Sobre el autor

Juan Ferrari es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, inició su carrera profesional en la Revista Mercado, tras una breve estancia en Radio Nacional de España. Ha ejercido el periodismo en el diario YA y ha colaborado con El País y El Mundo entre otros medios escritos. Igualmente ha ejercido durante siete años como jefe de prensa del Consejo Económico y Social (CES) lo que le aporta una doble visión de la informacion. Generalmente ha cubierto información de macroecomía, aunque su paso por la sección de especiales de Cinco Días y sus más de 20 años de experiencia le abre mucho el espectro informativo.

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13 mayo , 2010 | 14 : 24

Pegados (sexualmente) o pegados (a garrotazos)

Ayer asistí a una obra de teatro llamada Pegados. El argumento, un poco redicho, se sustenta en la posibilidad remota, pero real, de que una pareja no se pueda separar mientras practica sexo. Como los perrillos, vamos. Lo más sorprendente es que cuando terminó la representación empecé a pensar que ojalá algo así les pasase a Zapatero y a Rajoy. Eso sí, sin que medie contacto sexual, que sólo escenificarlo mentalmente me da grima.

Se preguntarán si tan sorprende relación puede suponer algo patológico de mi personalidad y si no sería mejor que me lo hiciese ver por un sicólogo/siquiatra. Quizá tendrían razón, pero ése es otro cantar. Yo me limito a exponerles mis cuitas por si les arrojan algo de luz en esta crisis oscura y tenebrosa:

La susodicha pareja se conoce en un bar y deciden darle gusto al cuerpo, osease se van a follar (no se alteren que la obra no es pornografía sino un simpático musical). Como no pueden separarse optan por ir al hospital y tras esperar varias horas a que aparezca el médico (es un hospital privado, donde además tienen que pagar la minuta) van evolucionando del odio más encarnado (comprensible si están pegados a una persona que no conocen) a un cariño que desemboca en enamoramiento. Tópico.

Y, ¡zas!, me vino a la mente: ¿qué pasaría si encerrásemos en una habitación varias horas a José Luís y a Mariano? Confío en que no les diese  por hacer guarrerías sexuales, pero quizá obrase el milagro y entablasen amistad. Aunque fuese una poquita. ¿Por qué no? No les ha pasado a los británicos Cameron y Clegg, que en cinco días han pasado de no hablarse a ser colegas de toda la vida. Y ahí los tienen formando un Gobierno de coalición, algo que no se veía desde los tiempos de Sir Winston Churchill en plena Guerra Mundial.

Joder, en la mayoría de los países (incluido nuestro alter ego Portugal) los partidos políticos han comprendido que esta crisis es una hecatombe mundial y han sido capaces de establecer unas mínimas reglas de juego para sacar a sus conciudadanos del atolladero. ¿Por qué aquí no? ¿Seguimos haciendo honor al cruel, pero paradigmático cuadro de Goya Guerra a Garrotazos?

El único consuelo que me queda es convocar la justicia, divina o humana, y desear que nuestros próceres de la patria lo acaben pagando. Al menos en las urnas. Mientras tanto, en lugar de pegados (como dos perrillos) tendremos que soportar que sigan pegados (como en la obra Don Francisco, el aragonés). Así no hay quien arregle nada. 

 

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