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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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10 agosto , 2017 | 09 : 21

Sesgos psicológicos y decisiones de inversión

Los seres humanos tomamos decisiones constantemente. Unas de forma consciente y otras, de forma automática. Y en este proceso, intervienen factores (sesgos) psicológicos que pueden provocar que cometamos errores. Esta es la idea fundamental sobre la que se apoyan las teorías del behavioral finance (comportamiento financiero) y que se explican en una de las fichas para inversores que publicó hace un par de semanas la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Ya hemos hablado en otras ocasiones en este blog (¿Por qué nos cuesta tanto ahorrar?, Las emociones nos juegan malas pasadas cuando invertimos) sobre el behavioral finance y sobre uno de sus referentes, el psicólogo Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía en 2002. Básicamente, el behavioral finance tomó forma y peso en la década de 1980, después de que en 1979 Kahneman publicara, junto con Amos Tversky su estudio sobre la toma de decisiones, aunque ya a principios del s.XX se habían publicado algunos informes sobre psicología e inversiones.

Frente a la teoría económica neoclásica que sostenía que los agentes económicos toman decisiones y actúan de forma racional, esta rama de la psicología pone en evidencia que las personas se dejan llevar por una serie de sesgos psicológicos y no siempre toman la decisión racional, sino que las emociones se imponen. En su ficha, la CNMV explica algunos de estos atajos mentales que tomamos los humanos para simplificar los complejos procesos que el cerebro lleva a cabo a diario.

El regulador destaca que “es importante que el inversor se informe y conozca los sesgos que afectan al proceso de toma de decisiones y sea consciente de que nadie está exento de ellos”.

Exceso de confianza, ilusión de control, sesgo de confirmación…

La CNMV destaca nueve sesgos en su ficha. El primero es el del exceso de confianza, que consiste en la tendencia a sobreestimar los conocimientos y juicios subjetivos y considerarlos certeros. Para superar este, recomienda que el inversor se conozca mejor a sí mismo.

En segundo lugar, comenta el sesgo de la ilusión de control, que hace referencia a la tendencia a sobreestimar que se dispone del control o de la posibilidad de influir en algo sobre lo que objetivamente no se tiene ningún control. En este sentido, la CNMV aconseja que el inversor “evite realizar un exceso de operaciones en un intento de ‘ganar al mercado’”.

También explica los sesgos de confirmación -que consiste en interpretar la información recibida o buscar informaciones nuevas de manera que confirme convicciones o ideas previas-, el de anclaje -que es la predisposición a dar más peso a la información obtenida en primer lugar que a otra nueva que la contradice- y el de autoridad -tendencia a sobreestimar las opiniones de determinadas personas por el mero hecho de ser quienes son, sin someterlas a enjuiciamiento previo-.

Finalmente, la ficha de la CNMV hablar del efecto halo -enjuiciar a una persona o institución sobre la base de una única cualidad positiva o negativa que hace sombra a todas las demás-, del sesgo de la prueba social -predisposición a imitar las acciones que realizan otras personas bajo la creencia de que se está adoptando el comportamiento correcto-, del descuento hiperbólico -tendencia a elegir recompensas más pequeñas e inmediatas frente a otras mayores y alejadas en el tiempo- y el sesgo de aversión a las pérdidas -tendencia a considerar que estas pesan más que las ganancias-.

 

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