EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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Inicio | junio 2013 »

Se acabó lo de "que inventen ellos". Tengo respecto, cariño y admiración por Estados Unidos, pero -como dice la definición clásica de la justicia, que además, es uno de los tres principios generales del Derecho: Eius sum quique tribuendi. A cada uno hay que darle lo suyo- "en esto de la banca digital", los españoles hemos ido por delante.

Muchos medios de comunicación se hacen eco no ya de las famosas Fintec, sino de las iniciativas de banca digital de Facebook, Apple, Google y Amazon, entre otras grandes empresas tecnológicas norteamericanas. No cabe duda que su acervo tecnológico es insuperable. Baste ver los resultados: son las cuatro empresas que más valen en Bolsa del mundo, que más beneficios obtienen y cuyos ingresos son ingentes y no paran de crecer gracias a que ofrecen de todo: ordenadores, software, Internet, conectividad, Big Data, Cloud, Digitalización, etc.

Pero su conocimiento del mundo financiero, concretamente del bancario, es limitado. Pueden comprar talento, por supuesto, aunque el presidente Trump se lo pone cada vez más difícil con sus decretos sobre inmigración que, por ejemplo, impiden a Silicon Valley contratar a 100.000 necesarios ingenieros que América, ya saturada y con pleno empleo ya no puede proveer.

En cambio, en España, donde nos acucian otras cuestiones, la sociedad del conocimiento sigue avanzando y, hoy, con datos del INE (DIRCE 2016; Encuestas sobre Equipamiento Tecnológico de las Familias y Equipamiento tecnológico de las empresas) sabemos que el 74% de la población española tiene ordenador, tableta, smartphone y está conectado a Internet y que el 99% de las empresas también está bien equipadas tecnológicamente.

En el caso de las pymes (3,2 millones o, lo que es lo mismo, el 99,88% del tejido empresarial español), dos son las cuestiones que les acucian: por un lado, el acceso a la financiación bancaria. Por otro, la adquisición de nuevas tecnologías, para ser más productivas y competitivas. En ambos casos, CaixaBank, presidida por Jordi Güal y por un hombre de la Casa, ex director general de Criteria Caixa, Gonzalo Gortázar, CEO de CaixaBank es punto de referencia de población general y pymes.

Por un lado, CaixaBank es el primer banco de España, tanto en banca retail como en banca privada (28,4% de cuota de mercado, según el Estudio Advice de Éxito Empresarial). Y es el banco con mayor favorabilidad y familiaridad de España, amén de ser el que tiene mejor imagen y reputación. Esto se debe tanto a que atiende muy bien a sus clientes como que pertenece al Grupo La Caixa, a través de Criteria Caixa, es decir, la Fundación Bancaria La Caixa, que preside el mejor directivo/empresario de España, Isidre Fainé, con uno de los mejores directivos de nuestro país, Jaume Giró, director general de la Fundación y con una sólida y exitosa trayectoria profesional como directivo en Gas Natural, Repsol y CaixaBank.

No soy yo quien lo dice: es la primera consultora de tecnologías de la información del  mundo, Forrester. Y, también, Euromoney y The Banker, entre otros: desde hace cinco años, todas estas instituciones de prestigio y credibilidad han otorgado a CaixaBank y, por ende, a la Fundación Bancaria La Caixa dos galardones, entre otros: es el banco más innovador del mundo y el que más intensivamente usa las Tecnologías de la Información tanto para sus procesos internos como para mejorar su servicio al cliente y, además, es el mejor y más exitoso banco de España.

Sea banca a través de Internet, banca a través del móvil, etc, CaixaBank va por delante. Y, en el mejor de los casos, Facebook, Google, Apple y Amazon, van por detrás.

21 febrero, 2013 | 20:10

Fareed Zakaria, autor de la obra “The post American World”, defiende en la portada del último número de la revista “Foreign Affairs” (febrero de 2013) que “el principal problema de las economías de Occidente es la esclerosis”. Zakaria expone su tesis dándole dos sentidos: por un lado, es tanto el enfrentamiento y la polarización políticos, pues muchos gobiernos no toman decisiones, o las aparcan: es lo que le ha sucedido a Estados Unidos en los dos últimos años en lo que a la reducción del déficit público se refiere. La segunda acepción del término esclerosis se refiere al envejecimiento progresivo, pero rápido, de las sociedades occidentales. El ejemplo más obvio es Japón, hoy con 127 millones de habitantes y que culminará el siglo con 47 millones de ciudadanos envejecidos. Ciertamente, el cuántos trabajadores en activo haya, para mantener a los pensionistas, es una de las grandes cuestiones que resolver en el futuro inmediato. Y es una de las cuitas que más afectan al déficit público, y a la suma de todos los déficits, la deuda.

En Estados Unidos, hoy, hay 4,7 trabajadores para cada pensionista, que es una proporción muy saludable y que se mantendrá en el futuro, gracias a la inmigración trabajadora. Otra cosa es que dos tercios del gasto público en la última década, van destinados, cada año, al cuidado de la gente mayor, el pago de las pensiones y su atención médica. En 1960, los programas sociales suponían un tercio del gasto público. Claramente, la proporción se ha invertido y, de ahí, entre otros motivos, la necesidad de la aprobación de una reforma de la sanidad como la que hizo el presidente Obama en marzo de 2010. El excesivo gasto en programas sociales plantea, genera, posiciones muy encontradas entre republicanos y demócratas. Los economistas Laurence Kotlikoff y Scott Burns, en su obra “The clash of generations. Saving ourselves, our kids and economy” (2012, MIT), sostienen que Estados Unidos es un país en bancarrota, debido al despropósito que suponen los enormes gastos sociales.

Ciertamente, el déficit público, en 2010, era elevado, del 10,1% sobre el Producto Interior Bruto, pero acabará 2013, según la Oficina Presupuestaria de Congreso, en el 5,3% del PIB: por poner las cosas en un contexto conocido para los españoles, España cerró 2012 con un déficit público del 7% sobre su riqueza nacional. Estados Unidos están en mejor forma fiscal que España. La deuda pública, en Estados Unidos, es del 70% y, durante los próximos 25 años oscilará entre el 72 y el 77%. En Japón, hoy, es del 200%, por ejemplo.

En cualquier caso, demócratas y republicanos están de acuerdo en que hay que reducir el déficit público. Ciertamente, se oponen en cómo, cuándo y dónde hacerlo. Esta es una cuestión que se remonta a las negociaciones de agosto de 2012, cuando Obama y el Speaker of the House, el republicano John Boehner intentaron llegar a un gran acuerdo sobre la reducción del déficit y la cuestión fiscal y, lo que consiguieron fue evitar que, el 1 de agosto de aquel año, Estados Unidos incurriera en un default o suspensión de pagos del gobierno federal. Eso sí, decidieron posponer en el tiempo el tomar medidas drásticas de reducción del déficit público, por importe de 1,5 trillones de dólares hasta el 1 de marzo de 2013. La cifra no fue elegida al azar, sino que se basa en las recomendaciones de la Comisión Simpson-Bowles, que el presidente nombró en 2010 para que, con ideas y acuerdos de los dos partidos políticos, el gobierno norteamericano fuera capaz de, mediante mezcla de reducción de gastos y subidas de impuestos a los más pudientes, reducir de manera escalonada el déficit público en un período de diez años.

La forma en que tanto las recomendaciones de la Comisión, como el acuerdo entre Obama y Boehner, se llevaron a la práctica fue la siguiente: si la Casa Blanca, junto a las dos Cámaras del Congreso no llegan a un acuerdo mediante negociación, recortes automáticos –no negociables- entrarán en vigor el 1 de marzo de 2013. Los recortes suponen un importe de 1,5 trillones de dólares, de los cuales, 500.000 millones van directamente al Departamento de Defensa. El resto, a gastos discrecionales, es decir, reducción de gastos en programas federales como la prevención de incendios, policía, FBI, mantenimiento de prisiones, pago de pensiones, sanidad, cuidado de los mayores, etc. Según la compañía de análisis económicos predictivos, Macroeconomic Advisers, si esos recortes entran en vigor, el PIB americano en 2013 podría retraerse un -0,6%, y 750.000 personas podrían perder su puesto de trabajo. América está creciendo a una media mensual del 2%, y restarle 0,6% al Producto Interior Bruto podría poner en peligro el crecimiento económico.

El presidente Obama quiere, como en el verano de 2012, según narra en su libro sobre la materia Bob Woodward, (“The Price of politics”, Simon & Schuster, 2012), un enfoque más equilibrado en el que sí, haya reducciones de gastos por importe de 1,5 trillones de dólares a lo largo de 10 años, pero al mismo tiempo, haya subidas de impuestos para los que el premio nobel de Economía Joseph Stiglitz denomina “el 1%”, en su obra “The Price of inequality” (2012, Allen Lane).

Los republicanos, desde la revolución conservadora de Ronald Reagan agrupan a tres grandes facciones electorales: los conservadores sociales, los conservadores económicos y los conservadores en defensa. En las elecciones legislativas de mitad de mandato de 2010, muchos congresistas del Tea Party, fundamentalmente conservadores económicos que pedían grandes reducciones de impuestos, llegaron a Washington dispuestos a cambiar la orientación política y el gobierno. Los tres grupos conservadores se unen ahora contra Obama, dispuestos a que el gobierno federal pueda tener que cerrar –como ya le sucedió a Bill Clinton en 1995- y que entren en vigor los recortes de gastos. La opinión pública no desea que, por una cuestión ideológica, casi un millón de personas vayan al paro y vuelva la recesión económica. En esto, la ciudadanía americana está a favor del presidente.

 

 

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