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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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30 julio, 2015 | 09:36

  Abante icons Dos colores-72

De aquí a finales de año podemos tomar una serie de decisiones para intentar minimizar la factura con Hacienda y tener que pagar menos cuando hagamos la declaración de la renta, como vimos en los dos artículos anteriores.

Las aportaciones que realicemos a planes de pensiones son deducibles de la base imponible general, lo cual quiere decir que si aportamos a planes de pensiones, Hacienda nos devolverá parte del dinero invertido (la cantidad dependerá de nuestro marginal). 

En el siguiente cuadro puede ver el ahorro que supone una aportación de 1.000 euros a planes de pensiones en función del tipo marginal que tengamos:

Pp aportaciones

* Según escala estatal. Las CC.AA. pueden incrementar o disminuir el tipo impositivo.

Visto de esta manera, si Hacienda me va a devolver parte del dinero invertido en planes de pensiones al hacer la declaración de la renta, ¿me conviene y puedo aportar todo lo que quiera en estos productos? La respuesta es no. Por un lado, porque no debemos olvidar la iliquidez de los mismos (ya que no podrán ser rescatados a no ser que ocurran alguna de las contingencias o alguno de los supuestos excepcionales de liquidez) y, por otro, porque existen límites a la aportación máxima a planes de pensiones.

 

¿Cuánto podemos aportar a planes de pensiones? 

Existe un límite fiscal máximo de aportación a planes de pensiones (el tope que podrás deducirte) entre lo realizado por el contribuyente y por el promotor (planes de empleo). Será la menor de las siguientes cantidades:

· 8.000 euros anuales.

· 30% de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas.

Además, hay un límite financiero de 8.000 euros anuales (es lo máximo que puedes ingresar en el plan anualmente. Superarlo es sancionable con una multa si no retiramos el exceso antes del 30 de junio del año siguiente).

No existe limitación alguna sobre el número de planes de pensiones a los que puede aportar un inversor.

No interesará realizar aportaciones por encima de límite fiscal (en caso de que este sea inferior al financiero), ya que no nos podremos deducir por el exceso y, sin embargo, en el momento del rescate tendremos que tributar como renta del trabajo.

Adicionalmente, aquellas personas cuyo cónyuge no obtenga rendimientos netos del trabajo y/o actividades económicas o sean inferiores a 8.000 euros anuales euros, podrán aportar al plan del cónyuge hasta un máximo de 2.500 euros anuales.

En el caso de planes de pensiones de discapacitados los límites son muy superiores, como ya explicamos en este blog hace unos meses: las personas con discapacidad podrán aportar como máximo 24.250 euros anuales y sus familiares, 10.000 por persona. La aportación conjunta (entre la persona con discapacidad y los familiares) no podrá superar los 24.250 euros.

Gran parte de los inversores, realizan únicamente aportaciones a planes de pensiones por el beneficio fiscal que ello conlleva y no se paran a analizar la calidad del producto. Recomendamos que antes de hacer una aportación, escojamos bien el plan de pensiones en el que invertimos.

Veamos el ejemplo de una persona cuyos ingresos computables a efectos del IRPF (base imponible) ascienden a 80.000 euros y desea saber cuánto puede aportar a planes de pensiones y cuál es el impacto fiscal que tendrá.

 ¿Cuánto puede aportar?

  • · Límite financiero (lo máximo que puede aportar): 8.000 euros.

· Límite fiscal (lo máximo por lo que se puede deducir): 8.000 euros.

 ¿Cuál es el impacto fiscal de la aportación?

Debido a que el marginal del inversor asciende al 47%, la aportación de 8.000 euros reducirá su factura fiscal en 3.760 euros.

Minimizar_deduccion_aportaciones_pp_impacto

 

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*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante. 

23 julio, 2015 | 09:45

Abante icons Dos colores-55Podemos tomar una serie de decisiones de aquí a final de año para reducir el impacto fiscal, como vimos en el post anterior. Así, además de aprovechar la deducción por inversión en vivienda habitual y los donativos, debemos tener en cuenta que podemos compensar las bases, como vamos a explicaros en este artículo. La semana que viene veremos las aportaciones a planes de pensiones.

A lo largo de 2015 se han podido generar determinadas ganancias o pérdidas patrimoniales (venta de acciones, venta de fondos de inversión, derivados, divisas o venta de inmuebles) o determinados rendimientos del capital mobiliario (rentas producidas por el resto de productos financieros a excepción de los planes de pensiones) y puede que nos interese compensarlas antes de que finalice el año. 

También pueden existir pérdidas o rendimientos generados en ejercicios anteriores pendientes de compensación (de 2011 a 2014). Es importante conocer cómo se pueden compensar tras la reforma fiscal para tomar decisiones antes de diciembre. 

¿Cómo se compensan la base general y la base del ahorro?

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* Norma transitoria: Las pérdidas patrimoniales a más y menos de un año correspondientes a los periodos impositivos de 2011, 2012, 2013 y 2014 que se encuentren pendientes de compensación a 01/01/2015, se compensarán en la base del ahorro de acuerdo a la legislación vigente en 2014, es decir, no se podrán compensar parte de los rendimientos con las ganancias ni viceversa. 

Veamos un ejemplo que nos ayude a entender mejor esta compensación. Supongamos un inversor que a lo largo de 2015 ha vendido un fondo de inversión con una ganancia de 15.000 euros y un bono con un rendimiento negativo de 3.000 euros. 

Teniendo en cuenta la legislación de 2015, podrá compensar el rendimiento negativo con un 15% de la ganancia patrimonial: 15% de 15.000 euros (ganancia fondo) = 2.250 euros.

Por lo tanto, si no hiciese ninguna otra operación, el inversor tendría: 

  • Un rendimiento del capital mobiliario negativo de 750 euros (3.000-15%*15.000), que podrá compensar en los cuatro ejercicios siguientes: 2016, 2017, 2018 y 2019.
  • Una ganancia patrimonial de 12.750 euros (15.000-15%*15.000). El impacto fiscal considerando los tipos del 2015 sería de 2.685 euros (6.000*20%+6.750*22%).

¿Cómo reducimos el impacto fiscal? 

En primer lugar podría compensar los rendimientos negativos del capital mobiliario, generados por el bono, con rendimientos del capital mobiliario positivos (estructurados, venta de bonos, seguros, dividendos, cupones, intereses). 

Las ganancias patrimoniales derivadas de la venta del fondo de inversión podrían compensarse con pérdidas patrimoniales generadas por la venta de acciones, venta de fondos, inmuebles, derivados o divisas. 

Suponemos que inversor puede generar una pérdida patrimonial por la venta de unas acciones de 12.000 euros. Al compensar las pérdidas con las ganancias el impacto fiscal sería el siguiente: 

  • Un rendimiento del capital mobiliario negativo de 2.550 euros (3.000-15%*(15.000-12.000)), que podrá compensar en los 4 ejercicios siguientes: 2016, 2017, 2018 y 2019.
  • Una ganancia patrimonial de 2.550 euros (15.000-12.000-15%*3.000). El impacto fiscal considerando los tipos del 2015 sería de 510 euros (2.550*20%).

Para poder compensar esos rendimientos o ganancias con pérdidas o con rendimientos negativos, tendremos que cumplir con las normas antiaplicación: cuando una persona compra valores cotizados, es decir, acciones, títulos de renta fija o fondos de inversión y los vende con minusvalía; no podrá declarar dicha minusvalía cuando haya comprado títulos homogéneos durante los dos meses anteriores o durante los dos meses posteriores al momento de la venta con minusvalía. 

No obstante, que no pueda declarar la minusvalía no significa que la pierda. Podrá declararla en el futuro, cuando realice una nueva venta en la que no concurran las condiciones que lo impidan. 

Esta norma antiaplicación se estableció porque, durante muchos años, los inversores, con el fin de aprovechar una ventaja fiscal, a final de cada año, vendían activos con pérdidas y re-compraban los mismos activos con el fin de aflorar minusvalías que compensarían con plusvalías. 

El cliente, no solo debe tener en cuenta el efecto que tendrán estas decisiones sobre su fiscalidad, sino también el efecto sobre sus finanzas.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante. 

16 julio, 2015 | 09:31

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Hace solo unas semanas estábamos en plena campaña de la declaración de la renta (consulta nuestro especial) y la mayoría nos preguntamos, cuando nos toca rendir cuentas con Hacienda, “¿qué puedo hacer para no pagar tantos impuestos el año que viene?”.  Para tratar de reducir, en la medida de nuestras posibilidades, el impacto fiscal podemos tomar algunas decisiones de aquí a final de año(es importante hacerlo antes del 31 de diciembre).

Los que más susto se suelen llevar son aquellos que generan rentas no sujetas a retención o rentas cuya retención es inferior a la que les corresponde, ya que tendrán que pagar la diferencia al hacer la declaración entre abril y junio de 2016. En algunos casos esta diferencia puede ser considerable. ¿Qué tipo de rentas nos encontramos en este grupo? Entre otras:

  • Indemnizaciones no exentas.
  • Rentas cuando se han tenido dos pagadores o más.
  • Alquileres.
  • Venta de acciones, bonos o inmuebles, entre otros, al no estar sujetos a retención.
  • Prestación por maternidad.

Intentar paliar la factura fiscal antes de que termine el año está en nuestras manos. Podemos tratar de beneficiarnos al máximo de las siguientes deducciones o reducciones que Hacienda pone a nuestro alcance:

  1. Compensación de rendimientos de capital mobiliario y ganancias o pérdidas patrimoniales.
  2. Aportación a planes de pensiones.
  3. Deducción por inversión en vivienda habitual (compras realizadas antes de 2013).
  4. Donativos.

En este primer post, explicaremos las dos últimas, la deducción por inversión en vivienda habitual y los donativos. En las dos próximas semanas dedicaremos un artículo a la compensación de rendimientos y a las aportaciones a planes de pensiones.

Deducción por inversión en vivienda habitual

Si compró su vivienda habitual antes del 1 de enero de 2013, podrán deducirse un 15% de las cantidades aportadas anualmente (por ejemplo a través de la hipoteca) con un máximo de 9.040 euros. Les recordamos que si realiza tributación conjunta con su cónyuge y la vivienda está a nombre de los dos, solo podrán deducirse 9.040 euros, en lugar de 18.080 euros (9.040*2).

Si lo que va a pagar de hipoteca a lo largo de 2015 es inferior a la deducción máxima y no tiene comisión de cancelación anticipada, es posible que le interese amortizar anticipadamente parte de la misma hasta llegar a los 9.040 euros. 

A continuación mostramos un ejemplo para que puedan ver el efecto de dicha deducción: 

Diego tiene una cuota íntegra (cantidad que debe de pagar a Hacienda sin tener en cuenta una serie de deducciones) de 10.000 euros y una hipoteca sobre su vivienda habitual que fue adquirida en 2012. A lo largo de 2015 pagará 6.000 euros.

Si el inversor no realiza amortizaciones adicionales, su cuota líquida (impuestos que debe de pagar sin tener en cuenta la retención) ascenderá a 9.100 euros (10.000-6.000*15%). 

Si, por el contrario, desea beneficiarse al máximo de la deducción y amortiza anticipadamente 3.040 euros de hipoteca, la cuota líquida se reducirá a 8.644 euros (10.000-9.040*15%). 

Minimizar_deduccion_vivienda

Donativos 

Los contribuyentes podrán deducirse en la cuota, con carácter general, un 25% de los donativos realizados a las fundaciones previstas en la Ley 49/2002 (Médicos sin Fronteras, Caritas, UNICEF o Manos Unidas, entre otros). Otras fundaciones legalmente reconocidas podrán deducirse un 10% de las cantidades donadas. 

Si las donaciones son realizadas para la restauración de determinados bienes del Patrimonio Histórico Español o aquellas destinadas a la realización y desarrollo de actividades y programas prioritarios de mecenazgo tendrán derecho a una deducción del 30%. 

Las CC.AA. podrán ampliar las deducciones anteriormente expuestas. 

La base máxima de la deducción por donativos o donaciones anteriormente expuestos no podrá superar, con carácter general, el 10% de la base liquidable del ejercicio

Veamos un caso práctico que nos ayude a entender dicha deducción. Si un inversor con una cuota íntegra de 15.000 euros no realiza donaciones ni tiene hipoteca, tendrá una cuota líquida de 15.000 euros. Si, por el contrario, realizase donaciones por valor de 600 euros a fundaciones previstas en la Ley 49/2002, el impacto fiscal se reduciría en 150 euros.

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*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante. 

09 julio, 2015 | 09:26

Casi todos los inversores comparten, independientemente de sus diferencias, el objetivo común de asegurarse la jubilación. Quién no se ha preguntado alguna vez: “¿Qué pasará cuando me jubile? ¿Tendré dinero suficiente? ¿La Seguridad Social será capaz de mantener las pensiones actuales?”.

Abante_finplan_jubilacion_1Hay personas que prefieren no plantearse estas cuestiones, pero lo cierto es que cuando nos jubilemos querremos mantener el nivel de vida que tenemos mientras trabajamos y la pensión de la Seguridad Social no va a ser suficiente. Por eso, los ahorros que hayamos sido capaces de generar hasta entonces van a ser cruciales y recomendamos empezar a planificar cuanto antes la jubilación.

A continuación mostramos un caso muy simplificado de un inversor, Juan, que con 45 años está preocupado por cómo será su situación cuando deje de trabajar. Es capaz de ahorrar 30.000 euros al año y desea saber si el día que se jubile podrá mantener los 5.000 euros de gastos mensuales actuales.

El coste de la independencia económica

Lo primero que debe hacer Juan es definir sus objetivos y el coste de los mismos: ¿cuáles son los ingresos que tendré cuando esté jubilado (Seguridad Social, alquileres o venta de inmuebles...)? ¿Con cuánto quiero vivir? En la valoración de las partidas de ingresos y gastos no debemos olvidar el efecto del IPC si queremos mantener nuestro nivel de vida; los ingresos y gastos actuales no son los mismos que los de dentro de 10, 15 o 20 años.

En el caso de Juan, partimos del presupuesto de que recibirá un 70% de la pensión que le correspondería hoy a un inversor de 65 años de sus mismas características, ya que es probable que el sistema de cálculo de la Seguridad Social actual cambie en los próximos años para garantizar su sostenibilidad, teniendo en cuenta los factores demográficos como el incremento de la esperanza de vida y la inversión de la pirámide poblacional.

Teniendo en cuenta unos gastos mensuales de 5.000 euros, en un escenario de inflación del 2% (excepto en el caso de la Seguridad Social, que consideramos un IPC del 1%), vemos que su objetivo cuesta 2.233.394 euros.

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Financiarnos en los mercados

El siguiente paso que debe llevar a cabo Juan es determinar el patrimonio financiero actual y el ahorro que será capaz de generar hasta el momento en que se jubile.

1. Patrimonio financiero actual: hay que analizar todas las inversiones que tiene la persona en cada una de las entidades con las que trabaja.

2. Flujos de caja hasta la jubilación: además, hay que calcular lo que el inversor es capaz de ahorrar hasta el momento de la jubilación.

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Una vez determinado cuánto cuesta el objetivo y qué patrimonio tiene el inversor para financiarlo, sabremos el déficit que tiene o el objetivo de rentabilidad que necesita. En el caso de Juan, la rentabilidad anual media mínima que debería de exigir a sus inversiones (actuales y futuras), si consideramos un IPC anual medio del 2%, es del 1,72% si su intención es haber consumido todo el capital al cumplir los 90. En cambio, si desea conservar un colchón, por si acaso, la rentabilidad que necesita será superior.

Cuanto antes se realice el estudio de planificación financiera, mayor será el margen de maniobra del inversor. Si el inversor decidiese comenzar a ahorrar más tarde, le debería exigir a sus inversiones mayor rentabilidad o, para la misma rentabilidad, debería de generar más ahorro anual.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante. 

03 julio, 2015 | 10:30

La bajada de tipos de la reforma fiscal aprobada en 2014 estaba diseñada para entrar en vigor en dos fases, la primera el 1 de enero de 2015 y la segunda el 1 de enero de 2016. Sin embargo, el Gobierno anunció este jueves que adelantaba la segunda fase de la rebaja de impuestos al 1 de julio de este año. Además, se extiende a todos los autónomos la retención del 15%, que hasta ahora solo se aplicaba a aquellos cuyos ingresos eran inferiores a 15.000 euros anuales.

¿Qué tipos nos aplica Hacienda desde este mismo mes? Y, ¿cuánto ahorraremos al mes en función de nuestras circunstancias personales

La reforma fiscal ha supuesto la reducción de los tramos del IRPF de siete a cinco (12.450 euros, entre 12.450 y 20.200, entre 20.200 y 35.200, entre 3 5.200 y 60.000 y a partir de 60.000 euros) y la rebaja del tipo impositivo (se limita a la parte estatal del impuesto, no a la mitad que depende de las comunidades autónomas). 

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En enero de este año el tipo mínimo se situó en el 21%  y desde el 1 de julio de 2016 se reduce hasta el 19%. Recordemos que en 2014 el tipo mínimo era del 24,75%.

El tipo máximo se sitúa a partir de ahora en el 45% (desde el 47% en vigor desde enero y frente al 52% de 2014).

Respecto a la capacidad de ahorro que supone la reforma fiscal, depende no solo del salario percibido, sino también de las circunstancias generales. En la siguiente tabla podemos ver cuánto se ahorra una persona con la segunda fase de la rebaja respecto a 2014:

Abante_reforma_fiscal_ahorro

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También se han recortado los tipos de la base del ahorro, situándose el mínimo en el 19% desde el 1 de julio y el máximo (para una base liquidable de 50.000 euros en adelante) en el 23%, frente al 27% de 2014 y el 24% que se ha aplicado en los seis primeros meses de este año.

Abante_reforma_fiscal_IRPF2
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Por otra parte, hay que recordar que, entre otras medidas, se elevó desde enero de 2015 el umbral mínimo de tributación a 12.000 euros, lo que significa que por debajo de este nivel no será necesario pagar el impuesto. En la actualidad, una persona con rentas de 12.000 euros y sin hijos dependientes debe abonar unos 576,5 euros a Hacienda. 

02 julio, 2015 | 09:28

Vender o alquilar propiedades, recibir una indemnización por despido o heredar, son algunas de las circunstancias más frecuentes que permiten vivir sin trabajar o trabajar, si a uno le apetece, sin preocuparse por el dinero que genere, es decir, ser independientes económicamente. El peligro es que se tomen decisiones equivocadas que provoquen que el patrimonio disminuya. 

Para que eso no ocurra, el inversor debe realizar un ejercicio de planificación financiera que le ayude a enfocar correctamente sus inversiones y gastos. Con este objetivo debe contestar a preguntas tan importantes como: ¿qué objetivo de rentabilidad necesito para mantener el nivel de vida deseado?, ¿es acorde a mi perfil de riesgo o he de rebajar mis expectativas de gastos o plantearme otras alternativas como vender inmuebles? 

A continuación le ponemos un sencillo ejemplo para que vea cómo el planteamiento de este ejercicio de planificación: Julia tiene 75 años y vive de las rentas desde hace diez. Hasta ahora no se había preocupado de sus inversiones financieras, pero la última crisis de la bolsa y una caída de su patrimonio del 20% le inquietan y siente que sus inversiones podrían no ser suficientes para financiar su nivel de vida

Lo que debemos pedirle a las inversiones 

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Teniendo en cuenta que los gastos de Julia son de 4.500 euros al mes y contando con que una parte queda cubierta con la pensión de la Seguridad Social, para conseguir su objetivo necesita 505.923 euros. Hemos estimado una inflación del 2% para los gastos y del 1% en el caso de la Seguridad Social. 

Teniendo claro cuánto cuesta el objetivo, el siguiente paso es ordenar las inversiones para comprobar con cuánto dinero cuenta de partida. En este caso, dispone de 438.309,5 euros. Esto significa que tiene un déficit de 67.614 euros. 

Julia necesita obtener de los mercados una rentabilidad del 1,82% anual medio en un escenario de inflación del 2%. Es decir su cartera de inversiones financieras debe tener como objetivo de rentabilidad un 0,19% por debajo de la inflación. Si, además, quiere dejar algo de capital al finalizar el periodo (por si vive más años o como ayuda a sus hijos), deberá de asumir rentabilidades superiores al 1,82%.

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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