Convertir la novedad en valor

Francisco González Bree

Convertir la Novedad en Valor es un blog de Francisco González Bree sobre la Creatividad, la Tecnología y la Innovación. El autor analiza el impacto actual de la innovación en el rendimiento de las empresas y los estándares de vida de las personas y observa las necesidades del mercado y las tecnologías en un futuro no muy lejano.

Luis Ferrándiz

Francisco González Bree es Doctor en Business Administration y trabaja en la actualidad como director académico del Master in Business Innovation (MBI) de Deusto Business School. Colaboró como Director de Marketing en Anboto nombrada mejor start up del mundo en 2010 y en Sher.pa. Ha trabajado más de 15 años en puestos directivos en multinacionales y más de 6 años ayudando como tutor y mentor a decenas de empresas de todos los tamaños y sectores con sus planes y modelos de negocio.

mayo 2017

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InfectedHace una semana podíamos leer un interesante artículo de Nidhi Singh para Entrepreneur sobre los posibles futuros impactos negativos de la tecnología para la humanidad. Una de las personas que nos viene alertando desde hace algún tiempo sobre estos peligros es Stephen Hawking que opina que los avances de la Inteligencia Artificial pueden ser nuestra mayor amenaza, pudiendo llegar a terminar con la especie humana si no la manejamos con precaución. Por su parte, Jack Ma el fundador y presidente ejecutivo de Alibaba Group, nos alertaba este año de que en los próximos 30 años el mundo podrá tener mucho más dolor que felicidad debido al auge de la Inteligencia Artificial y mayor expectativa de vida de las personas.

Esta misma semana el mundo sufría un ciberataque a escala mundial afectando a instituciones y empresas de unos 150 países. Este impactante ataque cibernético afectó el normal funcionamiento de empresas y hospitales por medio del virus ransomware WannaCry. Los expertos coinciden en que los daños provocados por el ciberataque del viernes no son graves pero nos alertan de que se puede extender en los próximos días. Es lógico apreciar que la sociedad en general está cada vez más sensibilizada hacia esta amenaza potencial que algunos expertos elevan a la posibilidad de una futura ciberguerra mundial. En este supuesto extremo, la ciberguerra podría afectar infraestructuras críticas de sectores como la energía, el agua, el sistema financiero o la alimentación.

Hace un año podíamos leer en un artículo para Quartz que los ciberataques a infraestructuras críticas se habían multiplicado por 20 en cuatro años. Warren Buffett, inversor y empresario estadounidense, argumentaba que aunque en el corto plazo podemos evitar posibles ataques informáticos, biológicos y nucleares, en el medio y largo plazo es más complicado. El magnate explicaba en dicho artículo que mientras en un año sólo existe una posibilidad entre treinta de que suframos un ataque de este tipo, sin embargo a lo largo de 100 años la probabilidad de que ocurra alcanza el 96,6%. Son muchas las voces que nos están alertando. Hace tres años, más de 16.000 científicos, investigadores, académicos y figuras relevantes de la industria de la tecnología firmaron una carta abierta contra el desarrollo de armas de Inteligencia Artificial. Entre los firmantes se encuentran personas muy conocidas en el mundo de la tecnología, como Steve Wozniak o Elon Musk avisándonos de que la Inteligencia Artificial puede ser nuestra mayor amenaza pudiendo llegar a terminar con la especie humana si no la manejamos con precaución.

En un interesante artículo de John Naughton para The Guardian, el autor explicaba hace un año que las sociedades modernas están construidas sobre una combinación de individualismo, derechos humanos, democracia y libertad de mercado. Según el autor, estos cuatro pilares están siendo arrasados por la ciencia y la tecnología. La libertad individual es una ilusión generada por una mezcla de algoritmos bioquímicos ensamblados. Asimismo, no existe una voluntad propia real ya que el abanico de posibilidades está determinado por otros hasta el punto de que los grandes tecnológicos como Google, Facebook o Amazon saben con antelación nuestros deseos conscientes e incluso los inconscientes. El autor menciona en su artículo al historiador Yuval Noah Harari autor del libro Sapiens, una breve historia de la humanidad. Harari considera que, en la actualidad, vivimos una crisis existencial y es probable que la Inteligencia Artificial agrande mucho más el problema de la desigualdad haciendo que gran parte de la humanidad acabe siendo inútil mientras el poder y la riqueza estará en manos de una pequeña élite dueña de la Inteligencia Artificial. Parece lógico pensar que serán sobre todo los ricos y los poderosos los que acabarán beneficiándose en gran medida de los progresos tecnológicos y biológicos.

Sin embargo no todas las voces son negativas. En un interesante artículo de Will Knight para MIT Technology Review el autor se hacía eco de un interesante estudio de la Universidad de Stanford (EEUU) en el que se pretende ir evaluando la evolución y el impacto de la Inteligencia Artificial en la humanidad a lo largo de 100 años. El estudio ha contado con la colaboración de más de 20 expertos en disciplinas como la Inteligencia Artificial, la informática o la robótica por mencionar algunas de ellas. El informe explora en detalle el impacto de la Inteligencia Artificial en el transporte, hogar, salud, educación, comunidades con menos recursos, seguridad, privacidad, empleo y entretenimiento. La conclusión principal del estudio de la Universidad de Stanford es que la lnteligencia Artificial no supondrá (por lo menos hasta el año 2030) una amenaza inminente para la humanidad y por ello no existen motivos para preocuparse a corto plazo. Sin embargo, debemos tomarnos muy en serio nuestro progreso a medio y largo plazo impulsando los derechos humanos, la cultura de paz y los valores democráticos para construir sociedades más justas y equitativas.

20 noviembre, 2016 | 18:12

Crazy CreativityEsta semana hemos podido leer un interesante artículo de Mike Maddock para Forbes sobre innovación y creatividad. El autor  argumenta que ante la necesidad de obtener ideas locas creativas y la imposibilidad de generarlas desde dentro de la organización, quizás la mejor opción sea subcontratarlas fuera. Esta necesidad de generar ideas locas creativas se ha disparado por motivos relacionados con la gestión del cambio y la innovación. En relación a la gestión del cambio los expertos siguen reforzando la idea de que cerca del 40% de las empresas que cotizan en el índice S&P 500 para el año 2040 habrán desaparecido. Distintos expertos están investigando cómo es posible que las empresas no estén siendo capaces de revertir este efecto. La explicación es sencilla y tiene una vertiente individual y una organizativa.

A nivel individual hay una tendencia importante en las personas a rechazar el cambio. Según expliqué en otro artículo para Cinco Días, el profesor de Calestous Juma del Centro Belfer de la Universidad de Harvard ha estudiado este tema revisando los rechazos de las personas a las innovaciones durante los últimos 600 años y sus hallazgos son claros. Calestous considera que el rechazo de las personas a la innovación se debe a cuatro factores, (1) respuestas intuitivas, (2) intereses creados, (3) objeciones filosóficas y (4) la psicología de la salud y nutrición. La solución del profesor a este problema es practicar una innovación inclusiva. A nivel organizativo encontramos que las empresas tienen una tendencia a evitar la ambidestreza. Este concepto de los autores O’Reilly y Tushman propone que las empresas deberían ser ambidiestras trabajando al mismo tiempo el ciclo operacional y el ciclo innovador. El primer ciclo se ocupa de trabajar el negocio actual con procedimientos, procesos, reglas y soluciones ya conocidas. El segundo ciclo se ocupa de los negocios del futuro.

En su artículo para Forbes, Mike aborda estas dos vertientes considerando que los líderes del negocio se enfrentan hoy en día a un reto enorme. Según sus datos sólo el 11% de los empleados aceptará el cambio independientemente de las amenazas a las que se enfrente la empresa. Es decir, en un equipo de 10 personas tan sólo una de ellas aceptará el cambio. Las otras nueve lo rechazarán aunque les lleva a la desaparición de la empresa. ¿Por qué ocurre esto? Sucede que las empresas contratan a las personas en base a una serie de competencias que son todas esas habilidades innatas y adquiridas que tiene esa persona para desempeñar el puesto de trabajo. La persona contratada deberá trabajar en base a unas responsabilidades, funciones y tareas. Ocurre que al final  todos estos procedimientos y procesos provocan que los empleados trabajen para ser más competentes, mejorando su trabajo de forma incremental día a día. Esto supone también que los empleados vayan adoptando las mejores prácticas de su industria. Finalmente por medio del benchmarking “comparadores” estos empleados irán consiguiendo ser más eficientes que sus competidores en las distintas áreas de la empresa. El problema es que todas estas prácticas refuerzan únicamente al ciclo operacional. De hecho, un ciclo operacional muy robusto puede acabar matando al ciclo innovador en el que las personas deberían ser capaces de hacer las cosas de manera diferente, desafiando el statu quo, replanteando y ofreciendo nuevas soluciones, estableciendo nuevas políticas y estructuras. Según los profesores de creatividad de la universidad de Harvard Susan Robertson y Anne Manning, cuando preguntan a los empleados de empresas encuentran comentarios como: mi empresa es muy conservadora, la gente siente terror de asumir riesgos, nadie fue despedido jamás por evitar riesgos, nos incentivan para no asumir riesgos, estamos enfocados en resultados a corto plazo, etc.

Estos problemas  y otros que menciona el autor Mike le han llevado a considerar que quizás la mejor opción para reforzar la creatividad y los cambios radicales dentro la empresa sea subcontratar una parte de la innovación. En principio la parte relacionada con la innovación incremental podría seguir estando bajo la gestión directa de la empresa ya que esta se nutrirá del conocimiento de la industria, escuchando a los clientes, colaborando con los proveedores y aliados estratégicos, etc. La innovación que Mike propone subcontratar es la que tiene que ver con la innovación radical y la innovación discontinúa. Recordemos que la innovación incremental supone pequeñas modificaciones y mejoras. La innovación radical significa cambios mayores que crean altos grados de incertidumbre y modifican las posiciones competitivas de las empresas e incluso pueden crear industrias nuevas (por ejemplo el coche eléctrico o el coche de hidrógeno). Las innovaciones discontinuas suponen cambios de paradigmas que crean nuevos mercados sacudiendo todo lo conocido hasta la fecha (por ejemplo en un futuro el vehículo autónomo o la inteligencia artificial). Mike propone subcontratar la innovación radical y discontinua a expertos externos que literalmente trabajarán para dejar a la empresa original fuera del negocio. Esta aproximación puede generar tanto temor que lo mejor es encargar el trabajo a consultores externos o incubar una empresa fuera de la organización que tenga la libertad de poner en cuestión el negocio actual de la empresa.  

Hace unos meses mencioné un estudio de Capgemini en el que se aprecia un auge de los centros de innovación corporativos. Los objetivos que se persiguen son la asociación con ecosistemas (51%) y la innovación de productos más el desarrollo de conceptos (28%). Por otra parte, el estudio confirma que la mayoría de los centros de innovación funcionan como aceleradoras de startups para fomentar el desarrollo de tecnologías (55%) y como laboratorios internos de innovación de las empresas (33%). En mi opinión, independientemente de si abrimos un centro de innovación o subcontratamos las ideas locas creativas fuera de la empresa la clave estará en seguir trabajando por incorporar la innovación en el ADN de la empresa y conseguir ser realmente una empresa ambidiestra.

13 noviembre, 2016 | 20:21

Chewbacca en la Gran Vía Paco BreeEl inesperado triunfo de Trump ha provocado un nivel de incertidumbre alto. Hace unas semanas la mayoría de los analistas había pronosticado que en el caso de que Trump ganase las elecciones las bolsas podrían sufrir una sacudida importante. Incluso Barclays estimaba que las bolsas podrían desplomarse entre un 11% y un 13% en el S&P 500 índice principal de la bolsa americana y referencia para el resto de los mercados del mundo.

Ahora los economistas están intentando explicar los motivos de la subida de las bolsas los días posteriores a las elecciones y aún más importante predecir lo que sucederá en los próximos meses. Con respecto a la primera cuestión parece que el cambio de actitud de Trump está influyendo positivamente en los mercados. Este cambio ya se pudo ver desde su conciliador discurso tras ser elegido presidente de Estados Unidos con su ya famosa frase “Es hora de unirnos como un solo pueblo”. En relación a la segunda cuestión es donde los analistas no se ponen de acuerdo. Parece que nadie sabe si el presidente que veremos en los próximos meses será el Trump “duro” que vimos antes de las elecciones o el Trump “conciliador” que estamos viendo estos días. Por otra parte veremos si finalmente Trump pone en práctica sus controvertidas políticas, desde construir un muro en la frontera de Estados Unidos con México, abolir el programa de salud  “obamacare” o imponer aranceles a China y salirse del Nafta. 

Desde el mundo de la innovación encontramos muchas voces que alertan sobre posibles impactos negativos. En un interesante artículo de Nick Statt para “the verge” el autor explica que Silicon Valley está aterrada con Trump. Uno de los motivos principales es la política anti inmigración que finalmente pueda llevar a cabo. El CEO de Goggle Sundar Pichai es un inmigrante igual que el co-fundador de Google Serguéi Brin o el CEO de Microsoft Satya Nadella. Nick explica que todo Silicon Valley se fundamenta en la filosofía de premiar y reconocer a las personas por su gran trabajo y talento independientemente de su raza, clase y origen étnico. Asimismo la diversidad es fundamental para la innovación según expliqué en otro artículo hace unos meses. Para innovar es absolutamente necesario tener en cuenta la diversidad con equipos multidisciplinares que tengan diferentes puntos de vista. También es importante que los líderes visiten otros países y culturas de forma que puedan regresar con nuevas perspectivas que inspiren los negocios.

Centrándonos en la fiscalidad hoy podíamos leer un interesante artículo de Miriam Calavia y Pablo M. Simón para Cinco Días resumiendo los planes de Trump. Los analistas explican que una de las prioridades de Trump es una rebaja radical de impuestos. Los tramos se reducirían a tres de 12%, 25% y 33% y se eliminarían el impuesto de Sucesiones y el tributo sobre la renta para las personas con bajos ingresos. Trump también propone permitir la repatriación del dinero desde paraísos fiscales por medio de un pago único del 10%. Moodys considera que las grandes corporaciones con negocios fuera de EEUU serían las grandes beneficiarias de esta medida. Para las empresas bajaría el tributo equivalente al impuesto de Sociedades de España desde un 30% (el tipo efectivo es 27%) hasta un 15%. Por medidas como esta no todos son tan negativos sobre el próximo gobierno de Trump. Por ejemplo Ken Segall exdirector creativo de Apple explicaba en una entrevista que el plan de Trump de retornar al país las empresas deslocalizadas mediante bajadas de impuestos e incentivos fiscales puede favorecer la innovación. Eyal Bino señalaba en un artículo para Forbes que al final las empresas son también responsables de su futuro independientemente de quién sea elegido presidente. Para ello una recomendación que nos dan los expertos de innovación es que independientemente de quien gobierne en su país, las empresas deben invertir en sus BHAGs (Big Hairy Audacious Goals).

Esta semana podíamos leer un un interesante artículo de Larry Myler para Forbes en el que el autor nos recordaba este término explicando que las empresas más innovadoras poseen un BHAG que motiva a los empleados, es tangible, enfocado y sirve de mapa para la organización. Empresas que han aportado grandes BHAG incluyen Ford (democratizar el automóvil), Facebook (hacer un mundo más abierto y conectado), Google (organizar la información universal y hacerla más accesible y útil). Un verdadero BHAG debe ser claro y convincente. Sirve como un punto unificador de esfuerzo, y actúa como un catalizador claro para el espíritu de equipo. Posee una meta clara, por lo que la organización puede saber cuándo ha logrado la meta. El problema es que muchas empresas establecen metas que describen lo que esperan lograr en los próximos días, meses o años. Estas metas ayudan a alinear a los empleados del negocio para trabajar de forma eficiente en base a objetivos muy tácticos, como "lograr un crecimiento de las ventas del 10% en los próximos 3 meses". Por lo tanto es fundamental tener ambas cosas, un gran BHAG y objetivos tácticos cortoplacistas. Es por ello que resulta interesante recordar de nuevo este término de estrategia que fue acuñado en el 2004 por James Collins and Jerry Porras en su libro “Built lo Tast: Successful Habits of Visionary Companies”.

En conclusión, varios autores del mundo de la innovación nos explican esta semana que la elección de Trump puede tener impactos positivos y negativos según escoja una línea dura o conciliadora. Lo que queda claro también es que las empresas tienen mucho que hacer para ser más innovadoras. Una forma de empezar es revisando el BHAG que inspira a la organización.

Imagen de Paula Satrustegui

Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

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Francisco Márquez de Prado, analizará activos y productos financieros, con sus ventajas e inconvenientes, para cada tipo de inversor.

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Íñigo Petit tratará temas relacionados con la evolución de la industria de fondos de inversión y planes de pensiones y aspectos relacionados con la educación financiera

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