Sobre el autor

Foto de Mª Pilar Molestina

Mª Pilar Molestina: Periodista especializada en el mundo del vino. Ha sido responsable de uno de los primeros clubs de vinos allá por los años ‘80, ha dirigido publicaciones de vino y colabora en diversos medios –siempre sobre el vino y su entorno. Desde hace 20 años dirige el Anuario de Vinos de El País y participa en paneles de cata nacionales e internacionales, dirige degustaciones y hace presentaciones de vinos españoles por el mundo. Lo más importante es que para su actividad, cata aproximadamente 5000 vinos al año, lo que le da un conocimiento bastante ajustado de la realidad vinícola actual.

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11 abril , 2014 | 13 : 50

Momento de universo rosé

Es momento de dejar atrás los largos días de vinos con bufanda que ya llegó la primavera, los días son más largos y luminosos y el humor se aligera. Es hora de mirar el rosado con otros ojos. Por favor olvidar la tontería de que no tiene las virtudes de un tinto ni de un blanco, que es gusto de mujeres o que el mejor rosado es un tinto. Eso, es remontarnos tontamente al Neandarthal y a la incultura de la viticultura y la enología. En los últimos años, los rosados han dado un tremendo vuelco de calidad y poco a poco se va notando una tendencia alcista de consumo.

En este momento, hay una cierta moda de rosados con poco color, siguiendo el éxito comercial de vinos californianos que han pasado a ser una referencia “cool” y moderna, e inspirados quizás por los antiguos rosados del sur de Francia que evocan sofisticación, elegancia, balnearios, sol y mar, con una copa de pálido rosado en la mano. Aunque en la actualidad, los rosados pálidos son más frecuentes en las regiones del Loira, Lorena o el Midi, donde se utilizan variedades con poco aporte de antocianos, responsables entre otras cosas, del color de los vinos... siempre La France como fuente de inspiración vinícola.   

Cada rosado puede ser un mundo; los rosados de lágrima se obtienen del mosto antes de prensar la uva, sin ejercer presión sobre ésta, ayudado por la propia gravedad que ejercen unos racimos sobre otros; por el método tradicional que es cuando se deja el mosto macerando unas horas o días -según el gusto del elaborador- con los hollejos para extraer antocianos; o por sangrado, cuando una vez transcurrido el tiempo deseado de maceración dentro del depósito, se abre el grifo de la parte inferior para extraer el mosto que tras el proceso de desfangado y limpieza inicia su fermentación. Este es un sistema muy típico para los rosados de garnacha.

Solo se trata de saber para qué va bien cada uno y encontrarle su particular encanto y, eso, solo se consigue probando. Para muestra un botón, o tres; cada uno fruto de una intención clara y personal.3 rosados

Barón de Ley 2013 es un rosado de lágrima hecho con tempranillo que le aporta cierta estructura y garnacha que contribuye a darle frutosidad. De un color muy pálido y sutil, conserva la tonalidad asalmonada que era una de las señas de identidad de los rosados de Cigales. En el capítulo de aromas destacan los recuerdos de fruta roja madura y alguna nota de frambuesa. En boca se presenta con buen equilibrio y cierta sensación final golosa.

7L 2013, un poco más subido de color que el anterior es un rosado de tempranillo con un toque de garnacha y cabernet. Ha macerado en frío a lo largo de toda una noche para asegurar la carga aromática frutal que exhibe y eso de tomar un rosado “de una noche” le da un claim un tanto golfa que resulta divertido. Perfecto para tapear y para acompañar comidas ligeras y frescas típicamente veraniegas. Atención a la voluptuosa presencia de la fruta y su final largo y envolvente.

Abadal 2013, tiene más color que los dos anteriores pero igualmente las uvas utilizadas, la sumoll y cabernet sauvignon, han dejado su impronta. Hay algo de cerezas y picotas en nariz, con un fondo herbáceo que contribuye a dar más sensación mediterránea. Todo, perfectamente enmarcado en una sensación de frescura global más marcada que en añadas anteriores. Me gustan sus matices personales a vinos con alma de tinto,pero sin desmerecer al delicado rosado.

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