11 enero, 2017 | 09:00

El 2016 ha sido un ejercicio donde la economía y los mercados han evolucionado de menos a más y donde la volatilidad ha sido un factor omnipresente. Si bien los principales índices de renta variable han sido capaces de terminar el año con ganancias (Dax alemán +6,9%, CAC francés +4,9%, Eurostoxx 50 +0,7%, FTSE 100 inglés +14,4%, S&P 500 +9,5%, Nikkei 225 japonés +0,4%), el ejercicio ha resultado heterogéneo con algunos otros índices en negativo, especialmente los periféricos como el Ibex 35 español (-2%), el FTSE MIB italiano (-10,2%), el PSI 20 portugués (-11,9%) o también el Suizo SMI (-6,8%).

La gran sorpresa, sin embargo, ha venido por el lado de algunas regiones emergentes, donde gracias al mejor comportamiento de los mercados de materias primas hemos asistido a un ejercicio de ganancias muy abultadas, como las del RTSI ruso (+52,2%) o el Bovespa brasileño (+38,9%), entre otros.

Quizá este factor, el cambio de tendencia en los mercados de materias primas, ha sido el que ha propiciado un dispar comportamiento por sectores. En este sentido, la recuperación del precio del petróleo (+56% en 2016) ha supuesto un importante punto de apoyo para las firmas de Oil and Gas y otras compañías auxiliares. Otros sectores como el Químico o el de Construcción o materiales también han podido mostrar un comportamiento positivo. Por el contrario, hemos visto un mal comportamiento en compañías del sector financiero y bancario, aseguradoras, automóviles, telecomunicaciones, aerolíneas y viajes, o compañías de bebidas, entre otras.

Sin embargo, no sólo el petróleo tuvo una firme recuperación, otras materias primas como el azúcar, el gas natural, la soja, el aluminio o el cobre, junto con los metales preciosos, han disfrutado de buenas rentabilidades con las únicas excepciones del maíz y el trigo.

Si buscamos las causas que han propiciado la aceleración de la actividad económica, que se ha manifestado con mayor intensidad en el segundo semestre del año, es inevitable poner el foco en la intervención de los Bancos Centrales con sus políticas no convencionales de expansión cuantitativa. Los contundentes programas de estímulo implementados particularmente por el Banco de Japón y por el Banco Central Europeo, han provocado un comportamiento sostenido de los mercados de deuda en un entorno de tipos bajos, e incluso negativos, que han sido generalizados. Esto ha supuesto un alivio muy significativo en los costes de financiación de Gobiernos y Empresas. Como prueba de ello, cabe citar que la rentabilidad de los bonos alemanes a un plazo de 10 años ha pasado durante el año del 0,629% al 0,208% (tras haber hecho mínimos en el -0,20% en julio y octubre). También hemos visto descensos en el rendimiento exigido a los bonos españoles a 10 años cuya rentabilidad ha pasado del 1,77% hasta el 1,384%. Estados Unidos, sin embargo, ha sido el país que está liderando el proceso de normalización monetario, lo que se ha traducido en un leve incremento de las tires a 10 años desde el 2,29% hasta el 2,44%.

Lo más llamativo por su especial singularidad, no obstante, ha sido el comportamiento de las curvas de tipos en sus tramos más cortos, donde predominan los tipos negativos y lo que supone una penalización sin precedentes para los agentes que atesoran liquidez o activos seguros. Como muestra cabe citar que el tipo de las letras alemanas a un año ha pasado del -0,378% a principios de año hasta el -0,80%. Del mismo modo las letras del Tesoro en España pasaron de cotizar del -0,058% hasta un histórico tipo negativo del -0,349% a fin de año.

Esta respuesta de los bancos centrales a un contexto económico desafiante se hizo más necesaria aún a la vista de algunos acontecimientos inesperados que afectaron durante el ejercicio a las expectativas de crecimiento e inflación. Durante los meses de enero y febrero, los emergentes sufrieron de forma importante, afectados por unos precios del crudo aún muy débiles, por la falta de fortaleza de la demanda global y por la posibilidad de que la FED iniciase un endurecimiento de su política monetaria.

Factores que desataron un episodio sistémico de aversión al riesgo de alta volatilidad

El 24 de junio, en el acontecimiento probablemente más inesperado del año, el Reino Unido acordó en un referéndum su salida de la Unión Europea, generando una fuerte convulsión en los mercados financieros ante el temor de que ello provocase un escenario recesivo para la economía europea. La renta variable europea vivió momentos de pánico con caídas muy severas donde sufrieron especialmente los títulos con exposición a Reino Unido o a la libra esterlina. La intensa depreciación de más del 15% que ha sufrido la libra en 2016, sin embargo, ha impulsado el negocio de las compañías británicas con intereses en el exterior.

El otro gran evento que ha marcado 2016 han sido las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Estos comicios celebrados el pasado 8 de noviembre han condicionado de manera importante la actuación de la FED durante todo el año, dando lugar a cierta parálisis y una política de esperar para no interferir ni en la recuperación global ni en el proceso electoral. Finalmente, tras una campaña ruda y muy reñida, el candidato republicano Donald Trump se alzó con una estrecha y controvertida victoria que, a priori, los mercados no deseaban.

Lejos de causar algún tipo de inestabilidad o los augurios negativos que se habían previsto, la victoria de Trump indujo el mejor comportamiento visto hasta la fecha de los mercados al suponer un impulso al sector financiero, al sector farmacéutico y al sector constructor, entre otros. Las renovadas esperanzas de crecimiento e inflación eclipsaron la incertidumbre del nuevo gobierno o la amenaza de revisión de los tratados comerciales en los que participan los Estados Unidos. El nuevo entorno que se abre con mayor predominio de la factores inflacionistas marcaron un aumento temporal de pendientes en los tipos de interés y pesaron en el comportamiento de otros sectores afectados por las tires como las utilities, los valores inmobiliarios o las compañías más seguras, tipo distribución o consumo no cíclico.

Estos últimos acontecimientos, por el contrario, han supuesto un nuevo espaldarazo para el dólar, que ha finalizado el año prácticamente en la zona de máximos recientes contra el Euro en niveles de 1,05 $/eur tras haber alcanzado su nivel de mayor fortaleza en diciembre en los 1,035 $/eur.

Parece evidente que el año 2016 termina con una economía global en términos generales más fuerte y consolidada, con mayores expectativas de inflación, con indicadores adelantados y de sentimiento marcando máximos relativos, y con unas cotizaciones sostenidas a pesar de la volatilidad que ha caracterizado todo este período.

Alejandro Varela, Gestor en Renta 4 Gestora SGIIC

@AVarela_Madrid

28 diciembre, 2016 | 09:00

Muchos informes de análisis y recomendaciones de analistas (especialmente los analistas e inversores que utilizan herramientas técnicas y gráficos), utilizan para sus operaciones los stop loss. 

Los stop loss son puntos de salida en el que el inversor asume pérdidas limitadas en el caso de que el precio de una acción cotice por debajo (o por encima) de un determinado nivel de cotización. 

En mi opinión, esta herramienta de asumir pérdidas limitadas, tiene sentido solo en el supuesto caso que no se conozca el negocio, hecho, que para un inversor profesional que analiza y estudia las empresas en las que invierte, carece de sentido.

La filosofía de inversión de los fondos de Renta 4 Gestora, basada en el análisis del estado financiero de las empresas y proyecciones de los beneficios esperados de las empresas para calcular el valor teórico de una empresa o negocio, hacen que los stop loss carezcan de sentido. Es más, normalmente aprovechamos los momentos de nerviosismo de las cotizaciones de las empresas debido, muchas veces, a que saltan los stop loss de los sistemas automáticos, algoritmos, inversores o especuladores, para comenzar a construir una posición o acumular posiciones en una empresa cuya cotización deja la valoración de la empresa a valoraciones más atractivas. 

El slow finance, cuya nomenclatura refleja, una filosofía de inversión paciente y basada en el análisis fundamental en el largo plazo, basa las inversiones que se realizan en la composición de las carteras de los fondos de inversión que se gestionan, en el conocimiento de las empresas en las que se invierte, para "dormir tranquilo" y no estar preocupado con el vaivén de los mercados. Normalmente se aprovecha la volatilidad de los mercados y el precio de las acciones, para comprar negocios buenos y empresas bien gestionadas a precios más atractivos. 

Así, los stop loss dejan de tener sentido con nuestra filosofía de inversión, ya que no mantenemos empresas en la cartera de los fondos que no se conozcan. La pérdida, entendida como la posibilidad de tener minusvalías definitivas en una inversión, es muy improbable que se produzca si se ha realizado un análisis previo de las posibilidades (tanto positivas como negativas), que una inversión puede resultar en el futuro.

Como he dicho antes, si se conoce una empresa y al equipo de gestión de la misma, una corrección de su cotización que reduzca la valoración del negocio, nos aporta más confianza para comprar acciones a precios más baratos y valoraciones del negocio más bajas, lo que deja el potencial de revalorización de la cotización de la empresa, más alta. Justo lo contrario que ocurre cuando no se conoce la empresa ni el negocio. Cuando no se conoce el negocio ni la empresa, las caídas de la cotización en el mercado por cualquier noticia o evento, produce nerviosismo y desconfianza, y en ese caso se suele vender y asumir minusvalías definitivas, muchas veces, en el peor momento. 

En cualquier caso, aquel inversor que utilice herramientas de análisis técnico para sus inversiones sin preocuparse por entender el negocio y la valoración de la empresa en la que se han comprado acciones, sí que es lógico y comprensible, que resulte imprescindible utilizar herramientas como el stop loss para la gestión de las inversiones. En lo que discrepo es la forma de invertir en la que se excluye la comprensión de la compañía para ser accionista de la misma.

Javier Galán, Gestor de fondos de renta variable de España y Europa de Renta 4 Gestora.

21 diciembre, 2016 | 09:00

A lo largo de la historia, las empresas cotizadas con un componente familiar importante en su accionariado han obtenido rentabilidades mucho mayores que aquellas empresas que no tienen un accionista mayoritario familiar de referencia. Evidentemente hay excepciones, pero se ha escrito y analizado mucho sobre este tema y todas las conclusiones nos llevan a reconocer que las empresas cotizadas con familias con un porcentaje de acciones mayoritario obtienen mejores rentabilidades y mejores retornos sobre el capital. No es una opinión, es un dato objetivo.

¿Cuáles son los motivos para esta diferencia en la creación de valor a largo plazo entre tipo de empresas?

En el largo plazo, la variable más importante en la que nos fijamos los inversores para saber si una empresa es rentable a lo largo del tiempo es el ROCE o Retorno sobre el Capital Empleado. Una empresa que tiene décadas de historia crea valor a través de la distribución del capital y cash que genera el negocio a lo largo de los años. Por este motivo, donde se invierte el capital y qué rentabilidad se obtienen de las inversiones realizadas es la variable que mayor diferencia puede crear en la creación de valor, incremento de los beneficios y por tanto, rentabilidad de la cotización de las empresas. Si las empresas no invierten, el negocio se va muriendo, por ese motivo, los gestores de renta variable procuramos dar mucho valor al ROCE, ya que el grueso de las inversiones se hace a largo plazo, asumiendo que uno es accionista de la empresa para muchos años.

Es evidente, que los directivos de una empresa familiar, suelen invertir en su negocio con una visión industrial y suelen tomar decisiones basadas en el mayor beneficio que se le puede obtener a la empresa de la que son máximos accionistas. Los criterios de prudencia, foco en el negocio de la empresa, retribución de los empleados y menores riesgos asumidos en la toma de decisiones a la hora de distribuir e invertir el capital, son alguna de las razones por las que las empresas familiares suelen crear mayor valor que las que no lo son.

Los incentivos de algunos directivos son perversos y a veces priman más el crecimiento de las ventas o el ser una compañía grande, pero quizás acosta de una menor rentabilidad e incluso de decisiones de inversión (compras de empresas o negocios), que destruyen valor para los accionistas. Las empresas familiares suelen tomar decisiones más enfocadas a la creación de valor para los accionistas (que son ellos mismos también), que en objetivos ambiciosos de tamaño o crecimiento.

Quizás por los motivos señalados, las empresas familiares suelan tener mejores márgenes, menores niveles de endeudamiento, mayores retornos sobre el capital, mayores retornos sobre las inversiones que se realizan, menor volatilidad de sus beneficios operativos, mayor control de costes, mayor estabilidad de los márgenes o mayor disciplina. Al fin y al cabo, un inversor que invierte en una compañía donde la mayor parte del capital está en manos de una familia, sabe, que los intereses de los accionistas y los directivos, no pueden estar más y mejor alineados.

Javier Galán, Gestor de fondos de renta variable de España y Europa de Renta 4 Gestora.

14 diciembre, 2016 | 09:00

Desde que me hicieron responsable de la gestión de los fondos de inversión de renta variable europea y española de Renta 4 Gestora y especialmente desde 2009 (después de la crisis de Lehman Brothers con correcciones de las bolsas de más del 50%), decidí que era muy relevante que los partícipes de los fondos que gestiono se sientan dueños de una parte de los fondos. Para ello, comencé a incrementar la transparencia de los fondos emitiendo informes mensuales e incluso comunicando cualquier evento o noticia relevante cuando se daba.

No es lo mismo tener un extracto bancario de las participaciones y el valor patrimonial de las mismas, que ver la composición de la cartera recurrentemente, con sus principales ratios de valoración, el comentario del gestor de cuáles son los motivos por los cuales se compra o vende las acciones de una empresa que está en cartera, contabilizar los dividendos que se cobran de las empresas de las que el fondo es accionista, ver la distribución sectorial y geográfica habitualmente, ver cuáles son las empresas que más han aportado a la revalorización del valor liquidativo del fondo y aquellas otras que no han tenido un buen comportamiento y por qué se decide mantenerlas en cartera, e incluso saber que espera el gestor del fondo de inversión para los próximos meses. Al final, lo que intenté es realizar un ejercicio de transparencia que es lo que yo mismo pediría para mí mismo si invirtiese en un fondo de inversión que gestiona un tercero.

Todos los meses se realizan las fichas en la que los partícipes pueden ver en una hoja las principales variables de rentabilidad y de gestión del fondo. Todos los meses hago un esfuerzo por redactar un informe de seguimiento más extenso que las fichas en las que se analiza muy detalladamente el comportamiento del fondo y que esperar del mismo en el futuro más predecible. E incluso comprometerme con canales más actuales como redes sociales, artículos en medios de comunicación, conferencias por ciudades, redacción de correos electrónicos aclaratorios e incluso disponibilidad telefónica en la manera de lo posible, para acercar los productos de inversión de renta variable que gestiono a los partícipes actuales, los que ya no lo son, y los potenciales.

En mi opinión, hacer más transparente la gestión y acercar la gestión que se hace del patrimonio de terceros siempre me ha parecido esencial. Obviamente, yo soy el primer partícipe de los fondos de inversión que gestiono y todo el ahorro que voy generando, lo invierto en "mis" fondos porque creo que es la manera más coherente de actuar cuando se gestiona patrimonio de terceros y, por supuesto, porque confío en mi filosofía de inversión y creo que puedo obtener retornos muy atractivos con un riesgo sustancialmente menor que el de la competencia y los índices de renta variable. Pero si no fuese el responsable de la gestión, y fuese partícipe, me gustaría que se me transmitiera lo máximo posible sobre las decisiones que se toman con el patrimonio que delego para su gestión. Solo intento ser coherente conmigo mismo.

Javier Galán, Gestor de fondos de renta variable de España y Europa de Renta 4 Gestora.

07 diciembre, 2016 | 09:00

Cuando voy a hacer una conferencia, suelo mostrar a la audiencia algunas de las ideas de inversión en renta variable en las que tengo más convicción. Incluso reduciendo a 10 o 15 ideas la exposición, siempre creo que no les estoy haciendo ningún favor. Las buenas ideas pueden ser malas al cabo del tiempo, e incluso se concentra demasiado una cartera de acciones con tan solo 10 o 15 empresas. 

Los fondos de inversión que gestiono tienen más de 50 compañías en cartera, y la información de la que dispongo para tomar las decisiones de inversión en las empresas es infinitamente más alta de la que pueda tener un partícipe estándar. Aunque no roto excesivamente la cartera, la cartera rara vez es la misma mes a mes, y no digamos ya año a año. Los motivos de los cambios de invertir en una empresa y desinvertir de otra tienen mucho que ver con el comportamiento de la cartera, con los resultados empresariales de las compañías de las que se es accionista, o de la información que tengo de las empresas después de reunirme con algún miembro del equipo directivo de las mismas. Eso lo puede hacer un profesional de gestión de activos, pero es imposible que un empleado, ahorrador, jubilado, etc, pueda llegar a tener toda esa información, por mucho que se empeñe.

No se puede invertir en acciones sin saber a qué se dedica, que perspectivas tiene, que beneficio se espera que obtenga en el futuro, cuál es el balance, los márgenes, la distribución geográfica de sus ventas, cuáles son sus ventajas competitivas, y un largísimo etcétera, que es imposible que un particular pueda llegar a conocer.

Y por último, la diversificación de un fondo de inversión proporciona un control de riesgo que un particular que invierta en acciones por su cuenta es difícil que pueda tener. Por ejemplo, una equivocación en la inversión de una empresa que tiene un peso del 1% en un fondo de inversión de bolsa, en el peor de los escenarios le supondrá al fondo una minusvalía del 1%, pero un particular es casi imposible que tenga 50 o 60 empresas en cartera, por lo que si tiene 5 empresas en cartera, una equivocación le puede suponer una pérdida del 20%, o si tiene 10 empresas, del 10%, mucho mayor que la que tendría un fondo de inversión que por obligación debe estar diversificado.

Javier Galán, Gestor de fondos de renta variable de España y Europa de Renta 4 Gestora.

30 noviembre, 2016 | 09:00

En el proceso de inversión que seguimos los gestores de renta variable en Renta 4 Gestora, tenemos varias variables que consideramos básicas y que no hay ni una sola empresa que compongan la cartera de los fondos de inversión que no conozcamos.

Para valorar si una empresa está cara o barata en términos de beneficios en los próximos meses o años, nos fijamos en el PER, EV/EBITDA y los márgenes en relación al sector y a su propia historia. Pero esto solo nos da un dato de los beneficios que genera una empresa en relación a su capitalización y a su valor de empresa.

El nivel de endeudamiento lo seguimos preferiblemente sobre la deuda total sobre los recursos propios y la deuda neta sobre el EBITDA. Los datos no son estáticos, hay que procurar valorarlos con su historia, con su capacidad de generación de caja, con la capacidad de desapalancamiento, con sus niveles de necesidades de inversión, con la estabilidad de los ingresos y los márgenes si la empresa tiene mucha deuda, etcétera.

La variable en la que hacemos más hincapié es en la generación de caja después de inversiones, pago de intereses de la deuda, impuestos y activo circulante. Con el cálculo del Free Cash Flow somos en algún caso un poco obsesivos, pero lo consideramos la variable más importante a la hora de acercarnos a una valoración razonable del negocio o de la empresa. Para nosotros la capacidad de generar caja de una empresa es mucho más importante que la generación de beneficio. Es más, preferimos una empresa que no genere mucho beneficio pero que sí genere mucha caja, en última instancia pagará menos impuestos.

Detenernos en el Retorno del Capital Empleado que tiene una empresa, que ha tenido y que esperamos que tenga en el futuro más predecible es una análisis que se aprende con el tiempo. Se aprende realmente, cuando te das cuenta de la capacidad de generación de crecimiento de beneficio de una empresa con ROCEs altos en comparación con empresas que tienen ROCEs muy bajos, y se entiende porque existen empresas que crean valor a lo largo del tiempo y por qué las hay que crean poco o incluso destruyen. Lo más llamativo del análisis del Retorno sobre el Capital Invertido, es la correlación espectacular que hay sobre las empresas y su revalorización bursátil cuando los retornos son altos, y la caída de las cotizaciones de las empresas cuando sus retornos sobre lo invertido son muy bajos.

Otras variables también importantes son los márgenes operativos, unidos a su sostenibilidad, recurrencia y volatilidad de los mismos. El apalancamiento operativo de la empresa y capacidad para exportar su know-how a otros sectores o áreas geográficas. Las perspectivas en el crecimiento de las ventas, su poder de fijación de precios, su situación competitiva dentro del sector en el que opera, las barreras de entrada o el alineamiento de los intereses de los directivos con sus accionistas, son otras de las muchas variables que nos obligamos a conocer antes de acometer cualquier inversión en una empresa cotizada.

Javier Galán, Gestor de fondos de renta variable de España y Europa de Renta 4 Gestora.

23 noviembre, 2016 | 09:41

Habitualmente analizo los ratios de valoración de las carteras de los fondos que gestiono. Siempre me parece muy interesante fijarme en la columna del ROCE que tienen las empresas que componen la cartera. 

El retorno sobre el capital empleado o invertido (ROCE) nos muestra la capacidad que tiene una empresa para generar rentabilidad en forma de beneficio por cada euro que se invierte (capex).

De las empresas que tengo en cartera, algo más de la mitad de la cartera son compañías que considero de alta calidad y que reinvierten parte de los beneficios que generan para volver a crecer desde una base de comparación superior. En general son compañías globales, defensivas, con ventajas competitivas o inmersas en tendencias de crecimiento estructurales. La mayoría de esta parte de la cartera del fondo español que gestiono: Renta 4 Bolsa FI y del fondo de renta variable europea: Renta 4 Valor Europa FI, tienen ROCEs notablemente por encima de su coste de capital, y también muy superior a la del resto del mercado.

Cuando comparo el comportamiento bursátil de las empresas cuyos ROCEs son muy altos con empresas con ROCEs bajos o muy bajos, queda retratada nítidamente la creación de valor que genera para sus accionistas y por qué, permanecer invertido en estas empresas, aunque en algún caso estén más caras que el resto del mercado, está justificado si consiguen mantener el ratio del ROCE en niveles elevados.

Blog5d

A continuación muestro 2 gráficos de compañías que consideramos que son de alta calidad que tenemos en cartera de RENTA 4 BOLSA FI o RENTA 4 VALOR EUROPA FI a largo plazo y los comparo con otras empresas que también tenemos en cartera, pero no por ser quality compounders, sino porque creemos que las empresas a pesar de tener unos bajos ROCEs, están baratas o tienen mucho potencial a nuestra valoración objetivo de su negocio (recordad que la gestión de ambos fondos están basados en la inversión del entorno 50%-60% en quality compounders y 40%-50% bajo la filosofía del value investing).

Parece evidente que las empresas donde tenemos que es estar invertido a largo plazo son en Unilever e Inditex, compañías con retornos sobre el capital invertido superiores al 20% y 40% respectivamente los últimos 10 años. Alstom y Acerinox no las tenemos en cartera por considerar que sean empresas con ROCEs altos, sino porque en nuestra opinión, existe elevado potencial a una valoración razonable de su negocio.

Javier Galán, Gestor de fondos de renta variable de España y Europa de Renta 4 Gestora.

Habitualmente analizo los ratios de valoración de las carteras de los fondos que gestiono. Siempre me parece muy interesante fijarme en la columna del ROCE que tienen las empresas que componen la cartera. 

El retorno sobre el capital empleado o invertido (ROCE) nos muestra la capacidad que tiene una empresa para generar rentabilidad en forma de beneficio por cada euro que se invierte (capex).

De las empresas que tengo en cartera, algo más de la mitad de la cartera son compañías que considero de alta calidad y que reinvierten parte de los beneficios que generan para volver a crecer desde una base de comparación superior. En general son compañías globales, defensivas, con ventajas competitivas o inmersas en tendencias de crecimiento estructurales. La mayoría de esta parte de la cartera del fondo español que gestiono: Renta 4 Bolsa FI y del fondo de renta variable europea: Renta 4 Valor Europa FI, tienen ROCEs notablemente por encima de su coste de capital, y también muy superior a la del resto del mercado.

Cuando comparo el comportamiento bursátil de las empresas cuyos ROCEs son muy altos con empresas con ROCEs bajos o muy bajos, queda retratada nítidamente la creación de valor que genera para sus accionistas y por qué, permanecer invertido en estas empresas, aunque en algún caso estén más caras que el resto del mercado, está justificado si consiguen mantener el ratio del ROCE en niveles elevados.

A continuación muestro 2 gráficos de compañías que consideramos que son de alta calidad que tenemos en cartera de RENTA 4 BOLSA FI o RENTA 4 VALOR EUROPA FI a largo plazo y los comparo con otras empresas que también tenemos en cartera, pero no por ser quality compounders, sino porque creemos que las empresas a pesar de tener unos bajos ROCEs, están baratas o tienen mucho potencial a nuestra valoración objetivo de su negocio (recordad que la gestión de ambos fondos están basados en la inversión del entorno 50%-60% en quality compounders y 40%-50% bajo la filosofía del value investing).

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Parece evidente que las empresas donde tenemos que es estar invertido a largo plazo son en Unilever e Inditex, compañías con retornos sobre el capital invertido superiores al 20% y 40% respectivamente los últimos 10 años. Alstom y Acerinox no las tenemos en cartera por considerar que sean empresas con ROCEs altos, sino porque en nuestra opinión, existe elevado potencial a una valoración razonable de su negocio.

Javier Galán, Gestor de fondos de renta variable de España y Europa de Renta 4 Gestora.

16 noviembre, 2016 | 09:00

En la gestión de los fondos de inversión que gestiono, no suelo prestar mucha atención a los datos macroeconómicos que se están dando o los que se esperan. El objetivo de la gestión es encontrar empresas con ventajas competitivas, a precios razonables, con crecimiento esperado o con bajo endeudamiento entre otras muchas cosas.

JG1

En general, gran parte de las empresas donde estamos invertidos son empresas globales, es decir, que venden sus productos y servicios, por todo el mundo, por lo que la diversificación macroeconómica geográfica, está bastante garantizada, y además confío en que estas empresas sepan gestionar tanto los ingresos como la estructura de costes si fuese necesario.

Fijaos en el siguiente gráfico del PIB Mundial:

JG2

Está en continuo crecimiento y apenas se detiene algún año, por lo que la macro de un área geográfica particular no debería preocuparme mucho (ni a los partícipes de los fondos entre los que me encuentro), mientras una parte importante de la cartera esté invertida en empresas con exposición a sus ventas globalmente.

Lo que más tenemos que vigilar los gestores y/o inversores en renta variable a largo plazo, es la posible sobre-valoración que puede existir, o no, de las valoraciones que el mercado hace a nuestra cartera de acciones.

 

Javier Galán, Gestor de fondos de renta variable de España y Europa de Renta 4 Gestora.

09 noviembre, 2016 | 09:00

Desde 1950 "solo" hemos asistido a 9 recesiones en EEUU. Es decir, en los últimos 66 años se han vivido una recesión cada 7,33 años. 

Las bolsas sin embargo, como dice el dicho, han intentado descontar 20 o 30 recesiones de las últimas 9......es decir, el mercado muchas veces sufre correcciones más o menos significativas con la intención de descontar una posible recesión, que posteriormente no se produce, por lo que los mercados reaccionan con revalorizaciones que recuperan y sobrepasan esas correcciones. 

Javiergalan1

Lo más importante para detectar un mercado bajista o una corrección superior al 25% de las bolsas, es detectar si puede haber recesión en los próximos meses o no. Si se acierta en la previsión de recesión de las economías, realmente se puede obtener un beneficio espectacular, pero también hay que reconocer que las recesiones son difíciles de prever, y sobre todo, es imposible saber, cuando el mercado va a descontar una recesión que después se produce realmente.

En mi opinión, se acierta muchas veces, cuando se aprovecha a incrementar la exposición a bolsa (vía fondos de inversión o acciones), siempre que hay correcciones superiores al 10% o 15%, porque habitualmente el mercado estará intentando descontar una recesión, que probablemente no se produzca, por lo que la corrección se recupera más o menos rápido en las semanas o meses posteriores.

Por este motivo insisto como en el título de este artículo: Si no hay recesión no hay corrección. Bueno, realmente, habría que decir: "si no hay recesión, no hay crash" ya que correcciones hay muchas, pero crash, hay muy pocos. Aunque los medios de comunicación nos quieran dar a entender que cada muy pocos meses se avecina un crash....en general no es mala táctica, comprar bolsa siempre que haya una corrección relevante, porque aunque el mercado acierte, y tengamos una recesión, ya se habrá recorrido una parte importante de la tendencia bajista.

Javier Galán, Gestor de fondos de renta variable de España y Europa de Renta 4 Gestora.

Sobre los autores

Celso Otero (gestor de los fondos Renta 4 USA, Renta 4 Asia y Renta 4 Japón) escribirá sobre Asia, Japón y EEUU

Ignacio Victoriano (gestor de los fondos de renta fija de Renta 4) compartirá su visión sobre los tipos de interés, prima de riesgo, etc…

Alejandro Varela (gestor de Renta 4 Latinoamérica y Alhambra) dará su punto de vista sobre Latinoamérica y la situación de los mercados.

Javier Galán (gestor de los fondos de renta variable de España y Europa), opinará sobre empresas y sectores de la economía europea y española.

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