Sobre el autor

Foto de Mª Pilar Molestina

Mª Pilar Molestina: Periodista especializada en el mundo del vino. Ha sido responsable de uno de los primeros clubs de vinos allá por los años ‘80, ha dirigido publicaciones de vino y colabora en diversos medios –siempre sobre el vino y su entorno. Desde hace 20 años dirige el Anuario de Vinos de El País y participa en paneles de cata nacionales e internacionales, dirige degustaciones y hace presentaciones de vinos españoles por el mundo. Lo más importante es que para su actividad, cata aproximadamente 5000 vinos al año, lo que le da un conocimiento bastante ajustado de la realidad vinícola actual.

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23 julio, 2013 | 13:08

Saber comer es de buena educación, pero saber beber es cuestión de buen gusto. Cuando hablamos de -saber beber- nos referimos a todo el conjunto de cosas que hacen que el disfrutar de un vino sea agradable. Por un lado, la puesta en escena (copas adecuadas, servicio correcto, temperaturas justas…) y por otro, lo más peliagudo que hace correr ríos de tinta; la acertada compañía del binomio comida-vino.  En la mesa, hay cantidad de reglas cuyo fin es asegurar que el vino y los distintos platos que se vayan a servir se lleven bien, pero la armonía que se persigue es siempre una cuestión de matices y es en éstos y en los pequeños detalles donde hay que fijarse para salir triunfantes del aparentemente espinoso tema de casar alimentos y vinos.

Digamos que un vino de calidad es como el prólogo de un buen libro tras el cual es difícil que las cosas vayan mal. Un mal vino no casará con nada, mientras que un buen vino (y no digo un vino caro, ¡ojo!) nos permite apreciar mejor la comida e incluso cuando esta alianza no es del todo acertada, hacemos el esfuerzo (nada complicado) de beber por un lado y comer por otro -paralelamente. Todo plato tiene su compañero ideal  y hay combinaciones perfectas y otras más imperfectas pero no me ha ocurrido rechazar una copa porque “no pega” con lo que estoy comiendo. Porque esa es otra; si te sirven un plato de lenguado en salsa de mantequilla con un tinto joven, todavía estoy por ver que desaparezca el lenguado de la mesa para traer algo más acorde con el tinto.  Lo que cambia siempre es la botella aunque ésta cueste el doble o triple que el propio plato... La comida exagera los rasgos del vino y de ahí que se ponga cuidado en la correcta elección.

Alianza. Rte.Casa Toni de Samaniego
Que hay enemigos del vino es de sobra sabido y éstos siempre son los sabores extremos: los ácidos muy obvios, los salados exagerados, los dulces empalagosos y los amargos marcados. Esto dejaría fuera una cantidad de salsas y preparados como las vinagretas, encurtidos, salazones, quesos muy curados y muchos postres, pero también alimentos como el ajo de potente olor, la cebolla en crudo -menos agresiva- pero igualmente distorsionante, el vinagre asesino de vinos, o todo el largo y delicioso listado de amargos como las alcachofas, el apio, los berros, etc.

Afortunadamente, para la larga serie de alimentos y platos conflictivos hay una inmensa variedad de vinos que pueden ser una buena alianza ya sea por contraste o por similitud; lo único que requiere el ejercicio de combinarlos, es un poco de atención. La regla que no falla nunca es: para comidas sencillas, vinos sencillos;  para comida fría y con ingredientes sin cocción, cavas brut y vinos de carácter mediterráneo;  para platos contundentes y elaborados, vinos de peso y potencia; y para grandes guisos y platos salseados,  vinos muy complejos y viejos. También se puede buscar en el vino el complemento, por contraste, que no tiene el plato: para lo amargo, un vino muy frutal (berros-rosado afrutado), para algo muy salado y fuerte,  un vino abocado o dulce (quesos azules- px) y para un plato muy proteínico un tinto. Pero ojo con esto último que la carne roja, los chuletones pasados por las brasa y la parrilla adquieren toques ahumados que piden vinos con carácter, enérgicos  y tánicos, mientras que las carnes jóvenes (ternera, lechal, aves pequeñas, caza de pluma, etc.) se amoldan bien a vinos más venerables, suavizados por los años.

Este verano me propongo hacer un listado –concreto- de amores y odios en el terreno gastronómico-vinícola, con el fin de evitar encuentros desagradable como el de las nueces con vino tinto que solo consiguen aumentar la sensación astringente, o la de un vino blanco con un postre muy dulce que produce una desagradable estridencia de sabores; o para sugeriros alianzas perfectas de cosas habituales que no sean las típicas que aparecen en cuanto le damos a la tecla para buscar “maridajes ” (¡qué palabro) en la Wikipedia,  donde las mayores entradas son para ostras con champán y foie con sauternes.  Todo se andará…

03 julio, 2013 | 15:43

En estos días, de repente me han hecho consciente de una importante cantidad de aniversarios que se están celebrando.  Son los 50 años del lanzamiento de la marca Viña Sol de Torres. ¿Quién no ha tomado algún Viña Sol en su vida? Empezó por ser el blanco más popular de los 60, fruto de las experimentaciones de fermentación en frío que realizaba Miguel Torres en un pequeño garaje cerca  de la bodega y luego ocupó su sitio entre las propuestas formales de la casa.  Esas fueron las bases de su constante apuesta por la frescura que hoy, permanecen inalterables.  Con la nueva presentación, ciertamente ha ganado prestancia y me gusta la aparición del sol en la etiqueta. ¡Toda una declaración! Viña Sol 50 años

Parece que fue ayer, como diría aquel, pero también hace ya 25 años que el albariño de la botella azul, Mar de Frades, salió por primera vez.  Un albariño que cada año gana un poco de untuosidad y carácter siendo siempre un buen reflejo de cómo ha ido el año. Fueron rompedores en la presentación, innovadores e imaginativos y los primeros en incluir un guiño al consumidor aportándole la información idónea de consumo a través de la pequeña silueta de un galeón que aparece en la etiqueta cuando se han alcanzado los 10-11o C. Este 2012 es un buen ejemplo de las elaboraciones del Valle del Salnés que como en todas las Rías Baixas ha estado marcado por la escasez. 

MAr de Frades 25 años
Otro cumpleañero es el Lagar de Cervera que celebra sus 25 años desde que el Grupo La Rioja Alta, S.A. se estrenara en tierras gallegas. En este tiempo, la bodega ha dado pasos importantes para mejorar su calidad focalizando los esfuerzos en la optimización de las fases de elaboración y arreglando la casa. Entra en su 25 aniversario con una flamante cara nueva de gran belleza estética, por un lado, pero con una no menos encomiable mejora en los procesos de producción. El Lagar de Cervera del aniversario, añada 2012, con una etiqueta especial para conmemorar la ocasión, la consideran como histórica en la bodega. El rendimiento de uva por Ha. fue bajísimo, la vendimia se retrasó mucho, después de unas temperaturas inusualmente bajas en verano precedidas de una primavera muy seca y la uva fue escasa… pero de calidad.  Tiene una excelente nariz llena de matices que invitan.

Lagar 25 años
Y esto me trae a la cabeza la última calificación de añada que acaba de presentar el Consejo Regulador de las DO Rías Baixas que también cumple 25 años de andadura. Tras los habituales informes técnicos de comparación de datos y cosechas previas, se valora la vendimia y se sopesan los éxitos obtenidos. El resultado es una cosecha 2012 calificada como MUY BUENA. De todos modos, me gusta recordar que más importante que una calificación que agrupa tanta diversidad, es mejor fiarse y fijarse en la trayectoria de una bodega, en la seriedad de su trabajo y en cómo le ha ido la cosecha en el lugar concreto donde tiene sus viñas.

Para seguir con los aniversarios, no puedo dejar un par de tintos de interés. El Beronia Viñas Viejas que hizo su estreno en sociedad hace 40 años, ha tenido una vida más azarosa que otros riojanos de su categoría, donde recuerdo cosechas que me encantaron y otras que fueron más olvidables. Hace algunos o años viene creciéndose y éste está realmente recomendable. El viñedo ha ido madurando igual que esta marca y si hay algo a destacar es su untuosidad en boca. Tiene unos taninos suaves, dulces, muy bien definidos donde el primer  sorbo conquista.

Beronia VV 40 años
Igualmente hay otro tinto, Matarromera tempranillo de 2010, que con esta añada ha querido  conmemorar su 25 aniversario con una edición limitada, seleccionando  las uvas de su Pago de las Solanas. Es un Ribera elegante que ha pasado 19 meses en barrica borgoñona y bordelesa de roble francés nuevo y exhibe esa elegancia tan rotunda que es su mejor tarjeta de presentación.

Matarromera 25 Aniversario

imagen de Ignacio Rúiz-Jarabo

Licenciado en Económicas e Inspector de Hacienda (en excedencia). Trabajó durante veinticinco años en el Sector Público, desempeñando entre otros los puestos de Director de la Escuela de la Hacienda Pública, Director General del Catastro, Director General de la Agencia Tributaria y Presidente de la Sepi. Desde 2.004 trabaja en el Sector Privado. Actualmente es consejero del grupo de empresas Colway 08 y socio director del despacho Carrillo & Ruiz-Jarabo Asesores.

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