EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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En "Money and Power: How Goldman Sachs Came to Rule the World", William Cohan defiende que Goldman Sachs es la organización (banco, secta, amigos, poder, lo que quiera que sea) más poderosa del mundo. Curioso que, desde que Bill Clinton fue presidente, casi todos los secretarios del Tesoro a lo largo de 25 años, provengan de Goldman Sachs. El actual, también: Steve Mnuchin.

Steve Mnuchin es un candidato típico para el puesto de secretario del Tesoro. Como dos de sus últimos siete predecesores  escaló las filas en Goldman Sachs. En la década de 2000 trabajó brevemente para George Soros. (En vísperas de la elección, Soros apareció junto a Lloyd Blankfein, CEO de Goldman, como blanco de un ataque de Donald Trump a la "estructura de poder global".) Cuando la noticia de la nominación del Sr. Mnuchin se hizo pública, habló sobriamente en CNBC, de la necesidad de reformar el código tributario.

Sin embargo, Mnuchin es un candidato bastante poco convencional. En los últimos años ha intercambiado fondos para películas. Su compañía de entretenimiento, en colaboración primero con Fox y más tarde con Warner Bros, ha producido éxitos de taquilla como "Avatar" y "Gravity". En su último intento, un drama romántico sobre Hollywood de los años 50, Mnuchin incluso hace una aparición en un cameo.

Mnuchin ha dedicado tiempo a financiar la costa oeste. En 2009 él y otros inversores compraron IndyMac, un banco fallido de California. Renombrado OneWest, el banco se adjudicó a los prestatarios hipotecarios incumplimiento la ley, de acuerdo con sus críticos, dando lugar a varias demandas.

Si el Senado confirma su nombramiento,  Mnuchin se enfrentará a tres retos principales en el cargo. El primero será conseguir que la política fiscal de Trump sea correcta. Durante la campaña, Trump propuso reducciones de impuestos que, según la Fundación de Impuestos, un grupo de reflexión de derechas, otorgarían al primer 1% de los asalariados una reducción de impuestos de un promedio del 12-20% de sus ingresos. Pero  Mnuchin dijo a CNBC que no habría un recorte tributario neto para los ingresos más altos. Antes de las elecciones, Trump criticó el plan de su oponente para un banco de infraestructuras "controlado por políticos y burócratas" y propuso utilizar créditos fiscales para estimular la inversión privada. Sin embargo, Mnuchin sugirió a mediados de noviembre que la administración entrante está buscando iniciar un banco de infraestructura..., después de todo.

El segundo desafío será cumplir con las promesas de Trump sobre el comercio. Se cree que Mnuchin comparte los instintos proteccionistas de su jefe. Él determinará la política comercial junto con Wilbur Ross, el candidato de Trump para el secretario de comercio. Ross, un multimillonario inversor en empresas en quiebra, es un crítico de los recientes acuerdos comerciales. En el departamento de comercio, supervisará la aplicación de la nueva política comercial, como la imposición de aranceles. En el Tesoro, Mnuchin tendrá responsabilidades tales como declarar a China un manipulador de la moneda.

El desafío final y general será defender la agenda de crecimiento Trump. Al anunciar las nominaciones, el equipo de transición reiteró la promesa de crear más de 25 millones de empleos durante la próxima década, 18 millones más de lo que se prevé hoy. La aritmética sugiere que esta promesa es una ilusión: incluso si la participación en la fuerza de trabajo de los jóvenes de 25 a 54 años vuelve a su máximo récord, sólo se presentarán 4.3 millones de nuevos trabajadores en 2024. Para lograr consistentemente su meta de crecimiento económico de 3,5-4 %, el nuevo equipo de Trump debe esperar, a cambio  un aumento sin precedentes de la productividad, impulsado, quizá, por la desregulación. Las voces más sobrias dicen que el crecimiento será del 2,5%, o, en su mayor parte, del 3%. Lejos de las promesas de Trump...

29 agosto, 2013 | 18:47

Como Obama dejó claro el 28 de agosto en Washington, “aún queda mucho por delante, para que se haga realidad el Sueño del doctor King (MLK)”. Especialmente en lo que a los derechos de los latinos se refiere, en Estados Unidos. Y los millones de trabajadores mal pagados, que reciben 7,5 dólares por hora. Aun así, hay más optimismo: el índice de confianza de los consumidores alcanzó en agosto su máximo histórico en los últimos cinco años y medio (81,5), el más alto desde enero de 2008. El dato se basa en la mayor confianza de los americanos en que –en los próximos meses- aumenten los salarios y la
contratación.

Lo mismo les sucede a los empresarios. El índice de confianza de las pyme americanas que elabora The Wall Street Journal, muestra el 29 de agosto, el punto más alto desde hace seis años, con 104,2 puntos este mes, versus 93,7 en el mes de julio. El 73% de las pyme americanas esperan aumentar facturación en 2014 y un 54%, el beneficio. Otros estudios (el índice trimestral de optimismo económico de las pyme que elaboran Wells Fargo y Gallup, y el de la Federación Nacional de Negocios Independientes) muestran resultados similares en agosto: pymes y grandes empresas están más optimistas sobre el presente y el futuro de “sus” economías. El precio de la vivienda sigue aumentando (12,1%, el último mes), según el índice de Standard & Poor/Case Shiller. La economía creció más de lo esperado, en el segundo trimestre de 2013: el 2,5%.

La cuestión está más complicada en el frente internacional, con Estados Unidos y Reino Unido preparándose para atacar a Siria con misiles. La aquiescencia de Rusia va a ser esencial, pero las relaciones entre Estados Unidos y Rusia no atraviesan su mejor momento. En abril de 2009, en Praga,
Obama y el entonces presidente de Rusia Dimitri Medvedez firmaron un acuerdo de reducción de armas nucleares (un tercio, por ambas partes), que Cámara de Representantes y Senado ratificaron en diciembre de 2010, justo después de la debacle demócrata en las elecciones de mitad de mandato de ese año, y antes de que tomara posesión en el nuevo Congreso (el némero 113 de la Republica), de
mayoría republicana en la Cámara de Representantes, y totalmente obstruccionista hacia las políticas de Obama; lo que explica por qué la Reforma de la Inmigración sigue parada, a pesar de haber sido aprobada en el Senado, gracias a la mayoría simple demócrata en la cámara alta: la reforma de la Inmigración  será prioridad para Obama a la vuelta de sus vacaciones.

Si es que Obama ha disfrutado de vacaciones en absoluto. Puesto que “las crisis”, este verano, se le multiplican, tanto en el frente interno como en el internacional. Hablábamos de Rusia: el actual presidente ruso, Vladimir Putin, ha dado asilo durante un año a Snowden, quien ha dado a conocer al mundo muchos de los espionajes llevados a cabo por la CIA y la NSA. Obama, quien en rueda de prensa el 9 de agosto dijo que hace tiempo había querido poner en marcha programas de supervisión y transparencia de esos espionajes, canceló la cumbre bilateral con Rusia prevista para septiembre de
2013. No que a Putin le importe, porque cara a su popularidad interna, le viene bien mantener abierto el enfrentamiento con el “enemigo americano”.  En cambio, a Obama no le interesa que sigan produciéndose filtraciones sobre los programas de espionaje norteamericanos: el 21 de agosto de 2013, The Wall Street Journal, en su edición estadounidense, publicaba que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) tiene acceso al 75% de todo el tráfico en Internet en Estados Unidos, incluidos los contenidos de los correos electrónicos de los norteamericanos.

El uso de los drones para aniquilar talibanes y líderes de Al Qaeda se está convirtiendo en cuestión de debate nacional, al menos entre los medios de comunicación, puesto que la economía sigue siendo, con creces, no solo la primera preocupación de los americanos, sino también, el primer parámetro por el que miden el índice de aprobación de la gestión del presidente. Y, en este punto, Obama, en agosto de 2013, atraviesa su peor momento. Según las encuestas de Gallup del 20 de agosto, el índice de aprobación del presidente está en la media del 45%, su punto más bajo desde enero de 2009, cuando tomo posesión.

Obama teme encontrarse con que los republicanos veten su presupuesto para el año que viene en septiembre, forzando un cierre del gobierno federal y un posible “default” o imposibilidad del gobierno de hacer frente a sus obligaciones financieras. Jack Lew, secretario del Tesoro, dijo el 28 de agosto que el límite de endeudamiento del Gobierno (16,7 trillones de dólares norteamericanos) se alcanzaría a mediados de octubre de este año y que los conservadores quieren utilizar como moneda de cambio para matar “Obamacare”. En cambio, los republicanos no se oponen a que Obama siga dando ayuda económica a los militares de Egipto que, mediante un golpe de estado, han depuesto al gobierno islamista, pero elegido democráticamente, de los Hermanos Musulmanes, presidido por Morsi (en paradero “desconocido”).

A nadie interesa un gobierno islamista radical en Egipto. Ni a Estados Unidos, ni a Israel, que teme que los acuerdos de paz de 1979 se conviertan en papel mojado, ni a los regímenes de Arabia Saudí, Bahrain o los Emiratos Árabes Unidos. Todos están prestando ayuda económica a los militares que dirige el general Sisi, presidente interino. El secretario estadounidense de defensa, Chuck Hagel, ha dicho que “la capacidad de influencia de los Estados Unidos en Egipto es limitada”. Obama ha criticado la dureza con que los militares han tratado a los Hermanos Musulmanes (900 muertos, también muchos policías) y ha cancelado unas maniobras militares conjuntas. La cuestión es que llama mucho la atención saber a quién alegra que los Hermanos Musulmanes gobiernen en Egipto y pretendan crear un estado teocrático bajo las leyes del Islam. Varios medios de comunicación (Financial Times, WSJ) han denunciado la masacre de cristianos, que suponen el diez por ciento de la población egipcia. Irán, Hamas y Hizbolá han dejado claro que apoyan a los Hermanos Musulmanes.
Los tres están comprometidos con la destrucción de Israel. Y todo esto sucede cuando palestinos e israelíes están a punto de comenzar, después de tres años, negociaciones sobre cómo llevar a cabo
negociaciones para culminar el inicio de un nuevo Proceso de Paz. El Proceso aún no ha comenzado, porque ha habido enfrentamiento armado entre las partes, varios palestinos han resultado muertos, y la mesa de negociación todavía no ha sido activada. Israel ha devuelto a sus familias a 26 presos palestinos, muchos de los cuales tenían delitos de sangre: 26 son pocos, comparados con los más de mil que Israel dejó libres en los Acuerdos de Paz de Oslo, de 1993. Aunque lo peor no es eso, sino que, a poco de decir que se va a sentar a negociar, Israel anuncia que va a construir mil nuevos asentamientos, en Jerusalén Este, precisamente donde los palestinos querrían instalar la capital de su estado, si es que finalmente lo consiguen.

En Siria, al igual que sucedió en Libia, Obama tiene poco que hacer, al menos desde el punto de vista militar, más allá de atacar con misiles. Ni el presidente, ni la opinión pública, quieren enviar tropas, como ya hiciera Bush, por motivos distintos, en Irak y Afganistan. Quizá pueda encontrar el presidente un mínimo signo de esperanza en Irán, donde un nuevo líder, Hasan Rohuani, abre la mano para negociar con Estados Unidos, acerca de la “cuestión nuclear”. Todo sea que un ataque de Estados Unidos a Siria no provoque una reacción de Irán, Hizbulá y Hamás contra Israel, y el conflicto se extienda a todo Oriente Medio.

27 agosto, 2013 | 21:17

En Los Angeles (California) he tenido oportunidad de charlar con tres tipos que han protagonizado la actualidad económica y empresarial norteamericana: el abogado que negoció la operación corporativa de Amgen, un inversor institucional que promueve el activismo corporativo, y un actor que acaba de estrenar pelicula.

En el ámbito macroeconómico hay varias cuestiones fundamentales. Los hogares norteamericanos han reducido enormemente sus niveles de endeudamiento, volviendo a la situación que vivían en 2006. El índice de confianza del consumidor ha vuelto a mejorar en julio, junto con los datos de empleo y de venta de viviendas, de tal manera que la demanda interna (ventas minoristas, consumidores, inversión empresarial, etc) se ha incrementado por cuarto mes consecutivo, subiendo en julio un 0,5%.

Las reformas financiera y sanitaria -en cambio- siguen sin arrancar en la práctica, a pesar de haber sido aprobadas legislativamente. Obama acaba de llamar la atención a los reguladores financieros para que impulsen la puesta en marcha de la Ley Dodd-Frank, aprobada en julio de 2010: el 60% de los plazos
previstos en la ley no se han cumplido, y solo un 38,9% de las provisiones establecidas en la normativa han sido puestas en marcha. Ni siquiera la famosa “ley Volcker”, que lleva el nombre de su autor, expresidente de la Reserva Federal, y que impide que los bancos lleven a cabo inversiones arriesgadas con su propio dinero –es decir, el de los clientes-, ha entrado en vigor. “Obama ha vuelto a dejar claro que la reforma financiera debe entrar en vigor para evitar que una crisis como la Gran Recesion, vuelva a producirse”.

Esto sucede cuando JP Morgan vuelve a estar en el ojo del huracán, fruto de supuestas prácticas ilegales que dos de sus ejecutivos habrían denunciado a las autoridades a cambio de cierta impunidad.

La reforma de la sanidad (“Affordable Care Act” u Obamacare), tardará en aplicarse, porque como ya dijimos, Obama ha retrasado a enero de 2015 su puesta en marcha para las empresas, porque éstas le hicieron llegar el mensaje de que no estaban preparadas para proveer de seguro médico a sus empleados. Sin embargo, una encuesta encargada por el diario estadounidense USA Today, de finales de agosto de 2013, dice que ocho millones y medio de personas estarían dispuestas a acudir a los seguros médicos que, según Obamacare, han de proveer los estados mediante un sistema de mercado abierto y
competitivo presente en Internet en páginas web especificas creadas a tal efecto. A esos 8,5 millones de personas se sumarian los 30 millones de nuevos asegurados que deberían estar cubiertos por las empresas. Por tanto, en torno a 48 millones de personas –de los 50 millones- que no tienen hoy cobertura médica, deberían tener un seguro médico a partir de 2015, como establece la ley.

La política internacional preocupa mucho a Obama (posible intervención en Siria, la inestabilidad en Egipto), y los frentes abiertos son muchos. El más importante, aunque es aquel del cual menos se ha hablado, es el económico. Hay noticias positivas y negativas. Es muy bueno para América que la
Eurozona haya salido de la recesión económica en que vivía desde hace 18 meses. En el segundo trimestre de 2013, la Eurozona “creció” en términos de PIB, el +0,3%, impulsada por el dato de producción industrial de junio, del +0,7% y por los crecimientos de Alemania (+0,7%), Reino Unido (+0,6%) y Francia (+0,5%). El principal motor sigue siendo Alemania, cuya economía sigue impulsada por la manufactura (supone el 24% de su PIB, frente al 13% de España), el consumo interno, la inversión y las exportaciones. Francia, en cambio, arroja dudas, debido a su agresiva política fiscal, que castiga a las rentas más altas, con hasta un 75% de impuestos, pudiendo provocar una fuga de capitales. En cualquier caso, Europa sigue siendo el principal socio comercial de Estados Unidos y lo que es bueno para uno, es bueno para otro.

Las cosas son distintas en China, donde la ralentización del crecimiento económico en los últimos doce meses, pone presión al gobierno chino para que cumpla con el objetivo de crecimiento anual del 7,5%, conseguido en el segundo trimestre del año, tras el 7,7% del primer trimestre. El capitalismo de
estado chino tiene obvias y grandes limitaciones. A los graves desequilibrios internos a los que ya hemos aludido en ocasiones previas (campo atrasado, versus desarrollo en la ciudad; bajo consumo interno y elevadas tasas de ahorro familiar, junto al muy relevante de peso las exportaciones), se suma el advenimiento del previsible estallido de su propia burbuja inmobiliaria, el excesivo endeudamiento del sector público, muy deficientes sistemas educativos y sanitarios, y de seguridad social, y la rampante corrupción de altos cargos del Partido Comunista Chino (PCH), como bien pone de manifiesto el juicio del ex dirigente-estrella Bo Xilai: no se producía un proceso legal contra un dirigente político chino, de tanto nivel como el actual, desde que, en 1980, se juzgó a la mujer de Mao Zedong y la llamada “Banda de los Cuatro”.

China va a necesitar profundas reformas económicas, si quiere cumplir sus objetivos de crecimiento, ya de hecho revisados a la baja: mayor competencia, reforma financiera, desregulación y privatizaciones. En realidad, este programa reformista podría resumirse en una palabra: libertad, aunque el vocablo no esté en el vocabulario de los comunistas chinos. China se está volviendo muy agresiva, al menos con la Unión Europea, adoptando políticas proteccionistas, que afectan a sectores tan dispares, como al vino y el acero. China,necesitada de Estados Unidos, no se atreve a llegar tan lejos: mientras continúe la relación de mutua dependencia por la que China (que tiene 1,296 trillones de dólares americanos en bonos y otros activos del Tesoro americano) financia el consumo americano, el “Dialogo Económico y Estratégico” entre ambos países que Obama y Hu Jintao inauguraron en Londres en abril de 2009, continuará. Es lo que, con gran acierto, el gran historiador de Harvard (Niall Fergusson) denominó como “Chimerica”.

23 agosto, 2013 | 15:09

Hace muchos años, recién elegido Papa Juan Pablo II, conocí a una persona que había seguido de cerca el proceso de elección del nuevo Pontífice: “En Roma –me dijo-, te enteras de todo”. Pensé mucho en el
significado de aquella frase, y llegué a varias conclusiones: primero, que estando físicamente presente en el lugar donde tiene lugar el acontecimiento, es muy posible que mucho de lo que se dice, escribe o escucha, tenga relación con el suceso, máxime si es muy relevante, como lo es la elección de un nuevo
Papa, o lo que dice y hace el Líder “of the free world”, como se denomina en Washington al presidente de Estados Unidos: es decir, que no se habla de otra cosa; tanto, que pudiere parecer que “uno/a está viviendo la noticia en primera persona”.

Segundo, si el acontecimiento es importante, es altamente probable que prensa, radio, televisión e Internet le dediquen mucha atención, casi, “como si no se hablara de otra cosa”. Tercero, si uno/a, tiene interés personal en la noticia, es posible que ponga mucha atención y procure informarse, tanto estudiando, como hablando con fuentes de información primaria, cuando no con la Fuente misma o “la madre de todas las fuentes”. En Estados Unidos pueden vivirse directamente muchas cuestiones políticas, económicas y empresariales de la primera nación de la tierra que, en Europa conocemos a través de los medios. Lo primero que se nota, en Norteamérica, es la vitalidad empresarial.

Ya escribí anteriormente que, en América, la economía no se para en verano. Da igual que se trate de Carolina del Norte o de Los Ángeles. Lo puedo decir en primera persona. La actividad económica en América es frenética. El movimiento en los aeropuertos es impresionante. Los centros comerciales están llenos. Compañías de gran consumo, como Home Depot y Best Buy tienen resultados trimestrales récord. Sony anuncia que lanza PlayStation 4 y Microsoft empezará a vender Xbox One. Las noticias económicas y empresariales son de tal calado, que llenan las páginas de diarios económicos que –por contraste con Europa-, siguen siendo bastante gorditos, a pesar del impacto en el negocio que les supone Internet.

Sobre este punto volveremos más adelante, porque he realizado estudios recientes desde ADVICE Strategic Consultants y, en “la meca de los negocios”, he moderado debates entre editores de confidenciales, directores de medios de comunicación “tradicionales” y expertos en redes sociales: los mejores del mundo. Personalmente, dedico varias horas diarias a estudiar confidenciales de Economía y Empresa, de madrugada, pero, eso sí, a las 7 de la mañana, ya tengo una docena de periódicos EN PAPEL, en la mesa de mi despacho: hoy, todavía, creo (tengo fe) en ambos entornos, en el analógico y
digital. Hay negocio, puede ganarse dinero en el ámbito editorial, tanto de medios como de libros, en los nuevos entornos. Algunos, en Norteamérica, lo han conseguido, y otros, como Barnes & Noble, están luchando por alcanzar el modelo adecuado.

Lo que no sirve, y no es rentable, es ser frívolo y superficial, en esta materia. Visité una tienda de Barnes & Noble en Miami, inmensa, pero que parecía un cascarón vacío, anticuado, casi sin nuevos títulos y sin clientes. Ayer estuve en otro establecimiento de la misma cadena en Los Ángeles (The Grove) y, por contraste, aprecié que era un buque insignia espectacular, lo cual no evita que Barnes & Noble acabe de anunciar pérdidas en el último trimestre, se plantee separar (un “spin-off) su ruinoso negocio online (Nook), que no puede competir con el Kindle de Amazon, y esté cerrando buena parte de los casi 700 puntos de venta que tiene. Para mí fue doloroso ver libros físicos en Barnes & Noble –y compro muchos- a 35 dólares, que en Amazon pueden adquirirse a 17 dólares. En los últimos días, la prensa americana se ha hecho eco de los problemas de Barnes & Noble, que yo he podido comprobar ahora, con mis propios ojos, en cinco estados, por ahora: Carolina del Norte, Florida, Nueva York, Nevada y California. La cuestión me afecta, porque, hasta hace poco, hubiera ya comprado 200 libros físicos en las librerías, que ahora compro en Internet (mucho más baratos y no tengo que cargarlos en las maletas por todo Estados Unidos).

Las autoridades de la competencia quieren vetar la fusión entre American Airlines y US Airways, porque al convertirse en la primera aerolínea comercial del mundo –y, por tanto, de la primera economía del
planeta- “los intereses de los consumidores se verían perjudicados y los precios podrían aumentar”. Sea cierto esto o no, las mismas autoridades aprobaron hace años dos operaciones similares protagonizadas, una, por Delta Air Lines, y, la otra, por Continental. El Departamento de Justicia, que dirige Eric Holder, amigo del presidente Obama, quiere proteger los derechos de los consumidores, en un país en el que se viaja bastante en avión. Su mismo departamento, para aligerar (reducir) el número de presos –se ha incrementado en un 800% desde 1980-, va a flexibilizar las normas por las que los reos van a prisión, que se endurecieron fuertemente durante los mandatos republicanos de Reagan y Bush padre en los años ochenta. Las noticias económicas y empresariales continúan: el declive de Blackberry está en boca de todos. Ya escribí anteriormente que, en mis estudios de 2006 y 2007 anticipé que, o Blackberry (entonces Research in Motion o RIM) reaccionaba y no se dormía en los laureles, o las cosas podían ponérsele feas: en 2008, cuando el “presidente-electo”, Barack Obama, dijo que no quería renunciar a usar su propia Blackberry, en la práctica no solo se convirtió en el principal patrocinador extraoficial del fabricante de teléfonos, sino que puso de manifiesto que –entonces- la aplicación más apreciada por muchos usuarios de teléfonos inteligentes era el correo electrónico, especialmente en el ámbito corporativo o empresarial. En 2008, la cuota de mercado de Blackberry era del 50%: hoy es del 3% y no es consuelo –como acaba de publicar Financial Times- que su inmediato competidor (Microsoft) tenga una cuota de mercado del 4%. Este –el de los teléfonos móviles inteligentes, es hoy un mercado en manos de dos empresas: Apple, que se lleva el 33% de todos los beneficios, y Samsung, que con su sistema operativo Android, tiene (según datos de IDC del segundo trimestre de 2013) una cuota de mercado del 80%. Es decir: Blackberry y Microsoft han caído en la irrelevancia, frente a competidores mucho más rápidos, eficaces, y continuamente innovadores. La lucha entre Samsung y Apple
es sin cuartel: por las aplicaciones, por lanzar al mercado el producto más innovador, por mejorar tanto el hardware como el software. ¿Alguien se acuerda de Nokia, que en los años noventa llegó a tener una cuota de mercado del 90%? En el ámbito corporativo norteamericano, cada vez está más de moda el activismo de grandes inversores institucionales: es el caso, por ejemplo, de Carl Icahn, que lucha por hacerse con el control del fabricante de ordenadores Dell Computer, y que acaba de hacer público que tiene una participación muy elevada en Apple, con cuyo CEO (Tim Cook) “ha tenido una agradable conversación”, en la que le ha pedido que Apple remunere más y mejor a sus accionistas. Todo esto sucede cuando el valor en bolsa de Apple ha perdido gran parte del lustre que tuvo hace once meses (¿De 700 dólares, la acción, a 400, en ese período? ¿Qué ha estado haciendo Tim Cook en todo este
tiempo? Como solía decir Steve Jobs, las compañías no deberían ser dirigidas por, ni estar en manos de, “contables”), y cuando expertos y consumidores echan en falta nuevos productos más rompedores
y vanguardistas.

Sobre la crisis de los gigantes tecnológicos de una economía del pasado, como Hewlett-Packard y Cisco, con necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos (así lo dicen sus propios presidentes), hablaremos en próximamente.

17 agosto, 2013 | 09:08

De entre las muchas cuestiones que se debate estos días en los entornos políticos y financieros norteamericanos, destaca “el quién será el elegido/a por el presidente Obama para presidir la Reserva Federal, en sustitución de Ben Bernanke”. Bernanke, que ha estado ocho años al frente del banco central americano, no repetirá mandato, a partir de enero de 2014. Y Obama ha de elegir un sustituto, que no sólo refleje su política monetaria –y económica-,  durante su segundo mandato como presidente,
sino más allá: hay que tener en cuenta que algunos presidentes de la Reserva Federal han permanecido muchos años en el cargo, con distintos inquilinos en la Casa Blanca: Willim McChesney Martin sirvió durante 19 años (1951-1970) y Alan Greenspan, 18 años (1987-2006).

En el caso que nos ocupa, no solo se tiene en cuenta las aptitudes profesionales de los candidatos que el presidente Obama considera para el cargo de presidente de la Reserva Federal. También está el hecho de que nunca una mujer, aunque tuviera excelentes cualificaciones, había accedido al cargo. Esto podría cambiar ahora. Yellen tiene 67 años, y es una economista liberal con formidables credenciales académicas en la Universidad de California en Berkeley. Supongo no es casualidad que una mujer tan inteligente esté casada con un premio Nobel, George Akerlof. Yellen fue presidenta de la Reserva
Federal de San Francisco (una de los doce bancos centrales que componen la Reserva Federal) y, actualmente, es vicepresidenta de la Reserva Federal, con Ben Bernanke. Tiene mucha experiencia, dispone de profundos conocimientos y cree en la economía anticipativa: entre los años 2004 y 2006, Janet Yellen llamó la atención sobre la creciente burbuja que se estaba creando en el sector
inmobiliario, aunque, como muchos hacían dinero, no le hicieron caso, a propósito.

Yellen es ferviente defensora de incrementar los controles regulatorios en los bancos. Por ejemplo, quiere aumentar los requerimientos de capital de los grandes bancos, en épocas de bonanzas, para que estén preparados por si vienen tiempos peores. Seguramente, el frente de la Reserva Federal,
seguirá poniendo énfasis en mantener bajos los tipos de interés, a costa de la inflación, pero con el deseo de estimular la economía y el empleo. En abril, en una reunión del Fondo Monetario Internacional dijo que “los tipos de interés controlados por la FED deberían, en las actuales circunstancias, mantenerse bajos, durante un largo período de tiempo, aunque esto vaya en contra de la ortodoxia: creo que la claridad de este compromiso será necesario para mantener una política de estímulos que genere empleos y fortalezca la recuperación económica”.

Todos estos argumentos, así como sus credenciales, hacen de Janett Yellen una candidata ideal para presidir la Reserva Federal. Y sería la primera mujer en conseguirlo. No lo va a tener fácil: su contrincante, Larry Summers, lleva luchando con denuedo dos décadas para conseguir ese puesto. Y,
por lo se dice en Washington y Nueva York, Summers cree que el puesto le pertenece: fue secretario del Tesoro con Bill Clinton, presidente de Harvard y dirigió el Consejo Económico Nacional del presidente Obama. Nadie duda de sus capacidades profesionales e intelectuales. Sin embargo, a muchos molesta que se crea con derecho a ostentar este puesto: si algo pierde a Summers es su soberbia y arrogancia, según quienes le conocen. Hace muy poco, el mes pasado, en una reunión en la Casa Blanca, con el vicepresidente Joe Biden, Summers empezó por bostezar (imperdonable falta de respeto) para acabar, aburrido, levantándose de la mesa y abandonar la reunión. Sí, Summers será muy listo, pero son muchos los que dicen que no hay quien le aguante, porque todo lo que tiene de intelectual, le falta como
persona virtuosa: en otras palabras, no tiene muchas virtudes humanas, aseguran. Hasta en la película sobre Facebook, “La Red Social”, se describe a un Summers -como presidente de la Universidad de Harvard- que no se aguanta ni a sí mismo. Lo que dicen, no son bromitas o habladurías: basta leer Newsweek, New York Times, Wall Street Journal, Bloomberg Business Week, The New Yorkers, Financial Times, Time, The Economist, Washington Post, etc. Sí, todos destacan las excelentes credenciales de Summers, pero critican que se crea con derecho a “ser el elegido”.

Un grupo de 58 congresistas demócratas se reunió con el presidente Obama el 30 de julio en la Casa Blanca para decirle a la cara, directamente, sin tapujos, que no quieren a Summers al frente de la Reserva Federal. Summers es sinónimo de desregulación, de dar más poder a los bancos para hacer lo que les dé la gana (Summers no vio venir el problema de las hipotecas “Sub-Prime”, en cambio Yanett Yellen no solo identificó el problema, sino que dio la voz de alarma). Está la cuestión de la estrecha relación de Summers con el mismo sector que se supone que un presidente de la FED tiene que
regular: el sector financiero; en otras palabras, muchos ponen en solfa que Summers sea un candidato independiente. Es altamente probable que Summers no continúe con la política de estímulos de Bernanke, ni con la compra de 85 mil billones de dólares mensuales en activos que soportan hipotecas, y que pondría a la lucha contra la inflación como prioridad por encima de la lucha por estimular
el crecimiento económico y la generación de empleo. Se acabarían los programas de “Quantitative Easing” de Bernanke, que tantos beneficios han obtenido para la economía norteamericana.

Parece que Obama se inclina por Summers, en detrimento de Yellen. Ciertamente, Summers está haciendo mucha presión  favor de su candidatura. Y es posible que este “lobby” esté influyendo en el presidente Obama: pero que no se equivoque Summers; Obama odia que le condicionen en su toma de decisiones y, como presidente, quiere tener las manos libres para hacer lo que cree que tiene que hacer.

Nosotros pensamos que Janet Yellen es la mejor candidata para presidir la Reserva Federal Americana, por mucho pedigrí e influencia que tenga Larry Summers. Para mi gusto, además de ser inteligente, Summers solo tiene una buena cualidad (obviamente, tiene más): el haber servido a las órdenes de Bill Clinton. Por lo demás, se me ocurren docenas de cualidades humanas y profesionales por las cuales, Yellen le saca cuatro cabezas a Summers. Acabo de releer el libro de memorias de quien fuera presidente de la FED entre 1979 y 1987 (Paul Volcker, “The triumph of persistence”, 2012) y el del actual presidente, Ben Bernanke, (“The FED and the financial crisis”, 2013), así como “The age of turbulence” (Alan Greenspan, 2008) y me reafirmo fuertemente en que Yellen tiene las cualidades apropiadas para ser la próxima presidenta de la FED a partir de febrero de 2014.

Mientras tanto, el mundo sigue, y empresas tradicionales del sector de las tecnologías de la información, que se durmieron en los laureles, hoy pagan “malamente” las consecuencias de su falta de diligencia. En 2008, Blackberry tenía una cuota de mercado del 50%, tanto en consumo como en el ámbito corporativo. Empecé a hacer estudios predictivos sobre la evolución futura de su negocio en 2007: ya entonces “avisé” de la que se les venía encima; no me hicieron caso y, hoy, su cuota de mercado es del 3% y su CEO acaba de anunciar que contempla cualquier opción encima de la mesa: incluso, hasta el vender la empresa. Lo mismo les sucede a pretéritos iconos de las tecnologías de la información en Estados Unidos como Microsoft y Hewlett-Packard. Empecé a realizar estudios e informes sobre la evolución futura de su negocio hace diez años, antes de que comenzaran sus problemas: anticipé las caídas de ventas, y
qué negocios evolucionarían mejor y cuáles peor. Tanto en los casos de Blackberry (antigua RIM), Microsoft y HP, muchos informes míos están publicados en medios de comunicación nacionales, internacionales y económicos. Digo esto, porque no quiero que nadie me acuse de la simpleza de “sí, a toro pasado, todos acertamos”. Pues mire usted, no: sobre HP y Microsoft yo ya empecé a escribir
en 1991. Y sobre Blackberry en el año 2006.

Lo que sucede con los países o economías emergentes desconcierta a cualquier experto en economía. El 31 de julio leíamos en dos docenas de medios de comunicación internacionales que los países BRIC
ralentizaban su crecimiento. Incluso, el último número de julio del semanario The Economist, estaba dedicado a esta cuestión. El caso más emblemático era el de China, que sigo de cerca porque estoy escribiendo dos libros sobre su economía, política y sociología. Los datos de exportación, producción
industrial, consumo interno –familias y empresas, es decir, inversión-, etc, no eran buenos. El PIB del segundo trimestre del año fue del 7,5%, versus el 7,5% del primer trimestre. En cambio, aprovechando el puente de la Virgen de agosto, que los anglosajones ni siquiera conocen, resulta que todo ha cambiado a mejor para China: he leído CINCO VECES The Wall Street Journal del 9 de agosto y, si he de creer lo que escriben, la conclusión es clara: “donde dije digo, digo Diego”. Cuatro datos simpáticos sobre la economía china y resulta que, “los emergentes”, vuelven a crecer y triunfar: la realidad es que la supuesta mejoría se mide en decimales: las exportaciones, la producción, el PIB, el consumo, la inversión, etc, chinas, mejoran solamente en unas décimas…, supongo que estamos todos tan necesitados de buenas noticias, que unos pocos decimales positivos son más que suficientes para levantarnos el ánimo.

Honestamente, es más creíble la recuperación de la economía americana. Según datos de la FED, los americanos han puesto sus finanzas en orden, y vuelven a pedir créditos de nuevo, es decir, a endeudarse, pero con garantías y sensatez, gracias a las salvaguardas que estableció la Reforma
Financiera de Obama (Dodd-Frank) de julio de 2010, de que hablamos en nuestro segundo volumen sobre Obama (“Obama y el liderazgo pragmático”, LID, 2011). El mayor endeudamiento de familias y empresas americanas “provee a la economía americana de un nuevo motor para la inversión y el crecimiento” ha dicho la FED el 15 de agosto de 2013, cuyos datos muestran que “la riqueza real neta de los hogares americanos ha alcanzado su nivel más alto desde enero de 2007”: hay que recordar que la Gran Recesión, en América, comenzó en agosto de 2007. El crédito para la compra de casas y coches ha alcanzado su punto más álgido desde enero de 2008. El crédito al consumo en América alcanzó 13,8 billones de dólares de junio, y 17,5 billones en mayo: “Los hogares están más abiertos a endeudarse, ya que sus viviendas se están apreciando, los mercados de valores alcanzan valores récord, y la confianza de los consumidores se dispara gracias a las mejores perspectivas del empleo”, dice la FED; hay que tener en cuenta que la tasa de paro está ya en el 7,4%, en julio de 2013, versus el 10,8% de julio de 2009. La FED, como hace el Banco de España en su “Encuesta sobre la Riqueza económico-financiera de las familias españolas”, en que yo he colaborado desde 2005, ha identificado que “los americanos están más cubiertos para hacer frente a sus deudas: los activos líquidos de los hogares –dinero en efectivo,
acciones, bonos, etc- se han incrementado en 10 trillones de dólares en los últimos cuatro años”.

¿El déficit público? Los republicanos amenazan con el cierre del gobierno federal en otoño; dicen que no permitirán que, para el presupuesto de 2014, la Casa Blanca pueda aumentar “el techo de endeudamiento”…, la realidad es que el déficit público, este año, alcanza 607 billones de dólares, algo más de 300 billones menos de los inicialmente previstos. Los ingresos han aumentado un 14% y los gastos –fruto del “sequester” de marzo de 2013- se han reducido el 13%. Los republicanos no solo se pelean entre sí, sufren de una crisis de identidad sin precedentes y maltratan a los hispanos y latinos, sino que,
además lo ignoran todo sobre economía.

Me quedo con una nota positiva: Yahoo tiene una primera espada al frente que le está dando la vuelta a la compañía; Marisa Mayer está consiguiendo lo que parecía imposible, que Yahoo vuelva a recuperar el lustre de los primeros tiempos. Otra mujer inteligente y trabajadora en “Corporate America”. Del proceso de paz en Oriente Medio, de Irán, de China, de cómo los republicanos están obstaculizando “Obamacare”, de la rueda de prensa de Obama sobre la supervisión de los (necesarios) programas de espionaje de la  CIA y la NSA, de la crisis en Egipto y la postura americana, del uso de drones contra talibanes en Pakistán o de la salida de la Eurozona de la recesión (crecimiento del +0,3% en PIB, en el
segundo trimestre de 2013), hablaremos en otra ocasión, además de la fallida fusión de American Airlines y US Airways, sobre lo cual, hay mucho que decir.

Mujeres al poder.

14 agosto, 2013 | 10:28

Empiezo por el final: las probabilidades de que Hillary Rodham Clinton sea candidata demócrata presidencial en 2016 aumentan cada día exponencialmente. He escrito mucho sobre esta materia durante la segunda mitad de 2012 y la primera mitad de 2013. Tuve dudas, como muchos, pero cada vez más esas dudas se están disipando; paulatinamente, tengo más claro que Hillary está seriamente considerando presentarse a las elecciones presidenciales norteamericanas y, esta vez sí, para ganarlas.

Pasé de incrédulo a creyente cuando el fin de semana del 9 de agosto de 2013, el PAC (Political Action Committee) denominado “Ready for Hillary”, organizó un acto con famosos y millonarios a favor de su candidatura. Ya conocía otros dos PAC a favor de Hillary con los que estoy en contacto hace mucho tiempo. Pero “Ready for Hillary 2016” es muy especial, porque con independencia de que recauda fondos para su campaña electoral, está compuesto por muchas de las mujeres que han acompañado a Hillary en los últimos veinte años y, cuando fue Primera Dama (1993-2001), tuvieron su propio espacio físico en la Casa Blanca y se les denominó “Hillaryland”.

La senadora de Missouri Claire McCaskill había sido una ferviente creyente en la causa de los Clinton a finales de los años ochenta y primera mitad de la década de los noventa. Pero cuando estalló el escándalo de “Mónica”, McCaskill se alejó de Bill y de Hillary. Durante las primarias demócratas de 2007 y 2008, esta senadora “traicionó” a los Clinton y dejó de apoyarles para pasarse al bando de Barack Obama. Incluso, llegó a decir que “no confiaría en Bill Clinton si estuviera cerca de mi hija”, en alusión al apetito sexual del presidente, famoso durante décadas por sus devaneos extramatrimoniales. Hoy, cuando Hillary pudiera ser caballo ganador –el partido conservador o republicano, el GOP, tiene una fuerte crisis de identidad, de valores y principios, con demasiadas corrientes enfrentadas en su seno y, lo que es peor, va en contra de las tendencias demográficas de Estados Unidos- y a su partido no se le conocen otros candidatos, McCaskill vuelve a casa, es decir, al seno de los Clinton, formando parte de ese PAC.

La trayectoria profesional de Clinton es impresionante. La sigo de cerca desde que su marido ganó las elecciones presidenciales de noviembre de 1992, arrebatando la presidencia –y un segundo mandato- a George Bush padre. Recuerdo que aquella noche yo estaba en la fiesta que organizaba la Embajada norteamericana en España, escuchando feliz la canción-lema de la campaña electoral de los Clinton: “Don’t stop thinking about tomorrow”. Han pasados dos décadas, pero lo recuerdo como si fuera hoy. Clinton venía de “Hope” (esperanza), de un estado del sur, Arkansas, hijo de una familia pobre y
desestructurada. La presidencia de Bill Clinton generó más riqueza que ninguna otra en todo el siglo XX: crecimiento medio del PIB del 3,5% y 22 millones de empleos creados en ocho años. Los tres últimos presupuestos federales de Clinton (1998, 1999 y 2000) arrojaron superávits que Bush hijo aprovechó para
llevar a cabo bajadas de impuestos que Obama ha mantenido hasta muy recientemente, con la excepción, en el último presupuesto, del famoso “1%, o los que ingresan más de 200.000 dólares al año individualmente o 250.000 en pareja”.

No voy a escribir ahora sobre la presidencia de Bill Clinton, y tampoco sobre la trayectoria y logros de Hillary. He dedicado 20 años de estudio a esta formidable pareja: le leído miles de periódicos y
revistas y algo más de 400 libros. Ahora, cuando preparo mi tercer volumen sobre el presidente Obama (los primeros fueron “Obama y el liderazgo pragmático”, Profit, 2010; y “La Reinvención de Obama”, LID, 2011), me encuentro leyendo no menos de cuarenta volúmenes sobre Hillary (y sobre Bill).

Es inevitable. Un poco más arriba, escribí sobre “lo que se comenta en Washington”, entre la clase política norteamericana. En cambio, lo que se refiere a Hillary afecta a toda la nación americana y a prácticamente todo el planeta. Recuerdo que, cuando finalizaba y firmaba en Amán (Jordania), mi primer libro sobre el presidente Obama, en enero de 2010, leí una encuesta de Gallup sobre las mujeres más populares e influentes del mundo: una vez más Hillary Clinton aparecía la primera en ambos rankings.

Voy a reiterar algo que ya escribí hace años: en su momento (2007 y 2008) apoyé la candidatura de Clinton y, cuando Obama se convirtió en candidato presidencial, me volqué por completo en Obama. Escribí largo y tendido sobre el acuerdo –tanto lo público como lo privado- entre Obama y Clinton. Obama se hizo cargo de las deudas de la campaña electoral de Clinton (10 millones de dólares); Clinton formaría parte del Gobierno de Obama, en caso de victoria y, en el futuro, Clinton recibiría el apoyo de Obama. Todo se ha cumplido al pie de la letra: por tanto, me alegro de haberlo publicado hace
cuatro años, antes de que sucediera.

Clinton fue una excelente primera dama, cuando su marido fue presidente. Es cierto que voy a evitar entrar en toda polémica sobre su figura. Muchas mujeres conservadoras no la apoyan, porque difieren de sus puntos de vista. Muchas mujeres liberales no perdonan a Hillary que, cuando estalló el escándalo de las infidelidades del presidente en la Casa Blanca, “no le diera la carta de despido para no poner en peligro sus aspiraciones presidenciales”. En su libro de memorias “Living Memory”, Hillary da la siguiente explicación: “además de mi marido, era mi presidente”. Posiblemente, sus palabras no se
entiendan desde una perspectiva europea: pero sí son comprensibles desde los ojos norteamericanos, donde el patriotismo (amor a la Patria) es un valor muy fuerte.

Durante sus ocho años en la Casa Blanca, Hillary procuró sacar adelante una Reforma de la Sanidad incluso más radical que la de Obama de marzo de 2010, que provee cobertura sanitaria a 30 millones de norteamericanos que hoy no tienen ninguna. La forma y el fondo de aquella reforma le costaron al partido demócrata las elecciones de mitad de mandato de 1994, en que arrasaron los republicanos, tomando por vez primera en 60 años el control de la Cámara de Representantes. Como Primera Dama, Hillary luchó por los derechos humanos y por los derechos de las mujeres (“los derechos de las mujeres son derechos humanos”, dijo en Pekín en 1995, dando una fuerte patada en el trasero a los dirigentes comunistas).

Hillary pasó ocho años como “senadora junior por Nueva York”, familiarizándose con todo lo relativo con las fuerzas armadas norteamericanas, puesto que formó parte de la Comisión del Senado que se encarga
de dichos asuntos. Mientras tanto (2000-2008), su marido puso en marcha de manera exitosa y  floreciente la “Clinton Global Initiative”, un think tank de alcance mundial donde se dan cita millonarios, políticos, estadistas, banqueros, expertos en tecnologías de la información…; se discute y se buscan soluciones a problemas, como el hambre en el mundo, el acceso al agua y la vivienda en África y muchos países del Tercer Mundo: escribo estas líneas cuando Bill Clinton se encuentra en África intentando solucionar algunos de estos problemas en Tanzania. Ha publicado tres libros francamente buenos: el primero, de memorias, y los otros dos (“Giving” y “Back to work”) expresan sus ideas
sobre el mundo del trabajo, los negocios, la economía y la beneficencia.

Hillary Clinton ha desempeñado un buen papel como secretaria de estado. Es anecdótico, pero ha viajado a más países que ningún otro secretario de estado antes que ella (130) y recorrido más kilómetros que ningún otro. Aunque tiene ideas propias, ha sido muy comedida en cuestiones de
política internacional, sabiendo que ella tiene que expresar las ideas del presidente Obama. Quizá por eso, dejó las negociaciones concretas de temas espinosos en manos de diplomáticos expertos como George Mitchell (Oriente Medio) y Richard Holbroke (Irak, Afganistán). Algunos, como el director de
Foreign Affairs han criticado a Clinton porque “no se haya mojado en asuntos complejos, para no comprometer su futura candidatura presidencial”. No digo que no, pero tampoco ha evitado Clinton ningún conflicto: China, Corea del Norte, Irán, Afganistán, Irak, Pakistán, Oriente Medio (Israel y Palestina), Rusia, etc. No voy a entrar en detalle en ninguno de estos temas porque estoy preparando un extenso libro sobre la materia.

 Una periodista libanesa que ha seguido de cerca a Clinton durante sus cuatro años en Foggy Bottom (The
Building, la sede de la secretaría de estado estadounidense, en Washington), Kim Ghattas, ha publicado recientemente un libro sobre Clinton al frente de la política exterior americana: “The Secretary”, y la propia Hillary, entre conferencia y conferencia (por la primera cobró 750.000 dólares), escribe su
segundo libro de memorias, que abarca el período 2000-2012; es decir los ocho años como senadora por Nueva York y los cuatro como secretaria de estado.

Si cabe, es más interesante, aun, la perspectiva electoral. Jamás se había publicado tanto sobre las elecciones en Norteamérica como en 2008 y 2012. Sobre las elecciones de 2008, históricas no porque se usaran las redes sociales, sino porque resultó victorioso un afro americano, ya he leído más de 200 libros. Y, sobre las elecciones de 2012, que también ganó Obama, ya he detectado casi cuarenta títulos. Lo más llamativo de estas obras es que resaltan el cambio radical electoral y demográfico que se ha producido en Estados Unidos en estos años y que alumbran un cambio de ciclo iniciado en 2008
que continuará en 2016: en otras palabras, si Obama no lo hace del todo mal, la victoria demócrata en 2016 estará asegurada. Y, si se presenta Hillary Clinton, volverá a ser una elección histórica, al convertirse en la primera mujer presidente y comandante en jefe de Estados Unidos (“Barack Obama and the new America: the 2012 election and the changing face of politics” de Larry Sabato; “After Hope and Change”, de James Caeser; “Collision 2012: Obama vs Romney and the future of elections in America”, de Dan Baltz: todos libros publicados en el segundo trimestre de 2013).

09 agosto, 2013 | 10:16

Los entornos políticos de Washington son un microcosmos que
tienen poca relación con lo que sucede, se dice o se piensa en el resto de
Estados Unidos. Políticos, lobistas, analistas y periodistas componen un
ecosistema aislado del resto de la capital del país y, sobre todo, de los 311
millones de norteamericanos. Eso sí, son un círculo de poder e influencia
nacional e internacional de primer orden. Quizá por este motivo, a esta burbuja
compuesta por unos pocos miles de personas, ha impresionado tanto que un medio
de comunicación tradicional como The Washington Post sea adquirido por el
magnate de internet y fundador de Amazon. En realidad, no es cierto que el
nuevo orden se haya comido una columna vertebral del viejo orden: desde 1995,
cuando vendía libros a través de Internet desde su garaje, Bezos entendió que
Internet era un canal adicional de venta, aunque, eso sí, extremadamente barato
para el consumidor, porque elimina el margen de la intermediación.

La forma en que los nuevos medios de comunicación digitales
han difundido mundialmente los escándalos sobre el espionaje norteamericano,
difundido por Bradley Manning y Edward Snowden, también han causado sensación
en Washington. El poder político seguramente hubiera podido actuar, con la ley
en la mano, para evitar la publicación en medios de comunicación, de secretos
oficiales, acudiendo a argumentos como la necesidad de preservar la seguridad
nacional. Y, aun así, The Washington Post desveló el escándalo del Watergate que
acabó con la presidencia de Nixon, y tanto ese diario como The New York Times
publicaron los “papeles secretos del Pentágono”, sobre la Guerra de Vietnam.
Hoy, el debate en la clase política es si –y cómo- se puede actuar legalmente contra
medios de comunicación en Internet sobre los que es muy difícil ejercer un
control. En el mejor de los casos, Washington ha demostrado que quizá pueda
actuar contra los filtradores de las informaciones, como le ha sucedido al
soldado Bradley Manning, condenado por un tribunal militar a 90 años de cárcel
(inicialmente, 136 años) por filtrar a Wikileaks 700.000 documentos oficiales
sobre el comportamiento del ejército y las agencias de inteligencia americanas
en las guerras de Irak y Afganistán. Sin embargo, Snowden sigue viviendo
libérrimo en Moscú, donde finalmente el presidente ruso, Vladimir Putin, le ha
concedido asilo político: el presidente Obama, no sorprendentemente, ha dicho
sentirse “decepcionado” por la decisión rusa, añadiendo que, desde que él es
presidente, los rusos han mantenido un comportamiento propio de la Guerra Fría,
derivado de una mentalidad que no ha cambiado desde la finalización de la
Guerra Fría en noviembre de 1989.

Versus lo que se comenta, dice o escribe en Europa, o incluso lo publicado por algunos medios de comunicación norteamericanos que han encargado encuestas entre población general sobre la materia, entre la clase política en Washington no hay debate sobre si hay que elegir entre mayores
libertades y seguridad nacional. Desde los atentados del 11 de Septiembre de
2001, la clase política norteamericana optó por defender a las personas, aun a
costa de la libertad. Cierto, el presidente Bush invadió dos países, desatando
las guerras de Irak y Afganistán, mientras que Obama ha puesto fin a esas dos
guerras; con el primero, tuvo lugar la tortura, que Obama dio por terminada,
pero si Bush abrió Guantánamo, ciertamente, Obama no la ha cerrado y, si bien
el presidente demócrata ha evitado la guerra, también es verdad que ha
multiplicado por 1.000 el uso de drones o aviones letales no pilotados. Con
Bush hubo espionaje y con Obama también. Para la clase política norteamericana
estas son cuestiones de estado, y no de partido, por lo que trascienden las
estrechas líneas de la izquierda y la derecha.

Algunos especulan sobre, si con Bush, hubiera habido guerra
con Irán, para evitar que consiga desarrollar armas nucleares con las que
aniquilar el estado de Israel, como claman los líderes políticos iraníes. Es un
futurible que solo se habría resuelto de haber continuado Bush en la
presidencia –cosa imposible, legalmente- cuatro años más. Obama ha preferido
optar por el incremento de las sanciones económicas, con el apoyo de Naciones
Unidas y el concurso de China y Rusia. Desde principios de julio, los iraníes
tienen un nuevo presidente, Hassan Rohuani, que promete bastante más que sus
predecesores. Rohuani es un clérigo educado en la ciudad santa iraní de Quom,
que ha estado vinculado al poder, desde los inicios de la Revolución de los
Ayatolás del año 1979. Es un hombre que sabe cómo siente el iraní de la calle,
la gente corriente: son muchos millones de personas a quienes preocupa la
economía, el trabajo y la calidad de vida; los tres están hoy maltrechos, fruto
de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos. Por eso, Rohuani
parece querer poner menos énfasis en la ideología y más en la necesidad de
fortalecer y mejorar la economía. Para lo cual, el nuevo presidente iraní sabe
que necesita que Occidente levante el pie del acelerador de la presión sobre el
país. Y ése es el motivo de que –desde que fue elegido hace menos de un mes-
Rohuani haya dicho, hasta en tres ocasiones, que quiere negociar con Occidente
y, sobre todo, con Estados Unidos. En Washington hay bastante expectación sobre
cómo evolucionan las relaciones con Irán, puesto que, en los últimos doce años,
muchos han sido los momentos de tensión, que podrían haber acabado en una
intervención militar norteamericana en Irán.

También hay buenas vibraciones en Washington sobre la
reanudación del Proceso de Paz en Oriente Medio. Lleva tres años estancado,
desde que, en 2010, Obama y Hillary Clinton pusieron presión en Israel sobre
los puntos centrales de la negociación: fronteras, dos estados, estatus de Jerusalén
y asentamientos. Los israelíes, con Netanyahu, no estuvieron dispuestos a ceder
en nada, y tampoco Hillary Clinton –quizá pensando en su posible candidatura
presidencial en 2016, cuando necesitará el apoyo del lobby judío
norteamericano- quiso poner excesiva presión sobre Israel. Hoy, con John Kerry
en la secretaría de estado, parece que se dan las circunstancias ideales para
que, en Washington, se reanuden las conversaciones entre Israel y Palestina. Al
menos, el gobierno de Israel y la Autoridad Nacional Palestina, están
dispuestos a hablar. Queda pendiente que Hamás, que gobierna en Gaza, se sume
al acuerdo. La última vez que se vio en Washington una predisposición al
acuerdo fue en el año 2000, con las negociaciones de Camp David impulsadas por
Bill Clinton, que acabaron en nada, debido a la obstinación de Yasser Arafat.

Oriente Medio está muy presente en Washington este verano.
20 embajadas norteamericanas han sido cerradas, debido a que Al-Qaeda podría querer
atentar contra intereses estadounidenses en países musulmanes de Oriente Medio:
Jordania, Siria, Egipto, Yemen, Arabia Saudí, etc. Más aún, las comunicaciones
que los servicios de espionaje norteamericanos han interceptado al líder de
Al-Qaeda, Al-Zawahiri (egipcio, y segundo de a bordo con Bin Laden), dejan
claro que este verano los terroristas islámicos podrían atentar contra turistas
estadounidenses en todo el mundo. Los ataques en Libia de septiembre de 2012
que acabaron con la vida del embajador norteamericano en Benghazi, ya pusieron
de manifiesto que la amenaza de Al-Qaeda sigue vida, a pesar de la muerte de
Osama Bin Laden en mayo de 2011. Su asesinato cerca de la capital de Pakistán,
añadió tensión a las relaciones entre Estados Unidos y Pakistán, ya de por sí
bastante estresadas, debido al uso de los drones norteamericanos en tierra
pakistaní. Obama va a intentar recuperar esas relaciones, poniendo énfasis en
la diplomacia que dirige Kerry.

Lo que sucede en Egipto no deja de resonar fuertemente en
Washington, a quien los medios de comunicación occidentales acusan de
hipocresía: primero –y durante 30 años-, Washington apoyó el régimen militar de
Mubarak, porque mantenía a los islamistas bajo control. Hubo elecciones libres
tras la Primavera Árabe y, para sorpresa de muchos –que ignoran la realidad
social en los países árabes- ganaron los Hermanos Musulmanes. Tras un año de
gobierno del presidente Morsi, los militares (de Mubarak) han dado un golpe de
estado, apoyados por egipcios secularistas como Ali El Baradei, que han
apartado del poder a los Hermanos Musulmanes. Aquí hay dos cuestiones –y lo
decimos, habiendo visitado varias veces buena parte de los países árabes y de
Oriente Medio: los árabes tienen la fuerte sensación de que, desde Occidente y
muy especialmente desde Norteamérica, se apoya la democracia en Oriente Medio,
siempre y cuando quien gane las elecciones sean partidos no islamistas, sino
secularistas; y, en segundo lugar, cada vez que hay elecciones libres, ganan
los islamistas. Por eso no hay elecciones libres en Jordania o en Arabia Saudí,
con el apoyo explícito de Estados Unidos. Ya hubo elecciones libres en
Palestina, en 2007, y casi arrasaron los terroristas de Hamás, para escarnio de
George Bush y Condolezza Rice, que impulsaron aquellos comicios.

En Washington, hoy, hay bastante precaución sobre cómo
proceder en Egipto: los senadores Graham y McCain han visitado Egipto, en estos
días primeros de agosto, para pedir a los militares que devuelvan el poder a la
democracia. Y, precisamente eso es lo que dicen los militares egipcios que
están haciendo…

Dentro de las fronteras estadounidenses, lo que se comenta
en Washington tiene fuerte sabor nacional: se especula con el nombre del nuevo
presidente de la Reserva Federal (FED), en sustitución de Ben Bernanke. Obama
ha dado pistas de que su elección será entre Larry Summers (ex secretario del
Tesoro con Bill Clinton y ex presidente del Consejo Económico del presidente
Obama) y la vicepresidenta actual de la FED, Janet Yellen. El presidente
anunciará su decisión este otoño y el nuevo presidente de la FED tomará
posesión en enero de 2014.

Al mismo tiempo, Obama ha pospuesto hasta enero de 2015 la
entrada en vigor de la Reforma Sanitaria que lleva su nombre, “Obamacare”,
porque las empresas dicen que no están preparadas para proveer de seguro médico
a los empleados. Los congresistas y senadores republicanos, con tal de “matar”
esa ley, están dispuestos a bloquear el nuevo presupuesto para 2014, que
empieza a discutirse ahora –lleva desde finales de marzo en el horno- y habrá
de ser aprobado en otoño. Como en años anteriores, los republicanos prefieren
un cierre temporal del gobierno, o que éste no pueda hacer frente a sus
obligaciones financieras, con tal de bloquear cualquier iniciativa de Obama:
“obstruccionismo” es el lema de los republicanos en Washington, como explica en
su obra reciente (“The Center holds”, junio de 2013), Jonathan Alter. Esto no
es nuevo, porque todos los veranos, desde 2009, vivimos la misma situación,
hasta que la Casa Blanca y los republicanos alcanzan un acuerdo para elevar el
techo de gasto –endeudamiento- del gobierno federal, y aprueban un nuevo
presupuesto. En los primeros años de la presidencia de Obama, esta situación
parecía insostenible; hoy es “business as usual”, porque los republicanos nos
tienen acostumbrados con su comportamiento. Lo curioso es que el candidato
presidencial republicano en 2012, Mitt Romney, haya llamado la atención a sus
correligionarios para que se comporten de manera responsable y no provoquen un
cierre temporal del Gobierno: “hay que tener en cuenta las consecuencias del
día después; que los soldados no puedan cobrar, se cierren los hospitales o el
FBI deje de funcionar”.

Los republicanos tienen un fuerte debate interno, que se
refleja en los medios de comunicación, sobre cómo reinventarse para seguir
siendo un partido de referencia nacional. La evolución demográfica de Estados
Unidos va en contra del partido republicano (GOP) y pesos pesados del partido
(Chris Christie, gobernador de New Jersey y Rand Paul, senador de Kentucky)
debaten agriamente entre sí sobre cómo ganar el apoyo de los ciudadanos. Los
demócratas –a quienes apoyan latinos, afroamericanos y asiáticos- están ajenos
a estas cuestiones y ponen énfasis en la economía, puesto que las encuestas
dicen que economía y empleo son las dos prioridades de los estadounidenses.
Como dijo Obama a The New York Times en una entrevista de finales de julio: “he
decidido hablar de economía, al menos una vez por semana; si no, otros temas de
menor interés para el público acaban dominando el debate político”. En Estados
Unidos, todo lo importante, siempre, se reduce en una palabra: economía.

02 agosto, 2013 | 17:07

Hace varios años, la cadena de televisión americana CNN
emitió un programa especial sobre la economía francesa. Recuerdo bien la
entrevista que le hicieron a la entonces ministra de finanzas, hoy directora
gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde. La
periodista preguntó directamente a Lagarde si los franceses estarían dispuestos
a “poner más énfasis en el crecimiento económico, a cambio de perder calidad de
vida y, como hacemos los norteamericanos, trabajar más y disfrutar de menos vacaciones”.
Lagarde eludió responder directamente a la periodista –los franceses se toman
muy en serio su estilo de vida y se sienten poco atraídos por los cantos de
sirena americanos. Lagarde sí dejó claro que Francia tenía su propio estilo de
generar riqueza, y triunfar, “y a los franceses nos encanta tener éxito y
odiamos fracasar”.

La entrevista con Lagarde tuvo lugar a mediados de la
primera década del siglo XXI. Recuerdo que, diez años antes, participé en una
convención internacional de directivos, organizada por la multinacional
estadounidense, para la que yo trabajaba entonces. Tuvo lugar en Boston, en el
verano de 1998. Cada director nacional tenía que explicar los planes de su
filial para el verano. Cuando le llegó el turno a mi colega italiana, afirmó
con rotundidad que, “en Italia, incluso en Milán, durante todo el mes de agosto
y buena parte de julio, la actividad económica y empresarial, simplemente…, se
para: en agosto, todos los negocios echan el cierre, hasta septiembre”.

Europa lleva dos trimestres consecutivos en recesión, en
2013. Las previsiones de crecimiento de la Comisión Europea, el BCE y el FMI,
no son buenas para Europa, en 2013. En cambio, Estados Unidos abandonó la
recesión en junio de 2009. Aunque los republicanos –pero no todos-, sostienen
que la recuperación actual es la más débil desde los años cincuenta, la
realidad es que la economía americana está a punto de haber recuperado todo el
empleo perdido durante la Gran Recesión de 2007-2009, algo más de 8,5 millones
de empleos: 7,4 millones de puestos de trabajo han sido creados desde que
comenzó la recuperación, en junio de 2009.

Entre el 31 de julio y el 2 de agosto de 2013 hemos conocido
dos datos reveladores sobre el estado de la economía americana. En el segundo
trimestre del año, la economía (PIB) creció el +1,7%, muy por encima de las
previsiones de los analistas (+0,9%). El principal componente del crecimiento,
por el lado de la demanda, fue el consumo privado, que aumentó el +1,8%, y
supone más de dos tercios de la economía. Inversión empresarial y la
recuperación del mercado inmobiliario (+13,4%) fueron los siguientes
componentes de la demanda que más contribuyeron al crecimiento económico. El
Instituto de Estadísticas Económicas americanas (similar al INE español) ha introducido
cambios en la forma en que elabora el dato de PIB, que supone la expresión de
la medida de todos los bienes y servicios producidos por la economía americana.
La nueva metodología, que con efecto retroactivo, se remonta 1929, incluye “activos
intangibles, como la investigación y desarrollo, el entretenimiento y las artes”.
El PIB de 2012 ha sido revisado al alza, desde el 2,2% al 2,8%. Hasta el Wall
Street Journal, el 1 de agosto tuvo que reconocer que “el crecimiento del
segundo trimestre de 2013 sugiere que la economía americana puede estar
cogiendo velocidad, tras absorber varios varapalos derivados del menor
crecimiento internacional, incertidumbre política en América, impuestos más
altos y los recortes del gasto federal”. La inversión del gobierno federal en
el segundo trimestre se redujo el -1,5%, leve retroceso comparado con el -8,4%
del trimestre anterior.

La incertidumbre en política económica nacional se deriva
del obstruccionismo de muchos republicanos en la Cámara de Representantes, que
están bloqueando la aprobación de la ley de reforma de la inmigración y
amenazan con forzar –como en agosto de 2011- con un cierre del gobierno federal
y con otro “default” o incapacidad de que el gobierno pueda asumir sus
obligaciones financieras, debido al posible bloqueo del aumento del techo de
gasto del gobierno.

Se acercan las elecciones legislativas de mitad de mandato,
en noviembre de 2014, y los republicanos han optado por una política de querer
sacar provecho electoral de su radical oposición a las iniciativas económicas
del presidente Obama. Un Obama que ha querido poner en valor esas políticas,
poniendo foco en la necesidad de recuperar y revitalizar el Sueño Americano y
fortalecer la posición económica de la clase media, para quien lo más
importante es disponer de un puesto de trabajo. En ese sentido, ya conocemos
los datos de empleo generado en julio de 2013: 162.000 nuevos puestos de
trabajo, 20.000 menos de lo esperado y con un alto componente de generación de
empleos a tiempo parcial. Los sectores que mejor se comportaron en julio fueron
el comercio minorista y la alimentación. El sector del automóvil lleva doce
meses rindiendo de manera excepcionalmente buena, con crecimientos del 14%. La
tasa de paro ha decrecido, en julio, del 7,6% al 7,4%, el mejor dato desde
julio de 2008.

Los datos de empleo y crecimiento económico han llevado a la
Reserva Federal a mantener su política de compra de bonos -85.000 millones cada
mes-, hasta conseguir que el desempleo baje al 6,5% y la inflación esté
controlada en torno al 2,5%. Mientras tanto, los tipos de interés a corto plazo
seguirán en el entorno del cero por ciento. En Estados Unidos, el
comportamiento de los mercados de valores es un muy buen indicador de la futura
evolución de la economía: todos los índices están al alza, especialmente el DJ
(Dow Jones) que acumula un crecimiento del 20% entre enero y julio de este año.
Muchos analistas anticipan que la economía crecerá entre el +1,9% y el 2,2%, en
2014.

En América las cosas no son perfectas, pero hay alegría en
las calles, porque hay trabajo. Los negocios, las fábricas, el turismo, la
construcción, las tecnologías de la información, el ocio, el comercio, el
mercado inmobiliario…: todo sigue funcionando a buen ritmo, en este mes de
agosto de 2013, cuando, según mi colega italiana, en muchos países de Europa,
los negocios colocan el cartel que reza: “cerrado por vacaciones”.

Imagen de Paula Satrustegui

Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

Imagen de Belén Alarcón

Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

Imagen de Enrique Borrajeros

Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

Imagen de Francisco Márquez de Prado

Francisco Márquez de Prado, analizará activos y productos financieros, con sus ventajas e inconvenientes, para cada tipo de inversor.

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Íñigo Petit tratará temas relacionados con la evolución de la industria de fondos de inversión y planes de pensiones y aspectos relacionados con la educación financiera

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