Convertir la novedad en valor

Francisco González Bree

Convertir la Novedad en Valor es un blog de Francisco González Bree sobre la Creatividad, la Tecnología y la Innovación. El autor analiza el impacto actual de la innovación en el rendimiento de las empresas y los estándares de vida de las personas y observa las necesidades del mercado y las tecnologías en un futuro no muy lejano.

Luis Ferrándiz

Francisco González Bree es Doctor en Business Administration y trabaja en la actualidad como director académico del Master in Business Innovation (MBI) de Deusto Business School. Colaboró como Director de Marketing en Anboto nombrada mejor start up del mundo en 2010 y en Sher.pa. Ha trabajado más de 15 años en puestos directivos en multinacionales y más de 6 años ayudando como tutor y mentor a decenas de empresas de todos los tamaños y sectores con sus planes y modelos de negocio.

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Creative DestructionHace una semana podíamos leer un interesante artículo de Tomas Chamorro-Premuzic para Forbes sobre cómo trabajar con los asesinos de la innovación. El autor argumenta que una de las barreras de la innovación es la aversión que tenemos las personas al cambio. Esta idea coincide con los resultados obtenidos por el profesor Calestous Juma en su estudio sobre el rechazo a las innovaciones. En dicha investigación el profesor explora cómo los obstáculos al cambio son claves para la adopción de nuevas tecnologías. En el estudio se revisan 600 años de controversias generadas por casos en los que las personas se han opuesto a ciertas innovaciones tecnológicas y sociales. Desde el rechazo que se produjo al café en el siglo XVII en Italia o posteriormente a los productos refrigerados hasta nuestros días. En la actualidad, esta oposición a la innovación la encontramos desde el rechazo a la robótica avanzada, la inteligencia artificial, hasta la agricultura biotecnológica. 

Tomas explica que existen tres dimensiones que explican los razones del cambio. La primera dimensión es la estrategia que está relacionada con los planes de negocio para la innovación. La segunda dimensión es la cultura que integra reglas explicitas e implícitas que dictan las dinámicas de las interacciones sociales en las organizaciones. La tercera dimensión es el talento que impacta en las dos primeras en el sentido de que son los líderes de la organización los que pueden generar un tipo de estrategia y cultura que nutra la innovación. Sucede que uno de los grandes retos para que las organizaciones sean más innovadoras tiene que ver con la resistencia al cambio de las personas en las empresas. Estas personas que rechazan el cambio se pueden convertir en auténticos asesinos de la innovación ya que bloquearán todas las iniciativas destinadas a convertir proyectos novedosos en valiosos. Uno de los problemas que ha identificado el autor es que históricamente se han realizado muchos más estudios sobre las personas innovadoras que sobre los asesinos de la innovación. Sin embargo, la ciencia ha encontrado ciertas características de las personas que bloquean la innovación.

En primer lugar, poseen un modo de detección de amenazas. El experto en innovación Dr. Carlos Osorio considera muy importante el grado de creatividad y la tolerancia al riesgo a la hora de identificar si las personas son innovadoras. Hace algunos meses expliqué en otro artículo para este blog que varios estudios han encontrado que los directivos en posiciones de toma de decisiones tienden a evaluar las ideas en base a la viabilidad y encaje con lo que la organización está haciendo en la actualidad. Esto sucede con más intensidad en las organizaciones que tienen culturas muy fuertes y estáticas. Los resultados de estas investigaciones son claros, no importa lo mucho que los líderes expresen su deseo de mayor creatividad, a la hora de la verdad cuando se tiene que gastar dinero para que una idea tenga éxito, el cálculo suele ser que una disrupción es impredecible y la imprevisibilidad se tiende a ver como un riesgo o una amenaza que hay que eliminar. Tomas sugiere utilizar una estrategia basada en la amenaza: "si no innovamos, vamos a desaparecer". Parece ser que las personas están generalmente más preocupadas por perder lo que tienen que ganar algo que no poseen.

En segundo lugar, los asesinos de la innovación son muy hábiles para evitar el conflicto y practican una resistencia pasiva. Su actitud cordial les permite boicotear las ideas por detrás. La recomendación que nos ofrece el autor es desconfiar de la aparente buena disposición de aceptación y cooperación de las personas. Una vía puede ser poniendo en evidencia su rechazo para después argumentar los potenciales beneficios de la innovación y de esta forma obtener su involucración o al menos evitar su boicot. En tercer lugar, el autor menciona ciertos rasgos de personalidad que pueden favorecer el bloqueo de la innovación. En concreto, se menciona la complacencia en el sentido de cómo motivar a alguien que no tiene ambición. Una fórmula para motivar a estas personas es convencerlas de que la innovación no les provocará nada negativo y asegurarles de que no tendrán que contribuir mucho. Finalmente, encontramos que la obediencia a la autoridad puede ser un factor desmotivador.

En conclusión, resulta importante centrarnos en las cinco dimensiones que nos propone la Dra. Bettina von Stamm experta en innovación. Estas dimensiones son la estrategia y la visión, los estilos de liderazgo, los procesos, la cultura de la empresa y un entorno del trabajo que las facilite. Quizás dado el imparable crecimiento de la tecnología en los últimos años podríamos incorporar esta dimensión como una nueva variable. Las organizaciones que trabajen bien estas seis dimensiones serán más innovadoras y se adaptarán mejor al cambio.

14 mayo, 2017 | 23:06

InfectedHace una semana podíamos leer un interesante artículo de Nidhi Singh para Entrepreneur sobre los posibles futuros impactos negativos de la tecnología para la humanidad. Una de las personas que nos viene alertando desde hace algún tiempo sobre estos peligros es Stephen Hawking que opina que los avances de la Inteligencia Artificial pueden ser nuestra mayor amenaza, pudiendo llegar a terminar con la especie humana si no la manejamos con precaución. Por su parte, Jack Ma el fundador y presidente ejecutivo de Alibaba Group, nos alertaba este año de que en los próximos 30 años el mundo podrá tener mucho más dolor que felicidad debido al auge de la Inteligencia Artificial y mayor expectativa de vida de las personas.

Esta misma semana el mundo sufría un ciberataque a escala mundial afectando a instituciones y empresas de unos 150 países. Este impactante ataque cibernético afectó el normal funcionamiento de empresas y hospitales por medio del virus ransomware WannaCry. Los expertos coinciden en que los daños provocados por el ciberataque del viernes no son graves pero nos alertan de que se puede extender en los próximos días. Es lógico apreciar que la sociedad en general está cada vez más sensibilizada hacia esta amenaza potencial que algunos expertos elevan a la posibilidad de una futura ciberguerra mundial. En este supuesto extremo, la ciberguerra podría afectar infraestructuras críticas de sectores como la energía, el agua, el sistema financiero o la alimentación.

Hace un año podíamos leer en un artículo para Quartz que los ciberataques a infraestructuras críticas se habían multiplicado por 20 en cuatro años. Warren Buffett, inversor y empresario estadounidense, argumentaba que aunque en el corto plazo podemos evitar posibles ataques informáticos, biológicos y nucleares, en el medio y largo plazo es más complicado. El magnate explicaba en dicho artículo que mientras en un año sólo existe una posibilidad entre treinta de que suframos un ataque de este tipo, sin embargo a lo largo de 100 años la probabilidad de que ocurra alcanza el 96,6%. Son muchas las voces que nos están alertando. Hace tres años, más de 16.000 científicos, investigadores, académicos y figuras relevantes de la industria de la tecnología firmaron una carta abierta contra el desarrollo de armas de Inteligencia Artificial. Entre los firmantes se encuentran personas muy conocidas en el mundo de la tecnología, como Steve Wozniak o Elon Musk avisándonos de que la Inteligencia Artificial puede ser nuestra mayor amenaza pudiendo llegar a terminar con la especie humana si no la manejamos con precaución.

En un interesante artículo de John Naughton para The Guardian, el autor explicaba hace un año que las sociedades modernas están construidas sobre una combinación de individualismo, derechos humanos, democracia y libertad de mercado. Según el autor, estos cuatro pilares están siendo arrasados por la ciencia y la tecnología. La libertad individual es una ilusión generada por una mezcla de algoritmos bioquímicos ensamblados. Asimismo, no existe una voluntad propia real ya que el abanico de posibilidades está determinado por otros hasta el punto de que los grandes tecnológicos como Google, Facebook o Amazon saben con antelación nuestros deseos conscientes e incluso los inconscientes. El autor menciona en su artículo al historiador Yuval Noah Harari autor del libro Sapiens, una breve historia de la humanidad. Harari considera que, en la actualidad, vivimos una crisis existencial y es probable que la Inteligencia Artificial agrande mucho más el problema de la desigualdad haciendo que gran parte de la humanidad acabe siendo inútil mientras el poder y la riqueza estará en manos de una pequeña élite dueña de la Inteligencia Artificial. Parece lógico pensar que serán sobre todo los ricos y los poderosos los que acabarán beneficiándose en gran medida de los progresos tecnológicos y biológicos.

Sin embargo no todas las voces son negativas. En un interesante artículo de Will Knight para MIT Technology Review el autor se hacía eco de un interesante estudio de la Universidad de Stanford (EEUU) en el que se pretende ir evaluando la evolución y el impacto de la Inteligencia Artificial en la humanidad a lo largo de 100 años. El estudio ha contado con la colaboración de más de 20 expertos en disciplinas como la Inteligencia Artificial, la informática o la robótica por mencionar algunas de ellas. El informe explora en detalle el impacto de la Inteligencia Artificial en el transporte, hogar, salud, educación, comunidades con menos recursos, seguridad, privacidad, empleo y entretenimiento. La conclusión principal del estudio de la Universidad de Stanford es que la lnteligencia Artificial no supondrá (por lo menos hasta el año 2030) una amenaza inminente para la humanidad y por ello no existen motivos para preocuparse a corto plazo. Sin embargo, debemos tomarnos muy en serio nuestro progreso a medio y largo plazo impulsando los derechos humanos, la cultura de paz y los valores democráticos para construir sociedades más justas y equitativas.

01 mayo, 2017 | 22:36

The HoleHace unos días podíamos leer un interesante artículo de Todd Rovak para CNBC conectando tres ideas del mundo de la innovación con los superhéroes de los cómics. La primera idea que se resalta es el uso de perspectivas de doble cara en el sentido de que las innovaciones deben resolver tanto las necesidades de nuestros clientes como las de nuestra empresa. En concreto, se recomienda seguir la aproximación que utilizaría Batman trabajando tanto las herramientas como el entrenamiento para innovar. Podemos intuir que dichas herramientas incluirían utilizar la creatividad y la incubación para encontrar el mayor número de soluciones posibles al reto. Usar la innovación abierta para trabajar no sólo con el talento interno sino también con talento de fuera de la organización. Utilizar técnicas que ponen al cliente y usuario en el centro de todo. Adoptar métodos ágiles tan habituales en las empresas de software. Utilizar métodos de lanzamiento de productos y métodos para testar todas las hipótesis de nuestros modelos de negocio.

La segunda idea que se propone es la búsqueda de las raíces de los problemas y retos así como posibles reacciones en cadena. El autor explica que en esta época de cambios acelerados la falta de tiempo de calidad para tomar decisiones es un factor limitador. Para ello es importante tener una visión holística y sistémica que nos permita no sólo poner el foco en un problema urgente como, por ejemplo, una queja de un cliente sino en sus causas. Son varios los superhéroes que nos podrían aportar inspiración para desarrollar una visión holística y sistémica de los retos. Por ejemplo, Superman con su gran velocidad y capacidad para volar o Spiderman con sus desarrollados sentidos y gran agilidad que le permiten ver y analizar las amenazas desde otras perspectivas distintas a las habituales.

En tercer lugar, Todd argumenta que igual que la fuerza del agua que concentrada en un punto y a gran presión es capaz de cortar el metal, lo mismo podemos hacer con la innovación. La mayoría de procesos de innovación comienzan identificando las necesidades latentes del desafío de innovación. Posteriormente se trabaja en las fases iterativas de entendimiento, observación, descubrimiento, generación de ideas, prototipos y pruebas, implementación, lanzamiento y explotación. Durante todo el proceso se va aprendiendo y mejorando el proceso de innovación. Estos procesos analizados de forma visual suelen ser divergentes en sus primeras fases para crear alternativas y después convergentes para elegir y enfocar las soluciones. Es en este punto convergente donde encontramos similitudes con la tercera idea propuesta con Todd. El motivo es que los superhéroes son capaces de descubrir el punto débil de su oponente y concentrar en ese punto todos sus poderes para tener éxito.

Los superhéroes son una fuente de inspiración para la innovación y resultan muy rentables en el mundo de los negocios. Sin embargo, es muy importante resaltar también otros valores poco mencionados. En un reciente artículo de Marie Boran para The Irish Times se explica que el legendario Stan Lee de Marvel Comics ha colaborado con el Smithsonian Institute para ofrecer un curso online sobre los superhéroes y su impacto en la cultura popular. Ante este resurgimiento de la popularidad de los superhéroes y cómo esto podría afectar el desarrollo del código moral de un niño, distintos expertos como el Dr. Christopher Robichaud, profesor de ética y política pública de la Escuela de Gobierno de Harvard Kennedy, aportan sus ideas. Algunos de los valores que podemos aprender de los superhéroes pueden ser entrega, valentía, humildad, esperanza, amor, servicio y perdón, entre otros. Quizá por ello los superhéroes llaman cada vez más la atención en el mundo de los negocios como una fuente de inspiración de la innovación y los códigos de valores.

19 abril, 2017 | 23:27

Iron Man Plaza de ColónEstas últimas semanas hemos podido leer varias noticias sobre el auge del sector de Big Data. Las últimas estimaciones de los expertos apuntan que este sector tecnológico generará unos 900.000 empleos en los próximos seis años en todo el mundo. La consultora tecnológica Indra apuntaba este mes que las empresas que utilicen técnicas de Big Data podrán incrementar su productividad cerca del 10%. El crecimiento y el potencial de Big Data es enorme. IBM afirmaba hace cuatro años que el 90% de los datos del mundo fueron creados en los últimos dos años. Sorprendentemente, esta tendencia sigue siendo relativamente constante. La consultora IDC estima que para el año 2020 alcanzaremos los 44 zettabytes y los datos provenientes del Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés) representarán el 10% de los datos del mundo.

De hecho, cada día generamos 2,5 trillones de bytes de datos procedentes de muchas fuentes, como sensores, medios sociales, fotos, vídeos, transacciones, señales de teléfonos, etc. Junto con el sector de Big Data, la digitalización del mundo a través del Internet de las Cosas está acaparando mucha atención en los últimos tiempos. Hace un par de años Andrew White de Gartner argumentaba que el Internet de las Cosas tendrá mayor impacto que Big Data si lo comparamos en base al potencial que tienen estas tecnologías. Sin embargo, resulta difícil analizar las tecnologías disruptivas de forma independiente ya que todas ellas están de una forma u otra conectadas entre sí. La pregunta quizás no sea qué tecnología disruptiva tendrá más impacto sino cómo la aprovecho en beneficio de mi empresa. Para ello, lo primero que necesitamos es entender qué es exactamente el Big Data y qué dimensiones fundamentales integra. Big Data se puede resumir como el proceso de recolección de grandes cantidades de datos y su inmediato análisis para encontrar información oculta, patrones, correlaciones etc.

Dough Laney, vicepresidente de Gartner Research, propuso hace más de quince años que Big Data se compone de tres dimensiones clave, el volumen, la velocidad y la variedad. El volumen de los datos generados determina el valor y el potencial de los datos que se examinan. La velocidad de generación y procesamiento de datos para satisfacer las demandas y desafíos. La variedad de los datos que hoy en día pueden llegar en todo tipo de formatos. Sin embargo, en los últimos años los expertos han incluido cuatro dimensiones adicionales. La veracidad, es decir la calidad y el grado de fiabilidad de la información recibida. La viabilidad o la capacidad que tienen las empresas en generar un uso eficaz de los datos. La visualización o la forma en que los datos son presentados para encontrar patrones o claves que merezcan la pena. Finalmente, el valor de los datos que se transforman en información y posteriormente en un conocimiento que nos permita tomar decisiones empresariales.

En mi opinión, son varias las funciones empresariales directamente relacionadas con el análisis de datos, tal como el área estratégica, informática, producción, RRHH, innovación o marketing por mencionar algunas de ellas. Sin embargo, estás dos últimas, innovación y marketing, son las funciones que pueden apoyar decididamente el progreso del uso de datos en beneficio de la empresa. Por una parte, la vigilancia tecnológica que corresponde al área de innovación se ocupa del proceso organizado, selectivo y permanente de captar información del exterior y de la propia organización sobre ciencia y tecnología, seleccionarla, analizarla, difundirla y comunicarla, para convertirla en conocimiento a fin de tomar decisiones con menor riesgo y poder anticiparse a los cambios. En segundo lugar, la inteligencia de marketing (MI, por sus siglas en inglés) es la información cotidiana relevante para los mercados de una empresa, reunida y analizada específicamente con el propósito de tomar decisiones precisas y fiables para determinar las oportunidades de negocio en base a clientes y usuarios. No es de extrañar que cada vez se demanden más expertos en Big data, no solo para los departamentos de tecnología e informática sino para otras funciones de negocio. Según Harvard Business Review, la profesión de experto en Big Data será una de las profesiones más atractivas y remuneradas del siglo XXI.

10 abril, 2017 | 21:11

Light SpheresLa semana pasada podíamos leer un artículo muy interesante de Pagan Kennedy para The New York Times sobre los altos niveles de creatividad que podemos encontrar en la gente más sénior. En un estudio de la Information Technology and Innovation Foundation se encontró que los inventores alcanzan sus cotas más altas de productividad entre los 46 y los 60 años. En concreto, el estudio se fijó en la cantidad de patentes producidas en disciplinas científicas y tecnológicas. En otro estudio del instituto tecnológico de Georgia y la Universidad Hitotsubashi de Japón se encontró que la edad media en la que los inventores realizaron sus aplicaciones de patentes es a los 47 años. Asimismo, se encontró que las patentes más valiosas son las de los inventores de más de 55 años. 

Otro estudio ha encontrado que un porcentaje alto de las personas galardonadas con un premio Nobel en física realizaron sus descubrimientos siendo cincuentones. El estudio también encontró que los galardonados con el premio Nobel alcanzan la cúspide de la creatividad cada vez con mayor edad. En otro estudio de Albert-László Barabási y su equipo en la Universidad de Northeastern de Boston se encontró que los científicos pueden publicar su mejor trabajo a cualquier edad. Este estudio sugiere que dos factores fundamentales a la hora de alcanzar el éxito son la productividad y la determinación. La conclusión de estos estudios es contundente, los sénior aportan importantes contribuciones al mundo de la invención.

Sucede que la sociedad parece que no acaba de reconocer el inmenso valor que pueden aportar los sénior. En los últimos años parece que se ha instaurado la idea de que la gente más joven es más creativa. Incluso frases cómo las que pronunciaron los CEOs de los grandes tecnológicos han reforzado esta creencia. Por ejemplo, el CEO de Facebook Mark Zuckerberg comentó en un evento en Stanford en 2007 que las personas jóvenes son más inteligentes. Por otra parte, encontramos que en muchas empresas se justifican las prejubilaciones en base a la creencia de que a medida que las personas se hacen mayores se adaptan peor a los nuevos tiempos y son menos productivas. Sin embargo, en un interesante artículo de Montse Mateos para Expansión se explica que algunas empresas preocupadas por la presión de la transformación digital han apostado en exceso por jóvenes nativos digitales y se han ido quedando sin profesionales de mayor edad con otro tipo de habilidades como experiencia profesional, responsabilidad, compromiso, contactos etc. Los expertos consideran que es fundamental la convivencia equilibrada de distintas generaciones.

Hace un año resaltaba en un artículo la importancia de fomentar la diversidad y construir equipos multidisciplinares. Todd L. Pittinsky, autor del libro publicado en el año 2012 Us Plus Them: Tapping the Positive Power of Difference (Leadership for the Common Good), defiende la diversidad en las empresas. En su libro, el autor rebate la idea de que donde quiera que haya diferencia habrá tensión inherente y animosidad. Pone en cuestión la efectividad de nuestros intentos tradicionales para luchar contra los prejuicios y combatir el odio en la sociedad. Finalmente, destaca la importancia que puede tener la diversidad en un mundo globalizado. En mi opinión, la diversidad es fundamental para fomentar el "efecto Medici" que busca mezclar e hibridar para estimular la creatividad y la innovación.

27 marzo, 2017 | 21:24

Tunnel LightsEsta semana podíamos leer tres artículos muy interesantes sobre cómo cultivar el talento creativo y escoger la mejor estrategia para dinamizar la innovación en la organización. El primer artículo de Personnel Today resume algunos de los consejos que ofrecía Sir Ken Robinson en su conferencia inaugural en HR Tech World London. El renombrado experto en creatividad e innovación considera que la función de Recursos Humanos debe actuar como el motor principal en construir una cultura organizacional que integre el ciclo operacional y el ciclo innovador. Uno de los retos que identifica Sir Ken es que si creamos departamentos o equipos de creatividad estamos enviando el mensaje de que otras personas no lo son. Por lo tanto, Recursos Humanos puede fomentar nuevos estilos de liderazgo en los que se cultive el talento de todos, no sólo de los departamentos especiales.

En mi opinión, Sir Ken tiene mucha razón en lo que propone. En mis clases de creatividad e innovación explico que la autora Jane Henry sintetizaba hace más de 15 años en su libro Creativity and Perception in Management una seria de teorías de la creatividad. Estas teorías van desde los años 50 hasta nuestros días. Según Jane, en los años 50 se pensaba que creatividad estaba en manos de unos pocos elegidos. En los años 60 se empezó a considerar que la creatividad es una habilidad para la flexibilidad mental y lo más importante es que se podía aprender. En los años 70 se observó que el papel de la experiencia era importante para la creatividad. En los años 80 se incorporó la motivación intrínseca. En los años 90 se encontró que el clima organizacional y el contexto social eran importantes para favorecer la creatividad. Todos estos factores tienen alguna repercusión en la creatividad. Al mismo tiempo, existe otro concepto conocido como “serendipia” que favorece la creatividad. La serendipia define los descubrimientos o hallazgos afortunados e inesperados que se producen cuando se está buscando otra cosa distinta. En la actualidad, las empresas están gestionando la serendipia en centros de innovación dentro de ecosistemas innovadores. La conclusión de Sir Ken Robinson y Jane Henry es similar: la clave es nutrir el talento humano dentro de la organización y crear el ambiente adecuado donde pueda florecer.

El segundo artículo es de la autora Anne Marie Knott para Harvard Business Review y ofrece algunas claves que explicarían los motivos por los que las  empresas cada vez trabajan peor la disciplina de la innovación. Lo realmente sorprendente, según la autora, no es que la innovación sea más difícil que en épocas anteriores sino que simplemente las empresas no dominan la disciplina de la innovación. Una de las claves es que muchas empresas siguen operando con una lógica basada en la competencia estratégica dentro de su industria o sector mientras que la revolución tecnológica está permitiendo que cada vez surjan más oportunidades multisectoriales. El tercer artículo es de Bob Weiler para Forbes y se centra justamente en este punto explicando que algunas tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, el internet de las cosas o la realidad virtual y augmentada están generando oportunidades entre sectores. En mi opinión, muchos expertos consideran que el desarrollo imparable de las tecnologías disruptivas será una fuente de innovación multisectorial pero es fundamental fomentar al mismo tiempo la creatividad y la innovación a nivel organizativo y a nivel individual. En caso contrario, según explica Anne muchas empresas seguirán empeorando en el liderazgo y gestión de la innovación lo cual impactará negativamente en el rendimiento de la empresa.

15 marzo, 2017 | 20:45

WhiteLineEsta semana podíamos leer un artículo muy interesante sobre cómo la mayoría de las personas se pueden sentir amenazadas por la creatividad. La doctora Jennifer Mueller ha investigado los sesgos contra la creatividad y  resume en un artículo para Quartz algunas de las conclusiones de su último libro Creative Change: Why We Resist It … How We Can Embrace It. Para Jennifer, el problema comienza con la educación ya que muchos profesores, a pesar de considerar que la creatividad es importante, la asocian con las artes. De esta manera minimizan el papel que podría tener la creatividad en otras disciplinas como las matemáticas, la ciencia o los deportes. Asimismo, es frecuente que a los estudiantes más creativos se les etiqueten como perturbadores considerando el pensamiento “fuera de la caja” como un problema más que como una virtud.

El mundo de la ciencia y la investigación también sufre este problema. A pesar de que el propósito de una revista científica es publicar nuevas ideas, un reciente estudio  realizado en el sector de la medicina encontró que 12 de los 14 artículos disruptivos más citados fueron originalmente rechazados de forma fulminante en las fases iniciales. En otro estudio se encontró que las personas encargadas de evaluar las propuestas de subvenciones científicas siempre otorgaban una clasificación más baja a las propuestas altamente novedosas. Un problema que han identificado los expertos que explicaría estos comportamientos está relacionado con la necesidad que tenemos los humanos de buscar respuestas correctas. Ante la creciente avalancha de información y estímulos de todo tipo  intentamos hacer frente a la complejidad por medio de la búsqueda de la simplicidad. Buscamos respuestas correctas a los problemas a los que nos enfrentamos, pero la paradoja es que una respuesta correcta no suele ser creativa. Es decir, que una elección será correcta si coincide con un paradigma de pensamiento y las ideas creativas necesariamente buscan romper los paradigmas. Un interesante hallazgo de Jennifer y sus colaboradores es que las personas que están motivadas para elegir una solución correcta demuestran tener un sesgo negativo claro (pero no reconocido) contra la creatividad. Esto sucede incluso cuando intentan aparentar lo contrario afirmando que aprecian la creatividad. 

Sucede que en el mundo empresarial pasa algo parecido ya que varios estudios han encontrado que los ejecutivos se sienten poco preparados para reconocer y aceptar soluciones creativas. Estos resultados muestran que las nuevas ideas son rechazadas de forma sistemática en la mayoría de las empresas, incluso aquellas que dicen que quieren más innovación. Hace unos meses Jennifer Deal, en otro interesante artículo publicado en el Wall Street Journal, indicaba que el problema no está en que las empresas tengan un déficit de ideas creativas, el gran problema es que los directivos no saben identificar cuáles son las ideas creativas sobre las que se debería actuar. Distintos investigadores como Justin Berg, Jenifer Deal, Jennifer Mueller o Jeff Lowenstein ofrecen puntos de vista similares en relación a este tema. Han descubierto que los directivos en posición de tomar decisiones tienden a evaluar las ideas en base a la viabilidad y encaje con lo que la organización está haciendo en la actualidad. Asimismo, prefieren ideas menos creativas que las que eligen sus clientes que tienden a ser más creativas. Esto sucede con más intensidad en las organizaciones que tienen culturas muy fuertes y estáticas. Los resultados de estas investigaciones son claros, no importa lo mucho que los líderes expresen su deseo de mayor creatividad, a la hora de la verdad cuando se tiene que gastar dinero para que una idea tenga éxito, el cálculo suele ser que una disrupción es impredecible y la imprevisibilidad se tiende a ver como un riesgo o una amenaza que hay que eliminar.

En conclusión, tan importante es fomentar que los empleados sean más creativos como que los líderes con poder de toma de decisiones sean capaces de seleccionar las mejores ideas creativas. Para ello, la mejor opción es dominar la disciplina de la innovación que es la que se ocupa precisamente de llevar con éxito las mejores ideas creativas a los distintos mercados.

07 marzo, 2017 | 21:25

MolinoEsta semana podíamos leer algunos estudios y noticias muy interesantes sobre la competitividad, el progreso tecnológico y la innovación. El primer artículo de los autores Ufuk Akcigit, John Grigsby y Tom Nicholas para Harvard Business Review analiza la edad de oro de la invención en Estados Unidos. Dicha época sucede entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX y está asociada con algunos de los grandes pioneros tecnológicos como Thomas Edison, Nikola Tesla o Graham Bell entre otros. Los autores profundizan en su estudio al conectar información de millones de patentes con áreas geográficas para identificar zonas claramente innovadoras. En aquella época, la innovación floreció en áreas densamente pobladas favoreciendo la interacción de las personas, donde los mercados financieros eran fuertes y los inventores tenían acceso a mercados bien conectados. Aquellas zonas que estaban más abiertas económica y socialmente a nuevas ideas disruptivas tendían a ser más innovadoras. Algunos ejemplos destacados podían ser los estados de New Jersey, Massachusetts o Connecticut entre otros.

El segundo estudio corresponde al EU Regions Competitiveness Index 2016 que analiza el nivel de competitividad de las regiones europeas. El estudio analiza dimensiones básicas (instituciones, estabilidad macroeconómica, infraestructuras, sanidad y educación básica), eficiencia (educación superior y aprendizaje a lo largo de la vida, eficiencia en el mercado laboral y tamaño de los mercados) e innovación (preparación tecnológica, sofistificación empresarial e innovación). Los resultados para España no son nada positivos ya que si observamos los cambios entre el año 2010 y el 2016 vemos que cuatro regiones han retrocedido (Cataluña, Valencia, Andalucía y Murcia). El resto de regiones en este intervalo de 6 años permanecen estables pero aún así continúan muy alejadas de las zonas más innovadoras de Europa. Teniendo en cuenta que estos días se está hablando de las grandes incertidumbres europeas y la polémica fórmula de la Unión a dos velocidades es fundamental apostar de forma decidida por la innovación. De otra manera será muy difícil que España realmente esté en la primera velocidad europea.

Esta semana también conocíamos los datos publicados por la Oficina Europea de Patentes (OEP) sobre solicitudes de patentes y concesiones. En 2016 se contabilizaron 1.588 solicitudes de patentes alcanzando un crecimiento respecto al año anterior del 2,6%. Por otra parte, se patentaron oficialmente 752 novedades lo que supone un crecimiento del 47,5%. Estos datos son positivos pero no suficientes. España ocupa el puesto 17 a nivel mundial y se encuentra por detrás de otras economías europeas como Alemania que alcanza las 25.086 patentes o Francia con 10.486 patentes. También debemos tener en cuenta que desde el año 2010 los esfuerzos en I+D+i con relación al PIB han bajado desde el 1,40% en 2010 hasta el 1,22% en 2015. Hace un año y medio la Unión Europea publicaba un informe sobre algunas estimaciones del gasto en I+D de los países de las principales economías. Mientras algunos países como Corea del Sur, Japón, Estados Unidos, Finlandia o Dinamarca superan ampliamente la barrera del 3% nosotros todavía seguimos muy lejos de este objetivo. El objetivo de la Comunidad Europea es alcanzar el 3% de inversión sobre el PIB en I+D para el 2020.

Robert Atkinson, coautor del estudio de innovación Global del ITIF, explicaba hace un año que adoptar políticas positivas para el ecosistema innovador global producirá beneficios para los ciudadanos. Los países más innovadores se caracterizan, entre otras cosas, por invertir en ciencia, capital humano, así como por desarrollar políticas fiscales que incentiven la innovación. Si analizamos el impacto de la innovación desde una perspectiva basada en zonas o regiones del mundo, podemos apreciar que las regiones económicas innovadoras muestran mejores rendimientos en términos de empleo y estándares de vida. Si analizamos el tema desde el punto de vista empresarial encontramos una relación entre el rendimiento de la empresa y la elección de la estrategia de innovación, donde el nivel y el crecimiento del rendimiento es mayor en empresas con esfuerzos persistentes en I+D. La innovación es esencial para el progreso y el desarrollo económico. En nuestras manos está mejorar nuestro puesto en los índices de innovación de cara a estar en el futuro en la primera velocidad europea.

28 febrero, 2017 | 21:40

TerminatorEsta semana podíamos leer varios artículos muy interesantes sobre la inteligencia artificial. En el primero de estos artículos Sandhya Venkatachalam propone en Forbes que la inteligencia artificial será probablemente la megatendencia tecnológica más importante en el 2017. En la actualidad, estamos creando un mundo donde las máquinas están empezando a entender y anticipar lo que las personas queremos hacer. Al mismo tiempo parece que la evolución de la inteligencia artificial se está acelerando en los últimos años. Hace medio año escribí en este blog una serie de tres artículos sobre la inteligencia artificial y el diseño de un mundo mejor en el que repasaba la evolución de este concepto. El famoso matemático británico Alan Turing ya realizó una predicción en el año 1951 augurando que cabía esperar que en algún momento las máquinas tomasen el control. En 1956 los investigadores John McCarthy, Marvin Minsky, Allen Newell, Arthur Samuel y Herbert Simon acuñaron la expresión “inteligencia artificial”. Por cierto, Herbert Simon puede ser considerado como un polímata con una de las mentes más brillantes de los últimos años habiendo recibido tanto un premio Nobel en economía en 1978 como el premio Turing en 1975. En 1958 distintos expertos matemáticos y científicos como John von Neumann y Stanislaw Ulam se interesaron por el momento hipotético en el que el desarrollo exponencial de la tecnología desencadenará un crecimiento fuera de control que resultará en un momento de máxima incertidumbre para la civilización humana. Este momento se conoce como singuralidad tecnológica.

El autor de ciencia ficción Vernor Vinge publicó un artículo muy referenciado sobre la singularidad tecnológica titulado “The Coming Technological Singularity: How to Survive in the Post-Human Era”. Vernor abordaba temas como la inteligencia superhumana, redes computacionales, interfaces cerebro-máquina y ciencia biológica haciéndonos reflexionar sobre las limitaciones del conocimiento humano y el desarrollo autónomo de la inteligencia artificial. En los últimos 10 años una persona que ha profundizado en la singularidad tecnológica es el polímata Raymond Kurzweil que es inventor, músico, escritor, empresario y científico especializado en inteligencia artificial. Desde hace 5 años es también director de ingeniería de Google. Su obra se caracteriza por haber realizado predicciones sobre el futuro de la humanidad en los libros “La era de las máquinas inteligentes, 1990” y “La era de las máquinas espirituales, 1999”. En este segundo libro Kurzweil propuso la "ley de rendimientos acelerados" en relación a los incrementos en las tasas de progresos tecnológicos y sus impactos. Su último libro “La singularidad está cerca, 2006” nos avisa de la proximidad de la singularidad tecnológica. Algunos expertos como Kurzweil prevén alcanzar la singularidad en algún punto entre el 2030 y el 2045. Sin embargo, algunas predicciones de otros investigadores que analizan el tema son menos próximas en el tiempo. Según un estudio de Vincent C. Müller y Nick Bostrom con expertos en inteligencia artificial en 2013 se estimaba que hay un 50% de probabilidad de alcanzar una máquina inteligente de alto nivel para el año 2040 y una máquina superinteligente para el 2070. Entonces, ¿En qué punto nos encontramos realmente con la inteligencia artificial? Y más importante ¿Qué tienen que hacer las empresas en relación a estas megatendencias tecnológicas?

En su artículo para Forbes, Sandhya plantea que para que una máquina sea considerada inteligencia artificial debe ser consciente en el sentido que conozca el contexto y el lenguaje humano. Debe tener la capacidad de análisis, tratando datos y el contexto para aprender. Debe ser adaptativa utilizando dicho aprendizaje para adaptarse y mejorar. Debe poder anticiparse entendiendo los mejores movimientos posibles. Por último, debe ser autónoma interactuando independientemente sin programación explícita. Según el autor, los sistemas que vemos hoy en día como Siri de Apple solo pueden hacer algunas de estas cosas de manera parcial. Sin embargo, este año se dan ciertos factores que están poniendo la inteligencia artificial en las agendas de los directivos. Por una parte, todo lo que nos rodea se está convirtiendo en un dispositivo conectado. En segundo lugar, la computación es cada día más barata. En tercer lugar, las máquinas que aprenden son la nueva fuente o motor de las empresas. En otro interesante artículo de Ajay Agrawal, Joshua S. Gans y Avi Goldfarb para MIT los autores explican porque los directivos de las empresas deben considerar la inteligencia artificial como fuente de valor. En dicho artículo los autores explican que los avances de la inteligencia artificial han reducido los costes estimados que supone la predicción. Los datos permiten a los directivos predecir mejor, tener mejores criterios para la toma de decisiones. Es fundamental para el directivo entender que se necesitan una serie de nuevos talentos y experiencia para predecir mejor y comprender el valor de una toma de decisiones mejorada o potenciada. La inteligencia artificial es el complemente ideal para las metodologías de prospectiva que escanean los "futuros probables", "futuros plausibles", "futuros posibles" y sobre todo “futuros preferibles”. Herramientas como la hoja de ruta tecnológica o la planificación de escenarios pueden potenciarse con el uso de sistemas inteligentes que ayuden a las empresas a navegar hacia estos futuros preferibles identificando amenazas y oportunidades.

20 febrero, 2017 | 13:04

TransformationEsta semana podíamos leer un interesante artículo de Peter Dahlström, Liz Ericson, Somesh Khanna y Jürgen Meffert en Digital Mckinsey sobre la reinvención radical del negocio. Es importante introducir antes de comentar el mencionado artículo dos conceptos importantes. El primer concepto son las “competencias centrales” de los profesores C. K. Prahalad y Gary Hamel en alusión a la combinación armonizada de múltiples recursos y habilidades que distinguen a una empresa en el mercado. Estas cualidades incluyen el aprendizaje colectivo de la organización, la coordinación de las diversas habilidades de producción y la integración de las múltiples corrientes tecnológicas. Asimismo, deben cumplir tres requisitos que son: proveer acceso potencial a una amplia variedad de mercados, contribuir a los beneficios percibidos por el cliente y usuario y ser difíciles de imitar por los competidores. El segundo concepto son las “capacidades dinámicas” de los autores David Teece, Gary Pisano y Amy Shuen que supone la habilidad de la empresa de modificar o adaptar de forma continua su base de recursos y capacidades de manera que se encuentre siempre adaptada a entornos de cambios rápidos. Teece explicaba en 2007 que las capacidades dinámicas son difíciles de imitar por la competencia y necesarias para adaptarse a clientes cambiantes y nuevas oportunidades tecnológicas. Este concepto también influye en la capacidad de la empresa para desarrollar nuevos productos, servicios, procesos y modelos de negocio.

El artículo publicado esta semana en Mckinsey aborda  justamente la necesidad de reinventar de forma radical la empresa por medio de la transformación del núcleo del negocio. Esta tarea no es sencilla ya que este núcleo del negocio está relacionado tanto con las competencias centrales como con las capacidades dinámicas. Según proponen los autores del artículo, en el núcleo de una empresa está la propuesta de valor del negocio arraigada en la estrategia y habilitada por las personas, los procesos y la tecnología. Estos elementos son tan importantes que cualquier transformación que no los tenga en cuenta tenderá a fracasar. En mi opinión, incluso se tendrían que incluir algunas dimensiones adicionales de la innovación. Por ejemplo, la cultura que debe crear una atmósfera de confianza y respeto mutuo, colaboración y experimentación, retando al status quo constantemente, orientada al cliente y nutriendo la diversidad. Otra dimensión importante son los entornos del trabajo que deben facilitar la colaboración y el intercambio, con variedad de espacios, nutriendo ciertos comportamientos deseados y diseñado para atraer y retener personas.

Los autores de Mckinsey proponen un interesante marco conceptual para poder realizar de forma sistemática la reinvención radical de la empresa. Este marco conceptual contiene 4 fases fundamentales para la transformación digital. Estas fases son Descubrir, Diseñar, Entregar y Reducir el riesgo. En la primera fase las empresas identifican dónde se crea y destruye el valor como base para una clara estrategia de negocio. Esto requiere un análisis del negocio, sector, tendencias de los clientes y de aspectos macroeconómicos para identificar amenazas y oportunidades. Al mismo tiempo se debe realizar un análisis detallado de las capacidades y recursos digitales de la empresa. En este punto los autores introducen la importancia del liderazgo siendo especialmente crítico el talento de los puestos medios. En mi opinión, este factor es muy importante ya que los estilos de liderazgo deben nutrir e incentivar la innovación y crear un sentido de urgencia y compromiso continuo. Son estilos que aceptan el fracaso y lideran con el ejemplo. Al final de esta fase de descubrimiento se debe desarrollar una hoja de ruta detallada que conecte la atracción y retención de talento con las capacidades necesarias. En la segunda fase las empresas trabajan la creatividad, incubación y prototipado rápido con técnicas como el Design Thinking, software ágil y Lean Startup. En la tercera fase la empresa desarrolla un ecosistema de agentes que apoyan una rápida escalabilidad. Este ecosistema incluye equipos externos, socios, proveedores y clientes. En la última fase se resalta la importancia de mitigar la aversión al riesgo durante todo el proceso. Una de las razones más comunes por las que las transformaciones digitales fracasan es debido al "agotamiento del cambio" y los fondos comienzan a secarse. Para mitigar este riesgo es importante centrarse en victorias rápidas que no sólo creen impulso, sino que también generen ahorros de costes que pueden reinvertirse en la siguiente ronda de transformaciones.

En conclusión, los autores de Mckinsey describen metafóricamente el núcleo del negocio como los músculos centrales que unen la parte superior e inferior del cuerpo humano. Son los músculos que le permiten al cuerpo mantener su poder, equilibrio y salud en general. Los autores proponen que en esta era digital las empresas deben reinventar radicalmente el negocio transformando su núcleo ya que en esta época de alta incertidumbre se recompensa el cambio y se castiga la parálisis.

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

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Francisco Márquez de Prado, analizará activos y productos financieros, con sus ventajas e inconvenientes, para cada tipo de inversor.

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Íñigo Petit tratará temas relacionados con la evolución de la industria de fondos de inversión y planes de pensiones y aspectos relacionados con la educación financiera

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