EEUU y mercados emergentes

Jorge Díaz-Cardiel

Análisis profundo de la economía, sociología y relaciones internacionales de Estados Unidos y las economías emergentes.

Imagen de María Uriol

Jorge Díaz-Cardiel: Socio Director de la consultora ADVICE Strategic Consultants. Experto en economía y negocios, es autor de varias biografías sobre el presidente Obama y libros de economía: Obama y el liderazgo pragmático, La reinvención de Obama y Éxito con o sin crisis. Durante treinta años ha trabajado como directivo para grandes compañías norteamericanas y anglosajonas: Ipsos, Intel, Shandwick Consultants, Brodeur Worldwide y Porter Novelli.

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Inicio | junio 2013 »

En España, a muchos les cuesta hablar del éxito en general y del empresarial en particular. Modestia, pudor, envidias…; en España se pone más énfasis en el árbol caído que en el frondoso que da sombra en verano y cobija en invierno: porque, el éxito empresarial, como el buen árbol, es bueno para todos. Si el sistema económico que imperó en la extinta Unión Soviética hubiese triunfado, posiblemente hablaríamos en otros términos. En cambio, muchos fueron los que cantaron la victoria del capitalismo, la economía de libre mercado y libre empresa sobre el modelo estatalista. En el país capitalista por excelencia, Estados Unidos, población general y líderes de opinión admiran al empresario exitoso; representa el sueño americano: todos, gracias a la movilidad social, con creatividad, innovación y trabajo esforzado, pueden llegar muy lejos.

Es necesario que, en España, se desarrolle una cultura que favorezca el éxito empresarial. Lo contrario es ir contra la sociedad misma: el 99,88% de las empresas españolas (DIRCE; INE, mayo 2017) son pyme y autónomos. Solo un 0,12% son grandes empresas que, en números absolutos rondan las 4.000. Luego, desear el éxito empresarial es querer el éxito de pymes y autónomos, que son casi 3,2 millones de empresas; el 55,4% autónomos sin asalariados. En total, las pymes generan y mantienen el 66% de la fuerza laboral. La gran empresa, el 33%.

Teniendo en cuenta la diversidad geográfica y las profundas diferencias culturales entre comunidades autónomas -que se reflejan en las pyme y autónomos- es más fácil analizar qué hace a una empresa exitosa en el caso de las más grandes, especialmente porque, de ellas, disponemos de más información. En el caso de las compañías del IBEX-35, con mayor motivo, por sus obligaciones de transparencia y buen gobierno. Recientemente, el presidente de El Corte Inglés -no cotizada-, Dimas Gimeno, afirmó que su empresa, líder en Distribución física y online en España “iba a trabajar como si de una empresa cotizada se tratara”. Las implicaciones son grandes, tanto en el cambio de procesos internos como en la cantidad y frecuencia de información que habrá de proveer a sus stakeholders.

Cotizadas o no, las grandes empresas están sujetas a parámetros que -cumplidos o no- les llevan a ser exitosas -o no- en los tiempos de bonanza y en los de penuria. El Estudio Advice de éxito empresarial, realizado semestralmente desde 2006, ha analizado las primeras 300 empresas en España más grandes por facturación en los ámbitos que, sectorialmente, componen el 90% del PIB. Entre 2006 y mayo de 2017 España ha vivido bonanza, profunda recesión y recuperación. Lo que nos dice el Estudio, en la primavera de 2017, por boca de 2.400 pymes y autónomos, 2.400 personas que componen población general y 800 líderes de opinión informados (empresarios, directivos, periodistas, analistas, algún político culto, economistas, tercer sector, sindicatos) es que hay empresas que han sido exitosas “a las duras y a las maduras”. Ya publicamos una primera impresión en la obra “Éxito con o sin crisis” (2012), en plena recesión y, de nuevo, en febrero de 2017 en “Empresas y empresarios españoles más exitosos”. Por cierto, la ficha técnica que acompaña al Estudio es similar a la que utilizan los grandes estudios del INE o el CIS, con índice de confianza del 98% y margen de error del 1,8%.

Por lo general, las empresas grandes de Telecomunicaciones han salido muy bien paradas, siendo Telefónica la líder, seguida por Vodafone y, a distancia, por Orange. En el caso de Telefónica, además, se da el caso de tratarse de una compañía sistémica: aporta cada año, directamente el 1,8% al PIB. Excelencia en la gestión, líder que contribuye al éxito, internacionalización, estrategia corporativa fuerte y clara, responsabilidad social, buenos resultados…, y así hasta 40 parámetros hacen que Telefónica lidere el ranking de empresas más exitosas. La innovación y el proceso de transformación digital iniciado hace seis años por César Alierta -continuado por Álvarez-Pallete-, han dado buenos resultados, con una fuerte apuesta por el Big Data. Vodafone, anglosajona, pero con fuerte ADN ibérico pone foco en la exitosa relación con el cliente. Orange bastante tiene con ampliar y mejorar su cobertura.

Puestos a aportar al PIB CaixaBank (el banco del grupo La Caixa) contribuye directamente el 0,8% al PIB. No solo es el banco líder en el mercado minorista y en todas las categorías de producto, sino que -como reconocen docenas de premios internacionales- es el banco líder digital por excelencia, tanto en Internet (5,8 millones de clientes) como por móvil (3,9 millones de clientes). Los resultados le acompañan, porque en su última presentación, los beneficios habían aumentado el 47,9%. Esto permite al banco aportar a la sociedad mediante la Obra Social de La Caixa, perteneciente al principal accionista de ambos, Fundación Bancaria La Caixa, quien, además, tiene el mayor grupo industrial español mediante CriteriaCaixa, con participaciones en Gas Natural Fenosa, Abertis, Cellnex Telecom, entre otras empresas líderes y exitosas en sus sectores de actividad. En CaixaBank están las participaciones en Repsol (10%) y Telefónica (5,4%). La Obra Social, con un presupuesto de 510 millones de euros al año, genera empleo, fomenta la innovación, ayuda a 3,5 millones de discapacitados y es la tercera fundación más importante del mundo. Hechura de Isidre Fainé, que preside la Fundación y Gas Natural Fenosa. La contribución de todo el Grupo La Caixa (la Fundación) al PIB es el 1,8%.

El Corte Inglés es exitoso -también Inditex y Mercadona, según el Estudio Advice de éxito empresarial- por la calidad de productos y servicios, la atención al cliente y porque se está reinventando digitalmente, tanto en sus procesos internos como en ecommerce, donde disputa el liderazgo a Amazon.es.

Hay más empresas exitosas en todos los sectores: Mapfre, Mutua, Meliá, Barceló, Seat, Iberia, Sage, Salesforce, Abertis, Cellnex Telecom, Gas Natural Fenosa, Microsot, etc. Es importante en sí mismo y, también, cara al ejemplo y “efecto tractor” que tiene en las pymes y autónomos, que pueden aprender de ellas. España también tiene empresas exitosas.

Jorge Díaz Cardiel. Socio Director Advice Strategic Consultants. Autor de Innovación y éxito empresarial

21 febrero, 2013 | 20:10

Fareed Zakaria, autor de la obra “The post American World”, defiende en la portada del último número de la revista “Foreign Affairs” (febrero de 2013) que “el principal problema de las economías de Occidente es la esclerosis”. Zakaria expone su tesis dándole dos sentidos: por un lado, es tanto el enfrentamiento y la polarización políticos, pues muchos gobiernos no toman decisiones, o las aparcan: es lo que le ha sucedido a Estados Unidos en los dos últimos años en lo que a la reducción del déficit público se refiere. La segunda acepción del término esclerosis se refiere al envejecimiento progresivo, pero rápido, de las sociedades occidentales. El ejemplo más obvio es Japón, hoy con 127 millones de habitantes y que culminará el siglo con 47 millones de ciudadanos envejecidos. Ciertamente, el cuántos trabajadores en activo haya, para mantener a los pensionistas, es una de las grandes cuestiones que resolver en el futuro inmediato. Y es una de las cuitas que más afectan al déficit público, y a la suma de todos los déficits, la deuda.

En Estados Unidos, hoy, hay 4,7 trabajadores para cada pensionista, que es una proporción muy saludable y que se mantendrá en el futuro, gracias a la inmigración trabajadora. Otra cosa es que dos tercios del gasto público en la última década, van destinados, cada año, al cuidado de la gente mayor, el pago de las pensiones y su atención médica. En 1960, los programas sociales suponían un tercio del gasto público. Claramente, la proporción se ha invertido y, de ahí, entre otros motivos, la necesidad de la aprobación de una reforma de la sanidad como la que hizo el presidente Obama en marzo de 2010. El excesivo gasto en programas sociales plantea, genera, posiciones muy encontradas entre republicanos y demócratas. Los economistas Laurence Kotlikoff y Scott Burns, en su obra “The clash of generations. Saving ourselves, our kids and economy” (2012, MIT), sostienen que Estados Unidos es un país en bancarrota, debido al despropósito que suponen los enormes gastos sociales.

Ciertamente, el déficit público, en 2010, era elevado, del 10,1% sobre el Producto Interior Bruto, pero acabará 2013, según la Oficina Presupuestaria de Congreso, en el 5,3% del PIB: por poner las cosas en un contexto conocido para los españoles, España cerró 2012 con un déficit público del 7% sobre su riqueza nacional. Estados Unidos están en mejor forma fiscal que España. La deuda pública, en Estados Unidos, es del 70% y, durante los próximos 25 años oscilará entre el 72 y el 77%. En Japón, hoy, es del 200%, por ejemplo.

En cualquier caso, demócratas y republicanos están de acuerdo en que hay que reducir el déficit público. Ciertamente, se oponen en cómo, cuándo y dónde hacerlo. Esta es una cuestión que se remonta a las negociaciones de agosto de 2012, cuando Obama y el Speaker of the House, el republicano John Boehner intentaron llegar a un gran acuerdo sobre la reducción del déficit y la cuestión fiscal y, lo que consiguieron fue evitar que, el 1 de agosto de aquel año, Estados Unidos incurriera en un default o suspensión de pagos del gobierno federal. Eso sí, decidieron posponer en el tiempo el tomar medidas drásticas de reducción del déficit público, por importe de 1,5 trillones de dólares hasta el 1 de marzo de 2013. La cifra no fue elegida al azar, sino que se basa en las recomendaciones de la Comisión Simpson-Bowles, que el presidente nombró en 2010 para que, con ideas y acuerdos de los dos partidos políticos, el gobierno norteamericano fuera capaz de, mediante mezcla de reducción de gastos y subidas de impuestos a los más pudientes, reducir de manera escalonada el déficit público en un período de diez años.

La forma en que tanto las recomendaciones de la Comisión, como el acuerdo entre Obama y Boehner, se llevaron a la práctica fue la siguiente: si la Casa Blanca, junto a las dos Cámaras del Congreso no llegan a un acuerdo mediante negociación, recortes automáticos –no negociables- entrarán en vigor el 1 de marzo de 2013. Los recortes suponen un importe de 1,5 trillones de dólares, de los cuales, 500.000 millones van directamente al Departamento de Defensa. El resto, a gastos discrecionales, es decir, reducción de gastos en programas federales como la prevención de incendios, policía, FBI, mantenimiento de prisiones, pago de pensiones, sanidad, cuidado de los mayores, etc. Según la compañía de análisis económicos predictivos, Macroeconomic Advisers, si esos recortes entran en vigor, el PIB americano en 2013 podría retraerse un -0,6%, y 750.000 personas podrían perder su puesto de trabajo. América está creciendo a una media mensual del 2%, y restarle 0,6% al Producto Interior Bruto podría poner en peligro el crecimiento económico.

El presidente Obama quiere, como en el verano de 2012, según narra en su libro sobre la materia Bob Woodward, (“The Price of politics”, Simon & Schuster, 2012), un enfoque más equilibrado en el que sí, haya reducciones de gastos por importe de 1,5 trillones de dólares a lo largo de 10 años, pero al mismo tiempo, haya subidas de impuestos para los que el premio nobel de Economía Joseph Stiglitz denomina “el 1%”, en su obra “The Price of inequality” (2012, Allen Lane).

Los republicanos, desde la revolución conservadora de Ronald Reagan agrupan a tres grandes facciones electorales: los conservadores sociales, los conservadores económicos y los conservadores en defensa. En las elecciones legislativas de mitad de mandato de 2010, muchos congresistas del Tea Party, fundamentalmente conservadores económicos que pedían grandes reducciones de impuestos, llegaron a Washington dispuestos a cambiar la orientación política y el gobierno. Los tres grupos conservadores se unen ahora contra Obama, dispuestos a que el gobierno federal pueda tener que cerrar –como ya le sucedió a Bill Clinton en 1995- y que entren en vigor los recortes de gastos. La opinión pública no desea que, por una cuestión ideológica, casi un millón de personas vayan al paro y vuelva la recesión económica. En esto, la ciudadanía americana está a favor del presidente.

 

 

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