Sucursales guarrindongas
Es conocido que las fusiones de las cajas de ahorro han desencadenado una subasta de sucursales en la sombra. Muchas SIP ya están ofertando la red que les sobra por aquello de sinergias y redundancias. Pero no se crean que hay mucha ganga en el mercado y, una vez más, no es todo oro lo que reluce.
El otro día me contaba el directivo de un banco extranjero afincado en España que ya les han ofrecido alguna que otra red sobrante. La entidad en cuestión –perdonen que guarde su confidencialidad- no descarta crecer en aguas revueltas, pero como siempre se dice en estas ocasiones “ni a cualquier precio ni sin saber lo que hay dentro”.
Como pueden imaginar, las cajas fusionadas quieren quitarse del medio lo más chungo y quedarse con lo mollar. Es obvio, pues nadie da duros a pesetas. Pero los compradores no se chupan el dedo y quieren oficinas con clientes para aumentar su cuota de mercado. En un país tan bancarizado como éste es la única manera de crecer, especialmente en la situación actual con el negocio financiero en mínimos.
Pero claro, hay clientes y clientes y los comprados los quieren de calidad. Lo que equivale a que cada sucursal mantenga unos balances equilibrados entre pasivo (los depósitos) y los activos (los créditos) y, sobre todo, que estos últimos no sean muy tóxicos. Ya saben, ligados al ladrillo y, por tanto, con alto riesgo de morosidad. Y eso, my friend, no es precisamente lo que está en venta, ya que las SIP pretenden deshacerse de los activos y quedarse con los pasivos.
Según datos del catedrático Joaquín Maudos, se han cerrado 2.174 oficinas desde septiembre de 2008 y los cálculos hacen pensar que seguirán el mismo camino una de cada cuatro sucursales que poseen las cajas actualmente. En fin, me temo que si quieren colocar su mercancía averiada, una manita de pintura no será suficiente.
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