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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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27 agosto, 2015 | 09:37


Pensiones blog cinco díasCada vez somos más conscientes de que el sistema de pensiones público es insostenible a largo plazo en las condiciones actuales y de que, por tanto, asegurar nuestra jubilación depende en buena parte de lo que seamos capaces de ahorrar. Lo que mucha gente desconoce es qué pensión va a cobrar el día que se jubile. Los españoles todavía no recibimos el famoso sobre naranja que envían los gobiernos de algunos países europeos a sus ciudadanos con esta información. 

¿Quieres saber qué pensión va a recibir? 

Lo primero que debemos tener en cuenta son los requisitos necesarios para recibir la pensión:

  1. Tener cubiertos en el momento de la jubilación 15 años de cotización, de los cuales, al menos dos deben estar comprendidos en el periodo entre los 50 y los 65 años.
  2. Tener cumplida la edad legal de jubilación (65-67 años).
  3. Cesar en la actividad laboral. Recordamos que desde 2013, se puede compatibilizar el 50% de la jubilación con la actividad laboral a través de la jubilación activa

Si los cumplimos, tendremos derecho a recibir una pensión, cuya cuantía dependerá, entre otros factores, de cómo (asalariado, autónomo…), cuánto (cotización al máximo, mínimo, intermedia…) y el número de años que hayamos cotizado. 

No hay que olvidar que en 2011 se reformó el sistema de pensiones y que la reforma que ya ha entrado en vigor será paulatina y finalizará en 2027. El año de jubilación, por tanto, también afectará a la forma de realizar el cálculo. Os recordamos los cambios más importantes: 

-Retraso de la edad de jubilación ordinaria a los 67 años,excepto para aquellos trabajadores que hayan cotizado 38 años y 6 meses, que podrán hacerlo a los 65 años. El paso de 65 a 67 años, así como la exigencia de haber cotizado 38 años y 6 meses para acceder a la jubilación a los 65 años, se aplicará progresivamente en el periodo entre 2013 y 2027. 

-Período de cómputo para el cálculo: pasará de forma progresiva (entre 2013 y 2022) de los 15 años que se consideraban en 2012 a 25 años.

-Pensión a recibir en función del número de años cotizados: se modifica el periodo necesario de cotización para recibir el 100% de la base reguladora. La escala evolucionará desde el 50% de la base reguladora con 15 años cotizados hasta el 100% con 37 años. El aumento de 35 a 37 años se realizará en un período delimitado entre 2013 y 2027. 

-Lagunas de cotizaciones: en caso de existir lagunas de cotización en los asalariados, y siempre que se cumplan una serie de requisitos, serán completadas de acuerdo a la fórmula siguiente: las correspondientes a los primeros 48 meses, con la base mínima de cotización vigente en cada momento y las que excedan de 48 meses, con el 50% de la misma. En el caso de los autónomos no cambia la legislación y en las lagunas la base de cotización es de 0 euros.

-Retraso de la jubilación anticipada: los trabajadores podrán jubilarse de forma voluntaria, aplicando ciertos coeficientes reductores a partir de los 63 años de edad, siempre que tengan como mínimo 33 años cotizados. 

-Incentivos a la prolongación voluntaria de la vida laboral: se establecen nuevos incentivos calculados por cada año adicional trabajado después de la edad en la que el trabajador pudiera acceder a la jubilación (65 o 67 años según sus años de cotización), siempre que al cumplir esta edad se hubiera reunido el periodo mínimo de cotización. 

Adicionalmente, en 2013 se aprobó una nueva reforma del Sistema de Pensiones. De dicha reforma cabe destacar: 

-Factor de sostenibilidad: se trata de una serie de índices o coeficientes correctores con los que se pretende ligar la evolución de la cuantía de las pensiones tanto a la esperanza de vida, como a los ingresos y gastos del sistema.

En lugar de determinar la subida de las pensiones en función del IPC, se creará un nuevo índice que tiene en cuenta la inflación media, los ingresos del sistema, la tasa de sustitución y el déficit o superávit de la Seguridad Social durante una media de 11 años (los seis anteriores al momento en el que se fijan y las previsiones de los cinco siguientes). 

Este retraso de la edad legal de jubilación, la exigencia de tener más años cotizados para recibir el 100% de la base reguladora, así como el incremento del número de años que se consideran para hacer el cálculo provocan que las pensiones, en la mayoría de los casos, se reduzcan

En las próximas semanas profundizaremos en cómo se realiza el cálculo en el caso de los asalariados y de los autónomos -los dos grupos más comunes- con dos ejemplos prácticos detallados. 

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante. 

20 agosto, 2015 | 09:38

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Uno de los cambios de la reforma fiscal que ha entrado en vigor en 2015 afecta a los planes de pensiones. Las modificaciones tienen que ver tanto con la aportación, como con el rescate, modifica las restricciones sobre la liquidez de los mismos y se benefician de la bajada de los tipos impositivos. Dado que la mayoría nos acordamos de los planes de pensiones en el último trimestre del año –erróneamente, ya que hacer aportaciones periódicas nos beneficiaría-, queremos recordaros estos importantes cambios. 

En este sentido, la reforma, que tiene aspectos negativos y positivos, decepcionó a los expertos. Cabría esperar que, teniendo en cuenta que el sistema de pensiones español se está viendo perjudicado por la inversión de la pirámide poblacional y el aumento de la esperanza de vida, el Gobierno debería haber favorecido los productos financieros destinados a la jubilación, pero no fue así. ¿El motivo? La aportación media a planes de pensiones no se acercaba al máximo legal. 

En primer lugar, se reducen las APORTACIONES máximas a planes de pensiones. Existen dos límites que no hemos de confundir: 

  • El límite financiero (lo máximo que se puede aportar), que ascendía en 2014 a 10.000 euros para menores de 50 años y a 12.500 para mayores de 50 años, se ha reducido a 8.000 euros anuales independientemente de la edad a partir del 1 de enero de 2015. 
  • El límite fiscal (lo máximo que podemos deducirnos), en 2014 era la menor de las siguientes cantidades: 10.000 euros o el 30% de los rendimientos netos del trabajo o actividades económicas para menores de 50 años y 12.500 euros o el 50% de los rendimientos netos del trabajo o actividades económicas para mayores de 50. A partir de 2015 la aportación máxima será la menor de las siguientes cantidades: 8.000 euros o el 30% de los rendimientos netos del trabajo o actividades económicas independientemente de la edad. 

En cuanto al RESCATE, tributa como rendimientos del trabajo, pero las aportaciones anteriores a 2006 que fuesen rescatadas en forma de capital (todo de golpe) tenían una reducción del 40%, que, a partir de 2015, se limita en el tiempo. Para poder acogerse a la misma habrá que realizar el rescate el año de jubilación o en los dos ejercicios siguientes

Existe un régimen transitorio para todos aquellos que se jubilaron antes de 2015. En el caso de contingencias acaecidas en los ejercicios de 2011 a 2014, el régimen transitorio solo se aplica a las prestaciones percibidas en los ocho ejercicios siguientes a la jubilación o contingencia. En el caso de contingencias acaecidas en los ejercicios 2010 o anteriores, el régimen transitorio solo se aplica a las prestaciones percibidas hasta el 31 de diciembre de 2018. Si tenemos aportaciones antes de 2006 y queremos rescatar el plan no hemos de olvidar este límite temporal. 

A partir de 2015, aparece un nuevo supuesto excepcional de liquidez (rescate a partir del décimo año desde 2025) adicional a los dos que existían (enfermedad grave y paro de larga duración). Con la reforma, se mantienen las contingencias (fallecimiento, jubilación, dependencia e invalidez).   

Por último, hemos de recordar que la bajada de tipos impositivos que se iba a realizar en dos tramos (2015 y 2016) se ha adelantado y el segundo ha entrado en vigor el 1 julio de 2015. Es probable que se estructure a través de un tipo intermedio (ver que pasa con el consejo ministros). 

Dicha bajada afecta, por un lado, a las aportaciones realizadas: al deducirse a un tipo inferior al que existía en 2014, la devolución de Hacienda por cada euro aportado es inferior. Por otro, a los rescates de planes de pensiones, que tributan a un tipo inferior al de 2014, por lo que pagaremos menos impuestos. Si va a rescatar su plan de pensiones, le recomendamos que lo haga a partir del 1 de enero de 2016 en el que la bajada de tipos impositivos estará en su nivel más bajo si finalmente se tiene en cuenta en 2015 un tipo intermedio.

Planes de pensiones reforma fiscal

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*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante. 

13 agosto, 2015 | 09:28

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La mayoría somos conscientes de la necesidad de ahorrar para cubrir necesidades futuras, desde comprar una casa o cubrir imprevistos como quedarnos en paro hasta asegurarnos el nivel de vida en la jubilación. Y cada vez tenemos más claro que con solo ahorrar no es suficiente, dado que en el actual entorno de tipos bajos –que se prolongará en el tiempo- conseguir rentabilidad por nuestro dinero para minimizar nuestro esfuerzo es complicado.

Así, muchos ahorradores se plantean la inversión de su dinero y buscan los productos que creen más adecuados. Pero para tener éxito en nuestras inversiones, antes de elegir el producto, hay que entender bien las necesidades que tenemos, elaborar un plan financiero. Y a la hora de diseñar este plan, hay que tener en cuenta una serie de variables más allá de si somos un inversor conservador o si tenemos un perfil con mayor tolerancia al riego.

Porque muchas veces sucede que un inversor, basándose en creencias erróneas, hace una mala inversión. Todos hemos oído alguna vez que los depósitos y los bonos son una opción segura, que invertir en bolsa es demasiado arriesgado y nos puede provocar pérdidas o que con el ladrillo nunca pierdes.

Una de las principales variables a tener en cuenta y que a menudo se olvida es el efecto de la inflación cuando trazamos nuestro plan. Si por querer evitar la pérdida elegimos la opción más conservadora sin más consideraciones, puede suceder que a largo plazo suframos una pérdida aún mayor que la que nos habría ocasionado la bolsa. Dejar de ganar podría ser igual que perder: la inflación es el mayor enemigo de los inversores conservadores. La rentabilidad real de nuestras inversiones es la rentabilidad que nos dan los activos menos los impuestos y menos la inflación.

Lo que nos cuesta la inflación

Cuando hablamos con algunos de nuestros clientes, es frecuente escuchar frases como “estoy harto de perder dinero, así prefiero tener el dinero en una cuenta corriente o debajo de la almohada antes que sufrir las caídas de la bolsa” o “yo no tengo tiempo para estar preocupándome por mis inversiones y prefiero un producto seguro”. Esta decisión –dejar el dinero sin invertir o en un producto con una rentabilidad igual o inferior a la inflación- les va a llevar, con un 100% de probabilidad, a perder una parte de su poder adquisitivo en el futuro.

Vamos a verlo con un ejemplo con números. Si tengo 100.000 euros ahorrados, ¿la mejor opción es la más conservadora? Si dejo ese dinero en la caja fuerte o bajo el colchón, dentro de 20 años tendré solo 67.000 euros, debido al efecto de la inflación (escenario calculado con el 2%, que es el objetivo europeo). Por no hacer nada habría perdido 33.000 euros.

Inflacion

Puedo optar por un depósito o invertir en letras del Tesoro, con una rentabilidad aproximada del 1%. Este caso, dentro de 20 años mis 100.000 euros de hoy valdrán 78.000. Para que mi dinero no pierda valor debería buscar una inversión que me dé un 2,5% de rentabilidad, teniendo en cuenta una inflación del 2% y unos impuestos sobre la ganancia del 20%.

Teniendo en cuenta esto, a la hora de planificar nuestras inversiones, deberíamos buscar un objetivo de rentabilidad ligeramente superior a la inflación para no perder dinero. Y hoy en día esto es prácticamente imposible de conseguir sin asumir determinado nivel de riesgo. Eso sí, si comprendemos las opciones que nos ofrece el mercado y los riesgos que implica cada una, las decisiones se ajustarán mucho mejor a nuestras necesidades. En esta tarea contar con un consejero profesional puede ser de gran ayuda. 

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante. 

06 agosto, 2015 | 09:38

A la mayoría de los padres les preocupa la educación de sus hijos: que aprendan inglés, que vayan a un buen colegio o accedan a la mejor universidad, que realicen un curso escolar en el extranjero o que un máster. También quieren poder ayudarles a pagar la entrada de una vivienda o a poner en marcha un negocio. Todo esto cuesta dinero y, pese a su importancia, la experiencia nos dice que son pocos los que lo planifican correctamente

Muchos padres no se plantean una serie de cuestiones relevantes que pueden determinar que consigan o no sus objetivos. Elaborar un plan financiero es clave para poder decidir cómo queremos que sea el futuro y no estar a expensas de acontecimientos externos. Con la ayuda de un experto podremos determinar qué cantidad de dinero necesitamos ahorrar cada año y cómo invertirla para cubrir esos objetivos. 

Vamos a verlo con un ejemplo. Pablo quiere que sus dos hijos, de 10 y 8 años, estudien en una universidad privada. Calcula que costará 12.000 euros cada uno entre los 18 y los 22 años. Y también quiere pagarles un máster, cuyo coste estima que será de 60.000 euros. ¿Qué ahorro debe destinar? ¿Encaja con su estructura de ingresos y gastos? 

Valoración económica del objetivo 

Una vez definido el objetivo, lo primero que tendremos que hacer es valorarlo en términos económicos teniendo en cuenta la edad actual de sus hijos, el coste de la universidad y el máster y el efecto de la inflación (el precio no es el mismo hoy que dentro de diez años).

Con este criterio y en un escenario de inflación del 2%, calculamos que su objetivo cuesta 314.059 euros (ver tabla). 

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Una vez determinado el coste (314.059 euros), debe decidir qué parte de su patrimonio destinará al mismo.

Teniendo en cuenta su perfil de riesgo y el horizonte temporal de las inversiones, fija la rentabilidad necesaria en un 4% anual medio (inflación + 2%). Por lo que necesita destinar 177.832 euros de su patrimonio actual para pagar la educación que desea a sus hijos. 

 

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¿Qué ahorro anual debo destinar? 

Pablo prefiere reservar ese dinero para comprar una casa más grande, por lo que debe planificar el ahorro para los próximos 18 años. Como vemos en la siguiente tabla, para conseguir su objetivo deberá ahorrar 12.026 euros anuales (se incrementan anualmente con el IPC), como se ve en la tabla siguiente.

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El estudio y el plan permiten a Pablo tener una idea clara de cuál es el esfuerzo que debe hacer para conseguir lo que quiere y determinar cómo invertir el dinero para maximizar el rendimiento de su ahorro. 

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante. 

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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