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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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Belén Alarcón trasladará su experiencia de asesoramiento patrimonial y planificación financiera a través de las preguntas más relevantes que debe plantearse una persona a lo largo de su vida.

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« junio 2012 | Inicio | septiembre 2012 »

20 julio, 2012 | 08:00

Desde hace unos años venimos hablando de educación financiera. De la necesidad de que el inversor de a pie tenga unos conocimientos mínimos para (1) entender el producto que está adquiriendo y (2) poder comparar entre alternativas similares a fin de elegir mejor. La legislación española del Mercado de Valores, desde el año 2007, trata de proteger al inversor minorista pretendiendo asegurar que, cuando un inversor adquiera un producto financiero, tenga experiencia y conocimientos suficientes.

¿De eso se trata la educación financiera? ¿De que un inversor sepa qué es una acción preferente? Si nos quedamos aquí, habremos dado un gran paso, sin duda, pero no habremos resuelto el problema. Mucho antes, con carácter previo, debemos aprender tres cosas importantes:

1.- Cómo nos relacionamos con el dinero. Cómo y para qué y cuándo lo ganamos, lo gastamos, lo ahorramos, lo pedimos prestado, lo donamos. ¿Cuáles son nuestros anclajes a la hora de utilizar el dinero?, ¿qué nos han enseñado en casa, en las escuelas?, ¿qué cultura del dinero nos rodea?. ¿Nos sentimos responsables de nuestras decisiones de consumo y ahorro? ¿Invertimos más tiempo y más dinero en formarnos, en ampliar nuestras posibilidades, de forma continua? ¿Somos conscientes de que nuestro futuro depende de nosotros, de que, como dice Javier Gomá, la vida tenemos que ganárnosla?

Un ejemplo me viene a la mente mientras escribo esto. Jesús Encinar, fundador de idealista.com hace año y medio contaba en su blog que “si hubiese pedido una hipoteca con 25 años probablemente habría ganado dinero comprando una casa... pero no habría podido viajar, estudiar, conocer mundo, explorar ideas y montar negocios”. La pregunta es ¿cuál es tu proyecto vital? Y, después, ¿cómo vas a financiarlo?

2.- Un inversor particular no es una cartera de acciones o de fondos o un plan de pensiones. Esa visión estrecha y parcial del riesgo como “jugarse los ahorros” nos impide ver, por ejemplo, que uno de los riesgos más relevantes asumidos por el inversor en los últimos años, al calor en muchos casos, de la laxitud y proactividad de las entidades financieras en la concesión de hipotecas, ha sido embarcarse en proyectos financieros que a la larga, bien por encarecimiento de los tipos y diferenciales, bien por problemas no anticipados en la estabilidad en los ingresos, han devenido en situaciones de quiebra familiar.

Hace falta enseñar qué es el riesgo, cuáles son las fuentes de riesgo que hay que considerar en cada inversión, para determinar si necesitamos asumirlo, si podemos hacerlo y en qué cuantía y momento. Demonizando la asunción de riesgo es imposible que un país innove y emprenda. Nos quejamos de que la banca no presta y los depósitos no hacen más que crecer, obviando que hay oportunidades de inversión y buenos proyectos que necesitan financiación… El riesgo es la fuente de la rentabilidad y esto no está en la cabeza del inversor español.

3.- Quién te acompaña en este viaje y el tipo de relación que quieres tener con tu entidad o asesor. Si permitimos que la conversación acerca del ahorro para nuestra jubilación gire en torno al regalo que nos hará la entidad al aportar al plan de pensiones, ¡cómo vamos a hablar de asesoramiento!

En algo menos de 30 años, hemos vivido una transformación brutal de nuestro sistema financiero, hoy tan dañado, y el proceso de desintermediación financiera emprendido a finales de los 80, no se ha concluido, aunque bien podríamos decir que nunca comenzó realmente si consideramos que la toma de decisiones de inversión sigue canalizándose a través del intermediario financiero por excelencia, los bancos y las cajas de ahorro.

Más allá de los depósitos, los fondos (mayoritariamente garantizados) y otros productos, el problema ha venido cuando las entidades han comenzado a poner a disposición de los inversores sus propias emisiones, de renta fija (pagarés, subordinadas...), híbridas (preferentes, convertibles...) y de renta variable (acciones, ampliaciones liberadas, planes de reinversión de dividendos...). El cliente, sin apenas darse cuenta, ha pasado a ser acreedor o accionista, compartiendo el riesgo de la entidad y sirviendo a los intereses de ésta más que a los suyos propios. El problema por tanto no está en los activos. ¿Y si hubieran ido bien? ¿Y si pudiese vender mis preferentes a la par? ¿Y si pudiera convertir mis bonos en acciones con prima? El problema es que ya no tengo un asesor, tengo un deudor o un socio, lo que significa que en parte o en todo, paso a participar de su riesgo y ventura.

En este sentido, la educación financiera debería ayudar al inversor a discernir cuándo está comprando un producto financiero, con asesoramiento o sin él, y cuándo está financiando a la entidad de la que es cliente.

 

Enrique Borrajeros

 


07 julio, 2012 | 08:00

Nos hablan de inversiones, de sofisticados productos denominados habitualmente en inglés o mediante curiosas siglas, pero ¿sabemos realmente qué es invertir? ¿Nos planteamos porqué nuestras inversiones debieran obtener el premio del rendimiento o la plusvalía?

La remuneración a nuestras inversiones tiene su origen en la riqueza que el otro agente es capaz de crear gracias al capital que nosotros le cedemos. A grosso modo, valor sólo lo generan las empresas. Y existen dos maneras de participar en la riqueza creada por ellas: podemos prestar dinero a una empresa, es decir invertir en renta fija, o asociarnos con ella, invertir en renta variable.

Salvo excepciones, el resto de lo que acostumbramos a llamar inversiones no son más que medios para prestar dinero a una empresa o asociarse con ella. Así cuando hablamos de un depósito lo que estamos haciendo es prestarle dinero a un banco, renta fija. Cuando hablamos de garantizados lo que hacemos es comprar renta fija al descuento y el resto invertirlo en renta variable. Son pocas las inversiones que no se reduzcan a dejar dinero o comprar parte de una empresa –o de un país-, a la renta fija o renta variable.

Puesto que mis inversiones se reducen a la renta fija o renta variable ¿Cuál es el modo más eficiente de hacerlo? Hay un vehículo óptimo en cuanto a costes y seguridad para canalizar las inversiones de los particulares, las instituciones de inversión colectiva. Quizás las más populares sean los fondos de inversión y los planes de inversión.

Estos vehículos de inversión se caracterizan por:

  • Eficiencia de costes, pues la gestión es considerablemente más barata cuando se operan con grandes cantidades como acostumbran a hacer los fondos que cuando lo hacemos como particulares.
  • Seguridad, pues no se encuentran en el balance de ninguna entidad. Por lo que no existe el riesgo que han sufrido depositantes y propietarios de acciones preferentes, siendo la liquidez una característica fundamental y obligada de este producto.
  • Gestión profesional y diversificación, pues con el patrimonio de un fondo es más sencillo alcanzar una combinación de valores que reduzcan el riesgo y nos permitan desplazar la frontera eficiente mejorando el binomio rentabilidad riesgo.

Considerándolo actualmente el mejor vehículo para que los particulares canalicen sus ahorros hacia renta variable o renta fija, se les dotó de ciertas ventajas fiscales para incentivar su uso. Una de ellas es la exención fiscal en el traspaso entre fondos de inversión que, dependiendo de la rentabilidad o tipos impositivos con que se trabaje, para periodos largos de inversión pueden suponer un patrimonio final superior en más de un 20% a otros vehículos que paguen rentas periódicas y estén, por tanto, sometidos a tributación.

Ahora bien, tan importante como elegir el subyacente del vehículo, renta fija o variable y de que empresas se trata, es elegir el gestor que tomará las decisiones y los honorarios que recibirá por ello. Por eso, a la hora de invertir, debemos prestar atención al tipo de fondo y sus comisiones pues el abanico de productos es actualmente muy amplio.

Aunque parezca más sofisticado emplear otros productos más complicados y caros, la riqueza la crean las empresas y para participar de esa riqueza, vía renta fija o variable, el vehículo por excelencia son las IICs, fundamentalmente planes de pensiones y fondos de inversión. De forma que al canalizar nuestro ahorro deberemos prestar atención tanto al ¿dónde invierto? como al ¿a través de qué?

 

Francisco Márquez de Prado

 

 

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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