Sobre el autor

Carlos Monserrate es Socio de la firma de Búsqueda de Directivos Odgers Berndtson, en donde está a cargo de las prácticas de Financial Services y Technology, Media & Telecommunications (TMT), y es gestor global de la firma para varios grandes clientes del Ibex 35. También es responsable del área de Consultoría de Alta Dirección.

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19 julio , 2010 | 10 : 14

Las edades del Directivo - Edad 1: La Primera Juventud.

Todos queremos tener una carrera de éxito, pero a veces, demasiado tarde, nos damos cuenta de que no hemos tomado las decisiones adecuadas en el momento idóneo.

Una “carrera de éxito” no es una carrera sin errores, sin fracasos o sin frustraciones. Si de verdad jugamos fuerte, fracasaremos algunas veces, nos equivocaremos muchas  y tarde o temprano llegaremos a nuestro límite y no podremos seguir creciendo, al menos durante algún tiempo.

Una carrera de éxito es una carrera en la que sentimos  ilusión, satisfacción y desafío con lo que estábamos haciendo, muchos más días que aquellos días en los que nos aburrimos, no hemos hecho nada interesante o, simplemente,  hemos tenido que estar defendiéndonos de otros para sostener nuestra posición.

Una carrera de éxito se construye desde el principio, desde la primera experiencia laboral. Por supuesto lo que estudiamos en la universidad, nuestra licenciatura o ingeniería (ahora grado) es importante, pero no determina de una forma clave lo que podemos hacer ni lo que podemos llegar a ser profesionalmente.

La  vida profesional de un directivo se construye a través de las “Edades del Directivo”. Biológicamente y profesionalmente evolucionamos en etapas paralelas. La vida escolar y universitaria coincide con la infancia, la adolescencia y parte de la primera juventud. Nuestra vida profesional se desarrolla paralelamente a nuestra primera y segunda juventud, a nuestra primera y segunda madurez.

ETAPA 1: EL PRIMER TRA BAJO, LA PRIMERA JUVENTUD.

Empezamos a trabajar en muestra primera juventud, después de estudiar la carrera, un master y una estancia larga fuera de nuestro país. Dejamos atrás la adolescencia (cada vez más larga), con 23 ó 24 años, en nuestra plenitud física y llenos de ilusión, futuro y energía nos incorporamos al mercado de trabajo.

Después de alguna beca y posiblemente algunas experiencias breves y poco relevantes, encontramos lo que de verdad podemos llamar “nuestro primer trabajo”. No somos conscientes (o no fuimos conscientes) pero esa primera decisión “¿en qué empresa empiezo a trabajar, haciendo qué y con quiénes?” marca nuestro futuro profesional de una forma mucho más determinante que la licenciatura, los idiomas o el expediente.

En el primer trabajo aprendemos a ser profesionales. Hasta entonces hemos desarrollado nuestra personalidad familiar, también nuestra personalidad escolar y social. Sabemos ser hijos, sabemos ser  amigos y también estudiantes, pero no sabemos ser profesionales.

Los valores, los patrones de comportamiento y de relación con otros, la actitud ante los retos, lo que llamamos “la forma de trabajar”, la aprenderemos en la primera empresa, en nuestro primer equipo, con nuestro primer jefe… Nos acompañará durante toda nuestra vida profesional, será muy difícil que lo olvidemos y será muy difícil que lo mejoremos de forma sustancial.

Ahora ya no podemos elegir, nuestro momento pasó, pero sí podemos ayudar a otros a tomar la decisión. También entrevistamos a candidatos jóvenes, con poca experiencia todavía y podemos tener criterio para escoger a los mejores.

No se puede dar una receta clara  para reconocer  el primer empleo ideal, pero sí hay algunos criterios generales que se puede aplicar con facilidad:

· Mejor un sector con margen alto que con margen bajo. Un margen elevado permite invertir en gestión del talento, en el desarrollo de las carreras profesionales, en programas de rotación…

· Mejor una empresa que ocupe las primeras posiciones en el ranking de su sector. Si es así seguramente estará desarrollando los mejores proyectos, atrayendo a los mejores equipos y reteniendo a los mejores jefes.

· Mejor en una función cerca del  corazón del negocio de la compañía, y eso siempre implicará estar muy cerca de los clientes, de los procesos de negocio clave o de los proyectos de innovación.

· Imprescindible una empresa que destaque por tres valores corporativos, que los promueva, que los reconozca y que los exija: orientación al logro y foco en el resultado, orientación radical al cliente, flexibilidad, capacidad de adaptación y capacidad de aprendizaje.

Si  pasaste tus primeros años  en una empresa que te obligaba y te daba la oportunidad continuamente de aprender, cambiar y adaptarte a nuevas situaciones; una empresa que te presionaba para que lograses los objetivos sin admitir excusas y te que enseñó a perseverar; una empresa que te exigía tener al cliente como máxima prioridad y  que te enseñó a entenderle, anticiparte y satisfacerle… tú tienes un patrón de valores y competencias que te llevará al éxito.

Sí cuando estás evaluando candidatos, reconoces jóvenes con estos patrones, contrátalos. Si logras que la unidad que diriges genere, modele y reconozca estos valores, tú eres un directivo de éxito. 

 

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