28 junio, 2018 | 09:45

Los planes de pensiones tienen ventajas fiscales en las aportaciones (se deducen en la declaración de la renta) y, en algunos casos, también en el rescate, aunque con limitaciones como vamos a ver en este artículo; una cuestión que es importante tener en cuenta si nos hemos jubilado y estamos pensando cómo nos conviene más sacar ese dinero. Y, aunque lo vamos a explicar ahora, os adelantamos: este año es el último para beneficiarse de la reducción del 40% de aquellas personas que se jubilasen en 2016 o antes de 2011.

Para empezar, hay que recordar que el dinero que rescatamos de los planes de pensiones cuando nos jubilamos (o cuando tiene lugar el resto de contingencias o supuestos excepcionales de liquidez que permiten el rescate: incapacidad, dependencia, fallecimiento, paro de larga duración, enfermedad grave y, desde de 2025, liquidez a partir del décimo año) tributan en el IRPF como rendimiento del trabajo, en la base general y con retención, es decir, funciona, en este sentido, como el salario o la pensión pública.

En segundo lugar, el dinero se puede rescatar en forma de capital (es decir, todo de golpe), en forma de renta o combinando ambas. Y, en función de si percibimos más rentas o no, o de si necesitamos el dinero o no, puede convenir más una fórmula u otra. Además, en el caso de que parte del dinero que hemos acumulado en nuestro plan (o planes, si tenemos varios) de pensiones corresponde a aportaciones realizadas antes de 2007, debemos tener en cuenta que podríamos beneficiarnos de la reducción del 40% en el rescate. Básicamente, pagaríamos impuestos -en determinados casos- solo por el 60% del dinero que saquemos y no por el total, con el consecuente ahorro fiscal.

Y, ¿cuándo y cómo nos podemos beneficiar de esta reducción del 40% en el rescate de planes? Esta se puede aplicar cuando se rescatan en forma de capital las aportaciones realizadas hasta el 31 de diciembre de 2006, con un límite temporal (esta limitación se introdujo en 2015 con la reforma fiscal). Así, como regla general, se puede aplicar la reducción en el año en que se produce la contingencia y los dos siguientes. Por eso, quienes se jubilaron en 2016, tienen hasta el 31 de diciembre de este año para aplicar esta ‘rebaja’ fiscal, si les interesa.


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Existe un régimen transitorio para quienes se jubilaron antes de 2015: para las contingencias que tuvieron lugar entre 2011 y 2014, la reducción se puede aplicar en el año en el que se produce la jubilación (o incapacidad, dependencia o fallecimiento) y los ocho ejercicios siguientes. Es decir, para una persona que se jubiló durante 2011, el plazo finaliza en diciembre de 2019 o para quien se jubiló en 2012 terminaría en 2020.

En el caso de las contingencias anteriores a 2011, el plazo para poder beneficiarse de la reducción es hasta el 31 de diciembre de 2018. Es decir, las personas que se jubilaron antes del 1 de enero de 2011 deberían analizar si les interesa rescatar en forma de capital, porque a partir del año que viene pagarían impuestos por el total de los derechos consolidados.

Por ver un ejemplo del ahorro que supone aplicar la reducción del 40% (varía en función de las comunidades autónomas, pues los tipos impositivos son diferentes, en función del resto de rentas que recibimos, dado que estas determinan el tipo marginal de cada persona, y en función de la cantidad rescatada puesto que se paga un porcentaje de esta): una persona que tenga 25.000 euros ahorrados en planes de pensiones y recibe una pensión de la Seguridad Social de 25.000 euros, si vive en la Comunidad de Madrid y aplicar la reducción, pagará 4.572 euros, redondeando, en impuestos (el tipo medio que paga por el rescate es del 18,29%). Si no aplica la reducción, paga 8.212 euros en impuestos y el tipo medio será del 32,85%.

21 junio, 2018 | 09:52

Las rentas vitalicias son una opción en la que piensan cada vez más personas cuando se plantean mantener el nivel de vida en el futuro -en la mayoría de los casos, para la jubilación y para cubrir el riesgo de longevidad-. Parte del impulso de estas rentas, que provienen del dinero invertido a través de seguros, se debe a la ventaja fiscal de la que disfrutan, como ahora veremos, pero también a las ofertas que han lanzado las aseguradoras ante un temor mayor por parte de los ciudadanos sobre el futuro de las pensiones. De hecho, los informes sectoriales destacaban hace unas semanas que el patrimonio en seguros de rentas vitalicias se ha incrementado en un año en el que el tema de la revalorización de las pensiones ha suscitado un intenso debate.

Cabe recordar que las rentas vitalicias siempre han tenido un trato fiscal favorable, dado que tributan en el IRPF solo por una parte y no por el total, en un porcentaje que depende de la edad del asegurado en el momento en el que empieza a disfrutar de la renta (cuanto más mayor es el beneficiario, pagará impuestos sobre una cantidad menor de la renta, así, por ejemplo y tal y como se detalla en la Agencia Tributaria, en el caso de las rentas vitalicias inmediatas, se considera rendimiento del capital mobiliario el resultado de aplicar a cada anualidad un porcentaje del 40% si el perceptor tiene menos de 40 años, pero del 8% si tiene más de 70 años).

Sin embargo, desde la reforma fiscal de 2015, tienen aún mayor atractivo para quienes utilizar las rentas vitalicias como complemento a la pensión de jubilación. Esto es así porque las ganancias que obtiene una persona mayor de 65 años por la venta de elementos patrimoniales (como, por ejemplo, acciones, fondos de inversión o inmuebles) están exentas de tributación si las mismas se destinan a la constitución de la renta vitalicia asegurada a su favor.


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Eso sí, existe un límite. La cantidad máxima sobre la que se puede aplicar la exención cuando la ganancia patrimonial se convierte en renta vitalicia a través de un seguro es de 240.000 euros (como vemos, es un límite que coincide con la cantidad máxima que se pueden aportar a los planes individuales de ahorro sistemático, los PIAS, también seguros de vida ahorro pensados para complementar nuestro ahorro para la jubilación).

El incumplimiento de las condiciones, así como la anticipación total o parcial, de los derechos económicos derivados de la renta vitalicia constituida, provoca que se pierda esa exención y que el beneficiario deba pagar impuestos por la ganancia patrimonial correspondiente.

Y es importante que la persona que quiera disfrutar de la exención tiene que comunicar a la entidad aseguradora con la que contrata la renta vitalicia, en el momento en el que decide hacerlo, que el dinero que está usando para esa renta constituye la reinversión del importe obtenido por la transmisión de elementos patrimoniales.

Por otra parte, hay que recordar que la venta de la vivienda habitual por mayores de 65 años está exenta de tributación, sin necesidad de reinvertir la cantidad obtenida en una renta vitalicia.

Vamos a verlo con un ejemplo. Supongamos una persona de 79 años que ha vendido una vivienda que tenía en la playa por 400.000 euros y ha generado una ganancia de 70.000 euros.

En primero lugar, vamos a analizar el beneficio fiscal. En caso de que constituya una renta vitalicia, en lugar de pagar los 14.980 euros de impuestos que corresponderían en el IRPF por una ganancia patrimonial de 70.000 euros, en este caso tendrá que pagar 5.760 euros. Es decir, si no constituyera la renta vitalicia el ahorrador tendría que pagar 9.220 euros más.

En segundo lugar, debemos de analizar la renta vitalicia que recibiríamos. Esta depende, entre otros factores, de la edad del asegurado, del subyacente (en la mayoría de los casos se trata de bonos del Estado cuyo vencimiento coincide con la esperanza de vida del asegurado), del capital que desee tener al final del periodo para el que se calcula por si quiere dejarlo en herencia y de si la renta vitalicia se puede revertir (es decir, si en caso de fallecimiento su cónyuge u otra persona va a recibir la renta o parte de ella). En el caso que estamos viendo, la entidad aseguradora le ofrece una renta vitalicia de 1.169,95 euros al mes y el capital en caso de fallecimiento se irá reduciendo anualmente en un 3%.

Por último, hay que analizar la evolución de la renta vitalicia si la comparamos con la evolución que tendría nuestro dinero si lo invirtiésemos en otro producto financiero que le de cierta rentabilidad, suponiendo que todos los años se reembolsa el importe equivalente a la renta vitalicia, haciendo así ambos escenarios equivalentes.

Así, la conveniencia o no de constituir la renta vitalicia depende de varios factores, no solo del ahorro fiscal. En un momento dado, podemos ahorrarnos una determinada cantidad en impuestos, pero perder la opción de obtener una mayor rentabilidad que nos ayudaría a cumplir con mayor facilidad los objetivos que tengamos. La esperanza de vida también es importante en los cálculos que hagamos.

14 junio, 2018 | 09:43

Desde los juegos de sartenes a los televisores, pasando por una lámpara o dinero en efectivo. Las entidades financieras han recurrido desde hace tiempo al gancho de los regalos por la contratación de productos y servicios para atraer clientes. Y el reclamo suele funcionar, a casi todos nos llama la atención que nos den algo gratis. La cuestión es a qué estamos obligados a cambio.

Por eso conviene no solo mirarse la letra pequeña para comprobar la permanencia o las comisiones, sino también echar cuentas del coste fiscal de dicho regalo, porque, sí, por el juego de cazuelas, por la tableta o por el efectivo que nos ingresen, deberemos pagar impuestos. Los regalos tributan en el IRPF, porque, aunque nos lo hayan dado ‘gratis’, se considera una retribución por nuestro dinero. La valoración de dicho regalo la tiene que determinar el propio banco -será, en condiciones de mercado, el precio que desembolsó por ese regalo-, y el contribuyente puede conocer su valor solicitando a su entidad el certificado de retenciones, en el que debe aparecer el valor de dicho obsequio.

En los casos en que la retribución no sea dineraria, sino en especie (la cazuela, la lámpara…), el cliente que lo recibe tendrá que declarar como ingreso a cuenta el valor de mercado de la misma, más el ingreso a cuenta que hace la entidad financiera, salvo que este le hubiera sido repercutido. Dicho ingreso pagará impuestos como rendimiento del capital en la base del ahorro a un tipo de entre el 19% y el 23%. Los primeros 6.000 euros tributarán al 19%, entre los 6.001 y los 50.000 euros tributarán al 21% y los rendimientos superiores a 50.000 euros, al 23%.


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El ingreso a cuenta es el resultado de incrementar en un 20% el valor de adquisición o el coste de producción para la entidad que hace el regalo.

Supongamos que una entidad financiera entrega a sus clientes un ordenador por la suscripción de un determinado producto financiero. El valor de mercado del ordenador es de 1.000 € + IVA (21%). El coste para la entidad fue de 500 € + IVA (21%).

Ingreso a cuenta: (500 × 1,21) × 1,2 (del ingreso a cuenta que hace la entidad) = 726 × 19% = 137,94 €.

Rendimiento del capital mobiliario: (1.000 × 1,21) + 137,94 = 1.347,94 €.

Impuestos a pagar: 1.347,94 € x 19% = 256,10 €.

Como explicábamos anteriormente, la entidad financiera deberá de enviarnos un certificado de retenciones, con la valoración de los regalos recibidos y la retención a cuenta que se ha practicado. Cuando hagamos la declaración de la renta, aparecerá en los datos fiscales que nos envíe Hacienda dicha valoración como retribución en especie.

07 junio, 2018 | 09:46

La vivienda debe incluirse siempre en la declaración de la renta, independientemente de si recibimos rentas por la misma o no, lo que determinará los impuestos que pagamos, o si se trata de la vivienda habitual, en cuyo caso no pagamos en el IRPF (aunque sí pagamos el impuesto municipal).

Vamos a repasar cómo tributan los inmuebles en la renta. Los contribuyentes que la compraron antes de 2013 pueden aplicarse una deducción, que es del 15% de las cantidades aportadas para el pago de la hipoteca, con un límite anual de 9.040 euros.

Cuando tenemos un inmueble que no es nuestra vivienda habitual, pero que no genera rentas (habitualmente, la segunda residencia o la casa de la playa, por ejemplo), ni está vinculado a actividades económicas, ni es indispensable para el desarrollo de explotaciones agrícolas, forestales o ganaderas, ni generan rendimientos de capital, se tributa por la imputación de rentas en la base general del IRPF.

En concreto, se pagan impuestos sobre el 1,1% del valor catastral (o el 2%, si este fue revisado antes de enero de 1994), en función del tipo que nos corresponda. La imputación se realizará en proporción al número de días que el inmueble no haya estado alquilado.

Por su parte, los rendimientos del capital inmobiliario que obtenemos por las viviendas alquiladas (se calcula restando a los ingresos los gastos deducibles) se incluyen en la base general al tipo que corresponda a cada contribuyente. Es importante tener en cuenta que el rendimiento neto de los inmuebles destinados a vivienda, tiene una reducción del 60%.

     
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La venta de inmuebles

La ganancia (o pérdida) patrimonial que nos genera la venta de un inmueble tributa en la declaración en la base del ahorro (el importe se calcula restando al precio de venta el de compra y los gastos asociados a la operación). La ganancia patrimonial tributa a un tipo de entre el 19% y el 23%, en función de la cantidad.

En este sentido, hay que tener en cuenta que el valor de adquisición es el resultado de sumar la cantidad real de la misma, el coste de lo que Hacienda estipula como inversiones y mejoras, así como los impuestos pagados por el comprador (exceptuando los intereses); hay que restar las amortizaciones sobre el inmueble.

En el caso de que la transmisión sea a título lucrativo, el valor de adquisición se calcula sobre el valor que en su día se fijara a efectos del impuesto de sucesiones y donaciones. Por otra parte, el valor de transmisión, si se produce a título oneroso, se determina restando al importe real de la enajenación los gastos y tributos inherentes a la venta que hayan sido pagados por el vendedor y en el caso de que sea a título lucrativo, de nuevo, se considera el valor del impuesto de sucesiones y donaciones (al que hay que restar, si existen, los gastos y tributos inherentes a la venta).

Vivienda exenta

En algunos casos, puede estar total o parcialmente exenta. Por ejemplo, cuando se reinvierte el importe en una nueva vivienda habitual y dentro de ciertos plazos para los menores de 65.

Para los contribuyentes mayores de 65 años, la vivienda habitual está totalmente exenta y cuando no se trata de la vivienda habitual, si la ganancia se reinvierte en una renta vitalicia puede estar total o parcialmente exenta si se invierte en una renta vitalicia (con un límite máximo de 240.000 euros), cuando no se trata de la vivienda habitual.

Además, las viviendas adquiridas antes de 1994 pueden aplicar los coeficientes de abatimiento, pudiendo estar parte de la ganancia exenta (hasta 400.000 euros de precio de venta).

31 mayo, 2018 | 09:51

La toma de decisiones son una constante en nuestras vidas, en todos los ámbitos, desde lo más sencillo a lo más complejo, desde qué vamos a tomar a media mañana hoy hasta cómo deberíamos invertir nuestro dinero para la jubilación. Y en ese proceso, que puede ser más o menos “automático” y sencillo o responder a un ejercicio más reflexivo, intervienen tanto nuestra parte emocional e instintiva, que se mueve por emociones y sentimientos (sistema 1), como nuestra parte racional, serena y reflexiva, que es la que piensa y analiza la realidad mirando hacia el futuro (sistema 2).

Estos sistemas entran en conflicto si no están orientados hacia el mismo lado y es cuando, por lo general, el corto plazo suele imponerse al largo plazo en nuestras decisiones. Es la razón por la que nos saltamos nuestro plan de vida sana y no vamos una tarde el gimnasio, por ejemplo, y es también el motivo por el que posponemos ahorrar para la jubilación, porque total, todavía queda mucho tiempo y queremos ese móvil nuevo.

La mayoría de nuestros juicios diarios son obra del sistema 1, ocurren de forma automática, intuitiva y emocional, y nos permiten desenvolvernos de forma razonable en nuestra vida práctica. Pero el sistema 1 también genera intuiciones erróneas en algunas cuestiones que pueden tener consecuencias triviales, en algunas ocasiones, o catastróficas, en otras.

Únicamente cuando entra en juego el sistema 2, postergando las gratificantes sugerencias del sistema emocional, y solo tras invertir un gran esfuerzo cognitivo, podemos intentar resolver los problemas difíciles o contraintuitivos.

En este sentido, hay una metáfora fácil de entender que hizo Jonathan Haidt, en su libro “La hipótesis de la felicidad”. Haidt llama elefante a la parte emocional (sistema 1) y jinete a la racional (sistema 2). El elefante es grande, fuerte, perezoso y caprichoso, busca la gratificación inmediata frente a la gratificación a largo plazo. El jinete es astuto y determinado, es planificador, pero es pequeño y débil en comparación con el elefante.

El jinete sabe cómo puede dirigir al elefante. Lleva las riendas y parece llevar la voz cantante, pero, dada su diferencia de tamaño, su control no deja de ser precario, débil e inestable y cuando el elefante se rebela contra el jinete y quiere tomar otra dirección, el jinete suele perder. Es el momento en el que decidimos, por ejemplo, darnos un capricho y comprarnos un croissant en lugar de tomar una pieza de fruta o en el que nos compramos de forma impulsiva un nuevo jersey que no necesitamos, pero que “nos merecemos”. Pero es también en momento en el que nos dejamos llevar por el miedo, porque las noticias sobre los mercados financieros son negativas y decidimos, también por ejemplo, salirnos de bolsa, porque está cayendo, sin plantearnos si es lo que más nos conviene a largo plazo.

Aunque sabemos que tenemos una parte emocional y otra racional en nuestras decisiones, es común que lo olvidemos: ¿somos conscientes que, si queremos mantener el nivel de vida durante la jubilación hemos de ahorrar desde jóvenes? ¿Sabemos por qué no empezamos a ahorrar y postergamos esa decisión? ¿Conocemos cuáles son las consecuencias de posponer esta decisión?

Lo más probable es que sí seamos conscientes de cómo afecta a nuestro yo futuro las decisiones de nuestro yo presente, pero el problema es que casi todos los mensajes que recibimos van dirigidos a nuestro jinete (el cerebro racional) y no a nuestro elefante (el cerebro emocional). Lo más probable es que queramos ahorrar, pero cuando nos encontramos con la tentación no tenemos las técnicas y herramientas que necesitamos para evitar caer en ella, por ello, debemos darle al elefante los motivos para ahorrar y al jinete las herramientas y los conocimientos necesarios para hacerlo. Entender cómo funcionan ambos mecanismos es el primer paso. Un asesor experto nos ayudará a clarificar esos motivos u objetivos y a hacernos con esas herramientas.


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24 mayo, 2018 | 09:44

“Prefiero alquilar mi piso a un familiar o conocido, que me lo cuidan mejor, aunque gane menos”. Esta es una frase que se escucha con mucha frecuencia. También hay casos en los que un padre alquila a su hijo una vivienda por debajo del precio de mercado, en parte, por ayudarle y hacerle el favor y, también, porque así cubre los gastos del inmueble.

En un momento en el que se vuelve a debatir si alquilar es mejor que comprar, si la inversión inmobiliaria compensa o si estamos volviendo a cometer los errores del pasado en lo que se refiere al ‘ladrillo’, y en plena campaña de la renta, es interesante conocer el coste fiscal de alquilar una vivienda a un familiar.  

Para empezar, es importante tener en cuenta que, cuando el arrendatario o subarrendatario del inmueble es el cónyuge o un pariente, incluidos los afines, hasta el tercer grado inclusive del contribuyente, se establece un rendimiento (del capital mobiliario) neto mínimo. Y los parientes a considerar lo son tanto por consanguinidad, incluida la adopción, como por afinidad, cónyuges.

El grado de parentesco hasta el tercer grado, puede ser en línea directa o colateral, por lo que se incluyen las cesiones con el padre, abuelo, bisabuelo y con el hijo, nieto, bisnieto, así como las cesiones o arrendamientos de una persona con su hermano, sobrino y tío.

Y, ¿cuál es ese rendimiento mínimo que se utiliza para el cálculo de los impuestos que tendremos que pagar? Es el resultado de aplicar al valor catastral del inmueble el 1,1% (o el 2% si este no ha sido revisado) o, en general, el que resultaría de aplicar las reglas propias de la imputación de rentas inmobiliarias. Y, como regla de valoración, no admite prueba en contrario.

Es decir, el ingreso mínimo que el arrendador debe de incluir en su declaración de la renta es el que habría incluido en caso de que el inmueble no estuviese arrendado (imputación de rentas inmobiliarias).

Vamos a verlo con un ejemplo. Imaginemos una persona que tiene una vivienda cuyo valor catastral es de 400.000 euros. En la actualidad, lo tienen alquilado por 1.500 euros al mes, pero se va a ir el inquilino y quiere saber que impacto fiscal tendría alquilárselo a su sobrino por 1.000 euros al mes, en lugar de alquilárselo, de nuevo, a un desconocido por 1.500 euros. Para hacer el cálculo, suponemos que los gastos deducibles ascienden a 8.500 euros anuales.

Abante tabla alquiler a familiar

Tal y como se puede observar, el rendimiento neto en caso de alquilárselo a su sobrino es menor que el 1,1% del valor catastral, por lo que el rendimiento neto fiscal ascendería a 4.400 euros. Tras la reducción del 60% al ser vivienda, el rendimiento neto reducido tributará en la base general al 19-45%.

Si el alquiler se realizase al precio del mercado y supera la cantidad que determina la imputación de rentas, el cálculo se realizaría de la misma manera que si no se alquilase a un familiar.

Antes de alquilar una vivienda, conviene determinar el impacto fiscal que tendría dicho alquiler en la declaración de la renta.

     
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17 mayo, 2018 | 09:52

Si tenemos nuestro dinero invertido en acciones, cuando hacemos la declaración de la renta debemos tener en cuenta varias cuestiones: ¿he recibido algún dividendo durante el año? ¿A qué precio compré las acciones que he vendido?

Lo primero que tenemos que saber es que las acciones, como tal, solo tributan cuando las vendemos. Es decir, mientras las mantengamos en cartera no tendremos que tributar por ellas, únicamente tendremos que pagar impuestos por los dividendos que recibamos por estas. Así, vamos a diferenciar entre la renta explícita y renta implícita.

Venta Vs. dividendo

Las rentas de los productos financieros constan de diferentes particularidades que se ponen de manifiesto cuando queremos valorar la renta fiscal que nos generan y que debemos especificar en la declaración de la renta.

Por un lado, se encuentra la renta explícita, que es aquella que se produce cuando se vende el producto financiero. Así, la venta de una acción tributa en la base del ahorro como ganancia o pérdida patrimonial, a un tipo mínimo del 19% y máximo del 23%, en función de la cantidad obtenida. El importe que tenemos que incluir en el IRPF es el resultado de restarle al precio de venta, el precio de compra y los gastos asociados a la venta y a la compra. Esta cuantía no está sujeta a retención.

Y, por otro lado, está la renta implícita, que incluye los beneficios o intereses que nos produce un producto financiero cuando lo mantenemos en cartera. En el caso de las acciones, la renta implícita es el dividendo que recibimos y tributa en la base del ahorro como rendimiento de capital mobiliario, a un tipo mínimo del 19% y máximo del 23%. La cuantía que hay que incluir, y que está sujeta a una retención del 19%, es la diferencia entre el importe devengado y los gastos de administración y custodia del título.

Normas específicas relativas a la venta

Desde el punto de vista fiscal, la venta de acciones está sujeta a una serie de normas. Un de ellas es la conocida como FIFO (First in, first out), que obliga a vender primero los títulos que se compraron primero (cuando se trata de las mismas acciones).

Aquí también hay que tener en cuenta las normas antiaplicación, que impiden que el contribuyente se declare una pérdida patrimonial si durante los dos meses anteriores o los dos meses posteriores a la venta de una acción se compraron los mismos valores. En el caso de las acciones que no cotizan, el plazo es de un año. Con esta regla lo que se persigue es evitar que el contribuyente se declare una pérdida fiscal cuando en realidad no hay pérdida financiera.

Además, hay otras particularidades que afectan a la fiscalidad de la venta de los derechos de suscripción preferentes y de las acciones total o parcialmente liberadas, que explicamos en nuestra guía "Productos financieros en el IRPF".

Por último, y en lo relativo a las compensaciones de las pérdidas o rendimientos negativos, hay que saber que los saldos negativos que se hayan generado con la venta de las acciones se pueden compensar con las ganancias patrimoniales del mismo año. Si el resultado sigue siendo negativo, se puede compensar con el saldo positivo de los rendimientos de capital mobiliario, con un límite del 20% de dicho saldo positivo en 2017 y del 25% a partir de 2018. Si continúa quedando saldo negativo, el contribuyente dispone de los cuatro próximos ejercicios para compensarlo.


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Productos financieros en el IRPF

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10 mayo, 2018 | 09:11

Las pensiones y, más en concreto, cómo deben revalorizarse cada año están en el centro del debate social y político en las últimas semanas. Los pensionistas han realizado una serie de protestas en contra de la subida del 0,25% que se ha aplicado este año a la renta que reciben de la Seguridad Social, reclamando que las pensiones se actualicen anualmente con la inflación, para evitar la pérdida de poder adquisitivo.

Esta subida del 0,25% es la mínima establecida por ley tras la reforma de 2013, que establecía que las pensiones se incrementarían cada ejercicio aplicando el factor de revalorización. Sin embargo, tras las manifestaciones de los últimos meses, el Gobierno (para sacar adelante los presupuestos generales) y el Pacto de Toledo están dispuestos a recuperar el IPC como indicador para determinar la subida anual de las pensiones, dejando atrás el índice de revalorización. Lo que se está negociando en estos momentos es que la evolución de las pensiones esté vinculada, además de a la inflación, a otros indicadores, aunque es una cuestión que todavía no está cerrada.

Para entender de qué se está hablando en los medios en las últimas semanas, vamos a repasar las reformas que se hicieron en 2011 y 2013 para garantizar la sostenibilidad del sistema público de pensiones, que iban a provocar un recorte de las mismas.

En 2011, se aprobó retrasar la edad legal de jubilación, ampliar el número de años para recibir el 100% de la base reguladora, así como el numero de años considerados para realizar el cálculo de la pensión. Esto se mantiene. Además, en dicha reforma, se hablaba de la posibilidad de incluir reformas adicionales, que, efectivamente, se aprobaron en 2013, cuando se introdujeron el citado factor de revalorización y el factor de sostenibilidad.   




Guía Abante "Jubilación más que un
plan de pensiones"

¿Cómo será nuestra pensión? 
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Revalorización de las pensiones
 

Este factor, que es el que estos días se está negociando eliminar, depende de varias cuestiones:

-El número de pensiones contributivas del sistema de la Seguridad Social.

-La variación interanual de la pensión media del sistema en un año en ausencia de revalorización en dicho año.

-La evolución de los ingresos de la Seguridad Social.

-De un parámetro, revisable cada cinco años, que depende de los ingresos y gastos del sistema y que toma un valor situado entre 0,25 y 0,33.

En ningún caso el resultado puede dar lugar a un incremento anual de las pensiones inferior al 0,25%, ni superior a la inflación más un 0,5%.

Así, desde 2013, las pensiones han subido un 0,25% cada año, pero como la inflación se situaba en niveles cercanos o inferiores a dicho incremento, no se había producido pérdida de poder adquisitivo. Sin embargo, en los dos últimos años la inflación ha vuelto a crecer y ese ha sido el detonante de las protestas que estamos viendo este año.

La tasa de variación anual del IPC de diciembre de 2017 fue del 1,1%. En enero, el índice se incrementó un 0,6%, en febrero un 1,1% y en marzo, un 1,2%. El indicador adelantado de abril muestra un aumento del 1,1%. Y el Gobierno ha pactado con el PNV una subida de las pensiones del 1,6% para 2018 y según la inflación en 2019 para todas las pensiones, excepto las mínimas, que ya se había acordado incrementarlas por encima de la inflación.

Revalorización pensiones 1

Factor de sostenibilidad

Por otra parte, la ley promulgaba que partir de 2019, la base reguladora (media de la cotización de las ultimas bases de cotización, actualizadas por la inflación) debe ajustarse a la baja en función de la evolución de la esperanza de vida. Al vivir más años, recibiremos anualmente una menor cantidad que generaciones anteriores (para cotizaciones iguales), dado que se entiende que el mismo dinero debe servir para cubrir esos años extra de esperanza de vida.

Como consecuencia de las negociaciones entre el Gobierno y el resto de los partidos, además de eliminar el factor de revalorización, como hemos comentado, también se ha propuesto retrasar la aplicación del factor de sostenibilidad hasta 2023. Y que la pensión de viudedad aumente del 52 al 56% en 2018 y al 60% en 2019.

Revalorización pensiones  2

Como hemos comentado en numerosas ocasiones, el sistema de la Seguridad Social en España es muy generoso. Tenemos en la actualidad una de las mayores tasas de sustitución de la Unión Europea y somos el segundo país más longevo, por lo que es necesario un consenso político que permita que el sistema sea sostenible en el largo plazo.

03 mayo, 2018 | 09:48

Los fondos de inversión solo tributan cuando se produce el reembolso (por la ganancia o la pérdida patrimonial), pero no mientras el dinero permanezca invertido, ni cuando se hace un traspaso a otro fondo.

La ganancia (o pérdida) patrimonial tributa en la base del ahorro (entre el 19 y el 23%, según la cantidad) y las pérdidas se pueden compensar en la declaración de la renta, ilimitadamente, con otras ganancias patrimoniales y, con límite, con los rendimientos del capital mobiliario.

A la hora de calcular la ganancia patrimonial es importante recordar que se utiliza el sistema FIFO (First in, first out, en inglés), lo que significa que se venden primero las participaciones más antiguas.

Otras características que conviene tener presente son:

Dividendos o rentas de las IIC: aunque no es lo habitual, los fondos y sociedades de inversión pueden repartir dividendos, que se incluyen en la declaración como rendimiento del capital mobiliario y tienen retención del 19%.

Fondos de inversión garantizados: si la garantía es interna, las participaciones de un fondo garantizado tributan ganancias o pérdidas patrimoniales. Si es externa, la cantidad satisfecha adicionalmente para compensar al partícipe es un rendimiento de capital mobiliario. Están sujetos a retención.

Traspasos: desde enero de 2003 los traspasos entre IIC no computan como ganancia o pérdida patrimonial, las nuevas acciones o participaciones suscritas conservan el valor y la fecha de adquisición de las trasmitidas o reembolsadas, siempre que se cumplan ciertos requisitos. Es decir, nos permite un diferimiento fiscal, ya que no pagamos por ese dinero ni por los intereses que genera hasta que no sacamos, que los hace una opción de inversión atractiva.

Fondos cotizados: son aquellos cuyas participaciones están admitidas a negociación en bolsas de valores.  En este caso, los impuestos se pagan cuando se venden las participaciones, operación con la que se genera una ganancia o pérdida patrimonial (precio de venta – precio de compra– gastos asociados a la compra y a la venta). No están sujetos a retención y, a diferencia de los fondos de inversión, los ETF no pueden traspasarse sin tributar. Los dividendos que reparten son rendimientos del capital mobiliario y tienen una retención del 19%.


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26 abril, 2018 | 09:25

Desde el pasado 4 de abril hasta el próximo 2 de julio los contribuyentes pueden presentar su declaración de la renta correspondiente al ejercicio 2017. Con el calendario ya en marcha, el tiempo para saldar cuentas con Hacienda corre en nuestra contra. Por ello, resulta relevante conocer la fiscalidad de nuestras inversiones, un aspecto que además no debemos olvidar cuando nos decantamos por un determinado producto de inversión.

Conocer cómo tributan nuestras inversiones en el IRPF nos ayudará a planificar mejor nuestras finanzas y lograr los objetivos que nos habíamos marcado cuando decidimos invertir nuestro dinero. Y, aunque es cierto que no podemos elegir un producto financiero únicamente por su fiscalidad, debemos tener en cuenta que los impuestos que tengamos que pagar afectarán a la rentabilidad de nuestras inversiones.

Así, lo primero que hay que saber es que prácticamente todos los productos financieros tributan en el IRPF en la base del ahorro y lo pueden hacer como rendimientos de capital mobiliario o como ganancias y pérdidas patrimoniales. Los únicos productos que tributan en la base general, como si fueran rentas del trabajo, son los que están relacionados con la jubilación, es decir, los planes de pensiones, las mutualidades, los planes de previsión asegurados (PPA), los planes de previsión social empresarial (PPSE) y los seguros colectivos.


Guía Abante
Productos financieros en el IRPF

Si quieres saber cómo incluir en la declaración de los productos financieros, como acciones, fondos de inversión, etc.

 
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Productos financieros en la base del ahorro

Al hacer la declaración de la renta, hay que tener en cuenta que los productos financieros se dividen en dos bloques. Por un lado, se encuentran todas las rentas que proceden de elementos patrimoniales, bienes o derechos de naturaleza mobiliario de los que el contribuyente es el titular y que no están afectos a actividades económicas, y que se consideran rendimientos de capital mobiliario (RCM). Aquí tributa la venta de bonos y obligaciones, Letras del Tesoro, acciones preferentes, depósitos estructurados, dividendos y cupones, y también el rescate de los United Linked, los seguros de vida-ahorro e invalidez, los pagarés de empresas, los PIAS, las cuentas de Ahorro 5 y los intereses que generan los depósitos y las cuentas corrientes.

El siguiente bloque es el de las ganancias o pérdidas patrimoniales (GPP). En él se enmarcan las variaciones en el valor del patrimonio cuando se cambia la composición de este y siempre que dicha renta no esté sujeta ya a otro impuesto. Tributa en este bloque la venta de acciones, de ETF, derivados, divisas, warrants, fondos de inversión y sicavs y, también, la venta de inmuebles. El importe final resulta de restarle al precio de venta el precio de compra y los gastos asociados tanto a la compra como a la venta.

¿Todos los productos tienen retención?

Otro de los factores que debemos tener en cuenta a la hora de realizar nuestra planificación fiscal y financiera es que hay algunos productos que están sujetos a retención en el momento en el que se realiza la operación. La retención no es más que un anticipo del pago del impuesto que se devenga antes de recibir el ingreso en la cuenta corriente y afecta a todos los productos financieros a excepción de las Letras del Tesoro, los derivados, las divisas y los ETF, (la venta de inmueble y los alquileres tampoco tienen retención). Del resto de activos financieros que tienen retención debemos distinguir dos grupos:

Primero, los que tienen dos fuentes de renta como las acciones (dividendos), los bonos y obligaciones (cupones), los estructurados (cupones) y depósitos (intereses). Estos productos tienen retención cuando se produce la renta explícita. Así, por ejemplo, en el caso de un bono lo que tendría retención es el cupón, pero nunca la venta de este.

Y el otro lo componen aquellos activos que solo tienen una fuente de renta, como los fondos de inversión, los seguros de vida, los pagarés de empresa, los bonos cupón cero y los planes de pensiones. En este caso, solo disponen de renta implícita, que es cuando se produce la venta del producto, y siempre tiene retención.

La retención que se aplica por norma general a todos estos productos es del 19%, menos a los planes de pensiones, cuya retención se calcula considerando que es la única renta del trabajo del contribuyente y variará en cada caso.

¿Qué ocurre cuándo genero pérdidas?

Si un producto financiero nos genera una pérdida o un rendimiento negativo, lo podemos compensar en la declaración de la renta. Los saldos positivos y negativos de cada cuadro se pueden compensar entre sí y si después el saldo sigue siendo negativo, se puede compensar con las rentas del otro cuadro, siempre, eso sí, con un límite del 20% de dicho saldo positivo en 2017 y del 25% a partir de 2018. Si sigue quedando saldo negativo disponemos de los cuatro próximos años para poder compensarlo.

Sobre el autor

Imagen de Paula Satrustegui

Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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