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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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28 julio, 2016 | 09:58

El Impuesto de Sucesiones y Donaciones (ISD) está cedido a las comunidades autónomas y la diferencia de tributación entre unas y otras, así como la posibilidad de que se vaya a modificar en el futuro, provoca en los inversores la duda sobre si es mejor hacer una donación en vida a sus familiares o esperar a la sucesión

Además de la comunidad autónoma que vincula, en el ISD influyen la relación con el donante/fallecido, el patrimonio preexistente del donatario/sucesor, las reducciones y el importe recibido, entre otras cuestiones.

Por estos motivos, antes de tomar una decisión sobre cuál es la mejor alternativa, debemos de realizar un análisis del impacto que tendría cada opción, no solo en el ISD, sino también en el IRPF y en el Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos (más conocido como plusvalía municipal).

Así, los factores que nos sirven para optar por una opción u otra son, principalmente:

1-¿Qué legislación nos vincula? El hecho de que nos vincule una comunidad u otra puede provocar que el impacto fiscal sea completamente distinto, ya que hay algunas, como Madrid, que tienen en la actualidad una bonificación de 99% en los grupos 1 y 2 (ascendientes y descendientes).

 

Sucesión y donación
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2-En el caso de las donaciones, habrá que tener en cuenta la rentabilidad acumulada de los bienes que se van a donar, dado que el donante deberá de tributar en el IRPF al 19-23% por la ganancia generada desde la compra hasta el momento de la donación (excepto en el caso de la vivienda habitual de los mayores de 65 años). En activos con mucha rentabilidad acumulada desde la compra este impacto puede ser muy elevado.

En cambio, en el caso de las sucesiones, la ganancia generada desde la compra hasta el momento de fallecimiento no tributa (es lo que se conoce como ‘plusvalía del muerto’).

3-En lo que se refiere a los inmuebles, hay que hacer frente a la plusvalía municipal, que suele ser algo inferior en el caso de transmisiones mortis causa (sucesión) que inter vivos (donación).

Supongamos un inversor que tiene una vivienda y que no sabe si donársela a su hijo o si esperar a que la herede en el momento de fallecimiento. El inmueble está valorado en 300.000 euros (como mínimo se ha de coger la valoración que la comunidad donde esté situada le dé al inmueble) y fue comprada por 200.000 euros, siendo la plusvalía municipal de 14.000 euros en el caso de sucesión y de 15.000 euros en el caso de donación.

Tal y como se puede ver a continuación, el coste de la sucesión es menor debido a las reducciones personales, a la exención en el IRPF y al menor coste de la plusvalía municipal.

Sucesión y donación 2
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Sin embargo, podría ser interesante donar el bien en los siguientes casos:

-Si al realizar una donación vincula una comunidad con bonificación y en la sucesión no existe bonificación. 

-Cuando vincule, tanto en la sucesión como en la donación, una comunidad con bonificación, y ante una más que previsible homogeneización del impuesto a lo largo del territorio español, puede ser interesante realizar una donación, eliminando de esta manera el riesgo de que en el momento de la sucesión no exista dicha bonificación.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante.  

 

 
 
 

21 julio, 2016 | 09:38

La vejez no es lo que era. Vivimos más y el envejecimiento se retrasa. O dicho de otra forma, llegamos en mejores condiciones a edades más avanzadas. Esta buena noticia trae consigo la necesidad de prepararnos para ‘envejecer con éxito’, es decir, llegar en las mejores condiciones  -físicas, mentales, sociales y económicas- posibles para disfrutar de esta prolongación.

Para empezar, el concepto de vejez está cambiando. Los geriatras no consideran vieja a una persona de 70 años y según un estudio publicado por Sergei Scherbov y Warren Sanderson, el incremento de la esperanza de vida refleja un proceso de mejora de la salud de las personas. Los investigadores, como explicamos en nuestra web, sitúan la línea roja de la vejez cuando nos quedan 15 años de esperanza de vida y hablan de dos medidas de edad -real o años vividos ya y prospectiva o años que nos quedan por vivir-.

España, según los datos de la OCDE de 2015, es el segundo país más longevo de los que forman parte de esta organización. De hecho, en su informe Health at a glance, señala que “la esperanza de vida en España ha aumentado más rápido que en muchos otros países” de la organización y es ahora la segunda más alta, casi igual a la de Japón. Y según las estadísticas del INE, la esperanza de vida al nacer se situó en 2015 en 82,7 años (79,9 años en el caso de los hombres y 85,4, en el de las mujeres).

Todos tenemos deseos sobre qué haremos cuando seamos mayores y estemos jubilados, pero, más allá de los sueños, conseguirlo depende de que lo planifiquemos. Y para llegar a la vejez en las mejores condiciones y poder disfrutarla, cuanto antes empecemos a prepararnos, mejor.

Evitar la fragilidad

En Abante hemos celebrado varias conferencias sobre Envejecer con éxito. En la primera de ellas, el doctor Juan Ignacio González Montalvojefe de Servicio de Geriatría del Hospital Universitario La Paz, presidente de la Sociedad Madrileña de Geriatría y Gerontología y profesor asociado en la Universidad Autónoma de Madrid, explicaba que la vejez no debe percibirse como enfermedad y subrayó que “no se envejece ahora como se envejecía antes, ni desde el punto de vista físico, ni desde el cognitivo”.

Para evitar la fragilidad, que es la antesala de la incapacidad, González Montalvo recomendó: ejercicio (y, dentro de este, hay que trabajar la resistencia, la potencia, el equilibrio y la flexibilidad articular), actividad mental, cuidar la nutrición y llevar una vida social plena. “Las personas con una red social más amplia disfrutan de más tiempo en buen estado de salud”, destacó. Y también reconoció que “el dinero influye mucho”.

¿Qué debemos hacer para envejecer mejor? 

Por su parte, el doctor José Antonio Serra, jefe del Servicio de Geriatría del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, destacó, en otra de las conferencias: “La calidad de nuestra vejez está en nuestras manos, un porcentaje altísimo de cómo envejecemos depende de nosotros, no solo de lo que hagamos con 15, sino de lo que hagamos con 65, 70, etc.”.

Nuestra dieta y la actividad física determinan en un 75% la forma en la que nos hacemos mayores. Así, cuando una persona pregunta: ¿merece la pena dejar de fumar a los 75 años? ¿Merece la pena empezar a hacer ejercicio con 82? La respuesta de este geriatra es: “¡Claro que merece la pena!”.

Nunca es tarde para adoptar hábitos saludables. Serra destacó que es bueno difundir el mensaje de que cada uno decida qué hacer con su vida, “somos dueños de nuestro futuro a cualquier edad”. “Esa época es tan interesante como cualquier otra”, dijo.

¿Cuánto cuesta la jubilación que queremos? 

Llegamos a la jubilación con muchas aspiraciones, pero en muchos casos infravaloramos lo que nuestro estilo de vida costará. Si queremos viajar más, estudiar algo, colaborar con alguna organización, etc. probablemente gastemos más que cuando trabajábamos. ¿Cuánto vamos a necesitar? Es la pregunta del millón.

En cualquier caso, conviene que nos planteemos si las previsiones que estamos haciendo para nuestra jubilación son acertadas y si estamos haciendo una correcta planificación. Debemos analizar nuestros gastos, conocer el valor aproximado de nuestros objetivos y tener una idea clara de la situación de partida para diseñar la hoja de ruta hacia nuestra independencia económica.

 

 
 
 
 
 

 

14 julio, 2016 | 09:41

INFOGRAFÍA_pensiones_27-01
Cuando hablamos de ahorro e inversión, muchas veces decimos que el tiempo es nuestro aliado, cuanto antes comencemos, mayor beneficio obtendremos. Esta afirmación se explica por el efecto del interés compuesto.

Hablamos de interés compuesto cuando lo que nos dan por nuestro ahorro o inversión se suma al capital principal –se van reinvirtiendo- y, por tanto, también generan intereses en años sucesivos. Es decir, se trata de la acumulación de los intereses generados en un período determinado, por un capital inicial (Ci) o principal, a una tasa de interés (i), durante (n) periodos de imposición; de tal manera que el beneficio que se obtenemos al final de cada periodo de inversión no se retiran sino que se reinvierten capitalizándose a dicha tasa (i).

El efecto que este interés del interés tiene en nuestras finanzas personales en el largo plazo puede llegar a ser muy importante, como vamos a ver con un ejemplo:

Supongamos que queremos invertir 100.000 euros en una cartera de fondos de inversión que esperamos que vaya a tener una rentabilidad media anual del 4% y que dicho dinero va a estar invertido durante los próximos 20 años.

Para calcular cuánto dinero tendremos al final del periodo, no podemos limitarnos a multiplicar el capital inicial por la tasa de interés y el número de periodos de cálculo (100.000 * (1+(4% * 20)) = 180.000 euros), ya que esto supondría que los intereses no se han reinvertido, sino que habrá que aplicar la siguiente fórmula:

Cf = Ci * (1+i)^n = 100.000 * (1+4%)^20 = 219.112,30 euros.

Donde:

    Cf es el capital al final del enésimo período

    Ci es el capital inicial

    i es la tasa de interés

    n es el número de períodos

Tal y como se puede ver, el reinvertir los intereses, en el plazo de 20 años, hace que la rentabilidad sea 39.112 euros superior sobre la opción de no reinvertirlos.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante.  

 

 
 
 

07 julio, 2016 | 09:41

La semana pasada comentamos cómo influyen los años que no cotizamos en el cálculo de la pensión de jubilación de la Seguridad Social en el caso de los trabajadores por cuenta ajena. En este post vamos a ver qué ocurre en el caso de los autónomos.

A diferencia del régimen de asalariados, los autónomos pueden elegir en cada momento qué base de cotización quieren tener (mínima, máxima o una base intermedia) y las lagunas que existan en el periodo de cálculo, si vincula el régimen de autónomos, se contabilizan a 0 euros, por lo que la base reguladora será inferior respecto al régimen de asalariados.

Imaginemos un autónomo de 61 años, con 36 años cotizados a la Seguridad Social que va a vender su empresa, no ha cotizado por prestación por desempleo y no tiene intención ni de volver a cotizar ni de hacer convenio especial con la Seguridad Social. ¿Qué pensión le correspondería?

Abante lagunas pension autónomo
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A dicho importe habría que restarle el Factor de Sostenibilidad que fue aprobado en 2013 y entrará en vigor a partir de 2019.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante

 

 

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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