Convertir la novedad en valor

Francisco González Bree

Convertir la Novedad en Valor es un blog de Francisco González Bree sobre la Creatividad, la Tecnología y la Innovación. El autor analiza el impacto actual de la innovación en el rendimiento de las empresas y los estándares de vida de las personas y observa las necesidades del mercado y las tecnologías en un futuro no muy lejano.

Luis Ferrándiz

Francisco González Bree es Doctor en Business Administration y trabaja en la actualidad como director académico del Master in Business Innovation (MBI) de Deusto Business School. Colaboró como Director de Marketing en Anboto nombrada mejor start up del mundo en 2010 y en Sher.pa. Ha trabajado más de 15 años en puestos directivos en multinacionales y más de 6 años ayudando como tutor y mentor a decenas de empresas de todos los tamaños y sectores con sus planes y modelos de negocio.

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Iron Man Plaza de ColónEstas últimas semanas hemos podido leer varias noticias sobre el auge del sector de Big Data. Las últimas estimaciones de los expertos apuntan que este sector tecnológico generará unos 900.000 empleos en los próximos seis años en todo el mundo. La consultora tecnológica Indra apuntaba este mes que las empresas que utilicen técnicas de Big Data podrán incrementar su productividad cerca del 10%. El crecimiento y el potencial de Big Data es enorme. IBM afirmaba hace cuatro años que el 90% de los datos del mundo fueron creados en los últimos dos años. Sorprendentemente, esta tendencia sigue siendo relativamente constante. La consultora IDC estima que para el año 2020 alcanzaremos los 44 zettabytes y los datos provenientes del Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés) representarán el 10% de los datos del mundo.

De hecho, cada día generamos 2,5 trillones de bytes de datos procedentes de muchas fuentes, como sensores, medios sociales, fotos, vídeos, transacciones, señales de teléfonos, etc. Junto con el sector de Big Data, la digitalización del mundo a través del Internet de las Cosas está acaparando mucha atención en los últimos tiempos. Hace un par de años Andrew White de Gartner argumentaba que el Internet de las Cosas tendrá mayor impacto que Big Data si lo comparamos en base al potencial que tienen estas tecnologías. Sin embargo, resulta difícil analizar las tecnologías disruptivas de forma independiente ya que todas ellas están de una forma u otra conectadas entre sí. La pregunta quizás no sea qué tecnología disruptiva tendrá más impacto sino cómo la aprovecho en beneficio de mi empresa. Para ello, lo primero que necesitamos es entender qué es exactamente el Big Data y qué dimensiones fundamentales integra. Big Data se puede resumir como el proceso de recolección de grandes cantidades de datos y su inmediato análisis para encontrar información oculta, patrones, correlaciones etc.

Dough Laney, vicepresidente de Gartner Research, propuso hace más de quince años que Big Data se compone de tres dimensiones clave, el volumen, la velocidad y la variedad. El volumen de los datos generados determina el valor y el potencial de los datos que se examinan. La velocidad de generación y procesamiento de datos para satisfacer las demandas y desafíos. La variedad de los datos que hoy en día pueden llegar en todo tipo de formatos. Sin embargo, en los últimos años los expertos han incluido cuatro dimensiones adicionales. La veracidad, es decir la calidad y el grado de fiabilidad de la información recibida. La viabilidad o la capacidad que tienen las empresas en generar un uso eficaz de los datos. La visualización o la forma en que los datos son presentados para encontrar patrones o claves que merezcan la pena. Finalmente, el valor de los datos que se transforman en información y posteriormente en un conocimiento que nos permita tomar decisiones empresariales.

En mi opinión, son varias las funciones empresariales directamente relacionadas con el análisis de datos, tal como el área estratégica, informática, producción, RRHH, innovación o marketing por mencionar algunas de ellas. Sin embargo, estás dos últimas, innovación y marketing, son las funciones que pueden apoyar decididamente el progreso del uso de datos en beneficio de la empresa. Por una parte, la vigilancia tecnológica que corresponde al área de innovación se ocupa del proceso organizado, selectivo y permanente de captar información del exterior y de la propia organización sobre ciencia y tecnología, seleccionarla, analizarla, difundirla y comunicarla, para convertirla en conocimiento a fin de tomar decisiones con menor riesgo y poder anticiparse a los cambios. En segundo lugar, la inteligencia de marketing (MI, por sus siglas en inglés) es la información cotidiana relevante para los mercados de una empresa, reunida y analizada específicamente con el propósito de tomar decisiones precisas y fiables para determinar las oportunidades de negocio en base a clientes y usuarios. No es de extrañar que cada vez se demanden más expertos en Big data, no solo para los departamentos de tecnología e informática sino para otras funciones de negocio. Según Harvard Business Review, la profesión de experto en Big Data será una de las profesiones más atractivas y remuneradas del siglo XXI.

28 junio, 2016 | 23:49

AllianceTras la emisión estos días del último episodio de la sexta entrega de Juego de Tronos los seguidores ya están deseando que llegue la séptima temporada.  Atrás quedan momentos como el episodio (6x09) La Batalla de los Bastardos que según la valoración que obtuvo en IMDb ha sido unos de los mejores capítulos de la historia de la televisión. El anterior record era Ozymandias el decimocuarto episodio de la quinta temporada de Breaking Bad. En el caso de Juegos de Tronos una de las cosas que ha quedado clara es que en la próxima temporada continuaremos viendo alianzas las cuales serán imprescindibles para poder ganar los Siete Reinos.

En el mundo de la innovación y el emprendimiento sucede algo parecido. Cada vez son más necesarias las alianzas para alcanzar el éxito. Hace unas semanas explicaba en otro artículo que desde el año 2010 están apareciendo incubadoras corporativas que trabajan con una mentalidad de innovación abierta con el objetivo de innovar con un modelo basado en la aceleración de startups internas y externas. Los objetivos que persiguen las grandes empresas con la creación de estos centros incluyen asociarse con ecosistemas e innovar en productos y conceptos. Para las grandes empresas es interesante colaborar con startups ya que asimilan las metodologías ágiles que utilizan.  Pero nos podemos preguntar en qué puede beneficiar a las startups  trabajar de forma colaborativa con las grandes empresas.

Hace un par de semanas podíamos leer un interesante artículo de James Surowiecki para MIT Technology Review donde el autor nos ofrecía unos datos sorprendentes. El número de empresas que obtuvo capital semilla de inversores en Silicon Valley se duplicó entre 2007 y 2012. El capital riesgo en Estados Unidos durante los últimos años ha alcanzado los 238 billones estadounidenses de dólares y hoy más de 200 empresas son empresas unicornios es decir empresas valoradas en más de un billón (millardo) cada una. Estos pueden parecer unos datos excelentes, sin embargo, parece que no es oro todo lo que reluce. En realidad el emprendimiento americano está en declive y lo ha estado durante las últimas décadas. Según el departamento de comercio de Estados Unidos el número de nuevos negocios emprendidos ha caído significativamente desde el año 2000 así como el número de americanos trabajando en empresas de menos de un año. Incluso en 2013 se iniciaron menos empresas que en 1980 cuando la población era mucho menor. Curiosamente una de las causas de esta retroceso del emprendimiento en Estados Unidos no está ocasionada por una pérdida del apetito por el riesgo sino por lo que los economistas llaman los negocios de subsistencia.

Los fundadores de este tipo de negocios de subsistencia no están interesados en crear una gran empresa. Su ambición, en realidad, se centra en hacer algo que les guste, poder ganar cierto grado de independencia financiera y evitar tener que trabajar con un jefe. En el otro extremo encontramos un pequeño porcentaje de emprendedores transformacionales que sí tienen una ambición clara por llegar a crear empresas muy grandes. Los investigadores consideran que estas empresas están creando nuevos puestos de trabajo. De hecho, estás startups de rápido crecimiento (empresas que están añadiendo empleos a un ritmo de más del 25 por ciento al año) representan sólo un 15 por ciento de todas las empresas, pero suponen aproximadamente el 50 por ciento del total de empleos creados. Estas empresas también invierten en I+D en mayor proporción y son las empresas que podrían interesar en mayor medida si estamos intentando entender el impacto que tienen en la economía y en la innovación.

Un informe publicado en mayo de este año por la Kauffman Foundation confirma una desaceleración en la creación de estas nuevas empresas de mayor impacto potencial durante los últimos años. Otro estudio reciente de los economistas del MIT Scott Stern y Jorge Guzman nos ofrece otro enfoque según el cual a pesar de que el ritmo de formación de nuevas empresas de alto potencial de crecimiento está activo, sin embargo, la clave está en que muchas de estas empresas no están consiguiendo alcanzar ese éxito tal como lo consiguieron empresas similares durante épocas anteriores. Los autores explican que a pesar de que el número de ideas y potencial de innovación está creciendo, parece que existe una reducción en la habilidad de estas empresas para escalar o crecer de una forma sistemática y significativa. Para los autores una de las causas fundamentales es el enorme poder de las empresas incumbentes. Sucede que según un estudio del 2010 estas empresas incumbentes tienden a invertir en una I+D centrada en explotar tecnologías existentes e innovaciones incrementales, mientras que las startups están más enfocadas en desarrollar nuevas tecnologías e innovaciones radicales. Es aquí donde surge la necesidad de tener que emprender e innovar al estilo de Juego de Tronos. Se necesita un ecosistema robusto de incumbentes y startups desarrollando alianzas y para ello será necesario contar con personas que dominen la ambidestreza y que hagan de nexo de unión entre estos mundos empresariales tan diferentes.

23 junio, 2016 | 23:59

A ForestHace unos días podíamos leer un interesante artículo en Harvard Business Review HBR sobre los motivos que están llevando a muchas empresas a certificarse como corporaciones B. Esta certificación, gestionada por una organización sin ánimo de lucro, verifica que la empresa en cuestión crea valor para los accionistas, empleados, la comunidad local y el entorno. Es decir que se rige por una triple cuenta de resultados. Este término fue acuñado por John Elkington en 1994 y propone que las empresas realicen un buen desempeño económico, social y medioambiental. A la triple cuenta de resultados también se la conoce por sus siglas en inglés como las 3Ps (Profit, People, Planet).

El auge de este tipo de empresas no responde solamente al impacto que tienen algunos líderes visionarios en sus empresas como podría ser el caso de Richard Branson o Elon Musk. Dos de los cuatro autores del artículo de HBR han profundizado en este tema y han encontrado dos factores subyacentes por los que las empresas optan por este tipo de certificaciones. Un factor está relacionado con el enfoque que adoptan las empresas de cara a la responsabilidad social corporativa RSC y la sostenibilidad. Algunas empresas tienen un enfoque reticente de la RSC para evitar problemas o simplemente se dan un “lavado verde” con fines puramente marketianos de cara a aumentar su negocio. Existen otras empresas que adoptan la triple cuenta de resultados de forma genuina porque creen firmemente que haciendo las cosas de manera diferente pueden ayudar a crear un mundo mejor. Algunos estudios recientes han encontrado que en las industrias donde hay un alto índice de empresas con esfuerzos genéricos de RSC surgen también empresas que adoptan la triple cuenta de resultados de forma genuina. Otro factor importante está relacionado con que las empresas que adoptan la triple cuenta de resultados consideran que las mayores crisis de nuestro tiempo tienen que ver con la forma con la que hacemos negocios. En consecuencia estas empresas se unen a un movimiento que busca crear una nueva economía con unas nuevas reglas y con ello redefinir lo que significa alcanzar el éxito en el mundo de los negocios.

Un debate que surge en relación con el incremento de empresas que genuinamente quieren adoptar una triple cuenta de resultados se centra en la importancia que debería tener la innovación para generar nuevas oportunidades de negocio y crear soluciones que aporten valor económico, social y medioambiental. En un artículo reciente publicado en Harvard Deusto junto con la profesora Laura Albareda titulado “Innovación Sostenible: Nuevo Espacio de Marketing y Competitividad” encontramos que la clave para alcanzar una triple cuenta de resultados exitosa es la integración de la innovación y la sostenibilidad. Después de estudiar algunas empresas como GE, Philips, Indra, Danone o Nestlé hemos podido apreciar que las empresas que integran innovación y sostenibilidad se caracterizan por nutrir tres aspectos. En primer lugar crean valor económico con nuevos productos y servicios que buscan soluciones a retos sociales y medioambientales. En segundo lugar valoran el rendimiento de la empresa integrando el resultado económico con el análisis del valor generado cuando se resuelven retos sociales y medioambientales. En tercer lugar colaboran con diferentes “stakeholders” del ecosistema empresarial en las distintas fases del proceso de innovación.  

Por ejemplo, Novo Nordisk es una compañía farmacéutica danesa especializada en el desarrollo de soluciones a retos globales de salud como la diabetes o la hemofilia que ha integrado plenamente la máxima de que cualquier decisión estratégica debe aspirar a satisfacer la triple cuenta de resultados. Esta empresa ha desplegado una estrategia que se apoya en dos iniciativas que amplían su vertiente científica y abren un marco de cocreación organizativa de innovación abierta con socios tecnológicos y colaboradores sociales. En conclusión, podemos ver que el mundo está cambiando y ya no es suficiente con tener un rendimiento económico de la empresa. Hoy en día es imperativo tener una visión que incluya un beneficio social y medioambiental que genere una espiral virtuosa.

14 junio, 2016 | 00:25

Paco Bree Digital Collage EggLa semana pasada podíamos leer varias noticias sobre algunas propuestas que están ofreciendo los partidos políticos en materia de innovación. Por ejemplo, Albert Rivera proponía en algunas noticias recientes elevar la inversión pública en I+D al 3% del PIB en 2020 y seguir los modelos de Alemania e Israel. En el caso de Israel el líder de Ciudadanos explicaba que hace 15 años hicieron una apuesta de país por la educación y la innovación y hoy en día cuentan con un crecimiento económico vinculado al conocimiento.

Hace pocos meses cuatro profesores de Deusto e Icade Business School analizamos los programas electorales en materia de innovación y emprendimiento de los principales partidos políticos. Un punto destacado de dicho estudio fue apreciar un amplio grado de coincidencia entre muchas de las propuestas electorales. Estos puntos de entendimiento podrían abonar el terreno para un acuerdo de estado por la innovación y el emprendimiento para alcanzar el 3% de aportación del PIB a la I+D+i que por cierto es el objetivo de la Comunidad Europea para el 2020. Sin embargo, España sigue bajando en innovación tal como expliqué en un artículo reciente con datos de los rankings de innovación a nivel mundial.  

Quizás uno de los motivos de que España siga bajando en innovación sea que los políticos españoles son incapaces de implementar las recetas de innovación que ellos mismos proponen. Este efecto es algo que se conoce bien dentro del proceso de la innovación. Hace casi treinta años Roberts E.B. ya identificaba que la idea no es suficiente y proponía que la innovación es igual a invención más explotación. Si aplicamos el proceso de la innovación a la situación de España podríamos decir que los políticos son capaces de identificar el reto (mejorar en innovación) y proponer fórmulas, pero desgraciadamente son incapaces de ejecutar dichas soluciones. Por lo tanto, parece que una de las principales causas del retroceso de España en innovación es la imposibilidad de llegar a un acuerdo de estado por parte de los principales partidos políticos. Pero otra posible causa puede ser que nadie les haya enseñado cómo se innova con éxito. En este caso es el sector educativo el que debe dar un paso hacia adelante y ofrecer una mejor y más amplia formación en innovación.  

Resulta sorprendente que a pesar de que en el año 1934 Joseph A. Schumpteter ya nos ofrecía una descripción muy clara de la innovación, sin embargo no ha sido hasta el año 2007 que nació el primer grado en innovación en Estados Unidos. Según nos explicaba Julie Kliegman en un interesante artículo para The Week, la Universidad de Colorado lanzaba el primer Bachelor of Innovation Degree Program, un grado de cuatro años en el que centenas de estudiantes se han matriculado para estudiar la disciplina de la innovación. Los expertos en innovación explicamos que el motivo de que ocurra este efecto es que la educación se ha especializado en silos disciplinares. Esto en realidad es una gran oportunidad educativa ya que la innovación es interdisciplinar en el sentido de que en muchas ocasiones las innovaciones se encuentran en las intersecciones de sectores, industrias y disciplinas. Por lo tanto, los programas de innovación buscan conectar disciplinas como la ciencia, la tecnología, las artes, la ingeniería, las matemáticas o el derecho entre otras. Otro factor importante es que las personas pueden estar más o menos orientadas hacia la innovación según sus rasgos de personalidad y competencias. Existen unas pocas personas que son innovadoras de forma natural incluso sin haber recibido formación alguna al respecto. Pero la gran mayoría de las personas tendrán un grado de innovación latente más moderado que requerirá de desarrollo vía educación y experiencias emprendedoras. En el otro extremo siempre encontraremos personas que no sientan ninguna motivación por la innovación y preferirán trabajos más convencionales.

En conclusión, nos encontramos con que todos los responsables públicos coinciden en que la innovación es fundamental para el progreso económico del país y sin embargo existe una falta de sensibilidad hacia la disciplina de la innovación. No se trata simplemente de emular el modelo de innovación de otro país o aumentar la inversión pública hasta alcanzar el 3% tal y como nos recomienda la Comunidad Europea. Es fundamental acompañar todo esto introduciendo una componente que habitualmente no se menciona y no es otra que fomentar la educación en innovación y viceversa.

06 junio, 2016 | 23:19

Pacobree-Let-Your-Imagination-FlyHace pocos días podíamos leer un estudio reciente de Capgemini sobre el inexorable aumento de centros de innovación en todo el mundo. Según dicho estudio desde julio de 2015 hasta febrero de 2016 se han abierto o están en proceso de ser abiertos cerca de 70 nuevos centros de innovación. Estos centros de innovación se están abriendo principalmente en Asia (29%), Estados Unidos (26%) y Europa (18%). Las 10 principales localizaciones del mundo donde las empresas tienen centros de innovación son Silicon Valley, Londres, Paris, Singapur, Bangalore, Tokio, Shanghái, Berlín, Múnich y Boston. La gran novedad de esta lista es la incorporación de Bangalore. Por lo tanto un mensaje claro del estudio es el creciente interés por crear centros de innovación en la India.

Si analizamos la situación en Europa podemos observar que de los 12 nuevos centros de innovación que se han inaugurado en Europa, la mitad han ido a parar a Reino Unido y el resto se reparten entre Francia, Alemania e Irlanda. Lamentablemente en el estudio no se menciona a España y este es un tema que nos debemos tomar muy en serio ya que éste país podría ser un destino ideal para que las empresas creasen centros de innovación. Un ejemplo resaltable es la labor que realiza la Fundación I+E que representa el compromiso de empresas multinacionales con el desarrollo de inversiones y actividades de I+D+i en España. Pero nos podemos preguntar qué objetivos persiguen las empresas a la hora de crear centros de innovación y qué modelos utilizan. Con relación a los objetivos perseguidos el principal es la asociación con ecosistemas (51%). Otro objetivo muy importante es la innovación de productos y el desarrollo de conceptos (28%). En respuesta a la segunda pregunta la mayoría de los centros de innovación funcionan como aceleradoras de startups para fomentar el desarrollo de tecnologías (55%) y como laboratorios internos de innovación de las empresas (33%). A la hora de evaluar el éxito de estas iniciativas Capgemini propone una pirámide de unos 10 factores críticos de éxito que culminan con el objetivo final de extender la innovación por toda la empresa.

Sobre este tema podíamos leer hace menos de un año otro interesante artículo de Steve Blank sobre la evolución de la I+D+i en las empresas a lo largo de cuatro periodos. El primer periodo comprende desde 1870 hasta 1920 y se caracteriza porque la innovación sucedía fuera de las grandes empresas a través del esfuerzo de inventores, emprendedores y pequeñas empresas que vendían sus invenciones y patentes a las grandes empresas. Inventores de la talla de Thomas Edison y Graham Bell formaron parte de este periodo. El segundo periodo trascurre desde 1920 hasta 1990 y se caracteriza porque las grandes empresas crearon sus propios centros de I+D internos (Corporate R&D Labs). Algunos ejemplos incluyen GE, DuPont, Bell Labs, IBM Research, 3M, Xerox PARC y Kodak Labs. El tercer periodo abarca desde 1990 hasta nuestros días y se caracteriza por la irrupción de la era de las TICs. En este periodo las estrategias corporativas de innovación se enfocaron en invertir y comprar startups. Para ello las empresas desarrollaron grupos de capital riesgo y desarrollo de negocio. El último periodo trascurre desde el año 2010 hasta nuestros días y se caracteriza por la aparición de los centros de innovación identificados en el estudio de Capgemini. Se trata de incubadoras aceleradoras corporativas que trabajan con una mentalidad de innovación abierta con el objetivo de alcanzar esa innovación que de otra manera no sería posible.

En conclusión, podemos ver que los centros de innovación de las empresas van a crecer de forma inexorable con el objetivo de extender la innovación  a lo largo de la organización y van a seguir principalmente un modelo basado en la aceleración de startups internas y externas. Consecuentemente, podemos intuir que este auge de centros de innovación corporativos requerirá de profesionales que dominen la innovación, el emprendimiento y la tecnología. Previsiblemente los profesionales que aporten estas capacidades volarán alto en el futuro.

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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Enrique Borrajeros escribirá sobre temas relativos a la relación entidad – asesor, finanzas conductuales y tendencias y novedades en el asesoramiento financiero nacional e internacional.

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Francisco Márquez de Prado, analizará activos y productos financieros, con sus ventajas e inconvenientes, para cada tipo de inversor.

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Íñigo Petit tratará temas relacionados con la evolución de la industria de fondos de inversión y planes de pensiones y aspectos relacionados con la educación financiera

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