Emilio Serratosa y la burguesía industrial valenciana
Emilio Serratosa Ridaura está a punto de cumplir 73 años y ha decidido jubilarse. Se aparta así de la gestión diaria de un conglomerado familiar creado a principios del siglo pasado por lo que hubiera podido ser el germen de una burguesía industrial valenciana, al estilo de la que existe en Cataluña, pero que nunca llegó a cuajar en
El periodista Rafael Navarro, en su libro Los burgueses valencianos, desarrollaba una teoría compartida por el mundo económico local. En Valencia no existe una burguesía propiamente dicha. Existen burgueses, casi a título individual, o más bien familiar, pero no como grupo cohesionado. Esta característica de la sociedad valenciana, tan individualista en tantos casos, puede haber sido una rémora para desarrollar un mejor tejido industrial, pero supone un mayor mérito para los que sí se han involucrado en proyectos durante toda su vida.
El caso de los Serratosa, una de esas familias burguesas sin burguesía, se remonta a 1917, cuando el abuelo de Don Emilio, José Serratosa Mir, junto a su socio, Rafael Ridaura, pusieron en marcha una cementera en Buñol. La idea la había sugerido el hijo de José, José Serratosa Nadal, que acabó casándose con la hija del socio de su padre.
Aquellos cimientos, nunca mejor dicho, levantaron un imperio que se hizo visible cuando los Serratosa decidieron vender su negocio a Cemex. Era el año 1992 y la tercera generación de la familia ya estaba al frente de la compañía. Entre ellos, Emilio Serratosa. La venta, valorada en 125.000 millones de pesetas de la época, fue la operación corporativa más importante de Europa aquel año.
Cualquiera puede pensar que con ese dinero se puede vivir de rentas para siempre. No fue el caso. Emilio Serratosa, ya con dos de sus hijos acompañándole en el mundo de los negocios, decidió que ese dinero tenía que servir para crear riqueza. Nefitel, Gamesa, Air Nostrum, Uralita… El dinero de los Serratosa no ha estado especulando en Bolsa, incluso llegaron a disolver sus Sicav para destinar esos fondos a la compra de empresas con potencial de crecimiento.
A esa característica, se une el compromiso por la empresa familiar, pero también la exigencia para los herederos, a los que, según su protocolo, obliga a realizar estudios de alta dirección y trabajar para otras empresas antes de incorporarse a la compañía. El reflejo de esto es, por ejemplo, Javier Serratosa Luján, el ahora cabeza de familia de Nefinsa, junto a su hermano Gonzalo. Pero también Pablo Serratosa, que hace poco dejó la compañía y ya está impulsando realizando inversiones con Zriser, la sociedad de inversión que ha creado con sus hermanas, en compañías que necesitan tanto apoyo financiero como de gestión, como Siliken y Baviera.
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