Sobre el autor

José Medina (Managing Partner de Odgers Berndtson) hablará sobre Liderazgo y Talento Directivo en general.

José ha seleccionado a altos directivos en todos los sectores y áreas funcionales, y es Doctor en Psicología, Químico Industrial (UCM) y Licenciado en ICADE, con postgrado en Organization Development (NTL de Washington) y en Executive Coaching (Cambridge University).

Jaime Ozores Ozores (Partner de Odgers Berndtson para los Sectores de Ocio y Turismo, Deportes, e-Commerce y Retail) nos hablará de Liderazgo, Valores y Nuevas Tendencias en Gestión del Talento en estos sectores.

Especializado en búsqueda y evaluación de talento directivo, Jaime es Licenciado en Derecho por la Universitat Pompeu Fabra, Máster en Dirección Comercial y Gestión de Recursos Humanos, habiéndose especializado en e-Commerce y Derecho Informático.

Camino Rodríguez (Partner para los sectores de Technology & Digital Transformation de Odgers Berndtson) hablará sobre el día a día en un mundo disruptivo.

Camino es experta en identificación y búsqueda de talento, y desarrollo y evaluación de directivos. Es Ingeniero de Telecomunicaciones, Máster en Marketing y Comunicación por EADA y Coach Ejecutivo por la Escuela Europea de Coaching. Participa activamente en diversos foros de liderazgo de mujeres directivas.

Luis Truchado Truchado (Partner de las Prácticas de Life Sciences, Healthcare y Not-for-Profit para Iberia de Odgers Berndtson) hablará sobre Líderes y Talento en Life Sciences.

Luis ha seleccionado CEO y CXO en todos los segmentos de esos sectores y es, además, Profesor Visitante de Estrategia Internacional, Recursos Humanos y Carreras Profesionales en distintas universidades y escuelas de negocios.Licenciado en Farmacia (Bioquímica) por la UCM, MBA por el Instituto de Empresa Business School y CSEP por la Columbia Business School.

Alberto Chico (Partner de las Prácticas de Liderazgo y Recursos Humanos de Odgers Berndtson) hablará sobre quiénes son y cómo serán los líderes del futuro.

Es experto en selección y búsqueda directiva, gestión de talento, employer branding, y estrategia de recursos humanos. Es Licenciado en Administración de Empresas por CUNEF, y ha realizado un Programa de Desarrollo en IESE.

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El liderazgo invisible en nuestra carrera

Explorando nuestra carrera en la empresa, el liderazgo más profundo proviene a veces de personas que no necesariamente eran nuestros jefes directos, aun habiéndolos tenido muy buenos. De estos últimos aprendimos a ser buenos directivos: orientarnos a resultados, trabajar en equipo, saber liderar y mandar, cooperar con otros departamentos, etc. En general, a construir nuestro perfil hard de capacidades y experiencias directivas, condición necesaria en el desempeño eficaz de nuestra tarea.

Pero hay otros que influyeron, más profundamente, en nuestro perfil soft de intereses y valores. Un gran director, de quien nunca dependí, fue clave en mi decisión entre petroquímica o recursos humanos. Todos hemos conocido a personas que sin pretenderlo también ejercieron su liderazgo invisible sobre nosotros y en nuestra vida.

Personalmente tengo el recuerdo imborrable de Harold Bridger a quien conocí en Estados Unidos allá por los 80. Era un ejemplo de coherencia entre valores predicados y practicados, sin pretender evangelizar.

Durante tres días en El Paular aprendió a jugar al mus, y descubrió y disfrutó los excelentes churros del desayuno. En una visita al Museo del Prado preguntó a una señora por qué observaba los cuadros tapándose un ojo con una mano y utilizando la otra a modo de catalejo. Ella respondió que prescindiendo del marco y de la pared entraba en el cuadro en toda su profundidad. Harold quedó maravillado con la idea e inmediatamente observó así todos los cuadros, asombrado del prodigioso descubrimiento. Ya tenía entonces 88 años y se comportaba ante las cosas nuevas con la frescura e inocencia de un niño.

Harold murió a los 95 años en plena actividad profesional. De él aprendí que jamás me retiraré del trabajo que me apasiona. Su liderazgo como consultor era también invisible. De él emanaba una forma de ser y de actuar espontánea, alineada y coherente con sus valores. Lo más importante que se aprendía de él era el ser eternamente joven de espíritu y de cuerpo, asombrándose, disfrutando y aprendiendo cada día, con la luz del sol, muchas cosas que pasan desapercibidas para los demás.

Repasar los líderes invisibles que hemos tenido en nuestra vida es volver al pasado para reencontrarnos y descubrirnos distintos en el presente. Es probablemente el liderazgo más exquisito que hemos recibido y aprendido en libertad.

No es por tanto casualidad que en aquella deliciosa película Mejor Imposible, con un maníaco depresivo Jack Nicholson y una desesperada Helen Hunt, que se preguntaba cuándo podría tener un novio normal, al pedirle ella que le dijera algo hermoso, él rompe su coraza neurótica y descubre que la quiere no solo por todo lo bueno que ella tiene, sino por su liderazgo invisible: “Tú me has hecho ser mejor y me has ayudado a descubrir las cosas buenas que hay en mí”.

 

José Medina, Managing Partner de Odgers Berndtson

@josemedinaluna

26 diciembre, 2016 | 10:05

A la velocidad con que se implementan nuevas tecnologías en los últimos lustros se viene a sumar la irrupción de la Inteligencia Artificial, donde las máquinas toman decisiones por nosotros -como en el internet de las cosas- para hacer nuestra vida más sencilla al liberarnos de tareas reiterativas o tediosas.

Inevitablemente, la aplicación de esos dos vectores a la profesión de búsqueda y selección de directivos dirige nuestro foco profesional hacia las tareas donde el valor añadido y la contribución humana resulta más evidente, valiosa e insustituible: las habilidades emocionales de los consultores expertos. Consultores capaces de aportar criterios como la persuasión, la empatía, la intuición, la interpretación, la ponderación variable, etc.

A este rol se le ha definido hace tiempo como el de un Trusted Advisor, un asesor para directivos de primer nivel que coloca a nuestra profesión en el Sanedrín de asesores de confianza de un Consejo de Administración o un Comité de Dirección. Y enfocado hacia uno de los activos más valiosos de cualquier organización: su talento directivo.

Y es que en la tarea de ajustar las necesidades internas de talento directivo con lo que ofrece/puede ofrecer un mercado exterior de candidatos -cada vez más, un mercado de demanda- cobra un enorme valor contar con un Trusted Advisor, un Consultor que pueda ofrecer una valoración profesional objetiva sobre el pool de candidatos internos y externos. Este rol fue definido hace tiempo por la prestigiosa Association of Executive Search Consultants AESC, que incluso incorporó la definición Leadership Development a sus siglas.

No sólo ocurre en Life Sciences, mi sector de especialidad; hoy en día, los candidatos más valiosos en cada segmento de cada industria son muy conscientes de su alta empleabilidad. Por ejemplo, saben perfectamente qué empleadores les resultan más atractivos, en qué corporaciones no estarían dispuestos a trabajar y de qué otras no tienen una opinión completamente formada, valorando el consejo del Consultor de Executive Search que, de nuevo, ejerce de Trusted Advisor, esta vez para la otra parte.

Hablando de candidatos del nivel CXO, la identificación inicial y su criba preliminar son tareas delegables en profesionales menos senior y quizá algún día sean realizables por máquinas. Pero la tarea de atracción final hacia un nuevo reto en una nueva organización no puede ser llevada a cabo más que por un Trusted Advisor, un Asesor de confianza que represente al futuro empleador con rigor profesional y objetividad…pero no exento de pasión por el atractivo que puede suponer un reto desconocido.

Como tantas decisiones cruciales en la vida, una vez debatidas y fijadas las condiciones profesionales y económicas adecuadas, son los sentimientos razonados los que impulsan definitivamente a los candidatos al cambio de empleo.

 

Por Luis Truchado, Socio de las prácticas de Life Sciences, Healthcare y Not-for-profit en Odgers Berndtson-Iberia

@LuisTruchado

21 diciembre, 2016 | 13:30

Entre la vorágine de alguien que vive a caballo entre Barcelona y Madrid, busco los momentos de sosiego y, estos días, releía algunos de los capítulos del libro ‘El liderazgo al estilo de los jesuitas’ de Chris Lowney. Volvía a reflexionar sobre sus principios y la actualidad de los mismos y cómo estos pueden ser de gran ayuda a los directivos y líderes de nuestras empresas. Principios básicos del autoconocimiento, el ingenio, el amor y el heroísmo como fuente de inspiración y para alcanzar el éxito no solo en el ámbito profesional, sino también en lo personal.

 

Si me preguntaran cuántos de los más de 500 directivos que he podido entrevistar a lo largo de este año 2016 han dejado huella en mi retina, tendría difícil acordarme de sus nombres, pero no de aquellos que despertaron emociones diferentes en mí. Cuando te sientas delante de personas que desearían un puesto de trabajo y un futuro mejor, y con la idea de posicionarse en un lugar donde desarrollar todo su potencial, a menudo se obstinan en no equivocarse, en no arriesgarse. Utilizan discursos y respuestas ficticias que enmascaran su personalidad real. De repente, esos perfiles caen en el saco de las “marcas blancas” y del olvido. Pero lo apasionado y fascinante de mi trabajo es cuando de repente alguien al que entrevistas, simplemente, es él mismo. En ese momento, se crea un clima y un nivel de comunicación fluido y real que provoca un acontecimiento único: estar ante un candidato diferenciado y auténtico. Y donde las palabras y los principios que os nombraba recobran sentido.

 

El liderazgo auténtico y heroico debería plasmarse en hombres y mujeres capaces de vivir adaptados a un entorno cambiante y dinámico, con capacidad de autoconocimiento, de reflexión, y redefiniendo -si cabe- cada día sus metas y logros, pero buscando ser genuinos y originales tanto en sus pensamientos como en la forma de vivir. El ingenio predispone a las personas a deshacerse del temor a lo desconocido, del apego a sus posesiones y de la actitud de “lo hacemos así porque siempre ha sido así”; y que tanto daño hace a las organizaciones. Por ello, no podemos olvidarnos del Amor, fuente y motor del líder que es capaz de identificar al ser humano en su forma más extraordinaria, al digno, al que no teme, sin codicia y que no engaña.

 

La audacia de lo imposible refleja esta actitud. Una forma de entender la vida, el talento y el negocio que hace diferentes y únicos a aquellos que la practican.

 

Jaime Ozores, Partner de Odgers Berndtson para los Sectores de Ocio y Turismo, Deportes, e-Commerce y Retail

@JaimeOzores

13 diciembre, 2016 | 09:26

Sin presión no hay diamantes”, decía el ensayista Thomas Carlyle.

Pero todos sabemos que, a la sombra de la 4ª revolución industrial, nuestra forma de entender lo que tradicionalmente hemos denominado trabajo está cambiando de manera radical. Los procesos de digitalización están alterando sustancialmente el ciclo sobre el que veníamos basando la distribución de nuestro tiempo: 8 horas de trabajo, 8 de relaciones sociales y 8 de descanso. Y el temor a que el desarrollo tecnológico reemplace paulatinamente al trabajo humano está alimentando la visión de que es necesario transformar el mercado de trabajo si queremos evitar que siga creciendo el desempleo en los próximos años.

Estos cambios exigirán a las organizaciones modificaciones sobre la forma en la que se desarrolla el concepto de trabajo y, por supuesto, en las formas de concepción de los negocios. Fomentarán trabajos basados en la colaboración, la disponibilidad, la flexibilidad, la facilidad de acceso, la integración de los ámbitos profesionales y personales, etc. Desde finales del siglo pasado, el mercado de trabajo viene emitiendo señales de cambio y el desarrollo tecnológico sigue siendo el sustrato de esa transformación.

Y, entre las nuevas tendencias, me gustaría destacar la denominada “economía colaborativa”, que cada vez está más implantada en todos los ámbitos de la sociedad y, sin duda, ha venido para quedarse.

La economía colaborativa ha producido varios modelos disruptivos en campos bien distintos: el turismo, la moda, los videojuegos, el transporte, la educación e incluso existen ciudades declaradas como “Sharing Cities”. Impulsan iniciativas para compartir vehículos, casas, espacios de trabajo, viajes, reusar y reciclar, incluso se puede intercambiar el tiempo. Se basan en necesidades de la vida diaria, y presentan formas innovadoras de conseguir productos o servicios, y también ¿y por qué no? de ahorrar algo de dinero.

Tenemos que estar abiertos a entender y explorar estos nuevos paradigmas, y prepararnos como profesionales para adoptar los nuevos “oficios” emergentes aplicando la “teoría del ciclo vital”. Es decir, las nuevas profesiones habrán de convivir con las tradicionales hasta que maduren o mueran, atendiendo a una demanda que crece en un porcentaje mucho más alto que la media y donde el capital humano, afortunadamente, seguirá siendo la base de la competitividad y, por tanto, del éxito de cualquier iniciativa empresarial.

Camino Rodríguez

Partner Technology & Digital Transformation de Odgers Berndtson

05 diciembre, 2016 | 12:31

Hay, al menos, tres características del líder excelente que le trascienden. Van más allá de su personalidad, perfil o estilo de liderazgo y quedan plasmadas en la empresa. Son huellas, resultados concretos y palpables, que deja o no deja la persona en la organización, tras su paso por ella, y que diferencian al líder excelente del mediano o meramente adecuado.

1. Cómo encuentra y cómo deja la Casa. Los grandes líderes practican un management de la discontinuidad. Hay un antes y un después, hay una fisura, una diferencia de cómo se encuentran las cosas a cómo las dejan. Si Amancio Ortega fue el creador de Inditex y José María Castellano quien la colocó en Bolsa, Pablo Isla aportó la internacionalización y la digitalización. En todos esos casos, hay un management de la discontinuidad.

Por el contrario, el líder mediano apenas deja huella y su paso por la empresa es intrascendente.

2. Multiplicar su trabajo a través de los demás, creando cultura, equipo, escuela y/o valores. Acuñan, modifican e influyen en la cultura de la empresa, al tiempo que se integran en la misma y son influidos por ella. Cultura y liderazgo son mutua causa y efecto. Construyen y desarrollan un equipo. Siembran y multiplican de esta forma su eficacia y su trabajo a través de los demás, sacando lo mejor de cada uno y fomentando la cooperación y transversalidad entre todos ellos. Transforman un grano de trigo en campo de espigas. Crean escuela. Con su ejemplo transmiten sus valores personales. Liderazgo exquisito, que se aprende más que se enseña. Es liderazgo de predicar con el ejemplo, sin pretenderlo. El impacto en la organización brota, a veces, cuando ellos ya han desaparecido. Juan Soto fue un magnífico ejemplo en HP, creando un excelente equipo y una posterior escuela de líderes. Los números 1 se rodean de números 1 y 2, y los números 1 se rodean de 3 y 4.

3. Ética y estética, además de objetivos y resultados. Siendo orientados a objetivos y a resultados son conscientes de que el “cómo” es tan importante como el “qué”. Practican la ética y saben guardar las reglas dentro de ese cumplimiento de objetivos, y no a cualquier precio.

No es sorprendente que, en el mundo, de hoy surjan tantos puestos para vigilar las compliances que son las reglas de juego y el manual de instrucciones que obligan a que la ética, estética y el “cómo” sean tan importantes como el “qué”.

En definitiva, puede haber otras formas de evaluar a un directivo, pero estas tres constituyen, a nuestro juicio, los ejes básicos que miden la eficacia del liderazgo.

José Medina, Managing Partner de Odgers Berndtson

@josemedinaluna

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