Un espacio de encuentro con las principales tendencias en la gestión del capital humano, motor fundamental del éxito en cualquier organización. Un rincón donde encontrar las claves que permitan identificar a los mejores profesionales. Un punto de encuentro para el debate donde crecer y hacer crecer.

Las loterías son una fuente importante de financiación del Estado y debe de estar al caer un bote jugoso.

Entonces, los medios de comunicación nos bombardean con publicidad que anima a jugar, con un reclamo tan frívolo y alienante, y hortera diría yo, como la mansión, el jet privado o el yate.

Intento educar a mis hijos en valores humanistas contemporáneos de esfuerzo, mesura y solidaridad, entre otros, y aquellos mensajes, amparados por una empresa pública, se convierten en un poderoso enemigo que menoscaba mi labor educativa. Estoy seguro de que se puede hacer de otra manera, pero han preferido elegir el camino más fácil.

15 junio, 2017 | 07:45

No hay intervención parlamentaria que se precie que no comience con una cita literaria.

Parecería que a la catadura política no le basta la apología de la honradez ni del socialismo entrañable, ahora se debe añadir un componente intelectual para alcanzar mayor talla si cabe.

Lo extraño del caso es que esas referencias son siempre ajenas y en su uso bastardo, el político se arroga una suerte de erudición que no le pertenece, y que se asemeja a la estrategia del cuco, ese pájaro cínico que hace suyo lo que otro logró con esfuerzo.

09 junio, 2017 | 09:26

Cuando en España tenemos la oportunidad de ser mejores que el resto en alguna disciplina, la explotamos con vehemencia para mayor gloria de nuestro orgullo patrio.

El deporte es mimbre habitual de esos cestos de soberbia, pero no el único, la cocina de autor, nuestras playas o el imperio de sempiterna luz de Felipe II también lo son.

A tenor de comentarios públicos y de ciertas reflexiones periodísticas, podemos concluir que también somos mejores identificando muertos. Quien no se consuela es porque no quiere.

30 mayo, 2017 | 07:59

Quien no sabe expresar sus ideas, carece de ideas.

 

Los bajos índices de lectura que tenemos en España en comparación con otros países de nuestro entorno, tienen un claro efecto en la calidad de nuestra expresión, sea esta escrita u oral.

A las habituales faltas de ortografía se les une una simpleza en la comunicación oral que inunda nuestro lenguaje de muletillas tan insustanciales como sonrojantes. A aquellos clásicos como "no sé qué no sé cuántos" o "y tal y tal", hoy se les unen expresiones que se popularizan de manera viral como "tal, cuál y Pascual" o el recién llegado "no, lo siguiente ".

Es responsabilidad de los organismos culturales y educativos, así como de los medios de comunicación, acabar con esta laxitud del idioma que lo empobrece y limita su aporte a la comunicación.

14 mayo, 2017 | 10:58

Decía Cánovas del Castillo que uno es español porque no puede ser otra cosa. Afirmación tan cruel como injusta y estúpida.

Lo cierto es que somos un país experto en autoinmolarse, que busca el menor desatino para poder hacer chanza de su condición de español.

El fracaso en Eurovision será motivo de chistes, alimento de tertulianos, cortina de humo del gobierno y dardo de oprobio para la oposición.

¿Cuántos dedos no estarían cruzados el sábado deseando ver a España hundida?

10 mayo, 2017 | 09:25

Detrás de los casos de corrupción que nos rodean, se suele dar la irritante situación de que ante la acumulación de sospechas, el político señalado se niega a dimitir, e incluso llega a abjurar de su partido para migrar a ese cajón de sastre llamado Grupo Mixto.

En esos momentos de tribulación personal, el interfecto se agarra con fuerza a los brazos del sillón mientras menta a Santa Rita. Entonces, la memoria se vuelve caprichosa, y éste olvida aquella campaña electoral que le llevó a ocupar su puesto actual y que fueron sus votantes los que le encumbraron.

Un reciente estudio, puede arrojar algo de luz a ese afán denodado de hacer ventosa en la silla que le dignifica y tiene que ver con las atribuciones personales del éxito. Las conclusiones son muy elocuentes y apelan a lo que los psicólogos llamamos “locus de control”.

Ocurrió así: se entrevistó a personas de nivel socioeconómico bajo, medio y alto con una simple pregunta: “¿A qué atribuye usted el éxito profesional?” y mientras el nivel inferior achacaba el triunfo a factores externos como el valor de los contactos personales, el grupo superior lo hizo apuntando a factores internos como el resultado del esfuerzo.

Estás atribuciones tienen un componente emocional de adaptación, de protección de la autoestima, ya que aquellos que no han tenido tanta suerte lo justifican, no por su incompetencia, sino porque no les han ayudado suficientemente.

Por su parte, el grupo de mayor éxito, donde se englobaría la clase política, lo fía todo al merecimiento, de ahí sus problemas para devolver lo que le ha sido prestado por la ciudadanía, propietaria real del escaño, a cambio, entre otras cosas, de una conducta intachable. “Porque yo lo valgo” pensarán.

Y por favor, no me hablen de presunción de inocencia, porque es precisamente ese contrato tácito entre ciudadanos y políticos el que faculta a los primeros a denunciarlo ante el menor halito de sospecha.

Luego, libre de toda culpa, vuelva usted por donde solía, pero no, el escaño no es un éxito suyo personal, es una concesión con fecha de caducidad y sobre todo con cláusulas que le exigen honorabilidad, en lo que hace y en lo que proyecta.

04 abril, 2017 | 07:47

Voy a asumir que usted no es experto en astronomía, y aprovechándome de su ignorancia, le voy a decir que el Universo y su Big Bang tuvieron lugar hace 4.000 millones de años, no, 8.000 millones de años, mejor, 20.000 millones de años.

Estos cambios de criterio, ¿cambian su percepción de que el universo se creó hace mucho tiempo? Creo que no.

Los adalides de las nuevas tecnologías y de Internet, nos cantamañanean con cifras inasumibles con las que alimentan su narcisismo y trascendencia personal. Como si fueran partícipes de una orgía de datos, nos cuentan sin rubor los millones de seguidores de cierto video, los cientos de millones de cierto software, o los miles de millones de cierta página web.

Los números, las cifras, aportan dos elementos simultáneamente a nuestro cerebro, uno, propiamente cuantitativo que estimula el hemisferio izquierdo y se dota de significado en cuanto que número, nos permite hacer comparaciones con otras referencias que tengamos y concluir si es mucho o es poco, mayor o menor, alto o bajo.

A la vez, ese mismo valor, adquiere otro alcance cuando cae en el hemisferio cerebral derecho, y es su significado más profundo. Aquél “mucho o poco” que obteníamos con el hemisferio izquierdo, en su homólogo diestro se convierte en “no tengo dinero para pagarlo y eso me frustra”, “que insignificantes somos en el universo”, o “hay que ver que rápido ha ido, se podía haber matado”.

Nuestro hemisferio derecho es muy limitado a la hora de procesar emocionalmente números ingentes, y a partir de cierta cifra nos da igual cuánto más crece. Amancio Ortega tiene un patrimonio de unos 70.000 millones, ¿le generaría a usted una sensación diferente si tuviera 40.000 millones? No, le daría igual.

Pero hete aquí, que a D. Amancio le han destronado de la segunda posición de hombre más rico, y ahora es el cuarto, y este hecho, que tiene su justificación en algunos miles de millones, ha dado pábulo a multitud de tertulianos, quienes han compartido su opinión con el poco rubor que les es habitual.

Así es que, si usted es de esos que intentan embriagar a su audiencia con cifras de 10 dígitos, piense antes cómo lo cuenta, porque a partir de ciertos valores en el monte de los números solo hay orégano. Trate de llegar al sentimiento, estimule la actividad racional, aporte información “sentida”, y no se conforme únicamente con un “¡ooohhh!” al unísono de su audiencia, su narcisismo se lo agradecerá ya que su impacto durará mucho más tiempo.

Por cierto, se calcula que el Big Bang tuvo lugar hace unos 13.000 millones de años. ¿Y qué?

07 marzo, 2017 | 08:09

Decía Benjamín Franklin que hay tres cosas extremadamente duras: el acero, el diamante y conocerse a uno mismo.

De pequeño yo era muy aficionado al fútbol, por presión popular porque nunca terminó de gustarme, y de hecho, ahora no lo sigo en absoluto. De cualquier forma, me conocía las alineaciones, seguía la jornada de liga con enorme interés y lucía la parafernalia del que fuera mi equipo.

Los jugadores de fútbol, eran para mí un modelo a seguir, personajes de éxito que tenían todo a lo que un niño podía aspirar en la vida.

Sin embargo, tanta idolatría tenía que convivir con un conflicto moral que me generaban esos mismos dioses del balón, y era cómo aceptar que intentaran engañar al árbitro tirándose en el área para que pitara un penalti que no era tal o, por ejemplo, que exageraran las faltas para que éste sacara una tarjeta inmerecida al contrario.

Claro, todo eso chocaba de frente con unos valores de urbanidad, con una ética que me inculcaban día a día, con la búsqueda de la honestidad, la sinceridad, la integridad.

Un día me hice mayor, y me di cuenta de que el engaño era una pieza más del fútbol, formaba parte de su esencia, como el fuera de juego o los regates, no era una derivación indeseada, no, era el mismo fútbol.

Con el tiempo fui añadiendo a aquella revelación otras, que hay policías que roban, profesores que no lo saben todo o políticos que no cumplen lo que prometen. Llegado a ese punto, entendí mejor eso que llaman vivir.

14 febrero, 2017 | 08:16

Corren tiempos de indefinición. Ahora que los partidos políticos escoran sin rubor su ideología, surgen formas de negocios cuyo objeto se ve solapado por otras actividades paralelas. Así, a veces, es difícil conocer dónde termina la oferta de palomitas y comienza el cine, dónde el spa y el hotel, dónde las noticias de actualidad y los vídeos de YouTube, por ejemplo.

Viene esto como denuncia de esa práctica tan extendida de tener la televisión encendida en los bares y restaurantes, con programas anodinos a volúmenes solo aptos para el personal de cocina en la trastienda. No, no se va a un bar a ver televisión, por favor, apáguenlas o por lo menos quiten el sonido.

07 febrero, 2017 | 08:00

El popular timo de la estampita tenía un componente aleccionador, de justicia, en el propio engaño. Un individuo con aparente retraso mental, el timador, tiene un número importante de billetes, estampitas, que son objeto de deseo del timado. Este último, se las quiere quedar a cambio de ofrecer menos de lo que valen al pobre retrasado, y en el trueque el timado pierde su dinero.

En los engaños no siempre hay un filibustero, a veces todos son de alguna manera responsables de lo que ocurre.

El acceso universal, inmediato y gratuito a las redes sociales, ha creado un campo abonado de periodistas accidentales que hacen circular noticias de toda índole, sin mayor filtro que el que quiera imponer el lector. De esta forma, resulta habitual acceder a menudo a informaciones claramente falsas, o por lo menos dudosas, de fuentes no menos inciertas.

Algunos ejemplos de noticias descabelladas que han tenido su Hall of Fame en Internet son las siguientes:

  • Ciudadanos quieres recuperar la Mili para los ninis.
  • Podemos quiere prohibir las procesiones de Semana Santa.
  • Rumanos y ecuatorianos gastan 7 de cada 10 euros sanitarias.
  • El Corte Ingles provee de uniformes militares al Estado Islámico.
  • El PP bloqueará el acceso de los obreros a la universidad.
  • El arzobispo de Toledo recuerda que zurdos y pelirrojos son hijos de Satán.

Estos son solo algunos ejemplos de informaciones difundidas por miles y miles de personas que las dan como buenas. Luego están las otras, las que carecen de ideología: los perritos que van a ser sacrificados, el inminente atentado en un centro comercial, o los cientos de miles de políticos que viven a la sopa boba.

Hay mentiras que son realmente sutiles y que es muy difícil sospechar de ellas, pero la gran mayoría, con la aplicación de un poco de sentido común, saldrían derrotadas, y no es así.

Detrás de esa nefasta credulidad, no hay necesariamente gente con menos nivel cultural, no es un asunto de estudios, es un tema de aplicación del sentido crítico, de renunciar a ser autómatas que consumimos información de manera pasiva, y esa actitud no entiende de universidades.

Si somos conscientes de que España es un país eminentemente envejecido y que contamos con un 10% de inmigrantes que son generalmente jóvenes, con menos necesidad de atención médica, sólo con esas dos premisas, es muy fácil desmontar que esas nacionalidades gasten el 70% del presupuesto sanitario.

Pero al final, cuando estamos ideológicamente posicionados, nos interesa pensar que eso es cierto, aunque conculque cualquier base de sensatez que tengamos, y con un simple reenviar pasamos a ser parte activa de la infamia.

Por eso, empezaba este texto diciendo que en los engaños hay dos responsables, el que miente con dolo y el mentido, por idiota.

Imagen de Antonio Pamos

Antonio Pamos Doctor Cum Laude en Psicología y experto en gestión de Recursos Humanos. Acumula más de 20 años de experiencia trabajando con profesionales en la gestión del talento, la identificación del potencial o la medida del desempeño. Es VP de la Asociación Internacional de Directivos de Capital Humano, miembro de diferentes comités científicos nacionales e internacionales y también está considerado como uno de los más influyentes en su campo. Es autor de decenas de artículos y publicaciones. En la actualidad es socio y director de la compañía multinacional Facthum Spain, desde donde ofrece su experiencia y conocimiento a compañías de todo el mundo.

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