24 mayo, 2018 | 09:44

“Prefiero alquilar mi piso a un familiar o conocido, que me lo cuidan mejor, aunque gane menos”. Esta es una frase que se escucha con mucha frecuencia. También hay casos en los que un padre alquila a su hijo una vivienda por debajo del precio de mercado, en parte, por ayudarle y hacerle el favor y, también, porque así cubre los gastos del inmueble.

En un momento en el que se vuelve a debatir si alquilar es mejor que comprar, si la inversión inmobiliaria compensa o si estamos volviendo a cometer los errores del pasado en lo que se refiere al ‘ladrillo’, y en plena campaña de la renta, es interesante conocer el coste fiscal de alquilar una vivienda a un familiar.  

Para empezar, es importante tener en cuenta que, cuando el arrendatario o subarrendatario del inmueble es el cónyuge o un pariente, incluidos los afines, hasta el tercer grado inclusive del contribuyente, se establece un rendimiento (del capital mobiliario) neto mínimo. Y los parientes a considerar lo son tanto por consanguinidad, incluida la adopción, como por afinidad, cónyuges.

El grado de parentesco hasta el tercer grado, puede ser en línea directa o colateral, por lo que se incluyen las cesiones con el padre, abuelo, bisabuelo y con el hijo, nieto, bisnieto, así como las cesiones o arrendamientos de una persona con su hermano, sobrino y tío.

Y, ¿cuál es ese rendimiento mínimo que se utiliza para el cálculo de los impuestos que tendremos que pagar? Es el resultado de aplicar al valor catastral del inmueble el 1,1% (o el 2% si este no ha sido revisado) o, en general, el que resultaría de aplicar las reglas propias de la imputación de rentas inmobiliarias. Y, como regla de valoración, no admite prueba en contrario.

Es decir, el ingreso mínimo que el arrendador debe de incluir en su declaración de la renta es el que habría incluido en caso de que el inmueble no estuviese arrendado (imputación de rentas inmobiliarias).

Vamos a verlo con un ejemplo. Imaginemos una persona que tiene una vivienda cuyo valor catastral es de 400.000 euros. En la actualidad, lo tienen alquilado por 1.500 euros al mes, pero se va a ir el inquilino y quiere saber que impacto fiscal tendría alquilárselo a su sobrino por 1.000 euros al mes, en lugar de alquilárselo, de nuevo, a un desconocido por 1.500 euros. Para hacer el cálculo, suponemos que los gastos deducibles ascienden a 8.500 euros anuales.

Abante tabla alquiler a familiar

Tal y como se puede observar, el rendimiento neto en caso de alquilárselo a su sobrino es menor que el 1,1% del valor catastral, por lo que el rendimiento neto fiscal ascendería a 4.400 euros. Tras la reducción del 60% al ser vivienda, el rendimiento neto reducido tributará en la base general al 19-45%.

Si el alquiler se realizase al precio del mercado y supera la cantidad que determina la imputación de rentas, el cálculo se realizaría de la misma manera que si no se alquilase a un familiar.

Antes de alquilar una vivienda, conviene determinar el impacto fiscal que tendría dicho alquiler en la declaración de la renta.

     
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"Los inmuebles en la declaración de la renta"
 
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17 mayo, 2018 | 09:52

Si tenemos nuestro dinero invertido en acciones, cuando hacemos la declaración de la renta debemos tener en cuenta varias cuestiones: ¿he recibido algún dividendo durante el año? ¿A qué precio compré las acciones que he vendido?

Lo primero que tenemos que saber es que las acciones, como tal, solo tributan cuando las vendemos. Es decir, mientras las mantengamos en cartera no tendremos que tributar por ellas, únicamente tendremos que pagar impuestos por los dividendos que recibamos por estas. Así, vamos a diferenciar entre la renta explícita y renta implícita.

Venta Vs. dividendo

Las rentas de los productos financieros constan de diferentes particularidades que se ponen de manifiesto cuando queremos valorar la renta fiscal que nos generan y que debemos especificar en la declaración de la renta.

Por un lado, se encuentra la renta explícita, que es aquella que se produce cuando se vende el producto financiero. Así, la venta de una acción tributa en la base del ahorro como ganancia o pérdida patrimonial, a un tipo mínimo del 19% y máximo del 23%, en función de la cantidad obtenida. El importe que tenemos que incluir en el IRPF es el resultado de restarle al precio de venta, el precio de compra y los gastos asociados a la venta y a la compra. Esta cuantía no está sujeta a retención.

Y, por otro lado, está la renta implícita, que incluye los beneficios o intereses que nos produce un producto financiero cuando lo mantenemos en cartera. En el caso de las acciones, la renta implícita es el dividendo que recibimos y tributa en la base del ahorro como rendimiento de capital mobiliario, a un tipo mínimo del 19% y máximo del 23%. La cuantía que hay que incluir, y que está sujeta a una retención del 19%, es la diferencia entre el importe devengado y los gastos de administración y custodia del título.

Normas específicas relativas a la venta

Desde el punto de vista fiscal, la venta de acciones está sujeta a una serie de normas. Un de ellas es la conocida como FIFO (First in, first out), que obliga a vender primero los títulos que se compraron primero (cuando se trata de las mismas acciones).

Aquí también hay que tener en cuenta las normas antiaplicación, que impiden que el contribuyente se declare una pérdida patrimonial si durante los dos meses anteriores o los dos meses posteriores a la venta de una acción se compraron los mismos valores. En el caso de las acciones que no cotizan, el plazo es de un año. Con esta regla lo que se persigue es evitar que el contribuyente se declare una pérdida fiscal cuando en realidad no hay pérdida financiera.

Además, hay otras particularidades que afectan a la fiscalidad de la venta de los derechos de suscripción preferentes y de las acciones total o parcialmente liberadas, que explicamos en nuestra guía "Productos financieros en el IRPF".

Por último, y en lo relativo a las compensaciones de las pérdidas o rendimientos negativos, hay que saber que los saldos negativos que se hayan generado con la venta de las acciones se pueden compensar con las ganancias patrimoniales del mismo año. Si el resultado sigue siendo negativo, se puede compensar con el saldo positivo de los rendimientos de capital mobiliario, con un límite del 20% de dicho saldo positivo en 2017 y del 25% a partir de 2018. Si continúa quedando saldo negativo, el contribuyente dispone de los cuatro próximos ejercicios para compensarlo.


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Productos financieros en el IRPF

Si quieres saber cómo incluir en la declaración de los productos financieros, como acciones, fondos de inversión, etc.

 
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10 mayo, 2018 | 09:11

Las pensiones y, más en concreto, cómo deben revalorizarse cada año están en el centro del debate social y político en las últimas semanas. Los pensionistas han realizado una serie de protestas en contra de la subida del 0,25% que se ha aplicado este año a la renta que reciben de la Seguridad Social, reclamando que las pensiones se actualicen anualmente con la inflación, para evitar la pérdida de poder adquisitivo.

Esta subida del 0,25% es la mínima establecida por ley tras la reforma de 2013, que establecía que las pensiones se incrementarían cada ejercicio aplicando el factor de revalorización. Sin embargo, tras las manifestaciones de los últimos meses, el Gobierno (para sacar adelante los presupuestos generales) y el Pacto de Toledo están dispuestos a recuperar el IPC como indicador para determinar la subida anual de las pensiones, dejando atrás el índice de revalorización. Lo que se está negociando en estos momentos es que la evolución de las pensiones esté vinculada, además de a la inflación, a otros indicadores, aunque es una cuestión que todavía no está cerrada.

Para entender de qué se está hablando en los medios en las últimas semanas, vamos a repasar las reformas que se hicieron en 2011 y 2013 para garantizar la sostenibilidad del sistema público de pensiones, que iban a provocar un recorte de las mismas.

En 2011, se aprobó retrasar la edad legal de jubilación, ampliar el número de años para recibir el 100% de la base reguladora, así como el numero de años considerados para realizar el cálculo de la pensión. Esto se mantiene. Además, en dicha reforma, se hablaba de la posibilidad de incluir reformas adicionales, que, efectivamente, se aprobaron en 2013, cuando se introdujeron el citado factor de revalorización y el factor de sostenibilidad.   




Guía Abante "Jubilación más que un
plan de pensiones"

¿Cómo será nuestra pensión? 
¿Cuáles son los productos más
indicados para cada uno?

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Revalorización de las pensiones
 

Este factor, que es el que estos días se está negociando eliminar, depende de varias cuestiones:

-El número de pensiones contributivas del sistema de la Seguridad Social.

-La variación interanual de la pensión media del sistema en un año en ausencia de revalorización en dicho año.

-La evolución de los ingresos de la Seguridad Social.

-De un parámetro, revisable cada cinco años, que depende de los ingresos y gastos del sistema y que toma un valor situado entre 0,25 y 0,33.

En ningún caso el resultado puede dar lugar a un incremento anual de las pensiones inferior al 0,25%, ni superior a la inflación más un 0,5%.

Así, desde 2013, las pensiones han subido un 0,25% cada año, pero como la inflación se situaba en niveles cercanos o inferiores a dicho incremento, no se había producido pérdida de poder adquisitivo. Sin embargo, en los dos últimos años la inflación ha vuelto a crecer y ese ha sido el detonante de las protestas que estamos viendo este año.

La tasa de variación anual del IPC de diciembre de 2017 fue del 1,1%. En enero, el índice se incrementó un 0,6%, en febrero un 1,1% y en marzo, un 1,2%. El indicador adelantado de abril muestra un aumento del 1,1%. Y el Gobierno ha pactado con el PNV una subida de las pensiones del 1,6% para 2018 y según la inflación en 2019 para todas las pensiones, excepto las mínimas, que ya se había acordado incrementarlas por encima de la inflación.

Revalorización pensiones 1

Factor de sostenibilidad

Por otra parte, la ley promulgaba que partir de 2019, la base reguladora (media de la cotización de las ultimas bases de cotización, actualizadas por la inflación) debe ajustarse a la baja en función de la evolución de la esperanza de vida. Al vivir más años, recibiremos anualmente una menor cantidad que generaciones anteriores (para cotizaciones iguales), dado que se entiende que el mismo dinero debe servir para cubrir esos años extra de esperanza de vida.

Como consecuencia de las negociaciones entre el Gobierno y el resto de los partidos, además de eliminar el factor de revalorización, como hemos comentado, también se ha propuesto retrasar la aplicación del factor de sostenibilidad hasta 2023. Y que la pensión de viudedad aumente del 52 al 56% en 2018 y al 60% en 2019.

Revalorización pensiones  2

Como hemos comentado en numerosas ocasiones, el sistema de la Seguridad Social en España es muy generoso. Tenemos en la actualidad una de las mayores tasas de sustitución de la Unión Europea y somos el segundo país más longevo, por lo que es necesario un consenso político que permita que el sistema sea sostenible en el largo plazo.

03 mayo, 2018 | 09:48

Los fondos de inversión solo tributan cuando se produce el reembolso (por la ganancia o la pérdida patrimonial), pero no mientras el dinero permanezca invertido, ni cuando se hace un traspaso a otro fondo.

La ganancia (o pérdida) patrimonial tributa en la base del ahorro (entre el 19 y el 23%, según la cantidad) y las pérdidas se pueden compensar en la declaración de la renta, ilimitadamente, con otras ganancias patrimoniales y, con límite, con los rendimientos del capital mobiliario.

A la hora de calcular la ganancia patrimonial es importante recordar que se utiliza el sistema FIFO (First in, first out, en inglés), lo que significa que se venden primero las participaciones más antiguas.

Otras características que conviene tener presente son:

Dividendos o rentas de las IIC: aunque no es lo habitual, los fondos y sociedades de inversión pueden repartir dividendos, que se incluyen en la declaración como rendimiento del capital mobiliario y tienen retención del 19%.

Fondos de inversión garantizados: si la garantía es interna, las participaciones de un fondo garantizado tributan ganancias o pérdidas patrimoniales. Si es externa, la cantidad satisfecha adicionalmente para compensar al partícipe es un rendimiento de capital mobiliario. Están sujetos a retención.

Traspasos: desde enero de 2003 los traspasos entre IIC no computan como ganancia o pérdida patrimonial, las nuevas acciones o participaciones suscritas conservan el valor y la fecha de adquisición de las trasmitidas o reembolsadas, siempre que se cumplan ciertos requisitos. Es decir, nos permite un diferimiento fiscal, ya que no pagamos por ese dinero ni por los intereses que genera hasta que no sacamos, que los hace una opción de inversión atractiva.

Fondos cotizados: son aquellos cuyas participaciones están admitidas a negociación en bolsas de valores.  En este caso, los impuestos se pagan cuando se venden las participaciones, operación con la que se genera una ganancia o pérdida patrimonial (precio de venta – precio de compra– gastos asociados a la compra y a la venta). No están sujetos a retención y, a diferencia de los fondos de inversión, los ETF no pueden traspasarse sin tributar. Los dividendos que reparten son rendimientos del capital mobiliario y tienen una retención del 19%.


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Productos financieros en el IRPF

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26 abril, 2018 | 09:25

Desde el pasado 4 de abril hasta el próximo 2 de julio los contribuyentes pueden presentar su declaración de la renta correspondiente al ejercicio 2017. Con el calendario ya en marcha, el tiempo para saldar cuentas con Hacienda corre en nuestra contra. Por ello, resulta relevante conocer la fiscalidad de nuestras inversiones, un aspecto que además no debemos olvidar cuando nos decantamos por un determinado producto de inversión.

Conocer cómo tributan nuestras inversiones en el IRPF nos ayudará a planificar mejor nuestras finanzas y lograr los objetivos que nos habíamos marcado cuando decidimos invertir nuestro dinero. Y, aunque es cierto que no podemos elegir un producto financiero únicamente por su fiscalidad, debemos tener en cuenta que los impuestos que tengamos que pagar afectarán a la rentabilidad de nuestras inversiones.

Así, lo primero que hay que saber es que prácticamente todos los productos financieros tributan en el IRPF en la base del ahorro y lo pueden hacer como rendimientos de capital mobiliario o como ganancias y pérdidas patrimoniales. Los únicos productos que tributan en la base general, como si fueran rentas del trabajo, son los que están relacionados con la jubilación, es decir, los planes de pensiones, las mutualidades, los planes de previsión asegurados (PPA), los planes de previsión social empresarial (PPSE) y los seguros colectivos.


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Productos financieros en la base del ahorro

Al hacer la declaración de la renta, hay que tener en cuenta que los productos financieros se dividen en dos bloques. Por un lado, se encuentran todas las rentas que proceden de elementos patrimoniales, bienes o derechos de naturaleza mobiliario de los que el contribuyente es el titular y que no están afectos a actividades económicas, y que se consideran rendimientos de capital mobiliario (RCM). Aquí tributa la venta de bonos y obligaciones, Letras del Tesoro, acciones preferentes, depósitos estructurados, dividendos y cupones, y también el rescate de los United Linked, los seguros de vida-ahorro e invalidez, los pagarés de empresas, los PIAS, las cuentas de Ahorro 5 y los intereses que generan los depósitos y las cuentas corrientes.

El siguiente bloque es el de las ganancias o pérdidas patrimoniales (GPP). En él se enmarcan las variaciones en el valor del patrimonio cuando se cambia la composición de este y siempre que dicha renta no esté sujeta ya a otro impuesto. Tributa en este bloque la venta de acciones, de ETF, derivados, divisas, warrants, fondos de inversión y sicavs y, también, la venta de inmuebles. El importe final resulta de restarle al precio de venta el precio de compra y los gastos asociados tanto a la compra como a la venta.

¿Todos los productos tienen retención?

Otro de los factores que debemos tener en cuenta a la hora de realizar nuestra planificación fiscal y financiera es que hay algunos productos que están sujetos a retención en el momento en el que se realiza la operación. La retención no es más que un anticipo del pago del impuesto que se devenga antes de recibir el ingreso en la cuenta corriente y afecta a todos los productos financieros a excepción de las Letras del Tesoro, los derivados, las divisas y los ETF, (la venta de inmueble y los alquileres tampoco tienen retención). Del resto de activos financieros que tienen retención debemos distinguir dos grupos:

Primero, los que tienen dos fuentes de renta como las acciones (dividendos), los bonos y obligaciones (cupones), los estructurados (cupones) y depósitos (intereses). Estos productos tienen retención cuando se produce la renta explícita. Así, por ejemplo, en el caso de un bono lo que tendría retención es el cupón, pero nunca la venta de este.

Y el otro lo componen aquellos activos que solo tienen una fuente de renta, como los fondos de inversión, los seguros de vida, los pagarés de empresa, los bonos cupón cero y los planes de pensiones. En este caso, solo disponen de renta implícita, que es cuando se produce la venta del producto, y siempre tiene retención.

La retención que se aplica por norma general a todos estos productos es del 19%, menos a los planes de pensiones, cuya retención se calcula considerando que es la única renta del trabajo del contribuyente y variará en cada caso.

¿Qué ocurre cuándo genero pérdidas?

Si un producto financiero nos genera una pérdida o un rendimiento negativo, lo podemos compensar en la declaración de la renta. Los saldos positivos y negativos de cada cuadro se pueden compensar entre sí y si después el saldo sigue siendo negativo, se puede compensar con las rentas del otro cuadro, siempre, eso sí, con un límite del 20% de dicho saldo positivo en 2017 y del 25% a partir de 2018. Si sigue quedando saldo negativo disponemos de los cuatro próximos años para poder compensarlo.

19 abril, 2018 | 12:50

La longevidad, como hemos visto en otras ocasiones en este blog, tiene múltiples implicaciones en todos los ámbitos de la persona. Una de las consecuencias de vivir más años es que, en muchos casos, las decisiones vitales (estudios, independencia, compra de vivienda, etc.) se van dilatando y posponiendo.

Quizá la repercusión más profunda de la longevidad sobre la vida personal y familiar es que, en el caso de las parejas con hijos, su crianza ocupa cada vez una menor proporción de los años que vivimos. No solo se tienen los hijos más tarde, lo que permite plantear el inicio de la carrera profesional de diferentes formas, sino que, también, los padres viven más años tras la independencia de estos, lo que tiene implicaciones no solo en la carrera, sino también en la capacidad de ahorro o en el tiempo de ocio y sobre las propias relaciones familiares.

Como señalan Lynda Gratton y Andrew Scott en su libro La vida de 100 años, “cuando la vida se alarga, todas sus facetas se transforman. (…) Los hogares tienen menos hijos, pero más abuelos y bisabuelos y en esas familias de cuatro generaciones surgirá la oportunidad de que los mayores desafíen y oriente a los jóvenes y de que los jóvenes, a su vez, presten su apoyo a los mayores. Los padres, una vez que han criado a sus hijos, todavía tendrán tiempo para centrarse en las amistades, que, además, probablemente serán más diversas”.

En este escenario de longevidad, surgen nuevas y más opciones a la hora de tomar dichas decisiones vitales que debemos considerar y valorar, y que tienen su vertiente económica. En su libro, Gratton y Scott, profesores de la London Business School, reflexionan sobre este tema (entre otros). Y señalan diferentes escenarios. Una pareja puede decidir posponer la decisión de tener hijos porque hayan utilizado sus años de juventud para formarse y experimentar con las opciones laborales. Pero se podría “crear otro escenario en el que se conviertan en padres entre los 20 y los 30 años, lo que les daría la oportunidad de construir su carrera a partir de los 30”. En cualquier caso, hay múltiples elementos que influyen y diferentes variables que hay que considerar.

 
 
 
 
 

Calcule qué rentabilidad necesita para alcanzar sus objetivos vitales

 
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Estar preparados

Las decisiones vitales se retrasan, en parte, por motivos económicos: es complicado ahorrar para comprar una vivienda si los ingresos no son elevados o jubilarse a los 60 años si no hemos ahorrado lo suficiente para complementar la pensión de la Seguridad Social durante los 30 años que vamos a vivir de media después de jubilarnos.

Otro de los motivos por los que se retrasan las decisiones es por la incertidumbre que conlleva una vida larga, con más transiciones y cambios: ¿tiene sentido que me compre una vivienda si no sé si voy a vivir en esta ciudad el día de mañana? ¿Debo dedicarme solo a trabajar tras mi etapa de estudios y formación o debo continuar formándome a lo largo de toda la vida para poder ir adaptándome a los nuevos tiempos? Las carreras profesionales son también cada vez más inciertas y hay que estar preparado. Como decía Paul Auster: “Si no estás preparado para todo, no lo estás para nada”.

En otros casos, los motivos por los que posponemos las decisiones vitales son completamente personales: “Si hay muchos años de vida por delante, ¿tiene sentido casarse o irse a vivir en pareja joven o empezar a trabajar justo tras terminar la universidad en lugar de tomarse un año sabático?

En una vida más larga, las opciones se convierten, por tanto, en algo valioso. A lo largo de los últimos años han ido aumentando las opciones a nuestro alcance, por eso, las ‘recetas’ de nuestros padres, o de nuestros abuelos, no nos sirven para tomar nuestras propias decisiones y tenemos que adaptarnos a la situación que nos ha tocado vivir. Y es aquí donde tener un plan que aúne los elementos personales, familiares, profesionales y financieros se convierte en la clave del éxito para tomar las decisiones de la mejor forma posible.

13 abril, 2018 | 09:32

Cuando suenan campanas de boda hay una pregunta que muchos se hacen y que conviene responder antes de la unión: ¿bienes gananciales o separación de bienes? Determinar qué régimen económico matrimonial queremos firmar antes de dar el ‘sí quiero’ resulta indispensable para regular los bienes y propiedades de cada cónyuge.

La respuesta puede afectar a las personas que se casan no solo si el matrimonio se disuelve, sino, por ejemplo, si uno de los dos tiene un negocio, pues las responsabilidades de este último podrían afectar al patrimonio de ambos. Para hacer la elección que más se adecue a nuestras necesidades, es necesario conocer las implicaciones que tiene optar por el régimen económico de gananciales, que es el más utilizado en nuestro país, seguido por el de separación de bienes.

El régimen de gananciales es el que se aplica por defecto en los territorios sometidos al derecho común, siempre que los cónyuges no hayan pactado capitulaciones matrimoniales. Es decir, no hace falta ningún trámite para casarse en gananciales (en el resto de casos, sí es necesario pactarlo ante notario). En cualquier caso, es posible modificarlo - requiere liquidar el régimen económico anterior-.

En este régimen, se hacen comunes para los dos cónyuges las ganancias o beneficios que hayan sido obtenidos indistintamente por cualquiera de ellos y que les serán atribuidos, por mitades, al disolverse la sociedad de gananciales. Es decir, todo lo que se gane durante el periodo que dure el matrimonio se compartirá, a partes iguales, entre los dos cónyuges, pero no se repartirá hasta que el matrimonio se disuelva.

Bienes privativos o gananciales

En el régimen de gananciales, se distingue entre los bienes propios o privativos de cada cónyuge y los bienes comunes o gananciales.

Se consideran bienes privativos, por ejemplo, los bienes o derechos que pertenecieran a cada uno al inicio de la sociedad o los adquiridos después de forma gratuita. También lo son aquellos que se adquieren por derechos correspondientes solo a uno de los dos cónyuges, como en el caso del derecho de retracto (adquisición preferente, por ejemplo, de una vivienda) o de las donaciones, entre otros.

En cambio, son bienes gananciales los obtenidos por el trabajo o la industria de cualquiera de los cónyuges. También los frutos, rentas o intereses que produzcan tanto los bienes privativos como los gananciales o aquellos bienes adquiridos a título oneroso a costa del caudal común. Se consideran gananciales también los adquiridos por derecho de retracto de carácter ganancial, aun cuando lo fueran con fondos privativos, en cuyo caso la sociedad será deudora del cónyuge por el valor satisfecho. Y, finalmente, tienen esta consideración las empresas y establecimientos fundados durante la vigencia de la sociedad por uno cualquiera de los cónyuges a expensas de los bienes comunes.

Como decíamos, elegir uno u otro régimen determina cómo se gestionan los bienes mientras dura el matrimonio, pero también cómo se hace frente a las posibles deudas de la unidad familiar y cómo se reparten en el caso de que los cónyuges se divorcien. En caso de divorcio, por ejemplo, el patrimonio común correspondiente a los bienes gananciales se divide a la mitad entre ambas personas.

Este régimen también implica que con ese patrimonio común habrá que responder en el caso de deudas, por ejemplo, en el negocio de uno de los cónyuges; por eso, a veces, se pactan capitulaciones matrimoniales para proteger el patrimonio del riesgo empresarial.


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05 abril, 2018 | 09:49

Los contribuyentes debemos revisar bien la declaración de la renta antes de presentarla o el borrador antes de confirmarlo porque pueden contener errores u omisiones y la responsabilidad de sean correctos es del contribuyente. Vamos a ver en este post algunos de los errores más habituales.

Uno de los más frecuentes es no aplicar correctamente las deducciones por el nacimiento de un hijo o las que corresponden por la adquisición de la vivienda habitual, así como las autonómicas. También es habitual seguir computando un inmueble que se ya se vendió, así como no tener en cuenta las donaciones realizadas (a organizaciones sin ánimo de lucro o fundaciones, entre otras), las cuotas a sindicatos y colegios profesionales o las aportaciones a planes de pensiones a favor del cónyuge o de un familiar con discapacidad.

Conviene revisar que se incluyen los cambios que haya habido en nuestras circunstancias personales y que Hacienda puede no haber recogido en el borrador, como el matrimonio o la separación con pago de pensión. Si ha fallecido un familiar en el ejercicio fiscal y Hacienda no haya recogido esta circunstancia, son los herederos los que tienen la obligación de hacerse cargo de la declaración de la renta, salvo el testamento determine otra cosa.

Cuando confirmamos un borrador incorrecto, si el error es a favor de Hacienda, debemos hacer una declaración complementaria, señalando en las casillas correspondientes (varían de un año a otro) los motivos. Si es favorable al contribuyente, hay que presentar en la Agencia Tributaria un escrito comunicando el error. 

 


 

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"Aspectos fundamentales para hacer la declaración de la renta"
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Deducciones en la renta

Como acabamos de ver, cuando hacemos la declaración de la renta, podemos aplicar algunas deducciones que nos ayudarán a rebajar nuestra factura fiscal. Vamos a repasar las principales deducciones estatales y autonómicas.

Estatales:

-Inversión en vivienda habitual: se pueden aplicar una deducción del 15% de las cuotas hipotecarias los contribuyentes que compraran su vivienda habitual antes del 1 de enero de 2013 con un límite de 9.040 euros cada titular (declaración individual). Si la declaración es conjunta y la vivienda está a nombre de los dos cónyuges, el tope es conjunto (cada uno puede deducirse una parte de esos 9.040 euros). También se aplica la deducción en algunas inversiones de construcción o rehabilitación del inmueble o en la adecuación de la vivienda habitual en el caso de las personas discapacitadas, si cumplen ciertos requisitos.

-Donativos: con carácter general, nos podemos deducir un 75% de la cuota que aportemos para los primeros 150 euros y el 30% sobre el resto de los donativos a las fundaciones previstas en la Ley 49/2002 (Médicos sin fronteras, Caritas, UNICEF o Manos Unidas, entre otros). Los donativos a otras fundaciones legalmente reconocidas se benefician de una deducción del 10%. La base máxima de la deducción por donativos no podrá superar, con carácter general, el 10% de la base liquidable del ejercicio. 

-Aportaciones a partidos políticos: son deducibles un 20% de las cantidades que demos a partidos políticos, federaciones, coaliciones o agrupaciones de electores, hasta un máximo de 600 euros. 

-Actuaciones para la protección del patrimonio histórico español y mundial: si hemos donado dinero para la adquisición, conservación y rehabilitación del patrimonio histórico español, podemos deducirnos un 15%, con un límite del 10% de la base liquidable.

Además de estas cuatro, existen otras deducciones estatales como, por ejemplo, por la inversión en empresas de nueva o reciente creación, por actividades económicas, por las rentas obtenidas en Ceuta y Melilla, por la cuenta ahorro-empresa o por el alquiler de la vivienda habitual (régimen transitorio para alquileres anteriores a 2015), así como por obras de mejora de las viviendas. Conviene consultarlas para que no se nos olvide aplicarlas. 

Deducciones autonómicas 

En cuanto a las deducciones autonómicas, que se aplican sobre la parte autonómica de la cuota, cabe decir que son muy dispares en función de la comunidad en la que residamos, aunque algunas se repiten en la mayoría. Entre la larga lista de estas, destacan las siguientes:

-Por nacimiento, nacimiento múltiple, adopción o acogimiento de menores.

-Para contribuyentes con discapacidad y cuidado de personas con discapacidad.

-Por adquisición de vivienda habitual.

-Por alquiler de vivienda habitual.

-Por material escolar y en algunos casos gastos de guardería.

22 marzo, 2018 | 09:57

El 4 de abril empieza la campaña de la renta 2017 y desde el pasado 15, se puede descargar la aplicación de la Agencia Tributaria, una de las novedades de este año, junto con la extensión del programa Renta Web para todos los contribuyentes y el servicio “Le llamamos”.

Las fechas clave son:

-Desde el 15 de marzo se pueden solicitar los datos fiscales y el número de referencia. También se puede descargar la app, una de las novedades de esta campaña.

-El día 4 de abril comienza el plazo para presentar las declaraciones online. Desde ese día se puede pedir y confirmar el borrador por internet, si es correcto.

-Para presentar las declaraciones por cualquier otro medio, el plazo comienza el día 10 de mayo.

-El 27 de junio termina el plazo para presentar las declaraciones con domiciliación bancaria.

-El 2 de julio finaliza la campaña de la renta 2017.

¿Quiénes deben presentar la declaración?

Tienen la obligación de hacer la declaración de la renta las personas físicas residentes en España. Aunque existen excepciones. Así, las personas cuyos rendimientos del trabajo sean inferiores a 22.000 euros anuales (cuando hay más de un pagador, pensiones compensatorias o anualidades por alimentos o cuando el pagador no está obligado a hacer retención el límite es de 12.000 euros) no hay necesidad de hacerla.

Tampoco están obligados quienes solo recibieron rendimientos de capital mobiliario y ganancias patrimoniales hasta 1.600 euros, ni las personas cuyas únicas rentas fueron inmobiliarias imputadas, rendimientos de Letras del Tesoro y subvenciones para adquisición de viviendas de protección oficial, con límite conjunto de 1.000 euros anuales. O quienes obtengan rendimientos del trabajo, de capital o de actividades económicas, o ganancias patrimoniales que conjuntamente no superen los 1.000 euros, ni quienes hayan tenido, exclusivamente, pérdidas patrimoniales inferiores a 500 euros.

No obstante, aunque no resulten obligados a declarar, todos los contribuyentes que tengan derecho a recibir una devolución tienen que confirmar el borrador o presentar la declaración para obtenerla.

Novedades de la renta 2017

La nueva app para móviles o tabletas que ha lanzado este ejercicio la Agencia Tributaria, permitirá presentar la declaración desde este tipo de dispositivos -con sistema iOS o Android-, siempre que no sea necesario un certificado de usuario. Solo se podrá utilizar para declaraciones que no necesiten modificación; si hiciera falta hacer cambios, la propia aplicación redireccionará al contribuyente a Renta Web.

Como recordatorio, el año pasado desapareció el programa Padre, que fue sustituido por la plataforma Renta Web, cuyo uso, en la actual campaña, se generaliza a todos los contribuyentes, independientemente del tipo de renta.

Por otra parte, para las declaraciones más complejas de los contribuyentes que ganen menos de 65.000 euros, Hacienda ha puesto en marcha el plan ‘Le llamamos’: enviará una carta a los contribuyentes que puedan beneficiarse de este plan, para resolver consultas que, habitualmente, se hacían en oficinas.

Otra novedad es que no se enviará el número de referencia para solicitar el borrador o la información fiscal mediante un mensaje SMS. Si se solicita el número de referencia (con el número de identificación fiscal y el importe de la casilla 450 de la Renta 2016), este se visualizará directamente en la pantalla del programa Renta Web o a través de la aplicación móvil. Otra opción para solicitar esta información es a través de Cl@ve PIN, como en años anteriores.


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15 marzo, 2018 | 13:08

El impuesto de Sucesiones y Donaciones está cedido a las comunidades autónomas, por lo que el impacto fiscal puede variar considerablemente según la región que nos vincule, como hemos comentado en otras ocasiones en este blog. Por otra parte, el impuesto puede variar también en función del patrimonio preexistente que tenga la persona que reciba la donación o sucesión y de la vinculación entre fallecido/donante y heredero/donatario. 

En el caso de que se realice una donación de inmuebles, para calcular el impuesto se tiene en cuenta (vincula) la comunidad en la que dicho inmueble está ubicado. La dificultad para calcular el impacto fiscal nos la encontramos cuando la donación es de dos inmuebles situados en distintas comunidades. En este caso, y según la ley, se aplica “el tipo medio que corresponda al valor de la totalidad” de los bienes transmitidos.

     
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Es decir, lo primero que hay que hacer es calcular el tipo medio que corresponde al conjunto de los bienes donados, teniendo en cuenta los de cada una de las comunidades. Y, después, se aplica este tipo medio a la base liquidable de la donación de cada uno de los inmuebles. Vamos a verlo con un ejemplo práctico. 

Una persona quiere donar a su hijo dos inmuebles, uno de ellos situado en Madrid y tiene un valor de 300.000 euros y el otro se encuentra en Barcelona y su valor es de 200.000 euros:

Impacto fiscal de la donación de la vivienda de Madrid

Primero, como hemos dicho, calculamos el tipo medio, teniendo en cuenta la donación de ambos inmuebles. El valor de los bienes donados es de 500.000 euros, y la base imponible y la base liquidable también son 500.000 euros. En este caso, la cuota íntegra es de 110.706 (tras aplicar la tabla impositiva de Madrid) y se le aplica un coeficiente multiplicador del 1 (por la relación entre donante y donatario y el patrimonio preexistente al recibir la donación), con lo cual la cuota tributaria es de 110.706. Y el tipo medio es 22,14%.

El segundo paso es aplicar ese tipo medio a la donación del inmueble en Madrid. En este caso, el inmueble de Madrid tiene un valor de 300.000, que es también el importe de la base imponible (y de la liquidable, dado que no existen reducciones). Si aplicamos el 22,14% sobre los 300.000, la cuota íntegra es de 66.424 euros, por el coeficiente multiplicador del 1%, tenemos que la cuota tributaria es de 66.424 euros.

Dado que en la Comunidad de Madrid existe una bonificación del 99%, es decir, de 65.759, la cuota líquida es igual a 664 euros, que será la cantidad que el donatario tendrá que pagar en concepto de Impuesto sobre Donaciones a la Comunidad de Madrid.

Impacto fiscal de la donación de la vivienda de Barcelona (aplicando el tipo reducido para grupos I y II con escritura pública)

En este caso, también calculamos el tipo medio, que como vimos para una base liquidable (entendemos que no hay ni deudas o cargas ni reducciones) de 500.000 euros, aplicando el tipo impositivo de Cataluña, obtenemos una cuota íntegra de 31.000 euros, que multiplicada por 1 (por la relación entre donante y donatario y el patrimonio preexistente al recibir la donación) nos da la cuota tributaria de 31.000 euros. En este caso el tipo medio es del 6,2%.

Si hacemos el ejercicio de aplicar el tipo medio a la donación del inmueble de Barcelona (200.000x6,20%), vemos que la cuota íntegra es de 12.400 euros. Esta es la cantidad que la persona que recibe los pisos tendrá que pagar en concepto de Impuesto sobre Donaciones a la Generalitat de Cataluña por la donación de la vivienda de Barcelona.

Así, el coste total de la donación para quien recibe los pisos es de 13.064 euros (12.400 + 664 euros). En el caso del donante, tendrá que pagar la Plusvalía Municipal y del IRPF (entre el 19 y el 23% de lo ganado desde la compra hasta la donación).

Por ello, nosotros siempre recomendamos que, antes de tomar una decisión, se hagan unos números para calcular el impacto total de la donación, puesto que, dependiendo de la comunidad y de la plusvalía acumulada el coste puede ser muy elevado.

Sobre el autor

Imagen de Paula Satrustegui

Paula Satrustegui profundizará en las novedades fiscales y relativas a la seguridad social, que afectan a la planificación de las finanzas personales de los profesionales.

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