23 marzo, 2017 | 09:54

La inflación, que cerró 2016 en el 1,6%, subió en febrero hasta el 3% interanual, su nivel más alto desde octubre de 2012, según los datos publicados la semana pasada por el Instituto Nacional de Estadística. Este incremento de los precios, por encima del objetivo de estabilidad del Banco Central Europeo, se debe, principalmente al encarecimiento de los alimentos frescos y los carburantes.

La inflación afecta directamente a los bolsillos de los consumidores, que ven cómo se incrementan sus gastos mensuales, como el transporte o la compra. También afecta al valor de nuestros ahorros, como hemos comentado en otras ocasiones en este blog, y a las inversiones, entre otras cuestiones.

2017 02 inflacion ine
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Más allá del debate sobre si ha vuelto o no la inflación -algunos expertos apuntan a que el repunte es temporal-, con la vuelta al foco de la inflación nos parece interesante abordar el riesgo que esta implica en nuestras inversiones.

El riesgo de sufrir las oscilaciones en el valor de los activos (volatilidad) no es el único factor a considerar en la planificación de nuestras inversiones. Debemos tener en cuenta que siempre que invertimos nuestro dinero asumimos ciertos riesgos, incluso dejar el dinero debajo del colchón conlleva una potencial pérdida, porque el valor del dinero que guardamos en casa, con el tiempo disminuye por el efecto de la inflación.

El incremento de los precios (IPC) provoca que lo que hoy compramos con un euro sea mucho menos que lo que podíamos comprar hace 15 años, pero mucho más de lo que podremos adquirir dentro de una o dos décadas. Para no perder poder adquisitivo, la rentabilidad de nuestras inversiones debería superar a la inflación.

Abante efecto inflación
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Visto con números: si tengo, por ejemplo, 100.000 euros, en un escenario de inflación anual del 2% (actualmente es inferior, pero este es el objetivo del Banco Central Europeo) y dejo el dinero en un cajón en casa, dentro de 20 años su valor equivaldrá al de 67.000 euros de hoy. Por proteger mi dinero de la volatilidad de los mercados he perdido un poder de compra equivalente a 33.000 euros.

 

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16 marzo, 2017 | 09:37

La esperanza de vida continúa alargándose y cada vez vemos más noticias sobre personas centenarias. Esta buena noticia -que viviremos, de media, más años en mejores condiciones- tiene implicaciones en múltiples áreas, desde la salud hasta la economía (de la ‘macro’ a la familiar).

Vivir más años requiere planificar cómo vamos a financiar nuestra jubilación (que será más larga que la actual), teniendo en cuenta que, con los datos que ya manejamos y las proyecciones de futuro, es probable que los recursos públicos con los que vayamos a contar sean bastante inferiores a los actuales.

Cuando se creó el actual sistema de pensiones, hace aproximadamente un siglo, la esperanza de vida al nacer era de 40 años. Solo el 25% de la población llegaba a la edad legal de jubilación (65 años) y de media vivían nueve años tras llegar a esa edad. Hoy, como acabamos de ver, la esperanza de vida supera los 80 años y el 25% de la población alcanza los 90. Con estas cifras, podemos comparar los 80 años actuales con los 65 de hace un siglo. Pero la edad de jubilación apenas ha variado.

La diferencia de ahorro entre generaciones distintas, teniendo en cuenta la esperanza de vida y las previsiones sobre la pensión pública, son importantes.

Pongamos un ejemplo sencillo, para una misma situación de sueldo y nivel de vida deseado durante la jubilación y una cartera de inversión idéntica (el ejemplo está hecho con un salario que se incrementa hasta alcanzar los 70.000 anuales y para un nivel de vida durante la jubilación que requiera 40.000).

Alberto tiene 71 años y su generación tiene, precisamente, una esperanza de vida media de 71, dado que la Seguridad Social en su caso cubre el 82% de sus necesidades para la jubilación y que tiene un plan de empleo que cubre el 13%, su esfuerzo de ahorro durante la etapa laboral para haber vivido sus años de jubilación como quería, debería haber sido del 0,3%. Si Alberto supera la edad media de vida de su generación en 10 años, para mantener durante esa etapa su nivel de vida, debería haber hecho un esfuerzo de ahorro del 2,8%.

En cambio, Carlos, que nació en 1996 y se va a incorporar ahora al mercado laboral, para conseguir el mismo nivel de vida durante su jubilación, va a tener que ahorrar más. Para empezar las estadísticas nos dicen que vivirá más años jubilada, por lo que el capital que acumule deberá durar más tiempo. Además, con los datos que conocemos hoy podemos decir que recibirá una pensión bastante inferior a la de Alberto. Y no tiene un plan de empleo. Así, tendrá que ahorrar un 20,7% de su salario neto al año para alcanzar el objetivo.

Por eso, conviene que nos planteemos cómo vamos a vivir esas dos o tres décadas de jubilación para calcular si nuestros recursos y capacidad de ahorro nos permitirán mantener el nivel de vida que deseamos. Y en este análisis, podemos plantearnos varias opciones. Por un lado, podríamos continuar trabajando más allá de esa edad que hasta ahora hemos establecido como barrera para ahorrar más (prolongamos la etapa de generación de rentas) o, por otro, podemos buscar obtener mayores rentabilidades por nuestro dinero, lo que implica aceptar mayor volatilidad, o podemos incrementar el ahorro reduciendo nuestro nivel de gasto actual, por ejemplo.

 

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09 marzo, 2017 | 10:13

Riesgo y rentabilidad son dos conceptos clave a la hora de abordar nuestras inversiones. Lo primero que hay que entender es que cualquier inversión conlleva cierto nivel de riesgo, un concepto que tiene varias variables, como vamos a ver.

La mayoría de las veces cuando hablamos de riesgo hacemos referencia a la posibilidad de perder nuestro dinero como consecuencia de caídas en los mercados. Es el riesgo medido por la volatilidad. Respecto a este riesgo, es importante no olvidar que es, precisamente, el que nos permite obtener rentabilidad (es el binomio rentabilidad-riesgo).

Es también un riesgo el coste de oportunidad de inmovilizar el dinero en determinados activos poco líquidos, que nos impediría beneficiarnos de la rentabilidad que obtendríamos con otra inversión o que nos puede penalizar en caso de que necesitemos recuperar el dinero en un momento determinado antes del plazo previsto.

Por otra parte, es muy relevante el riesgo de no batir a la inflación en el largo plazo. Hablamos de que la bolsa tiene mucho riesgo y la renta fija menos, que los depósitos están libres de riesgo, etc. Toda decisión financiera conlleva un riesgo, incluso dejar el dinero debajo del colchón conlleva una potencial pérdida (no vamos a hablar de la opción del robo, aunque existiría), porque el valor de ese dinero que guardamos en casa, con el tiempo merma como consecuencia de la inflación. Así, si elegimos esa opción, corremos el riesgo de que disminuya poder adquisitivo en el futuro y, por tanto, no logremos alcanzar nuestros objetivos (tener un ‘colchón’ adecuado para la jubilación, emprender una segunda carrera, ayudar a nuestros hijos…).

Por eso se dice con frecuencia que la inflación es el enemigo silencioso del inversor conservador, tal y como explicábamos este blog. El incremento de los precios (IPC) provoca que lo que hoy compramos con un euro sea mucho menos que lo que podíamos comprar hace 15 años, pero mucho más de lo que podremos adquirir dentro de una o dos décadas. Para no perder poder adquisitivo, la rentabilidad de nuestras inversiones debería superar a la inflación.

Además de las variables del riesgo que acabamos de ver, conviene señalar que existen varios tipos de riesgo financiero: de precio, de tipo de interés (afecta, por ejemplo, a los títulos de renta fija, cuyo valor varía en función de los tipos), de liquidez (posibilidad de deshacer la inversión a su valor de mercado), de divisa, etc.

Visto esto, cabe destacar que el riesgo de nuestras inversiones se puede gestionar de diversas maneras para tratar de maximizar el binomio rentabilidad-riesgo, como explicaremos en otro artículo en este blog dentro de un par de semanas.

Entre otras cosas, conviene realizar una correcta diversificación de las inversiones, para reducir el riesgo al que está expuesta nuestra cartera. También podemos utilizar derivados (coberturas) para modular nuestra exposición al riesgo, como explicaremos.

 

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02 marzo, 2017 | 08:27

Las noticias con datos que ponen de relieve las desigualdades en distintos ámbitos en entre hombres y mujeres se suceden semana tras semana. En el ámbito de las finanzas cabe destacar la importancia de concienciar a las mujeres para que se ocupen más de la gestión de su dinero, de hacer una planificación financiera necesaria para asegurarse sus objetivos vitales, para mantener el nivel de vida que desean en el futuro.

La planificación financiera es importante tanto para hombres como para mujeres, pero en el caso de estas últimas, el hecho de que vivan más años y de que tengan un salario y una pensión inferiores provocan que, para mantener el mismo nivel de vida, tengan que hacer un esfuerzo de ahorro mayor. Ese esfuerzo se puede reducir o compensar con un plan de ahorro e inversión adecuado a sus objetivos, necesidades y circunstancias.

Tal y como explicábamos en la Guía Mujeres y decisiones de inversión, que puedes descargarte gratis a través de este enlace, la diferencia de tener que cubrir cinco años más de esperanza de vida implica un esfuerzo de ahorro un 35% superior si, por ejemplo, queremos obtener una renta mensual de 2.000 euros a partir de los 67 años. A este esfuerzo debemos sumarle el que hay que hacer si el sueldo es inferior.

En la guía, publicamos los resultados de una encuesta que realizamos entre 1.000 mujeres con edades entre los 20 y los 65 años, que nos mostraban que a las mujeres sí les interesa ocuparse de sus ahorros y tomar decisiones de inversión y las que no lo hace es, mayoritariamente, porque creen que no tienen los conocimientos suficientes.

En muchas ocasiones, tienen ese conocimiento, pero les falta un empujoncito para implicarse en los temas financieros. Tal y como destacaba Belén Alarcón en la guía Mujeres y decisiones de inversión: “Las mujeres somos buenas planificando. Solemos saber cuáles son los objetivos y prioridades de nuestra familia y, también, tenemos los números en la cabeza –cuánto y en qué gastamos, cuánto cuestan nuestros objetivos, etc.-. Pese a esta realidad, lo curioso es que no somos conscientes de que tenemos esta habilidad y, por ello, de lo importante que es que formemos parte del proceso de inversión”.

Ponemos a su disposición la guía "Mujeres y decisiones de inversión"

En ella encontrará análisis, opinión, testimonios y casos prácticos relacionados con el papel -cada vez más activo- de la mujer en la toma de decisiones de inversión. 

Puede descargar aquí

23 febrero, 2017 | 09:40

La semana pasada vimos cómo era la liquidación del Impuesto de Patrimonio y a quién grava. En este artículo vamos a repasar cómo se valoran los activos más comunes.

BIENES INMUEBLES

Con carácter general, se toma el mayor de los siguientes valores: el catastral, el comprobado por la Administración a efectos de otros tributos (por ejemplo el de Sucesiones y Donaciones) o el de adquisición.

En el caso de los inmuebles en fase de construcción se toma para la liquidación del impuesto el valor de las cantidades invertidas en el mismo más el valor del solar (determinado según el orden que acabamos de ver).

Y los inmuebles arrendados se valoran de acuerdo a las normas generales, excepto los que fueron alquilados antes del 9 de mayo de 1985. En este caso, se toma la mejor de las siguientes cantidades: la proporcionada por la aplicación de las reglas de valoración generales del impuesto o el resultado de capitalizar (es decir, dividir entre 0,04) la renta anual devengada durante el año al que se refiere la declaración.

BIENES Y DERECHOS AFECTOS A ACTIVIDADES ECONÓMICAS

Para los bienes que no están exentos, se tiene en cuenta el valor de la contabilidad –cuando se lleva según el código de comercio- por la diferencia entre el activo real y el pasivo exigible (patrimonio neto contable). Cuando no se lleva esta contabilidad, la valoración se realiza según las normas del impuesto, en función de la naturaleza del bien. 

Así, por ejemplo, el dinero en cuentas corrientes, de ahorro, a la vista, a plazo o cualquier tipo de depósito se valoran por la mayor de las siguientes cantidades: el saldo que tengan a 31 de diciembre o el saldo medio del último trimestre del año.

En cambio, en los valores negociados en mercados cotizados, en el caso de las Instituciones de Inversión Colectiva (fondos de inversión y sicavs), se toma el valor liquidativo a 31 de diciembre. Para el resto, a efectos del Impuesto sobre el Patrimonio se tiene en cuenta el valor de negociación media del cuarto trimestre de cada año, con reglas particulares para las acciones nuevas procedentes de suscripción y ampliaciones de capital. En ambos casos, el Ministerio de Economía y Hacienda pública todos los años el valor que le corresponde a cada título a efectos del IP.

Por su parte, los valores no negociados pueden ser títulos representativos de la cesión a terceros de capitales propios y para el impuesto se toma el valor nominal o títulos representativos de la participación en capitales propios de cualquier tipo de entidad, exceptuando las Instituciones de Inversión Colectiva, como hemos visto. En este caso tenemos que distinguir si la entidad de la que se poseen acciones o participaciones ha sido sometida o no a auditoría y si el resultado de esta ha sido favorable o desfavorable.

Así, si la entidad ha sido sometida a auditoría y el informe de esta ha sido favorable, para el cálculo del impuesto se utilizará el valor teórico de las acciones resultante del balance (caso de acciones extranjeras). Pero, si no ha sido sometida a auditoría o el informe ha sido desfavorable, se usará o el valor nominal o el valor teórico del último balance aprobado o el resultado de capitalizar al 20% (dividir por 0,20) el promedio de los beneficios de los tres ejercicios sociales cerrados con anterioridad a la fecha de devengo del impuesto (el que sea mayor de los tres).

En los seguros de vida, se toma el valor a 31 de diciembre y si no existe valor de rescate no estará sujeto al Impuesto de Patrimonio. Y las rentas temporales y vitalicias, se computan en el IP por su valor de capitalización también a 31 de diciembre, que se determina dividiendo la anualidad de la renta al tipo de interés legal del dinero en el momento de su constitución. A la cantidad resultante de esta operación se le aplican las reglas propias del usufructo temporal y vitalicio del Impuesto de Trasmisiones Patrimoniales (ITP) y del de  Actos Jurídicos Documentados.

Por otro lado, en el ajuar doméstico (los efectos personales y del hogar, utensilios domésticos y demás bienes muebles de uso particular del sujeto pasivo) hay que tener en cuenta que algunos objetos, que tienen una capacidad económica o de disfrute especial, tienen criterios propios de valoración, como es el caso de joyas, pieles, objetos de arte, etc. Se incluyen en el impuesto por su valor de mercado a 31 de diciembre.

Comentaremos en un tercer artículo otras cuestiones relativas al Impuesto de Patrimonio.

 

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16 febrero, 2017 | 09:54

El Impuesto de Patrimonio (IP) es un tributo progresivo, de carácter personal y directo que grava el patrimonio (a 31 de diciembre de cada año) de las personas físicas cuando este supera una determinada cantidad -como explicaremos a continuación- y que debe presentarse entre abril y junio.

Este impuesto está cedido a las comunidades autónomas, que obtienen el total de la recaudación y se encargan de su gestión. Además, los gobiernos regionales pueden regular el mínimo exento, sus tarifas y deducciones. Por este motivo, existen diferencias entre unas comunidades y otras.

El Gobierno central estableció en 2008 una bonificación estatal que, en la práctica, suprimía el impuesto, sin embargo, en 2011, el Consejo de Ministros aprobó reactivar temporalmente el impuesto.

¿Cómo se liquida el Impuesto de Patrimonio?

El esquema de liquidación del impuesto es el siguiente:

20170216 patrimonio liquidación
Pincha en la imagen para ampliarla.

¿A quién grava el IP?

El Impuesto de Patrimonio grava a aquellas personas físicas que tengan una Base Imponible (Activo - Pasivo - Valor de la vivienda habitual hasta un máximo de 300.000 euros) superior al mínimo exento (el estatal es de 700.000 euros).  En el supuesto de un matrimonio casado en gananciales la exención de vivienda habitual y mínimo se duplica.

¿Qué activos están exentos?

Quedan exentos de tributación, entre otros, los siguientes activos:

  • La vivienda habitual, con un máximo de 300.000 euros.
  • Los sistemas de previsión social: planes de pensiones, planes de previsión asegurados, mutualidades, etc.
  • Los unit linked, si el beneficiario es irrevocable a 31 de diciembre y cumple ciertos requisitos.
  • Las participaciones empresariales en negocios familiares y/o bienes afectos a la actividad, si se cumplen unos requisitos.
  • Las inversiones en arte cuando se consideran patrimonio histórico español.

¿Cuál es el tipo impositivo?

En un primer paso, la cuota íntegra se obtiene mediante la aplicación a la base liquidable de la tarifa o escala de tipos del impuesto, cuya estructura es progresiva por tramos, al igual que la del IRPF. El tipo aplicable, en función del tramo, oscila entre un mínimo del 0,20% y un máximo del 2,5%.

Dentro de unas semanas explicaremos en este blog cómo se valoran los activos más comunes en el Impuesto de Patrimonio (inmuebles, bienes y derechos afectos a actividades económicas) y también veremos el límite conjunto entre el impuesto de la renta y el de patrimonio.

 

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09 febrero, 2017 | 09:42

La venta de un inmueble genera una ganancia o una pérdida patrimonial que deberemos incluir en la declaración de la renta en la base del ahorro. Con la reactivación del mercado inmobiliario, es importante conocer cómo se puede compensar la ganancia o la pérdida que genera, así como el impacto fiscal de la operación.

Para calcular la ganancia o pérdida tendremos que restarle al precio de venta, el precio de adquisición. Son deducibles los gastos asociados a la compra (IVA o ITP, Notario…) y los de venta (plusvalía municipal, comisión de venta…).

¿Cómo puede compensarse la ganancia o la pérdida?

En primer lugar, se compensarán ilimitadamente las ganancias y pérdidas patrimoniales (venta de fondos, venta de acciones, venta de inmuebles, derivados…). Si después de hacerlo queda saldo positivo o negativo, se puede compensar parcialmente (hasta un 20%) con rendimientos del capital mobiliario (intereses, venta de bonos, cupones, seguros, venta de estructurados…).

Como se puede compensar fiscalmente la venta de la vivienda
Click aquí para ampliar la imagen.

Cuando obtenemos, tras la compensación, una ganancia patrimonial, esta tributará a un tipo de entre el 19 y el 23% (los primeros 6.000 euros, al 19%; los siguientes 44.000, al 21% y las cantidades que superen los 50.000 euros, al 23%). Si se produce una pérdida, puede compensarse en los cuatro siguientes de la misma forma que acabamos de ver.

Supongamos un inversor que acaba de vender una vivienda con las siguientes características:

  • Precio de compra: 200.000 euros.
  • Gastos asociados a la compra: 18.000 euros.
  • Precio de venta: 250.000 euros.
  • Gastos asociados a la venta: 21.000 euros.

Ganancia o pérdida = precio de venta – precio de compra = (250.000 – 21.000) – (200.000 + 18.000) = 11.000 euros.

Si el inversor no pudiese compensar la ganancia, debería pagar a Hacienda 2.190 euros (6.000 x 19% + 5.000 x 21%) por la venta.

Imaginemos que el inversor ha tenido una pérdida de 5.000 euros por la venta de unas acciones y ha vendido un bono que le ha generado un rendimiento negativo de 2.500 euros durante el mismo ejercicio.

¿Cuál sería el impacto fiscal en este caso?

En primer lugar, se compensaría, ilimitadamente, la ganancia de la venta del inmueble con la pérdida por la venta de acciones: 11.000 euros – 5.000 euros = 6.000 euros.

Posteriormente, se compensaría, limitadamente, la venta del bono con la ganancia patrimonial:

  • Ganancia patrimonial: 6.000 – (20% x 6.000) = 4.800 euros.
  • Rendimiento del capital mobiliario: 0 euros. Tendrá cuatro ejercicios más para compensar el rendimiento negativo de 1.300 euros (=2.500-1.200 ya compensados).
  • Tributación tras la compensación: 912 euros (4.800 x 19%).

Recordamos que la venta de la vivienda habitual se encuentra exenta en los siguientes casos:

1.Si el titular de la vivienda es mayor de 65 años.

2.Cuando el titular de la vivienda es menor de 65 años y reinvierte (total o parcialmente) el importe de la venta en la compra de una vivienda habitual en el plazo de dos años. En este caso, la ganancia se encontrará total o parcialmente exenta.

 

 
 

02 febrero, 2017 | 09:42

En los últimos meses hemos oído y leído noticias sobre la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones por el efecto de la inflación. Esto se debe a la reforma de las pensiones aprobada en 2013, que introdujo el Factor de revalorización anual (FRA). Hasta entonces las pensiones de jubilación se actualizaban con el IPC, pero con el objetivo de garantizar el equilibrio presupuestario del sistema contributivo de la Seguridad Social a lo largo del ciclo económico, se desligaron pensiones e inflación.

Con la entrada en vigor del FRA, en 2014, las pensiones se revalorizan como mínimo un 0,25% y como máximo inflación + 0,5%. El porcentaje de revalorización se calcula en función del crecimiento de los ingresos, del número de pensiones, del efecto sustitución (derivado de que los pensionistas que entran anualmente en el sistema lo hacen con pensiones distintas de los que salen), así como de la diferencia entre ingresos y gastos del sistema de pensiones.

De esta forma, las pensiones subirán todos los años en términos nominales, lo cual no quiere decir que lo hagan en términos reales, ya que si la inflación es superior a la revalorización los pensionistas perderán poder adquisitivo, tal y como ha pasado este último año. La inflación cerró en 2016 en el 1,6% (en enero el IPC se ha disparado hasta el 3% como consecuencia del encarecimiento del precio de la luz), sin embargo, el Gobierno aprobó el incremento mínimo legal de las pensiones, el 0,25%.

Durante los últimos años, el IPC ha sido superior al aumento de la pensión máxima (lo cual quiere decir que los jubilados han perdido poder adquisitivo). A esto se une el hecho de que la base de cotización máxima (lo que pagan anualmente los trabajadores a la Seguridad Social) ha experimentado un incremento muy superior tanto al de la inflación como al de la pensión máxima de la Seguridad Social.

Impacto de la inflación en las pensiones

Pulsa aquí para ampliar la imagen.

El IPC de la pensión de jubilación máxima de los últimos años, dista mucho del de la base de cotización, así como del incremento de los precios en España, como se ve en el gráfico. Esto supone, como hemos comentado en otras ocasiones en este blog, un recorte silencioso del sistema de pensiones, debido a que cada año que trabajamos le pagamos más dinero a la Seguridad Social y recibimos menos dinero en la jubilación. Por ello siempre recomendamos empezar a planificar nuestra jubilación cuanto antes, para así conseguir con mayor facilidad nuestros objetivos para esta etapa vital.

 

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26 enero, 2017 | 09:38

Otorgar testamento se asimila en ocasiones como algo negativo, a nadie le gusta pensar en ello. Sin embargo, es una cuestión importante y nos proporciona la tranquilidad de saber que nuestro patrimonio lo recibirán las personas que deseamos, dado que si no existe testamento es la ley la que determina quién hereda, lo que puede dar lugar a situaciones complicadas o, incluso, indeseadas. El testamento nos ayuda a evitar futuros problemas a nuestros familiares y seres queridos.

En el derecho civil común, cuando una persona fallece sin testamento, la ley determina quienes van a ser sus herederos (herederos ab intestato) en el siguiente orden:

1-Hijos y descendientes.

2-Padres y ascendientes.

3-Cónyuge.

4-Hermanos e hijos de hermanos.

5-Resto de parientes colaterales hasta cuarto grado de consanguinidad.

6-El Estado.

En caso de fallecer con hijos, ellos recibirían todo a partes iguales y el cónyuge solo el usufructo (uso y disfrute) de un tercio de la herencia. Si no hay hijos, son los padres o ascendientes quienes recibirán el patrimonio, mientras que el cónyuge únicamente recibirá el usufructo del 50% del mismo. 

Siempre es recomendable otorgar testamento, pero la importancia del mismo se acentúa en el caso de que queramos que nuestra herencia sea repartida de manera distinta a la anteriormente descrita. El testamento podrá otorgarse en cualquier momento de la vida de una persona, sin importar el número de propiedades que posea. También podrá modificarse, si así lo desea el otorgante, dentro de los límites legales.

En caso de que otorguemos testamento, es importante que conozcamos las disposiciones sucesorias. La sucesión en el derecho civil común establece que a los llamados descendientes forzosos les corresponde la plena propiedad (usufructo y nuda propiedad) de un tercio de la herencia que recibe el nombre de legítima corta, que se distribuye a partes iguales entre ellos.

Los descendientes forzosos son:

-Hijos y descendientes.

-Padres y ascendientes (en caso de no tener hijos o descendientes).

-Viudo o viuda (si no hay ni descendientes ni ascendientes).

Adicionalmente, los herederos forzosos también tienen derecho a otro tercio, el de mejora, que no tiene por qué ser distribuida a partes iguales.

La tercera parte será de libre disposición, no teniendo porque ser para los herederos forzosos. 

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Además de incluir en el testamento nuestras últimas voluntades, podremos indicar quiénes queremos que sean los tutores de nuestros hijos (en caso de fallecer antes de que cumplan la mayoría de edad) o nuestros albaceas (personas que se encargan de cumplir las disposiciones hechas por el testador), entre otros.

Hay que tener en cuenta que en España conviven diferentes derechos forales con el régimen común anteriormente expuesto, por lo que deberán tenerse en cuenta las especialidades que se establecen en los mismos.

 

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19 enero, 2017 | 09:37

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó hace algunas semanas que las entidades financieras españolas deberán devolver íntegramente el dinero cobrado por la aplicación de las cláusulas suelo (topes bajo los que los intereses de la hipoteca nunca podrían reducirse).

Una vez conocida la noticia, surgen una serie de dudas, como, por ejemplo, qué impacto impositivo tendrá la medida, que afectará a aquellas personas que se hayan deducido fiscalmente como inversión en vivienda habitual y a aquellos que tenían la vivienda arrendada.

A continuación os contamos cómo afectará en cada uno de estos casos:

1-Si el préstamo pertenece a una vivienda por la que el contribuyente se ha beneficiado de la deducción en inversión en vivienda habitual, al haber pagado más intereses de lo que le correspondía, el inversor se habrá deducido más de lo que debería y tendrá de incluir en la declaración de la renta las cantidades deducidas erróneamente. En caso de que la cuota anual de la hipoteca sea superior a 9.040 euros incluso tras la revisión de los intereses, no tendrán impacto fiscal por deducción por inversión en vivienda habitual.

Sin embargo no se tributará por las cantidades que se destinen directamente por la entidad financiera a minorar el principal del préstamo. 

2-Si el préstamo pertenece a una vivienda alquilada, debido a que los intereses son deducibles del ingreso por alquiler, el inversor habrá pagado menos impuestos de los que hubiera pagado si el interés fuese inferior, por lo que deberá realizar declaraciones complementarias de las declaraciones erróneas.

 

Guía "La gestión de nuestra inversión en vivienda"
Elegir entre comprar o alquilar, entender las opciones hipotecarias para financiar la vivienda habitual y cómo tributan los inmuebles, entre otros temas relacionados con la gestión de tu vivienda.
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Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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