EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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"Nunca te levantarás sin aprender algo nuevo cada día". Esto me ha sucedido a mí con Salesforce, con su evento mundial Dreamforce y, especialmente con su fundador y líder empresarial Marc Benioff. 32 años trabajando con y para empresas de todos los sectores como Telefónica, Vodafone, Orange, Santander, CaixaBank, Abertis, Gas Natural Fenosa, Hewlett-Packard (HPE y HP Inc) SAP, Oracle, Sage, Microsoft, El Corte Inglés, Eroski, Bankinter; Cellnex Telecom; Fundación Bancaria La Caixa, Intel, IBM, etc, dan perspectiva y muchísimo aprendizaje. 

De vez en cuando encuentras personas que te impresionan, por su carácter, liderazgo, virtudes humanas y profesionales, como me sucede con Isidre Fainé, presidente de La Fundación Bancaria La Caixa y de Gas Natural Fenosa. Isidre Fainé -y su director general, Jaume Giró- cree en un capitalismo humanista. Estudié -entre otras seis carreras universitarias- filosofía y, de santo Tomás de Aquino aprendí que capitalismo y justicia social (el "Aquinate", como se le llama en entornos filosóficos, no hablaba de filantropía) pueden y deben ir de la mano. Ya en el siglo XX, el Papa Juan Pablo II articuló la Doctrina Social de la Iglesia, nacida siglo y medio antes, con encíclicas como "De solicitudo rei socialis", "Centessimus annus" y otras. Un capitalismo que, obviamente, busque beneficios mediante una excelente gestión empresarial y que contribuya al bien de la sociedad. Eso es lo que he visto en Isidre Fainé, en la Fundación Bancaria La Caixa, en Jaume Giró y en CaixaBank, en Europa, puesto que la Fundación Bancaria La Caixa es la primera de Europa con más de 500 millones de euros de presupuesto anual dedicado a proyectos sociales.

Teniendo mi foco de negocio desde Advice Strategic Consultants y su Estudio Advice de Éxito Empresarial, entre otros muchos, en las empresas del IBEX-35 de todos los sectores, es lógico ponga énfasis en La Caixa, en Isidre Fainé y en "sus" empresas como Gas Natural Fenosa y CaixaBank. Pero vengo de una tradición -que mantengo- de haber trabajando para 733 empresas tecnológicas, TIC, en todos sus ámbitos: hardware, software, conectividad, Internet, en la Tercera Revolución Industrial, la de la Computación en los años noventa del siglo pasado. Viví y sufrí el crash de las Dot.com a principios del nuevo siglo. Yo mismo he trabajado como director general para empresas anglosajonas y norteamericanas relacionadas con las nuevas tecnologías, hoy, en el ámbito de la Cuarta Revolución Industrial o Digitalización, en que estoy cien por ciento zambullido: este año la empresa que dirijo ha realizado 101 estudios e informes sobre Digitalización Económica y Empresarial. Habiendo sido director general de Ipsos Public Affairs, Intel, Porter Novelli International, Brodeur Worldwide y Shandwick Consultants a lo largo de las tres últimas décadas, he conocido iniciativas de personas concretas en el sector tecnológico -el más importante en Estados Unidos, junto al financiero- a favor de esta unión del capitalismo y la filantropía. Es lo que me ha sucedido con Marc Benioff, líder empresarial de Salesforce y su fundador.

Reconozco que "no tengo el gusto de conocerle". Fui invitado por la compañía (Salesforce) a asistir a su evento mundial en mi tierra patria, Estados Unidos, en San Francisco, llamado Dreamforce, pero hube de declinar porque los acontecimientos en España exigían mi presencia cerca de las empresas del IBEX-35. Pero he visto los vídeos de las intervenciones de Marc Benioff y de dos amigos muy cercanos: Michelle Obama -ha aparecido en prensa, radio, TV e Internet cómo y cuándo nos conocimos, en agosto de 2010 en Marbella, habitando en el mismo hotel- de cuyo marido, Barack, he publicado seis libros y el actor e inversor en start-ups Ashton Kushner, hombre inteligente donde los haya. Había otros muchos ponentes de postín, como Virgina Rommetti, presidenta de IBM y la actriz Natalie Portman. Admiro a ambas, pero no las conozco.

La intervención de Marc Benioff me dejó impresionado. Insisto en que no he tenido interacción alguna con él. He conocido muy bien a tres presidentes en activo de Estados Unidos, pero no al presidente de Salesforce. Digo esto porque nadie piense que mis "compliments" a Marc Benioff son peloteo. Si la empresa, Salesforce, me invitó al evento -al que acudieron 171.000 personas- no creo que fuera por mi inexistente relación con su presidente, sino porque disfruto de la interacción con una audiencia (la palabra "seguidores" o "followers" no me gusta nada) de seis millones de personas, porque todos los días aparezco en medios como El País y Cinco Días, TVE, Telecinco, Cuatro TV o New York Times, L'Monde, y, así, hasta 30 medios internacionales. Mis dos últimos libros, recién publicados, "Trump, año uno" y "Digitalización y éxito empresarial" han recibido reviews positivos con más de 500 noticias de página entera o prensa, radio, TV e Internet: no "reseñas", sino críticas serias y extensas. Por tanto no me llamo a engaño: no soy periodista, pero, de haber acudido a Dreamforce en San Francisco, probablemente hubiera escrito en esos treinta medios con los que colaboro a diario acerca del evento. 

Al menos, he visto los videos de Dreamforce. De Michelle Obama y de Ashton Kushner..., ¿qué va a decir un amigo? Cosas buenas: inspiradores, motivadores, apasionados y con una idea clara y compartida sobre la unión entre capitalismo humanista (Isidre Fainé, Jaume Giró) y filantropía. 

Marc Benioff me sorprendió porque no habló de sí mismo durante las dos horas que duró su intervención. Habló de los asistentes, de los clientes -de los que había unos 200 españoles, como Liberty Seguros, Santander, IBM, etc-, de los empleados, hasta de la multitud de ONG's presentes, que fueron bastantes. Esta actitud y comportamiento me dicen que el señor Benioff cree en lo que dice sobre capitalismo y filantropía. Dirige una empresa muy exitosa, que está entre las primeras empresas de futuro del Fortune 100 (50) y que no ha parado de crecer rentablemente en apenas dos décadas de historia. Es pionera en cloud. Y todo lo que hace -sus soluciones y productos- son cloud, trátese de Marketing, Sales, Business Intelligence, Big Data, Internet de las Cosas (IoT), CRM, SCM, IA, etc. Esto ya de por sí es novedoso y empresas como Adidas -cuyo CEO acompañó a Marc Benioff en el estrado para contar su caso de éxito: el tipo vende a diario casi dos millones de zapatillas de deporte!- explicaron que la Inteligencia Artificial (Einstein) que les proporciona Salesforce convierte Adidas en una empresa aún más exitosa. Es solo un ejemplo.

Formidable la exposición de Benioff de su modelo filantrópico: Triple Uno; 1% del equity de la compañía; 1% del tiempo de los empleados; 1% de sus productos dedicados a causas sociales. Miles de empresas han adoptado este modelo, dijo Benioff y esto es particularmente en Estados Unidos -país más rico del mundo pero sin red social como la europea- o en países pobres de África donde no tienen nada.

Por tanto, aunque no acudí a Dreamforce -a pesar de haber sido invitado amablemente por Salesforce-, tras ver los vídeos de Marc Benioff, Michelle Obama y Ashton Kushner, etc; y recordarme a la filosofía de Isidre Fainé y la Fundación Bancaria La Caixa que aúna capitalismo y filantropía, me he decidido a escribir unas palabras sobre algo que vale la pena conocer. Benioff finalizó su exposición con su leit motif: "la finalidad de los negocios es hacer un mundo mejor".

Jorge Díaz Cardiel

Socio Director de Advice Strategic Consultants

Director del Estudio Advice de Éxito Empresarial

Autor de Trump, año uno y Digitalización y éxito empresarial

 

17 octubre, 2013 | 09:56

"Es hora de que el país mire hacia adelante". Con estas palabras, el presidente Obama quiso poner fin a la crisis vivida en Estados Unidos en las últimas dos semanas, con el cierre parcial del gobierno y la posibilidad de que Estados Unidos cayera en una suspensión de pagos, por vez primera en su historia. De hecho, tras firmar la ley que permite que el gobierno vuelva a disponer de fondos y que el límite del techo de gasto se extienda hasta el 7 de febrero, Obama ya ha puesto encima de la mesa sus prioridades para los próximos meses: quiere que se apruebe la reforma de la inmigración -promesa electoral- y que, para mediados de diciembre de 2013, republicanos y demócratas alcancen un acuerdo a largo plazo "sobre ingresos y gastos" que garantice que, durante los próximos diez años, el país no se gobierna "a golpe de crisis" y se acaba con la intertidumbre que atenaza las economía norteamericana y mundial cada vez que hay que aprobar un presupuesto anual o se acerca la fecha tope del techo de endeudamiento del Gobierno.

No hay que olvidar que ya son tres años en que se ha vivido una situación como la actual: en agosto de 2011, el Speaker of the House, John Boehner y el Presidente Obama alcanzaron un acuerdo en la undécima hora, en el último momento, para evitar el desastre. Ya entonces, la intertidumbre pasó factura a Estados Unidos: la agencia de calificación crediticia Standard & Poors rebajó un grado la triple A a la economía norteamericana. Ahora, tres años más tarde, ha sido Fitch quien ha puesto en vigilancia la calificación crediticia de Estados Unidos. En agosto de 2011 se acordaron los recortes de gasto público conocidos como "Sequestration" que, en caso de no haber acuerdo sobre el presupuesto y el límite de techo de deuda del gobierno federal, entrarían en vigor el 1 de marzo de este año. Como anticipamos a finales de 2012 en el diario Cinco Días, esos recortes entraron en vigor el 1 de marzo y, como consecuencia, tan solo en el ejercicio fiscal actual, casi 750.000 funcionarios han perdido su puesto de trabajo, se le ha restado medio punto (-0,5%) al crecimiento económico y programas esenciales del Gobierno -tanto sociales como en defensa- han sido recortados en su financiación. El acuerdo de la madrugada del 16 al 17 de octubre de 2013 no va a parar los recortes del gasto públicos iniciados con el Sequestration.

De hecho, a pesar del acuerdo alcanzado, una parte sustancial del mal, ya está hecho. El cierre parcial del gobierno -con cientos de miles de funcionarios sin trabajar ni cobrar- tiene efectos sobre el crecimiento económico. En el cuarto trimestre del año (T-4), el Producto Interior Bruto se verá mermado en un -0,3%, algo en lo que coinciden tanto S & P como las firmas de consultoría económica Macroeconomics Advisers y ADVICE Strategic Consultants. Las ganancias empresariales de firmas muy importantes en Wall Street se verán resentidas: más de 100 de las 500 empresas que componen el Índice S&P 500 ya han emitido profit warnings: es decir, avisan que ganarán menos debido al cierre parcial del gobierno durante los pasados dieciséis días. Puede que el Gobierno norteamericano no tenga un peso tan fuerte -en tamaño- como los gobiernos europeos, por ejemplo. Pero, en términos económicos, el gobierno estadounidense actúa como "multiplicador del crecimiento". Enteras industrias tienen una fuerte relación con el gobierno: las tecnologías de la información (Intel, Google, IBM, Microsoft, Hewlett-Packard, y tantas otras), la energía (petróleo, gas, electricidad, renovables), la gestión de infraestructuras, el turismo, las telecomunicaciones, la aviación y, por supuesto, DEFENSA (Boeing, Lockheed, entre otras). Si el gobierno no puede pagar nóminas, tampoco puede pagar proveedores y muchas de estas empresas son proveedoras del gobierno federal.

Todo este fiasco ha tenido un efecto directo en la confianza empresarial y en la de los consumidores. Las encuestas de la Reserva Federal y las del Tesoro dicen que la confianza de los empresarios -un índice que los economistas traducimos en algo tan concreto y tangible como la intención de las empresas de invertir- ha caído quince puntos desde que se inició la crisis actual. Y, tanto Gallup como la Universidad de Míchigan nos dicen que, en las dos primeras semanas de octubre de 2013, el índice de confianza de los consumidores ha caído casi 20 puntos, alcanzando su nivel más bajo desde el inicio de la crisis económica, y la quiebra de Lehman Brothers a mediados de septiembre de 2008. Que se resquebraje la confianza de los consumidores es esencial en una economía que, como la norteamericana, tiene un componente esencial en el consumo, porque supone el 71% de su Producto Interior Bruto.

Una incertidumbre similar se ha extendido en el sector de la construcción y en el mercado inmobiliario. Uno de los síntomas de la recuperación económica iniciada en Estados Unidos en junio de 2009 -además del crecimiento económico y la creación de empleo-, ha sido el aumento del número de transacciones de compraventa de viviendas y que el precio de la vivienda no ha parado de aumentar a un ratio del 12-15% cada trimestre desde junio de 2009. En Estados Unidos, como indica el Índice S&P-Case Shiller, que aumenten tanto las transacciones como el precio de la vivienda es una buena noticia porque es síntoma de recuperación económica. Otra cosa es que, como han puesto de relieve los estudios del recién premio Nobel de Economía, Shiller, haya que evitar la formación de burbujas en la fijación de los precios de los activos, en este caso, concretamente los inmobiliarios, como ya defendió en 2003 en su obra "Irrational Exuberance".

La incertidumbre ha afectado a los inversores en deuda pública norteamericana. China tiene en sus manos casi 1,3 trillones de dólares americanos en deuda pública extranjera, que supone en torno al 22,9% del total de deuda emitida. Si Estados Unidos no hubiera podido pagar a los inversores, la huída de inversiones hubiera sido mayúscula. El problema es que la tan sola posibilidad de que esto hubiera podido suceder, ha tenido un efecto muy negativo en la reputación y el prestigio de la economía americana como "valor seguro y valor refugio en el que invertir", como también lo es el dólar. En la lucha por la primacía económica y geopolítica mundial, China se frota las manos. El primer ministro chino declaró que "ya es hora de que se acabe la primacía económica norteamericana". Como si estuviéramos en los tiempos de la guerra fría, entonces Moscú, ahora, Beijing quieren disputar a Estados Unidos el liderazgo mundial. La crisis derivada de la falta de acuerdo hubiera sido desastrosa, para la economía mundial, sí, pero como se deduce de las declaraciones de Le Kiang, "a río revuelto, ganancia de pescadores", siendo, en este caso, los chinos quienes pescan.

El acuerdo alcanzado por el Senado y la Cámara de Representantes supone que el gobierno federal dispondrá de fondos hasta el 15 de enero y la fecha límite para el techo de endeudamiento del gobierno -hoy, en 16,7 trillones de dólares americanos- se extiende hasta el 7 de febrero. Es decir, no se ha resuelto el problema de fondo, sino que se ha ganado tiempo para, durante los próximos meses, seguir negociando. El presidente Obama lo ha dejado claro: quiere que para el 13 de diciembre haya un acuerdo bipartidista entre republicanos y democratas para que, durante la próxima década, "la cuestión de los ingresos -impuestos- y el gasto público, esté encauzada". Gobierne quien gobierne, Estados Unidos no puede estar cada año al borde del precipicio, sea fiscal, presupuestario o de deuda.

Sin embargo, ha habido acuerdo, aunque sea temporal y parcial. Los números son elocuentes: en el Senado han votado 81 senadores a favor y 18 lo han hecho en contra. Y hay que tener en cuenta que la mayoría demócrata en el senado es my exigua, lo que significa que muchos senadores republicanos han votado a favor del acuerdo. En la Cámara de Representantes, donde los republicanos tienen mayoría, han sido 285 los congresistas que han votado a favor y 144 lo han hecho en contra. Esto significa que ha habido disenso y división dentro de las filas republicanas. 87 congresistas republicanos han votado a favor; todos los demócratas (198) votaron a favor.

La gran cuestión es porqué los republicanos -o una parte importante de sus miembros en ambas cámaras- han votado a favor del acuerdo. La respuesta hay que entenderla en clave electoral. Y, en noviembre de 2014 habrá elecciones de mitad del segundo mandato de Obama. Las encuestas -las haga quien las haga, es decir, con independencia del signo político- penalizan a los republicanos porque la población les culpa por su actitud y comportamiento obstruccionistas. Ejemplos: una encuesta reciente del diario The Wall Street Journal -no sospechoso de ser simpatizante del presidente Obama- da como resultado que "el 53% de los norteamericanos culpa a los republicanos de la actual crisis presupuestaria y de poner en riesgo la economía del país". El tracking diario de ADVICE Strategic Consultants dice que el índice de aprobación de la gestión del presidente Obama pasa por mínimos históricos: está en el 43,9%. Pues bien, el del Congreso (Senado y Cámara de Representarntes) es aún mucho peor: un escaso 10%, con el 85% de los norteamericanos afirmando que están muy insatisfechos con la forma en senadores y congresistas hacen las cosas.

Es verdad que la sociedad norteamericana está muy dividida y polarizada. Muchos están en contra de la reforma de la sanidad que lleva el nombre de "Obamacare", aprobada por el Senado, la Cámara de Representates y la Casa Blanca en marzo de 2010. Pero que una parte pequeña -aun muy influyente- del partido republicano, compuesto por miembros del Tea Party haya hecho de la anulación de la reforma sanitaria de Obama la piedra angular del apalancamiento para sacar adelante el presupuesto federal para 2014 y ampliar la fecha límite del techo de deuda es algo que ha pasado factura -y muy cara- a los republicanos. Con su sistema electoral indirecto mediante delegados, un partido político no gobierna en Estados Unidos si no tiene un mínimo del 45% del favor de los votantes. Hoy, la estimación de voto para el partido republicano es del 30%. Ciertamente no todos los republicanos salen mal parados. Es muy probable que "paguen justos por pecadores" y que republicanos moderados sean penalizados por los votantes. En cambio, la minoría que representa al Tea Party saldría beneficiada en elecciones primarias republicanas, porque sus votantes premiarán a los candidatos más radicales. Esto será bueno para ellos, pero no para la gran mayoría de políticos republicanos. Las perspectivas electorales para un candidato demócrata presidencial en 2016 mejoran sustancialmente. Y la reforma sanitaria de Obama está para quedarse.

09 octubre, 2013 | 19:53

A la tercera va la vencida, dicen. En las páginas de este diario, Cinco Días, tanto a mediados de agosto, como a mitad del mes de septiembre de 2013, hicimos una apuesta clara porque Janet Yellen fuera elegida por el presidente Obama para suceder a Ben Bernanke al frente de la Reserva Federal (FED).

Parece que, por fin, Obama se ha decidido inequivocamente por apoyar a Yellen, convirtiendo su nombramiento en un hito histórico: será la primera mujer en presidir el Banco Central Estadounidense, el más poderoso e influyente del mundo (obvio: Estados Unidos es la primera economía del planeta), en cien años de Reserva Federal. Repito: ¡la primera mujer en presidir la FED en un siglo!

Además, desde que Paul Volcker dejó de ser presidente de la FED en 1987, la FED no había sido dirigida por un Demócrata. Tanto Alan Greenspan como Ben Bernanke son republicanos. Quizá este dato no sea tan significativo, puesto que los diversos dirigentes de la FED han trabajado de manera paralela, con presidentes que no siempre eran de su mismo partido político, y con quienes a veces no se entendían bien.

Paul Volcker era -es demócrata- y su prioridad fue luchar contra la inflación ("The Triumph of Persistence", septiembre de 2012). Trabajó con Reagan durante su primer mandato y parte del segundo. Tenían visiones distintas pero, como suele decirse comunmente, "se apañaron". Cuando Reagan decidió que, toda vez vencida la inflación, era hora de poner énfasis en el crecimiento económico y la creación de empleo, Volcker fue sustituido por el mucho más conservador (él se autodenomina "libertario") Alan Greenspan.

Greenspan explica en su segundo libro de memorias ("The Age of Turbulence", 2008) que Ronald Reagan no solo no entendía de economía, sino que tampoco quería aprender economía. Conclusión: Reagan multiplicó por tres el déficit público -en contra de sus dos promesas electorales, de las dos elecciones presidenciales que ganó-, y su sucesor (George Bush padre) hubo de romper su compromiso de no subir los impuestos (el famoso "Read my lips: I will not raise taxes" de la convención republicana de 1992, que le eligió candidato presidencial). Este incumplimiento de la palabra dada -y, por supuesto, otros muchos factores, como la aparición en escena de Ross Perot y la magnífica campaña de Bill Clinton- le costaron la reelección: Bush padre, gran fracaso, fue presidente de un solo mandato, aunque no fue un mal presidente.

Greenspan, eso sí, alaba a Clinton "como el mejor presidente en materia económica de la historia de América". Con Clinton se desregularon los mercados, el comercio mundial se expandió, conocimos el fenómeno de la globalización, aparició Internet y el comercio y las transacciones electrónicas... Estados Unidos creció en ocho años una media aritmética trimestral, del 3,5%, en Producto Interior Bruto, creando por el camino 22 millones de puestos de trabajo netos. Más aún, por vez primera en cuarenta años, Estados Unidos vivió cuatro años seguidos de superávit fiscal, que heredó George Bush.

Greenspan se llevó las manos a la cabeza cuando escuchó al vicepresidente Dick Cheney decir que "deficits do not matter", o, los déficits son inconsecuentes: las guerras de Afganistán e Irak costaron, cada una, un trillón de dólares americanos, en la década 2002-2012 (Joseph Stiglitz). Y estos déficits los ha heredado el presidente Obama: no son hechura suya, por tanto. Greenspan, firme creyente en las tecnologías de la información como aceleradoras de la productividad empresarial, dejó de presidir la FED en 2006 (19 años en el cargo) y le sustituyó, el también republicano, Ben Bernanke.

Bernanke es un estudioso de la Gran Depresión de 1929 y en su libro más reciente ("The FED and the financial crisis", abril, 2013) hace un repaso de la historia económica de Estados Unidos, correlacionándola con las decisiones en política monetaria de la Reserva Federal. Bernanke, republicano, ha trabajado a las órdenes de George Bush hijo, también republicano, y, más recientemente (2009-2013), con el presidente Obama, quien es, evidentemente, demócrata.

Obama ha sido el gran impulsor de los paquetes de estímulo ("Recovery Act" de febrero de 2009, 787 billones de dólares) que salvaron a los bancos, las aseguradoras y las automovilísticas, entre otros sectores agonizantes, en momentos en que la economía americana decrecía el 8% trimestral y, cada mes, el mercado de trabajo expulsaba la friolera de 800.000 empleados. En dos años (agosto de 2007-agosto de 2009) se destruyeron 8,5 millones de empleos. Sin la intervención decisiva de Obama en la economía -que tuvo la bendición de la Reserva Federal de Bernanke-, la economía americana se habría colapsado y, con ella, la de los países emergentes (China, India, Rusia y Brasil, además de México) y, por ende, la Unión Europea.

Desde la Reserva Federal, el republicano Bernanke ha optado por poner foco en estimular el crecimiento económico y la generación de empleo. Por eso, puso en marcha tres iniciativas de "relajación cuantitativa", con compras millonarias mensuales de deuda pública. El tercer programa de "Quantitative Easing" se inició en septiembre de 2012. Consiste en la compra de bonos del Tesoro y deuda hipotecaria por importe de 85.000 billones de dólares, cada mes. Los mercados de valores han bendecido esta política en los últimos doce meses. China, primer inversor del mundo en deuda pública norteamericana, sigue manteniendo un 22,9% del total de dicha deuda, por importe de casi 1,3 trillones de dólares.

El objetivo de Bernanke ha sido claro: quiere que, en 2016, la economía crezca el 3% y el desempleo haya bajado al 6,5% de la población activa. Por tanto, sigue manteniendo una política activa de bajos tipos de interés a corto plazo -que son los que la FED controla- y, hasta que no haya señales evidentes de que, crecimiento económico y empleo, van en la dirección adecuada, la FED va a mantener su relajación cuantitiva, como también anticipamos en Cinco Días a mediados de septiembre. Otra cosa es que, si la evolución de ambas variables -crecimiento económico y empleo- marca una tendencia suficientemente positiva, la FED, conforme anticipó Bernanke antes de verano, vaya paulatinamente reduciendo la compra de deuda pública, aunque no la hipotecaria, para no afectar negativamente al mercado de la vivienda o inmobiliario, que es uno de los ámbitos que ha dado más alegrías económicas a los norteamericanos.

Es muy probable que, si Janet Yellen es confirmada en el Senado, sea ella la que tenga que tomar ese tipo de decisiones, a partir de febrero de 2014. No ha hace falta insistir en sus credenciales. Ya dedicamos un largo artículo a este menester, en Cinco Días, a mediados de agosto pasado, cuando vivíamos en vivo y en directo, en Estados Unidos, los intentos de Larry Summers por mantenerse en la carrera para suceder a Bernanke. Summers "hizo lobby", intentó lo indecible por defender su posición. Incluso se decía -al menos, en Washington-, que el presidente ya había tomado la decisión de elegirle a él, porque le conocía mucho y le estaba agradecido por los servicios prestados al frente del Consejo Económico del Presidente, durante 2009 y 2010. Una mayoría de senadores demócratas y 500 economistas de prestigio, escribieron al presidente Obama, "exigiéndole" que eligiera a Janet Yellen, y descartara al ("arrogante y misógino") Summers. Yellen, mientras tanto, callaba.

Es judía. Es muy inteligente. Es una intelectual. Ha sido presidenta de la Reserva Federal de San Francisco. Profesora en Berkeley (California). Su tesis doctoral -Yale, 1971-, tiene por objeto "los costes y causas del desempleo", que es su obsesión: acabar con el desempleo, se entiende; por lo que, es altamente probable, sus políticas sean coherentes -que no continuistas- con las de Bernanke. Trabajó dos años en la Casa Blanca, asesorando a Bill Clinton, en el mismo Consejo Económico Asesor que, dicho sea de paso, creó Clinton y, con miembros distintos, han mantenido Bush hijo y Barack Obama.

Muchos inteligentes se entienden bien con otras personas inteligentes. Janet Yellen está casada con un premio Nobel de Economia (2001, George Akerlof) y su hijo, es también profesor de economía en Reino Unido. Es hija de una familia humilde, trabajadora, de Brooklyn: ha ascendido, conforme a lo que el presidente Obama llama "merecida meritocracia". Nadie le ha regalado nada; todo lo ha conseguido con esfuerzo, inteligencia, tesón y trabajo. Y puede que nos regale -ella- una de las presidencias de la Reserva Federal más gloriosas de las últimas décadas: la que consolide la recuperación económica en Estados Unidos y, por ende, la del resto del mundo.

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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