Sobre el autor

Foto de Mª Pilar Molestina

Mª Pilar Molestina: Periodista especializada en el mundo del vino. Ha sido responsable de uno de los primeros clubs de vinos allá por los años ‘80, ha dirigido publicaciones de vino y colabora en diversos medios –siempre sobre el vino y su entorno. Desde hace 20 años dirige el Anuario de Vinos de El País y participa en paneles de cata nacionales e internacionales, dirige degustaciones y hace presentaciones de vinos españoles por el mundo. Lo más importante es que para su actividad, cata aproximadamente 5000 vinos al año, lo que le da un conocimiento bastante ajustado de la realidad vinícola actual.

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Inicio | julio 2012 »

28 junio, 2012 | 09:30

No soy nada futbolera y sin embargo he sufrido, padecido y casi me quedo catatónica en más de un momento durante el partido de ayer. Me las prometía entretenida y optimista, para lo que había preparado un piscolabis contundente (para que luego nadie reclamara cena) y no se me ocurrió nada mejor que seleccionar un vino especial para la ocasión. Ya sé lo que estáis pensando, pero NO.  Elegí la botella, como lo hace el 80% de mis amigos… ¡¡por la etiqueta!!! Tenía que estar a juego con La Roja y ahí me tenéis en mi armario de vino buceando entre las botellas que atesoro para buscar el vino que tuviera la etiqueta más acorde con el espíritu rojo imperante. ¡Para que luego digan que las etiquetas son lo de menos!

Como quería algo rojo, había que decidirse, de entrada, por un tinto. Dado el calor ambiental y el real, tenía que inclinarme por algo que admitiera cierto refresco. De todas las etiquetas rojas/burdeos/lacre/grosella etc., me quedé con una que –además- tiene un aspecto desenfadado, moderno y sin engolamiento.  Cuando aparecí con mi botella frente al televisor, todos me miraron con cara de marciano preguntando ¿qué era eso tan “americano”?  Como todos son unos entregados y, más que nada, pertenecen al club de “a caballo regalada no le mires el diente” alargaron sus copas con una fugaz mirada de desconfianza.  Entre silencios, suspiros entrecortados y tacos bastante claramente expresados (por el fútbol, no por el vino) me miraban recelosos como si en el fondo de la copa fuera a estar la única alegría de la noche, que, por cierto, se hizo esperar.  ¿Qué puedo decirles que no hubieran visto con sus propios ojos?

Pero pásmense ustedes señores, porque entre el pase de no sé quién a no se quién (sin gol, todo hay que decirlo) uno de mis amigos levantó la copa y exigió explicaciones. ¡Esta buenísimo este Angosto 2010! Efectivamente; el crianza valenciano estaba plétorico de fruta, expresivo, con cantidad de sabor y una buena estructura. Ideal para un pica-pica y perfecto para atacar platos más contundentes cuando se acabaron las patatas, las aceitunas y las lascas de ibérico. Elaborado por la familia Cambra  en una antigua bodega del siglo XIX en la finca Santa Rosa, en Villena, este cautivador Angosto  hecho con syrah,  garnacha tintorera  y cabernet franc de viñedos ubicados en suelos de ladera, calcáreos y pobres en materia orgánica, se presentó absolutamente cautivador. La familia tiene una larga tradición de viveristas y su experiencia de plantas y el conocimiento de las variedades le ha valido para que a los pocos años de la fundación de la bodega, en 2004, estén consiguiendo vinos de mucho reconocimiento.  La imagen es divertida y rompedora y este tinto, con 10 meses de permanencia en barrica tiene el justo toque de madera  para agradar con un punto elegante que no llega a solapar la fruta. Lo que más me gusta es ese recuerdo a violetas que se aprecia en nariz entremezclado con unos tostados que luego después del primer trago vuelven a asomar sin timidez.  Lo segundo que más me gusta es su precio: de 6 a 8€ según el establecimiento.

 

21 junio, 2012 | 20:37

Para llegar a este sencillo post he debido pasear la mirada por los nada alentadores titulares económico-financiero-amedrentadores que me crean un desasosiego que no me tengo, hasta que recuerdo que entre tanto  dato, análisis, rescate, recapitalización y primas, sólo estoy aquí para escribir de cosas de vino. ¡Qué respiro!

No pretendo ver el vino desde el lado económico –que entonces me pongo en el mismo plan; que el sector no es ninguna excepción- ni que compartamos sesudas disquisiciones técnicas,  aburridas notas descriptivas o valoraciones crípticas cuyas palabras a todos suenan pero nadie fuera del sector se atreve a señalar exactamente qué quieren decir.  Propongo que me acompañéis en mis viajes y en las catas que hago, que compartamos los descubrimientos, las anécdotas, las tradiciones, los divertimentos y las tierras del vino.  Escribiré aquí de asuntos pequeños y grandes, de personas y vinos que hacen de éste un mundo divertido, diverso y enriquecedor.

Sé de sobra que el vino es un gran vehículo de acercamiento entre personas y también que ejerce una verdadera fascinación en muchos.  Quizás parte de todo esto es el hecho de que se pueden establecer similitudes con nuestra propia existencia: el vino se gesta, nace y pasa por diversas fases de desarrollo donde se manifiesta de un modo cuando es joven, de otro cuando ya va alcanzando cierta madurez y de otro muy distinto en la vejez.  Se deja influenciar y reacciona a factores externos, se comporta de distinta manera según el entorno donde se encuentre y se expresa según mejor le parece en cada momento.  Al fin y al cabo, tiene personalidad propia.  Luego envejece, se vuelve un anciano respetable, venerable, ameno y sabio, o todo lo contrario, y se convierte en un viejo cascarrabias, amargado y sin fuelle.  Al final y como todos, muere en un círculo unido al campo y la naturaleza.  Su lugar de nacimiento dice mucho de su carácter, el trato recibido a lo largo de su vida y sus experiencias marcan su comportamiento…  Perdón ¿de qué estábamos hablando?  ¡Ah sí, de vino!  Y cuando está bueno, está taaaan bueno.  Pues iniciemos este variopinto recorrido y como el vino es una cosa que se comparte, vayamos de vinos y que ustedes lo beban bien.

 

 

imagen de Ignacio Rúiz-Jarabo

Licenciado en Económicas e Inspector de Hacienda (en excedencia). Trabajó durante veinticinco años en el Sector Público, desempeñando entre otros los puestos de Director de la Escuela de la Hacienda Pública, Director General del Catastro, Director General de la Agencia Tributaria y Presidente de la Sepi. Desde 2.004 trabaja en el Sector Privado. Actualmente es consejero del grupo de empresas Colway 08 y socio director del despacho Carrillo & Ruiz-Jarabo Asesores.

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