EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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“El dato no tiene valor si no se convierte en un insight”, afirman los directores de tecnologías de la información (ahora llamados CIO, es decir, Chief Information Officer) de Banco Santander, El Corte Inglés y Prisa. Gracias a Dios, estudié inglés por mi cuenta con 23 años y ahora soy bilingüe, por lo que sé lo que significa la palabra “insight”, en inglés, y el sentido que le dan estos directivos en el Congreso tecnológico cloud Salesforce Essentials ante 4.500 empresarios y ejecutivos.

Un insight es un dato interpretado, contextualizado en el ámbito que corresponda (marketing, publicidad, ventas, negocio de empresas, estimación de voto electoral o “el dato de paro desestacionalizado”). Luego, un insight es un dato comprensible, que nos aporta información relevante para nuestra vida personal y profesional. El ejemplo del dato de paro desestacionalizado me gusta especialmente, porque se refiere a mi pasión, la economía y la sociología unidas. No es lo mismo saber la tasa de paro en febrero, cuando la campaña de Navidad ha terminado y las empresas de distribución no han renovado contratos temporales a cientos de miles de trabajadores eventuales, que en marzo/abril, cuando suele “caer” la Semana Santa, momento turístico álgido, cuando en España más se contrata, al igual que en el verano. He escogido un ejemplo tan obvio, como sencillo de entender: el dato a palo seco no sirve de nada, si no está dentro de un contexto, sea económico, empresarial o sociológico.

La cuestión, es que vivimos en la “era del dato”. Las tecnologías de la información (TIC) nos proveen de datos continuamente desde innumerables fuentes de información. Personas, familias, empresas, gobiernos…, reciben información en forma de muchísimos datos que hay que leer o estudiar, entender y, si es el caso, hacer algo con ellos. Esto aplica a la persona que quiere comprarse un apartamento y ha consultado los cientos de páginas web que proveen de información sobre el mercado inmobiliario; a la familia que piensa en el destino turístico para este verano en función de su nivel de renta y la felicidad de los niños; la pyme que tiene dudas sobre si contratar a un nuevo trabajador o no, porque no sabe si sus productos tendrán la necesaria demanda para ampliar el negocio; la gran empresa que necesita conocer a sus clientes, tanto si son millones (población general) como si son pocos (otras empresas de gran tamaño) para orientar su relación con ellos y poder ofrecerles las mejores soluciones y servicios, como dicen los expertos “de manera personalizada” (muchos dirían: “de manera customizada”, pero es expresión que, en palabras de un amigo mío, marqués y Grande de España, “es una ordinariez”). Y qué decir del sector público, en sus dos vertientes: la del gobierno de la nación, la comunidad autónoma o la corporación local, para lo que es necesario disponer de muchos datos y de distinta naturaleza; y el ámbito del conocimiento de la sociedad en que vivimos: demografía, niveles de renta, digitalización de la sociedad, relación digital con la Administración, envejecimiento de la población, actividad empresarial, creación y destrucción de empleo, etc). Sin estos datos, los ayuntamientos no podrían sacar pecho (Barcelona, Madrid) diciendo que son “ciudades inteligentes” (traducción para anglosajones: “Smart Cities”, que donde las dan, las toman)

Puede parecer obvio, pero durante siglos, todos hemos manejado datos de la mejor manera posible, aunque pudiere parecer pedestre. En España, el primer censo demográfico serio lo encargó el Rey Felipe II en 1578, cuentan Stanley Payne, Geoffrey Parker, Henry Kamen y John Elliot. Y cito a estos hispanistas, porque todos coinciden en que se trató del primer censo moderno y basado en encuesta del mundo. Tiene su mérito ser pionero (trail blazer, pionero, en inglés, concepto que escuché mucho en este congreso tecnológico al que asistí el 17 de mayo, organizado por Salesforce y con la presencia de cientos de empresas tecnológicas tanto proveedores como clientes), como lo fue en muchos aspectos Felipe II. El historiador Geoffrey Parker ha comparado el manejo de los flujos de información en el gobierno del imperio de Felipe II, con los del presidente de Estados Unidos como líder de la nación más poderosa de la tierra.

Vuelvo al principio: vivimos en un mundo en el que, personal y profesionalmente, todos estamos inundados de datos y deseamos que éstos tengan sentido. Las tres revoluciones industriales previas, desde la primera con la máquina de vapor, la segunda con la electricidad, la tercera con el ordenador, han dado lugar a una Cuarta Revolución Industrial, que tiene a la Digitalización de la Sociedad por objeto y, por tanto, a las tecnologías de la información (TIC) en el corazón de esta transformación.

Ha sido este uso muy intensivo de las TIC, en procesos internos y externos de las empresas, el que ha hecho de Telefónica la primera Telco digital de Europa, seguida por Vodafone, con una oferta integral convergente y con una fuerte aportación al crecimiento económico y la generación de empleo en España; quien ha convertido a CaixaBank en el banco digital más innovador del mundo, cada año, en los últimos seis años, (en el congreso Salesforce Essentials pude ver el caso de una entidad financiera más sencilla, Cajamar, porque el proceso imparable de la digitalización afectará a todas las empresas de todos los tamaños y sectores); El Corte Inglés -me quedó meridianamente claro tras escuchar a su director de informática- está volcado en el comercio electrónico, además de poner en valor sus centros comerciales, cada vez más tecnologizados. Los casos de liderazgo sectorial en Europa de Cellnex Telcom, de liderazgo mundial de Abertis y del sector de la energía en Gas Natural Fenosa, están directamente relacionados con el uso de las nuevas tecnologías que conforman, incipientemente, la Cuarta Revolución Industrial.

Hoy, esas soluciones tecnológicas son un galimatías que suenan a chino a cualquiera. Pero, con una sociedad como la española en que un 74% de hogares tiene ordenador con acceso a Internet y el 98% de las pymes disponen de banda ancha, más pronto que tarde, lo que yo aprendí en Salesforce Essentials serán lugares comunes para todos, en menos que canta un gallo. De hecho y, puesto que he publicado cuatro libros sobre la materia (Éxito con o sin crisis, Recuperación económica y grandes empresas, Innovación y éxito empresarial y Empresas y empresarios más exitosos) me he atrevido a hacer un ejercicio de traducción que sea útil para empresarios, directivos, ejecutivos, empleados, funcionarios, sea en gran empresa o pyme, se trate de autónomo o de servidor público. He aquí algunos ejemplos aprendidos de Salesforce, que traduzco para las personas normales de la calle como yo:

Sales Cloud: Vender con mayor inteligencia y rapidez con el sistema de CRM número uno del mundo. Service Cloud: Asistencia para todos los clientes. A cualquier hora. En cualquier lugar. Marketing Cloud: El futuro del marketing son las experiencias individuales de los clientes. Community Cloud: un nuevo concepto de participación de clientes, socios y empleados. Wave Analytics, Business analytics, cualquier dato, en cualquier dispositivo (a esto, muchos lo llaman Big Data, incluido el Instituto Nacional de Estadística o INE, que ya usan todas las grandes empresas españolas y el 15% de las pymes, según esta fuente pública de información). App Cloud: Crear aplicaciones rápido. Desarrollar el negocio aún más rápido. IoT Cloud: Reinventar el Internet de las Cosas.

La Agenda Digital del Gobierno, hoy en manos del ministro Álvaro Nadal, quiere extender a toda la comunidad empresarial (3,2 millones de empresas, según DIRCE de INE, enero 2017, 99,88%, pymes y autónomos) esos conceptos. La primera fase de la Agenda Digital culminó con éxito en 2015. La segunda, que termina en 2020, tiene por objeto que esa traducción de conceptos que he hecho de manera rudimentaria, sean lugares comunes no ya en Vodafone y Telefónica, IBM y HPE, Salesforce y Microsoft, Apple y Amazon, Sage y SAP, Cisco e Iecisa…, sino para el dueño del bar de la esquina o del taller de barrio, para digitalizar su contabilidad y poder ahorrar tiempo de trabajo y pasar más tiempo con la familia…, y ahorrar un dinerito para comprar chuches a los nietos.

jorge diaz cardielJorge Díaz-Cardiel. Socio director general de Advice Strategic Consultants. Economista, Sociólogo, Abogado, Historiador, Filósofo y Periodista. Ha sido Director General de Ipsos Public Affairs, Socio Director General de Brodeur Worldwide y de Porter Novelli International; director de ventas y marketing de Intel Corporation y Director de Relaciones con Inversores de Shandwick Consultants. Autor de más de miles de artículos de economía y relaciones internacionales, ha publicado una docena de libros, como Las empresas y empresarios más exitosos; Innovación y éxito empresarial; El legado de Obama; Hillary Clinton versus Trump: el duelo del siglo; La victoria de América; Éxito con o sin crisis; Recuperación Económica y Grandes Empresas; Obama y el liderazgo pragmático, La Reinvención de Obama, Contexto Económico, Empresarial y Social de la Pyme en España, entre otros. Es Premio Economía 1991 por las Cámaras de Comercio de España.

29 enero, 2014 | 18:08

“En resumen, es este espíritu el que ha hecho que la Nación Americana haya progresado. Es el espíritu de ciudadanía, de sentido de pertenencia: el reconocimiento de que, mediante el trabajo duro y la responsabilidad personal, podemos perseguir nuestros sueños individuales y, al mismo tiempo, confluir como una gran y única familia norteamericana, que garantice que la siguiente generación también pueda perseguir sus propios sueños”.

Éste es el contexto en el que el presidente Obama dio el 29 de enero de 2014 su Discurso sobre el Estado de la Unión. Es una llamada a la acción para seguir transformando Estados Unidos, no solo para la generación actual, sino también para la siguiente generación. Es un enfoque con ecos “kenedianos” (“not only peace for our time, but peace for all times”).

Como todos los imperios, el estadounidense tiene vocación, intención de permanencia. Y, como todos los imperios que no desean tener pies de barro, el norteamericano sabe que ha de tener muy sólidos fundamentos económicos. Por eso, el presidente Obama ha empezado su discurso hablando de la economía. Máxime, cuando sabe que a sus conciudadanos lo que más les ocupa y les preocupa es la economía. En la tercera semana de enero, el índice de confianza económica de Gallup mostraba su mejor registro en cinco años, al aumentar 13 puntos.

Obama comenzó su discurso recordando que, tras cinco años de recuperación económica, se han creado más de ocho millones de puestos de trabajo en los últimos cuatro años. El crecimiento del último trimestre de 2013, en términos PIB, fue del 4,1% y la tasa de paro ha descendido al 6,7%. Es mucho el camino que se ha recorrido –en sentido positivo-, desde que Obama tomó posesión por vez primera, en enero de 2009. Pero, para los estándares americanos, todo lo que no sea pleno empleo es poco menos que una hecatombe. Su mentalidad, su modelo productivo, su estilo de vida, el consumismo, la estructura del mercado de trabajo, la ética calvinista y protestante que alaban el trabajo esforzado, hacen que la sociedad americana esté siempre tensionada, estresada y aspirando siempre a algo más, a algo mejor.

Obama reclama la primacía económica mundial para Estados Unidos, destacando que su país es el primer destino de inversión mundial, y no China. El crecimiento económico estadounidense ha de basarse en unas cuantas premisas básicas: énfasis en la manufactura y la producción –especialmente en el sector tecnológico-, ayuda a las pyme, impulso a la exportación, utilización intensiva de las tecnologías de la información en la empresa, apuesta por la energía y aplicación de la reforma de la inmigración. Hay quien ha puesto el acento en que Obama ha dicho que va a gobernar usando sus poderes ejecutivos (por decreto ley); otros han afirmado que el discurso de Obama ha sido genérico, ambiguo y falto de sustancia. Ni lo uno, ni lo otro.

Desgranar más de hora de discurso supone identificar una hoja de ruta concreta de actuación gubernamental para 2014. Y, cuando Obama ha hecho referencia a sus poderes ejecutivos –sin olvidar que Norteamérica es un país “presidencialista”-, su intención era remover las conciencias de los congresistas y senadores republicanos que han estado boicoteando durante 2013 una buena parte de sus iniciativas políticas: desde la reforma de la inmigración, a la aprobación de un nuevo presupuesto federal, sin el cual, el gobierno tuvo que cerrar sus puertas quince días a mediados de octubre de 2013. Obama quiere liderar con el concurso del resto de la clase política, ya de por sí desprestigiada debido al obstruccionismo político que impide que “las cosas se muevan”. Obama es consciente de que es necesario reconstruir la confianza entre políticos y la población general. Y esto supone acción, más que palabras. Por eso, Obama ha definido 2014 como “un año para la acción”.

La reforma de la inmigración fue promesa electoral no cumplida en su primer mandato. El 78% de los hispanos-latinos (son ya el 13% del electorado, un punto por encima de los afro americanos) votó a Obama en 2008 y en 2012. Cincuenta millones de hispanos “legales” ansían ver cumplida la promesa de Obama, al igual que otros once millones de latinos “ilegales”, que trabajan, pero no pagan impuestos. En junio de 2013, senadores republicanos y demócratas alcanzaron un acuerdo para sacar adelante la reforma, pero los congresistas conservadores pararon la medida en la Cámara de Representantes. Según los cálculos de Obama, los beneficios de conceder un estatus legal a los 11 millones de latinos inmigrantes ilegales “consisten en una aportación de 1 trillón de dólares a lo largo de dos décadas en reducción del déficit público”. El incremento de la recaudación, mediante la actividad económica, pero sin aumentar los impuestos, es uno de los objetivos de Obama y, así, reducir el déficit de manera equilibrada.

Obama insistió mucho en la movilidad social, que ha sido siempre el fundamento del sueño americano. Sin embargo, en los últimos años, tanto los de la recuperación como en los previos de la crisis, se ha ensanchado la brecha de la desigualdad social, “puesto que los beneficios empresariales y la bolsa han subido, pero los salarios de los trabajadores han bajado: la gente, cada vez, tiene que trabajar más para conseguir menos cosas: esto está afectando negativamente a la clase media”. En esto, Obama se apoya mucho en estudios como los realizados por el premio nobel de Economía y ex asesor económico de Bill Clinton (“The Price of inequality” de Joseph Stiglitz). Para reducir diferencias entre ricos y pobres, Obama quiere aumentar el salario mínimo de los trabajadores públicos, por decreto ley, si es necesario.  El presidente quiere “honrar el valor del trabajo”, reconociendo de facto la igualdad de salarios para hombres y mujeres en trabajos de similares condiciones. Obama no es marxista: quiere elevar a la gente de abajo, sacándola de la pobreza, sin tirar por tierra a los que ya están arriba, buscando, eso sí, un cierto equilibrio, que se traduce en el fortalecimiento de la clase media.

Obama es consciente de que el índice de aprobación de su gestión es bajo (43,5%) y el índice de desaprobación es mayor (51,6%). Por estas fechas, su predecesor, George Bush, se encontraba en una situación peor, versus Bill Clinton, que mantuvo hasta que se supieron sus problemas extramaritales, unos muy altos niveles de popularidad. Por eso, Obama ha continuado poniendo énfasis en lo que importa a los americanos, la economía. El presidente ha explicado el papel que cumple la innovación como dinamizador económico. La energía ha de cumplir su papel, también: según Obama, “América, está más cerca que nunca de ser independiente desde el punto de vista energético”; Nixon, ya en 1969, se propuso este objetivo y, hoy, Obama lo ve más cerca gracias al gas natural propio, que reduce la dependencia del petróleo de países del Golfo Pérsico. El gas, además, contamina menos y es, por tanto, un elemento importante en la “lucha contra el cambio climático”.

El resto del discurso de Obama ha sido una declaración de intenciones de lo que quiere conseguir durante los tres próximos años. El presidente apuesta por la educación como instrumento para alcanzar la movilidad social. Obama quiere que los trabajadores puedan ahorrar para la jubilación. Desea una renovación del seguro de desempleo, para que no desincentive la búsqueda de trabajo. Obama otorga una enorme importancia a la formación para la fuerza de trabajo, haciéndola más productiva y competitiva, así como la educación para los jóvenes, como preparación esencial para el futuro: formación y educación no son en Estados Unidos peones de ajedrez de la política con minúsculas, sino puntas de lanza de la competitividad de la economía del conocimiento.

Obama quiere estimular la cooperación entre el gobierno, la universidad y la empresa privada en la generación de empleos de calidad en las tecnologías de la información. Con datos de la Reserva Federal, Obama – como Bill Clinton- puede afirmar que un empleo de manufactura en tecnologías de la información genera otros 16 de apoyo. La OCDE o el Informe de Competitividad de Davos avalan los mismos datos. Obama quiere que América siga siendo la primera potencia investigadora del planeta y que se siga inventando y produciendo tecnologías de la información en suelo americano. Esto lleva consigo un fuerte impulso a la gestión de infraestructuras, que manifiesta el grado de desarrollo de una economía y una sociedad. Y, también, el empuje a las superautopistas de la sociedad de la información, con la ayuda de empresas como Apple, Microsoft, Sprint y Verizon, y otras empresas privadas.

Obama ha dedicado poca atención a la política exterior o internacional. Ha dejado clara la “finalización de la guerra de Afganistán, este año” y la imperiosa necesidad del uso de la diplomacia, y no de la fuerza, con Irán, para impedir que el país persa desarrolle un arma nuclear que amenace tanto a sus aliados árabes (Jordania, Arabia Saudí) como a su principal amigo en Oriente Medio, Israel, cuya seguridad quiere garantizar. Citando a Kennedy, y a Reagan, que “negociaron con potencias muy superiores a Irán” (en referencia a la Unión Soviética), Obama quiere tener las manos libres para llegar a un acuerdo con Irán que impida su consecución de un arma nuclear. El evitar una guerra con Irán no solo será bueno para la economía –las guerras a largo plazo, en América, aumentan exponencialmente el déficit público, como pasó con Vietnam, Irak y Afganistán-, sino también para la estabilidad geopolítica mundial.

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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