EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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La crisis política de Italia está sacudiendo a los mercados financieros. La sugerencia del Movimiento Cinco Estrellas y La Liga Norte de querer abandonar el euro ha sacudido las mentes y corazones de los inversores este junio de 2018.

A los mercados financieros no les gusta la incertidumbre. Gracias a los políticos de Italia, en los últimos días han tenido mucha inseguridad. El mes anterior, mayo, los mercados de valores habían estado sumidos en la confusión durante días, mientras había disputas entre los populistas gobernantes y el presidente del país, que había rechazado la elección de los partidos ganadores de las elecciones de un economista euro escéptico como ministro de finanzas. Al final, los políticos han tranquilizado a los mercados y éstos, a su vez, han vuelto a la calma... "chicha"... Como siempre, en Italia.

Italia vive en estado de perenne crecimiento económico lento y su deuda pública -de 2,3 billones de euros- equivale al 132% del PIB. El drama volvió a despertar preocupaciones (dejadas de lado temporalmente) sobre esos dos serios problemas y el miedo profundo de que el tercer miembro más grande de la zona del euro podría estar escabulléndose hacia la salida, como le pasó a Grecia desde 2010. Los rendimientos de los bonos a diez años aumentaron, aunque de forma menos espectacular que en ocasiones previas. Los rendimientos de los Bunds alemanes, los bonos del gobierno más seguros de Europa, disminuyeron.

Los precios de las acciones cayeron. Los bancos en Italia, titulares de bonos del gobierno por importe de 600.000 millones de euros, fueron los más afectados. UniCredit, la más grande entidad financiera del país, cayó un 9,2% en bolsa e Intesa Sanpaolo, la número dos, perdió un 7,2% de su valor entre el 28 y 29 de mayo. Las acciones de otros bancos europeos también fueron vapuleadas. Las preocupaciones se extendieron por el Atlántico. El índice S & P 500 retrocedió un 1,2% el 29 de mayo, y los bancos lideraron nuevamente el descenso. El rendimiento de los bonos del Tesoro a diez años cayó del 2.93% al 2.77%, la mayor caída desde el día posterior a que los británicos votaran a favor del Brexit en junio de 2016.

El rendimiento de los bonos a dos años de Italia está por debajo del 7,6% alcanzado en noviembre de 2011, en las profundidades de la crisis previa de la zona euro. Antes ya habíamos empezado a sufrir los efectos de la crisis financiera y económica norteamericana (2007-2009) y la posterior recesión económica europea que derivó en una fuerte crisis de deuda. El efecto financiero negativo en la zona del euro y los propios problemas del euro alcanzaron el nivel más alto este año, el pasado 29 de mayo.

También es poco probable que los extranjeros hayan sufrido la caída de los precios de los bonos (el corolario del aumento de los rendimientos). El enorme mercado de deuda pública de Italia le da un peso decente en los índices mundiales de bonos: los inversores extranjeros, viéndolas venir, habían reducido posiciones con antelación. Analistas financieros estiman que la exposición de los bancos fuera de Italia ha caído casi a la mitad desde 2009, hasta los 133 billones de euros.

La escalada de rendimientos aún no ha amenazado la sostenibilidad de la deuda de Italia. El 30 de mayo, Italia vendió un total de 5.600 millones de euros en bonos a cinco, siete y diez años, con rendimientos del 2,32%, 2% y 3%, respectivamente. El cupón promedio de 3.4% sobre el stock de deuda existente. Y, con respecto al vencimiento promedio más largo de los bonos italianos, los analistas estiman rendimientos de, al menos, 4-4.5% durante varios meses, antes de que los pagos de cupones sean más altos, lo cual podrían hacer que la deuda sea insoportable. Parece inimaginable, pero ya vimos lo que pasó en Grecia o en Islandia.

Esa posibilidad es una de las razones del Banco Central Europeo (BCE) que, por lógica, es una pesadilla para los populistas italianos. En el marco de su programa de alivio cuantitativo, el BCE compró bonos italianos por valor de 340.000 millones de euros. En efecto, ha sido un comprador dispuesto ya que los extranjeros han renunciado.

Para los Estados Unidos, o para el gobierno populista que deshizo las reformas recientes de los gobiernos de Romano Prodi, Mario Monti, Enrico Letta y Matteo Renzi, se abrieron las puertas del fisco y otros gobiernos se acogieron a la benevolencia de Bruselas o de Frankfurt (es decir, Berlín o, lo que es lo mismo, Angela Merkel, cuya paciencia parece tener límite). El problema eterno de los bancos italianos es que -como, a modo de ejemplo le sucede a Monte dei Paschi di Siena-, todavía están en la UCI. La carga de los préstamos incobrables, aunque reducida, sigue siendo pesada.

La partida de la zona del euro sería impensablemente costosa tanto para Italia como para la eurozona. Como cuando Argentina fue abandonada a principios de 2002, el valor de los depósitos bancarios de los italianos se desplomaría. Italia no es Grecia (gracias a Dios), en ese punto Italia está mucho mejor. Pero tampoco es Grecia, porque la economía italiana es mucho más grande que la griega, lo que la convierte en peligrosa para el resto de países de la zona euro.

En 2012, Mario Draghi, el presidente del BCE, reprimió la crisis que parecía probable que destruyera el club de divisas, diciendo que el BCE podría hacer "transacciones monetarias directas". Pero esto apenas le da a Italia un pase libre. Lo que anunció Draghi está pensado para circunstancias extremas. Matteo Renzi había negociado un acuerdo con las instituciones europeas: ayuda a cambio de reformas. Su gobierno duró poco. Grecia ha estado trabajando bajo un régimen similar, pero mucho peor porque la Troika les controla a los griegos hasta el número de vasos de agua que beben a diario.

Parece improbable que los populistas de Italia (Liga Norte, extrema derecha; Movimiento Cinco Estrellas, extrema izquierda) se presenten voluntariamente en Bruselas para pedir ayuda.

27 junio, 2014 | 08:54

El índice de aprobación del presidente Obama en Estados Unidos ha alcanzado "un mínimo histórico", desde que inició su presidencia hace seis años. Según el Tracking de Advice Strategic Consultants, el 41,5% de los norteamericanos aprueban su gestión, versus el 53,9% que se muestran descontentos con él. Más aún, desde una relativa perspectiva histórica, comparando los índices actuales de aprobación de los presidentes vivos actualmente, Obama aparece en último lugar y, en cambio, Bill Clinton -con un 60% de buena imagen- destaca por ser el presidente mejor valorado. George Bush hijo tiene mejores puntuaciones que Obama.

Vale la pena poner estos datos -aunque sean nuestros- en contexto. Dos cuestiones a tener en cuenta: no es casualidad que todos los presidentes desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy hayan tenido peor calificación en el segundo mandato que en el primero. El primer mandato siempre se inspira y fundamenta en la ilusión de la elección de un nuevo presidente. Le paso a Ike, a Nixon, a Reagan, a Clinton, a Bush hijo y le está pasando Obama. Obviamente, están descartados presidentes de un solo mandato, como Kennedy, Johnson, Gerald Ford, Carter y Bush padre. Refiriéndose a su reelección como presidente para un segundo mandato en noviembre de 2012, el presidente Obama afirmó: "en 2008 yo signifiqué cambio y aire fresco. Hoy, cuatro años más tarde, soy noticia pasada". La gente, el electorado, está deseoso de cambio y novedad, a la par que el ejercicio del gobierno genera desgaste.

El segundo factor que hay que considerar es la fuerte idealización que tienden a hacer los norteamericanos sobre épocas pasadas, siempre consideradas más gloriosas y doradas. Como dice Hillary Clinton en su recién publicado libro de memorias ("Hard Choices", junio 2014, Simon & Schuster), "cuando llegamos al poder había un debate en la sociedad -años 2007 y 2008- sobre la presunta pérdida de primacía de Estados Unidos en el mundo". Nosotros mismos hablamos de ello en dos de nuestros libros ("Obama y el liderazgo pragmático", Profit, 2010; "La Reinvención de Obama", LID, 2011). Sí hubo un debate de ese estilo en Norteamérica en esos años. Pero tras los cinco años de recuperación económica (2009-2013), con un crecimiento medio trimestral del PIB del 2%, 8,5 millones de puestos de trabajo nuevos creados (tasa de paro actual del 6,3%), ya nadie en América habla del decaímiento o pérdida de liderazgo de Estados Unidos en el mundo. Otra cosa es que las personas idealicen el pasado: "la maravillosa época Clinton", "la época dorada de Kennedy", "el poder de América con Reagan", etc. Incluso se recuerda con cierto aprecio la presidencia de Bush hijo. Pero, al mismo tiempo, se olvida que todos estos presidentes tuvieron que resolver serios problemas en su época y que, cuando fueron presidentes, no siempre gozaron del favor de la opinión pública.

A Obama le está costando sacar adelante su agenda política: la Reforma de la Sanidad -convertida en ley an marzo de 2010- no está siendo implementada como el presidente querría y, peor aún, está siendo un lastre para la economía (restó 0,16pp al PIB del primer trimestre de 2014). La oposición republicana "carga" contra el presidente utilizando la reforma de la sanidad -que siempre polariza opiniones en América- como arma política arrojadiza. La reforma de la inmigración está parada en la Cámara de Representantes -con mayoría republicana, aunque fue aprobada en el Senado, que tiene mayoría simple demócrata. Obama quiere sacar adelante su política medioambiental, cuando aún puede hacerlo.

En política internacional el presidente está intentado involucrar lo menos posible a Estados Unidos en los conflictos de Siria, Iraq y Afganistán, porque su prioridad es consolidar la recuperación económica. Los estadounidenses no quieren que su país se inmiscuya en más guerras, como en la época de George Bush, aunque las tentaciones sean grandes.

En este contexto, sería fácil culpar a los malos datos económicos del primer trimestre de 2014 como causa de la mala imagen del presidente entre sus conciudadanos. Pero no es así, porque la creación de empleo es fuerte y estable, con una media mensual de 190.000 nuevos puestos de trabajo generados desde junio de 2009. Desde The Wall Street Journal a JP Morgan Chase, muchos coinciden en que el retroceso económico del -2,9% entre enero a marzo de este año, es solo un bache en el camino debido al mal tiempo, contracción de consumo privado y la inversión, aumento de las importaciones y descenso de las exportaciones. Las previsiones para el segundo trimestre, en cambio, son muy optimistas. También para el conjunto del año.

No, los problemas de imagen del presidente no se deben a su gestión de la economía, que está obteniendo buenos resultados, sino al cansancio de los cuidadanos-electores, que ya piensan en las elecciones de noviembre (mid-term elections) y, más aún, en las presidenciales de 2016, donde muchos ponen las esperanzas en una renovada Hillary Clinton, que aprovecha el lanzamiento de su libro para dar a conocer sus ideas políticas por todo el pais.

Imagen de Paula Satrustegui

Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

Imagen de Belén Alarcón

Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

Imagen de Enrique Borrajeros

Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

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Francisco Márquez de Prado, analizará activos y productos financieros, con sus ventajas e inconvenientes, para cada tipo de inversor.

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Íñigo Petit tratará temas relacionados con la evolución de la industria de fondos de inversión y planes de pensiones y aspectos relacionados con la educación financiera

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