EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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Inicio | junio 2013 »

En "Money and Power: How Goldman Sachs Came to Rule the World", William Cohan defiende que Goldman Sachs es la organización (banco, secta, amigos, poder, lo que quiera que sea) más poderosa del mundo. Curioso que, desde que Bill Clinton fue presidente, casi todos los secretarios del Tesoro a lo largo de 25 años, provengan de Goldman Sachs. El actual, también: Steve Mnuchin.

Steve Mnuchin es un candidato típico para el puesto de secretario del Tesoro. Como dos de sus últimos siete predecesores  escaló las filas en Goldman Sachs. En la década de 2000 trabajó brevemente para George Soros. (En vísperas de la elección, Soros apareció junto a Lloyd Blankfein, CEO de Goldman, como blanco de un ataque de Donald Trump a la "estructura de poder global".) Cuando la noticia de la nominación del Sr. Mnuchin se hizo pública, habló sobriamente en CNBC, de la necesidad de reformar el código tributario.

Sin embargo, Mnuchin es un candidato bastante poco convencional. En los últimos años ha intercambiado fondos para películas. Su compañía de entretenimiento, en colaboración primero con Fox y más tarde con Warner Bros, ha producido éxitos de taquilla como "Avatar" y "Gravity". En su último intento, un drama romántico sobre Hollywood de los años 50, Mnuchin incluso hace una aparición en un cameo.

Mnuchin ha dedicado tiempo a financiar la costa oeste. En 2009 él y otros inversores compraron IndyMac, un banco fallido de California. Renombrado OneWest, el banco se adjudicó a los prestatarios hipotecarios incumplimiento la ley, de acuerdo con sus críticos, dando lugar a varias demandas.

Si el Senado confirma su nombramiento,  Mnuchin se enfrentará a tres retos principales en el cargo. El primero será conseguir que la política fiscal de Trump sea correcta. Durante la campaña, Trump propuso reducciones de impuestos que, según la Fundación de Impuestos, un grupo de reflexión de derechas, otorgarían al primer 1% de los asalariados una reducción de impuestos de un promedio del 12-20% de sus ingresos. Pero  Mnuchin dijo a CNBC que no habría un recorte tributario neto para los ingresos más altos. Antes de las elecciones, Trump criticó el plan de su oponente para un banco de infraestructuras "controlado por políticos y burócratas" y propuso utilizar créditos fiscales para estimular la inversión privada. Sin embargo, Mnuchin sugirió a mediados de noviembre que la administración entrante está buscando iniciar un banco de infraestructura..., después de todo.

El segundo desafío será cumplir con las promesas de Trump sobre el comercio. Se cree que Mnuchin comparte los instintos proteccionistas de su jefe. Él determinará la política comercial junto con Wilbur Ross, el candidato de Trump para el secretario de comercio. Ross, un multimillonario inversor en empresas en quiebra, es un crítico de los recientes acuerdos comerciales. En el departamento de comercio, supervisará la aplicación de la nueva política comercial, como la imposición de aranceles. En el Tesoro, Mnuchin tendrá responsabilidades tales como declarar a China un manipulador de la moneda.

El desafío final y general será defender la agenda de crecimiento Trump. Al anunciar las nominaciones, el equipo de transición reiteró la promesa de crear más de 25 millones de empleos durante la próxima década, 18 millones más de lo que se prevé hoy. La aritmética sugiere que esta promesa es una ilusión: incluso si la participación en la fuerza de trabajo de los jóvenes de 25 a 54 años vuelve a su máximo récord, sólo se presentarán 4.3 millones de nuevos trabajadores en 2024. Para lograr consistentemente su meta de crecimiento económico de 3,5-4 %, el nuevo equipo de Trump debe esperar, a cambio  un aumento sin precedentes de la productividad, impulsado, quizá, por la desregulación. Las voces más sobrias dicen que el crecimiento será del 2,5%, o, en su mayor parte, del 3%. Lejos de las promesas de Trump...

21 febrero, 2013 | 20:10

Fareed Zakaria, autor de la obra “The post American World”, defiende en la portada del último número de la revista “Foreign Affairs” (febrero de 2013) que “el principal problema de las economías de Occidente es la esclerosis”. Zakaria expone su tesis dándole dos sentidos: por un lado, es tanto el enfrentamiento y la polarización políticos, pues muchos gobiernos no toman decisiones, o las aparcan: es lo que le ha sucedido a Estados Unidos en los dos últimos años en lo que a la reducción del déficit público se refiere. La segunda acepción del término esclerosis se refiere al envejecimiento progresivo, pero rápido, de las sociedades occidentales. El ejemplo más obvio es Japón, hoy con 127 millones de habitantes y que culminará el siglo con 47 millones de ciudadanos envejecidos. Ciertamente, el cuántos trabajadores en activo haya, para mantener a los pensionistas, es una de las grandes cuestiones que resolver en el futuro inmediato. Y es una de las cuitas que más afectan al déficit público, y a la suma de todos los déficits, la deuda.

En Estados Unidos, hoy, hay 4,7 trabajadores para cada pensionista, que es una proporción muy saludable y que se mantendrá en el futuro, gracias a la inmigración trabajadora. Otra cosa es que dos tercios del gasto público en la última década, van destinados, cada año, al cuidado de la gente mayor, el pago de las pensiones y su atención médica. En 1960, los programas sociales suponían un tercio del gasto público. Claramente, la proporción se ha invertido y, de ahí, entre otros motivos, la necesidad de la aprobación de una reforma de la sanidad como la que hizo el presidente Obama en marzo de 2010. El excesivo gasto en programas sociales plantea, genera, posiciones muy encontradas entre republicanos y demócratas. Los economistas Laurence Kotlikoff y Scott Burns, en su obra “The clash of generations. Saving ourselves, our kids and economy” (2012, MIT), sostienen que Estados Unidos es un país en bancarrota, debido al despropósito que suponen los enormes gastos sociales.

Ciertamente, el déficit público, en 2010, era elevado, del 10,1% sobre el Producto Interior Bruto, pero acabará 2013, según la Oficina Presupuestaria de Congreso, en el 5,3% del PIB: por poner las cosas en un contexto conocido para los españoles, España cerró 2012 con un déficit público del 7% sobre su riqueza nacional. Estados Unidos están en mejor forma fiscal que España. La deuda pública, en Estados Unidos, es del 70% y, durante los próximos 25 años oscilará entre el 72 y el 77%. En Japón, hoy, es del 200%, por ejemplo.

En cualquier caso, demócratas y republicanos están de acuerdo en que hay que reducir el déficit público. Ciertamente, se oponen en cómo, cuándo y dónde hacerlo. Esta es una cuestión que se remonta a las negociaciones de agosto de 2012, cuando Obama y el Speaker of the House, el republicano John Boehner intentaron llegar a un gran acuerdo sobre la reducción del déficit y la cuestión fiscal y, lo que consiguieron fue evitar que, el 1 de agosto de aquel año, Estados Unidos incurriera en un default o suspensión de pagos del gobierno federal. Eso sí, decidieron posponer en el tiempo el tomar medidas drásticas de reducción del déficit público, por importe de 1,5 trillones de dólares hasta el 1 de marzo de 2013. La cifra no fue elegida al azar, sino que se basa en las recomendaciones de la Comisión Simpson-Bowles, que el presidente nombró en 2010 para que, con ideas y acuerdos de los dos partidos políticos, el gobierno norteamericano fuera capaz de, mediante mezcla de reducción de gastos y subidas de impuestos a los más pudientes, reducir de manera escalonada el déficit público en un período de diez años.

La forma en que tanto las recomendaciones de la Comisión, como el acuerdo entre Obama y Boehner, se llevaron a la práctica fue la siguiente: si la Casa Blanca, junto a las dos Cámaras del Congreso no llegan a un acuerdo mediante negociación, recortes automáticos –no negociables- entrarán en vigor el 1 de marzo de 2013. Los recortes suponen un importe de 1,5 trillones de dólares, de los cuales, 500.000 millones van directamente al Departamento de Defensa. El resto, a gastos discrecionales, es decir, reducción de gastos en programas federales como la prevención de incendios, policía, FBI, mantenimiento de prisiones, pago de pensiones, sanidad, cuidado de los mayores, etc. Según la compañía de análisis económicos predictivos, Macroeconomic Advisers, si esos recortes entran en vigor, el PIB americano en 2013 podría retraerse un -0,6%, y 750.000 personas podrían perder su puesto de trabajo. América está creciendo a una media mensual del 2%, y restarle 0,6% al Producto Interior Bruto podría poner en peligro el crecimiento económico.

El presidente Obama quiere, como en el verano de 2012, según narra en su libro sobre la materia Bob Woodward, (“The Price of politics”, Simon & Schuster, 2012), un enfoque más equilibrado en el que sí, haya reducciones de gastos por importe de 1,5 trillones de dólares a lo largo de 10 años, pero al mismo tiempo, haya subidas de impuestos para los que el premio nobel de Economía Joseph Stiglitz denomina “el 1%”, en su obra “The Price of inequality” (2012, Allen Lane).

Los republicanos, desde la revolución conservadora de Ronald Reagan agrupan a tres grandes facciones electorales: los conservadores sociales, los conservadores económicos y los conservadores en defensa. En las elecciones legislativas de mitad de mandato de 2010, muchos congresistas del Tea Party, fundamentalmente conservadores económicos que pedían grandes reducciones de impuestos, llegaron a Washington dispuestos a cambiar la orientación política y el gobierno. Los tres grupos conservadores se unen ahora contra Obama, dispuestos a que el gobierno federal pueda tener que cerrar –como ya le sucedió a Bill Clinton en 1995- y que entren en vigor los recortes de gastos. La opinión pública no desea que, por una cuestión ideológica, casi un millón de personas vayan al paro y vuelva la recesión económica. En esto, la ciudadanía americana está a favor del presidente.

 

 

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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Íñigo Petit tratará temas relacionados con la evolución de la industria de fondos de inversión y planes de pensiones y aspectos relacionados con la educación financiera

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