Sobre el autor

Foto de Mª Pilar Molestina

Mª Pilar Molestina: Periodista especializada en el mundo del vino. Ha sido responsable de uno de los primeros clubs de vinos allá por los años ‘80, ha dirigido publicaciones de vino y colabora en diversos medios –siempre sobre el vino y su entorno. Desde hace 20 años dirige el Anuario de Vinos de El País y participa en paneles de cata nacionales e internacionales, dirige degustaciones y hace presentaciones de vinos españoles por el mundo. Lo más importante es que para su actividad, cata aproximadamente 5000 vinos al año, lo que le da un conocimiento bastante ajustado de la realidad vinícola actual.

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20 noviembre, 2012 | 18:54

Reunir en la mesa a una verdadera lamprea gallega, que no bordelesa, y un albariño racial que es pura artesanía, recuerda que aquellas alianzas primigenias, primarias y elementales  son aún posibles. Ésta, es una unión de productos vinculados a una cultura y a un origen eminentemente gallego que cada cierto tiempo se miran a la cara para confirmar que siguen vivitos y coleando en el ideario y en la tradición más arraigada.

El albariño lleva encima una larga historia con un pasado inmediato bastante inquieto. A pesar de la prosperidad alcanzada a comienzos de la Edad Media, las rivalidades con los comerciantes ingleses provocó que las autoridades prohibieran la venta de albariño y ribeiro a los “perversos” ingleses. Al final, solo se consiguió sustituir la venta de estos vinos gallegos por vinos portugueses e iniciar así un periodo ruinoso de decadencia de la vitivinicultura gallega.

Corrieron los siglos y los pasados años 70 y 80 fueron  importantes en la lenta recuperación de la producción de uva albariño. Nuevas inversiones, mejoras tecnológicas y un deseo de recuperar un icono del lugar dio lugar a la fundación del Consejo Regulador de la DO Rías Baixas en 1988 que, en un principio, intentó denominarse Albariño. Hoy con muchas tareas ya hechas, lo que se persigue es encontrar el auténtico albariño, un poco más fiel a sí mismo y un poco menos relajado a la hora de dejarse llevar por tentaciones comerciales hechas a medida de mercados específicos que dejan al albariño un tanto desnortado.

Asistimos a momentos apasionantes donde las bodegas llevan a cabo experiencias de las distintas tendencias de elaboración que defienden fermentaciones en barrica, crianzas sobre lías, ligeros pasos por madera, aportes de variedades distintas a la albariño en el coupage final, envejecimientos en botella, etc.  Todo vale para encontrar el verdadero corazón de la auténtica variedad autóctona en el fondo de la copa.

Nicolas de TRicó 2012
Entre unos y otros, está la Compañía de Vinos Tricó que mantiene una absoluta determinación de no intervención.  José Antonio López, propietario y alma mater piensa que cada cosecha debe defenderse y expresarse por sí misma y que hay que darle todo el tiempo que necesite para llegar a la maduración, previa a su puesta en el mercado. Defiende la honestidad del vino dejándolo que se desarrolle y sin más aditivos ni ayuda que el transcurrir del tiempo que es el que pulirá y redondeará el resultado final. Pasó por Madrid para hacer una cata vertical de las últimas cosechas, algo que hubiera sonado a imposible hace unos años en que se aseguraba que el albariño no envejecía bien y había que beberlo lo más cerca posible del momento de su embotellado.  José Antonio siempre defendió la longevidad del albariño auténtico y el tiempo ha dado la razón a sus elaboraciones.  El prodigioso Nicolás 2010 es un albariño fresco, con volumen, es un paso más allá de armonía y sensación global de equilibrio y sedosidad. Todo esto enmarcado en una amplia sinfonía aromática donde predominan las notas florales. Un verdadero deleite que no hizo sombra ni quedó opacado en compañía de la lamprea hecha en su propia sangre y con cebolla picada. Se dice que la lamprea fue el plato favorito de Carlos V ¡y eso que no contaba con Nicolás de Tricó para redondear el tema!

 

imagen de Ignacio Rúiz-Jarabo

Licenciado en Económicas e Inspector de Hacienda (en excedencia). Trabajó durante veinticinco años en el Sector Público, desempeñando entre otros los puestos de Director de la Escuela de la Hacienda Pública, Director General del Catastro, Director General de la Agencia Tributaria y Presidente de la Sepi. Desde 2.004 trabaja en el Sector Privado. Actualmente es consejero del grupo de empresas Colway 08 y socio director del despacho Carrillo & Ruiz-Jarabo Asesores.

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