Sobre el autor

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Mª Pilar Molestina: Periodista especializada en el mundo del vino. Ha sido responsable de uno de los primeros clubs de vinos allá por los años ‘80, ha dirigido publicaciones de vino y colabora en diversos medios –siempre sobre el vino y su entorno. Desde hace 20 años dirige el Anuario de Vinos de El País y participa en paneles de cata nacionales e internacionales, dirige degustaciones y hace presentaciones de vinos españoles por el mundo. Lo más importante es que para su actividad, cata aproximadamente 5000 vinos al año, lo que le da un conocimiento bastante ajustado de la realidad vinícola actual.

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31 julio, 2012 | 10:47

No se me ocurre mejor forma de enfrentar el cálido verano que con una copa de cava en la mano. Hay que olvidar la consabida copita del brindis o la que termina rematando una comida para acompañar los postres y devolver el cava a su mejor momento: como aperitivo y como acompañamiento de una comida de principio a fin. En verano las comidas se hacen más ligeras, los guisos son más marineros y arroceros, la invitación constante a un picoteo informal… todo, lleva a una copa de cava cuya temperatura de servicio, su frescura y sus características generales invitan al consumo en tiempo de calor. ¿Que el cava es para el verano? Sí, pero también hay que seguir un poco la filosofía de Madame Bollinger, al contestar sobre el mejor momento, en su caso, para beber champán; “Bebo champán cuando estoy contenta y cuando estoy triste. A veces lo bebo cuando estoy sola. Cuando tengo compañía lo considero una obligación. Jugueteo con él cuando no tengo hambre y lo bebo cuando sí la tengo. Por lo demás, nunca lo toco a no ser que tenga sed.”

El champán tiene muy buena prensa y casi el monopolio del glamour, pero este es un país de grandes cavas, verdaderos lujos de complejidad como los cavas de añada que son el resultado de una seria búsqueda por encontrar una identidad propia, así como una apuesta rotunda por la calidad. Ha habido momentos en que parecía que los cavas de larga crianza estaban a punto de perecer por la falta de reconocimiento del consumidor que muchas veces tarda en aceptar un producto distinto pero, hoy, ese puesto de honor está ganado a pulso con cavas que salen de casas como Recaredo, Gramona, Torelló Mata, Alta Alella, etc.

Mperial y IIILustros
El III Lustros 2005 o el Celler Batlle 2001 son dos grandes reservas de Gramona, de quitarse el  sombrero. El Imperial me enamoró hace años y con la añada 2006 he recordardo por qué.  Productos intachables para degustar con la tranquilidad del tiempo por delante, a pequeños sorbos tras haber apreciado sus aromas complejos, largos, envolventes y una boca untuosa, plena de sabores. Cada uno en su estilo, pero con el denominador común de una intachable nitidez de matices delicados y una larga, larguísima persistencia.

Hasta que volvamos a reencontrarnos aquí, después de agosto, será aconsejable tener a mano una buena cubitera para mantener siempre frío el cava a punto de descorchar. Sólo un detalle fundamental: no hay que tomar el cava a punto de congelación porque perderemos todos los matices y un cava de crianza es un ser delicado. Beberlo siempre entre 6º y 8º previendo que en cuanto se sirva, el calor ambiental subirá un par de grados la temperatura de servicio.

Salud y hasta septiembre.

 

26 julio, 2012 | 18:23

Empiezo a dudar mucho de guardar vino porque llevo una considerable racha de decepciones. No voy a sacar un listado de mis últimos desencantos pero lo que sí está claro es que muchas veces el guardar vinos es un acto de fe, por mucho que dominemos la teoría de cuáles sí, cuáles no y en qué condiciones. Básicamente y por acortar explicaciones, a más participación destacada de polifenoles en tintos y de acidez en blancos, más probabilidades de longevidad. Se explica perfectamente el discurso machacón de los elaboradores haciendo hincapié en la cantidad de polifenoles que tiene alguno de sus vinos, porque es su garantía para el más allá.

La capacidad de envejecer es una delicada relación de cantidad de compuestos fenólicos (especialmente taninos), componentes de sabor, acidez y alcohol que junto con la elaboración y la crianza, terminan por redondear el tema. De todos modos, para ser más rigurosa he acudido a las fuentes consultando a varios enólogos para que se definan: por supuesto, sus vinos son perfectos para guardar muuuuuchos años –ojo, sin definir “muuuuuchos”. Al final, parece que todos han sacado un master en la escuela de diplomacia de Viena y quieren quedar bien sin mojarse, por lo que me quedo como estoy. Por supuesto que ningún vino bueno va a perder el norte antes de los 12 o 15 años después de la fecha de su cosecha (o eso creía yo) pero, por si acaso, los enólogos pasan la responsabilidad al distribuidor, de ahí al establecimiento comercial que lo vende al público, luego al propio consumidor, hasta que pasados los años de mimada guarda casera en condiciones idóneas, se descorcha y ¡horror! llega el fiasco cuando lo tienes al fin en la copa. Todos tratamos de seguir la curva de vida más o menos reconocida y beber los vinos en su mejor momento –en teoría-, pero la única verdad es que sólo sabemos en que punto de la curva de vida está un vino cuando ya lo tenemos descorchado ante nosotros y, sólo entonces, podemos comprobar si éste ha llegado a su momento idóneo de consumo o empieza ya a mostrar cierta decadencia por lo que teníamos que haberlo descorchado meses o años antes. 

Coulee kaput
Pues en esas dudas existenciales me encuentro después de haber descorchado hace unos días un blanco, Coulee de Serrant de 1998, del archifamoso viñedo de Nicolás Joly situado en las laderas del Loira. Son las 7 Ha. de viñedo francés más discutido, valorado, controvertido, admirado y cuestionado por su forma de llevar a cabo la viticultura. En todo caso, enormemente interesante y con ese interés, compré una caja –a un impecable distribuidor- hace unos 10 años. Las penúltimas botellas fueron una decepción a lo largo del año pasado, pero como soy una optimista nata, quedaba una botella que decidí compartir con colegas catadores. Casi asustaba su color oxidado y me dejaron fría sus aromas y su pobre boca ya de despedida. Solo habían pasado 13 años de su fecha de cosecha y no puedo decir que el vino fuera malo, porque según mi amigo Paco hay sólo tres vinos malos: “vino la suegra”, “vino la factura” y “no le vino”. Los demás, son una pena.

Pues después de haber comprado la caja a una persona de toda confianza, de haberla guardado celosamente en las mejores condiciones, de haberla abierto con casi 9 horas de antelación, de haberla decantado con todo el cuidado… una verdadera pena. Mis colegas de cata no fueron muy expresivos a la hora de decepcionarse –Nicolas Joly y su viñedo del siglo XII impone mucho- pero rápidamente pasamos a otro vino y el decanter quedo lleno en una esquina de la mesa. Ahora mismo no sé el precio que tendría el ’98 ni los precios de las añadas que están en la calle, pero en todo caso, no bajan de 70€/botella. Guardar o no guardar; esa es la cuestión...

 

22 julio, 2012 | 19:24

Conocemos parejas de todo tipo; las totalmente opuestas que se atraen y en esta curiosa alianza consiguen un equilibrio; las que pegan como un guante y son un bálsamo de aceite de compenetración; otras, tormentosas, enfrentadas y a pesar de todo inseparablemente complejas que en el reto de la confrontación, encuentran el encanto de la compañía y así, hasta un larguísimo etcétera en el que cada factor que se introduce en la ecuación sorprende creando una nueva pareja. El juego consiste en conseguir la habilidad de crear parejas que se lleven bien. Hablamos de maridaje entre comida y vino. Y uso la palabra maridaje porque últimamente la palabreja está de moda y aunque yo no la soporto porque es horrorosa, no encuentro una que la sustituya a mi gusto. También hay gente que en lugar de hablar de maridaje habla de armonías pero esto sí que encuentro que se cae de cursi y hortera. Sencillamente, prefiero hablar de vinos, bebidas y comidas que se acompañan bien. Hace unos años no maridábamos ni armonizábamos nada en la mesa, nos limitábamos a buscar una buena combinación que terminara cerrando el círculo de una buena mesa.

Maridaje Mole
Con ánimo de desacralizar el tema maridaje, de pasarlo bien y de probar un auténtico mole poblano casero hecho por Doña Blanca, madre de Luis, uno de los amigos que nos juntábamos, nos dispusimos a comprobar sobre la marcha, mejor dicho durante la comida, la conveniencia de acompañarlo de vino o cerveza. Como el mole en Méjico es casi sinónimo de fiesta y tradición, quisimos entrar en ambiente y el aperitivo de tequila fue en versión margaritas gracias a Rocío que apareció con dos botellas de Arette (hay testimonio gráfico de Nacho con la coctelera emulando a Tom Cruise). La estimulante tapa que servimos con el cóctel fue un chorizo con un punto picante que trajo Ovidio de León. Nadie lo hubiera dicho, pero tan recios sabores casaron sin la más mínima dificultad. Cumplimos así la primera parte del rito mejicano que es acompañar el mole de tequila, antes y después, y de cerveza durante… Es importante la combinación que se hace porque el mole es un plato de elaboración compleja cuya consistencia aterciopelada y cremosa se debe a la profusión de chiles y especias en perfecta sintonía. Por algo es el afortunado resultado de la fusión azteca que ya preparaba el mulli (potaje a base de chocolate y especias) para las grandes ocasiones, y la habilidad culinaria de una monja dominica española vista en la necesidad de preparar una receta autóctona para agasajar al virrey de la Nueva España allá por el siglo XVII.

Sin perder de vista la complejidad del plato comprobamos que la Mahou 5 Estrellas tuvo la virtud de refrescar y desengrasar el paladar, lo que permite apreciar mejor la textura del mole. Además, la temperatura fría de la cerveza también le venía de maravilla al puntito de picor del mole. Hasta aquí, un éxito que confirma la tradición mejicana de la pareja cerveza-mole. Para darle una oportunidad al tinto, Guillermo, Gabriela y Bea aportaron el Áster Finca El Otero 2009 de la Ribera del Duero. Sobre el papel, parecía un candidato más que probable a llevarse bien porque -mole y vino- comparten textura sedosa, gran cantidad de aromas especiados y sabores marcados, como el dulzor del chocolate, base del mole, que se vería bien acompasado por los taninos maduros y dulces del tinto. El resultado también fue positivo; habíamos formado una nueva pareja bien avenida. Al final, el helado de chocolote de Santiago y las moscovitas de José Mari fueron el colofón para rematar una comida donde el denominador común de chocolate hacía que siguiera luciéndose el tinto.

El resumen no puede ser más obvio, si hay equilibrio y el vino no tapa los sabores de la comida y esta última no queda anulada por las notas del vino; se acierta. Lo importante es que se lleven bien, que no se enfrenten entre ellos por llevar el protagonismo y que no creen conflictos de aromas ni sabores. El éxito está en el equilibrio... y en los compañeros de mesa. La verdadera conclusión de una sesión como ésta es que el mejor binomio gastronómico es una buena comida con la mejor compañía y ese día los ingredientes fueron imbatibles.

16 julio, 2012 | 12:37

El consumo de vino en España está a la baja y el próximo incremento de IVA no va a animar gran cosa el panorama, especialmente teniendo en cuenta que el sector está compuesto mayoritariamente de pymes y autónomos; lo que se resume en pequeñas bodegas, pequeños viticultores y de ahí en adelante todo en escala pequeña, menos los problemas de tesorería, de comercialización y de cobro que, igual que una gran empresa  o una multinacional, se sufren a gran escala.  

Antes –cuando nos creíamos ricos- salíamos más, tapeábamos en los bares y nos permitíamos bastantes más alegrías gastronómicas que lo que hacemos actualmente. El hecho de que todavía haya lugares que están de bote en bote no es más que la excepción que confirma la regla de la restauración. En el débil equilibrio malabar que se hace para mantener la puerta de un restaurante abierta, el vino es uno de los que paga las consecuencias. Ahora, por los primeros comentarios que ya se empiezan a oír, el IVA será la excusa perfecta para justificar los exagerados precios en las Cartas de Vino. 

Los bodegueros se echan las manos a la cabeza cuando ven los precios de sus vinos en los restaurantes porque ellos sí saben a qué precios los han vendido. No importa el precio de compra, al final, en el precio que paga el comensal nunca está reflejado el esfuerzo del vendedor para ajustarse a las necesidades y requerimientos del establecimiento. El margen exagerado de los vinos de muchos restaurantes, que puede llegar de un discreto 20 o 30% hasta un 300 o 500% en casos puntuales, mantiene inalterable la conciencia de muchos mal llamados empresarios de la restauración, más emparentados con asaltantes de caminos que con gestores de un comedor público que se supone viven de agradar a su público. 

Hasta que no pase este vendaval, los vinos buenos hay que beberlos en casa o buscar lugares donde el vino no sea el único que pague la calefacción, la lechuga y los paños de cocina. Muchos restaurantes justifican los altos precios de sus Cartas porque dicen que es culpa del cliente que no valora el vino si es barato, pero hay otros que tienen un poco más de ese sentido tan escaso, mal llamado común.

Bot copa
Afortunadamente aún se encuentran de estos últimos en casi cualquier rincón ya sea en una gran ciudad en pleno centro activo como la madrileña Taberna de Luis García de la Navarra (Tel. 91 523 36 47) a unos pasos de la Bolsa o en el comedor de una tranquila casita rural en Piedrafita, un recoleto pueblo de Huesca, como Casa Javier (Tel. 974 34 42 50/669 57 51 21). En la primera, ofrecen fuera de Carta, un buen vino por 2€ más que el precio al que lo han comprado durante una semana. Si éste gusta a los comensales, al cabo de esta semana se incorpora a su extensa Carta que gestiona 700 referencias, a un precio ¡más que razonable!  En el último, ofrecen un precio fijo de comida más vino por 20€, con la opción de llevar el vino si no es de tu gusto el que ofrecen en su escueta Carta.  Ambos lugares tiene un gran encanto, cada uno en su estilo, y el vino es un agradable capítulo de la comida que te hace repetir visita y que no carga sobre sus hombros todo el peso del negocio. 

 

12 julio, 2012 | 08:12

Ya sé que hablar de vinos buenos y caros es fácil, pero tampoco es difícil encontrar vinos cuya relación calidad precio sea perfecta para la comida diaria. Todos queremos beber vinos que estén bien sin dejar grandes agujeros en el bolsillo porque está claro que, paladar de pata negra lo tenemos casi todos aunque nuestro bolsillo, hoy por hoy, solo dé para mortadela. 

Con esto, acepto el reto de Vicent que en su comentario me pide recomendaciones de vinos que no superen los 10€ y que sean vinos de un cierto nivel; que los tetrabriks ya los conocemos todos. Lo malo es que hacer este ejercicio siempre me pone un poco nerviosa porque ¿por qué unos sí y otros no? La selección de estos vinos es muy complicada porque hay muchos que están en la misma línea y seguro que cometo muchas injusticias.

Al final, la exigencia me la he hecho yo misma. El límite de precio lo he puesto en 6,00€ con la esperanza de que no haya tiendas donde lo marquen más -que de todo hay en la viña del señor, pero recordar que no es lo mismo comprar en un hiper, en un super de barrio, en una tienda especializada u on-line. Todos los vinos citados tienen una puntuación que está por encima de los 83/100 y para tener el recuerdo de cata muy fresco, me he limitado solo a aquellos que haya catado en los dos últimos meses. He incluido un poco de cada tipo: rosados, tintos jóvenes y con algo de crianza, blancos, cavas y hasta un dulce.

No voy a extenderme en describir cada uno de los 20 vinos porque sería un listado eterno y creo que lo mejor es probarlos uno mismo. Con éstos, nadie se va a arruinar haciéndolo y habrá más de una agradable sorpresa garantizada. Lo que no puedo asegurar es dónde adquirirlos porque no sé dónde distribuye sus vinos cada bodega. Lo seguro es que ya están en el mercado y si no se encuentranen establecimientos normalitos, siempre queda el recurso de hacer de Sherlock Holmes utilizando un buscador de internet para averiguar puntos de venta.

ROSADOS

Risco Rosado 2011, D.O. Arlanza (4,00€),

Noemus de Navarrsotillo 2011, D.O. Navarra (4,40€)

Ochoa de Lágrima 2011, D.O. Navarra (4.90€)

Hiriart de Lágrima 2011, D.O. Cigales (5,00€)

TINTOS

Jordán de Asso Garnacha Tinto Barrica 2010, D.O. Cariñena (4.50€)

El Beybi  de Vega Sauco, D.O. Toro (5,00€)

El Miracle  2011, D.O. Alicante (5,00€)

Laya 2010, D.O. Almansa (5,50€)

Care Tinto Roble Garnacha Syrah 2011. D.O. Cariñena ( 5,80€)

CVNE  Crianza 2010, D.O.Ca. Rioja( 5,85€)

Finca Sobreño Tinto Roble 2011, D.O. Toro ( 5,90€)

CAVAS

Castillo de Perelada Brut Reserva, D. Cava  ( 5.25€)

Parés Balta Cava Brut, D, Cava ( 6,00€)

DULCE

Murviedro Moscatel  2011, D.O. Valencia(5,95€)

BLANCOS

Monopole Siglo XXI  2011, D.O. Rueda ( 4,65€)

Tres Lunas Verdejo 2011 D.O. Rueda ( 5,00€)

Protos Verdejo 2011, D.O. Rueda ( 5,30€)

Monte Blanco Verdejo 2011, D.O. Rueda (5’50€)

Infraganti 2011, D.O. Rueda (5,90€)

Ondalán 2011, D.O.Ca. Rioja (6,00€)

 

Varias 001

 

09 julio, 2012 | 12:31

Hasta hace poco, la máxima preocupación de muchos era ver quién la tenía más grande. Hoy, parece que lo que interesa es quién la tiene más cara. La botella, claro. Hemos pasado de la moda de tener botellas pesadísimas, oscurísimas y voluminosísimas –tanto, que muchas parecían magnums siendo simples 75cl.- para trasmitir la sensación de vino especial y de calidad, a querer trasmitir el mismo mensaje a base de ponerlas en el mercado a precios astronómicos. La crisis ha dado pie a una diversidad de estrategias comerciales en el mundo de los vinos premium; algunas bodegas de vinos muy caros han contenido sus precios; otras, recuperando el tiempo perdido este último par de años en que los precios han estado ligeramente adormecidos han vuelto a subirlos ahora y por último, otras, han optado por embotellar vinos muy especiales a precios de vértigo con el fin de ganar credibilidad.  Es el caso del último lanzamiento de la bodega de Toro, Teso la Monja, propiedad de la familia Eguren.

Según ha escrito una publicación extranjera cuyo nombre ahora no recuerdo, esta familia y los vinos que elabora en sus bodegas es al mundo vinícola español, lo que Ferrán Adriá a la gastronomía. Si estamos hablando de ir un paso por delante de todo el mundo; no cabe ninguna duda de que son unos innovadores. De las bodegas del Grupo (Sierra Cantabria, Viñedos de Páganos, Señorío San Vicente, Dominio de Eguren y Teso La Monja) salen vinos que cada año copan las máximas puntuaciones. El que nos ocupa, Teso la Monja 2008, marca claramente un antes y un después en muchos aspectos. Por un lado, ha seguido todos los preceptos biodinámicos de cultivo en todas su fases (otro día os contaré esto) y Marcos Eguren, enólogo de las bodegas de la familia, ha realizado una escrupulosa vinificación con criterios de absoluto respeto y no intervención en una parcela ya de por sí singular. Es un vino exclusivo que procede de un pequeño viñedo prefiloxérico de 1,8 Ha. que cada cosecha  destacaba por encima de todos al vinificarlo por separado. La identificación de esta singularidad llevó a la familia a seguir adelante con un micro proyecto vinícola donde el enfoque ha sido totalmente artesano y por lo tanto, manual.

“Necesitábamos un vino de precio alto, para que no te sacaran de La Lista porque si no, no es creíble” comentaba Marcos Eguren, con la certeza de la calidad contrastada en cata ciega.  Se han elaborado solo 828 botellas que salen de la bodega a un precio de 525 más IVA y que podrá encontrarse a precios que oscilan entre los 700 a 900€/botella. Cuando se llega a este nivel donde hasta el lenguaje se vuelve un tanto místico, en que la bodega anuncia que ha “alumbrado” un vino y que como dijo Eguren, “vale dinero, pero que es barato” recibo el mensaje de que han hecho más que elaborar un vino.  

Teso La Monja

Ayer vi la última película de Sean Penn (Un lugar donde quedarse) donde interpreta a una retirada estrella del rock llamada Cheyenne. En una escena, está sentado en una barra de bar y entabla conversación con su vecino. Para iniciar una conversación, le pregunta a qué se dedica y éste le contesta que hace tatuajes. “Bonito trabajo”, le contesta el rockero.  Ante lo cual se indigna el tatuador y le increpa “no es un trabajo, ¡es arte!” Cheyenne, que se esconde tras toneladas de maquillaje y unos ojos permanentemente tristes le contesta: “ya nadie trabaja, todos hacen arte”.  Al escribir esto, de repente me he acordado de la escena.  Por cierto, probar el vino fue toda una experiencia. Un toro delicado, irrepetible, complejo y casi ligero. Recuerda a los grandes de Borgoña; de esos que siempre están en la Lista

 

05 julio, 2012 | 09:43

El escenario es la bañera de un barco en el Mediterráneo, mediodía de sol de justicia, grupo de amigos divinos de la muerte, pero…

-          ¡Mayday mayday! Aquí barco de sedientos; que nos hemos quedado sin champán. Cambio.

-          Hola Barcodesedientos, aquí Veuve Clicquot; decirme cuál champán queréis.

-          Nos gustaría una botella del Brut, y otra del Vintage Rich del 2002. ¿Qué tardáis? Cambio.

-          Poco. Darme vuestras coordenadas y os llegará a temperatura perfecta de servicio. Cambio.

Y así, hasta que el champán llega en un flamante Rodman Spirit Open 31, barco último modelo de la gama, para salvar el día. Ésta es la entrega puerta a puerta, o mejor dicho, puerto a barco, en la ruta entre Ibiza y Formentera que durante los meses de julio y agosto inaugura el champán  la Veuve Clicquot, más conocido como “el de la Viuda”. La posición GPS en grados y minutos, y el número de teléfono 626.955.646 es lo único necesario para recibir el correspondiente champán en alta mar de martes a domingo (sin gastos de desplazamiento).  

La idea de esta iniciativa se debe a la imaginación y al acuerdo entre la constructora española de barcos Rodman, fundada hace más de 40 años por Manuel Rodríguez (¿no os encanta lo acertado del nombre y la musicalidad extranjera que pone el punto marketiniano a la marca?) y Vila Vins, el distribuidor del champán en las islas. El primer escollo de logística lo han salvado entre ambos aportando lo mejor de su saber hacer y el atractivo lo pone la propia Maison que tiene un muy reconocido prestigio en toda su gama.

Viendo el retrato de Madame Clicquot que aparece en las chapas de los tapones, en actitud tan grave y con aspecto tan decoroso y formal, nadie pensaría que fue La Grande Dame de Champagne del siglo XIX; atrevida, de armas tomar y con la imprescindible dosis de frivolité que le permitía disfrutar de la vida. Al quedar viuda, antes de cumplir los treinta, tomó las riendas de la empresa y aportó grandes cambios que hoy son el día a día en elaboración de espumosos. A ella se le atribuye la utilización de la mesa de removido y la elaboración del primer rosé como lo entendemos desde entonces.  Se saltó a la torera el bloqueo continental y para mediados del siglo XIX vendía a todos los países que quisieran comprarle. Gracias a ella, el champán dejó de ser turbio ya que tras largas y penosas pruebas ideó los pupitres inclinados que permiten colocar las botellas boca abajo y que tras darles un giro de 1/8 de vuelta cada día, concentra los sedimentos en el cuello de la botella que luego, una vez enfriado, se eliminan con cierta facilidad.

En general, hay dos cosas que me encantan de los champanes de la Viuda; el perfecto equilibrio de acidez que tienen porque al hacer fermentación maloláctica, cosa no obligada en el método champenoise, controlan mejor la acidez y el poco licor de expedición que llevan que los hacen más nítidos y expresivos.  Son champanes que salen al mercado con el doble de envejecimiento de lo exigido en Champagne y los de añada salen con 5 a 10 años de bodega. Si es que hay que hablar de gustos, para mí; La Grande Dame es el más soberbio, cómo no… 145€/botella, pero el Brut, el de la reconocible etiqueta color albero, es un gran champán sin añada por 36€ aprox. Servicio de entreg en alta mar

 

02 julio, 2012 | 10:38

Tengo casi atascado mi correo electrónico tras mi participación en este blog. Pero no es por lo que pensáis, (compruebo que solo me lee la familia) y  no creáis que me comentan el contenido del blog ¡Tampoco!  Me dicen lo horrorosa que estoy en la foto de la introducción. Unos opinan que parezco 10 años menos y otros que 12 años más. Alguno me ha preguntado si me acabo de quitar el casco de la moto porque tengo el pelo “planchado” y otros me sugieren un new look dejándome el pelo al cero, o al uno.  !Pero que yo escribo de vino¡  A ver si os enteráis. 

Es cierto que tengo mi corazoncito y no soy ni tan vieja ni tan joven, ni tengo el pelo planchado ni me lo voy a cortar. A lo mejor hasta me cambian la foto pero como soy nueva en esto de bloguear, estas opiniones todavía no han calado -ni medio superficialmente.  Básicamente ¿sabéis por qué? Porque ahora mismo estoy sentada delante del ordenador, copa en mano, catando un fastuoso albariño que puedo decir es de los que más me ha impresionado últimamente.

Es lo que tiene el buen vino; que de pronto el mundo alrededor se queda congelado y como en las películas, los focos se centran en el meollo de la cuestión y toda la atención recae en lo único interesante que está ocurriendo en la escena: la copa de albariño La Comtesse 2009 que tengo a mi derecha.  Hace unos cuantos años que la bodega Pazo de Barrantes (propiedad de Marqués de Murrieta en Rioja) quería hacer una segunda marca. El conseguir hacer algo especial  en Galicia con la variedad albariño era un reto descomunal que ha demostrado ser mucho más complicado que lo que se antojaba inicialmente; a las pruebas me remito ya que han tardado 10 años en lanzarlo. 

En los últimos años en Rías Baixas, la primera prueba que hacen las bodegas que buscan diferenciarse es trabajar las barricas. Ésta tampoco ha sido una excepción. Sin embargo, a pesar de la gran personalidad de la albariño que parece que lo resiste todo, es una uva sumamente frágil y cualquier mínimo despiste  se paga. El vino se convierte así en chivato de todos los errores en su elaboración y el resultado puede ser un blanco que sucumbe a la potencia del roble.

Quizás el equipo de Barrantes no es más listo que otros, pero lo que sí son es más concienzudos y han tenido años para darse cuenta que la albariño es una diva. No le gusta que la lleven ni le marquen una coreografía a seguir; se expresa libremente. Lo máximo que han hecho (¡que no es poco para las prácticas vinícolas habituales!) es quitarle impedimentos para que sus pasos de baile sean como quiere. El viñedo de donde proviene en el Valle del Salnés tiene 40 años de antigüedad y es el quid de la cuestión. El resto no han sido más que mimos respetuosos para tan veleidosa dama: se recogió la uva en septiembre cuando la climatología acompañaba y se despalilló totalmente a mano. Se prensó muy lenta y ligeramente para no interferir en su carácter y fermentó en grandes tinos de roble francés de grano fino de 3000 litros para que este encuentro sea lo menos invasivo posible. Tras este paso que duró 50 días a 10oC con el fin de no perder aromas, permaneció 2 meses en contacto con sus lías, lo que ha conseguido darle un gran volumen en  boca. Luego, siguió en los tinos hasta completar el año tras lo cual se embotellaron, exactamente 3.836 botellas, en el momento en que estaba más expresivo. Que los buenos albariños ganan con el tiempo es obvio ante este 2009 al que todavía le quedan años.

Anoche nos dieron un magnífico ejemplo de lo que  consigue un equipo cohesionado La Comtesse3 ok
. Gracias a ellos hoy nos sentimos  todos un poco más altos, más guapos y más listos. ¡Hasta me veo un ligero aire a top model en la foto del blog! Gran momento para celebrar también a este equipo de Pazo Barrantes que consiguen redondearnos un día como este. Por cierto, un capricho a 30€ botella. ¡Un día es un día!

 

imagen de Ignacio Rúiz-Jarabo

Licenciado en Económicas e Inspector de Hacienda (en excedencia). Trabajó durante veinticinco años en el Sector Público, desempeñando entre otros los puestos de Director de la Escuela de la Hacienda Pública, Director General del Catastro, Director General de la Agencia Tributaria y Presidente de la Sepi. Desde 2.004 trabaja en el Sector Privado. Actualmente es consejero del grupo de empresas Colway 08 y socio director del despacho Carrillo & Ruiz-Jarabo Asesores.

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