Un espacio de encuentro con las principales tendencias en la gestión del capital humano, motor fundamental del éxito en cualquier organización. Un rincón donde encontrar las claves que permitan identificar a los mejores profesionales. Un punto de encuentro para el debate donde crecer y hacer crecer.

09 julio, 2018 | 07:59

Del Homo Sapiens al Homo Miseratis

 

Hace poco reparaba en You Tube en la presentación del primer IPhone que hacía Steve Jobs. Resulta maravilloso escuchar a la gente aplaudir y gritar en un éxtasis colectivo cuando Jobs enseña que la pantalla es táctil y todas sus funciones, por tanto, se gestionan con el dedo.

¿Sabe usted en qué año sucedió eso? En 2007. Sí, apenas 11 años.

Cuando hablamos de la evolución del ser humano solemos hacerlo en términos tecnológicos. Desde las primitivas herramientas de sílex hasta la carrera espacial todo ha supuesto un desarrollo exponencial que se pone de manifiesto cuando vemos hechos de apenas 10 o 20 años que parecen antediluvianos.

Considerar la evolución humana en términos de tecnología resulta demasiado reduccionista. Sin embargo, de vez en cuando se dan acontecimientos ajenos a los chips que nos sitúan también en la cúspide del desarrollo. Hablo del rescate de los niños tailandeses.

Indudablemente, para proceder a su rescate ha sido necesaria cierta tecnología, pero por encima de todo se han dado tres elementos que, si bien no son exclusivos de los sapiens, sí lo son en cuanto a su alcance y al lugar relevante que ocupan en nuestra sociedad. Estos son:

  • Compasión
  • Colaboración
  • Difusión.

Tres características que nos hacen más humanos si cabe. Me extenderé un poco más en el primero, la compasión.

Se trata de un sentimiento de aflicción compartida cuando vemos a otro ser sufrir, no necesariamente humano.

La compasión ha sido registrada en fósiles muy antiguos, cuando se han encontrado restos de homínidos que con serias taras han sobrevivido durante años. Como aquella niña de unos 12 años encontrada en Atapuerca y que sufría una encefalopatía congénita. Solo desde el cuidado de sus mayores esta niña podría haber llegado a esa edad.

La compasión no es universal, no es un sentimiento indiscriminado, sigue unas pautas. Esta, por ejemplo, se da más hacia personas individuales que grupos. El pobre Aylan Kurdi que con solo tres años apareció muerto en las playas de Italia removió más conciencias que los cientos que fallecen todos los años en el Mediterráneo.

Además, para sentir realmente compasión, necesitamos que se den tres elementos más. Estos son:

  1. Que el malestar del otro sea realmente serio, importante. Uno no siente compasión por la eliminación de España del Mundial, pero sí por la familia desahuciada.
  1. Que el daño no sea autoinfligido. Somos muy dados al “tú te lo has buscado” con lo que juzgamos y sentenciamos las penalidades del otro.
  1. Que podamos proyectarnos en la situación de dolor y buscar una base de identificación. El Niño Aylan tenía la misma edad que mis hijas.

La compasión nos moviliza para mitigar, si no eliminar, el dolor ajeno. Es la fuerza, el catalizador, la motivación necesaria para ponernos en marcha, para arremangarnos. Luego, por medio de la colaboración logramos alcanzar metas realmente desafiantes que de manera individual nos conduciría al fracaso. 

Así que la próxima vez que alguien le ponga como único ejemplo de la evolución el último artilugio tecnológico de Apple, abrácele y compadézcale por su estrechez de miras.

02 julio, 2018 | 07:05

Vengo escuchando este mantra desde que se supo que España jugaría contra Rusia en los octavos de final del Campeonato del Mundo de Fútbol.

Un equipo como el español que lo ha ganado todo, lleva ese fracaso marcado con hierro candente en el lomo de su historia balompédica. Hoy ya podemos confirmar que una vez más no hemos ganado al anfitrión.

En las primeras tertulias que he sintonizado tras la derrota, ya he escuchado en varias ocasiones el argumento de la historia y, por tanto, que hemos querido luchar contra alguna Ley Superior que nos condena a perder contra el anfitrión y que una vez más se ha impartido Justicia.

Steven Pinker, en su libro “En defensa de la Ilustración”, explica claramente por qué no ganamos al anfitrión. Ahí va:


Si se puede señalar a una persona como responsable de la desgracia, se la
puede castigar o demandar por daños y perjucios.


Si no cabe señalar a nadie en particular, puede culparse a la minoría étnica o
religiosa más próxima, que puede ser linchada o masacrada en un pogromo.


Si no se puede acusar a ningún mortal, cabe recurrir a la caza de brujas, que
pueden morir quemadas o ahogadas. En su defecto, cabe señalar a dioses
sádicos, que no pueden ser castigados, pero sí aplacados con plegarias y
sacrificios.


Y luego están las fuerzas incorpóreas como el karma, el destino, los mensajes
espirituales, la justicia cósmica y otros grandes de la intuición de que "todo
sucede por una razón"

12 junio, 2018 | 07:53

  1. ¿Te quieres casar conmigo?
  2. Buenas noches, ¿es el domicilio de…?
  3. ¿Hace mucho que tiene ese bulto?
  4. Tenemos que hablar
  5. Dice el jefe que vayas
  6. ¿Cuándo tuviste la última regla?
  7. Venga, la penúltima. No te rajes.
  8. La filosofía de Platón. Eje principal, influencias y aportaciones. Tienen una hora.
  9. Ustedes, salgan despacio y con las manos en alto.
  10. ¡A que no hay huevos!

24 mayo, 2018 | 07:51

En el ínterin de respirar por primera vez y hacerlo por última, todo es una sucesión de etapas por las que deambulamos con una mochila tan llena de experiencias, aspiraciones y principios que nos contractura las cervicales.

 

Las primeras, las experiencias, no pueden más que crecer a fuer de explorar territorios ignotos. Las aspiraciones, al contrario, van mermando hasta que un día no son más que esperar a ver amanecer otra vez.

 

Pero ¡ay los principios! Son los que más evolucionan, se transforman como el gusano que quiere ser capullo. Las expectativas cambian, surgen nuevas ilusiones, proyectos vitales que se asientan en la poltrona de las prioridades y toda la contumacia de la juventud queda diluida en la encomienda biológica de la progenitura, otro tipo de casta.

 

Tener hijos es mirar adelante, transformar los criterios con los que entendíamos el mundo y con los queríamos reinventarlo, si no bajarnos de él, es abrir puertas a nuevos espacios que no es que estuvieran cerradas, es que no sabíamos ni que existían.

 

Tener hijos es envainársela una y mil veces.

 

 

 

 

 

 

 

 

03 mayo, 2018 | 12:32

Lo leí hace tiempo y no tengo claro quién lo dijo: “Uno se muere dos veces, la primera, cuando deja de respirar y la segunda, cuando alguien pronuncia su nombre por última vez”.

Que ETA murió hace tiempo es un hecho indiscutible. Los valedores de esta derrota son varios, pero sobre todo destaco tres:

  • Presión policial
  • Presión judicial
  • Presión social

Hay un documental muy elocuente y que debería servir como material didáctico en los colegios que se titula: El fin de ETA. En él, se hace un repaso exhaustivo de lo que fue esta lacra desde los hechos y sus protagonistas.

¿Cuándo llegará la segunda muerte? ¿Cuándo se dejará de hablar de ETA y quedará como un episodio ignominioso de nuestro pasado? Pues a la vista de la poca relevancia que está adquiriendo su disolución parece que ya ha empezado.

Y no solo que lo jóvenes desconozcan lo que fue ETA y el sufrimiento que generó, es que los propios medios de comunicación le dan una importancia relativa. Pongo dos ejemplos:

  • Hace unos días, cuando pidieron aquel perdón con matices, encontré la noticia en la página 23 del diario El País, en un recuadro del tamaño de su intrascendencia.
  • Ayer 2 de mayo, fiesta de la Comunidad de Madrid, los telediarios incluían la noticia de la carta sobre su disolución en el grueso de la actualidad, y mucho después de la situación política que vive Madrid.

Entiendo que ese ninguneo pueda hacer daño a víctimas y verdugos, estos últimos que se encuentran cumpliendo condena para nada, pero forma parte de la transformación social y cultural de un país que se rebela contra las injusticias y el nepotismo, como estamos viendo por la sentencia contra La Manada.

En la España de hoy, parece que no es solo el terrorismo lo que no tiene cabida, es también su recuerdo lo que tiende a excluirse.

Por las víctimas, por sus allegados, por todo el país que padeció la inquina del terror, no permitamos que su recuerdo se volatilice como lo hace un mal resultado deportivo. Esto ha sido un partido de 50 años con casi 1.000 personas que no podrán escuchar el pitido final.

10 abril, 2018 | 19:03

Tradicionalmente, los reyes eran reyes a fuer del linaje y de la gracia de Dios. A los que vivían a pie de calle la vida les ofrecía muchas oportunidades para realizarse, destacar socialmente o enriquecerse, allá la escala de valores de cada uno, pero transitar con cetro y manto de armiño se antojaba de otra liga.

La única opción de sentirnos realmente regios nos la ofrecía el celo de nuestra madre cuando estábamos enfermos, el resort aquel gran lujo que tan poco duró o el Burger King y su emblemática corona de cartón.

Pero hete aquí que la montaña tomó el expreso de la mañana y decidió viajar hasta Mahoma. La vimos llegar a lo lejos hace unos años en la forma de campechanía del patriarca y callacuece, luego llegaron los actos desenfadados de Felipe y Letizia, las visitas a los saldos del Alcampo, el cine en su sesión golfa, y la rozamos con los dedos cuando vimos a Reyes, Princesa e Infanta degustando en familia una ordinaria sopa.

Pareciera que la Familia Real se propuso un día ser corriente, sin ambages ni cortapisas, y ese proceso de mimetización ha llegado a todos los rincones de una vida normalizada, desde los cuñados que se te hacen bola al tragarlos y los compañeros de la postura de loto que no te convienen, hasta las suegras abroncadas por esa mala manía de mimar en exceso a los nietos y hacerles sentir doblemente reales. Ay las suegras, nunca valoraremos suficientemente lo que les debe nuestro humor.

A partir de aquí no debería extrañarnos que llamaran a cenar a las niñas por la ventana,  quemarse al sol de Benidorm o salir en chándal un domingo a por el pan. Muy lejos queda ya el “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.

¿Quién necesita una república cuando su familia real bien podría vivir en el segundo derecha?

03 abril, 2018 | 07:59

“Llevo conmigo las heridas de todas las batallas que he evitado”.
Fernando Pessoa

"Del arrepentimiento se aprende, del perdón se sana".

El autor

 

A las víctimas de ETA no les basta con que sus verdugos muestren arrepentimiento, se les exige pedir perdón. ¿Por qué buscamos la verbalización de la contrición?

Arrepentirse y pedir perdón son dos fases consecuentes de un proceso de cierre, de pasar página. El arrepentimiento tiene una fuerte connotación religiosa, es condición sine qua non para lograr la absolución eclesiástica renegar del pensamiento, palabra, obra u omisión inadecuados. La liturgia católica nos hace decir “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa” y pedimos la intercesión de la Virgen para lograr el perdón del Santísimo. De esta manera, limpiamos el expediente y comienza el contador a cero.

En la vida civil las cosas son algo diferentes, nos enfrentamos al resultado de decisiones que no han evolucionado como esperábamos. En ese punto, cuando vemos que el producto de nuestra decisión no es el esperado, nos arrepentimos de haberla elegido.

Sin embargo, arrepentirse es un ejercicio natural y bien gestionado es productivo. A medida que crecemos vamos conformándonos como el resultado de nuestras decisiones, lo que somos ahora, nuestro criterio, nuestros valores, la vida que tenemos, es la secuela de lo que hicimos en un momento concreto que ya pasó y no debemos renegar de ello. Sin la consecuencia de lo que decidimos un día en el pasado las cosas serían diferentes, pero nunca sabremos si mejores.

A hechos consumados, cuando conocemos el resultado, es muy fácil decir “si pudiera dar marcha atrás, lo haría de otra manera”, sin embargo, ese error, ese resultado inesperado es la base de las decisiones acertadas que tomaremos en el futuro. Simplemente, porque en su momento elegimos mal, hemos incorporado un aprendizaje que nos resultará muy útil en adelante. Sí, hay que saber arrepentirse, pero sin quedarse encallado en el error, ya no hay marcha atrás, hay que avanzar.

Pero, cuando nuestra decisión afecta a terceros, ¿por qué hay que llegar hasta el perdón? Arrepentirse es un ejercicio de análisis racional de un proceso que conecta una decisión y un resultado. Sin embargo, el perdón tiene un fuerte componente emocional, catártico, de reconocimiento del daño causado que el ofendido percibe como una contrición real a través de la humillación del ofensor: El caso extremo de pedir perdón es hacerlo de rodillas e implorando por este, en una clara actitud de subyugación.

A modo ilustrativo, incluyo a continuación los resultados de un estudio de los psicólogos Neal J. Roese and Amy Summerville en 2005. Estos investigadores preguntaron a más de 3.000 personas de qué se arrepentían. Llegaron a reunir más de 4.000 respuestas distintas, pero estas son las 12 más recurrentes, de mayor a menor frecuencia:

1.- Educación (No haber estudiado más o haber elegido otra formación)

2.- Carrera profesional (No haber apostado por una mayor evolución laboral)

3.- Pareja (Decisiones que tienen que ver con el amor)

4.- Paternidad/Maternidad (No haber dedicado más tiempo a los hijos)

5.- Uno mismo (No haber sido de cierta manera: más generoso, cariñoso, tranquilo, etc.)

6.- Tiempo libre (No haber practicado otras actividades: deportes, hobbies, hábitos…)

7.- Economía (Decisiones económicas: comprar cierta casa, invertir en bolsa, prestar a un amigo…)

8.- Familia (No haber pasado más tiempo con los padres, abuelos, hermanos, etc.)

9.- Salud (Haber fumado, no haber llevado una dieta sana, poco deporte, …)

10.- Amigos (Haber descuidado a amigos hasta perder el contacto.)

11.- Espiritualidad (No haber practicado ninguna religión o filosofía)

12.- Comunidad (No haber participado en trabajos de voluntariado, asistenciales, altruistas.)

Resulta llamativo que la gran mayoría de los arrepentimientos tienen que ver con lo que no se hizo, con lo que se dejó de hacer, y esto es algo que siempre aparece de manera destacada en las últimas etapas de la vida o ante una enfermedad grave.

La conclusión es clara: vuélcate en las decisiones que te quedan aún por tomar, aporta toda tu experiencia y tu sabiduría en tu próxima encrucijada y acepta que eres lo que eres ahora mismo, olvida lo que podrías haber sido.

10 marzo, 2018 | 12:31

Platón en su República nomina lo que llama “virtudes cardinales” y que definen al ciudadano “relevante, útil y perfecto”. Estas son: Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza. Sin afán de cuestionar a Platón, 2.500 años después, ¿podemos ampliar esa tétrada platónica, aún vigente, en una nueva pentada? Probemos con esto...

...a pesar de su etimología también griega, la Empatía, no hace acto de aparición hasta el siglo XX. Sí existían conceptos similares como la compasión o el altruismo, pero la empatía da un paso más allá al implicar recursos cognitivos frente a los meramente emocionales.

La empatía, pues, implica un ejercicio volitivo al que no se llega de forma natural; uno empatiza si le da la gana.

Yo soy el resultado del azar que quiso reunir a un cromosoma X con otro Y y eso me obliga a hacer un ejercicio extraordinario para sentir, que no entender -que ya lo hago-, qué les pasa a la mujeres. Me he atrevido a subirme en unos zapatos de mujer y quiero compartir un decálogo de realidades que he visto desde ahí:

1. Ser feminista no es cosa de rojos o antisistema. Ser mujer es biología, no ideología.
2. Feminismo no es lo contrario de machismo.
3. Ser mujer implica pasar miedo en muchas ocasiones.
4. Ser mujer e inmigrante incrementa las dificultades de forma exponencial.
5. La sociedad penaliza la maternidad a la vez que pide más hijos.
6. El 8-M no es una reivindicación aislada, es el principio de un gran cambio.
7. Ser mujer implica tener menos oportunidades de carrera profesional, incluso sin hijos, a pesar de ser mayoría en las universidades.
8. El heteropatriarcado existe y alimenta un machismo estructural que se incardina en toda la sociedad. (“Las mujeres cocinan y nosotros jugamos al fútbol”. Bertín Osborne en la televisión pública en horario de máxima audiencia.)
9. Una vez más, España vuelve a ser un referente de progreso social para el mundo entero.

...y 10. En las postrimerías del Imperio Romano de Occidente, cuando los embates bárbaros eran continuos, se propuso que los esclavos vistieran de cierta manera para poder ser distinguidos de los enemigos. Finalmente, no se llevó a cabo esta idea, alguien dijo, “no hagamos eso con los esclavos, porque entonces se darán cuenta de que son más que nosotros”.

07 marzo, 2018 | 07:06

Me encuentro en el medio siglo de edad y puedo decir que Forges me ha acompañado toda la vida.

Se va quien me enseñó de niño a conocer este país con su Historia Forgesporanea que aún guardo.

Se va Forges y quedo huérfano de dos elementos que hoy cotizan más caros que nunca, el humor y la inteligencia.

Hasta siempre maestro.

10 febrero, 2018 | 09:33

Cuando un personaje público hace una salida de pata de banco, sea esta estratégica o espontánea, todos los medios de comunicación deberían acordar quién se hace cargo de la réplica. 

Sí, imagínense, una subasta en la que se ofrezca dar cuenta mediática del despropósito al mejor postor, o al primero que llega, o por turnos, de manera ordenada, o por antigüedad,... Podríamos encontrar cientos de criterios.

Lo que produce hartazgo es que una ocurrencia lingüística, una provocación política, llámela como quiera porque es lo mismo, genere tanta reflexión, opinión y crítica.

¿Portavozas?, bien, vale, ya está. Ahora a otra cosa. Regresemos a Bruselas...por ejemplo. ¿Será por noticias?

Imagen de Antonio Pamos

Antonio Pamos Doctor Cum Laude en Psicología con una larga trayectoria en gestión de Recursos Humanos. Acumula más de 25 años de experiencia trabajando con profesionales en la gestión del talento, la identificación del potencial o la medida del desempeño. Es miembro del Consejo Asesor de la Asociación Internacional de Directivos de Capital Humano, miembro electo de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Psicología, así como de diferentes comités científicos nacionales e internacionales. Está considerado como uno de los más influyentes en su campo. Es autor de decenas de artículos y publicaciones. En la actualidad es socio y director de la compañía multinacional Facthum Spain, desde donde ofrece su experiencia y conocimiento a compañías de todo el mundo.

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