11 enero, 2018 | 10:02

2018 está dando sus primeros pasos con una serie de reformas y mejoras para los trabajadores por cuenta propia. El 1 de enero entraron en vigor el resto de medidas que faltaban por aplicarse de la nueva Ley de reformas urgentes del trabajador autónomo, que se aprobó y publicó en el BOE el pasado mes de octubre.

Con las últimas reformas ya implantadas, se abre un nuevo escenario para los trabajadores autónomos, con novedades que abarcan desde cambios en el ámbito fiscal, hasta mayores bonificaciones y mejoras para conciliar la vida laboral y la familiar.

¿Qué implicaciones tiene la nueva reforma?

Las principales novedades que trae consigo la nueva ley afectan a las cotizaciones. Una de las más comentadas es la ampliación, de 6 a 12 meses, de la tarifa plana de 50 euros mensuales. Además, aquí conviene destacar que con la reforma se flexibilizan los requisitos para poder beneficiarse de esta tarifa, tanto si accedes por primera vez, como si te das de alta como autónomo por segunda vez. Por otro lado, se establece una tarifa plana para madres autónomas que reemprendan su negocio.

Además, se reduce el recargo por ingresar fuera de plazo las cuotas de la Seguridad Social, pasando del 20% al 10% siempre, eso sí, que se abone la cuantía dentro del siguiente mes natural. Por la nueva ley, se posibilita que hasta tres altas al año tengan efectos desde el día de inicio de la actividad y no desde el primer día del mes en que se inicia la misma, como ocurría hasta ahora, y se eleva, de 2 a 4, el número de veces para poder cambiar la base de cotización.

De las novedades que ya están en vigor hay que destacar también una medida que afecta a los trabajadores en pluriactividad (aquellos que cotizan por cuenta ajena y como autónomos de manera simultánea), que tendrán derecho a recibir el reintegro de un 50% del exceso.

¿Quiénes pueden constituir el patrimonio protegido?

Lo puede hacer la propia persona con discapacidad –si tiene la capacidad de obrar suficiente para ello– y también sus padres, tutores o curadores –cuando no la tengan– o el guardador de hecho, con ciertas limitaciones. Además, cualquier persona con interés legítimo puede solicitar la constitución de dicho patrimonio, ofreciendo al mismo tiempo una aportación de bienes y derechos para dicho fin.

¿Cómo constituye el patrimonio protegido?

El patrimonio protegido se constituye mediante una escritura pública ante notario, o por resolución judicial si los padres de la persona con discapacidad se han opuesto a que lo constituyan terceros. El documento debe contener el inventario de los bienes y derechos que constituyan inicialmente el patrimonio protegido, las reglas de administración y fiscalización de este, así como cualquier otra disposición que se considere oportuna sobre su administración y conservación.

¿Qué bienes se pueden aportar al patrimonio protegido?

La ley es muy amplia respecto al tipo de bienes y derechos que pueden agruparse bajo la figura del patrimonio protegido. Se pueden incluir desde dinero o depósitos, seguros, rentas vitalicias u otros productos financieros, fincas urbanas o rústicas, obras de arte, joyas, etc. para adaptarlo a las necesidades particulares de la persona con discapacidad.

¿Cómo tributa el patrimonio protegido?

El patrimonio protegido, como hemos comentado, ofrece una serie de ventajas fiscales, tanto para la persona con discapacidad (el beneficiario), como para aquellos que hacen aportaciones al mismo. Así, por ejemplo, en el caso del beneficiario, existe una cantidad exenta en la tributación de este patrimonio que equivale a tres veces el IPREM. En el caso de quienes hacen las aportaciones, si se trata de parientes en línea directa o colateral hasta el tercer grado inclusive, cónyuge o tutor dan derecho a una reducción en la base imponible del IRPF de hasta 10.000 euros anuales.

Puedes consultar más información sobre el patrimonio protegido, así como sobre el resto de elementos a tener en cuenta en la planificación financiera de las personas con discapacidad en esta guía.

Sobre las mejores para facilitar la conciliación entre la vida laboral y familiar destaca que, cumpliendo ciertos requisitos, se tendrá derecho a una bonificación del 100% de la cuota cuando el autónomo tenga a un menor de 12 años a su cargo o a un familiar en situación de dependencia, parálisis cerebral, enfermedad mental o discapacidad intelectual o física superior al 33 o 65 por ciento respectivamente. También se incluye una bonificación del 100% durante la baja de maternidad, paternidad, adopción o riesgos en el embarazo.

La nueva ley también pone el acento en los trabajadores autónomos que tienen a una persona contratada. Ahora podrán compaginar la actividad con el 100% de la pensión de la Seguridad Social.

En cuanto a las deducciones fiscales, en el caso de trabajar desde casa, los autónomos se podrán deducir un 30% de los suministros de aquella parte de la vivienda que empleen para desarrollar su actividad. Además, podrán deducirse hasta 26,67 euros diarios como gastos de administración, siempre que cumplan ciertas condiciones, como que se produzca en establecimientos de restauración y hostelería y se abone utilizando medios electrónicos. En caso de gastos en el extranjero, el importe asciende a 48,08 euros al día.

Por último, esta reforma reconoce como accidente de trabajo in itinere aquellos ocurridos a la ida o vuelta del trabajo.

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04 enero, 2018 | 09:38

En los últimos meses hemos leído mucho sobre pensiones de jubilación. Uno de los mensajes clave para la planificación de esta etapa vital, como hemos explicado anteriormente en este blog, es que las pensiones se van a reducir en el futuro, como consecuencia de las reformas aprobadas hace unos años, y que, probablemente, tengamos que plantearnos trabajar más años. Vamos a repasar las novedades que trae 2018 respecto a la jubilación.

Con la reforma de 2011, la edad legal de jubilación se incrementa cada año de forma progresiva hasta que se sitúe en 67 años en 2027 (podrán hacerlo a los 65 quienes hayan cotizado 38 años y seis meses en ese año). Esto significa que todos los nacidos a partir de 1960, la generación del baby boom en España, no podrán retirarse antes de dicha edad si quieren cobrar el 100% de su pensión.

Así, en 2018, la edad legal de jubilación es 65 años y 6 meses (y el año que viene serán 65 años y 8 meses). Existe una excepción: pueden jubilarse a los 65 años y cobrar el importe íntegro de la pensión correspondiente quienes hayan cotizado a la Seguridad Social 36 años y medio.

Y para acceder de forma voluntaria a la jubilación anticipada será necesario tener 63 años y seis meses si se ha cotizado al menos 35 años (y conviene que recordemos que por cada trimestre que se adelanta la jubilación, como hemos explicado en otros artículos en este blog, se reduce la cuantía de la pensión).

Por otra parte, a la hora de calcular el importe de la pensión de jubilación, también se endurecen las condiciones de forma paulatina como consecuencia de las reformas realizadas en el sistema de pensiones. Para calcular la pensión, el periodo que se tiene en cuenta se incrementa gradualmente (desde 2013) para pasar de los 15 últimos años cotizados hasta los 25 años en 2017. En 2018, el periodo que se tiene en cuenta para el cálculo de la pensión es de 21 años.

Respecto al poder adquisitivo de las pensiones, como decíamos, se irá reduciendo. En 2018, por quinto año consecutivo, la revalorización de las pensiones será del 0,25%, el mínimo legal -mientras que el IPC ha cerrado 2017 en el 1,2%, lo que supone una pérdida de poder de compra de 0,9 puntos porcentuales solo en un año-. Con esta subida aprobada en el último Consejo de Ministros del año, la pensión mínima queda fijada en 639,3 euros y la máxima en 2.580,1 euros (en ambos casos, 14 pagas). Tal y como explicaba el texto del Real Decreto, el coste total de la revalorización de las pensiones en 2018 es de 297,32 millones de euros.

La revalorización de las pensiones viene determinada por la situación financiera de la Seguridad Social: si existe déficit, solo se incrementan el mínimo de 0,25%. En el caso de que existiera superávit, podrían aumentar hasta un máximo de IPC+0,5%. A partir de 2019, se aplicará, además, el llamado factor de sostenibilidad, un sistema de cálculo que vinculará el importe de las pensiones con la evolución de la esperanza de vida.

La base máxima de cotización se mantendrá este año en 3.751,2 euros, mientras que la mínima se incrementará un 4% (lo mismo que el salario mínimo). En el caso de los trabajadores autónomos, la base máxima de cotización continúa en 3.751,2 euros mensuales en 2018 y la mínima, en 919,8 euros.

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"Jubilación, más que un plan de pensiones"
¿Cuándo debemos empezar a ahorrar? ¿Cómo será nuestra pensión? ¿Cuáles son los productos más indicados para cada uno?
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29 diciembre, 2017 | 09:30

Longevidad, envejecimiento, pensiones… son términos cada vez más frecuentes en las noticias en nuestro país. Vamos a vivir más -la duda es cuánto más- y vamos a vivir mejor -y parte de nuestra calidad de vida en las edades avanzadas depende de nuestros hábitos-. La longevidad plantea una serie de retos en diversas áreas, tanto a individuos como a empresas, gobiernos y sociedades.

¿Cómo afecta una vida larga a mi carrera profesional y a mis planes financieros? La división tradicional en tres etapas (formación durante la infancia, adolescencia y juventud, trabajo durante la vida adulta y jubilación en la vejez) no sea, probablemente, un esquema válido para el futuro, sobre todo si mantenemos ancladas dichas etapas a edades concretas y la jubilación permanece fijada entre los 65 y los 67 años.

Jubilarse a esta edad significaría -para la mayoría- vivir de las rentas durante más de tres décadas (habiendo trabajado, aproximadamente, cuatro décadas), dado que, por estadística, más de la mitad de las personas que hoy tienen 40 años vivirá más de 95, por poner una referencia. Y una vida más larga, con más salud -según apuntan expertos y médicos- y con un estilo de vida más activo y, probablemente, más caro, requiere más dinero para financiarlo, como ya hemos comentado en otras ocasiones en este blog. Todo ello en un contexto en el que nos están advirtiendo de que las pensiones públicas se van a reducir.

Nuevos planteamientos vitales, profesionales y económicos

¿Qué opciones tenemos? Una vida más larga implica, necesariamente, planteamientos nuevos. No podemos utilizar las recetas de nuestros padres. Y requiere una planificación global de nuestro proyecto vital, profesional y económico, dado que todas las variables están estrechamente relacionadas.

No se trata, únicamente, de planificar el ahorro para la jubilación. Se trata de organizar de otra forma esa parte de nuestras vidas que tiene que ver con los recursos económicos, empezando por la etapa laboral. Una vida más larga conllevará, con mucha probabilidad, que tendremos que prolongar nuestra carrera profesional y, para ello, será necesario tener en cuenta, tanto nuestros recursos vitales, como nuestros activos productivos y nuestra capacidad de adaptación a un contexto que cada vez será más cambiante. Y requiere, sin duda, un plan financiero que nos permita las transiciones que serán necesarias para mantenernos activos durante cuatro, cinco o seis décadas.

Tendremos que planificar el desarrollo de estos activos y recursos de forma conjunta con nuestras finanzas para lograr tener éxito en nuestros objetivos vitales. El problema suele ser que a las personas nos cuesta proyectar el futuro y planificar a largo plazo, pues nuestros cerebros están ‘programados’ para dar preferencia al corto plazo. Nos cuesta ahorrar -posponer el gasto- y nos cuesta mucho no dejarnos llevar por las emociones cuando invertimos, lo que, en ocasiones, nos lleva a cometer determinados errores que podríamos evitar. Es lo que explica el behavioral finance (comportamiento financiero)-del que también hemos escrito en este canal-.  

Por todo ello, la capacidad de adaptación y aprendizaje serán cada vez más importantes. Tendremos que hacer el ejercicio de conocer nuestros objetivos y entender los recursos y opciones a nuestra disposición para alcanzarlos. En el ámbito económico, será aconsejable asumir más riesgos con nuestras inversiones, entendiendo bien qué es un riesgo en lo financiero, y profesionalizar nuestras decisiones de inversión. Tener un plan es la clave para el éxito.

Os deseamos un feliz 2018, lleno de éxitos en vuestros objetivos vitales, profesionales y económicos.

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21 diciembre, 2017 | 10:00

¿Y si este 22 de diciembre me toca la Lotería de Navidad? ¿Qué hago con el dinero del premio? Mañana se van a repartir un total de 2.240 millones de euros en premios y, por si somos algunos de los afortunados, deberemos pensar qué vamos a hacer con el dinero que hemos ganado. Y aquí, el tiempo es un factor fundamental.

Recibir una cantidad de dinero inesperada siempre es una buena noticia, pero, en algunas ocasiones, pasados los años esa alegría se puede ver truncada. Un estudio de la asociación European Financial Planning Association (EFPA) pone de manifiesto que tres cuartas partes de los ganadores de la lotería tiene mucho menos dinero cinco años después de haber ganado el premio. ¿El motivo? La mayoría de las veces, la alegría que nos produce que nos toque el 'Gordo' nos lleva a caer en el despilfarro o a llevar a cabo malas inversiones que pueden hacer que ese dinero se evapore rápidamente.

Por ello, para evitar que derrochemos movidos por la euforia, lo primero que recomendamos es esperar unos seis meses antes de comenzar a gastar o invertir el dinero que nos ha tocado. Con este ejercicio, lo que se busca es que nos acostumbremos a tener una cantidad elevada de dinero y que tengamos tiempo para pensar qué es lo que realmente queremos conseguir con ese dinero extra que nos ha llegado a la cuenta.


Hacienda, el primer premiado

Cuando nos toca la lotería, lo primero que tenemos que saber es que no vamos a recibir el importe total del premio, puesto que Hacienda se lleva una parte. Si el importe que recibimos no supera los 2.500 euros estarían exentos en el IRPF, mientras que si supera esa cifra tendríamos que tributar al 20%. Así, por ejemplo, si el próximo 22 de diciembre nos tocan 400.000 euros (un décimo), el importe neto que recibiríamos en nuestra cuenta sería de 320.500 euros.

Además, hay otra serie de cuestiones que conviene tener en cuenta a la hora de pensar en las repercusiones fiscales de la lotería, porque serán un gasto más que hará que la cuantía neta que nos va a quedar se reduzca. Esto ocurre con el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, ya que, si queremos donar parte de nuestro premio a un familiar, debemos tener en cuenta que, si no podemos demostrar que el boleto es compartido, tendremos que tributar en algunas Comunidades Autónomas.
 
¿Cómo sacarle partido al premio?

El primer paso es hacer es un ejercicio de planificación financiera para pensar cuáles son nuestros objetivos y evitar caer en errores típicos. La experiencia nos dice que la mayoría de los premiados se gasta el dinero en una casa más grande, en un coche de alta gama, deciden dejar su trabajo o repartir el premio con un familiar sin pensar si desde el punto de vista fiscal y financiero es lo más conveniente. 

Por este motivo, el tiempo de reflexión que aconsejamos es tan importante. Nos puede servir para definir nuestro proyecto vital y reinventarnos, puesto que el importe del premio nos puede abrir el camino para cambiar de carrera, dedicarnos a lo que realmente nos gusta o para atrevernos a poner en marcha ese proyecto en el que llevábamos tiempo pensando.

Tras definir nuestro objetivo, debemos examinar qué coste tiene. En este punto, tenemos que analizar también nuestra situación financiera actual para ver de dónde partimos y si con el dinero extra que hemos ganado nos basta o necesitamos más y, por tanto, tendremos que acudir a los mercados financieros para cubrir ese déficit.

Si nos hallamos ante la primera opción, tenemos que saber que, si decidimos no invertir nuestro dinero y mantenerlo inmóvil, nos enfrentamos a un gran riesgo: no cubrir la inflación. Esto se traduce en que, con el paso del tiempo, perderíamos poder adquisitivo a medida que el nivel de los precios se incrementa. Es decir, si tenemos 320.000 y no obtenemos ninguna rentabilidad por ellos, pasados 20 años y contando con una inflación media anual del 2% (objetivo que persigue el Banco Central Europeo), nuestro dinero equivaldría a unos 217.994 euros (actuales).

En cambio, si optamos por invertir nuestro dinero y acudir a los mercados financieros, lo más importante es fijar la rentabilidad objetivo que necesitamos, que viene determinada por la diferencia entre lo que tenemos y lo que necesitamos, partiendo de la base de que, como mínimo, tendremos que igualar a la inflación para no perder poder adquisitivo. Después, y en consecuencia, deberemos elegir qué cartera o qué activo financiero es el más adecuado para nosotros.

Diseñar mi cartera objetivo

Deberíamos buscar una cartera diversificada, tanto por distribución geográfica, como por tipo de activos. Y si pensamos en el largo plazo, deberíamos asumir más riesgo para tener una cartera que además de igualar a la inflación, nos dé más puntos de rentabilidad. Por ejemplo, si queremos superar a la inflación en 3 puntos (es decir, conseguir una rentabilidad anual media del 5%) deberíamos construir una cartera con el 50% de la inversión en renta variable.

Una opción que nos permite diversificar, que tiene beneficios fiscales y nos permite acceder a una gestión profesional son los fondos de inversión.

Por último, no debemos olvidar que la vivienda también juega un papel importante. Es habitual escuchar a gente decir que, si les toca la lotería, lo primero que harían sería quitarse la hipoteca. Sin embargo, a lo mejor, no es lo más conveniente. Primero, habría que evaluar si la rentabilidad que nos da el dinero invertido es mayor que el coste de financiación porque, en ese caso, no interesaría amortizar la hipoteca. Además, hay que tener en cuenta que, si la vivienda habitual la compramos antes de 2013, tenemos una ventaja fiscal en el IRPF (al poder deducirnos cada año un 15% de una cuota máxima de 9.040 euros), que puede que no nos interese perder.

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14 diciembre, 2017 | 10:05

El tiempo siempre es un factor fundamental a la hora de pensar en ahorrar para la jubilación. Realizar una buena planificación financiera implica, además, delimitar una serie de cuestiones: qué nivel de vida quiero tener cuando deje de trabajar, cuánto cuesta ese objetivo, cuánto puedo ahorrar y qué cuantía tengo en la actualidad y qué rentabilidad objetivo necesito.

Aunque tengamos esas preguntas resueltas puede que, llegado el momento de jubilarnos, no tengamos muy claro si con la pensión de la Seguridad Social y con lo que hemos ahorrado podremos vivir de la forma que nos habíamos planteado en un principio.

Por ello, en este artículo vamos a plantear el caso de una persona que ya ha cumplido los 65 años y se puede jubilar (ha cotizado a la Seguridad Social los años necesarios para cobrar la pensión íntegra).

Javier, a sus 65 años, ha conseguido ahorrar durante su carrera laboral 275.000 euros para su jubilación. Y ahora, que ya puede retirarse, quiere comprobar si esa cuantía será suficiente para vivir cómo había planeado: con una renta adicional de 1.100 euros al mes para complementar la pensión que reciba de la Seguridad Social.

Lo primero que tiene que saber Javier es que la esperanza media de vida de los hombres de su generación es de 90 años y que puede que supere esa edad. Además, es conveniente que tenga en mente los efectos de las últimas reformas de la Seguridad Social, que van a reducir el poder adquisitivo de los pensionistas entre un 30 y un 50%.

¿Cuánto cuesta su objetivo?

El coste del objetivo de Javier asciende a 444.456 euros. Para realizar este cálculo siempre hay que contar con el efecto de la inflación, los 1.100 euros que hoy quiere tener Javier, dentro de 10 años equivaldrán a 1.315 euros si estimamos una inflación media anual del 2%, que es el objetivo que persigue el Banco Central Europeo.

Al hacer la diferencia entre lo que tiene ahorrado y lo que cuesta su objetivo para la jubilación, encontramos un déficit de 169.456 euros. ¿Qué puede hacer Javier para cubrirlo? Llegada a esta situación, tiene varias opciones: acudir a los mercados financieros para buscar rentabilidad, seguir trabajando algún año más para incrementar tanto la pensión como su ahorro y, por último, plantearse vivir con menos dinero.

¿Qué rentabilidad necesita?

Si Javier opta por acudir a los mercados financieros, la rentabilidad objetivo que necesita dependerá de cuándo decida jubilarse, del patrimonio que quiera lograr y de los años que estime que puede vivir.

Así, si llegado a los 90 años quiere contar con un patrimonio de 100.000 euros, por si supera la edad media, debería aspirar a lograr una rentabilidad media anual del 5,47% con sus inversiones.

Rentabilidad objetivo jubilación 65 años

Además, Javier tiene que saber que, si en un momento dado sus objetivos vitales para su jubilación cambian y cree que va a necesitar un mayor patrimonio, tendrá que buscar una mayor rentabilidad con su inversión. Es decir, tendrá que elevar su perfil de riesgo para obtener un mayor interés, siempre sabiendo que la mejor estrategia de inversión para la jubilación es apostar por la diversificación.

Si por el contrario, Javier decide seguir trabajando al cumplir los 65 años y opta por compaginar durante los siguientes tres años las rentas del trabajo con su pensión, conseguirá aumentar su ahorro. Lograría 10.000 euros anuales de más hasta los 68 años, por lo que conseguiría reducir su rentabilidad objetivo hasta un 3,78%, en el caso de que a los 90 siga queriendo contar un patrimonio de 100.000 euros.


 

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¿Hasta cuándo podemos aportar a los planes de pensiones?
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30 noviembre, 2017 | 09:37

El 3 de diciembre se celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidades, una fecha que Naciones Unidas (ONU) para tratar de promover una sociedad incluyente, en la que se eliminen los obstáculos a la integración de las personas con discapacidad en la vida social y económica de sus comunidades.

En el mundo, más del 15% de la población vive con algún tipo de discapacidad, la mayoría en los países en desarrollo, según la ONU. En la Unión Europea, el porcentaje de personas con alguna discapacidad es del 25,8% y en España el 21,3% de la población tiene alguna discapacidad, según las estadísticas europeas.

Los familiares de las personas con discapacidad suelen enfrentarse a una serie de preocupaciones específicas respecto al futuro de estos seres queridos. Desean que puedan desarrollar su propio proyecto personal, que no se vean excluidas. Y a las preocupaciones más relacionadas con el ámbito personal o profesional, se suelen sumar las que tienen que ver con lo económico.

Les puede inquietar, por ejemplo, la posibilidad de tener que afrontar gastos extra para poder cubrir terapias especiales que contribuyan al bienestar de este familiar con discapacidad o les puede desvelar cómo mantendrá su nivel de vida ese hijo, sobrino, nieto… si dejan de contar con el apoyo económico de los padres, tíos, abuelos…

Realizar un ejercicio de planificación financiera, patrimonial y legal para proteger a ese ser querido y asegurar que sus necesidades estarán cubiertas, aportará tranquilidad.

El principal consejo, que es válido en todos los casos, es diseñar nuestro plan y empezar a ejecutarlo cuanto antes.

Y una de las opciones con las que cuentan -aunque no la única, puesto que también se pueden tener en cuenta las disposiciones testamentarias, los planes de pensiones para personas con discapacidad, seguros, etc.- es recurrir a la constitución de un patrimonio protegido.

Esta figura se define en la Ley 41/2003 y consiste en un conjunto de bienes y derechos que se constituye a favor de la persona con discapacidad con el objetivo expreso de satisfacer sus necesidades vitales.

El patrimonio protegido tiene algunas ventajas fiscales, dado que está sometido a un régimen de administración y supervisión específico regulado en la citada ley. Así, por ejemplo, si los padres de una persona con discapacidad quieren destinar determinados bienes, como podría ser una vivienda, para que sus necesidades vitales queden cubiertas, no será necesario que realicen una donación.

¿Quiénes pueden ser beneficiarios del patrimonio protegido?

Se pueden beneficiar del patrimonio protegido las personas con un grado de minusvalía física o sensorial igual o superior al 65 por ciento y psíquica igual o superior al 33 por ciento, tal y como se determina en la ley. El grado de minusvalía se deberá acreditar mediante certificado expedido conforme a la normativa aplicable o por resolución

judicial firme.

¿Quiénes pueden constituir el patrimonio protegido?

Lo puede hacer la propia persona con discapacidad –si tiene la capacidad de obrar suficiente para ello– y también sus padres, tutores o curadores –cuando no la tengan– o el guardador de hecho, con ciertas limitaciones. Además, cualquier persona con interés legítimo puede solicitar la constitución de dicho patrimonio, ofreciendo al mismo tiempo una aportación de bienes y derechos para dicho fin.

¿Cómo constituye el patrimonio protegido?

El patrimonio protegido se constituye mediante una escritura pública ante notario, o por resolución judicial si los padres de la persona con discapacidad se han opuesto a que lo constituyan terceros. El documento debe contener el inventario de los bienes y derechos que constituyan inicialmente el patrimonio protegido, las reglas de administración y fiscalización de este, así como cualquier otra disposición que se considere oportuna sobre su administración y conservación.

¿Qué bienes se pueden aportar al patrimonio protegido?

La ley es muy amplia respecto al tipo de bienes y derechos que pueden agruparse bajo la figura del patrimonio protegido. Se pueden incluir desde dinero o depósitos, seguros, rentas vitalicias u otros productos financieros, fincas urbanas o rústicas, obras de arte, joyas, etc. para adaptarlo a las necesidades particulares de la persona con discapacidad.

¿Cómo tributa el patrimonio protegido?

El patrimonio protegido, como hemos comentado, ofrece una serie de ventajas fiscales, tanto para la persona con discapacidad (el beneficiario), como para aquellos que hacen aportaciones al mismo. Así, por ejemplo, en el caso del beneficiario, existe una cantidad exenta en la tributación de este patrimonio que equivale a tres veces el IPREM. En el caso de quienes hacen las aportaciones, si se trata de parientes en línea directa o colateral hasta el tercer grado inclusive, cónyuge o tutor dan derecho a una reducción en la base imponible del IRPF de hasta 10.000 euros anuales.

Puedes consultar más información sobre el patrimonio protegido, así como sobre el resto de elementos a tener en cuenta en la planificación financiera de las personas con discapacidad en esta guía.

 

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Si quieres saber más, descarga la guía "Discapacidad e independencia económica"
¿Cómo comenzar un plan financiero para el futuro económico de una persona con discapacidad? 
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23 noviembre, 2017 | 05:41

Hemos comentado con anterioridad en este blog los pasos fundamentales y las preguntas básicas que nos debemos plantear para planificar nuestra jubilación, teniendo en cuenta que las pensiones se van a reducir en cuantía respecto a las actuales y que, probablemente, viviremos más años.

En este sentido, las personas a las que les quedan pocos años para alcanzar la edad legal de jubilación, suelen tener dudas sobre si habrán ahorrado lo suficiente, sobre si deben seguir aportando a su plan de pensiones o sobre cómo deberían plantearse el rescate de los mismos.

Comenzar por saber si hemos acumulado una cantidad suficiente para cubrir nuestros objetivos es el primer paso. Aunque la jubilación esté próxima, todavía tenemos margen de maniobra. Así, por ejemplo, imaginemos a Juan, que ya se puede jubilar dado que tiene la edad requerida y ha cotizado los años necesarios para cobrar la pensión íntegra.

Juan ha conseguido ahorrar durante su etapa activa 275.000 euros para la jubilación. Desea tener una renta de 1.100 euros adicionales a la pensión de la Seguridad Social, para mantener su nivel de vida. Teniendo en cuenta que la esperanza media de vida en su generación es de 90 años, este objetivo tiene un coste de más de 444.000 euros (hemos tenido en cuenta en este cálculo el efecto de la inflación).

Para cubrir la diferencia de 169.456 euros entre lo que tiene y lo que quiere para su jubilación, Santiago tendría que acudir a los mercados financieros en busca de rentabilidad. Si además no quiere quedarse sin dinero a los 90 años, sino que le gustaría llegar a esa edad con 100.000 euros por si vive por encima de la edad media o si quiere ayudar a sus hijos o dejarles algo en herencia, esto implicaría aspirar a una rentabilidad media anual para su cartera del 5,47%.

Si no desea asumir el riesgo (entendido como la volatilidad o fluctuaciones del mercado) que implicaría una cartera con esta rentabilidad objetivo, Juan puede plantearse otras opciones, como continuar trabajando algún año más (con lo que incrementaría tanto la pensión como su ahorro y disminuiría la cantidad necesaria para vivir de las rentas) o vivir con menos dinero.

De hecho, si se plantea jubilarse más tarde y decide compaginar durante los tres próximos años las rentas del trabajo con parte de su pensión (jubilación activa) y consigue ahorrar 10.000 euros anuales hasta los 68, la rentabilidad objetivo -en el mismo escenario, dejando 100.000 euros a los 90 años- se reduce hasta el 3,78%, y con ella también se rebaja el perfil de riesgo de la cartera de inversión.

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16 noviembre, 2017 | 09:33

La planificación financiera para la jubilación es un ejercicio importante, como hemos visto en anteriores artículos. El dinero que acumulemos durante nuestra etapa laboral nos servirá para mantener el nivel de vida durante un periodo que se prolongará más de dos décadas, seguramente.

Vamos a ver en este artículo qué cuestiones debe plantearse una persona de mediana edad respecto a la planificación de este objetivo financiero. Una persona de 50 años, probablemente, pensaría que la pensión pública cubriría una parte importante de sus necesidades, pero en los últimos años le puede haber surgido la duda sobre este tema, dado que los mensajes advirtiendo sobre la necesidad de ahorrar para la jubilación se han multiplicado, al tiempo que el Gobierno ha llevado a cabo dos reformas (2011 y 2013) con el objetivo de reducir el gasto en pensiones.

Llegados a este punto, esta persona de 50 años todavía tiene cierto margen de maniobra, pero conviene que no retrase este ejercicio de planificación. Pongamos el caso de Juan, que hasta ahora ha ahorrado para la jubilación 50.000 euros. Calcula que puede ahorrar 5.000 euros anuales hasta los 57 años y 10.000 euros anuales en los diez años siguientes, teniendo en cuenta que se jubilará a los 67 años.

A Juan le gustaría tener una renta complementaria a la pensión de la Seguridad Social de 1.000 euros durante el tiempo que esté jubilado. Lo primero que debe hacer para saber si lo que tiene ahorrado más lo que conseguirá ahorrar en los próximos años será suficiente es tener en cuenta el efecto de la inflación sobre el dinero a lo largo del tiempo.

¿Cuánto cuesta el objetivo?

El coste de su objetivo es de 647.719 (por el efecto de la inflación), con lo que le faltarían más de 420.000 euros cuando se jubile para poder disponer de la renta que desea hasta los 95 años (esperanza media de vida en esa generación). Esta diferencia entre lo que tiene (lo acumulado hasta ahora más la capacidad de ahorro hasta la jubilación) con el coste del objetivo puede cubrirla acudiendo a los mercados financieros.

En este caso, para conseguir el objetivo deberá invertir en una cartera que le dé una rentabilidad media anual del 5,33%. Si Juan deseara que le sobrara algo de dinero -porque quiera dejar herencia o por si vive más años- debería plantearse asumir más riesgo con su cartera para buscar rentabilidades superiores.

Pero si una rentabilidad del 5,33% le parece demasiado, por el riesgo que le supondría, Juan deberá hacer el ejercicio de plantearse cuánto más esfuerzo de ahorro tendrá que hacer. Si la cartera le diese solo un 3% de rentabilidad media (un punto por encima de la inflación), deberá ahorrar desde hoy más de 10.000 euros anuales.

Otra cuestión que puede pensar si ninguna de las dos opciones se a bien pensar en gastar menos durante la jubilación. En cualquier caso y como decíamos al comienzo del artículo, para elegir la opción más adecuada para cada uno de nosotros, es necesario que nos sentemos, pensemos en este objetivo de jubilación y cómo queremos vivir cuando dejemos de trabajar y diseñemos nuestro plan financiero.

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"Jubilación, más que un plan de pensiones"

¿Cuándo debemos empezar a ahorrar? ¿Cómo será nuestra pensión? ¿Cuáles son los productos más indicados para cada uno?
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02 noviembre, 2017 | 09:56

La semana pasada se publicó el V Barómetro del ahorro del Observatorio de Inverco, que refleja los hábitos de los ahorradores españoles y cómo invierte su dinero y por qué. Una de las conclusiones de la encuesta es que, aunque han aumentado los españoles que se definen como moderados a la hora de seleccionar productos financieros, la mayoría mantiene un perfil conservador -especialmente entre las mujeres-, a pesar de que ha crecido el número de personas que ahorran pensando en el largo plazo y la jubilación.

En concreto, el 58% mantiene un perfil conservador, según el barómetro de 2017 -frente al 62% de 2015 o 2013, pero por encima del 55% que se enmarcaba en este perfil el 2011). Los que se consideran moderados han crecido desde el mínimo de 2011, cuando representaban el 33%, hasta suponer el 37% del total de encuestados y los dinámicos representan solo el 5%, un porcentaje que se ha mantenido estable desde 2011, pero que en 2009 era del 17%.

Los inversores dinámicos invierten mayoritariamente en acciones y fondos de inversión, de acuerdo con los datos recogidos por Inverco, que ponen de manifiesto la caída del ahorro canalizado a través de depósitos y seguros de ahorro. Entre los moderados, los productos de inversión que ocupan los puestos 1 y 2 son los planes de pensiones y los depósitos, aunque el 45% invierte también en fondos de inversión, igual que sucede en el caso de los conservadores, donde los fondos ocupan el tercer puesto, con un 24% de la inversión.

El riesgo de ser conservador

Como hemos explicado en este blog en otras ocasiones, muchas veces identificamos el riesgo sobre nuestro dinero con la volatilidad del mercado, es decir, con la posibilidad de sufrir pérdidas en momentos puntuales como consecuencia de las oscilaciones de los mercados.

Sin embargo, cuando el horizonte temporal de la inversión es largo, asumir algo de riesgo (exposición a la volatilidad de activos como la renta variable) para conseguir la rentabilidad necesaria para alcanzar nuestros objetivos puede ser necesario y marcar una gran diferencia. Es uno de los errores en la inversión en pensiones que explicábamos hace dos semanas en este blog.

En plazos largos, que la rentabilidad media anual no supere a la inflación media anual puede suponer un riesgo mayor, de pérdida de poder adquisitivo, que la posibilidad de sufrir volatilidad. Dos puntos de diferencia en la rentabilidad pueden suponer una diferencia en el capital final acumulado a lo largo de tres décadas de casi el 40% (para un ahorro anual de 1.500 euros anuales invertido al 2% o al 4%).

Entender la relación entre rentabilidad y riesgo, conocer el efecto de la inflación en nuestros ahorros y saber cuál es el efecto del interés compuesto sobre el dinero en el largo plazo son tres conceptos clave que debemos tener en cuenta cuando planificamos nuestro ahorro en el largo plazo. Una planificación que, como siempre decimos, debe comenzar por un análisis previo que nos ayude a identificar claramente los objetivos para diseñar la cartera de inversión más adecuada.

27 octubre, 2017 | 09:35

La jubilación será, para la mayoría, un periodo que se prolongará más de dos décadas. Teniendo en cuenta que cabe esperar por el efecto de la longevidad y por la estructura del mercado laboral, así como por el efecto de las últimas reformas del sistema de pensiones, que la pensión pública de jubilación se reduzca, prepararnos -no solo financieramente, por supuesto- nos ayudará a disfrutar de esa etapa vital.

Para ello, cuanto antes empecemos, mejor. El tiempo juega siempre en favor del inversor. Vamos a analizar en este artículo el caso de una persona en torno a los 30 años para ver la ventaja que supone ponerse a preparar la jubilación cuando se es joven.

Ana nació en 1982 y en su generación la esperanza de vida al nacer es de 79,26 años de media (en el caso de los hombres nacidos en el mismo año, la esperanza es de 73,18, según los datos del Instituto Nacional de Estadística). Pero estadísticas y expertos apuntan a que un número importante de las personas de esta generación probablemente alcance los 100 años.

Hasta ahora, Ana no ha pensado en la jubilación, estaba mucho más preocupada por la búsqueda de un buen trabajo, por la financiación de la casa o por cuadrar las cuentas de la familia ahora que son uno más. Pero se está empezando a plantear si debería comenzar a ahorrar ya para este objetivo.

Se plantea que le gustaría disfrutar de una renta complementaria a la pensión de la Seguridad Social de 700 euros mensuales entre los 67 años y los 100. Y cree que conseguirá ahorrar 2.400 euros anuales hasta los 45 años, 4.800 euros anuales (el doble) entre los 46 y los 55 años y 8.600 euros anuales desde los 56 hasta los 67 años. Con esto conseguiría un capital de 299.764 euros.

Lo primero que debe tener en cuenta Ana al diseñar su plan es el efecto de la inflación sobre el ahorro: los 700 euros de hoy equivaldrían, actualizados por la inflación, a 1.346 euros dentro de 32 años, momento en el que, en principio, se jubilará Ana (estimando un escenario del 2%, que es el objetivo de Banco Central Europeo).

Para poder tener una renta de 700 euros al mes (adicional a la pensión pública, como decíamos) desde los 67 hasta los 100 años, requiere acumular un capital de 744.552 euros. Así, necesitaría otros 444.787 extra para conseguir su objetivo. Para ello tendría que invertir el dinero en un producto que le proporcionase una rentabilidad media anual del 3,36%. Si Ana no empieza ya a ahorrar y retrasa esta decisión siete años, entonces tendrá que buscar una rentabilidad media del 3,76%.

Al reducir el plazo de acumulación tendrá que ir incrementando la rentabilidad objetivo (y, por tanto, el riesgo) o aumentando el esfuerzo de ahorro. O, plantearse vivir con menos en el futuro o trabajar durante más años. Por eso, el tiempo es fundamental y amplia las opciones a nuestro alcance.

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Imagen de Paula Satrustegui

Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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