25 agosto, 2016 | 09:57

En septiembre, como en enero, tenemos el sentimiento de comienzo, tras las vacaciones volvemos a las rutinas del día a día y en muchas ocasiones nos planteamos una serie de propósitos para que el ‘nuevo curso’ sea mejor que el anterior, que pueden ir desde lo profesional al terreno de la salud, pasando por el plano económico.

En este último, en lo financiero, los buenos propósitos suelen pasar por ahorrar más o mejor, por reducir los gastos, etc. Pero sea cual sea el propósito, siempre conviene empezar por el objetivo. ¿Para qué ahorramos? ¿Para qué queremos o necesitamos el dinero? Porque partiendo del objetivo, del qué quiero, podremos diseñar el plan para alcanzarlo.

Tener un plan financiero para nuestros objetivos vitales, familiares y profesionales cobra especial importancia en un contexto como el actual, en el que el incremento de la esperanza de vida provoca la necesidad de contar con un mayor nivel de ahorro y en el que la inversión se vuelve más compleja.

Cada persona tiene unos objetivos, unas necesidades y unas circunstancias, por ello, los planes financieros deben ser personalizados e incluir todas las variables. Y por eso, también, deben ser revisados periódicamente, para ir adaptándolo en función de los cambios que vayamos viviendo. Como punto de partida, los pasos que debemos seguir para plantear nuestro plan son cinco, como se puede ver en la infografía.

Financial Life Planning
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18 agosto, 2016 | 09:54

La inflación (Índice de Precios de Consumo o IPC) es el crecimiento sostenido y generalizado del nivel de precios. Es, por tanto, algo, que nos afecta todos los días y una de las causas de que, por ejemplo, una lata de refresco valga hoy mucho más que hace quince o veinte años.

Inflación refresco
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Para no perder poder adquisitivo, la rentabilidad de nuestra cartera financiera deberá de superar a la inflación. Por eso siempre se ha hablado de la inflación como el enemigo silencioso del inversor conservador.

El objetivo del Banco Central Europeo es que la inflación de la euro zona sea del 2% anual. Así, una persona que vaya a gastar 1.000 euros al mes durante los próximos diez años puede pensar que va a gastar 120.000 euros (1.000 euros x 12 meses x 10 años). Sin embargo, si tenemos en cuenta el efecto de la inflación, el coste no será de 120.000 euros, sino de 131.397 euros (un 9,5% más), tal y como se ve en la siguiente tabla.

Inflación tabla

Por eso, la inflación es un factor muy importante que deberemos de considerar al realizar nuestro plan financiero, ya que los ingresos y gastos de nuestro plan a día de hoy nada tienen que ver con los que tendremos dentro de unos años.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante.  

 

 
 
 

11 agosto, 2016 | 09:49

La jubilación es el inicio de una nueva etapa vital. La mayoría personas quieren dedicar este tiempo a actividades de ocio y a la familia, otras, sin perder de vista estos dos objetivos, desean, además, continuar realizando algún tipo de trabajo o actividad profesional. Si nos atrae esta opción, debemos tener en cuenta que hay determinadas actividades que no son compatibles con el cobro de la pensión de la Seguridad Social.

A continuación repasamos las compatibilidades e incompatibilidades de la pensión de jubilación ordinaria, para poder valorar las opciones.

Jubilación flexible, jubilación parcial y otras compatibilidades

En primer lugar, la pensión de jubilación se puede compatibilizar con trabajo a tiempo parcial, acogiéndose a la modalidad de jubilación flexible y jubilación parcial. En ambos casos, mientras dure la situación, se rebaja la pensión en proporción inversa a la reducción aplicable a la jornada de trabajo del pensionista (en relación a la de un trabajador a tiempo completo comparable).

Por otra parte, se pueden realizar trabajos por cuenta propia, cuando los ingresos anuales totales que recibamos por los mismos no superen el salario mínimo interprofesional en cómputo anual (en 2016 asciende a 21,84 euros al día o 655,20 euros al mes). En estos casos, no estamos obligados a cotizar por las prestaciones de la Seguridad Social y no se generan derechos sobre las prestaciones de la Seguridad Social.

También es compatible el ejercicio de la actividad desarrollada por cuenta propia por los profesionales colegiados en alta en una mutualidad alternativa o exentos de causar alta en el RETA.

Otra actividad que podemos continuar desarrollando mientras cobramos la pensión pública de jubilación es mantener la titularidad de un negocio y desarrollar las funciones propias de la misma.

Finalmente, cumpliendo ciertos requisitos, los ingresos del trabajo son compatibles con un 50% de la pensión de jubilación desde el 17-03-2013 (jubilación activa).

Incompatibilidades

Sin embargo, la percepción de la pensión de jubilación es incompatible con cualquier trabajo  -por cuenta ajena o propia- que dé lugar a la inclusión en el Régimen General o en alguno de los Regímenes Especiales (con las excepciones legales que se determinen).

Tampoco se pueden simultanear la pensión de la Seguridad Social con un puesto de trabajo en el sector público delimitado en la Ley 54/1984 (excepciones: profesores universitarios eméritos y personal licenciado sanitario), ni se pueden desempeñar altos cargos.

En caso de realizar trabajos incompatibles con la percepción de la pensión, se producirán los siguientes efectos:

-Suspensión de la pensión y de la asistencia sanitaria correspondiente a esta condición.

-El empresario deberá solicitar el alta e ingresar las cotizaciones que correspondan. Las nuevas cotizaciones sirven para:

  • Incrementar, en su caso, el porcentaje ordinario de la pensión.
  • Devengar el porcentaje adicional que corresponda por prolongación de la vida activa laboral más allá de la edad ordinaria de jubilación.
  • Disminuir el coeficiente reductor aplicado, si se ha anticipado la edad de jubilación.

En ningún caso, las nuevas cotizaciones pueden modificar la base reguladora.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante.  

 

 
 
 
 
 

04 agosto, 2016 | 09:42

Desde que comenzó la crisis financiera hemos visto en numerosas ocasiones como en un momento determinado o ante un hecho concreto el mercado se deja llevar por el pánico. A los inversores les entra miedo y buscan refugio en masa. Cuando la situación se relaja vuelven la mayoría a elegir activos con riesgo para aprovechar las subidas y ganar dinero. Detrás de este comportamiento ‘en bloque’ de muchos inversores decisiones emocionales.

Cuando se trata de dinero, no solo en lo que se refiere a las inversiones, sino también en las decisiones de gasto o ahorro, la mayoría de las veces no somos racionales. Y en estos casos, las emociones nos llevan a equivocarnos más de lo que nos gustaría. Esto es precisamente lo que estudia el behavioral finance (ciencia del comportamiento financiero).

En situaciones de crisis, de turbulencias, los expertos recomiendan resistirse a la urgencia, no tomar decisiones precipitadas. Por poner un ejemplo, es lo que sucedió en junio tras el brexit: la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea provocó fuerte volatilidad en los mercados y el miedo se apoderó de los inversores.

En ese momento, tal y como explicábamos en Abante, era básico mantener la calma, comprobar que el nivel de riesgo era el adecuado según nuestro perfil y nuestros objetivos y no vender llevados por lo que los demás estuvieran haciendo. Si tu cartera ha sido diseñada correctamente, se ajusta a tu perfil y está bien diversificada, en los momentos de pánico en los mercados, la mejor decisión podría ser no tomar decisiones en caliente. Debemos tener siempre presentes nuestros objetivos y horizontes temporales de inversión. Es fundamental no tomar decisiones precipitadas.

El peso de la pérdida y del ahora

Como destacaba el Nobel de Economía Daniel Kahneman, una pérdida produce un impacto 2,5 veces mayor que una ganancia de igual magnitud. Es decir, si perdemos 10.000 euros, el grado de sufrimiento será mayor al placer que obtendríamos por ganar esa cantidad. Para que el grado fuera igual, deberíamos obtener 25.000 euros. Es decir, estamos dispuestos a dejar de ganar dinero para evitar perder (Kahneman desarrolló la teoría prospectiva con Amos Tversky en 1979).

El economista de la Universidad de Duke Dan Arieley explica que en las finanzas, como sucede en otros campos de nuestra vida, la gratificación instantánea es mayor que la futura, por eso nos cuesta ahorrar para la jubilación.

En palabras de Ariely: “Ahorrar es una de las cosas más difíciles que puede hacer la persona, por varias razones. La primera es que prevalece el ahora sobre el futuro. Si le pregunto a varias personas si prefieren tener media tableta de chocolate ahora o una entera dentro de una semana, la mayoría de la gente prefiere la mitad ya. La segunda es que domina lo concreto sobre lo abstracto: si me compro ahora una bicicleta sé lo que estoy comprando; mientras que si ahorro para comprarla en el futuro, no estoy seguro de qué obtendré. El tercer punto a tener en cuenta es el peso de lo emocional sobre lo no emocional”. Ariely argumenta que esto se soluciona con la información adecuada.

Para ser un buen inversor, debemos evitar dejarnos dominar por los factores emocionales que nos impiden tomar decisiones objetivas y racionales. Contar con un asesor debería ayudarnos.

 

 
 
 

 

28 julio, 2016 | 09:58

El Impuesto de Sucesiones y Donaciones (ISD) está cedido a las comunidades autónomas y la diferencia de tributación entre unas y otras, así como la posibilidad de que se vaya a modificar en el futuro, provoca en los inversores la duda sobre si es mejor hacer una donación en vida a sus familiares o esperar a la sucesión

Además de la comunidad autónoma que vincula, en el ISD influyen la relación con el donante/fallecido, el patrimonio preexistente del donatario/sucesor, las reducciones y el importe recibido, entre otras cuestiones.

Por estos motivos, antes de tomar una decisión sobre cuál es la mejor alternativa, debemos de realizar un análisis del impacto que tendría cada opción, no solo en el ISD, sino también en el IRPF y en el Impuesto sobre el Incremento de Valor de los Terrenos (más conocido como plusvalía municipal).

Así, los factores que nos sirven para optar por una opción u otra son, principalmente:

1-¿Qué legislación nos vincula? El hecho de que nos vincule una comunidad u otra puede provocar que el impacto fiscal sea completamente distinto, ya que hay algunas, como Madrid, que tienen en la actualidad una bonificación de 99% en los grupos 1 y 2 (ascendientes y descendientes).

 

Sucesión y donación
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2-En el caso de las donaciones, habrá que tener en cuenta la rentabilidad acumulada de los bienes que se van a donar, dado que el donante deberá de tributar en el IRPF al 19-23% por la ganancia generada desde la compra hasta el momento de la donación (excepto en el caso de la vivienda habitual de los mayores de 65 años). En activos con mucha rentabilidad acumulada desde la compra este impacto puede ser muy elevado.

En cambio, en el caso de las sucesiones, la ganancia generada desde la compra hasta el momento de fallecimiento no tributa (es lo que se conoce como ‘plusvalía del muerto’).

3-En lo que se refiere a los inmuebles, hay que hacer frente a la plusvalía municipal, que suele ser algo inferior en el caso de transmisiones mortis causa (sucesión) que inter vivos (donación).

Supongamos un inversor que tiene una vivienda y que no sabe si donársela a su hijo o si esperar a que la herede en el momento de fallecimiento. El inmueble está valorado en 300.000 euros (como mínimo se ha de coger la valoración que la comunidad donde esté situada le dé al inmueble) y fue comprada por 200.000 euros, siendo la plusvalía municipal de 14.000 euros en el caso de sucesión y de 15.000 euros en el caso de donación.

Tal y como se puede ver a continuación, el coste de la sucesión es menor debido a las reducciones personales, a la exención en el IRPF y al menor coste de la plusvalía municipal.

Sucesión y donación 2
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Sin embargo, podría ser interesante donar el bien en los siguientes casos:

-Si al realizar una donación vincula una comunidad con bonificación y en la sucesión no existe bonificación. 

-Cuando vincule, tanto en la sucesión como en la donación, una comunidad con bonificación, y ante una más que previsible homogeneización del impuesto a lo largo del territorio español, puede ser interesante realizar una donación, eliminando de esta manera el riesgo de que en el momento de la sucesión no exista dicha bonificación.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante.  

 

 
 
 

21 julio, 2016 | 09:38

La vejez no es lo que era. Vivimos más y el envejecimiento se retrasa. O dicho de otra forma, llegamos en mejores condiciones a edades más avanzadas. Esta buena noticia trae consigo la necesidad de prepararnos para ‘envejecer con éxito’, es decir, llegar en las mejores condiciones  -físicas, mentales, sociales y económicas- posibles para disfrutar de esta prolongación.

Para empezar, el concepto de vejez está cambiando. Los geriatras no consideran vieja a una persona de 70 años y según un estudio publicado por Sergei Scherbov y Warren Sanderson, el incremento de la esperanza de vida refleja un proceso de mejora de la salud de las personas. Los investigadores, como explicamos en nuestra web, sitúan la línea roja de la vejez cuando nos quedan 15 años de esperanza de vida y hablan de dos medidas de edad -real o años vividos ya y prospectiva o años que nos quedan por vivir-.

España, según los datos de la OCDE de 2015, es el segundo país más longevo de los que forman parte de esta organización. De hecho, en su informe Health at a glance, señala que “la esperanza de vida en España ha aumentado más rápido que en muchos otros países” de la organización y es ahora la segunda más alta, casi igual a la de Japón. Y según las estadísticas del INE, la esperanza de vida al nacer se situó en 2015 en 82,7 años (79,9 años en el caso de los hombres y 85,4, en el de las mujeres).

Todos tenemos deseos sobre qué haremos cuando seamos mayores y estemos jubilados, pero, más allá de los sueños, conseguirlo depende de que lo planifiquemos. Y para llegar a la vejez en las mejores condiciones y poder disfrutarla, cuanto antes empecemos a prepararnos, mejor.

Evitar la fragilidad

En Abante hemos celebrado varias conferencias sobre Envejecer con éxito. En la primera de ellas, el doctor Juan Ignacio González Montalvojefe de Servicio de Geriatría del Hospital Universitario La Paz, presidente de la Sociedad Madrileña de Geriatría y Gerontología y profesor asociado en la Universidad Autónoma de Madrid, explicaba que la vejez no debe percibirse como enfermedad y subrayó que “no se envejece ahora como se envejecía antes, ni desde el punto de vista físico, ni desde el cognitivo”.

Para evitar la fragilidad, que es la antesala de la incapacidad, González Montalvo recomendó: ejercicio (y, dentro de este, hay que trabajar la resistencia, la potencia, el equilibrio y la flexibilidad articular), actividad mental, cuidar la nutrición y llevar una vida social plena. “Las personas con una red social más amplia disfrutan de más tiempo en buen estado de salud”, destacó. Y también reconoció que “el dinero influye mucho”.

¿Qué debemos hacer para envejecer mejor? 

Por su parte, el doctor José Antonio Serra, jefe del Servicio de Geriatría del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, destacó, en otra de las conferencias: “La calidad de nuestra vejez está en nuestras manos, un porcentaje altísimo de cómo envejecemos depende de nosotros, no solo de lo que hagamos con 15, sino de lo que hagamos con 65, 70, etc.”.

Nuestra dieta y la actividad física determinan en un 75% la forma en la que nos hacemos mayores. Así, cuando una persona pregunta: ¿merece la pena dejar de fumar a los 75 años? ¿Merece la pena empezar a hacer ejercicio con 82? La respuesta de este geriatra es: “¡Claro que merece la pena!”.

Nunca es tarde para adoptar hábitos saludables. Serra destacó que es bueno difundir el mensaje de que cada uno decida qué hacer con su vida, “somos dueños de nuestro futuro a cualquier edad”. “Esa época es tan interesante como cualquier otra”, dijo.

¿Cuánto cuesta la jubilación que queremos? 

Llegamos a la jubilación con muchas aspiraciones, pero en muchos casos infravaloramos lo que nuestro estilo de vida costará. Si queremos viajar más, estudiar algo, colaborar con alguna organización, etc. probablemente gastemos más que cuando trabajábamos. ¿Cuánto vamos a necesitar? Es la pregunta del millón.

En cualquier caso, conviene que nos planteemos si las previsiones que estamos haciendo para nuestra jubilación son acertadas y si estamos haciendo una correcta planificación. Debemos analizar nuestros gastos, conocer el valor aproximado de nuestros objetivos y tener una idea clara de la situación de partida para diseñar la hoja de ruta hacia nuestra independencia económica.

 

 
 
 
 
 

 

14 julio, 2016 | 09:41

INFOGRAFÍA_pensiones_27-01
Cuando hablamos de ahorro e inversión, muchas veces decimos que el tiempo es nuestro aliado, cuanto antes comencemos, mayor beneficio obtendremos. Esta afirmación se explica por el efecto del interés compuesto.

Hablamos de interés compuesto cuando lo que nos dan por nuestro ahorro o inversión se suma al capital principal –se van reinvirtiendo- y, por tanto, también generan intereses en años sucesivos. Es decir, se trata de la acumulación de los intereses generados en un período determinado, por un capital inicial (Ci) o principal, a una tasa de interés (i), durante (n) periodos de imposición; de tal manera que el beneficio que se obtenemos al final de cada periodo de inversión no se retiran sino que se reinvierten capitalizándose a dicha tasa (i).

El efecto que este interés del interés tiene en nuestras finanzas personales en el largo plazo puede llegar a ser muy importante, como vamos a ver con un ejemplo:

Supongamos que queremos invertir 100.000 euros en una cartera de fondos de inversión que esperamos que vaya a tener una rentabilidad media anual del 4% y que dicho dinero va a estar invertido durante los próximos 20 años.

Para calcular cuánto dinero tendremos al final del periodo, no podemos limitarnos a multiplicar el capital inicial por la tasa de interés y el número de periodos de cálculo (100.000 * (1+(4% * 20)) = 180.000 euros), ya que esto supondría que los intereses no se han reinvertido, sino que habrá que aplicar la siguiente fórmula:

Cf = Ci * (1+i)^n = 100.000 * (1+4%)^20 = 219.112,30 euros.

Donde:

    Cf es el capital al final del enésimo período

    Ci es el capital inicial

    i es la tasa de interés

    n es el número de períodos

Tal y como se puede ver, el reinvertir los intereses, en el plazo de 20 años, hace que la rentabilidad sea 39.112 euros superior sobre la opción de no reinvertirlos.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante.  

 

 
 
 

07 julio, 2016 | 09:41

La semana pasada comentamos cómo influyen los años que no cotizamos en el cálculo de la pensión de jubilación de la Seguridad Social en el caso de los trabajadores por cuenta ajena. En este post vamos a ver qué ocurre en el caso de los autónomos.

A diferencia del régimen de asalariados, los autónomos pueden elegir en cada momento qué base de cotización quieren tener (mínima, máxima o una base intermedia) y las lagunas que existan en el periodo de cálculo, si vincula el régimen de autónomos, se contabilizan a 0 euros, por lo que la base reguladora será inferior respecto al régimen de asalariados.

Imaginemos un autónomo de 61 años, con 36 años cotizados a la Seguridad Social que va a vender su empresa, no ha cotizado por prestación por desempleo y no tiene intención ni de volver a cotizar ni de hacer convenio especial con la Seguridad Social. ¿Qué pensión le correspondería?

Abante lagunas pension autónomo
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A dicho importe habría que restarle el Factor de Sostenibilidad que fue aprobado en 2013 y entrará en vigor a partir de 2019.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante

 

 

30 junio, 2016 | 09:39

A lo largo de nuestra vida laboral, puede suceder que nos encontramos con momentos en los que por unas circunstancias u otras no coticemos. Aunque podemos realizar un convenio especial con la Seguridad Social para que no nos afecte a la pensión, este tiene un coste que no siempre interesa asumir o puede darse el caso de que no podamos afrontarlo.

Esos periodos en los que no cotizamos se denominan lagunas y, dependiendo del tipo de régimen en el que coticemos, el impacto es diferente. Por eso, cuando se ha cotizado en ambos, conviene saber cuál vincula.

A continuación mostraremos el impacto de las lagunas en el régimen general y la semana que viene lo haremos en el régimen de trabajadores autónomos.

Lagunas en el régimen general

Tras la reforma de la Seguridad Social aprobada en 2011, se está ampliando de manera paulatina el número de años utilizados para el cálculo de la pensión, desde los 15 que se computaban en 2013 hasta los 25 años que se tendrán en cuenta a partir de 2022.

Las lagunas que existan en el periodo de cálculo se contabilizarán de la siguiente manera:

   -Las de los últimos años (con un máximo de 4) se rellenan con la base de cotización mínima (del grupo 7 que es inferior a la del grupo 1 - Ingenieros y Licenciados-).

   -El resto de años,  se rellenan con la mitad de la base mínima.

Estas bases inferiores durante los últimos años reducen la pensión de la Seguridad Social.

En el caso de aquellos que se encuentren en el paro, durante los meses que dure la prestación por desempleo, se considerará la misma base de cotización que el inversor tenía antes de ser despedido.

Por ejemplo, a un trabajador (asalariado) de 58 años, con 33 años cotizados a la Seguridad Social, que fue despedido el 31 de diciembre de 2014 y, tras dos años en el paro, no cree que vaya a encontrar otro trabajo ni desea hacer convenio especial con la Seguridad Social. ¿Qué pensión le correspondería?

Abante lagunas pension asalariado
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A dicho importe habría que restarle el Factor de Sostenibilidad, que fue aprobado en 2013 y entrará en vigor a partir de 2019.

*Paula Satrústegui, directora de Planificación financiera en Abante. 

 

 

23 junio, 2016 | 09:44

El cambio de la tributación de la indemnización por despido con la última reforma fiscal fue una de las medidas más comentadas, ya que limitaba la cantidad exenta de impuestos y porque, además, entró en vigor de forma inmediata, a diferencia del resto de novedades.

Hasta el 1 de agosto de 2014, estas indemnizaciones -en la cuantía establecida con carácter obligatorio en el Estatuto de los Trabajadores- estaban exentas. Sin embargo, a partir de dicha fecha, solo lo están los primeros 180.000 euros y lo que se cobre por encima de esta cantidad tributa como renta del trabajo, lo que eleva de forma considerable la factura fiscal de los trabajadores con contratos ordinarios (la fiscalidad de los contratos de alta dirección es diferente) con salarios más elevados.

Este límite de 180.000 euros no se aplica cuando los despidos –posteriores al 1 de agosto de 2014- se deben a un expediente de regulación de empleo aprobado o un despido colectivo en el que se hubiera comunicado la apertura del periodo de consultas a la autoridad laboral, con anterioridad a dicha fecha

Exención para rentas irregulares

Las indemnizaciones no exentas pueden beneficiarse del régimen de rentas irregulares, si se han generado durante un plazo superior a dos años (es decir, si llevamos más de dos ejercicios contratados en la misma empresa) o si se han obtenido de forma notoriamente irregular. Así, se puede aplicar sobre estas una reducción del 30% (40% si es anterior al 1 de enero de 2015).

Pero debemos tener en cuenta que esta reducción se puede aplicar solo sobre cantidades hasta un máximo de 300.000 euros anuales, de forma general. Se imputará sobre un importe inferior (se va reduciendo la cantidad exenta de forma progresiva a medida que aumenta el pago por despido) para indemnizaciones comprendidas entre 700.000,01 y 1.000.000 euros (y no se podrá utilizar cuando se supere este último importe).

Supongamos un ejecutivo que comenzó a trabajar en su empresa el 16 de mayo de 1993 y fue despedido el 15 de octubre de 2015, con un sueldo, a efectos de la indemnización, de 84.000 euros. La indemnización bruta a recibir serían 194.242 y la neta -teniendo en cuenta los 180.000 euros exentos, los 14.242 de parte no exenta, la exención por reducción del 30%, el importe que tributa y el IPRF sobre la parte no exenta- sería de 189.656 euros (con los tipos de 2015, que son los que debemos tener en cuenta en la declaración que presentamos este año entre abril y junio).

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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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