Cuando las ranas críen pelo
Se lo adelanto ya para que vayan construyéndose sus refugios, porque he llegado al racional convencimiento de que el día que las ranas críen pelo se va a acabar el mundo o casi. Las catástrofes se sucederán una tras otra y, entre las desgracias, predigo que el satélite Meteosat caerá sobre L’Àgora de
Espero que la evolución no lleve a los batracios a desarrollar frondosas melenas o tupes que desafíen la ley de la gravedad, porque, insisto, todo aquello que hemos dejado para cuando las ranas críen pelo, junto y concatenado puede tener consecuencias desastrosas.
Una de esas cosas es la fusión entre Bancaja y CAM, aplazada para el cambio evolutivo de los anfibios, pero que, y ahora ya me pongo serio,
El pasado mes de junio, el consejero Gerardo Camps, entonces todavía en corrillos privados, empezó a lanzar el mensaje de que era necesario retomar la frustrada fusión. Las cosas se empezaban a poner complicadas en sector financiero español, las cajas de otras regiones comenzaban a moverse y el responsable de Economía del Gobierno valenciano advertía de un hipotético escenario en el que
Además, la ocasión la pintaban calva (fíjense aquí en mi habilidad para unir conceptos). PP y PSOE están de acuerdo básicamente en esta posibilidad, al menos en Valencia. En Alicante, la cosa estaba más ardua, pero en los últimos años, Francisco Camps había ido limando (pasando por la lima más bien) a su oposición interna, los zaplanistas, y la posibilidad de, tras un proceso de renovación de los órganos de la caja con sede en Alicante o a la orden de ya, poner firmes a los consejeros de CAM y echar a andar una fusión que tiene en las comarcas del sur de
Ayer, Camps, Gerardo, volvió a insistir en el tema con aires renovados incluso. Habló de la “irresponsabilidad” que cometería el propio Gobierno valenciano y los órganos de las dos cajas (tres, si se incluye a Ontinyent a la que, por primera vez, se mete en el mismo paquete) si no se afronta una fusión que dé lugar a una gran entidad autonómica, como están haciendo otras comunidades. Después, dijo Camps, tampoco estaría mal comerse a algunas pequeñas como Cajamurcia, entidad con la que CAM ha tenido algún contacto informal.
La idea de Camps no deja de tener una lógica aplastante. O se fusionan y son un grupo fuerte para participar en el reparto del pastel o, cuando llegue el momento, serán digeridas por grupos más grandes, diluyéndose en su interior. Obviemos aquí la pregunta que estos días tanto se ha repetido en Madrid y que aquí también cabe: ¿Para qué quieren los Gobiernos una caja que, en teoría, es independiente y de gestión privada? Las risas, para el final, por favor.
Pero esa idea de fusión tiene un componente que en estos momentos la hacen más complicada que hace seis meses, pese a que el panorama financiero pudiera decir lo contrario. Y esa dificultad añadida es… adivínenlo: El caso Gürtel.
La debilidad de Francisco Camps tras desvelarse su supuesta implicación en la trama corrupta ha roto al PP valenciano. El episodio de la expulsión de Ricardo Costa como secretario general y todo lo que lo ha rodeado, ha dado nuevas fuerzas a José Joaquín Ripoll, líder ahora de los antiguos zaplanistas, y dispuesto a atrincherarse en Alicante cavando una zanja a la altura de Dénia si hace falta. O invadiendo Valencia, no se sabe muy bien.
Hoy mismo el comité ejecutivo regional del PP ha elegido a un nuevo secretario general, que no ha sido consensuado con los barones provinciales, especialmente con Ripoll. La guerra abierta en el seno de los populares y en Alicante en especial es un escollo de primera magnitud para cualquier intento de fusión entre Bancaja y CAM.
Zaplana intentó la fusión siendo presidente de
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