Un espacio de encuentro con las principales tendencias en la gestión del capital humano, motor fundamental del éxito en cualquier organización. Un rincón donde encontrar las claves que permitan identificar a los mejores profesionales. Un punto de encuentro para el debate donde crecer y hacer crecer.

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Antonio Pamos Doctor Cum Laude en Psicología y experto en gestión de Recursos Humanos. Acumula más de 20 años de experiencia trabajando con profesionales en la gestión del talento, la identificación del potencial o la medida del desempeño. Es VP de la Asociación Internacional de Directivos de Capital Humano, miembro de diferentes comités científicos nacionales e internacionales y también está considerado como uno de los más influyentes en su campo. Es autor de decenas de artículos y publicaciones. En la actualidad es socio y director de la compañía multinacional Facthum Spain, desde donde ofrece su experiencia y conocimiento a compañías de todo el mundo.

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28 diciembre, 2013 | 22:20

Catherine Susan (Kitty) Genovese murió en Nueva York el 13 de marzo de 1964 con 29 años.

Llegaba a su casa de madrugada en el barrio de Queens después de trabajar cuando Winston Moseley la atacó.

La primera intención del atacante fue robarle pero ante la resistencia de la víctima y los gritos que profería, aquél optó por acuchillarla.

Kitty no murió, pero quedó malherida en la calle.

Unos 20 minutos después, tendida aún en la calle pues nadie la había socorrido, su asesinó volvió y además de acuchillarla de nuevo abusó sexualmente de ella.

Un vecino llamó a los servicios de emergencia que poco pudieron hacer por su vida.

Hasta aquí no deja de ser una historia de violencia cotidiana en un barrio neoyorquino. Una víctima más que engrosaría las estadísticas de criminalidad al finalizar el año.

Lo que llamó la atención de este caso a la opinión pública es que se calcula que 38 vecinos, asomados a sus ventanas, vieron el mortal ataque sin hacer nada, como meros espectadores de una película de suspense. Sólo al final del segundo ataque un vecino llamó a la policía.

Este caso trascendió de lo policial a lo social y dos investigadores, John Darley y Bibb Latané, trabajaron en lo que dieron en llamar “El Efecto Espectador”.

La conclusión a la que llegaron es que la posibilidad de que alguien muestre iniciativa ante un ataque a un tercero es inversamente proporcional al número de personas que lo acompañan. Es decir, que si alguien, solo o poco acompañado, es testigo de una agresión es más probable que se inmiscuya que si está acompañado de mucha gente.

¿Por qué ocurre esto? Entre las diversas hipótesis que se barajan está el pensar que otro asumirá esa iniciativa. Pero también se conjetura que muchas personas perciben lo que le ocurre a otros como ajeno a su incumbencia y que si la víctima no pide ayuda explícita no se le da: Efecto Espectador.

Traigo aquí está historia ante la pobre repercusión social que está teniendo la crisis económica en nuestro país. Cuando 1,7 millones de familias tienen a todos sus miembros en paro, cuando hay cientos de miles de personas por encima de los 45 años que no podrán volver a trabajar nunca, cuando hay provincias con índices de desempleo cercanos al 50% y cuando se recortan por decreto las políticas sociales y los derechos de los trabajadores nadie sale a la calle.

Y nadie sale a la calle porque somos espectadores de un drama que de momento afecta a una población desahuciada y de poca relevancia.

Pero como dijo Bertolt Bretcht, mañana nos puede tocar a nosotros y pasaremos de espectadores a protagonistas y ahí no hay más efecto que el de sobrevivir.

P.D.: “A la calle, que ya es hora de pasearnos a cuerpo”. –Gabriel Celaya

15 diciembre, 2013 | 18:10

Hace poco cayó en mis manos un estudio muy elocuente sobre la utilidad de diferentes herramientas de selección. Este estudio, realizado por los investigadores Schmidt y Hunter en 1998, refleja con sumo detalle la “validez predictiva” de todo tipo de metodologías de evaluación. A los neófitos les aclaro que entendemos por validez predictiva la capacidad en términos estadísticos que tiene un instrumento de predecir la conducta futura de un trabajador en un entorno de trabajo, entendida esta conducta habitualmente como rendimiento laboral.

Pues bien, el estudio en cuestión analizaba todo tipo de herramientas, desde los tests clásicos de personalidad, hasta la entrevista en sus diferentes formas o técnicas más modernas como el assessment center.

De los resultados obtenidos me quiero centrar en uno que pone en entredicho una técnica utilizada (cierto es que no de forma masiva) por muchas compañías en España. Se trata de la grafología.

Como todo el mundo sabe, esta técnica basa sus descripciones en el estilo de escritura del candidato, de esta manera se pretende “predecir” cómo será de eficiente éste en el futuro.

Desde siempre, incluso en el ámbito clínico, ha sido muy discutida su efectividad y fiabilidad, todo ello basado en el componente cultural tan marcado que tiene el estilo de escritura. Pero también ha servido para resucitar viejos enfrentamientos nacionales. Y esto es porque la grafología ha sido sobre todo defendida por diferentes escuelas francesas en contraposición con la inglesas más psicométricas y por tradición más empiristas. Y han sido multinacionales francesas las que en la década de los 70 la hicieron llegar a España.

Para recalcar la poca o nula efectividad de la grafología, el estudio (científico, no lo olvidemos) la sitúa a la altura de la astrología, es decir en el valor cero, de tal manera que lo que viene a decirnos es que en el mundo de la selección, tan útil es analizar cómo escribe el candidato como saber si su signo del zodiaco es Virgo, Géminis o Leo, entre otros.

Por último, invito a aquellos lectores defensores de la grafología a que lleven a cabo un estudio similar (científico, no lo olvidemos) y concluyan destacando las virtudes conceptuales y prácticas de esta disciplina. Si lo logran es muy probable que cambien en gran medida ciertas metodologías ampliamente implantadas hoy en Recursos Humanos.

02 diciembre, 2013 | 16:24

No creo en el valor terapéutico (sí el divulgativo) de los libros de autoayuda, productos comerciales vacíos de poder nutritivo (como cheetos) para personas vulnerables que sueñan con una mejor existencia.

Desconfío de aquéllos que se han convertido en personajes mesiánicos por mor de las redes sociales y que nos recuerdan constantemente que si uno no es feliz es porque no quiere, pero ellos sí lo son y te van a enseñar cómo. No creo que Platón sea alternativa al Prozac.

Decía el magnífico Gil de Biedma: "De todas las historias, la de España es la más triste porque siempre acaba mal".

Resulta paradójico que un país que ha exportado la palabra "Fiesta" tenga un acervo cultural tan pesimista, tan derrotista. El refranero español está lleno de mensajes inveterados que nos recuerdan que vivir es sufrir: "piensa mal y acertarás" o "más vale lo malo conocido..." son creencias indiscutidas que ejercen de reclinatorio de la voluntad.

La debacle socioeconómica en la que estamos inmersos no ha hecho sino agudizar esta sensación de derrota. Se ha extendido la letanía del "vivir por encima de las posibilidades de uno" para autoculparse por haber sido feliz y asumir con merecimiento el desagarro actual: el Orden Natural ha dictado sentencia condenatoria.

El problema radica en que nuestra cultura otorga un poder supremo a las circunstancias externas frente al poder personal. No se comparte la idea de que las cosas se puedan cambiar. Asumimos con resignación lo que ocurre y no se intenta cambiar el resultado porque no creemos que pueda hacerse, al fin y al cabo, "lo que tenga que ser será".

Los norteamericanos son descendientes de aquéllos que se liaron la manta a la cabeza y fueron a colonizar con éxito un mundo salvaje y desconocido. Su sociedad inculca valores de esfuerzo personal y orientación al logro cuyos frutos son conocidos por todos nosotros. Ya en el Siglo XVI se hablaba del "American Dream".

¿Y España? el "Spanish Dream" del imperio sin ocaso ha sido un momento fugaz que ha devenido en quedarnos como estamos.

Hay algo en el ADN del ciudadano español que le hace empezar a jugar con cara de perdedor y no sólo es cuestión de la llegada de nuevas generaciones lo que hará cambiar este "Efecto Pigmalion", es necesario un cambio de principios y desechar las rémoras que impiden mirar al futuro con confianza. Como el alumno maleado, hay que desaprender primero.

Queda mucho por andar. "Yes we can". 

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

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