Sobre el autor

Juan Ferrari es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, inició su carrera profesional en la Revista Mercado, tras una breve estancia en Radio Nacional de España. Ha ejercido el periodismo en el diario YA y ha colaborado con El País y El Mundo entre otros medios escritos. Igualmente ha ejercido durante siete años como jefe de prensa del Consejo Económico y Social (CES) lo que le aporta una doble visión de la informacion. Generalmente ha cubierto información de macroecomía, aunque su paso por la sección de especiales de Cinco Días y sus más de 20 años de experiencia le abre mucho el espectro informativo.

Categorías

junio 2014

lun. mar. mié. jue. vie. sáb. dom.
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30            

Suscríbete a RSS

¿Qué es RSS? Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.

« Sucursales guarrindongas | Inicio | Un alivio de 40.000 millones de euros »

04 noviembre , 2010 | 10 : 02

Ministerios y demagogias

Los líderes y lideresas del PP y algún que otro opositor avispado se pasaron meses despotricando contra el despilfarro que suponía tener ministerios como el de Igualdad, Vivienda y algún otro. Posiblemente tuviesen razón al decir que son de poca utilidad, pero cerrarlos no es precisamente un ahorro. Más bien, ahí radica el despilfarro. Sigan leyendo…

Charlando el otro día con el interventor jefe de un ministerio que sufrió una fusión en la anterior reforma ministerial me comentaba la complicación, pero sobre todo, el coste que implica unificar dos ministerios. Él ya lo ha vivido en varias ocasiones. Para empezar, no supone una reducción de personal, pues la mayoría son funcionarios y simplemente se quedan en espera de destino. Cobrando -como es de justicia- pero sin hacer nada.

Por tanto, poco que rascar por ese lado. Ciertamente, hay oportunidad de ahorro en la supresión del personal de libre designación, que es abundante, lo reconozco. No obstante, tampoco se avanza mucho ya que los dos ministerios suprimidos (Vivienda e Igualdad) se han convertido en Secretarías de Estado, lo que implica que las estructuras quedan intactas. Sepan que a grandes rasgos un secretario de Estado tiene los mismo derechos de contratar personal de confianza que un ministro. Y no seamos inocentes, se puede cerrar un ministerio, pero no suprimir sus funciones. ¿Se imaginan al partido socialista diciendo que ya no son necesarias las políticas de igualdad o de vivienda? Yo no, como tampoco me imagino al PP renunciando a nombrar un porrón de asesores para estas mismas materias. ¿O es que las comunidades autónomas presididas por los populares no tienen Direcciones Generales de la mujer o de Vivienda? Pues eso.

Así, pues, por el lado de los ahorros nasty de nasty. El horror, según me explicó el interventor, viene por el lado de los gastos. Para empezar, se suprime toda la cartelería. Miles de folios y sobres y chapitas de marketing y cosas por el estilo se tiran a la basura al cambiar el nombre del Ministerio. Crean que no es pecata minuta. Pero además, hay que conseguir cuadrar los sistemas informáticos que no son siempre compatibles. Me comentó que los interventores de los dos ministerios no funcionaban bajo los mismos parámetros, y eso que ellos pertenecen todos a Hacienda y, por tanto, tienen unos criterios comunes. Imaginen ahora, armonizar todos los sistemas, informáticos y no informáticos, de dos ministerios.

Pero quizá lo peor está en los intangibles. La convergencia ministerial implica paralizar el funcionamiento burocrático hasta que se encajen las piezas y especialmente las personas. Porque un nuevo ministro implica, en la mayoría de los casos, un nuevo equipo: ¡a cambiar todos los directores generales! Me contó una anécdota funcionarial de tiempos de UCD. Se unieron dos ministerios y no sabían qué hacer con ambos subsecretarios. La pelea fue feroz entre ellos, pues ninguno quería dejar su cargo al frente del nuevo macroministerio. Cuatro años más tarde seguían los dos en sus puestos sin haber solucionado el problema, que se resolvió cuando en la siguiente remodelación volvieron a separar los ministerios. Eso sí que es despilfarro y lo demás demagogia.

Este interventor me dijo que ojalá se estableciese una estructura ministerial fija, que perdurase más allá de Gobiernos y partidos. “Que cambien los ministros, pero que nos dejen a los demás seguir haciendo nuestro trabajo”. No es mala idea.

Comentarios

Publicar un comentario

If you have a TypeKey or TypePad account, please Inicia sesión

© Prisa Digital S.L.- Gran Vía, 32 - Edificio Prisa - Madrid [España]