Un espacio de encuentro con las principales tendencias en la gestión del capital humano, motor fundamental del éxito en cualquier organización. Un rincón donde encontrar las claves que permitan identificar a los mejores profesionales. Un punto de encuentro para el debate donde crecer y hacer crecer.

Imagen de Antonio Pamos

Antonio Pamos Doctor Cum Laude en Psicología y experto en gestión de Recursos Humanos. Acumula más de 20 años de experiencia trabajando con profesionales en la gestión del talento, la identificación del potencial o la medida del desempeño. Es VP de la Asociación Internacional de Directivos de Capital Humano, miembro de diferentes comités científicos nacionales e internacionales y también está considerado como uno de los más influyentes en su campo. Es autor de decenas de artículos y publicaciones. En la actualidad es socio y director de la compañía multinacional Facthum Spain, desde donde ofrece su experiencia y conocimiento a compañías de todo el mundo.

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Listado de blogs

21 junio, 2017 | 08:48

Las loterías son una fuente importante de financiación del Estado y debe de estar al caer un bote jugoso.

Entonces, los medios de comunicación nos bombardean con publicidad que anima a jugar, con un reclamo tan frívolo y alienante, y hortera diría yo, como la mansión, el jet privado o el yate.

Intento educar a mis hijos en valores humanistas contemporáneos de esfuerzo, mesura y solidaridad, entre otros, y aquellos mensajes, amparados por una empresa pública, se convierten en un poderoso enemigo que menoscaba mi labor educativa. Estoy seguro de que se puede hacer de otra manera, pero han preferido elegir el camino más fácil.

15 junio, 2017 | 07:45

No hay intervención parlamentaria que se precie que no comience con una cita literaria.

Parecería que a la catadura política no le basta la apología de la honradez ni del socialismo entrañable, ahora se debe añadir un componente intelectual para alcanzar mayor talla si cabe.

Lo extraño del caso es que esas referencias son siempre ajenas y en su uso bastardo, el político se arroga una suerte de erudición que no le pertenece, y que se asemeja a la estrategia del cuco, ese pájaro cínico que hace suyo lo que otro logró con esfuerzo.

10 mayo, 2017 | 09:25

Detrás de los casos de corrupción que nos rodean, se suele dar la irritante situación de que ante la acumulación de sospechas, el político señalado se niega a dimitir, e incluso llega a abjurar de su partido para migrar a ese cajón de sastre llamado Grupo Mixto.

En esos momentos de tribulación personal, el interfecto se agarra con fuerza a los brazos del sillón mientras menta a Santa Rita. Entonces, la memoria se vuelve caprichosa, y éste olvida aquella campaña electoral que le llevó a ocupar su puesto actual y que fueron sus votantes los que le encumbraron.

Un reciente estudio, puede arrojar algo de luz a ese afán denodado de hacer ventosa en la silla que le dignifica y tiene que ver con las atribuciones personales del éxito. Las conclusiones son muy elocuentes y apelan a lo que los psicólogos llamamos “locus de control”.

Ocurrió así: se entrevistó a personas de nivel socioeconómico bajo, medio y alto con una simple pregunta: “¿A qué atribuye usted el éxito profesional?” y mientras el nivel inferior achacaba el triunfo a factores externos como el valor de los contactos personales, el grupo superior lo hizo apuntando a factores internos como el resultado del esfuerzo.

Estás atribuciones tienen un componente emocional de adaptación, de protección de la autoestima, ya que aquellos que no han tenido tanta suerte lo justifican, no por su incompetencia, sino porque no les han ayudado suficientemente.

Por su parte, el grupo de mayor éxito, donde se englobaría la clase política, lo fía todo al merecimiento, de ahí sus problemas para devolver lo que le ha sido prestado por la ciudadanía, propietaria real del escaño, a cambio, entre otras cosas, de una conducta intachable. “Porque yo lo valgo” pensarán.

Y por favor, no me hablen de presunción de inocencia, porque es precisamente ese contrato tácito entre ciudadanos y políticos el que faculta a los primeros a denunciarlo ante el menor halito de sospecha.

Luego, libre de toda culpa, vuelva usted por donde solía, pero no, el escaño no es un éxito suyo personal, es una concesión con fecha de caducidad y sobre todo con cláusulas que le exigen honorabilidad, en lo que hace y en lo que proyecta.

07 marzo, 2017 | 08:09

Decía Benjamín Franklin que hay tres cosas extremadamente duras: el acero, el diamante y conocerse a uno mismo.

De pequeño yo era muy aficionado al fútbol, por presión popular porque nunca terminó de gustarme, y de hecho, ahora no lo sigo en absoluto. De cualquier forma, me conocía las alineaciones, seguía la jornada de liga con enorme interés y lucía la parafernalia del que fuera mi equipo.

Los jugadores de fútbol, eran para mí un modelo a seguir, personajes de éxito que tenían todo a lo que un niño podía aspirar en la vida.

Sin embargo, tanta idolatría tenía que convivir con un conflicto moral que me generaban esos mismos dioses del balón, y era cómo aceptar que intentaran engañar al árbitro tirándose en el área para que pitara un penalti que no era tal o, por ejemplo, que exageraran las faltas para que éste sacara una tarjeta inmerecida al contrario.

Claro, todo eso chocaba de frente con unos valores de urbanidad, con una ética que me inculcaban día a día, con la búsqueda de la honestidad, la sinceridad, la integridad.

Un día me hice mayor, y me di cuenta de que el engaño era una pieza más del fútbol, formaba parte de su esencia, como el fuera de juego o los regates, no era una derivación indeseada, no, era el mismo fútbol.

Con el tiempo fui añadiendo a aquella revelación otras, que hay policías que roban, profesores que no lo saben todo o políticos que no cumplen lo que prometen. Llegado a ese punto, entendí mejor eso que llaman vivir.

14 febrero, 2017 | 08:16

Corren tiempos de indefinición. Ahora que los partidos políticos escoran sin rubor su ideología, surgen formas de negocios cuyo objeto se ve solapado por otras actividades paralelas. Así, a veces, es difícil conocer dónde termina la oferta de palomitas y comienza el cine, dónde el spa y el hotel, dónde las noticias de actualidad y los vídeos de YouTube, por ejemplo.

Viene esto como denuncia de esa práctica tan extendida de tener la televisión encendida en los bares y restaurantes, con programas anodinos a volúmenes solo aptos para el personal de cocina en la trastienda. No, no se va a un bar a ver televisión, por favor, apáguenlas o por lo menos quiten el sonido.

24 enero, 2017 | 08:18

Freud denominaba “mecanismos de defensa” a ciertas estrategias inconscientes con las que nos salvaguardamos de una realidad amenazante. Así, recuerdo a un antiguo cliente, ya jubilado, que afirmaba con tono ex catedra que Internet estaba sobrevalorado, era su postura ante un tiempo nuevo que le excluía.

Es condición del ser humano adulto la resistencia a las innovaciones, tecnológicas o no, porque le genera inseguridad y así es que desarrolla un perfil conservador donde cualquier tiempo pasado fue mejor.

Resulta habitual alabar la lectura del periódico en papel, el sonido intemporal

del vinilo, el rechazo al GPS en favor de la intuición, o el lento y dedicado puchero frente a otros artilugios de cocina cargados de sensores.

Creo que es el escritor Javier Marías quien se vanagloriaba de seguir escribiendo en una Olivetti, lo cual es digno de tanto respeto como de curiosidad. Desconozco si seguirá haciéndolo, pero lo que es cierto es que cada vez le costará más encontrar la cinta entintada que imprime el papel, si no cualquier otra pieza fundamental de su máquina de escribir.

Y este es el hecho luctuoso que acompañará a cualquier objetor de conciencia de lo tecnológico, que cada vez se sentirá más arrinconado, más ninguneado, más marginado.

Enfrentarse a la tecnología es algo así como cargar uno solo contra un poderoso ejército, es sentirse aquel estudiante chino que paró temporalmente en Tiananmen a las hordas militares progubernamentales, y digo temporalmente porque se sabe que al final sucumbió.

Las innovaciones son claramente parciales y arbitrarias, de ninguna manera son para todos, y manifiestan simpatía por aquellos que están dispuestos a adoptarlas, los que siendo mayoría y en su conjunto con más riqueza se suben al tren que fletan. Los demás son abandonados en tierra, sin ninguna compasión, serán los autoexcluidos, los habitantes de un gueto analógico anacrónico.

Si usted es de estos últimos, puede seguir yendo al banco a ordenar transferencias y a comprar el periódico al amable kiosquero del barrio, pero debe saber que cada vez se lo pondrán más difícil y llegará un momento en que deberá elegir entre subirse al vagón de cola de aquel tren que dejó marchar o ajarse en territorio yermo de contemplaciones. Mientras decide qué hacer, puede seguir invocando tiempos pretéritos que no volverán.

10 enero, 2017 | 08:14

La expresión “diálogo de besugos” no es tan antigua como cabría pensar, de hecho, su origen se remonta a la mitad del Siglo XX, a una sección en un tebeo clásico que se llamaba DDT, como aquel insecticida.

Cuando uno intenta entender cierta publicidad desde el sentido común, cae en eso, en un estéril diálogo de besugos. Recuerdo hace muchos años, hablando con un publicista, al que me quejaba de un anuncio infame de detergente (hoy estaría censurado por sexista), cuya narrativa no alcanzaba a entender, y éste me contestó: “pues objetivo conseguido porque no es a ti a quien tiene que remover”.

De aquella conversación, que claramente me marcó, recuerdo hasta dónde tuvo lugar, me quedé con dos cosas: la publicidad está dirigida y aquello de “remover”.

Es por eso, que la publicidad apela a los sentimientos, a remover, y no al sentido común, por lo que no debe ser siempre interpretada desde una óptica racional.

Estas navidades, decidí adoptar una postura de observación activa y crítica al bombardeo publicitario que las acompaña, y he identificado una serie de características muy repetidas que convierten mi relación con el mensaje en eso, un diálogo de besugos. Aquí van algunas:

  • Exceso de lenguaje infantil, simple, paternalista. Y no hablo solo de los anuncios de juguetes.
  • Cierre con eslóganes en inglés.
  • Venta de la felicidad como producto
  • Abuso de las hipérboles y de superlativos claramente innecesarios e incluso flagrantemente falsos (ahí va mi hipérbole también).
  • Mensajes con pronombres posesivos: “Los tuyos”, “Nuestros mayores”, “los nuestros”.
  • Pretensión de saber “lo que yo estaba esperando”, con “lo que yo soñaba” o “lo que me falta en la vida”.
  • Ensalzamiento de valores poco comunes en su conjunto, si no imposibles: Juventud, salud, dinero, familia, amor…y buen tiempo.
  • Presencia incondicional de la Tercera Edad, generalmente de attrezzo.

Vaya como ejemplo de mi pobre entendimiento este anuncio que, a toda página – nada barato, presupongo -, acompañaba a un periódico todos los días. El mensaje es claro: cuando usted esté en el aeropuerto (ya implica un nivel adquisitivo), venga a nuestras tiendas (los productos que se venden no son precisamente los del Mercadona), gástese al menos 30 euros (no basta con que nos visite) y le obsequiaremos…¿con qué?...¡con una copa de cava!

Francamente, me cuesta imaginar una conversación de dos viajeros que antes de subir al avión se dicen:

    -Paco, vamos a gastarnos 30 euros en esa tienda que nos van a regalar una copa de cava.

    - Sí, vamos. Hoy es nuestro día de suerte. No sé qué más nos puede deparar esta maravillosa jornada.

Quizás porque no me removió la propuesta, no he sido capaz de entender el valor del reclamo, pero también es verdad que estas navidades yo no iba a pisar el aeropuerto, luego no se trataba de removerme a mí. Como diría mi amigo: “objetivo conseguido”.

13 diciembre, 2016 | 08:15

Soy fiel seguidor del programa de TV “Pesadilla en la cocina”. Me atrae lo que tiene de espeluznante en lo referente a la ineptitud de sus protagonistas en la gestión del negocio, en las relaciones humanas y en la construcción de ilusiones.

Hay una serie de mantras que se repiten en todos los programas: nula experiencia, desorganización, ausencia de liderazgo, esfuerzo insuficiente y baja orientación al cliente.

En España hay unos 260.000 bares, más que en todo EE. UU. Tenemos uno por cada 175 habitantes, más o menos una urbanización de tamaño mediano.

Si salimos a la calle a preguntar por qué hay tantos bares, la respuesta más repetida tendrá que ver con las alabanzas de nuestra orografía, climatología y sociología. Somos latinos, de naturaleza gregaria que vivimos en un país especialmente soleado, lo que invita a salir a la calle y la diversidad cultural enriquece la oferta disponible. Otro mantra acuñado por los portavoces del Ministerio de Turismo allá por los oscuros 60 del siglo pasado.

Lo cierto es que España es un país de poco oficio, asido a la formación generalista, muy teórica y alejada de los requerimientos del mundo laboral. La formación profesional, tan necesaria, sigue siendo poco valorada por lo que tiene de estigma, y se prefiere el abandono escolar (22% de media) al trasvase temprano a la oferta educativa de un oficio.

Al ciudadano que se arroja al incierto y mal amparado mundo del emprendimiento habría que hacerle un homenaje diario por su gallardía, pero recriminarle su elección si se trata de montar un bar o un restaurante. Y es que, esa falta de oficio, lleva a tantas personas a apostar por la hostelería, con la única experiencia de haber llevado la cocina de su casa y la falsa expectativa de convertirse en un empresario que solo debe poner la mano a final de mes entre torneo y torneo de golf.

Alberto Chicote lo dice una y otra vez, montar un bar es muy, muy, sacrificado, te deja sin vida fuera del local y sobre todo, un suicidio si se acomete sin experiencia y solo con buena voluntad.

Reivindiquemos una educación de oficios y que el que ponga un negocio tenga algo más que ofrecer que un plato de croquetas recién descongeladas.

29 noviembre, 2016 | 07:48

De pequeños nos enseñan a luchar con ahínco por todo lo que queremos conseguir, sin embargo, hay batallas, que cuanto antes asumamos que las hemos perdido, mejor nos irá al dedicar los esfuerzos a otros temas.

Mis hijos nunca preferirán un libro a un videojuego, siempre habrá políticos que roben, alguien correrá más de lo necesario y provocará un accidente, etc.

Todo esto viene en referencia a las críticas contra la cultura importada de Halloween y el Black Friday, y del uso del inglés en publicidad.

Nos puede gustar más o menos, pero lo mejor es dedicar los esfuerzos a otros menesteres, porque esas entran en la categoría de batalla perdida.

22 noviembre, 2016 | 08:42

En EE. UU. han creado el término de “Inspiration Porn” para referirse a todas aquellas iniciativas que utilizan como excusa para hablar de superación a personas tullidas o con otras limitaciones físicas o psíquicas.

La naturaleza nos ha provisto de elementos capaces de estimular las conciencias más gélidas en pos de hacer aflorar un lado humano conciliador: un gugú de un bebé, un koala, un cachorro de lo que sea, y como no, un abuelo/a entregados al cuidado pasional de su estirpe.

Los abuelos son una apuesta a caballo ganador del márquetin. Baste, por ejemplo, recordar el eufemismo con el que la opinión pública les define: “nuestros mayores”. El cartero de la Isla Negra le decía a Pablo Neruda, después de robarle sus poemas, que la poesía es de quien la necesita. Pues bien, siguiendo este postulado, los abuelos son un bien común a disposición de quien los necesita, da igual su prosapia.

Todo esto, viene a colación del último anuncio de la Lotería Nacional, donde una abuela tan errática como afable, moviliza a todo un pueblo para hacerla feliz, al fin y al cabo es un poco de todos. Nada que objetar, un anuncio de buena factura técnica, buenas interpretaciones y que sin duda logra su objetivo, por lo menos el de despertar conciencias, que también vendan más décimos no lo sé.

Insisto, todo perfecto, hasta sus cuatro millones de visitas en cuatro días, si no fuera porque esa misma devoción con “nuestros mayores” no se ve correspondida fuera de la ficción, y los datos nos dicen que un millón de ancianos viven solos, que un 6% vive por debajo del umbral de la pobreza, y que muchos mueren solos, cada vez más, algunos abrasados por la vela que palía la falta de luz eléctrica.

Imagen de Paula Satrustegui

Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

Imagen de Belén Alarcón

Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

Imagen de Enrique Borrajeros

Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

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Francisco Márquez de Prado, analizará activos y productos financieros, con sus ventajas e inconvenientes, para cada tipo de inversor.

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Íñigo Petit tratará temas relacionados con la evolución de la industria de fondos de inversión y planes de pensiones y aspectos relacionados con la educación financiera

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