Sobre el autor

Foto de Mª Pilar Molestina

Mª Pilar Molestina: Periodista especializada en el mundo del vino. Ha sido responsable de uno de los primeros clubs de vinos allá por los años ‘80, ha dirigido publicaciones de vino y colabora en diversos medios –siempre sobre el vino y su entorno. Desde hace 20 años dirige el Anuario de Vinos de El País y participa en paneles de cata nacionales e internacionales, dirige degustaciones y hace presentaciones de vinos españoles por el mundo. Lo más importante es que para su actividad, cata aproximadamente 5000 vinos al año, lo que le da un conocimiento bastante ajustado de la realidad vinícola actual.

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06 octubre, 2015 | 13:40

Esta vez hablamos de pasta. Esa que según cómo y cuánto, acaba perfectamente localizada en la línea equinoccial particular de nuestro body. Sí, esa que se sirve en plato, se mastica y disfruta. La otra, que es más fluctuante según donde y según cuánto, que nos lleva a otros derroteros es algo que dejo para plumas más expertas  metafísica-económica-conceptuales.  Aquí me refiero a la de toda la vida y apta para cualquier bolsillo según la creatividad del cocinero. Ya ni me acuerdo la cantidad de veces que me han pedido un vino para maridar con una pasta concreta que tiene la equivocada reputación de ir con cualquier vino.  Y el caso es que no hay reglas fijas que den una solución universal que realmente sirva para todos los casos. Lo importante es estar atento a los sabores para que no haya choques bruscos entre vino y comida. Por eso, las reglas no son fijas.

Cuando llega el momento de buscar un vino apropiado para acompañar una pasta, en lo que realmente hay que fijarse es en la salsa. Y más concretamente, ¡en el color de la salsa! Para salsas claras, vinos claros. Para salsas más oscuras; vinos más rojos y mientras más oscura la salsa más “oscuro/tinto” el vino.

3 blancos
La pasta sin relleno como los típicos espaguetis o macarrones con salsa de queso o que solo lleven un chorro de aceite de oliva van perfectos con un blanco riojano como Amaren 2013. Elaborado a partir de viejas viñas de más o menos 50 años de viura (85%) y malvasía (15%) son una alianza de iguales. Ligereza de plato + ligereza y frescura de vino.  

Si la salsa es más “oscura” por la presencia de productos marinos más otros ingredientes, vendrá mejor un blanco más dorado que coincide con el tono de un albariño Rosa Ruiz 2014. Éste, es fruto de la selección de cepas centenarias plantadas por el bisabuelo de la actual responsable de la bodega y que, por primera vez, presta su nombre a una legendaria saga de vinos que son la historia vinícola de las Rías Baixas. Aromático + aromático, es un amor de almas gemelas.  

Unos espaguetis a la boloñesa, unos ravioles rellenos de carne o unos fettucines con albóndigas y con salsa de tomate precisan de un blanco con cuerpo y personalidad seductora como el Abadal 2014 depicapoll. Este monovarietal tiene los repuntes de fruta madura y atisbos herbáceos que acompañan perfectamente  las salsas ligeras a base de tomate.

3 rosados
Pero estos platos también resultan buena pareja para un rosado de variedades tintas, incluso un cava rosé es gran compañía.  Tres rosados que vienen al caso son el Heredad de Peñalosa 2014 que tiene un amplio abanico de aromas de florales y frutales francos y directos y con variados matices de fruta en sazón. Lo mejor; su fácil paso de boca equilibrado y que contribuye al mejor disfrute de la comida haciendo siempre acto de presencia, sin quedar en segundo plano.También es recomendable el rosado Selección de Lambuena 2014 que por su fluida textura y sabor tiene un carácter muy fresco que acude en el momento en que el plato pide una tregua de ligereza.  El Impromptu rosé elaborado a partir de pinot noir es el contrapunto perfecto para mantener el amplio registro de sabores sin alterar ni “enjuagar”  lo percibido en boca. Su buen equilibrio y largo final de boca acompasa los sabores del plato cuando la salsa de la pasta no es ni tan sencilla y ligera o marinera como para un blanco, ni tampoco tan intensa, compleja y grasa como para un tinto. Además, el beberlo fresco permite equilibrar los matices ácidos y dulces de las salsa con la que viene escoltada la pasta.   

Los tintos de cuerpo medio y poco poca madera son los idóneos para unos penne o vermicelli  con verdura, con hongos, o con chorizo y salvia por ejemplo. La Montesa 2012, fino en nariz y con una fresca acidez y Glorioso Crianza 2012 que esta añada está espléndido, con nervio, sabroso, vivo y con una nariz frutal muy definida,son buenos aliados que se ajustan perfectamente al momento.  Ambos, en su estilo, invitan a disfrutar.

3 tintos
Continuamos hablando de colores y para una pasta con sepia, una pasta de calamar con ídem de ídem, o acompañada con un suculento pesto inundado de los aromas de los piñones; ¡más madera!  Es momento de vinos más maduros  y complejos. El 5 Fincas reserva 2011 de Castillo de Perelada cumple con todo lo demandado. Su capacidad de hacer frente a la complejidad de sabores y la cantidad de matices que exhibe lo prepara para unos sabores complejos en el plato. Colores profundos del vino + colores más oscuros y “trabajados” en el plato los convierten en una pareja más que bien avenida.  

imagen de Ignacio Rúiz-Jarabo

Licenciado en Económicas e Inspector de Hacienda (en excedencia). Trabajó durante veinticinco años en el Sector Público, desempeñando entre otros los puestos de Director de la Escuela de la Hacienda Pública, Director General del Catastro, Director General de la Agencia Tributaria y Presidente de la Sepi. Desde 2.004 trabaja en el Sector Privado. Actualmente es consejero del grupo de empresas Colway 08 y socio director del despacho Carrillo & Ruiz-Jarabo Asesores.

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