19 mayo, 2015 | 13:06

 Últimamente, se oye mucho la palabra “mineralidad” para describir una característica positiva de un vino. El tema es como discutir del sexo de los ángeles y, como es previsible, hay muchas opiniones. Esta palabra quiere expresar una sensación en boca que trae recuerdos de pizarra, piedra, pedernal e incluso de grafito. Parecería que lo más obvio es que estos recuerdos se dieran en nariz ya que lo de comer minerales y “archivar” su sabor para poder asociarlo en cata a una nota aromática, suena muy  raro. Pero hay que recordar que exceptuando situaciones muy particulares, los minerales en seco no desprenden olor. Por fricción, por golpe, al mojarlos, o por reacción ante algún ácido o calor, sí, porque se liberan ingredientes volátiles y a éstos les damos nombre.

A pesar de lo imposible de su asociación, la “mineralidad” flota en el lenguaje de cata. Que si es consecuencia del suelo donde está la viña; que solo se da en terrenos pizarrosos,  graníticos y calcáreos; que se detecta al primer sorbo;  que dónde se nota claramente es en vinos blancos y, aquí viene lo mejor, que se encuentra solo en vinos de calidad. Empieza la confusión.  Pero también se habla de “fondos minerales” cuando se describe un vino donde se perciben recuerdos de azufre,  herrumbre u óxido, pero esto ya es harina de otro costal puesto que son descriptores en el lado negativo de la balanza. Pero también son minerales, ¿no?  Más confusión.  

Lo cierto es que de “mineralidad” se ha empezado a hablar hace tan solo pocos años.  Ahora mismo no recuerdo donde leí que esta palabra no se encuentra en ninguna descripción de vino anterior a la “era Parker” (sí, para algunos todo es Parker de modo que hablaremos de a.P ó de d.P).  Tercera confusión, o mejor dicho; desconcierto.

La verdad es que la “mineralidad”, como tal, no existe. Así nos lo recuerda el profesor y gran enólogo Pepe Hidalgo en la revista Planeta Vino: “Cuando aparece en un vino un tono o matiz definido como mineral, su origen se encuentra en factores de su elaboración muy alejados de la composición mineral del suelo. No se trata de un aroma, sino de una sensación de gusto, donde posiblemente el exceso de calcio absorbido por la vid, produce un nivel de pH del vino más elevado, que reduce la sensación ácida, y aumenta las notas salinas en la boca, que se ven  potenciadas por una mayor formación de sales cálcicas del ácido tartárico”.

Aunque erróneo en su concepto vinculado a un vino producto de unas viñas asentadas sobre suelo de alto contenido mineral, es sin embargo un palabro que ha terminado por vincularse al  descriptivo que denomina la tipicidad de terruño que se aprecia en un vino.

Como esto no es cuestión de acto de fe, lo mejor es catar vinos donde se pueden apreciar matices de mucha expresión de terruño y que -me temo- seguirá describiéndose como “mineralidad”. Olvidemos el término y disfrutemos de vinos que permiten entender este concepto de terroir. Y ya puesta a llevar la contraria, además, son todos tintos.

3 tintos mineralidad

Dominio de Bibei 2011. Este tinto elaborado con brancellao recuerda a vinos de antes y su nombre es una declaración de principios; absolutamente comprometido al entorno de la comarca del valle de Bibei. Innegable su carácter local y la originalidad que despliega. Aromático, consistente y amplio. DO Ribeira Sacra.Dominio de Bibei.

Porrera 2012. Un tinto que acota más su procedencia acogiéndose a la categoría de Vi de Vila en el Priorato y menciona las parcelas exactas de donde procede en el pueblo. Todo lleva a su mejor expresión de terroir. Es un tinto directo, de marcado carácter frutal, vivo, fresco y franco. DOQ Priorat. Celler Vall Llach.

Masdeu 2011. Interesante complejidad que hace de este Vi de Vila un tinto de marcado carácter. Es bastante expresivo y noble. Se aprecian matices de frutos rojos y frutas silvestres muy embaucadoras. Con cuerpo, consistente y equilibrado. Conviene airearlo en la copa para disfrutarlo mejor. DOQ PRiorat. SCala Dei.

26 marzo, 2015 | 13:13

No puede faltar un vino blanco para acompañar los guisos marineros propios de esta temporada por lo que he seleccionado tres novedades con carácter. Los tres son buena muestra del amplio abanico de propuestas que se encuentran en las estanterías de las tiendas especializadas. Estos ejemplos sirven para desterrar viejas ideas de que, fuera de cuatro marcas muy concretas y en la cabeza de todos, los blancos ni deparan excesivas sorpresas ni resultan dignos de mucho interés.

Empezamos por la novedad del momento. El verdejo 2014 de Marqués de Cáceres. Esta bodega ha entrado en la DO Rueda con paso firme y según declaran, con vocación de ser “bodega de autor”. Con esto quiero entender que el sello Marqués de Cáceres, en cuanto a filosofía y fiabilidad, debe quedar patente. El caso es que el proyecto ha terminado consolidándose con 23 ha. de viñedo en La Seca y 102 ha. en Serrada donde también está la bodega de elaboración. Para este verdejo, se ha recogido la uva por la noche y se ha hecho una selección de mostos. La fermentación la hizo con sus lías y luego  se mantuvo asimismo con sus lías finas hasta su estabilización y embotellado final. Cabe destacar que es un verdejo nítido, fresco y con bastantes atributos aromáticos muy agradables. En  boca es expresivo, tiene volumen y resulta bastante largo. Aprox. 6€

Blancos
El Grupo González Byass también presenta su Beronia verdejo 2014 elaborado en su totalidad con la mencionada variedad en unas instalaciones prestadas de Rueda, mientras siguen en la búsqueda del santo grial de un viñedo propio y un lugar donde edificar la bodega.  La presencia del grupo en Rueda vendría a sumar así, ocho comarcas vitícolas donde elaboran en total (DOs de Jerez, Rioja,  Penedés, Cava, Somontano, Rueda y las VT  Tierra de Castilla y Tierra de Cádiz). El vino se obtiene de las uvas de las primeras viñas con las que ya cuenta la bodega en Castilla y León y por dos de sus enólogos que elaboran blancos en otras DOs del grupo (Matías Calleja en Rioja y Beatriz Paniagua en Toledo).  El vino da la cara haciendo gala de equilibrio y con bastantes registros aromáticos. Su volumen en boca es un guiño diferente y deja una sensación global de frescura bastante agradable.  Aprox. 6,80€

El siguiente es el Chardonnay La Masía 2010 de Marimar Estate, bodega californiana de Torres.  La uva proviene únicamente del viñedo Don Miguel (en honor al patriarca de la familia) que empezó a plantarse allí hace casi 30 años. Hoy solo de chardonnay son 15 hectáreas pero la totalidad de la viña de la bodega sigue unas directrices europeas de cultivo. El marco de plantación es superior al californiano, las cepas se conducen de forma vertical con el cordón principal muy cerca del suelo y con porta-injertos resistentes a la filoxera que todavía se encuentra por esas tierras. El rendimiento es bajo y aunque las labores resultan más trabajosas, consiguen más concentración en la uva. La mayor característica del vino es su untuosidad y una destacable frutosidad donde priman los recuerdos de piña y flor blanca. Un muy buen acompañante para una mesa de platos importantes. Aprox. 30€

10 marzo, 2015 | 19:30

¿Habéis oído que los fabricantes de corbatas estén preocupados porque los jóvenes no las llevan y están empezando a fabricarlas fluorescentes, con flecos, de materiales flexibles y musicales con el fin de conquistar el mercado juvenil? ¿No? Pues yo tampoco. Salvando las distancias, eso es exactamente lo que ocurre en el mundo del vino pero quizás, con menos sentido de la realidad por parte de los elaboradores.  Los bodegueros están buscando fórmulas para atraer a la juventud hacia el consumo de vino porque ven que es un consumidor potencial muy interesante que se les escapa (mejor dicho; que nunca tuvieron).

Las imágenes de las escasísimas campañas publicitarias de vinos son más light, el vino se presenta en entornos más juveniles, se hacen vinos más ligeros de cuerpo, con poca acidez e incluso con unos finales de tutti frutti que suenan a falsos porque parece ser que es lo que gusta al joven.  Incluso se envasa vino en lata para quitarle “trascendencia” (la hija de Francis Ford Coppola se está forrando con el tema en USA). El mensaje se banaliza hasta llegar a querer vender el vino como un alcohol fashion que viste mucho, aunque todos sabemos que entre la juventud y el vino hay pocas complicidades. 

Estoy convencida de que el consumo del vino llega en un momento de cierta madurez gustativa que no es precisamente durante la rabiosa juventud, donde las prioridades son otras. Lo malo de este afán por llegar a la juventud está llevando a una visión ñoña que está creando una escuela de vinillos intrascendentes que deberían ser baratos (y no lo son), muy estilo “chispa de la vida” pero que, aun así, no enganchan con la juventud.

¿No será más lógico centrarse en el consumidor actual que es en menor medida treintañero y básicamente cuarentón, cincuentón, sesentón o setentón ? Las bodegas aún no parece que se han dado cuenta que las expectativas de vida aumentan y que deben cuidar a los que sí beben vino hoy porque si consiguen fidelizarnos, seremos sus buenos clientes los próximos años. Para entonces, a los jóvenes se les habrá pasado la juventud y con un mensaje de calidad, quizás, se acerquen al vino con interés cuando estén preparados para apreciarlo.

De todos modos, los jóvenes no necesitan que el vino sea más sencillo. ¡Que no son tontos! No hace falta crear vinos a medida, con presentaciones apoyadas por actores y futbolistas, ni que tengan un halo glamouroso ni sex appeal. Cuando quieran enterarse de verdad y se les despierte la curiosidad, los jóvenes tiene la mejor herramienta del mundo: ¡internet ¡ (Bodegueros, hay que ponerse  las pilas con esas webs trasnochadas que se actualizan tarde mal y nunca y, además, son aburridísimas!)

Mientras tanto, el que quiera una imagen fresca, juvenil, desprovista de recuerdos heráldicos y engolamiento pero con un vino de verdad, que llene su copa de vinos con encanto, y si acaso y tangencialmente, con una imagen más desinhibida.  

Nueva imagen

ÀN/2  2012.   Su mineralidad es lo que más cautiva y se agradece la fidelidad a un suelo, a un entorno mediterráneo con sus peculiaridades y rasgos y a la filosofía de trabajo que consigue que esta bodega haga vinos diferentes . Importante saber que este tinto es un coupage de variedades mallorquinas que lo hacen realmente singular (65% de callet, 20% de manto negro y fogoneu y el restante 15% de syrah). Ha pasado 13 meses en barricas de roble francés y americano y se puede decir que es una sabrosa radiografía de su origen. (Aprox. 13€)

Miriade 2013.   Hace menos de 50 años, la variedad viognier con la que está hecho este vino era una uva desconocida incluso en el propio Ródano de dónde es originaria. Se calcula que sigue siendo una rareza que está presente en menos del 3% del viñedo mundial. Apunta maneras y quiere ser una contrincante de peso a la ya manida chardonnay. El nuevo mundo le ha abierto sus puertas/viñedo y aquí se encuentra en contados viñedos. Trabajada con finura, la bodega Vallegarcia la elabora desde sus inicios en los Montes de Toledo. Destacar su untuosidad pero, por encima de todo, sus originales matices aromáticos, florales, intensos y envolventes. Disfrute a un precio imbatible. (Aprox. 7,50€)

Erre Punto  2014.   Un año más llega este tinto joven intenso y pletórico de fruta. Para llegar hasta aquí, en el campo se ha hecho una rigurosa selección de uva y para elaborarlo se han utilizado las puntas de los racimos que luego se destinan a los reservas de la casa. La selección es el principio, pero la típica maceración carbónica de la Rioja Alavesa donde los racimos enteros fermentan en depósitos donde arranca la fermentación espontáneamente es la característica de este joven elaborado mayoritariamente con tempranillo y un pequeño porcentaje de graciano, garnacha, viura y malvasía. Una fresca bocanada de frutos rojos. (Aprox. 11,50€)

Tares P3 2009.   100% mencía, este tinto está en un momento perfecto de absoluto disfrute. Ha evolucionado magníficamente desde que salió al mercado en 2011. P3 (pago 3) es el nombre de la parcela de vides centenarias de donde proviene la uva que ha servido para elaborarlo. Éste si podría ser un auténtico vino de pago. Quizás la etiqueta no da la verdadera dimensión del vino con el que nos encontramos pero ya es cuestión de gustos. Es llamativa la complejidad frutal que exhibe, siempre perfectamente compensada por la justa acidez. Fermentó en barrica y se crió en roble francés nuevo durante algo más de un año. Los años le han sentado de maravilla. (Aprox. 20€)

 

20 enero, 2015 | 11:31

Una vez olvidados los buenos propósitos y ya dispuestos irremediablemente a retomar la rutina, quedan unos pocos temas a tener en cuenta este año para iniciarlo con cierta “erudición vitivinícola”.

Este año se confirma el resurgir de los Gran Reservas. Durante algunos años, eran el refugio caro de vinos mediocres pero viejos que se vendían poco, mal y nunca, excepto en el extranjero donde impresiona más el paso del tiempo. Pocos se salvaban de la quema y ante la poca aceptación general, muchas bodegas dejaron de ofrecerlos estos últimos años. En este momento, ya empiezan a aparecer nuevos Gran Reserva de corte más actual, donde sí tienen la vejez y longevidad deseada, pero sin los achaques propios de una edad mal llevada. Me recuerda un poco la historia de los vinos jóvenes que tuvieron su momento y casi todas las bodegas elaboraban alguno pero poco a poco fueron decayendo. Hoy, los jóvenes son tintos roble,  barrica, cosecheros llenos de fruta o con el acento puesto en la variedad pero con valores contrastables aparte de la simple juventud. Y volviendo a los Gran Reserva, hay que mirar hacia las bodegas que nunca perdieron esta vocación criadora y para botón de muestra un Gran Reserva que se presenta absolutamente radiante en este momento en que sale a la calle: el 890 añada 2001 de La Rioja Alta. Excepcional expresión de un vino elegante y con señorío  donde los haya; razón por la que salle con el “subtítulo” de Selección Especial. Este Gran Reserva marca un hito en la casa porque a pesar de que solo se elabora en añadas extraordinarias, la de 2001 es además una de las mejores que se recuerdan. (95% tempranillo, 3% graciano y 2% de mazuelo de viñas que superan los 40 años). Gran Reserva 890

Parece que los rosados pálidos, los llamados “blush” han tenido una gran aceptación e incluso en muchas bodegas conviven el rosado tradicional con este tan molón y moderno que sigue la línea del éxito comercial de los países anglo sajones e inspirados quizás por los viejos rosados franceses. Las modas, ya se saben, vienen de fuera, pero ésta ha calado hondamente tras un consumo con mucho repunte en el verano.  Uno de los que más éxito ha tenido es el Excellens de Marqués de Cáceres que como quien no quiere la cosa, se ha vuelto trendy. Elaborado a partir del sangrado de uvas de garnacha, después se mezcla con mosto de viura y tempranillo para empezar el proceso de fermentación, juntos,  a baja temperatura. (65% garnacha, 20% tempranillo y 15% viura)

El blanco va ganando enteros, lo que explica el afán de todas las bodegas elaboradoras de tinto por irse a zona de blancos para conseguir completar su portafolio de vinos. Pocos son los que ponen bodega en marcha ya que la mayoría ofrece los llamados “por-para” -elaborado por Bodega XXX para Bodegas XXX. Lo que quiere decir que una bodega compra el vino a otra bodega elaboradora que le hace un producto más o menos a medida y al gusto. Lo más habitual es que las vistas estén puestas en Rueda que aún tiene volumen y precio que  ofrecer a terceros. Pero puesta a hablar de blancos, no puedo dejar de mencionar un ribeiro que me ha cautivado este año. Armán Finca Os Loureiros 2012;  es un verdadero regalo para los sentidos. No hay que perder de vista esta bodega que ha demostrado desde su fundación, hace quince años, que es una referencia irrefutable de la comarca. Lo mejor del vino, una nariz envolvente y de gran recorrido olfativo. (100% treixadura).

Casal de Arman finca os loureirosY por último unos apuntes para no olvidar los vinos de mi pequeño listado de los “mejor relación calidad precio”… para que no haya excusas.  Desde luego los hay más baratos (pero peores)y algunos mejores (pero más o muchísimo más caros), pero en este rango de euros, son una apuesta ganadora.
Aperitivo infalible: Fino Tío Pepe, 6€
Cava para todo momento: Imperial de Gramona 2008, 15€
Rosado todo fruta: Jardín de Lúculo Los Bohemios 2013, 5,90€
Blanco irreprochable: Marqués de Riscal 2013, 6,60€
Tinto joven cada día: Juan Gil 4 Monastrell 2013, 5,00€
Tinto de flechazo: Prima 2012, 10€
Dulce de postre: PX Alvear Solera 1927, 11,50€

05 agosto, 2014 | 12:24

Es tiempo de enoturismo y de visitar sitios con mucho encanto, de probar novedades locales que casi siempre son una sorpresa, de acercarse a viñedos y ver paisajes irrepetibles en esta época del año, de asistir a festivales culturales impulsados por Denominaciones de Origen y de disfrutar de múltiples actividades en torno al vino y a las bodegas. Para hacerlo, nada mejor que desde un hotel que respire viña y viñedo.

En San Clodio (Galicia) se encuentra una pequeña joya que invita al sosiego, al paseo, al disfrute del paisaje  y al deleite de uno de los mejores vinos blancos de este país. El casal de Viña Meín, es un encantador hotel rural en medio de un viñedo enmarcado por los montes y a corta distancia de aldea de San Clodio y el histórico claustro del monasterio del siglo XVII. Alrededores tan destacables como la judería de Ribadavia y la oferta gastronómica de Leiro lo convierten en un verdadero lujo de obligada visita. Eso, sin contar con el auténtico placer de sentarse en medio de esa explosión de naturaleza vinícola, copa en mano. (Teléfono: 617 32 63 85 www.vinamein.com).

Viña Mein, San Clodio

Descanso garantizado en Arzuaga Navarro Hotel y Spa en Quintanilla de Onésimo, (Valladolid). Ofrece un spa de vinoterapia y junto al hotel, el viñedo de Bodegas Arzuaga. Se ofrecen catas de vinos y visitas a los viñedos con la ventaja de estar en el meollo de la Ribera del Duero desde donde se pueden organizar rutas interesantes para conocer las bodegas de la zona. (Teléfono: 983 687 004. www.hotelarzuaga.com).

El lujo está asegurado en Le Domaine de la Bodega Abadía Retuerta en Sardón de Duero (Valladolid). El hotel, en la abadía de Santa María de Retuerta y de origen premostratense, edificada en el siglo XII es una valiosa edificación declarada Bien de Interés Cultural tras su cuidada restauración. Surge entre los muros enclaustrados del monasterio de estilo románico y barroco, precedido del viñedo de la bodega con todas las comodidades que hacen honor a su categoría de Relais & Chateau. (Teléfono: 983 68 03 68 www.ledomaine.es).

Hacienda Zorita Hotel & Spa en Valverdón (Salamanca) era el antiguo convento de los Dominicos donde Cristóbal Colón convenció a los Reyes Católicos para que apoyaran el viaje del Descubrimiento. 40 habitaciones de las cuales 17 son villas con jardín privado y vistas sobre el río Tormes con tema vinícola y propuestas entretenidas en torno al vino. (Teléfono: 902 10 99 02.www.the-haciendas.com).

Hay un hotel mirador en Entrena ((La Rioja), Finca de los Arandinos, que es un simpático lugar de viñedos donde todo es naturaleza y relax, incluso paseo a caballo entre viñedos. (Teléfono: 941 44 61 26. www.fincadelosarandinos.com).

De la fastuosa obra de Frank Gehry, el Marqués de Riscal Hotel y Spa en Elciego (Álava), hay poco que añadir a todo lo dicho de turismo en los últimos años. Solo recordar que en realidad es una explotación independiente de la bodega e incluso no permiten la entrada al hotel a no ser que se esté alojado allí. Es probablemente, la arquitectura más llamativa de la región, con sus “alas” y curvas de titanio color vino. Las visitas a la bodega son un valor en sí mismo, a dos pasos del hotel. (Teléfono: 945 10 08 80. www.hotel-marquesderiscal.com)

El Hotel Eguren Ugarte en Laguardia (Álava) es una heredad levantada en 1870, cerca del pueblo. Hace un par de años ampliaron instalaciones y acoge unas habitaciones diáfanas y luminosas que dan la sensación de estar en medio del viñedo de la bodega. Buen sitio para moverse por la Rioja con todas las comodidades y el encanto local. Desde la distancia destaca un torreón, no precisamente del mejor gusto, que remata el edificio y lo hace perfectamente identificable. (Teléfono: 945 60 07 66 www.egurenugarte.com)

Construido en piedra de sillería y mampostería en la segunda mitad del siglo XIX, el Hotel Bodega Cosme Palacio en Laguardia (Álava), representa la arquitectura riojana de aquella época. Fue la primitiva bodega de Bodegas Palacio hoy perfectamente rehabilitado para ofrecer una experiencia vinícola a pie de viña con catas, visita a las antiguas instalaciones y una buena oferta gastronómica. (Teléfono: 945 62 11 95 www.cosmepalacio.com)

En Navarra el hotel de Pago de Cirsus en Ablitas es un alojamiento que pretende rendir homenaje al Olite medieval en su arquitectura, con la imponente presencia del torreón de piedra que es el hotel. La finca es realmente preciosa y entre olivos y viñas, se puede disfrutar de una buena gastronomía de paseos, de la piscina y las múltiples propuestas turísticas locales. (Teléfono: 948 386 426 www.pagodecirsus.com)

Con vistas sobre Montserrat, en Masquefa (Barcelona), Can Bonastre bodega y hotel cuenta con 100 hectáreas de viñedo que rodea la masía originaria del siglo XVI. Todo invita al relax en un entorno natural de gran belleza. El Wine Spa con espectaculares vistas a la montaña tiene sauna, baño turco, tratamientos de varios tipos donde los de vinoterapia ocupan un lugar destacado. (Teléfono: 937 72 87 67 www.canbonastre.com)

 Posada Palacio de Canedo en plena comarca de El Bierzo es todo un conglomerado de propuestas  eno-gastronómicas que son parte de la actividad diaria de la casa. Bodega, conservera, hotel, actividades diversas que hacen de la estancia en el hotel una experiencia total.  Es una explotación muy participativa llena de detalles decorativos y personales. (Teléfono: 987 56 33 66 www.pradaatope.es)

11 julio, 2014 | 12:29

Desde que Enrique Iglesias cantó lo de la “experiencia religiosa” parece que toda propuesta interesante tiene que ir por esa vía mística para ser impactante. Sin embargo, he hecho un paseo nada místico que me ha dejado una impresión laica muy celestial. Sentada o, mejor dicho, acodada en una mesa de bar o ¿barra? No sé exactamente cómo definirlo, pero estaba cómodamente instalada en medio de un agradable “corner” donde el Gourmet Experience de El Corte Inglés de Callao ha inaugurado un Wine Bar, de la mano de las bodegas Marqués de Riscal. De entrada, la alianza promete al tratarse de dos pesos pesados que ya presagiaban algo bueno, pero es eso, y un poco más. ECI explota una planta dedicada a la comercialización de exquisiteces selectas, pero es también un espacio donde se puede consumir cualquier producto de todos los que allí se ofertan, ya sea en los rincones destinados a tal efecto o en el mismo Wine Bar donde, copa en mano con un Marqués de Riscal 1998 estuve la mar de encantada. La idea es muy apetecible no solo por lo que se puede adquirir de productos gastronómicos que se pueden degustar allí mismo sino que, al fin, alguien tiene a bien ofrecer un servicio gratuito de descorche donde te sirven el vino que compres allí mismo, en copas ad hoc, a la temperatura correcta y prestándote el asesoramiento que puedas necesitar en la propia elección del vino. ¡Eso ya es otra historia!

Es un modelo que viene repitiéndose en la recuperación de muchos mercados actuales que se han convertido en verdaderos lugares de ocio, pero me gustó lo recoleto de éste, las espectaculares vistas que ofrece la plata 9ª donde tienes todo Madrid a tus pies y la selección de productos que es una verdadera muestra de conocimiento de lo que es novedad, productos realmente de alta gama, punteros y de la más irrefutable calidad.  

Jamón Carrasco especial + Rosé

Probé varios vinos con diversos productos como el formidable Finca Montico 2013 que es uno de los blancos de Rueda de Marqués de Riscal. Siempre complejo, con ese agradable toque herbáceo y notas de fruta blanca, tiene una destacable untuosidad envolvente y es un verdadero disfrute. Lo elaboran con uva de viñas viejas de bajo rendimiento y recogidas a mano en cajas. El extraordinario Laurent Perrier Gran Siècle, o el MIllesimé 2003, fueron acompañantes insuperables de algunos productos, como el Laurent Perrier Rosé que fue compañero sorprendente de un singular jamón de Carrasco-Guijuelo elaborado a partir de cerdos ibéricos alimentados con dátiles frescos. Como el cerdo, al final, sabe a lo que come, su estructura muscular está impregnada de sutiles aromas del fruto de los palmerales de Elche con un ligerísimamente regusto dulzón final; ¡interesantísimo! Estuvo presente el Finca Torrea 2007 elaborado con una selección de tempranillo y graciano del viejo viñedo que circunda la propia bodega y que se asienta en el clásico suelo arcillo-calcáreo, típico de la parte alavesa de La Rioja, del que se dice da grandes vinos. Tiene menos tiempo de barrica y botella de lo habitual y exhibe una complejidad de carácter más frutal, por lo que se separa así de la línea más clásica de la casa.  En un momento dado, se quiso hacer el degüelle de un magnum viejo de Marqués de Riscal pero al ser el cuello más grueso que la botella de 75cl. las tenacillas no abrazaban suficientemente el cuello del magnum y terminamos por pasar al infalible sacacorchos ante el suspense en el que nos tenía sumidos. Al final, el sacacorchos típico de camareros que jamás falla; el de doble palanca articulada con espiral de teflón.

En resumen, toda una experiencia .

Degüelle de botella MdeR

13 junio, 2014 | 15:10

Hay negocios, aficiones y ocupaciones que obligan a dar el do de pecho un día, pero el otro también. La “estructura” empresarial –por llamarla de algún modo- es en realidad la de una micro pyme familiar donde el  responsable delega solo en sí mismo porque no hay nadie más¡¡¡!!!  El sector del vino da este tipo de perfiles con el añadido de la pasión  porque, la dedicación, es consustancial a la actividad. Aquí es cuando se impone la figura del hombre orquesta capaz de tocar todos los instrumentos: campo, enología, embotellado, etiquetado, creatividad y diseño, marketing, administración, financiero, relaciones públicas, promoción, etc. etc. y además, etcétera.  Casi todos cuentan con algún asesor externo en campos en los que es necesario un conocimiento específico y alguno tienen un socio financiero en la sombra, o una estructura saneada de campo y bodega gracias a las generaciones precedentes que pusieron las primeras piedras. Dan trabajo esporádico en momentos punta, pero ninguno de estos apoyos les exime de ejercer de hombre-orquesta dentro de la bodega. Y lo más importante; todos son parte del puzzle de versatilidad y diversidad que hoy se encuentra en la DO Rías Baixas y que se ha enriquecido notablemente en los últimos años.

Cuando nació esta  D.O. hace 25 años se empezó con 20 hectáreas de viñedo y menos de  500 viticultores que, entre todos,  sumaban algo más de una docena de bodegas. Desde entonces,  las cifras revelan otra realidad: 6.700 viticultores, 178 bodegas y cosechas que cuentan  con horquillas variables de producción que pueden situarse en los 20 millones de litros frente a los dos millones de los inicios. Los albariños de entonces son  los que se conocen hoy como “los del año” y las inquietudes actuales van por derroteros innovadores donde ya entra en juego la fermentación en barrica, los espumosos, las crianzas, los coqueteos con el azúcar residual o cualquier práctica enológica que el autor considere digno de probar para añadir factor diferenciador al vino y aportarle valor. En esas guerras están algunos bodegueros pequeños a los que, pese a sus lamentaciones, no les falta entusiasmo, empeño y cierta dosis de éxito.  

Rias 002
En Boado Chaves pequeña bodega familiar que por cierto fue pionera en el registro de su marca O Casal a mediados de los años ’70, el empeño está  en la elaboración de un semi-seco con una apreciable cantidad de azúcar residual bien compensada por la acidez. Una línea de trabajo novedosa, para acercarse a ese consumidor aficionado a los blancos europeos con su toque dulzón. Mientras siguen en ello, José Ángel Boado, hombre orquesta perfectamente orquestado, mantiene un encomiable nivel con su bien conseguido O Casal barrica que ha conseguido merecidos reconocimientos. El 2009 es un albariño aromático, de elegante nariz y pasa divinamente. Muy equilibrada la fruta y la madera.   

En Bouza de Carril, Ana Rodríguez junto con Luis, su padre, reciben al viajero interesado y han hecho del enoturismo el perfecto complemento a la producción de su albariño. Las primeras cepas plantadas a finales de los años ‘70 y principios de los ‘80 por Luis han dado paso a la creación de un proyecto familiar que empezó por amor a la tierra y va ajustándose a las demandas de su mercado. Hoy, con el ánimo puesto en la búsqueda de una mayor calidad, ronda por sus cabezas la posibilidad de experimentar con más opciones que reflejan el valor de una variedad, la albariño, que es el leit motiv de su trabajo. Mientras eso llega, el albariño de 2013 se presenta con un corte ligero, complaciente y de muy fácil paso.

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Adegas
  Gran Vinum, es unabodega familiar también, liderada por Enrique Piñeiro. Hombre orquesta absoluto. Ha dirigido su diana al mercado exterior y éste le ha dado buenos resultados. Cierto es que todo se reinvierte en la bodega y las pruebas saltan a la vista en las modernas instalaciones que le permiten dar respuesta a las necesidades de sus clientes más exigentes. La lucha por posicionarse y relacionar la calidad con la palabra albariño le ha dado más de un quebradero de cabeza, pero su tesón le ha despejado caminos con los que obtiene bastantes logros. Esencia Divina es un albariño muy fiel a su carácter y su Gran Vinum es una vuelta de tuerca más en la obtención de más elegancia y expresión. Un acierto. 

Rias 017

06 mayo, 2014 | 12:46

Los placeres cercanos y realistas son los que realmente funcionan con el buen tiempo porque ya sé que sale el primer rayo de sol y soñamos con palmeras y huidas marítimas mientras estamos sumergidos en el más duro asfalto, pero seamos realistas y sobre todo, prácticos. En este tiempo, lo que prima son las paellas y el hábil manejo de la parrilla con lo cual se requiere la presencia de vinos frescos, con bastante fruta, de trago fácil y con gracia. El recurso del vino fresco veraniego siempre está en que la frescura venga dada por la temperatura de servicio y por eso los blancos y los rosados son los reyes del momento, pero el tinto también existe en la mente veraniega. Para ello, tintos simpáticos, versátiles y que se comporten como buenos aliados de divertidas comidas campestres mientras los sueños veraniegos bajo el cocotero se reservan para otro momento.

Tintos 3
Muac 2011. V.T. Mallorca. Bodega Terra de Falanis.

Tiene la originalidad del enfoque de su composición: 35% de callet, 35% de manto negro y el resto de cabernet sauvignon. La callet y la manto negro muy extendidas en la isla de Mallorca, se complementan porque la primera no tiene excesivo color ni estructura, cosa que sí tiene la segunda y la expresión de la manto negro se ve reforzada por la callet. Si a esta alianza se le suma la cabernet sauvignon, el resultado es un tinto muy agradable de corte auténticamente mediterráneo con un carácter muy local. El conjunto está ligeramente enmarcado por las notas de madera que exhibe tras su paso por barrica de roble francés durante siete meses. En nariz, se aprecian apuntes balsámicos, muy propios de los buenos vinos de la comarca y también guarda un ligero fondo especiado. El vino se bebe casi sin querer; resulta fresco y muy agradable. Las notas especiadas del vino se acompañan maravillosamente con comidas ligeras, ensaladas que lleven patata, embutidos y los entrantes típicos del picoteo que precede una comida. (9,80€)

Come Pollo y Bebe vino 2011. Vintae.  

Este proyecto llamado Bienbebido que aparentemente casi parece un juego, tiene un trasfondo vinícola de verdad, no sólo ingenio mercantil. No indica procedencia ni origen porque no está acogido a ninguna categoría de éstas y por lo tanto sale al mercado como vino de mesa. Las uvas provienen de la comarca vinícola de la ribera del río Queiles que comprende municipios navarros y aragoneses. La presentación es rompedora y quiere hacer una declaración de maridaje incluso antes de su descorche. Han desarrollado toda una colección (Come pollo, Come pulpo, Come cerdo, etc.) que pretende crear armonías con vinos hechos ad hoc. Elaborado con garnacha tinta, éste es un tinto poco estructurado, de boca fresca donde se detecta bastante fruta, y con un final goloso y equilibrado. Me lo imagino perfecto con una paella de verduras y carne. Es un tipo de vino desenfadado, sin complicaciones pero muy complaciente con un ligero toque de madera tras su paso por barrica durante cinco meses.  Su precio es más que ajustado que es algo que también cuenta. (5,80€)

Prado Rey Crianza 2010. DO Ribera del Duero. Real Sitio de la Ventosilla.

Un crianza de tempranillo casi en su totalidad aunque lleva un porcentaje mínimo de merlot y cabernet sauvignon. Tiene todo lo bueno que se le puede pedir a un crianza y bastante más concentración que otros de su tipo. Las uvas para este tinto salen de un solo pago (Valdelayegua) dentro de la finca que ya fue famosa por las visitas para cazar que hacía el rey Felipe III al lugar. Precisamente para darle un alojamiento digno en sus visitas es por lo que el Duque de Lerma mandó construir el palacio herreriano que hoy es la posada de la bodega. Éste es un tinto con un plus de frescura que viene de perlas en esta época y deja una sensación global de fruta bastante agradable. Es de cuerpo medio, equilibrado y fino en aromas. Pasó 12 meses en barrica de roble del Cáucaso, seguido de otros 3 meses más en unos conos de roble que sirven para redondear más el vino antes de ver el mercado. La buena presencia de la fruta lo hace perfecto para acompañar carnes de mucho sabor y resulta un buen aliado para los asados y carnes a la brasa. (13,80€)

11 abril, 2014 | 13:50

Es momento de dejar atrás los largos días de vinos con bufanda que ya llegó la primavera, los días son más largos y luminosos y el humor se aligera. Es hora de mirar el rosado con otros ojos. Por favor olvidar la tontería de que no tiene las virtudes de un tinto ni de un blanco, que es gusto de mujeres o que el mejor rosado es un tinto. Eso, es remontarnos tontamente al Neandarthal y a la incultura de la viticultura y la enología. En los últimos años, los rosados han dado un tremendo vuelco de calidad y poco a poco se va notando una tendencia alcista de consumo.

En este momento, hay una cierta moda de rosados con poco color, siguiendo el éxito comercial de vinos californianos que han pasado a ser una referencia “cool” y moderna, e inspirados quizás por los antiguos rosados del sur de Francia que evocan sofisticación, elegancia, balnearios, sol y mar, con una copa de pálido rosado en la mano. Aunque en la actualidad, los rosados pálidos son más frecuentes en las regiones del Loira, Lorena o el Midi, donde se utilizan variedades con poco aporte de antocianos, responsables entre otras cosas, del color de los vinos... siempre La France como fuente de inspiración vinícola.   

Cada rosado puede ser un mundo; los rosados de lágrima se obtienen del mosto antes de prensar la uva, sin ejercer presión sobre ésta, ayudado por la propia gravedad que ejercen unos racimos sobre otros; por el método tradicional que es cuando se deja el mosto macerando unas horas o días -según el gusto del elaborador- con los hollejos para extraer antocianos; o por sangrado, cuando una vez transcurrido el tiempo deseado de maceración dentro del depósito, se abre el grifo de la parte inferior para extraer el mosto que tras el proceso de desfangado y limpieza inicia su fermentación. Este es un sistema muy típico para los rosados de garnacha.

Solo se trata de saber para qué va bien cada uno y encontrarle su particular encanto y, eso, solo se consigue probando. Para muestra un botón, o tres; cada uno fruto de una intención clara y personal.3 rosados

Barón de Ley 2013 es un rosado de lágrima hecho con tempranillo que le aporta cierta estructura y garnacha que contribuye a darle frutosidad. De un color muy pálido y sutil, conserva la tonalidad asalmonada que era una de las señas de identidad de los rosados de Cigales. En el capítulo de aromas destacan los recuerdos de fruta roja madura y alguna nota de frambuesa. En boca se presenta con buen equilibrio y cierta sensación final golosa.

7L 2013, un poco más subido de color que el anterior es un rosado de tempranillo con un toque de garnacha y cabernet. Ha macerado en frío a lo largo de toda una noche para asegurar la carga aromática frutal que exhibe y eso de tomar un rosado “de una noche” le da un claim un tanto golfa que resulta divertido. Perfecto para tapear y para acompañar comidas ligeras y frescas típicamente veraniegas. Atención a la voluptuosa presencia de la fruta y su final largo y envolvente.

Abadal 2013, tiene más color que los dos anteriores pero igualmente las uvas utilizadas, la sumoll y cabernet sauvignon, han dejado su impronta. Hay algo de cerezas y picotas en nariz, con un fondo herbáceo que contribuye a dar más sensación mediterránea. Todo, perfectamente enmarcado en una sensación de frescura global más marcada que en añadas anteriores. Me gustan sus matices personales a vinos con alma de tinto,pero sin desmerecer al delicado rosado.

12 febrero, 2014 | 20:26

Aunque es una moda importada del mercado anglosajón donde los vinos se piden por variedad de uva, aquí también empieza a ganar terreno el reconocimiento de algunos vinos por el tipo de uva y a tener cierto predicamento entre los consumidores.  Así, oímos pedir un verdejo en los bares, o un chardonnay fresquito, o un monastrell joven... Todo eso ayuda, aunque tiene de malo que la percepción del consumidor iguala todos los vinos elaborados con una misma variedad, cuando la realidad es que el abanico es muy variado y con esto se pierde el valor de marca.

Así y todo, lo bueno es que despierta la curiosidad por las distintas uvas y abre la puerta a una serie de vinos que no siempre se ubican geográficamente ni se los vincula con determinados parámetros comunes que interesan al consumidor. Asistimos a la interesante recuperación de variedades desaparecidas y al rescate de algunas a punto de extinción en diversas zonas vitícolas; tenemos una mayor información de viñedo y variedades de uva así como de su comportamiento en las distintas comarcas vitivinícolas con un suelo y una climatología concretas, lo que aporta un factor diferenciador de interés.  Todo esto contribuye a la riqueza del mercado donde cada día es más cierto que se puede encontrar un vino perfecto para cada gusto.

Con toda la información que nos llega por parte de los elaboradores y los medios, me preguntan si son mejores los vinos monovarietales que aquellos elaborados con varias uvas, o si algunos vinos de variedades poco usuales son mejores que los de variedades tradicionales.  La respuesta es clara y rotunda: no tiene nada que ver la cantidad de uvas que intervienen “en la receta” para asegurar la calidad final del vino y hay vinos de variedades rescatadas que de momento no tienen demasiado interés aunque prometen, y otras de uvas “de toda la vida” que despiertan pasiones. Lo que sí es cierto es que hay variedades que por su carácter intrínseco resultan más interesantes que otras para elaborar buenos vinos y el ser capaces de reconocerlas o interesarse por ellas abre todo un camino de posibilidades sensoriales. Es un magnífico campo para curiosear.

Y sí, hablamos de moda o de tendencias. Últimamente la vista está vuelta hacia las variedades de uva después de haber pasado por la moda de hacer hincapié en el tipo de roble (americano o francés) o la edad del viñedo (cepas viejas, viñedo de más de X años, etc.) o el mal denominado vino “de autor” (lo que promovió que muchas bodegas buscaran un “autor” entre sus filas que diera la cara) o los single vineyard que reconoce un vino elaborado a partir de la uva de un solo viñedo o pago, lo que da pie a la confusión con vinos calificados realmente como Vinos de Pago. ¿Quién dijo que en tema de vinos no había modas? No hay más que hacer un poco de memoria.

Pero de cada una de estas modas o tendencias se conservan ciertos valores que sirven para seguir adelante. Si ahora se trata de sacar a la luz una malvar, una maturana tinta, una querol o una tintilla de Rota o de prestar atención especial a la callet ¡viva la arqueología vitícola y el interés por las uvas!

Tintos mallorquines
Para ir haciendo boca y sin necesidad de centrarnos en vinos para minorías expertas, vale la pena empezar a mirar vinos diferentes para llevarse agradables sorpresas.  Estos tres tintos mallorquines son buena muestra de “exotismo”, autenticidad y, cada uno en su estilo, de novedad sin rarezas: Montenegro, Ses Nines y Petit Som. Todas con variedades de la isla que aportan una personalidad propia. 

Sobre el autor

Foto de Mª Pilar Molestina

Mª Pilar Molestina: Periodista especializada en el mundo del vino. Ha sido responsable de uno de los primeros clubs de vinos allá por los años ‘80, ha dirigido publicaciones de vino y colabora en diversos medios –siempre sobre el vino y su entorno. Desde hace 20 años dirige el Anuario de Vinos de El País y participa en paneles de cata nacionales e internacionales, dirige degustaciones y hace presentaciones de vinos españoles por el mundo. Lo más importante es que para su actividad, cata aproximadamente 5000 vinos al año, lo que le da un conocimiento bastante ajustado de la realidad vinícola actual.

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