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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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17 mayo, 2018 | 09:52

Si tenemos nuestro dinero invertido en acciones, cuando hacemos la declaración de la renta debemos tener en cuenta varias cuestiones: ¿he recibido algún dividendo durante el año? ¿A qué precio compré las acciones que he vendido?

Lo primero que tenemos que saber es que las acciones, como tal, solo tributan cuando las vendemos. Es decir, mientras las mantengamos en cartera no tendremos que tributar por ellas, únicamente tendremos que pagar impuestos por los dividendos que recibamos por estas. Así, vamos a diferenciar entre la renta explícita y renta implícita.

Venta Vs. dividendo

Las rentas de los productos financieros constan de diferentes particularidades que se ponen de manifiesto cuando queremos valorar la renta fiscal que nos generan y que debemos especificar en la declaración de la renta.

Por un lado, se encuentra la renta explícita, que es aquella que se produce cuando se vende el producto financiero. Así, la venta de una acción tributa en la base del ahorro como ganancia o pérdida patrimonial, a un tipo mínimo del 19% y máximo del 23%, en función de la cantidad obtenida. El importe que tenemos que incluir en el IRPF es el resultado de restarle al precio de venta, el precio de compra y los gastos asociados a la venta y a la compra. Esta cuantía no está sujeta a retención.

Y, por otro lado, está la renta implícita, que incluye los beneficios o intereses que nos produce un producto financiero cuando lo mantenemos en cartera. En el caso de las acciones, la renta implícita es el dividendo que recibimos y tributa en la base del ahorro como rendimiento de capital mobiliario, a un tipo mínimo del 19% y máximo del 23%. La cuantía que hay que incluir, y que está sujeta a una retención del 19%, es la diferencia entre el importe devengado y los gastos de administración y custodia del título.

Normas específicas relativas a la venta

Desde el punto de vista fiscal, la venta de acciones está sujeta a una serie de normas. Un de ellas es la conocida como FIFO (First in, first out), que obliga a vender primero los títulos que se compraron primero (cuando se trata de las mismas acciones).

Aquí también hay que tener en cuenta las normas antiaplicación, que impiden que el contribuyente se declare una pérdida patrimonial si durante los dos meses anteriores o los dos meses posteriores a la venta de una acción se compraron los mismos valores. En el caso de las acciones que no cotizan, el plazo es de un año. Con esta regla lo que se persigue es evitar que el contribuyente se declare una pérdida fiscal cuando en realidad no hay pérdida financiera.

Además, hay otras particularidades que afectan a la fiscalidad de la venta de los derechos de suscripción preferentes y de las acciones total o parcialmente liberadas, que explicamos en nuestra guía "Productos financieros en el IRPF".

Por último, y en lo relativo a las compensaciones de las pérdidas o rendimientos negativos, hay que saber que los saldos negativos que se hayan generado con la venta de las acciones se pueden compensar con las ganancias patrimoniales del mismo año. Si el resultado sigue siendo negativo, se puede compensar con el saldo positivo de los rendimientos de capital mobiliario, con un límite del 20% de dicho saldo positivo en 2017 y del 25% a partir de 2018. Si continúa quedando saldo negativo, el contribuyente dispone de los cuatro próximos ejercicios para compensarlo.


Guía Abante
Productos financieros en el IRPF

Si quieres saber cómo incluir en la declaración de los productos financieros, como acciones, fondos de inversión, etc.

 
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26 abril, 2018 | 09:25

Desde el pasado 4 de abril hasta el próximo 2 de julio los contribuyentes pueden presentar su declaración de la renta correspondiente al ejercicio 2017. Con el calendario ya en marcha, el tiempo para saldar cuentas con Hacienda corre en nuestra contra. Por ello, resulta relevante conocer la fiscalidad de nuestras inversiones, un aspecto que además no debemos olvidar cuando nos decantamos por un determinado producto de inversión.

Conocer cómo tributan nuestras inversiones en el IRPF nos ayudará a planificar mejor nuestras finanzas y lograr los objetivos que nos habíamos marcado cuando decidimos invertir nuestro dinero. Y, aunque es cierto que no podemos elegir un producto financiero únicamente por su fiscalidad, debemos tener en cuenta que los impuestos que tengamos que pagar afectarán a la rentabilidad de nuestras inversiones.

Así, lo primero que hay que saber es que prácticamente todos los productos financieros tributan en el IRPF en la base del ahorro y lo pueden hacer como rendimientos de capital mobiliario o como ganancias y pérdidas patrimoniales. Los únicos productos que tributan en la base general, como si fueran rentas del trabajo, son los que están relacionados con la jubilación, es decir, los planes de pensiones, las mutualidades, los planes de previsión asegurados (PPA), los planes de previsión social empresarial (PPSE) y los seguros colectivos.


Guía Abante
Productos financieros en el IRPF

Si quieres saber cómo incluir en la declaración de los productos financieros, como acciones, fondos de inversión, etc.

 
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Productos financieros en la base del ahorro

Al hacer la declaración de la renta, hay que tener en cuenta que los productos financieros se dividen en dos bloques. Por un lado, se encuentran todas las rentas que proceden de elementos patrimoniales, bienes o derechos de naturaleza mobiliario de los que el contribuyente es el titular y que no están afectos a actividades económicas, y que se consideran rendimientos de capital mobiliario (RCM). Aquí tributa la venta de bonos y obligaciones, Letras del Tesoro, acciones preferentes, depósitos estructurados, dividendos y cupones, y también el rescate de los United Linked, los seguros de vida-ahorro e invalidez, los pagarés de empresas, los PIAS, las cuentas de Ahorro 5 y los intereses que generan los depósitos y las cuentas corrientes.

El siguiente bloque es el de las ganancias o pérdidas patrimoniales (GPP). En él se enmarcan las variaciones en el valor del patrimonio cuando se cambia la composición de este y siempre que dicha renta no esté sujeta ya a otro impuesto. Tributa en este bloque la venta de acciones, de ETF, derivados, divisas, warrants, fondos de inversión y sicavs y, también, la venta de inmuebles. El importe final resulta de restarle al precio de venta el precio de compra y los gastos asociados tanto a la compra como a la venta.

¿Todos los productos tienen retención?

Otro de los factores que debemos tener en cuenta a la hora de realizar nuestra planificación fiscal y financiera es que hay algunos productos que están sujetos a retención en el momento en el que se realiza la operación. La retención no es más que un anticipo del pago del impuesto que se devenga antes de recibir el ingreso en la cuenta corriente y afecta a todos los productos financieros a excepción de las Letras del Tesoro, los derivados, las divisas y los ETF, (la venta de inmueble y los alquileres tampoco tienen retención). Del resto de activos financieros que tienen retención debemos distinguir dos grupos:

Primero, los que tienen dos fuentes de renta como las acciones (dividendos), los bonos y obligaciones (cupones), los estructurados (cupones) y depósitos (intereses). Estos productos tienen retención cuando se produce la renta explícita. Así, por ejemplo, en el caso de un bono lo que tendría retención es el cupón, pero nunca la venta de este.

Y el otro lo componen aquellos activos que solo tienen una fuente de renta, como los fondos de inversión, los seguros de vida, los pagarés de empresa, los bonos cupón cero y los planes de pensiones. En este caso, solo disponen de renta implícita, que es cuando se produce la venta del producto, y siempre tiene retención.

La retención que se aplica por norma general a todos estos productos es del 19%, menos a los planes de pensiones, cuya retención se calcula considerando que es la única renta del trabajo del contribuyente y variará en cada caso.

¿Qué ocurre cuándo genero pérdidas?

Si un producto financiero nos genera una pérdida o un rendimiento negativo, lo podemos compensar en la declaración de la renta. Los saldos positivos y negativos de cada cuadro se pueden compensar entre sí y si después el saldo sigue siendo negativo, se puede compensar con las rentas del otro cuadro, siempre, eso sí, con un límite del 20% de dicho saldo positivo en 2017 y del 25% a partir de 2018. Si sigue quedando saldo negativo disponemos de los cuatro próximos años para poder compensarlo.

15 febrero, 2018 | 09:19

El refrán "el dinero no da la felicidad", nos hace reflexionar sobre la importancia de los activos intangibles en nuestra vida, ya que son los que verdaderamente nos proporcionan esa felicidad. Tener una familia sólida, estar en buena forma, tener buenas amistades, así como capacidades y conocimientos son algunos de estos activos, tan importantes como los financieros cuando nos planteamos una vida larga.

De los tangibles, de la carrera profesional y la gestión de nuestras finanzas, hablamos en el último post de este blog. En este, abordaremos los intangibles. Ambos son necesarios para una vida plena, se complementan, aunque encontrar el equilibrio no siempre resulte sencillo. Hacerlo a lo largo de vidas centenarias en las que se atraviesan diferentes etapas, se complica un poco más.

Los activos tangibles (vivienda, ahorros…) son relativamente fáciles de medir y definir, mientras que los intangibles son difíciles de medir y negociar. No pueden comprarse en el mercado por lo que es difícil invertir en ellos. No son sustituibles.

Como dice George Vaillant, hay dos pilares de la felicidad: uno es el amor, el otro, encontrar una forma de ganarse la vida que no excluya el amor. Ganar más te proporciona satisfacciones, pero es el amor lo que te hace feliz, según este psiquiatra y profesor de Harvard. De ahí el famoso “el dinero no da la felicidad… pero ayuda”.

Aunque no se puedan comprar los activos intangibles, sí que podemos invertir en ellos. En el libro de La vida de 100 años, los autores, Lynda Gratton y Andrew Scott, plantean, precisamente, cómo equilibrar a lo largo de una vida larga la inversión en tangibles e intangibles y clasifican estos últimos en tres categorías:

ACTIVOS PRODUCTIVOS: aquellos que ayudan a una persona a ser productiva y tener éxito en el trabajo y, por tanto, a aumentar sus ingresos. Algunos ejemplos de activos productivos son las capacidades y conocimientos que adquirimos con la formación.

Como comentábamos en el post de la semana pasada, en el nuevo escenario en el que nos encontramos, marcado por el incremento de la longevidad, la formación no debería limitarse a nuestra primera etapa vital, sino que tendremos que formarnos durante toda la vida. Los autores plantean que lo ideal es adquirir destrezas y conocimientos valiosos, raros y difíciles de imitar. Ser innovador y creativo y adquirir flexibilidad y agilidad mental será vital en una vida multietapas.

ACTIVOS VITALES: se refieren a la salud y bienestar físico y mental. Entre ellos están las amistades, relaciones familiares y de pareja positivas, la forma física y la salud, como mencionaba al comienzo del artículo. Todos estos factores son claves para la calidad de vida. Una vida multietapas hasta los 100 años con mala salud es inviable. En este sentido, Gratton y Scott, profesores de la London Business School, recomiendan tener una alimentación equilibrada, hacer ejercicio y una buena red de amigos.

ACTIVOS DE TRANSFORMACIÓN: en una vida multietapas hay muchos cambios y transiciones. El autoconocimiento, la capacidad de llegar a diversas redes y la apertura a nuevas experiencias nos ayudará mucho en este nuevo modelo. Este tipo de activos ayuda a tener éxito en esas transiciones que en ocasiones serán obligadas y otras veces provocadas por nosotros. Este tipo de activos nos ayudará a enfrentarnos a la incertidumbre.

Gratton y Scott destacan que en una vida larga es fundamental invertir en ambos activos, los tangibles y los intangibles, y explican que en una vida multietapas habrá momentos en los que, a lo mejor, nos dedicamos a trabajar más intensivamente para ahorrar dinero y, en otras, podemos bajar el ritmo laboral para cuidar más los intangibles o, incluso, hacer un parón en nuestra vida laboral a mitad de camino para volvernos a formar. Tener un plan es un factor clave para tener éxito en ello.

21 diciembre, 2017 | 10:00

¿Y si este 22 de diciembre me toca la Lotería de Navidad? ¿Qué hago con el dinero del premio? Mañana se van a repartir un total de 2.240 millones de euros en premios y, por si somos algunos de los afortunados, deberemos pensar qué vamos a hacer con el dinero que hemos ganado. Y aquí, el tiempo es un factor fundamental.

Recibir una cantidad de dinero inesperada siempre es una buena noticia, pero, en algunas ocasiones, pasados los años esa alegría se puede ver truncada. Un estudio de la asociación European Financial Planning Association (EFPA) pone de manifiesto que tres cuartas partes de los ganadores de la lotería tiene mucho menos dinero cinco años después de haber ganado el premio. ¿El motivo? La mayoría de las veces, la alegría que nos produce que nos toque el 'Gordo' nos lleva a caer en el despilfarro o a llevar a cabo malas inversiones que pueden hacer que ese dinero se evapore rápidamente.

Por ello, para evitar que derrochemos movidos por la euforia, lo primero que recomendamos es esperar unos seis meses antes de comenzar a gastar o invertir el dinero que nos ha tocado. Con este ejercicio, lo que se busca es que nos acostumbremos a tener una cantidad elevada de dinero y que tengamos tiempo para pensar qué es lo que realmente queremos conseguir con ese dinero extra que nos ha llegado a la cuenta.


Hacienda, el primer premiado

Cuando nos toca la lotería, lo primero que tenemos que saber es que no vamos a recibir el importe total del premio, puesto que Hacienda se lleva una parte. Si el importe que recibimos no supera los 2.500 euros estarían exentos en el IRPF, mientras que si supera esa cifra tendríamos que tributar al 20%. Así, por ejemplo, si el próximo 22 de diciembre nos tocan 400.000 euros (un décimo), el importe neto que recibiríamos en nuestra cuenta sería de 320.500 euros.

Además, hay otra serie de cuestiones que conviene tener en cuenta a la hora de pensar en las repercusiones fiscales de la lotería, porque serán un gasto más que hará que la cuantía neta que nos va a quedar se reduzca. Esto ocurre con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, ya que, si queremos donar parte de nuestro premio a un familiar, debemos tener en cuenta que, si no podemos demostrar que el boleto es compartido, tendremos que tributar en algunas Comunidades Autónomas.
 
¿Cómo sacarle partido al premio?

El primer paso es hacer es un ejercicio de planificación financiera para pensar cuáles son nuestros objetivos y evitar caer en errores típicos. La experiencia nos dice que la mayoría de los premiados se gasta el dinero en una casa más grande, en un coche de alta gama, deciden dejar su trabajo o repartir el premio con un familiar sin pensar si desde el punto de vista fiscal y financiero es lo más conveniente. 

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Por este motivo, el tiempo de reflexión que aconsejamos es tan importante. Nos puede servir para definir nuestro proyecto vital y reinventarnos, puesto que el importe del premio nos puede abrir el camino para cambiar de carrera, dedicarnos a lo que realmente nos gusta o para atrevernos a poner en marcha ese proyecto en el que llevábamos tiempo pensando.

Tras definir nuestro objetivo, debemos examinar qué coste tiene. En este punto, tenemos que analizar también nuestra situación financiera actual para ver de dónde partimos y si con el dinero extra que hemos ganado nos basta o necesitamos más y, por tanto, tendremos que acudir a los mercados financieros para cubrir ese déficit.

Si nos hallamos ante la primera opción, tenemos que saber que, si decidimos no invertir nuestro dinero y mantenerlo inmóvil, nos enfrentamos a un gran riesgo: no cubrir la inflación. Esto se traduce en que, con el paso del tiempo, perderíamos poder adquisitivo a medida que el nivel de los precios se incrementa. Es decir, si tenemos 320.000 y no obtenemos ninguna rentabilidad por ellos, pasados 20 años y contando con una inflación media anual del 2% (objetivo que persigue el Banco Central Europeo), nuestro dinero equivaldría a unos 217.994 euros (actuales).

En cambio, si optamos por invertir nuestro dinero y acudir a los mercados financieros, lo más importante es fijar la rentabilidad objetivo que necesitamos, que viene determinada por la diferencia entre lo que tenemos y lo que necesitamos, partiendo de la base de que, como mínimo, tendremos que igualar a la inflación para no perder poder adquisitivo. Después, y en consecuencia, deberemos elegir qué cartera o qué activo financiero es el más adecuado para nosotros.

Diseñar mi cartera objetivo

Deberíamos buscar una cartera diversificada, tanto por distribución geográfica, como por tipo de activos. Y si pensamos en el largo plazo, deberíamos asumir más riesgo para tener una cartera que además de igualar a la inflación, nos dé más puntos de rentabilidad. Por ejemplo, si queremos superar a la inflación en 3 puntos (es decir, conseguir una rentabilidad anual media del 5%) deberíamos construir una cartera con el 50% de la inversión en renta variable.

Una opción que nos permite diversificar, que tiene beneficios fiscales y nos permite acceder a una gestión profesional son los fondos de inversión.

Por último, no debemos olvidar que la vivienda también juega un papel importante. Es habitual escuchar a gente decir que, si les toca la lotería, lo primero que harían sería quitarse la hipoteca. Sin embargo, a lo mejor, no es lo más conveniente. Primero, habría que evaluar si la rentabilidad que nos da el dinero invertido es mayor que el coste de financiación porque, en ese caso, no interesaría amortizar la hipoteca. Además, hay que tener en cuenta que, si la vivienda habitual la compramos antes de 2013, tenemos una ventaja fiscal en el IRPF (al poder deducirnos cada año un 15% de una cuota máxima de 9.040 euros), que puede que no nos interese perder.

14 diciembre, 2017 | 10:05

El tiempo siempre es un factor fundamental a la hora de pensar en ahorrar para la jubilación. Realizar una buena planificación financiera implica, además, delimitar una serie de cuestiones: qué nivel de vida quiero tener cuando deje de trabajar, cuánto cuesta ese objetivo, cuánto puedo ahorrar y qué cuantía tengo en la actualidad y qué rentabilidad objetivo necesito.

Aunque tengamos esas preguntas resueltas puede que, llegado el momento de jubilarnos, no tengamos muy claro si con la pensión de la Seguridad Social y con lo que hemos ahorrado podremos vivir de la forma que nos habíamos planteado en un principio.

Por ello, en este artículo vamos a plantear el caso de una persona que ya ha cumplido los 65 años y se puede jubilar (ha cotizado a la Seguridad Social los años necesarios para cobrar la pensión íntegra).

Javier, a sus 65 años, ha conseguido ahorrar durante su carrera laboral 275.000 euros para su jubilación. Y ahora, que ya puede retirarse, quiere comprobar si esa cuantía será suficiente para vivir cómo había planeado: con una renta adicional de 1.100 euros al mes para complementar la pensión que reciba de la Seguridad Social.

 

Guía Abante

"El reto más allá de los 60 años"

¿Cómo será nuestra pensión?

¿Cuáles son los productos

más indicados para cada uno? 

Descargar aquí

 

 Lo primero que tiene que saber Javier es que la esperanza media de vida de los hombres de su generación es de 90 años y que puede que supere esa edad. Además, es conveniente que tenga en mente los efectos de las últimas reformas de la Seguridad Social, que van a reducir el poder adquisitivo de los pensionistas entre un 30 y un 50%.

¿Cuánto cuesta su objetivo?

El coste del objetivo de Javier asciende a 444.456 euros. Para realizar este cálculo siempre hay que contar con el efecto de la inflación, los 1.100 euros que hoy quiere tener Javier, dentro de 10 años equivaldrán a 1.315 euros si estimamos una inflación media anual del 2%, que es el objetivo que persigue el Banco Central Europeo.

Al hacer la diferencia entre lo que tiene ahorrado y lo que cuesta su objetivo para la jubilación, encontramos un déficit de 169.456 euros. ¿Qué puede hacer Javier para cubrirlo? Llegada a esta situación, tiene varias opciones: acudir a los mercados financieros para buscar rentabilidad, seguir trabajando algún año más para incrementar tanto la pensión como su ahorro y, por último, plantearse vivir con menos dinero.

¿Qué rentabilidad necesita?

Si Javier opta por acudir a los mercados financieros, la rentabilidad objetivo que necesita dependerá de cuándo decida jubilarse, del patrimonio que quiera lograr y de los años que estime que puede vivir.

Así, si llegado a los 90 años quiere contar con un patrimonio de 100.000 euros, por si supera la edad media, debería aspirar a lograr una rentabilidad media anual del 5,47% con sus inversiones.

Rentabilidad objetivo jubilación 65 años

Además, Javier tiene que saber que, si en un momento dado sus objetivos vitales para su jubilación cambian y cree que va a necesitar un mayor patrimonio, tendrá que buscar una mayor rentabilidad con su inversión. Es decir, tendrá que elevar su perfil de riesgo para obtener un mayor interés, siempre sabiendo que la mejor estrategia de inversión para la jubilación es apostar por la diversificación.

Si por el contrario, Javier decide seguir trabajando al cumplir los 65 años y opta por compaginar durante los siguientes tres años las rentas del trabajo con su pensión, conseguirá aumentar su ahorro. Lograría 10.000 euros anuales de más hasta los 68 años, por lo que conseguiría reducir su rentabilidad objetivo hasta un 3,78%, en el caso de que a los 90 siga queriendo contar un patrimonio de 100.000 euros.

24 noviembre, 2016 | 09:42

El contexto laboral y el futuro de las pensiones son inciertos y en los últimos años de nuestra carrera profesional crece la preocupación por un posible despido o prejubilación y el efecto que esto tendrá sobre la situación financiera durante la jubilación.

A partir de los 60 años, cuando se acerca la edad de jubilación, es el momento de tomar decisiones profesionales y financieras relevantes que determinarán nuestro nivel de vida o la consecución de nuestros objetivos y sueños en la siguiente etapa vital. ¿Cómo vamos a vivir cuando dejemos de trabajar y nuestros ingresos del trabajo se reduzcan? ¿Nos hemos preparado adecuadamente? ¿Tenemos aún margen de maniobra?

Vamos a abordar alguna de estas cuestiones en este post. Las principales preguntas que deberemos responder y las decisiones que será aconsejable que abordemos, variarán en cada caso, dependiendo de la situación de cada persona.  En Abante hemos preparado una guía dedicada, precisamente a los retos financieros a partir de los 60 años, que pueden descargar gratuitamente y que puede servir de punto de partida para planificar la jubilación.

 

 
 
 

¿Cómo afectan el paro y las lagunas a la pensión de jubilación?

Durante la prestación por desempleo, el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) ingresa las cotizaciones correspondientes, entre otras, a jubilación. Tanto el SEPE como el trabajador cotizan a la Seguridad Social por la base que tuvo la persona los 180 días anteriores al cese y, cuando se recibe la prestación por desempleo, se considera  como un periodo cotizado.

Por otra parte, los periodos en los que no se cotiza (“lagunas”) afectan al cálculo de la pensión si se producen durante los años que utiliza la Seguridad Social para realizar el cálculo de esta (19 últimos años en 2016, que irán aumentando hasta 25 en 2022).

El impacto será distinto en función del régimen de cotización: en el de los autónomos las lagunas se contabilizan a 0, mientras que en el caso de los trabajadores del régimen general, para los 48 últimos meses se contabilizan a la base mínima y para los anteriores, a la mitad de esta.  Las lagunas provocan que la pensión se reduzca.

¿Qué puedo hacer para que si dejo de cotizar no afecte a mi pensión?

Podemos realizar un convenio especial con la Seguridad Social, cotizando a título individual para evitar lagunas o para reforzar las bases y mejorar el cálculo de la pensión. Para suscribirlo, el inversor debe tener cubierto un periodo mínimo de cotización de 1.080 días en los doce años inmediatamente anteriores a la baja en el Régimen de la Seguridad Social. Se podrá solicitar en el plazo de un año desde la baja o desde la finalización de la prestación por desempleo.

La cuota mensual a ingresar por el suscriptor será el resultado de aplicar a la base de cotización el tipo único de cotización vigente con carácter general, el 28,3%. En caso de que no se tenga que cubrir las contingencias de incapacidad temporal, maternidad y riesgo por

embarazo habría que multiplicar la base por el 28,3% y por 0,94.

¿Puedo rescatar mi plan a pesar de no tener la edad legal de jubilación?

Si las especificaciones del producto lo prevén, podrá anticiparse la percepción de la prestación por la jubilación a partir de los 60 años de edad, si:

-Se ha cesado en toda actividad determinante del alta en la Seguridad Social, aunque, en su caso, continúe asimilado al alta en algún régimen en esta.

-En el momento de solicitar la disposición anticipada no reúne los requisitos para recibir la pensión pública correspondiente.

No se puede anticipar el rescate en los casos en los que no sea posible el acceso a la jubilación.

Un caso práctico

Como decíamos, a partir de los 60 años vamos teniendo que tomar determinadas decisiones relevantes. Por ejemplo, Juan tiene 61 años y durante los dos próximos años recibirá la prestación por desempleo. Así que quiere saber si se debería jubilar anticipadamente a los 63 años o si le conviene más esperar hasta los 65, teniendo en cuenta que hace la declaración de la renta conjunta y que su mujer no tiene rentas.

Su objetivo es poder mantener su nivel de vida hasta los 95 años un gasto de 2.900 euros al mes, más 50.000 euros cada cinco años para gastos extraordinarios como podría ser la compra de un coche), teniendo en cuenta que tiene una cartera de activos financieros de 750.000 euros y que tiene una vivienda valorada en 300.000.

Si opta por la jubilación anticipada a los 63 años, su objetivo costaría 1,26 millones, por lo que tiene un déficit de más de medio millón. Y si se jubila a los 65, su objetivo se reduce en 60.000 euros.  Aunque su pensión se reduce si se jubila anticipadamente, dado que empieza a recibirla antes se compensa y el escenario es más favorable. La rentabilidad objetivo que deberá pedir a su cartera será inferior en el primer caso.

 

13 noviembre, 2014 | 09:15

Abante icons Dos colores-56
La reforma fiscal afecta al plan de compra de acciones y a las stock options en tres aspectos. Conviene conocerlos porque, en algunos casos, incrementará la cantidad de impuestos a pagar. Os lo explicamos.

Por un lado, disminuye el tipo impositivo al que tributan (tanto en el momento del ejercicio como en el momento de la venta), lo cual tiene un efecto positivo. 

Sin embargo, este aspecto beneficioso puede verse contrarrestado por otros dos negativos: se elimina o se limita la exención de 12.000 euros que tienen en la actualidad (en el texto que aprobó el Gobierno se eliminaba, pero las enmiendas presentas en el Senado lo matizan). Además, la reducción de rendimientos irregulares se recorta del 40% al 30% y se limita el plazo para disfrutar de la misma. 

En el siguiente cuadro podéis ver los efectos de la reforma:

Abante RF stock options
 (pinche si desea ampliar la imagen)

Así, aunque se reducen los tipos impositivos bajan, al reducir los beneficios fiscales, el resultado es que el contribuyente puede ver incrementada la cantidad de impuestos a pagar. En el siguiente documento en PDF os damos más datos sobre las novedades y la forma de tributación de stock options y planes de compra de acciones. También podéis ver en un ejemplo práctico cómo la factura fiscal puede elevarse en 5.000 euros, en algunos casos. 

TRIBUTACIÓN DE STOCK OPTIONS Y PLANES DE COMPRA DE ACCIONES (PDF)

Paula Satrústegui, directora de Planificacón financiera de Abante.

03 octubre, 2014 | 07:00

Abante icons Dos colores-65
Los planes de pensiones y otros sistemas de previsión social han sufrido varios cambios con la reforma fiscal que entrará en vigor el 1 enero de 2015, tanto en las aportaciones como en el rescate. De  ahí la importancia de analizar cómo le afectan los cambios en este aspecto así como si  puede o debe tomar alguna medida al respecto.

Estos instrumentos se utilizan como fórmula de ahorro y permiten acumular voluntariamente un capital que puede ser rescatado cuando se cumplen ciertos requisitos (las contingencias o supuestos excepcionales de liquidez), por ejemplo, haberse jubilado o sufrir paro de larga duración. 

 

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(Pinche para ampliar la imagen)

* Ver más adelante rescate de personas jubiladas antes de 2015. 

La reforma introduce los siguientes cambios:

  • Se reducen las aportaciones máximas, lo cual perjudicará a los inversores que en la actualidad ingresan anualmente en sus planes más de dicha cantidad (8.000 euros).
  • Se abre un nuevo supuesto de liquidez que permite el rescate a partir del décimo año.
  • La reducción aplicable en el caso de rescate en forma de capital, de la que se benefician las aportaciones anteriores a 2006, se mantiene en el 40%. Aunque se limita en el tiempo. 

¿Cuál es la fiscalidad de estos productos en 2014?

En la actualidad, la aportación máxima depende de la edad del inversor. Existe un límite financiero (lo máximo que puedes ingresar en el plan anualmente), que asciende a 10.000 euros para menores de 50 años y a 12.500 euros para mayores de 50 años y un límite fiscal (tope que puedes deducirte) que asciende a la menor de las siguientes cantidades:

  • 10.000 euros o el 30% de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas en el caso de menores de 50 años.
  • 12.500 euros o el 50% de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas en el caso de mayores de 50 años.

Este tipo de inversiones podrán rescatarse cuando ocurra alguna de las contingencias (jubilación, fallecimiento, dependencia o invalidez) o alguno de los supuestos excepcionales de liquidez (enfermedad grave o paro de larga duración).

Los rescates tributan como renta del trabajo en la base general (parte cara del impuesto) a un tipo que oscila entre el 24,75 y el 52%. Si se decide sacar todo el dinero de una vez (en forma de capital), las aportaciones anteriores al 31/12/2006 se beneficiarán de una reducción de 40%.

¿Y a partir de 2015?

A partir del 1 de enero de 2015, las aportaciones máximas se reducen. El límite financiero será de 8.000 euros independientemente de la edad y el tope fiscal, la menor de las siguientes cantidades: 8.000 euros o el 30% de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas. Por otra parte, se abre una nueva posibilidad de liquidez a partir del décimo año. En el caso de las aportaciones hechas antes de 2015, el dinero no se podrá sacar antes del 1 de enero de 2025.

Los rescates seguirán tributando como renta del trabajo, pero el tipo se reducirá a la horquilla 20-47% en 2015 y al 19-45% a partir de 2016. Cuando el rescate se haga en forma de capital –para las aportaciones realizadas antes de 2007-, se aplicará una reducción del 40%, si se saca el dinero en el ejercicio en que se jubiló el inversor o en los dos siguientes.

Y existe un régimen transitorio para las personas que ya se hayan retirado: quienes lo hicieron entre 2009 y 2014 tendrán de plazo ocho ejercicios desde la fecha de su jubilación para rescatar el plan con este beneficio fiscal. Los que lo hicieron antes de 2009 podrán aplicarla si recuperan el dinero antes del 31 de diciembre de 2016

Ejemplos prácticos:

1.       Aportación a planes de pensiones:

Supongamos un inversor menor de 50 años que tiene unos ingresos por trabajo de 75.000 euros. ¿Qué aportación máxima puede realizar a planes de pensiones y cuánto se podrá deducir fiscalmente?

En 2014, podrá aportar como máximo 10.000 euros (límite financiero y fiscal). Como su tipo impositivo marginal asciende al 47%, al hacer la declaración de la renta Hacienda le devolverá 4.700 euros.

En 2015 y 2016, podrá ingresar en este tipo de productos, como máximo, 8.000 euros. En este caso, en 2015, Hacienda le devolverá 3.760 euros (el 47% de 8.000 euros) y en 2016, 3.600 euros (el 45% de 8.000 euros).

Cuadro Resumen:

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 (pinche para ampliar)

2.   Rescate de planes de pensiones:

Ahora imaginemos un inversor que recibe la pensión máxima de la Seguridad Social y tiene 35.000 euros invertidos en planes de pensiones, de los cuales 20.000 fueron aportados antes de 2007.

 ¿Cuál es el impacto fiscal en caso de rescatarlo en 2014? 

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¿Y si lo hace en 2015?:

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¿Y si recupera el dinero en forma de capital pasado el plazo legal para aplicar la reducción del 40%?:

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Cuadro Resumen:

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¿Qué debo o puedo hacer para que no me afecte de forma negativa la reforma?

Tal y como podemos ver en el ejemplo anterior, en la aportación a planes de pensiones el inversor se ve perjudicado por la reforma no sólo porque la devolución de Hacienda será menor, sino porque podrá acumular cantidad inferior en estos productos para su jubilación, en un entorno en que los sistemas privados son tan necesarios.

En el segundo caso, se ve beneficiado por el rescate, ya que bajan los tipos impositivos siempre que realice el mismo dentro de los plazos establecidos por la Ley. En caso de no cumplir con ellos, el inversor se verá perjudicado.

Como siempre, antes de tomar una decisión, en Abante recomendamos realizar un análisis de su caso particular para ver el impacto de la reforma.

** Consideramos para esta información el Proyecto de Ley aprobado en agosto. Aunque puede haber algunas modificaciones durante el trámite parlamentario, es probable que el texto definitivo sea muy similar.

Paula Satrústegui, directora de Planificacón financiera de Abante. 

22 septiembre, 2014 | 09:44

Abante icons Dos colores-41La inversión en productos financieros, como acciones, fondos de inversión o cuentas remuneradas, en general, se va a beneficiar con la reforma fiscal que entrará en vigor en enero de 2015. Y esto es así porque, además de la rebaja de los impuestos sobre los beneficios, la tributación de las ganancias o pérdidas a un año pasará de la base cara a la barata y mejorará la compensación entre las bases imponibles del ahorro y general. Por eso, si tiene pensado vender o liquidar alguna de sus inversiones, debe analizar si le conviene hacerlo ahora o esperar al año que viene. Veamos porqué.

Muchas veces, al hacer cambios en nuestras inversiones financieras, nos olvidamos de mirar su repercusión impositiva y, aunque no se pueden realizar estas operaciones sólo por motivos fiscales, es algo que no debemos de obviar. Por ello consideramos importante explicar cómo se compensan las distintas rentas en el IRPF para así maximizar el beneficio de nuestros movimientos.

Para nuestro análisis consideraremos lo publicado en agosto en el Proyecto de Ley. Aunque puede haber algunas modificaciones, es probable que el texto definitivo sea muy similar.

Compensación de las rentas de los productos financieros

La reforma fiscal que el Gobierno aprobó en agosto traerá una reducción de los tipos impositivos, tanto en la base general como en la del ahorro, que es donde tributarán a partir de enero las ganancias y los rendimientos del capital mobiliario y que es la parte barata de la tabla. Esta rebaja implica que los beneficios que obtengamos, en lugar de pagar entre el 21 y el 27% al fisco, se pasará a una retención den entre el 20 y el 24% el próximo ejercicio y de entre el 19 y el 23% en 2016.

Por otro lado, las plusvalías o minusvalías a menos de un año, que hasta ahora tributaban en la base general pasan a la del ahorro. ¿Esto qué significa? Si se venden acciones compradas hace menos de 12 meses, el beneficio obtenido se declara en la parte cara del impuesto, con lo que Hacienda se queda entre el 24,75 y el 52%, más los recargos autonómicos. Al pasar a la base del ahorro -la parte barata- el tipo se reducirá considerablemente, como acabamos de ver.

Por último, la compensación de bases imponibles mejora respecto de la situación actual. Todas estas medidas son positivas para los inversores, tal y como se observa en el siguiente cuadro resumen:

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* Ver más adelante la norma transitoria de las pérdidas pendientes de compensación.

*No se considera el efecto de la eliminación de los coeficientes de abatimiento. Si los activos fueron adquiridos antes de 1994, puede que el efecto fiscal de la reforma sea negativo (a pesar de reducirse los tipos impositivos).

¿Cómo se compensan las rentas en 2014?

En este momento, las rentas de los productos financieros pagan impuestos tanto en la base general, como en la del ahorro. En el primer caso, las ganancias o pérdidas no procedentes de la transmisión de elementos patrimoniales, así como las obtenidas en un plazo inferior a un año, se podrán compensar con hasta un 10% de los rendimientos del trabajo, alquileres, rendimientos actividades económicas e imputación de rentas inmobiliarias.

En cambio, en la base del ahorro, los rendimientos del capital mobiliario –venta de acciones, fondos, derivados e inmuebles, entre otros-se compensan ilimitadamente entre ellos y, si después de hacerlo se obtuviera un importe negativo, tendríamos cuatro años más para aplicarla.

En el caso de las plusvalías y minusvalías a más de un año, se compensan de forma ilimitada y, si el saldo es negativo, también se puede hacer en los cuatro años siguientes. Lo que no es posible a día de hoy compensar los rendimientos de capital mobiliario con las variaciones patrimoniales (positivas o negativas)  a más de un año, ni viceversa. Y tampoco la rentas de la base general con las del ahorro. 

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¿Y cómo se hará a partir de 2015?

Con la entrada en vigor de la reforma a partir de enero del año que viene, las ganancias o pérdidas a menos de un año pasarán a tributar a la base del ahorro y, además, cambiarán las reglas de compensación entre ambas bases.

En la base general, las plusvalías o minusvalías de elementos no patrimoniales se podrán compensar con hasta un 25% de los rendimientos del trabajo, alquileres, rendimiento actividades económicas e imputación de rentas inmobiliarias.

Además, los rendimientos del capital mobiliario podrán compensarse con las variaciones del valor del patrimonio -como consecuencia de las operaciones como transmisiones o adquisiciones de activos- hasta un máximo del 25%, aunque se realizará paulatinamente (10% en 2015, 15% en 2016, 20% en 2017 y 25% a partir de 2018).  

Norma transitoria: Las pérdidas patrimoniales a más y menos de un año correspondientes a los periodos impositivos de 2011, 2012, 2013 y 2014 que se encuentren pendientes de compensación a 01/01/2015, se compensarán de acuerdo a la legislación vigente en 2014, es decir, no se podrán compensar parte de los rendimientos con las ganancias ni viceversa. 

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Ejemplo práctico:

Supongamos un inversor que ha obtenido las siguientes rentas durante el ejercicio: 

  • Rendimientos del trabajo netos (eliminando los cargos de la Seguridad Social y otros gastos deducibles): 40.000€
  • Alquileres: 3.000€
  • Rendimiento neto reducido por la venta de un Unit Linked: -5.000€
  • Intereses de cuentas corrientes: 1.000€.
  • Ganancia por la venta de acciones a menos de un año: 600€
  • Plusvalía por la venta de fondos a más de un año: 1.000€
  • Beneficio por la venta de un inmueble a más de un año: 5.000€
  • Pérdida por la venta de acciones a más de un año: 500€

¿Cómo se compensarían las bases en caso de que dichas rentas se generasen en 2014? 

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¿Y en caso de hacerlo en 2015?

Compensación bases

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Cuadro Resumen:

Compensación resument

¿Qué debo o puedo hacer para que no me afecte la reforma?

Tal y como podemos ver en el ejemplo anterior, en este caso, el inversor se verá beneficiado por la reforma fiscal. En cualquier caso, en Abante Asesores aconsejamos analizar caso a caso para ver el impacto financiero-fiscal de la reforma. Aunque fiscalmente la pueda ser positiva (estudiar detenidamente en caso de venta de activos comprados antes de 1994 que se ven perjudicados por el cambio legislativo), puede ser que financieramente no sea el momento óptimo de realizar la operación.

 Si lo desea, puede  descargar el documento en PDF

*Paula Satrústegui, directora de Planificacón financiera de Abante. 

29 enero, 2014 | 00:00

El Consejo de Ministros aprobó en julio de 2013 la constitución de una comisión de expertos para la reforma del sistema tributario español que está presidida por D. Manuel Lagares (Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales, Inspector de Hacienda en excedencia, Catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Alcalá de Henares).

Las líneas de revisión que deberán afrontar la comisión son cuatro:

1. Lograr un sistema tributario sencillo, de mayor simplicidad.

2. Garantizar la suficiencia de ingresos tributarios de forma que ratifique el compromiso de consolidación fiscal asumido.

3. Obtener un sistema tributario que favorezca el desarrollo económico, garantice la unidad de mercado y la neutralidad fiscal.

4. Potenciar el desarrollo social con medidas que favorezcan a colectivos como familias, discapacitados o medidas que estimulen el ahorro.

Las conclusiones se recogerán en un informe final que habrá que entregarse al ministro de Hacienda y Administraciones Públicas antes de terminar el mes de febrero de 2014.

A continuación pasamos a detallar algunos de los cambios que propondrá el comité de expertos según las filtraciones a los medios de comunicación, si bien, al no ser definitivas podrían verse modificados a lo largo del proceso:

Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF)

- Bajada tipos: en diciembre de 2011, se aumentó con carácter temporal (2012 y 2013) los tipos impositivos. Dicho aumento fue prorrogado a 2014.

1) Base General: el comité de expertos sugiere una bajada de los tipos, sobre todo los de los tramos más bajos, ya que en la actualidad, un 78% de la recaudación proviene de las rentas inferiores a 33.000 euros. Tal y como comentó el ministro hace algunas semanas, es probable que se bajen en un primer momento los tipos de las rentas bajas (2015) y que el de las rentas elevadas se haga cuando se recupere la economía (2016 y 2017).

2) Base del Ahorro: se propone un tipo único cercano al mínimo de la base general para las rentas del capital en lugar de los tres tramos actuales (21-25-27%).

- Planes de Pensiones: la aportación a planes de pensiones son deducibles de la base imponible general, lo cual significa que Hacienda te devuelve tu tipo marginal de las aportaciones realizadas. Existe una aportación máxima a planes de pensiones que depende de la edad. El comité de expertos aboga porque no se discrimine por edades.

- Deducción por inversión en vivienda habitual: plantean la supresión de la deducción por inversión en vivienda habitual con carácter retroactivo. En la actualidad existe una deducción de 15% con un máximo de 9.040 euros, lo cual equivale a una deducción máxima anual por contribuyente de 1.356 euros. Es posiblemente la medida más controvertida de la reforma.

- Autónomos: gran parte de los autónomos que tributaban por el régimen de módulos (cuya tributación depende del número de metros del local o del número de empleados entre otros) pasarán a tributar por el régimen de estimación directa (en función de los ingresos).

Impuesto de Sucesiones y Donaciones (ISD)

- Bajada de tipos: el comité de expertos recomienda reducir los tipos impositivos.

- Reducciones empresariales: muchas sociedades constituidas bajo el amparo de lo que se conoce como empresa familiar, gozan en la actualidad de una bonificación del 95%. El comité propone suprimir prácticamente todas las reducciones empresariales, lo cual afecta a este tipo de sociedades.

Impuesto de Patrimonio (IP)

- Supresión del impuesto: en la actualidad, Madrid es la única CCAA que tiene una bonificación del 100%. Se recomienda la supresión definitiva del Impuesto de Patrimonio.

Impuesto Sociedades (IS)

- Bajada tipos: en la actualidad, en función del tipo de empresa el tipo es del 20, 25 o 30%. Se propone establecer un tipo único del 25% y que el mismo se vaya rebajando hasta llegar al 20%. Además quieren reducir ciertas deducciones.

- Amortizaciones: Revisión de las tablas para adecuarlas a la realidad.

Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA)

- Aumento tipos: en un primer momento se comentó que el comité de expertos proponía un aumento de los tipos (excepto el súper reducido que se mantiene en el 4%):

1) Tipo General (21%): posibilidad de aumentarlo al 22 o 23%.

2) Tipo Reducido (10%): posibilidad de igualarlo a la media europea (13%) o incluso aumentarlo al 15%. Mantienen el tipo del 10% únicamente para la restauración y la hostelería.

Tras la aparición pública del ministro de Hacienda negando una subida de tipos se baraja un segundo escenario en el que los tipos se mantienen pero determinados servicios que tributan a un tipo reducido pasan a tributar al tipo general.

- Autónomos: restringir el régimen simplificado que actualmente utilizan los autónomos.

- Régimen del recargo de equivalencia: proponen suprimirlo. Impuestos Especiales

- Aumento tipos: se propone aumentar los tipos del alcohol, tabaco e impuestos verdes como en la UE.

Tendremos que esperar a que el comité de expertos publique el borrador del informe en febrero de 2014 para ver cuáles de estas medidas se incluyen en el mismo.

Como siempre, les iremos informando de los avances.

 

Paula Satrústegui, Subdirectora de Planificación Financiera de Abante

@abanteasesores

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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