EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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“El dato no tiene valor si no se convierte en un insight”, afirman los directores de tecnologías de la información (ahora llamados CIO, es decir, Chief Information Officer) de Banco Santander, El Corte Inglés y Prisa. Gracias a Dios, estudié inglés por mi cuenta con 23 años y ahora soy bilingüe, por lo que sé lo que significa la palabra “insight”, en inglés, y el sentido que le dan estos directivos en el Congreso tecnológico cloud Salesforce Essentials ante 4.500 empresarios y ejecutivos.

Un insight es un dato interpretado, contextualizado en el ámbito que corresponda (marketing, publicidad, ventas, negocio de empresas, estimación de voto electoral o “el dato de paro desestacionalizado”). Luego, un insight es un dato comprensible, que nos aporta información relevante para nuestra vida personal y profesional. El ejemplo del dato de paro desestacionalizado me gusta especialmente, porque se refiere a mi pasión, la economía y la sociología unidas. No es lo mismo saber la tasa de paro en febrero, cuando la campaña de Navidad ha terminado y las empresas de distribución no han renovado contratos temporales a cientos de miles de trabajadores eventuales, que en marzo/abril, cuando suele “caer” la Semana Santa, momento turístico álgido, cuando en España más se contrata, al igual que en el verano. He escogido un ejemplo tan obvio, como sencillo de entender: el dato a palo seco no sirve de nada, si no está dentro de un contexto, sea económico, empresarial o sociológico.

La cuestión, es que vivimos en la “era del dato”. Las tecnologías de la información (TIC) nos proveen de datos continuamente desde innumerables fuentes de información. Personas, familias, empresas, gobiernos…, reciben información en forma de muchísimos datos que hay que leer o estudiar, entender y, si es el caso, hacer algo con ellos. Esto aplica a la persona que quiere comprarse un apartamento y ha consultado los cientos de páginas web que proveen de información sobre el mercado inmobiliario; a la familia que piensa en el destino turístico para este verano en función de su nivel de renta y la felicidad de los niños; la pyme que tiene dudas sobre si contratar a un nuevo trabajador o no, porque no sabe si sus productos tendrán la necesaria demanda para ampliar el negocio; la gran empresa que necesita conocer a sus clientes, tanto si son millones (población general) como si son pocos (otras empresas de gran tamaño) para orientar su relación con ellos y poder ofrecerles las mejores soluciones y servicios, como dicen los expertos “de manera personalizada” (muchos dirían: “de manera customizada”, pero es expresión que, en palabras de un amigo mío, marqués y Grande de España, “es una ordinariez”). Y qué decir del sector público, en sus dos vertientes: la del gobierno de la nación, la comunidad autónoma o la corporación local, para lo que es necesario disponer de muchos datos y de distinta naturaleza; y el ámbito del conocimiento de la sociedad en que vivimos: demografía, niveles de renta, digitalización de la sociedad, relación digital con la Administración, envejecimiento de la población, actividad empresarial, creación y destrucción de empleo, etc). Sin estos datos, los ayuntamientos no podrían sacar pecho (Barcelona, Madrid) diciendo que son “ciudades inteligentes” (traducción para anglosajones: “Smart Cities”, que donde las dan, las toman)

Puede parecer obvio, pero durante siglos, todos hemos manejado datos de la mejor manera posible, aunque pudiere parecer pedestre. En España, el primer censo demográfico serio lo encargó el Rey Felipe II en 1578, cuentan Stanley Payne, Geoffrey Parker, Henry Kamen y John Elliot. Y cito a estos hispanistas, porque todos coinciden en que se trató del primer censo moderno y basado en encuesta del mundo. Tiene su mérito ser pionero (trail blazer, pionero, en inglés, concepto que escuché mucho en este congreso tecnológico al que asistí el 17 de mayo, organizado por Salesforce y con la presencia de cientos de empresas tecnológicas tanto proveedores como clientes), como lo fue en muchos aspectos Felipe II. El historiador Geoffrey Parker ha comparado el manejo de los flujos de información en el gobierno del imperio de Felipe II, con los del presidente de Estados Unidos como líder de la nación más poderosa de la tierra.

Vuelvo al principio: vivimos en un mundo en el que, personal y profesionalmente, todos estamos inundados de datos y deseamos que éstos tengan sentido. Las tres revoluciones industriales previas, desde la primera con la máquina de vapor, la segunda con la electricidad, la tercera con el ordenador, han dado lugar a una Cuarta Revolución Industrial, que tiene a la Digitalización de la Sociedad por objeto y, por tanto, a las tecnologías de la información (TIC) en el corazón de esta transformación.

Ha sido este uso muy intensivo de las TIC, en procesos internos y externos de las empresas, el que ha hecho de Telefónica la primera Telco digital de Europa, seguida por Vodafone, con una oferta integral convergente y con una fuerte aportación al crecimiento económico y la generación de empleo en España; quien ha convertido a CaixaBank en el banco digital más innovador del mundo, cada año, en los últimos seis años, (en el congreso Salesforce Essentials pude ver el caso de una entidad financiera más sencilla, Cajamar, porque el proceso imparable de la digitalización afectará a todas las empresas de todos los tamaños y sectores); El Corte Inglés -me quedó meridianamente claro tras escuchar a su director de informática- está volcado en el comercio electrónico, además de poner en valor sus centros comerciales, cada vez más tecnologizados. Los casos de liderazgo sectorial en Europa de Cellnex Telcom, de liderazgo mundial de Abertis y del sector de la energía en Gas Natural Fenosa, están directamente relacionados con el uso de las nuevas tecnologías que conforman, incipientemente, la Cuarta Revolución Industrial.

Hoy, esas soluciones tecnológicas son un galimatías que suenan a chino a cualquiera. Pero, con una sociedad como la española en que un 74% de hogares tiene ordenador con acceso a Internet y el 98% de las pymes disponen de banda ancha, más pronto que tarde, lo que yo aprendí en Salesforce Essentials serán lugares comunes para todos, en menos que canta un gallo. De hecho y, puesto que he publicado cuatro libros sobre la materia (Éxito con o sin crisis, Recuperación económica y grandes empresas, Innovación y éxito empresarial y Empresas y empresarios más exitosos) me he atrevido a hacer un ejercicio de traducción que sea útil para empresarios, directivos, ejecutivos, empleados, funcionarios, sea en gran empresa o pyme, se trate de autónomo o de servidor público. He aquí algunos ejemplos aprendidos de Salesforce, que traduzco para las personas normales de la calle como yo:

Sales Cloud: Vender con mayor inteligencia y rapidez con el sistema de CRM número uno del mundo. Service Cloud: Asistencia para todos los clientes. A cualquier hora. En cualquier lugar. Marketing Cloud: El futuro del marketing son las experiencias individuales de los clientes. Community Cloud: un nuevo concepto de participación de clientes, socios y empleados. Wave Analytics, Business analytics, cualquier dato, en cualquier dispositivo (a esto, muchos lo llaman Big Data, incluido el Instituto Nacional de Estadística o INE, que ya usan todas las grandes empresas españolas y el 15% de las pymes, según esta fuente pública de información). App Cloud: Crear aplicaciones rápido. Desarrollar el negocio aún más rápido. IoT Cloud: Reinventar el Internet de las Cosas.

La Agenda Digital del Gobierno, hoy en manos del ministro Álvaro Nadal, quiere extender a toda la comunidad empresarial (3,2 millones de empresas, según DIRCE de INE, enero 2017, 99,88%, pymes y autónomos) esos conceptos. La primera fase de la Agenda Digital culminó con éxito en 2015. La segunda, que termina en 2020, tiene por objeto que esa traducción de conceptos que he hecho de manera rudimentaria, sean lugares comunes no ya en Vodafone y Telefónica, IBM y HPE, Salesforce y Microsoft, Apple y Amazon, Sage y SAP, Cisco e Iecisa…, sino para el dueño del bar de la esquina o del taller de barrio, para digitalizar su contabilidad y poder ahorrar tiempo de trabajo y pasar más tiempo con la familia…, y ahorrar un dinerito para comprar chuches a los nietos.

jorge diaz cardielJorge Díaz-Cardiel. Socio director general de Advice Strategic Consultants. Economista, Sociólogo, Abogado, Historiador, Filósofo y Periodista. Ha sido Director General de Ipsos Public Affairs, Socio Director General de Brodeur Worldwide y de Porter Novelli International; director de ventas y marketing de Intel Corporation y Director de Relaciones con Inversores de Shandwick Consultants. Autor de más de miles de artículos de economía y relaciones internacionales, ha publicado una docena de libros, como Las empresas y empresarios más exitosos; Innovación y éxito empresarial; El legado de Obama; Hillary Clinton versus Trump: el duelo del siglo; La victoria de América; Éxito con o sin crisis; Recuperación Económica y Grandes Empresas; Obama y el liderazgo pragmático, La Reinvención de Obama, Contexto Económico, Empresarial y Social de la Pyme en España, entre otros. Es Premio Economía 1991 por las Cámaras de Comercio de España.

17 octubre, 2013 | 09:56

"Es hora de que el país mire hacia adelante". Con estas palabras, el presidente Obama quiso poner fin a la crisis vivida en Estados Unidos en las últimas dos semanas, con el cierre parcial del gobierno y la posibilidad de que Estados Unidos cayera en una suspensión de pagos, por vez primera en su historia. De hecho, tras firmar la ley que permite que el gobierno vuelva a disponer de fondos y que el límite del techo de gasto se extienda hasta el 7 de febrero, Obama ya ha puesto encima de la mesa sus prioridades para los próximos meses: quiere que se apruebe la reforma de la inmigración -promesa electoral- y que, para mediados de diciembre de 2013, republicanos y demócratas alcancen un acuerdo a largo plazo "sobre ingresos y gastos" que garantice que, durante los próximos diez años, el país no se gobierna "a golpe de crisis" y se acaba con la intertidumbre que atenaza las economía norteamericana y mundial cada vez que hay que aprobar un presupuesto anual o se acerca la fecha tope del techo de endeudamiento del Gobierno.

No hay que olvidar que ya son tres años en que se ha vivido una situación como la actual: en agosto de 2011, el Speaker of the House, John Boehner y el Presidente Obama alcanzaron un acuerdo en la undécima hora, en el último momento, para evitar el desastre. Ya entonces, la intertidumbre pasó factura a Estados Unidos: la agencia de calificación crediticia Standard & Poors rebajó un grado la triple A a la economía norteamericana. Ahora, tres años más tarde, ha sido Fitch quien ha puesto en vigilancia la calificación crediticia de Estados Unidos. En agosto de 2011 se acordaron los recortes de gasto público conocidos como "Sequestration" que, en caso de no haber acuerdo sobre el presupuesto y el límite de techo de deuda del gobierno federal, entrarían en vigor el 1 de marzo de este año. Como anticipamos a finales de 2012 en el diario Cinco Días, esos recortes entraron en vigor el 1 de marzo y, como consecuencia, tan solo en el ejercicio fiscal actual, casi 750.000 funcionarios han perdido su puesto de trabajo, se le ha restado medio punto (-0,5%) al crecimiento económico y programas esenciales del Gobierno -tanto sociales como en defensa- han sido recortados en su financiación. El acuerdo de la madrugada del 16 al 17 de octubre de 2013 no va a parar los recortes del gasto públicos iniciados con el Sequestration.

De hecho, a pesar del acuerdo alcanzado, una parte sustancial del mal, ya está hecho. El cierre parcial del gobierno -con cientos de miles de funcionarios sin trabajar ni cobrar- tiene efectos sobre el crecimiento económico. En el cuarto trimestre del año (T-4), el Producto Interior Bruto se verá mermado en un -0,3%, algo en lo que coinciden tanto S & P como las firmas de consultoría económica Macroeconomics Advisers y ADVICE Strategic Consultants. Las ganancias empresariales de firmas muy importantes en Wall Street se verán resentidas: más de 100 de las 500 empresas que componen el Índice S&P 500 ya han emitido profit warnings: es decir, avisan que ganarán menos debido al cierre parcial del gobierno durante los pasados dieciséis días. Puede que el Gobierno norteamericano no tenga un peso tan fuerte -en tamaño- como los gobiernos europeos, por ejemplo. Pero, en términos económicos, el gobierno estadounidense actúa como "multiplicador del crecimiento". Enteras industrias tienen una fuerte relación con el gobierno: las tecnologías de la información (Intel, Google, IBM, Microsoft, Hewlett-Packard, y tantas otras), la energía (petróleo, gas, electricidad, renovables), la gestión de infraestructuras, el turismo, las telecomunicaciones, la aviación y, por supuesto, DEFENSA (Boeing, Lockheed, entre otras). Si el gobierno no puede pagar nóminas, tampoco puede pagar proveedores y muchas de estas empresas son proveedoras del gobierno federal.

Todo este fiasco ha tenido un efecto directo en la confianza empresarial y en la de los consumidores. Las encuestas de la Reserva Federal y las del Tesoro dicen que la confianza de los empresarios -un índice que los economistas traducimos en algo tan concreto y tangible como la intención de las empresas de invertir- ha caído quince puntos desde que se inició la crisis actual. Y, tanto Gallup como la Universidad de Míchigan nos dicen que, en las dos primeras semanas de octubre de 2013, el índice de confianza de los consumidores ha caído casi 20 puntos, alcanzando su nivel más bajo desde el inicio de la crisis económica, y la quiebra de Lehman Brothers a mediados de septiembre de 2008. Que se resquebraje la confianza de los consumidores es esencial en una economía que, como la norteamericana, tiene un componente esencial en el consumo, porque supone el 71% de su Producto Interior Bruto.

Una incertidumbre similar se ha extendido en el sector de la construcción y en el mercado inmobiliario. Uno de los síntomas de la recuperación económica iniciada en Estados Unidos en junio de 2009 -además del crecimiento económico y la creación de empleo-, ha sido el aumento del número de transacciones de compraventa de viviendas y que el precio de la vivienda no ha parado de aumentar a un ratio del 12-15% cada trimestre desde junio de 2009. En Estados Unidos, como indica el Índice S&P-Case Shiller, que aumenten tanto las transacciones como el precio de la vivienda es una buena noticia porque es síntoma de recuperación económica. Otra cosa es que, como han puesto de relieve los estudios del recién premio Nobel de Economía, Shiller, haya que evitar la formación de burbujas en la fijación de los precios de los activos, en este caso, concretamente los inmobiliarios, como ya defendió en 2003 en su obra "Irrational Exuberance".

La incertidumbre ha afectado a los inversores en deuda pública norteamericana. China tiene en sus manos casi 1,3 trillones de dólares americanos en deuda pública extranjera, que supone en torno al 22,9% del total de deuda emitida. Si Estados Unidos no hubiera podido pagar a los inversores, la huída de inversiones hubiera sido mayúscula. El problema es que la tan sola posibilidad de que esto hubiera podido suceder, ha tenido un efecto muy negativo en la reputación y el prestigio de la economía americana como "valor seguro y valor refugio en el que invertir", como también lo es el dólar. En la lucha por la primacía económica y geopolítica mundial, China se frota las manos. El primer ministro chino declaró que "ya es hora de que se acabe la primacía económica norteamericana". Como si estuviéramos en los tiempos de la guerra fría, entonces Moscú, ahora, Beijing quieren disputar a Estados Unidos el liderazgo mundial. La crisis derivada de la falta de acuerdo hubiera sido desastrosa, para la economía mundial, sí, pero como se deduce de las declaraciones de Le Kiang, "a río revuelto, ganancia de pescadores", siendo, en este caso, los chinos quienes pescan.

El acuerdo alcanzado por el Senado y la Cámara de Representantes supone que el gobierno federal dispondrá de fondos hasta el 15 de enero y la fecha límite para el techo de endeudamiento del gobierno -hoy, en 16,7 trillones de dólares americanos- se extiende hasta el 7 de febrero. Es decir, no se ha resuelto el problema de fondo, sino que se ha ganado tiempo para, durante los próximos meses, seguir negociando. El presidente Obama lo ha dejado claro: quiere que para el 13 de diciembre haya un acuerdo bipartidista entre republicanos y democratas para que, durante la próxima década, "la cuestión de los ingresos -impuestos- y el gasto público, esté encauzada". Gobierne quien gobierne, Estados Unidos no puede estar cada año al borde del precipicio, sea fiscal, presupuestario o de deuda.

Sin embargo, ha habido acuerdo, aunque sea temporal y parcial. Los números son elocuentes: en el Senado han votado 81 senadores a favor y 18 lo han hecho en contra. Y hay que tener en cuenta que la mayoría demócrata en el senado es my exigua, lo que significa que muchos senadores republicanos han votado a favor del acuerdo. En la Cámara de Representantes, donde los republicanos tienen mayoría, han sido 285 los congresistas que han votado a favor y 144 lo han hecho en contra. Esto significa que ha habido disenso y división dentro de las filas republicanas. 87 congresistas republicanos han votado a favor; todos los demócratas (198) votaron a favor.

La gran cuestión es porqué los republicanos -o una parte importante de sus miembros en ambas cámaras- han votado a favor del acuerdo. La respuesta hay que entenderla en clave electoral. Y, en noviembre de 2014 habrá elecciones de mitad del segundo mandato de Obama. Las encuestas -las haga quien las haga, es decir, con independencia del signo político- penalizan a los republicanos porque la población les culpa por su actitud y comportamiento obstruccionistas. Ejemplos: una encuesta reciente del diario The Wall Street Journal -no sospechoso de ser simpatizante del presidente Obama- da como resultado que "el 53% de los norteamericanos culpa a los republicanos de la actual crisis presupuestaria y de poner en riesgo la economía del país". El tracking diario de ADVICE Strategic Consultants dice que el índice de aprobación de la gestión del presidente Obama pasa por mínimos históricos: está en el 43,9%. Pues bien, el del Congreso (Senado y Cámara de Representarntes) es aún mucho peor: un escaso 10%, con el 85% de los norteamericanos afirmando que están muy insatisfechos con la forma en senadores y congresistas hacen las cosas.

Es verdad que la sociedad norteamericana está muy dividida y polarizada. Muchos están en contra de la reforma de la sanidad que lleva el nombre de "Obamacare", aprobada por el Senado, la Cámara de Representates y la Casa Blanca en marzo de 2010. Pero que una parte pequeña -aun muy influyente- del partido republicano, compuesto por miembros del Tea Party haya hecho de la anulación de la reforma sanitaria de Obama la piedra angular del apalancamiento para sacar adelante el presupuesto federal para 2014 y ampliar la fecha límite del techo de deuda es algo que ha pasado factura -y muy cara- a los republicanos. Con su sistema electoral indirecto mediante delegados, un partido político no gobierna en Estados Unidos si no tiene un mínimo del 45% del favor de los votantes. Hoy, la estimación de voto para el partido republicano es del 30%. Ciertamente no todos los republicanos salen mal parados. Es muy probable que "paguen justos por pecadores" y que republicanos moderados sean penalizados por los votantes. En cambio, la minoría que representa al Tea Party saldría beneficiada en elecciones primarias republicanas, porque sus votantes premiarán a los candidatos más radicales. Esto será bueno para ellos, pero no para la gran mayoría de políticos republicanos. Las perspectivas electorales para un candidato demócrata presidencial en 2016 mejoran sustancialmente. Y la reforma sanitaria de Obama está para quedarse.

09 octubre, 2013 | 19:53

A la tercera va la vencida, dicen. En las páginas de este diario, Cinco Días, tanto a mediados de agosto, como a mitad del mes de septiembre de 2013, hicimos una apuesta clara porque Janet Yellen fuera elegida por el presidente Obama para suceder a Ben Bernanke al frente de la Reserva Federal (FED).

Parece que, por fin, Obama se ha decidido inequivocamente por apoyar a Yellen, convirtiendo su nombramiento en un hito histórico: será la primera mujer en presidir el Banco Central Estadounidense, el más poderoso e influyente del mundo (obvio: Estados Unidos es la primera economía del planeta), en cien años de Reserva Federal. Repito: ¡la primera mujer en presidir la FED en un siglo!

Además, desde que Paul Volcker dejó de ser presidente de la FED en 1987, la FED no había sido dirigida por un Demócrata. Tanto Alan Greenspan como Ben Bernanke son republicanos. Quizá este dato no sea tan significativo, puesto que los diversos dirigentes de la FED han trabajado de manera paralela, con presidentes que no siempre eran de su mismo partido político, y con quienes a veces no se entendían bien.

Paul Volcker era -es demócrata- y su prioridad fue luchar contra la inflación ("The Triumph of Persistence", septiembre de 2012). Trabajó con Reagan durante su primer mandato y parte del segundo. Tenían visiones distintas pero, como suele decirse comunmente, "se apañaron". Cuando Reagan decidió que, toda vez vencida la inflación, era hora de poner énfasis en el crecimiento económico y la creación de empleo, Volcker fue sustituido por el mucho más conservador (él se autodenomina "libertario") Alan Greenspan.

Greenspan explica en su segundo libro de memorias ("The Age of Turbulence", 2008) que Ronald Reagan no solo no entendía de economía, sino que tampoco quería aprender economía. Conclusión: Reagan multiplicó por tres el déficit público -en contra de sus dos promesas electorales, de las dos elecciones presidenciales que ganó-, y su sucesor (George Bush padre) hubo de romper su compromiso de no subir los impuestos (el famoso "Read my lips: I will not raise taxes" de la convención republicana de 1992, que le eligió candidato presidencial). Este incumplimiento de la palabra dada -y, por supuesto, otros muchos factores, como la aparición en escena de Ross Perot y la magnífica campaña de Bill Clinton- le costaron la reelección: Bush padre, gran fracaso, fue presidente de un solo mandato, aunque no fue un mal presidente.

Greenspan, eso sí, alaba a Clinton "como el mejor presidente en materia económica de la historia de América". Con Clinton se desregularon los mercados, el comercio mundial se expandió, conocimos el fenómeno de la globalización, aparició Internet y el comercio y las transacciones electrónicas... Estados Unidos creció en ocho años una media aritmética trimestral, del 3,5%, en Producto Interior Bruto, creando por el camino 22 millones de puestos de trabajo netos. Más aún, por vez primera en cuarenta años, Estados Unidos vivió cuatro años seguidos de superávit fiscal, que heredó George Bush.

Greenspan se llevó las manos a la cabeza cuando escuchó al vicepresidente Dick Cheney decir que "deficits do not matter", o, los déficits son inconsecuentes: las guerras de Afganistán e Irak costaron, cada una, un trillón de dólares americanos, en la década 2002-2012 (Joseph Stiglitz). Y estos déficits los ha heredado el presidente Obama: no son hechura suya, por tanto. Greenspan, firme creyente en las tecnologías de la información como aceleradoras de la productividad empresarial, dejó de presidir la FED en 2006 (19 años en el cargo) y le sustituyó, el también republicano, Ben Bernanke.

Bernanke es un estudioso de la Gran Depresión de 1929 y en su libro más reciente ("The FED and the financial crisis", abril, 2013) hace un repaso de la historia económica de Estados Unidos, correlacionándola con las decisiones en política monetaria de la Reserva Federal. Bernanke, republicano, ha trabajado a las órdenes de George Bush hijo, también republicano, y, más recientemente (2009-2013), con el presidente Obama, quien es, evidentemente, demócrata.

Obama ha sido el gran impulsor de los paquetes de estímulo ("Recovery Act" de febrero de 2009, 787 billones de dólares) que salvaron a los bancos, las aseguradoras y las automovilísticas, entre otros sectores agonizantes, en momentos en que la economía americana decrecía el 8% trimestral y, cada mes, el mercado de trabajo expulsaba la friolera de 800.000 empleados. En dos años (agosto de 2007-agosto de 2009) se destruyeron 8,5 millones de empleos. Sin la intervención decisiva de Obama en la economía -que tuvo la bendición de la Reserva Federal de Bernanke-, la economía americana se habría colapsado y, con ella, la de los países emergentes (China, India, Rusia y Brasil, además de México) y, por ende, la Unión Europea.

Desde la Reserva Federal, el republicano Bernanke ha optado por poner foco en estimular el crecimiento económico y la generación de empleo. Por eso, puso en marcha tres iniciativas de "relajación cuantitativa", con compras millonarias mensuales de deuda pública. El tercer programa de "Quantitative Easing" se inició en septiembre de 2012. Consiste en la compra de bonos del Tesoro y deuda hipotecaria por importe de 85.000 billones de dólares, cada mes. Los mercados de valores han bendecido esta política en los últimos doce meses. China, primer inversor del mundo en deuda pública norteamericana, sigue manteniendo un 22,9% del total de dicha deuda, por importe de casi 1,3 trillones de dólares.

El objetivo de Bernanke ha sido claro: quiere que, en 2016, la economía crezca el 3% y el desempleo haya bajado al 6,5% de la población activa. Por tanto, sigue manteniendo una política activa de bajos tipos de interés a corto plazo -que son los que la FED controla- y, hasta que no haya señales evidentes de que, crecimiento económico y empleo, van en la dirección adecuada, la FED va a mantener su relajación cuantitiva, como también anticipamos en Cinco Días a mediados de septiembre. Otra cosa es que, si la evolución de ambas variables -crecimiento económico y empleo- marca una tendencia suficientemente positiva, la FED, conforme anticipó Bernanke antes de verano, vaya paulatinamente reduciendo la compra de deuda pública, aunque no la hipotecaria, para no afectar negativamente al mercado de la vivienda o inmobiliario, que es uno de los ámbitos que ha dado más alegrías económicas a los norteamericanos.

Es muy probable que, si Janet Yellen es confirmada en el Senado, sea ella la que tenga que tomar ese tipo de decisiones, a partir de febrero de 2014. No ha hace falta insistir en sus credenciales. Ya dedicamos un largo artículo a este menester, en Cinco Días, a mediados de agosto pasado, cuando vivíamos en vivo y en directo, en Estados Unidos, los intentos de Larry Summers por mantenerse en la carrera para suceder a Bernanke. Summers "hizo lobby", intentó lo indecible por defender su posición. Incluso se decía -al menos, en Washington-, que el presidente ya había tomado la decisión de elegirle a él, porque le conocía mucho y le estaba agradecido por los servicios prestados al frente del Consejo Económico del Presidente, durante 2009 y 2010. Una mayoría de senadores demócratas y 500 economistas de prestigio, escribieron al presidente Obama, "exigiéndole" que eligiera a Janet Yellen, y descartara al ("arrogante y misógino") Summers. Yellen, mientras tanto, callaba.

Es judía. Es muy inteligente. Es una intelectual. Ha sido presidenta de la Reserva Federal de San Francisco. Profesora en Berkeley (California). Su tesis doctoral -Yale, 1971-, tiene por objeto "los costes y causas del desempleo", que es su obsesión: acabar con el desempleo, se entiende; por lo que, es altamente probable, sus políticas sean coherentes -que no continuistas- con las de Bernanke. Trabajó dos años en la Casa Blanca, asesorando a Bill Clinton, en el mismo Consejo Económico Asesor que, dicho sea de paso, creó Clinton y, con miembros distintos, han mantenido Bush hijo y Barack Obama.

Muchos inteligentes se entienden bien con otras personas inteligentes. Janet Yellen está casada con un premio Nobel de Economia (2001, George Akerlof) y su hijo, es también profesor de economía en Reino Unido. Es hija de una familia humilde, trabajadora, de Brooklyn: ha ascendido, conforme a lo que el presidente Obama llama "merecida meritocracia". Nadie le ha regalado nada; todo lo ha conseguido con esfuerzo, inteligencia, tesón y trabajo. Y puede que nos regale -ella- una de las presidencias de la Reserva Federal más gloriosas de las últimas décadas: la que consolide la recuperación económica en Estados Unidos y, por ende, la del resto del mundo.

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