que "nuestra adicción al petróleo (...), dependiendo de partes inestables del mundo", eran una causa de preocupación: en consecuencia, era necesario conseguir la independencia energética de Estados Unidos..., de nuevo. Cuando Barack Obama llegó a Washington, en noviembre de 2008, no se hablaba de otra cosa, en el contexto de las guerras de Irak y Afganistán, y en el de la crisis financiera que acababa de estallar tras la quiebra de Lehman Brothers; aunque, de todos es sabido, esta crisis tenía raíces más profundas y saltó por los aires bastante antes, en el verano de 2007, con el estallido de las hipotecas subprime y el inicio de la "Gran Recesión".

En sus dos discursos ya citados de 2008, Barack Obama buscaba, como sus predecesores (Nixon, Ford,Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo), la independencia económica de Estados Unidos. El primer paso serio en esa dirección se dio en febrero de 2009 con la aprobación del gran paquete de estímulo a la economía por importe de 787 billones de dólares, a los que se sumaron otros 400 billones en septiembre de 2011. Un 10% del total de esa inversión, se dirigió a energías alternativas, energías verdes, energías renovables, renovación de la infraestructura energética norteamericana -empezando por todas las instalaciones del Gobierno Federal-, etc. Por tanto, "la nueva política" sobre el Cambio Climático enunciado por la EPA (Environmental Protection Agency), ni es nueva ni, por supuesto es una invención del vicepresidente Al Gore ("An inconvenient truth", 2006): la magna obra económica de Michael Grunwald ("The new new deal", 2012), explica en detalle los componentes energéticos y su derivada económica, del paquete de estímulo económico de Obama.

La realidad es que, hoy, Estados Unidos ya ha superado a Arabia Saudí como primer productor de petróleo del mundo y esto se ha producido con Barack Obama. Bank of America hizo públicos los datos la segunda semana de julio, según los cuales, con una producción de 11 millones de barriles de petróleo al día, en la primera mitad del año, Norteamérica supera tanto a Rusia como a Arabia Saudí en producción de petróleo, aunque una gran parte de ella vaya destinada al consumo interno del mercado americano, con la consiguiente bajada de precios para el consumidor, y, también, a nutrir las reservas estratégicas de petróleo de Estados Unidos.

La revolucionaria forma de extraer petróleo y gas, "from shale rock", ha hecho que las predicciones de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), expongan que la producción de petróleo estadounidense aumentará exponencialmente durante los próximos años, alcanzando su zénit en 2019 y, estabilizándose después en la década de 2020. Según el organismo con sede en París, la primacía de Estados Unidos en la producción de petróleo continuará durante los siguientes diez años, hasta que a principios de los 2040, "otros países" (Rusia, Venezuela, Irán, Irak, etc) volverían a alcanzar de nuevo a Estados Unidos.

Aunque, para entonces, Estados Unidos ya habría nutrido suficientemente sus reservas energéticas estratégicas y, cuando menos, en gas, tendría en sus manos la soñada independencia energética, asegurada, durante, al menos los siguientes dos siglos, o, lo que es lo mismo, durante los siguientes doscientos años, garantizando un futuro mejor y más seguro -menos dependiente de Oriente Medio-, para las siguientes generaciones de norteamericanos.

 

14 julio, 2014 | 08:24

La FED (Reserva Federal norteamericana) ha decidido finalizar su programa de "quantitative easing" (compra de deuda pública e hipotecaria) en octubre de 2014. La Reserva Federal empezó a apoyar a los mercados en 2008, cuando parecía que -especialmente, tras la quiebra de Lehman Brothers el 15 de septiembre de aquel año- Wall Street se venía abajo. El banco central estadounidense ha estado reduciendo paulatinamente la compra de bonos desde septiembre del año pasado -10 billones de dólares menos cada mes- y realizará la última compra en octubre de 2014, por importe de 15.000 millones de dólares. Desde que se inició el programa, hasta su finalización, las tres rondas de QE (quantitative easing) habrán supuesto un balance de 4,4 trillones de dólares o, lo que es lo mismo, cuatro veces más que el coste económico de la guerra de Iraq entre 2003 y 2013, por utilizar una comparación ("The 1 trillion dolar war", del premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz).

La FED ha tomado estas decisiones porque entiende que se están cumpliendo los objetivos para los que dichos programas fueron diseñados: primero, la tasa de desempleo se acerca ya al 6%. Segundo, el crecimiento económico, a final de año, alcanzará el 3%, en términos PIB. Tercero, la inflación ronda el objetivo del 2%; es decir, la Reserva Federal ha impulsado el aumento de los precios, en un esfuerzo por estimular el crecimiento económico. Y, fruto de este mayor crecimiento, la FED espera que aumenten los salarios de manera que aumente la capacidad de adquisitiva de los hogares norteamericanos y, en consecuencia, se estimule el consumo. La creación de 272.000 empleos nuevos al mes en el último trimestre va en esta línea, aunque los salarios todavía no han respondido en la misma medida que la creación de empleo.

La inflación aumentó en mayo el 1,8%, comparado con el mismo mes del año anterior, el mejor dato desde octubre de 2012, y el que más se acerca al objetivo de la FED de un aumento de los precios del 2%. "Adjusted for inflation", que se dice en inglés, el consumo cayó por segundo mes consecutivo. Tras seis años de lenta recuperación económica (2% de crecimiento medio del PIB entre 2009 y 2013, versus el 3% de recuperaciones previas), los norteamericanos se han vuelto más cautos en sus gastos.

El aumento de los precios en mayo se ha traducido en que se ha encarecido el carrito de la compra y, sobre todo, la gasolina, que en Norteamérica es un artículo de primera necesidad. Según el CPI (Consumer Price Index) del Departamento de Trabajo, el precio de los alimentos aumentó el 0,5% en mayo respecto a abril. Y los precios de la gasolina están en su máximo histórico en seis años, teniendo en cuenta que ya estamos en verano, cuando el consumo de gasolina aumenta.

El Departamento de Comercio hizo público su informe sobre el consumo interno el pasado 26 de junio: en mayo, la compra de ropa decreció el 0,9% respecto a abril (ya ajustados los precios a la inflación); las comidas fuera del hogar se redujeron en un 0,4% y la asistencia a las salas de cine se derrumó el 10,3%. Hay que tener en mente que el consumo en Norteamérica supone el 70%  del PIB,  y que su crecimiento medio en los últimos seis años ha sido análogo al del Producto Interior Bruto: 2,2% cada trimestre, versus el 3% de la recuperación de 1993-2000. Los salarios han aumentado el 2,5% cada año desde 2009, comparado con el 4,3% de los años del boom inmobiliario (2001-2007).

Si hubiera que seguir al pie de la letra la famosa obra de Piketty ("El Capital en el siglo XXI"), estaríamos verdaderamente observando esa fuerte divergencia en la evolución de ingresos de que habla el economista francés. Las rentas más altas se han visto beneficiadas por la subida de la bolsa y los precios de las casas. Son los menos. En el extremo opuesto, una inmensa mayoría de la fuerza laboral no ha visto un aumento significativo de sus salarios. Según el último estudio de ADVICE Strategic Consultants, "el 49% de los consumidores estadounidenses necesitaría un aumento del salario antes de decidir salir de compras", lo que se traduciría en que, primero, muchos viven con lo justo para pagar los gastos familiares y no les queda mucho excedente para consumir más allá de lo necesario e imprescindible, y, segundo, que ha aumentado el ahorro familiar en un entorno de incertidumbre. Otro estudio de RCB Cappital Markets llega a las mismas conclusiones: "el consumidor tiene el dinero en el bolsillo, pero no la confianza de salir a la calle y comprar".

El índice de confianza económica de Gallup del 8 de julio se mantenía en el -16, inalterable desde principios de junio. De hecho, el índice de gasto del consumidor de la propia Gallup indicaba que los norteamericanos gastaron de media 91 dólares en junio, versus 98 dólares del mes anterior. Y esto en un contexto de fuerte creación de empleo.

Hay una conclusión clara: esta es una recuperación económica con fuerte creación de puestos de trabajo, pero no de aumento del poder adquisitivo de la fuerza laboral, puesto que las empresas optan por aumentos de productividad vía contención salarial, al tiempo que el consumidor se ha vuelto más cauto, tras haber aprendido las lecciones del pasado.

 

04 julio, 2014 | 09:36

Los conservadores en Estados Unidos no paran de citar el último estudio de Quinnipiac, según el cual Barack Obama, con un 33% sería el peor presidente de América desde 1945, superado -incluso- por George W. Bush, con un 28% (a mayor porcentaje, en este estudio, peor se considera al Presidente). Ronald Reagan, Bill Clinton y John F. Kennedy, en cambio, aparecen como los mejores presidentes del siglo. En los tres últimos casos, la economía norteamericana vivió momentos gloriosos, de gran crecimiento y creación de empleo, aunque a Reagan le tocó lidiar con la recesión de principios de los 80' y el Crash bursátil de 1987, al igual que a Clinton con la recesión de 1992 y el estallido de la burbuja de Internet de 2000. Pero, en ambos casos, el crecimiento económico superó el 3% de media y la generación de empleo fue de 200.000 empleos mensuales. Esto, lo recuerdan bien los norteamericanos.

Teóricamente, hoy, se iban a hacer públicos los datos de empleo del mes de junio, pero al ser fiesta del 4 de Julio, la comunicación se realizó ayer. Los datos han sido tan positivos, que han superado las previsiones más optimistas. Hace unos días, Bloomberg llevó a cabo una encuesta entre economistas de Wall Street. The Wall Street Journal hizo otra: en ambos casos, el famoso "consenso de analistas" decía que se crearían 215.000 puestos de trabajo en junio y que, por tanto, la tasa de paro quedaría en el 6,3%. Wrong. No way. El dato ha sido de 288.000 parados menos y la tasa de desempleo se ha reducido en un 0,2%, bajando hasta el 6,1%: hasta la FED (Reserva Federal) se ha quedado -gratamente- "sorprendida", porque ese porcentaje se acerca a su objetivo de paro del 6% para aumentar los tipos de interés y dejar de comprar deuda pública e hipotecaria. Las buenas noticias han llegado antes de lo esperado, para bien de todos.

Aquellos que quieren poco al presidente dicen que el desempeño de la economía -con un decrecimiento del PIB de -2,9%- en el primer trimestre, fue un desastre. Aún así, tendrían que explicar cómo es posible que, con esos datos tan malos, se crearan de media mensual 190.000 empleos en el primer trimestre del año. El año 2013 comenzó con una tasa de paro del 7,9% y la media mensual de creación de empleo fue de 210.000, el año pasado. En el segundo trimestre de 2014 ha sido de 272.000 cada mes. Intuyo que habría muchos países que estarían deseosos de experimentar un crecimiento económico poco brillante desde el punto de vista estadístico, a cambio de una tan fuerte creación de empleo como la norteamericana. Sin lugar a dudas, el 4 de Julio va a ser un gran día de celebración, gracias a la generación de esos 288.000 nuevos empleos en junio.

Aunque, ¿no es cierto que, en todos sitios, hay aguafiestas, especialmente en las celebraciones? Los que no quieren al presidente ponen todo tipo de pegas a la creación de empleo con Obama. Sin embargo, algunos datos son elocuentes, como respuesta a sus críticas. Si dicen que ha descendido el paro debido al efecto desánimo (hay menos tasa de actividad porque personas que buscaban empleo han dejado de hacerlo, fruto del desánimo), la respuesta adecuada es que, ese efecto desánimo se ha reducido en dos tercios y que, por tanto, incluso tenido en cuenta, la tasa de paro subiría solamente del 6,1% al 6,5%. Y esto, aun incluyendo a los parados de larga duración, que en Estados Unidos son aquellos que buscan trabajo durante seis meses (no dos años, como sucede en algunos países de Europa).

¿Y qué ocurre con todos aquellos que buscan trabajo? En Europa, una persona con un trabajo a tiempo parcial no estaría considerada desempleada. Si se quiere, podemos tener en cuenta a los que trabajan a tiempo parcial en Estados Unidos y desearían hacerlo a tiempo completo, y los consideramos como desempleados: la tasa de paro estaría en el 12%, versus el 11,9% de la Unión Europea o el 25,8% de algunos países de Europa.

Buscarle tres pies al gato a los datos del paro de Estados Unidos, con una tan fuerte creación de empleo es una labor inútil. A Reagan, Clinton y Kennedy se les considera excelentes presidentes porque  con ellos se vivió prosperidad económica. Con Obama, se ha recuperado mucho terreno perdido desde la Gran Recesión de 2007-2009. Hoy la tasa de paro está mejor que en septiembre de 2008, cuando se hundió Lehman Brothers. Hay casi 9 millones de nuevos puestos de trabajo. Y, si se cumplen las previsiones de analistas y economistas, el crecimiento económico del segundo trimestre será del 3%, como en las mejoras épocas de Bill Clinton. Es muy posible que sea su desempeño económico aquello que los norteamericanos recuerden de Obama, cuando este deje el poder y, muy posiblemente, le pase el testigo -tras pasar por las urnas en 2016- a otro presidente (o presidenta) demócrata.

 

03 julio, 2014 | 08:53

El 2 de julio (ayer) pude consultar diez encuestas pre electorales sobre las elecciones presidenciales norteamericanas que tendrán lugar en 2016. Por parte del partido demócrata se proponía como candidata a Hillary Clinton quien, por parte republicana, tenía como oponentes a todos aquellos que, hoy, se cree podrían tener posibilidades electorales en 2016: Bush (Jeff), Ted Cruz, Rand Paul, Mike Huckabee, Marco Rubio, Paul Ryan, Christie, etc. En todas ellas resultaba ganadora por amplio margen Hillary Clinton. Quizá por eso, Clinton está recibiendo tantas críticas desde el partido republicano: la ven como una fuerte amenaza y utilizan cualquier excusa para atacarla.

Que Hillary Clinton ha sido una figura polarizante en Norteamérica..., ya lo sabíamos. Llevo estudiando su figura -y la su marido, el presidente Bill Clinton- desde la campaña electoral presidencial de 1992. Los momentos de mayor popularidad, entre norteamericanos y ciudadanos de todo el mundo, fueron cuando se la consideró la víctima en el caso de Monica Lewinsky, a finales de la presidencia de su marido, y entre 2009 y 2013, en que fue Secretaria de Estado con Barack Obama y, por tanto, la diplomática de mayor rango de Estados Unidos y su representante ante el mundo.

Por lo demás, durante más de una década, las encuestas de Gallup nos dicen que Hillary Clinton es la mujer más admirada del mundo; en 2013, incluso, por encima de Michelle Obama. Encuestas de finales de junio de 2014 publicadas por The New York Times, The Wall Street Journal y la cadena de televisión FOX nos muestran la polarización que la figura de Hillary Clinton vuelve a despertar, tras el lanzamiento de su segundo libro de memorias ("Hard Choices", 10 junio 2014, Simon & Schuster) y la campaña de promoción que le acompaña. Sin embargo, en todos los casos, las encuestas muestras que son más aquellos que le apoyan, que los que la rechazan y, entre estos últimos, son mayoritarios los republicanos. En cambio, demócratas blancos, hispanos, asiáticos, afro americanos, judíos, católicos y un porcentaje significativo de republicanos moderados están a favor de Hillary Clinton.

Uno de los ataques más fuertes que se le ha hecho a Clinton recientemente tiene que ver con la fortuna que ella y su marido poseen. Ambos se han defendido. En palabras de Hillary, "cuando abandonamos la Casa Blanca -enero de 2001-, estábamos en bancarrota. Hemos hecho dinero trabajando duro porque creemos en el Sueño Americano de que si trabajas duro y sigues las normas, la mobilidad social te permitirá llegar lejos". El año pasado el matrimonio Clinton ingreso 16,7 millones de dólares y su patrimonio conjunto alcanza los 200 millones de dólares. "So, what"?, se diría en inglés: ¿Cuál es el problema? Bill y Hillary Clinton han ganado ese dinero dando conferencias y gracias a los derechos de autor de sus libros. Si alguien no quiere pagar 200.000 dólares por escuchar a Hillary Clinton, lo más sencillo que puede hacer es no asistir a su conferencia: supongo que nadie le obliga. Tampoco es menester comprar sus libros, "necesariamente".

¿Ha ganado dinero Bill Clinton con su famosa Clinton Global Initiative? Sí, y también ha hecho mucho bien al mundo. De la misma manera que la labor de Hillary como Secretaria de Estado ayudó sobremanera a recuperar el prestigio de Norteamérica en el mundo. Su último libro de memorias contrasta enormemente con el de su predecesora en el cargo, otra mujer muy inteligente, Condolezza Rice. En "No higher honor" (Simon & Schuster, 2011), Rice habla de una América que le dice al resto del mundo lo que tiene que hacer. En "Hard Choices", Clinton trata de recuperar la primacía de América en el mundo a través de la diplomacia y la fortaleza económica. Son dos enfoques muy distintos de ver la política exterior de Estados Unidos. Con George Bush, Estados Unidos multiplicó por dos el déficit público y se embarcó en dos guerras largas y de difícil arreglo. Con Barack Obama, Norteamérica ha dedicado seis años a la recuperación económica y del empleo perdido durante la Gran Recesión (2007-2009).

En términos sencillos, diré que no veo nada de malo en que los Clinton hayan ganado 200 millones de dólares. Llevan más de 30 años dedicados al servicio público. Hillary ha sido abogado corporativo, esposa de Gobernador (de Arkansas), Primera Dama, senadora por Nueva York y Secretario de Estado. Ha publicado varios libros muy exitosos, dentro y fuera de Estados Unidos, cosa que no le perdonan muchos republicanos, cuyos libros no salen de las fronteras americanas, porque sus líderes no son figuras importantes en la escena internacional, mientras que la "marca Clinton" es una de las de mayor notoridad en todo el mundo.

Por lo demás, en Estados Unidos no hay problema en hablar de dinero. En algunos países de Europa, especialmente en los de Sur, hay más pudor. No en Norteamérica. En cualquier caso, ¿que suponen los 200 millones de euros de los Clinton comparados con las grandes fortunas de miles de millones de Bill Gates y Warren Buffett? ¿O los miles de millones de Mitt Romney, el que fuera contrincante electoral de Barack Obama en 2012?

No va nada con el espíritu estadounidense criticar a alguien por su fortuna porque, afortunadamente, en Estados Unidos se admira a las personas que tienen éxito. El problema de los republicanos es que su base electoral es cada más más pequeña -sus perspectivas electorales rondan el 30%, cuando deberían estar en el 45%, que es donde están los demócratas-. Blancos, del sur, rentas bajas y sin estudios, granjeros, evangélicos..., sienten que "los liberales demócratas", "los intelectuales snob de la Costa Este y de la Costa Este" no representan la América que ellos defienden.

Su problema consiste en que América ha cambiado mucho en las últimas décadas y ellos parecen no haberse enterado.

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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