07 febrero, 2018 | 11:25

Y en realidad no debería sorprendernos en absoluto, dado que se trata de la forma natural que tienen de comportarse los mercados de renta variable. Por fin, los índices americanos están registrando su peor comportamiento de los últimos años, una circunstancia largamente esperada por muchos, sin que ello necesariamente venga a significar que los descensos se vayan a extender en el tiempo y se haya marcado un cambio de tendencia a largo plazo.

Los recortes, no obstante, han coincidido curiosamente con la escalada en rentabilidad de los bonos americanos a 10 años, que tocaron su mayor nivel en cuatro años hasta el 2,85%. Por tanto, atribuir las caídas en las bolsas al cambio de ciclo en política monetaria, no por simplista, deja de parecer lo más lógico. Ya venía tocando.

Graf varela

Fuente: ft.com

Venía tocando suponer que, si la economía está tan bien, con un ritmo de expansión global previsible (al menos el FMI así lo apunta) cercano al 4%, hay que dejar de estimular ya a los mercados con financiación gratuita. La enorme complacencia que han mostrado las bolsas durante el último año, no debe inducirnos a error ni a excesos de confianza, y sería bueno tomar inmediatamente nota de ello para que los mercados en 2018 no nos pillen por sorpresa.

La volatilidad exhibida por los precios de los activos de riesgo en 2017 fue extraordinaria e inusualmente baja, a pesar de la incertidumbre política, del Brexit, del proteccionismo comercial y de los desafíos militares de Corea del Norte, entre otros riesgos. Los mercados de bonos y de acciones se han desenvuelto hasta ahora bajo los efectos anestésicos de la actuación de los bancos centrales, empeñados en adulterar las condiciones de liquidez.

Así, los índices han alcanzado unas valoraciones que se me antojan, cuanto menos, poco atractivas.

¿Significa esto que las bolsas no pueden seguir subiendo? No necesariamente. Cuando discutimos sobre precios y valoraciones de activos, a menudo ocurre que un activo que se paga caro (un inmueble, una obra de arte, o las acciones de una empresa) puede seguir cotizando e intercambiándose a precios más caros más adelante hasta pasado algún tiempo. Las dinámicas del mercado funcionan así. Aunque no estamos hablando de cuerpos físicos, los flujos tienen cierta inercia y debemos tener presente que las condiciones financieras actuales han empujado ya a muchos inversores a invertir de esta manera, pagando sin mirar, ante la falta de alternativas.     

Conviene tener presente, que si las condiciones de liquidez cambian, la actitud de los inversores también va a cambiar, al tiempo que variarán los retornos esperados para las inversiones y las valoraciones de los analistas. Todo esto debe hacernos reflexionar y ponernos en alerta para adoptar una razonable actitud de cautela a la hora de asignar nuestro dinero. En el futuro, hay que prepararse para asistir a una mayor volatilidad.

 

Alejandro Varela, CIIA | Gestor del Fondo Renta 4 Renta Fija Mixto en Renta 4 Gestora

 

17 enero, 2018 | 12:41

Las perspectivas para 2018 apuntan a un buen fondo macroeconómico, con un escenario de crecimiento económico sincronizado. Suave expansión en países desarrollados (pendientes de impacto Brexit y estímulos fiscales en Estados Unidos), y aceleración del crecimiento en emergentes (economías como Brasil o Rusia confirmando la salida de la recesión). No obstante seguirá siendo un crecimiento moderado, en términos históricos.

Los resultados empresariales continúan con su recuperación a nivel global de la mano de la positiva evolución del ciclo económico, un mayor apalancamiento operativo y condiciones financieras favorables. En el caso de Europa, el consenso estima un crecimiento anual cercano al 10% en los beneficios por acción del Eurostoxx 600, que siguen claramente por debajo de niveles de 2007/08 (mientras que Estados Unidos está muy por encima). Si bien una parte se explica por composición sectorial, consideramos que este gap debería tender a reducirse en cierta medida en próximos ejercicios.

En este escenario, creemos que es muy probable que tengamos un año 2018 de intensa actividad corporativa en Europa. Supondría una continuidad a lo visto en 2017, año en el que vimos un incremento de doble dígito en tamaño total de operaciones corporativas en el viejo continente, a pesar de la incertidumbre política (elecciones en Holanda, Francia, Alemania) y de una caída de volúmenes de M&A a nivel global (especialmente visible en Estados Unidos, principal mercado). La actividad en Europa fue especialmente fuerte en la primera mitad de año, y estuvo protagonizada por compradores europeos (que compensaron la reducción de compradores asiáticos). El año estuvo caracterizado por un número relativamente alto de grandes operaciones (70 operaciones por encima de 1bn EUR), y la prima pagada estuvo ligeramente por debajo de años anteriores (algo que se puede explicar parcialmente por los mayores niveles de cotización). Operaciones transfronterizas de gran tamaño no salieron adelante, como Kraft con Unilever, o PPG Industries con Akzo Nobel. Pero otras operaciones intra-europeas sí han podido llevarse a cabo, como Luxottica (adquirida por Essilor), Uniper o Zodiac.

Varias son las razones que nos hacen creer que el nivel de actividad corporativa seguirá siendo intenso en Europa en 2018. 1) El contexto macroeconómico es favorable, con mejora de la confianza del consumidor en Europa; 2) reducción de la incertidumbre política; 3) La compañías europeas tienen balances fuertes y saneados; 4) el coste del crédito corporativo nunca ha estado tan barato; 5) el mayor nivel y crecimiento en beneficios / flujos de caja (hay más caja en términos absolutos, y dentro de las políticas de uso de dicha caja, hay una parte que se dedica a crecimiento inorgánico). Históricamente, los volúmenes de operaciones corporativas han estado positivamente correlacionados con la confianza del consumidor y el comportamiento de los mercados bursátiles europeos (y al contrario, la correlación es negativa con incertidumbre política y los índices de crédito High Yield).

Si bien no invertimos en una compañía por la probabilidad de que sea objeto de operación corporativa, en ocasiones nos beneficiamos de dicha actividad, que permite reflejar su correcto valor intrínseco. A lo largo de 2017 hemos visto como nuestros fondos de renta variable española y europea se han beneficiado, con compañías como Abertis, OHL (tras el anuncio de venta de su filial de concesiones) o NH Hoteles (acercamiento de Barceló) en España. En Europa, cabe mencionar los casos de Havas o Refresco Group. Al mismo tiempo, el mercado ha premiado a algunas compañías compradoras, que han realizado adquisiciones con elevado sentido estratégico, sinérgico y financiero. En España, los casos más notorios son Fluidra y Vidrala, compañías excelentes, líderes en sus sectores, que han realizado operaciones que permiten reforzar dicho liderazgo, aumentar sus ventajas competitivas y mejorar su rentabilidad en el medio-largo plazo.

¿Qué valores podrían ser objetivo de M&A? En España, creemos que compañías como Talgo, DIA, Cellnex o Euskaltel tienen mayor probabilidad de ser compradas. En Europa, identificamos compañías como Shire, KION, Europcar, Smith & Nephew, Gerresheimer, Glanbia, Elekta o Ingenico. Desde un punto de vista sectorial, tecnología, medios de pago, ciberseguridad, inmobiliario o farmacia/biotecnología podrían seguir protagonizando las operaciones. En muchas ocasiones, si el mercado ignora los fundamentales y precio atractivo de una compañía, es probable que alguien tome “acción”.

 

David Cabeza | Gestor de fondos de inversión de Renta 4 Gestora SGIIC

03 enero, 2018 | 12:47

Comenzamos un año nuevo que no parece que vaya a ser fácil de gestionar. Realmente, casi ningún año lo es, especialmente si queremos calcular cuál será la rentabilidad de un activo tan volátil e impredecible como la cotización de la bolsa, en un periodo de tan solo 12 meses. Sería más sencillo calcular la rentabilidad de una cartera de acciones a 5 años que a 1 año, pero en cualquier caso, vamos a intentar ver las variables más relevantes que tenemos que ponderar para tomar nuestras decisiones de inversión.

En el año 2017, hemos trabajado con una de las menores volatilidades que recordamos, apoyado en una macroeconomía que nos ha aportado muchas buenas noticias: crecimiento mundial superior al 3,7%, Europa creciendo alrededor del 2%, inflación baja para los crecimientos del PIB y de los beneficios empresariales y unos tipos de interés que, a pesar de que empiezan a repuntar (especialmente en EEUU) siguen muy bajos en términos históricos en casi todas las áreas geográficas relevantes. E incluso, tires negativas en una parte enorme de emisiones de bonos de renta fija en el Viejo Continente, que sigue siendo un evento que seguro que nuestros hijos y nietos estudiarán con asombro dentro de unas décadas.

Este escenario descrito ha provocado que los mercados de renta variable se hayan movido en terreno positivo durante todo el año, con subidas muy relevantes en EEUU y más moderadas en Europa, lastrada por su menor peso en el sector tecnológico y mayor peso en sectores con menos potencial de crecimiento como el sector financiero, eléctrico, media y ventas al por menor. En realidad ha sido un año el que ha subido casi todo; renta variable de prácticamente cualquier área geográfica, pero también renta fija y materias primas.

Para 2018 esperamos un escenario parecido en un primer momento, aunque con más riesgos que en 2017 por la madurez del ciclo en el que nos encontramos a nivel macroeconómico y empresarial. También por las valoraciones de los mercados de capitales, que dejan poco margen de error al resultado económico de los próximos meses.

De hecho, a nivel bursátil, 2017 lo empezamos en unas valoraciones de las bolsas europeas parecidas a la actual. Los beneficios de las empresas europeas, con 3 trimestres ya reportados, han mejorado en más de un 12%, y sin embargo, las bolsas europeas apenas se revalorizan un 8%, lo que significa que las bolsas están más baratas de lo que estaban allá por enero de 2017 (las cotizaciones han subido menos que la mejora de los beneficios).

Comenzamos 2018 con un fondo muy positivo, niveles de crecimiento muy cerca de los máximos (IFO, ISM, PMIs, empleo, confianza empresarial, confianza del consumidor y beneficios), y si atendemos a los bajos niveles de volatilidad, cierta complacencia de los agentes económicos.

A 14x PER’18e; >3,6% rentabilidad por dividendo o 1,6x P/VC, las bolsas europeas deberían aportarnos una rentabilidad de doble dígito al finalizar el año, incluyendo los dividendos, es decir, la rentabilidad esperada coincide con el crecimiento de los beneficios esperados. No son valoraciones que nos deban asustar ya que, aunque las bolsas europeas no estén tan baratas como lo estaban hace unos años, dejan suficiente recorrido para que, si la economía mundial sigue su curso, volvamos a tener un año de rentabilidades atractivas.

 
Captura

Ahora bien, las valoraciones, si no se confirman las expectativas de crecimiento de los beneficios, no dejan margen para la revalorización ya que empezamos el año con un PER’17 de 16x en Europa y de casi 20x en EEUU y en Japón.

Los márgenes se han recuperado muy rápidamente hacia los máximos del anterior ciclo expansivo de la economía, allá por el final de 2007 y principio de 2008. Los niveles de inversión siguen siendo los más bajos en 30 años, las empresas siguen con unos niveles de endeudamiento moderado, las operaciones corporativas, a pesar de que han repuntado con fuerza en EEUU, no ha sido así en Europa. El euro ha dejado de servir de catalizador al rebotar desde los mínimos del primer trimestre de 2017 y ser viento de cara para los próximos meses. El rebote de las materias primas ya no va a servir de catalizador positivo a estos niveles de precios. El comienzo del fin del periodo de mayor expansión monetaria de la historia está a punto de llegar a su fin en Europa durante 2018, y por último, el endeudamiento de la economía China es sustancialmente más elevado que hace una década, lo que genera mucha incertidumbre de la salud económica de la economía China y la repercusión de una desaceleración acusada de la misma en el resto del mundo.

Si todas las variables que este año hemos tenido alineadas mantienen su pulso, volveremos a tener un año de rentabilidades atractivas en las bolsas europeas. Pero los riesgos son más elevados que en los últimos años en la medida que el ciclo económico ha madurado. Sería razonable esperar un repunte de la volatilidad y episodios de mayor nerviosismo, con correcciones más severas de las vividas los últimos 20 meses, dado que el margen de seguridad que procura/debe buscar un inversor de renta variable se encuentra lejos de los niveles actuales.

Para los que somos inversores/ahorradores a largo plazo en renta variable, las posibles correcciones que podemos tener a lo largo del 2018, nos brindarán buenas oportunidades para incrementar nuestra exposición a bolsa a valoraciones que nos den más tranquilidad y más potencial de revalorización. Si no las hay, es conveniente seguir teniendo un porcentaje de nuestros ahorros en la bolsa europea, porque sigue siendo el activo más atractivo en cuanto a su valoración a día de hoy y el más rentable en el largo plazo.

Los que nos regimos por el análisis fundamental, vemos con preocupación las valoraciones de la mayoría de los activos financieros (renta fija soberana, renta fija corporativa y renta variable). Cierto es, que si se cumplen las expectativas de crecimiento e inflación, los mercados deberían mantener su tendencia positiva y de apreciación, pero es difícil que se mantenga el mismo ritmo de aceleración en la mejora de las variables económicas.

Para los próximos meses, vemos 3 posibles escenarios que se resumen en los siguientes puntos:

  1. Si la inflación se mantiene baja y el crecimiento del PIB mundial permanece por encima del 3%-3,5%, los retornos de renta fija serán bajos pero positivos y las revalorizaciones de las bolsas deberían estar en línea con el crecimiento de los beneficios empresariales, que cada vez será menor al estar en máximos los márgenes de las compañías y las valoraciones ser suficientemente exigentes como para no producirse un re-rating o encarecimiento de las valoraciones de los activos de renta variable. La volatilidad seguirá baja hasta que el ciclo económico expansivo llegue a madurez total y tengamos la próxima recesión, pero ésta puede venir en unos meses o en unos años.
  2. Incremento de la inflación hacia niveles preocupantes que hagan que los bancos centrales se apresuren a subir los tipos de interés y provoque una fuerte caída del precio de los bonos y también de la renta variable por contagio y repercusión de las valoraciones, en un escenario de mayores tipos de interés. La volatilidad en este caso debería incrementar significativamente en todo tipo de activos financieros.
  3. Si tuviésemos una recesión en los próximos meses, las bolsas corregirían anticipando la caída de los beneficios empresariales, los bancos centrales no subirían tipos e incluso la renta fija de mayor calidad crediticia podría seguir su apreciación. Los bonos high yield o bonos de peor calidad crediticia sufrirían mucho en precio (subirían las rentabilidades o tires) al incrementar la probabilidad de default en este tipo de emisiones.

El escenario más probable es el primero, por lo que como he comentado antes, creo que las bolsas nos volverán a dar alegrías en 2018. El escenario 3 es el menos probable, sobre todo si tenemos en cuenta la reforma fiscal a punto de aprobarse en el Senado de EEUU, con una bajada de impuestos no vista en más de 30 años. El segundo punto es algo más probable que el último punto y es en el que más atento debemos estar. La inflación y los tipos de interés son las dos variables macro-económicas que mayor vigilancia debemos prestar, por las enormes implicaciones en los activos tanto de renta fija como de renta variable tendrían.

En nuestro caso, como gestores de fondos de renta variable, la selección de compañías de alta calidad a valoraciones razonables y la selección de oportunidades de inversión en empresas que se queden muy infravaloradas, seguirá siendo la columna vertebral de la cartera de acciones de los fondos Renta 4 Valor Europa FI y Renta 4 Bolsa FI, que tan buenos resultados están aportando los últimos años a sus partícipes (entre los que, obviamente, me encuentro).

 

Javier Galán | Gestor de Renta Variable Europea en Renta 4 Gestora SGIIC

20 diciembre, 2017 | 12:09

Smart beta, beta estratégica, factor investing… ¿cuántas veces en los últimos meses hemos escuchado y leído sobre activos que invierten utilizando este tipo de estrategias? Pero lo más importante es que esta tendencia está aquí para quedarse y esto se refleja en los números. El patrimonio invertido en ETFs de beta estratégica a 30 de junio, superaba los 707.000 millones de euros bajo gestión, con un crecimiento anual del +30%. Por ello, en este artículo nos gustaría explicar cómo funcionan y cuáles son los diferentes factores, y por qué es considerada la tercera forma de gestionar activos, situándose justo entre la gestión activa y pasiva.

 

Carmen 1

 

¿Cuáles son las principales diferencias  y ventajas frente a la gestión pasiva y activa?

  • Mientras que la gestión pasiva solo pretende replicar la rentabilidad de los índices, la utilización de estrategias smart beta ha demostrado generar Alfa, es decir, una rentabilidad superior a los índices. Invertir en los diferentes factores (value, momentum, size, quality, volatility) ha supuesto obtener una prima frente al mercado a largo plazo.
  • Menores costes vs Gestión Activa. Los fondos que utilizan este tipo de estrategias cuentan con unas comisiones mucho más reducidas. Renta 4 Multifactor FI y Renta 4 Factor Volatilidad FI tiene una comisión de gestión y depositaría  del 0,5% y 0,1% respectivamente.
  • Mayor transparencia en la selección de Empresas, ya que eliminamos la subjetividad del gestor en la elección de las compañías, serán incorporadas en función de una serie de múltiplos definidos y preestablecidos.

Los factores más relevantes que utilizamos, para llevar a cabo la selección de activos y donde invertimos en nuestros nuevos fondos de renta variable europea, Renta 4 Multifactor FI y Renta 4 Factor Volatilidad FI, son los siguientes:

 

Carmen 2

 

  • Renta 4 Multifactor, FI (nivel de riesgo 5, de una escala del 1 al 7): Mayor flexibilidad a la hora de sobreponderar los diferentes factores (Value, Momentum, Quality, Size, Volatility) según el momento de mercado y del ciclo económico.
  • Renta 4 Factor Volatilidad, FI (nivel de riesgo 5, de una escala del 1 al 7): Invertimos mayoritariamente en compañías europeas con menor volatilidad (mínimo 70% en este factor) cuestionando la relación positiva y linear entre rentabilidad riesgo propuesta por el modelo CAPM. El objetivo del fondo es beneficiarse de la prima por baja volatilidad, pero sin dejar de lado factores como value y momentum, que servirán de apoyo a la estrategia principal. 

Pero ¿de dónde surge la inversión a través de factores? nos tenemos que remontar 70 años para entender la evolución de los modelos económicos. Antes de 1952, la única premisa que se utilizaba para invertir en los mercados era preguntarse ¿Cuál es la rentabilidad esperada de los distintos activos en los que quiero invertir? por lo tanto el inversor siempre basaba su decisión en “maximizar  la rentabilidad” Ej: Entre el activo A (5%); B (10%); C (3%) Invertían el 100% de su cartera en el B.

En 1952, llegó el gran cambio con el desarrollo de la teoría de carteras por parte de Markowitz, donde ya el inversor no solo se preguntaba cómo maximizar su rentabilidad, sino que también quería “minimizar el riesgo”, apareciendo el concepto tan importante e imprescindible de diversificación (no poner todos los huevos en la misma cesta).

En 1964 se desarrollo el modelo CAPM (Capital asset pricing model), que es un modelo lineal que contaba con un único factor Beta para calcular la rentabilidad esperada de un activo o cartera. Solo se consideraba la sensibilidad del activo respecto al mercado (Beta). Qué ocurre, que posteriormente han sido numerosos los estudios que han demostrado que esta teoría se basa en hipótesis poco observables en la realidad y que existen una serie de anomalías persistentes que pueden explotarse para generar una rentabilidad adicional. De hecho, Fama y French (1993) estudiaron el mercado estadounidense entre 1941-1990 y desarrollaron un nuevo modelo (Modelo de los tres factores de Fama y French)  donde incluían dos nuevos factores. Por un lado, un factor sobre el tamaño de las empresas (empresas con menor tamaño había obtenido recurrentemente mayores rentabilidades que las de mayor tamaño). Y por otro lado, otro factor de valor (PER, valor en libros/valor de mercado) donde ocurría lo mismo. Este nuevo modelo resultó estimar unas rentabilidades esperadas de una manera más consistente.

Y es aquí donde entra este nuevo tercer modelo de gestión Smart Beta, y es que, si se ha demostrado que existen una serie de anomalías que además son persistentes en los mercados ¿por qué no explotarlas y obtener una rentabilidad adicional al mercado?

 

Carmen Salud García Navarro, CFA | Gestor de fondos en Renta 4 Gestora SGCII

14 diciembre, 2017 | 13:29

Anteriormente, en otros artículos, se ha comentado la necesidad de una recesión para ver un cambio de ciclo en el mercado (Sin recesión, no hay corrección). Actualmente, si miramos los datos macro de los distintos países, vemos como no hacen más que mejorar trimestre a trimestre, y haría falta un evento importante para hacer variar la tendencia de la economía.

Los inversores nos centramos siempre en buscar esos “fantasmas” que podrían hacer variar esa tendencia y que pusiera en riesgo nuestras inversiones. Si analizamos la lista de riesgos, esta podría estar encabezada por una retirada inadecuada de estímulos monetarios por parte de los bancos centrales, causa que ha sido habitualmente la más común para generar una recesión.

Si seguimos analizando el inicio de las recesiones, vemos que tienen lugar cuando un evento determinado hace desaparecer parte de la riqueza de los hogares, como paso en el crack del 29, cuando millones de habitantes veían como se esfumaba total o parcialmente su patrimonio, por estar invertidos en el mercado de valores, o por la quiebra del banco donde depositaban sus ahorros. También lo vimos en el año 2000, cuando el pinchazo de la burbuja tecnológica provoco el empobrecimiento de los que se quedaron atrapados en ella. Lo mismo sucedió en el 2007 cuando la burbuja inmobiliaria se llevo por delante al sector financiero, y con el cayeron el resto de sectores. Podríamos seguir revisando la historia y viendo como la generación y pinchazo de burbujas se repite una y otra vez en la historia, y se seguirán repitiendo.

Creo que a la hora de entender las cosas y ver cómo funcionan, la mejor forma de entenderlas es simplificarlas al máximo, por ello me gustaría analizar el mercado de las criptodivisas como si se lo explicase a mi hijo de 6 años.

La generación de criptodivisas es similar a cuando unos niños se ponen a jugar a un juego y cuando acaba la partida al que gana le da un bitcoin. Este proceso le dirán que es más complejo, le hablaran de la minería, de la importancia de la tarjeta gráfica, el consumo de energía, la cadena de bloques. Pero en esencia la generación de criptodivisas viene dada por la solución a un problema. 

Ahora bien, ¿Cuánto estaría dispuesto a pagar al niño ganador de la partida por ese bitcoin? ¿1€?, ¿10€?, ¿100?, ¿1.000€?, ¿10.000€?... Al final al comprar una criptodivisa no vamos a recibir beneficios futuros, ni dividendos, ni cupones. Nuestra única rentabilidad se va a basar en la esperanza de subida de precios, y por la evolución del bitcoin igual parte del recorrido ya esta jugado, aunque nunca se puede saber hasta dónde pueden llegar los precios.

Actualmente la valoración total del mercado de criptodivisas se sitúa en el entorno de los 500.000 millones de dólares, siendo el valor del Bitcoin casi el 60% del mercado. Para los que dicen que el Bitcoin se puede ir a 100.000, y suponiendo que el resto de criptodivisas le siguen, supondrían multiplicar por más de 5 la actual valoración. Es decir unos 3 trillones (americanos) de dólares es decir un 75% de la base monetaria de Estados Unidos.

 

 

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Algunos datos que nos podrían hacer pensar que nos encontramos ante una burbuja:

Valoraciones irreales: En la crisis tecnológica, se pagaba elevadas cantidad de dinero por empresas que no habían ganado dinero nunca, en la inmobiliaria los precios de los pisos se colocaron en niveles elevados en función de los ingresos familiares. Actualmente el precio de intercambio de criptodivisas no se ve fundamentado por ningún valor, si no por mera especulación.

Excesivo optimismo. En la crisis inmobiliaria se decía que los pisos solo podían subir. Actualmente hablan de que el bitcoin se va a 100.000, que el número de bitcoins en limitado a 21 millones eso va a provocar que siempre suba.

Apalancamiento: En el crack del 29 existía un apalancamiento elevado en la compra de activos en los mercados financieros, en la crisis inmobiliaria de 2007, el nivel de endeudamiento de las familias era elevado. Actualmente se han empezado a  comercializar los futuros y opciones sobre bitcoin.

Sobreoferta de activos: Lo vimos en la crisis tecnológica, cuando una compañía se ponía un puntocom en su nombre subía con fuerza. En la crisis inmobiliaria se incremento la oferta de forma significativa. Si usted pensaba que el Bitcoin es la única criptodivisa que existe, siento comunicarle que actualmente hay más de 1350 criptodivisas, y el número sigue aumentando, si quiere puede usted generar la suya propia y convertirse en un banco central.

 

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Incremento de inversiones: La aplicación Coinbase se ha convertido en la aplicación más descargada para IOS (dispositivos de Apple) en Estados Unidos.

Autoridades despreocupadas: No existe ninguna regulación sobre las mismas

Dejando de lado que la cadena de bloques y las criptodivisas, es un tema apasionante y supondrá un cambio sustancial en la forma de entender contratos, auditar, realizar operaciones y esto afectara a muchos sectores a medida que evolucione. Ahora bien, los riesgos de estar en medio de una burbuja en el mercado de criptodivisas en mi opinión son elevados. El tiempo nos dirá si finalmente el principal riesgo de recesión viene finalmente por los bancos centrales o está vez será por un estallido en el mercado de criptodivisas.

 

Celso Otero, Gestor de fondos de Renta 4 Gestora SGCII

05 diciembre, 2017 | 12:00

Final de año y todos pensando ya en las inversiones en planes de pensiones.

Decía en el artículo de verano, que "no viésemos la inversión en planes de pensiones como algo de final de año", ya que a la vista de los acontecimientos, la inversión en este activo habría de ser considerada como una de las más importantes, no sólo para el corto plazo, que también, sino para nuestro futuro no tan lejano .

En este caso no me centraré tanto en el apartado Demográfico (sin duda uno de los pilares de toda previsión a largo plazo y más en el caso de nuestro país) sino en la necesidad de buscar dentro de las diferentes alternativas que hay en el sector, aquellas que por su consistencia en el tiempo sean las más atractivas, teniendo en cuenta los binomios ya conocidos de Riesgo y Rentabilidad.

Es por ello que llamo la atención del lector de conocer cuál es su umbral de riesgo, ya que, ceteris paribus, el resto de factores es por donde, modestamente, creo se ha de comenzar a centrar la búsqueda de la mejor alternativa. De esta manera, no es lo mismo una persona con un perfil moderado que una de perfil arriesgado, esta afirmación que suena como demasiado evidente, no lo es tanto cuando vemos que la gran parte de aportaciones se realizan en planes eminentemente conservadores.

Esto que no es malo en si, nos hace ver la carencia de un análisis previo y para ello creo imprescindible verse apoyado en profesionales independientes, que además de tratar de buscar nuestro perfil adecuado nos oriente a la hora de encontrar en cada momento el activo que se adecúe mejor al mismo.

Por este motivo, intentando colaborar con este fin, les muestro datos de dos productos que consistentemente se encuentran en las mejores posiciones del mercado de fondos de pensiones, uno para un perfil moderado y otro para perfiles más arriesgados.

Un fondo de pensiones renta fija corto plazo y uno de renta variable; no sólo (aunque también es importante) se ha de atender a las comisiones, sino creo más importante, que con unas comisiones razonables, el inversor ha de centrarse mucho más, en el comportamiento ajustado por riesgo de cada activo, en estos dos casos ese binomio se ve reflejado positivamente en su trayectoria y su recurrencia en los mejores puestos de los diferentes rankings (a todos los plazos evaluados) de sus respectivas categorías.

  • Renta 4 Acciones:
    • INVERCO: 8º a 3 años, 7º a 15 años y 1º a 20 años
    • VDOS, categoría Reta Variable Euro: 3º en el ranking y rating 5 estrellas
    • Nivel de riesgo 6/7
  • Renta 4 Renta Fija:
    • INVERCO: 1º ranking a 1 año, a 3 años, a 5 años y a 10 años
    • VDOS: 1º en el ranking y rating 5 estrellas
    • Nivel de riesgo 2/7

Los retos son muchos e importantes, hagamos nuestras “tareas” de autoevaluación y apoyándonos en los profesionales, construyamos nuestro futuro de una manera más eficiente y satisfactoria; el bienestar de mañana en gran parte depende de las decisiones de nuestro presente.

 

Óscar Moreno | Gestor de Pensiones en Renta 4 Pensiones SGFP

22 noviembre, 2017 | 10:10

Hoy, sin duda alguna, una característica que define el escenario financiero son los tipos de interés en 0, fijados por el Banco Central Europeo. Se trata de una medida fundamental, que condiciona el resto de variables de los mercados financieros. Varias consideraciones respecto a esta medida:

Se supone que se trata de una decisión coyuntural para reactivar la economía europea, pero lo cierto es que ya llevamos varios años con estos tipos de interés, que no esperamos que suban en los próximos meses. Quizás en 2019 es cuando empecemos a ver subidas de tipos, a tenor de las expectativas del mercado. En todo caso, no es esperable volver a un ciclo de crecimiento /tipos de interés como hemos tenido en las últimas décadas. Será difícil ver un Euribor al 5,5% como en 2008.

Hablamos de tipos de interés 0, pero en realidad el tipo de interés que el BCE cobra a los bancos por la liquidez existente (facilidad marginal de depósito) no es 0 sino negativo: -0,4%. Si dejas tu dinero en el BCE, cuando lo saques tendrás menos cantidad.

La consecuencia fundamental de esta política es que es beneficiosa para los agentes endeudados. Los gobiernos, las empresas con deudas y las familias que por ejemplo tienen una hipoteca, pueden comprobar mes a mes como sus pagos para hacer frente a esas deudas son menores, por lo que el ahorro que tienen en esa partida lo pueden destinar a otros gastos. Por el contrario, no hay que olvidar que también hay perjudicados por los tipos de interés a 0 y son  los agentes ahorradores, aquellos que tienen un exceso de capital, son aquellos que deberían verse penalizados en este entorno.

Algo de esto ya pueden comprobar los ahorradores. Los depósitos que ofrecen los bancos están en el entorno del 0. Hay una gran parte de los fondos monetarios con rentabilidades negativas este año. Sin embargo, otras tipologías de fondos (renta variable y renta fija) no están notando este escenario adverso, muy al contrario, se están viendo beneficiados por esta política por el momento. Digo expresamente "por el momento", porque si el precio del dinero (tipos de interés) es 0, no deberíamos esperar grandes revalorizaciones en el medio plazo en el resto de activos.

Un último aspecto a mencionar es la falta de incentivos por parte de los agentes endeudados para reducir su endeudamiento. Con España financiándose al 0% a 2 años, ¿qué incentivo hay para bajar su deuda del 100% /PIB (3 veces más de lo que teníamos hace 10 años)?

 

Miguel Jiménez | Gestor de fondos de inversión en Renta 4 Gestora SGCII

 

08 noviembre, 2017 | 11:35

La “crisis” por fin ya no es tema de conversación. Por mucho que algunos han querido estirarla hasta casi una década después de que estallara la gran burbuja, ya nadie se atreve a citar como excusa de su infortunio la gran crisis económica que nos aqueja, porque sencillamente, con datos actualizados en la mano, resultaría ridículo. Los periódicos tampoco publican ya, con la ligereza a la que nos tenían acostumbrados, titulares catastróficos ni previsiones desalentadoras. Podemos decir que la crisis ha quedado definitivamente atrás.

La economía crece de forma vigorosa e incontestable y por fin se recuperan al unísono todas las variables económicas más críticas, lo que se interpreta como el síntoma más favorable de la evolución de la economía. Podríamos citar muchas de ellas: precios inmobiliarios, ventas de vehículos, créditos concedidos, facturación empresarial, recaudación tributaria, y un largo etcétera de partidas económicas que han retornado a una dinámica ascendente.

El Fondo Monetario Internacional, encargado en una de sus múltiples funciones de monitorizar y predecir la actividad económica global y sus potenciales desequilibrios, ya puso recientemente este escenario de manifiesto de forma gráfica, tanto a nivel global como en su desglose por áreas de desarrollo:

Imagen 1 varela

Asistimos, por tanto, al regreso de la economía a su círculo virtuoso. En el círculo virtuoso unas variables impulsan a otras de forma natural como fichas de dominó dando un soporte acompasado y creciente al ritmo económico, lo que conduce a una mayor prosperidad. Tanto es así que uno de los indicadores más retrasados de la salud económica, el desempleo, desciende ya a tasas elevadas y mejora sin ningún género de dudas.

Después de varios años de controversia, nadie discute tampoco el papel crucial que han jugado los Bancos Centrales en este proceso de recuperación. Acuérdense sino, de las medidas de austeridad y de tantos otros debates sobre la conveniencia de las medidas de financiación a Gobiernos. Su apoyo en los momentos más críticos mediante la clásica batería de medidas convencionales (bajada de tipos de interés, financiación bancaria de último recurso), pero sobre todo con las medidas extraordinarias de liquidez jamás antes utilizadas (“quantitative easing”) , han hecho posible la remontada creando las condiciones necesarias para ello.

Imagen 2 varela

Suele decirse que las bolsas son el termómetro de la economía. Fiel reflejo de la mejoría económica, los mercados financieros en todo el mundo están volviendo a vivir momentos de una “renovada exuberancia” (operaciones corporativas a precios elevados, volatilidad en mínimos nunca antes presenciados, rentabilidades de los bonos basura tan bajas que casi causan perplejidad).

En Estados Unidos, las bolsas superan máximos históricos día sí, día también, al calor de la digitalización y la revolución tecnológica del siglo XXI (echen un vistazo a la capitalización de las FANG, Facebook-Amazon- Netflix - Google, que junto con Apple y Twitter,…entre todas ellas vienen a sumar 1,75 billones de dólares en capitalización, el triple del valor de nuestro Ibex 35).

Conviene en este punto recordar, para que actúen en consecuencia, que el mercado descuenta el futuro y se adelanta de una forma casi esotérica al comportamiento de las economías y las empresas. Las cotizaciones de hoy no incorporan sólo las ganancias de hoy, sino también las de los próximos años, por lo que conviene no dejarse llevar por la euforia ante el ímpetu de los mercados de acciones.

En el ánimo de éste artículo está el recordar que la prudencia y la sensatez debe siempre imperar en la gestión de nuestras inversiones. Los estímulos están llegando a su fin y la economía cabalga a toda velocidad, mientras los riesgos tienden a despreciarse. Y no, ésta vez no será distinto, y el cambio de sentido tampoco lo veremos venir. Nos empezaremos a dar cuenta cuando ya estemos inmersos en él. Sigamos invirtiendo, pues la economía ha regresado a su círculo virtuoso, pero sean sensatos, selectivos, diversifiquen y nunca bajen la guardia.

 

Alejandro Varela | Gestor de fondos de Renta 4 Gestora SGIIC

 

25 octubre, 2017 | 10:31

Se ha anunciado a bombo y platillo la rebaja fiscal en Estados Unidos, ya que es una de las medidas estrella de la campaña de Trump. Dejando de lado la idoneidad o no de la misma, veamos cuál es el impacto real en las compañías americanas.

Para cuantificar el impacto de esta medida, tomemos como ejemplo una compañía que venda solo en Estados Unidos y que esté pagando un 35% de impuestos y que ahora, pasa a pagar un 20%.

 

Celso otero

 

Dejando de lado los posibles efectos positivos en ventas por la reducción de impuesto, vemos un ejemplo de una compañía que vendía 100 dólares, de los cuales obtenía 15.38 dólares de beneficio antes de impuestos, tras pagar el 35% de impuestos quedan 10 dólares disponibles como beneficio neto para el accionista. La repetición del cálculo con un tipo impositivo del 20% provoca que el beneficio después de impuestos se sitúe en 12.31, frente a los 10 anteriores a la reforma. Por tanto, el crecimiento del beneficio por una rebaja del 35% al 20% se sitúa en el 23.08%.

Esa diferencia de beneficio del 23.08% es el porcentaje que la acciones tendrían que apreciarse para contemplar el efecto de dicho proyecto, si una compañía generase todo su negocio en Estados Unidos y tuviera un tipo impositivo del 35%.  Es decir, que  por cada 1% que bajen los impuestos los beneficios deberían subir un 1.54% y en el mismo porcentaje las cotizaciones.

Todo esto sería en un escenario que se aprobase la medida por sorpresa, como parte del mercado ha descontado una rebaja impositiva, parte de ese buen comportamiento está ya en precio.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que las compañías americanas no solo venden en Estados Unidos, por tanto las reducciones de impuestos en Estados Unidos solo afectan a una parte de los beneficios. Por este lado también hay que reducir el efecto de dicha rebaja.

Por tanto, de llevarse a cabo la medida, el impacto final de mercado será limitado ya que una parte del mismo ha sido ya descontado por el mercado.

 

Celso Otero | Gestor de Fondos en Renta 4 Gestora SGIIC

 

 

11 octubre, 2017 | 12:06

¿Qué activos y sectores pueden tener un mejor comportamiento en los próximos años? La demografía puede ayudarnos a responder, al menos parcialmente, a esta pregunta. Creemos que la demografía importa, y mucho, a la hora de gestionar renta variable. Los cambios pueden ser lentos y los posibles impactos pueden llevar a largos debates. Pero tenemos claro que en el mundo desarrollado, las poblaciones se están envejeciendo, las tasas de natalidad reduciendo, la longevidad se está aumentando y los “baby boomers” se están jubilando. En 2050 se espera que más de 90 países tengan una fuerza laboral que se contrae 3 veces más que el nivel de hoy.

En este escenario, los cambios demográficos suponen un viento de cara para el crecimiento económico, que podrían seguir en niveles  estructuralmente bajos hasta al menos 2025. El efecto de los “baby boomers” saliendo del mercado de trabajo, afecta a capital y productividad. Al mismo tiempo, el incremento de la demanda por activos de bajo riesgo y generadores de renta, mantendrá las rentabilidades sobre distintas clases de activos en niveles bajos. La prima de riesgo en renta variable podría incrementarse, con la población más envejecida vendiendo activos de riesgo para financiar su jubilación o retiro. En este escenario, es probable ver bajo crecimiento y baja inflación y es probable que los bancos centrales extiendan el periodo de bajos tipos de interés…. Que todavía pueden servir de estímulo, pero probablemente con un menor efecto.

¿Y cuál es el impacto en Renta Variable? En este contexto, valores de crecimiento de alta calidad (“high quality growth”) y valores con elevado dividendo, de calidad (“high quality income”), deberían tener un mejor comportamiento relativo. Desde el punto de vista sectorial, creemos que sectores interesantes deberían ser: uno; aquellos que atienden la población más envejecida, como salud y entretenimiento; dos, sectores que llevan a mejoras de productividad como tecnologías de la información, o son capaces de capitalizar la oportunidades en mercados emergentes, como bienes de consumo o tres, sectores defensivos que tienen buen comportamiento en un entorno de bajo crecimiento como consumo básico o servicios básicos.

En los fondos de renta variable europea de Renta 4 Gestora (Renta 4 Valor Europa FI y Renta 4 Small Caps Euro FI), incorporamos compañías que se pueden beneficiar de los aspectos mencionados en el medio/largo plazo. En sector salud, tenemos compañías como la alemana Fresenius (hospitales privados, sistemas de diálisis y tratamiento intravenoso), la francesa Orpea (residencias de tercera edad en Europa, donde la población mayor de 85 años crecerá al 3% anualmente hasta 2035), la suiza Roche (farmacéutica líder en oncología) o la sueca Capio (hospitales privados y clínicas especializadas). También contamos con empresas de tecnología y equipamiento médico como Sartorius Stedim Biotech (equipos y tecnologías de laboratorio), Smith & Nephew (ortopedia, endoscopia, control avanzado de heridas) o Straumman (implantes dentales). Otras compañías que se benefician del envejecimiento de la población son Essilor (líder mundial en lentes oftalmológicas), Grandvision (distribución de gafas) o Amplifon (distribución de aparatos auditivos).

Dentro del sector tecnológico, destacamos ganadores estructurales como Infineon (fabricante de semiconductores, exposición a automóviles, smartphones y energía), CapGemini (servicios y soluciones de tecnologías de la información, beneficiada de la transformación digital), Atos Origin (servicios digitales) o Teleperformance (líder mundial en gestión omnicanal de la experiencia de cliente). Y en consumo básico, somos accionistas de Reckit & Benckiser (productos domésticos, cuidado personal), Ontex (Productos de higiene/incontinencia desechables), o Kerry Group (ingredientes nutricionales y funcionales).

En todos los casos son empresas inmersas en megatendencias, con crecimiento estructural visible, excelencia operativa, fuerte generación de caja, excelentes equipos directivos, y a precios razonables. Pilares que creemos necesarios para obtener rentabilidades elevadas a medio-largo plazo.

 

David Cabeza | Gestor de fondos de Renta 4 Gestora SGIIC

Sobre los autores

Celso Otero (gestor de los fondos Renta 4 USA, Renta 4 Asia y Renta 4 Japón) escribirá sobre Asia, Japón y EEUU

Ignacio Victoriano (gestor de los fondos de renta fija de Renta 4) compartirá su visión sobre los tipos de interés, prima de riesgo, etc…

Alejandro Varela (gestor de Renta 4 Latinoamérica y Alhambra) dará su punto de vista sobre Latinoamérica y la situación de los mercados.

Javier Galán (gestor de los fondos de renta variable de España y Europa), opinará sobre empresas y sectores de la economía europea y española.

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