Un espacio de encuentro con las principales tendencias en la gestión del capital humano, motor fundamental del éxito en cualquier organización. Un rincón donde encontrar las claves que permitan identificar a los mejores profesionales. Un punto de encuentro para el debate donde crecer y hacer crecer.

Imagen de Antonio Pamos

Antonio Pamos Doctor Cum Laude en Psicología y experto en gestión de Recursos Humanos. Acumula más de 20 años de experiencia trabajando con profesionales en la gestión del talento, la identificación del potencial o la medida del desempeño. Es VP de la Asociación Internacional de Directivos de Capital Humano, miembro de diferentes comités científicos nacionales e internacionales y también está considerado como uno de los más influyentes en su campo. Es autor de decenas de artículos y publicaciones. En la actualidad es socio y director de la compañía multinacional Facthum Spain, desde donde ofrece su experiencia y conocimiento a compañías de todo el mundo.

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14 febrero, 2017 | 08:16

Corren tiempos de indefinición. Ahora que los partidos políticos escoran sin rubor su ideología, surgen formas de negocios cuyo objeto se ve solapado por otras actividades paralelas. Así, a veces, es difícil conocer dónde termina la oferta de palomitas y comienza el cine, dónde el spa y el hotel, dónde las noticias de actualidad y los vídeos de YouTube, por ejemplo.

Viene esto como denuncia de esa práctica tan extendida de tener la televisión encendida en los bares y restaurantes, con programas anodinos a volúmenes solo aptos para el personal de cocina en la trastienda. No, no se va a un bar a ver televisión, por favor, apáguenlas o por lo menos quiten el sonido.

24 enero, 2017 | 08:18

Freud denominaba “mecanismos de defensa” a ciertas estrategias inconscientes con las que nos salvaguardamos de una realidad amenazante. Así, recuerdo a un antiguo cliente, ya jubilado, que afirmaba con tono ex catedra que Internet estaba sobrevalorado, era su postura ante un tiempo nuevo que le excluía.

Es condición del ser humano adulto la resistencia a las innovaciones, tecnológicas o no, porque le genera inseguridad y así es que desarrolla un perfil conservador donde cualquier tiempo pasado fue mejor.

Resulta habitual alabar la lectura del periódico en papel, el sonido intemporal

del vinilo, el rechazo al GPS en favor de la intuición, o el lento y dedicado puchero frente a otros artilugios de cocina cargados de sensores.

Creo que es el escritor Javier Marías quien se vanagloriaba de seguir escribiendo en una Olivetti, lo cual es digno de tanto respeto como de curiosidad. Desconozco si seguirá haciéndolo, pero lo que es cierto es que cada vez le costará más encontrar la cinta entintada que imprime el papel, si no cualquier otra pieza fundamental de su máquina de escribir.

Y este es el hecho luctuoso que acompañará a cualquier objetor de conciencia de lo tecnológico, que cada vez se sentirá más arrinconado, más ninguneado, más marginado.

Enfrentarse a la tecnología es algo así como cargar uno solo contra un poderoso ejército, es sentirse aquel estudiante chino que paró temporalmente en Tiananmen a las hordas militares progubernamentales, y digo temporalmente porque se sabe que al final sucumbió.

Las innovaciones son claramente parciales y arbitrarias, de ninguna manera son para todos, y manifiestan simpatía por aquellos que están dispuestos a adoptarlas, los que siendo mayoría y en su conjunto con más riqueza se suben al tren que fletan. Los demás son abandonados en tierra, sin ninguna compasión, serán los autoexcluidos, los habitantes de un gueto analógico anacrónico.

Si usted es de estos últimos, puede seguir yendo al banco a ordenar transferencias y a comprar el periódico al amable kiosquero del barrio, pero debe saber que cada vez se lo pondrán más difícil y llegará un momento en que deberá elegir entre subirse al vagón de cola de aquel tren que dejó marchar o ajarse en territorio yermo de contemplaciones. Mientras decide qué hacer, puede seguir invocando tiempos pretéritos que no volverán.

10 enero, 2017 | 08:14

La expresión “diálogo de besugos” no es tan antigua como cabría pensar, de hecho, su origen se remonta a la mitad del Siglo XX, a una sección en un tebeo clásico que se llamaba DDT.

Cuando uno intenta entender cierta publicidad desde el sentido común, cae en eso, en un estéril diálogo de besugos. Recuerdo hace muchos años, hablando con un publicista, al que me quejaba de un anuncio infame de detergente (hoy estaría censurado por sexista), cuya narrativa no alcanzaba a entender, y éste me contestó: “pues objetivo conseguido porque no es a ti a quien tiene que remover”.

De aquella conversación, que claramente me marcó, recuerdo hasta dónde tuvo lugar, me quedé con dos cosas: la publicidad está dirigida y aquello de “remover”.

Es por eso, que la publicidad apela a los sentimientos, a remover, y no al sentido común, por lo que no debe ser siempre interpretada desde una óptica racional.

Estas navidades, decidí adoptar una postura de observación activa y crítica al bombardeo publicitario que las acompaña, y he identificado una serie de características muy repetidas que convierten mi relación con el mensaje en eso, un diálogo de besugos. Aquí van algunas:

  • Exceso de lenguaje infantil, simple, paternalista. Y no hablo solo de los anuncios de juguetes.
  • Cierre con eslóganes en inglés.
  • Venta de la felicidad como producto
  • Abuso de las hipérboles y de superlativos claramente innecesarios e incluso flagrantemente falsos (ahí va mi hipérbole también).
  • Mensajes con pronombres posesivos: “Los tuyos”, “Nuestros mayores”, “los nuestros”.
  • Pretensión de saber “lo que yo estaba esperando”, con “lo que yo soñaba” o “lo que me falta en la vida”.
  • Ensalzamiento de valores poco comunes en su conjunto, si no imposibles: Juventud, salud, dinero, familia, amor…y buen tiempo.
  • Presencia incondicional de la Tercera Edad, generalmente de attrezzo.

Vaya como ejemplo de mi pobre entendimiento este anuncio que, a toda página – nada barato, presupongo -, acompañaba a un periódico todos los días. El mensaje es claro: cuando usted esté en el aeropuerto (ya implica un nivel adquisitivo), venga a nuestras tiendas (los productos que se venden no son precisamente los del Mercadona), gástese al menos 30 euros (no basta con que nos visite) y le obsequiaremos…¿con qué?...¡con una copa de cava!

Francamente, me cuesta imaginar una conversación de dos viajeros que antes de subir al avión se dicen:

    -Paco, vamos a gastarnos 30 euros en esa tienda que nos van a regalar una copa de cava.

    - Sí, vamos. Hoy es nuestro día de suerte. No sé qué más nos puede deparar esta maravillosa jornada.

Quizás porque no me removió la propuesta, no he sido capaz de entender el valor del reclamo, pero también es verdad que estas navidades yo no iba a pisar el aeropuerto, luego no se trataba de removerme a mí. Como diría mi amigo: “objetivo conseguido”.

13 diciembre, 2016 | 08:15

Soy fiel seguidor del programa de TV “Pesadilla en la cocina”. Me atrae lo que tiene de espeluznante en lo referente a la ineptitud de sus protagonistas en la gestión del negocio, en las relaciones humanas y en la construcción de ilusiones.

Hay una serie de mantras que se repiten en todos los programas: nula experiencia, desorganización, ausencia de liderazgo, esfuerzo insuficiente y baja orientación al cliente.

En España hay unos 260.000 bares, más que en todo EE. UU. Tenemos uno por cada 175 habitantes, más o menos una urbanización de tamaño mediano.

Si salimos a la calle a preguntar por qué hay tantos bares, la respuesta más repetida tendrá que ver con las alabanzas de nuestra orografía, climatología y sociología. Somos latinos, de naturaleza gregaria que vivimos en un país especialmente soleado, lo que invita a salir a la calle y la diversidad cultural enriquece la oferta disponible. Otro mantra acuñado por los portavoces del Ministerio de Turismo allá por los oscuros 60 del siglo pasado.

Lo cierto es que España es un país de poco oficio, asido a la formación generalista, muy teórica y alejada de los requerimientos del mundo laboral. La formación profesional, tan necesaria, sigue siendo poco valorada por lo que tiene de estigma, y se prefiere el abandono escolar (22% de media) al trasvase temprano a la oferta educativa de un oficio.

Al ciudadano que se arroja al incierto y mal amparado mundo del emprendimiento habría que hacerle un homenaje diario por su gallardía, pero recriminarle su elección si se trata de montar un bar o un restaurante. Y es que, esa falta de oficio, lleva a tantas personas a apostar por la hostelería, con la única experiencia de haber llevado la cocina de su casa y la falsa expectativa de convertirse en un empresario que solo debe poner la mano a final de mes entre torneo y torneo de golf.

Alberto Chicote lo dice una y otra vez, montar un bar es muy, muy, sacrificado, te deja sin vida fuera del local y sobre todo, un suicidio si se acomete sin experiencia y solo con buena voluntad.

Reivindiquemos una educación de oficios y que el que ponga un negocio tenga algo más que ofrecer que un plato de croquetas recién descongeladas.

29 noviembre, 2016 | 07:48

De pequeños nos enseñan a luchar con ahínco por todo lo que queremos conseguir, sin embargo, hay batallas, que cuanto antes asumamos que las hemos perdido, mejor nos irá al dedicar los esfuerzos a otros temas.

Mis hijos nunca preferirán un libro a un videojuego, siempre habrá políticos que roben, alguien correrá más de lo necesario y provocará un accidente, etc.

Todo esto viene en referencia a las críticas contra la cultura importada de Halloween y el Black Friday, y del uso del inglés en publicidad.

Nos puede gustar más o menos, pero lo mejor es dedicar los esfuerzos a otros menesteres, porque esas entran en la categoría de batalla perdida.

22 noviembre, 2016 | 08:42

En EE. UU. han creado el término de “Inspiration Porn” para referirse a todas aquellas iniciativas que utilizan como excusa para hablar de superación a personas tullidas o con otras limitaciones físicas o psíquicas.

La naturaleza nos ha provisto de elementos capaces de estimular las conciencias más gélidas en pos de hacer aflorar un lado humano conciliador: un gugú de un bebé, un koala, un cachorro de lo que sea, y como no, un abuelo/a entregados al cuidado pasional de su estirpe.

Los abuelos son una apuesta a caballo ganador del márquetin. Baste, por ejemplo, recordar el eufemismo con el que la opinión pública les define: “nuestros mayores”. El cartero de la Isla Negra le decía a Pablo Neruda, después de robarle sus poemas, que la poesía es de quien la necesita. Pues bien, siguiendo este postulado, los abuelos son un bien común a disposición de quien los necesita, da igual su prosapia.

Todo esto, viene a colación del último anuncio de la Lotería Nacional, donde una abuela tan errática como afable, moviliza a todo un pueblo para hacerla feliz, al fin y al cabo es un poco de todos. Nada que objetar, un anuncio de buena factura técnica, buenas interpretaciones y que sin duda logra su objetivo, por lo menos el de despertar conciencias, que también vendan más décimos no lo sé.

Insisto, todo perfecto, hasta sus cuatro millones de visitas en cuatro días, si no fuera porque esa misma devoción con “nuestros mayores” no se ve correspondida fuera de la ficción, y los datos nos dicen que un millón de ancianos viven solos, que un 6% vive por debajo del umbral de la pobreza, y que muchos mueren solos, cada vez más, algunos abrasados por la vela que palía la falta de luz eléctrica.

02 noviembre, 2016 | 08:30

Cuando yo estudiaba la carrera, y juro que no hace tanto de ello, se podía fumar en clase. Recuerdo que era habitual, tomar apuntes con una mano, tener el cigarro encendido en la otra, y echar la ceniza en un cenicero de papel que te fabricabas sobre la marcha.

El Rey Leopoldo II de Bélgica fue responsable de la muerte de 10 millones de congoleños en las postrimerías del siglo XX. Hasta 1981 las mujeres españolas no podían obtener el pasaporte o abrir una cuenta corriente sin el permiso del marido. Unos años antes, se encarcelaba a los homosexuales, hoy se pueden casar. En 1864 se crea la Cruz Roja con el fin de ayudar a los soldados heridos en las batallas, a los que se dejaba a su suerte abandonados hasta ese momento. Miguel Servet murió en la hoguera en 1553 por descubrir la circulación sanguínea.

Estos son solo algunos ejemplos históricos que, vistos desde hoy, pueden hacer que nos llevemos las manos a la cabeza y exclamemos un “Dios mío”. Pero todos ellos, son hechos ocurridos en otro momento, bajo parámetros culturales, sociales, religiosos, e incluso intelectuales, diferentes y no es de recibo que sean juzgados con los ojos del siglo XXI.

Viene esto a colación del mantra que, año tras año, nos acompaña cuando se celebra el 12 de octubre y que tachan al pueblo español, así en general, incluidos usted y yo, de genocida por cómo se llevó a cabo la conquista de América.

Aun en el caso de que fuera cierto que las poblaciones autóctonas perecieron bajo una espada toledana, hecho éste incierto porque se sabe que fueron sobre todo la viruela y el sarampión lo que les diezmó, es absolutamente injusto juzgarlo con los valores que mueven el mundo hoy y que son resultado de la evolución cultural de estos 500 años y sus periodos de mayor ilustración.

Este año, por primera vez, ningún animal ha muerto en las fiestas de Tordesillas, el Toro de la Vega ha sobrevivido a esta fiesta salvaje de la que renegaremos dentro de unos años con la misma vehemencia que hoy lo hacemos del Apartheid o de la pederastia, por ejemplo.

20 septiembre, 2016 | 10:30

La denominada, y con razón, televisión basura, nació en los 90 en Canal Nou con aquel “Tómbola”. Funcionó muy bien y se extendió a los medios de ámbito nacional. Hoy es Telecinco y su "Sálvame" quienes ostentan la cátedra de lo zafio.

Desde sus orígenes, una cohorte de jueces de lo bueno y de lo malo, claman por su abolición y por fijar la programación a imagen y semejanza de la BBC: educativa, pedagógica y con mucha sabana africana, cuyos recovecos empezamos a conocer tanto como el Google Maps de nuestro barrio.

Según Barlovento Comunicación, son los mayores de 64 años los que más consumen este tipo de programas, personas jubiladas o cerca de hacerlo. Es a ellos, a los que llevan toda su vida trabajando, los responsables del estado de libertad y bienestar que disfrutamos, los que no entienden la nueva sociedad tecnológica y se automarginan, los que cuidan de nuestros hijos cuando no hay colegio, los que ya lo han reído y llorado todo, es a ellos, a todos ellos, a los que queremos educar enseñándoles a ver una televisión de “calidad”.

No cuenten conmigo para quitarles esos momentos que solo ellos saben disfrutar.

Doña María, Don Manuel, yo seguiré saltándome esos canales en los que ustedes recalan, pero no dejen de hacerlo, si les alimenta el alma, consuman televisión basura, se lo merecen.

13 septiembre, 2016 | 10:56

Los españoles manifestamos ser un 6,3 de felices sobre 10. No está mal, teniendo en cuenta la que está cayendo.  

Sin embargo, llama la atención, cómo se exhibe esa felicidad para que todo el mundo lo sepa, del mismo modo que el dueño del descapotable se pasea calle arriba, calle abajo, a mayor gloria de los decibelios. 

Uno entra en el estado de sus contactos de whatsapp o de FaceBook, y se da cuenta de lo injusto que es ese 6,3, que entre lo felices que somos, lo enamorados que estamos y nuestra rica vida social, eso debería ser por lo menos un 9. 

¿Por qué ese afán por hacer público nuestro gozo, nuestra dicha, la luz que irradiamos? Porque ser feliz se ha convertido en “el objetivo”, como antes lo era acumular patrimonio, o alcanzar un estatus social. 

Los Estados Unidos tienen su “American dream” y dicen “you got it” a quien lo hace realidad: casa con jardín, cónyuge de sonrisa sempiterna y niños Disney.

Parece que el “sueño español” es ser feliz, y para creérnoslo nosotros, primero deben hacerlo los demás.

06 septiembre, 2016 | 10:02

Hitler no era un terrorista, al menos, una vez ya aupado a la cancillería. 

La violencia contra la población civil se puede ejercer de muchas maneras, según el objetivo de aquélla: amedrentar, sojuzgar, demostrar, avisar, eliminar. Hitler, ha pasado a la historia como genocida porque buscaba eliminar, y a fe que puso todos los medios humanos y materiales a su alcance para lograr su abyecta empresa.

El terrorismo actual que padecemos, el de los ataques en París, las bombas en Bruselas o los suicidas en EE. UU., no persigue acabar con un grupo racial o cultural-religioso específico, busca crear terror, extender una pátina de miedo en una ciudadanía, poco o nada acostumbrada a la violencia, que doblegue sus voluntades.

Recientemente, en una estación de Metro de Madrid, la gente salió corriendo aterrorizada porque habían identificado como disparos lo que era un tren averiado. Una mujer deliró y refirió haber visto incluso pistolas. Unas semanas atrás, ocurrió algo similar en una población española y otra francesa.

Éste es el éxito del terrorismo, crear un infierno en el que la gente viva en un estado de amenaza continuo, que cambie sus hábitos de vida y que se encare con sus gobernantes ante la falta de seguridad percibida.

Francia tiene algo más de 65 millones de habitantes, en el atentado de Niza murieron 85 personas, pero inocularon el virus del miedo a los 65 millones: “no estás a salvo, en cualquier lugar, en cualquier momento te podemos golpear” es el mensaje implícito.

El miedo es una emoción atávica que en entornos naturales ofrece dos respuestas posibles, parálisis o huida. En una sociedad organizada, genera una tercera reacción, romper la cohesión interna y extender la duda sobre los gobernantes y sus políticas, los cuerpos de seguridad y su efectividad y ciertas nacionalidades y su lealtad. Éste es, insisto, el éxito del terrorismo.

Está extendido el mito de que Hitler llegó al poder a través de unas elecciones democráticas, cierto, si no fuera porque previamente se encargo de crear un estado de terror con acciones como el incendio de Reichstag o la lúgubre noche de los cuchillos largos, entre otras infamias. Doblegó la voluntad del pueblo y ganó, claro que ganó.

Nuestra arma antiterrorista más poderosa no es otra que seguir llevando una vida normal.

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

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Francisco Márquez de Prado, analizará activos y productos financieros, con sus ventajas e inconvenientes, para cada tipo de inversor.

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