Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
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18 enero, 2014 | 08:36

Aunque los extranjeros nos regimos por el calendario “occidental” (1 de enero a 31 de diciembre) en China pesa mucho más el ciclo que media entre sus años nuevos, que se produce unas semanas después. En estos días estamos con cenas de Año Nuevo en China y las empresas agasajan a proveedores, clientes, o empleados, con un pequeño sobre rojo (hongbao) o algún otro detalle.

Muchos proyectos personales y empresariales comenzarán tras el año nuevo chino, cuando en plena cuesta de enero los motores han arrancado ya en Europa y se está llegando al pleno rendimiento. Se produce una disfuncionalidad importante que las empresas que operan en ambos mercados deben lidiar. Bajadas de actividad en muchos sectores, parada parcial o total de máquinas que para empresas en ambos mercados suponen un coste a equilibrar. Para organizaciones relativamente nuevas estas paradas son un importante agujero.

No se puede modificar el calendario porque suponga un coste empresarial. Acompasar a nivel mundial las fiestas sería bastante absurdo, aunque parece que va llegando de forma natural cierta imposición cultural de lo que hacemos en occidente. No cabe sino adaptarse y gestionar este “problema”.

Es de suponer que muchas empresas consolidadas han conseguido cierta madurez en la gestionarlo para que la actividad no se muera de diciembre a prácticamente marzo. El desastre de que eso suceda puede llegar a tener un impacto irreversible.

Algunas disfuncionalidades derivadas del calendario desacompasado suelen ser:  relajación de actividades en ambos periodos vacacionales (chino y español) duplicando de facto las temporadas de baja actividad, sobre-explotación de los “jefes”, que aprovechan vacaciones en un lado para trabajar en el otro (lo que también hacen con la diferencia horaria), incapacidad para reconocer bien ambas fechas haciendo sentir cómodos a unos y a otros si el personal es mixto.

Un problema suele ser la frustración e incomprensión que se sufre o protagoniza cuando hay proyectos en marcha. En España no se suele entender el parón de 10 días que tendremos en breve en China y los chinos suelen vernos como vagos entre el 24 y el 31 de diciembre. Es complicado de gestionar a nivel de comunicación.

La parada en China es algo más radical. En España las personas pueden mantener cierta atención parcial a algunos asuntos y no es raro trabajar los días del 26 al 31 de diciembre, lo que hace más liviano el asunto. En China, muchas empresas sencillamente cierran del todo.

Para los que están solo en uno de los dos lados, o bien en China o en España, el impacto es aún mayor porque va a costar más mantener encendida la llama de los proyectos en marcha durante esos periodos. Sin embargo, con recursos a ambos lados pueden reequilibrarse las cargas de forma que estos periodos no hagan perder comba haciendo a la empresa más resistente ante esta vulnerabilidad. Es en estos periodos donde, aquellos que tienen la actividad más repartida, pueden aprovechar para ganar algunos metros. Cada cual, con su librillo porque no parece haber un manua para optimizar, o perder el mínimo gas posible, con este reto en el calendario.

30 octubre, 2011 | 15:26

Este blog se viene centrando en temas relacionados  con China contados desde un punto de vista muy personal y sin intención alguna de ser “objetivo” a sabiendas de que no existe la objetividad y de que no merece la pena interpretar un personaje y autoengañarse para engañar a los demás. Pero no es China en particular el motivo que hace teclear hoy al que lleva algo más de un año publicando entradas con mayor o menor frecuencia, sino una reflexión común para quien ahora mismo se vea en un cruce de caminos. Si es que hay alguien que no lo está.

El mercado laboral, para determinados perfiles, no es en absoluto desolador. Al contrario. La crisis estructural que vivimos está arrojando a empresarios de verdad a buscar muy en serio personas en quien confiar proyectos potentes. No es para nada un mal momento. Es un momento óptimo. Máxime, para los que tengan un perfil algo diferencial. China, aunque esté “más vista que le tebeo” es factor diferenciador a día de hoy.

Pero no es el momento de echarse en brazos de un salario y un jefe por suculentas que puedan parecer a priori sus propuestas.

En los meses finales del MBA, la búsqueda de un bonito yugo con el que decorar el pescuezo, parece el destino obligado de la mayoría. Todo el programa en realidad está básicamente enfocado a ello. Las asignaturas suponen una estandarización a nivel global de ciertas habilidades que se suponen genéricas y aceptadas por las empresas multinacionales. Incorporando gente salida de los MBA aseguran unos mínimos de entendimiento mutuo con un lenguaje común que se combina con una necesaria diversidad en orígenes pre-MBA.

De hecho, esta fórmula no parece mala ni desaconsejable en todos los casos. Bien gestionada, seguro que también supone un punto de partida sólido para la carrera de muchos.

Lo que pasa es que esta concepción, posiblemente, no se corresponde demasiado con el mundo al que vamos de manera irremediable.

Estas son algunas de las razones por las que recomendaría dedicar los esfuerzos a buscar clientes y no empleadores:

La restricción crediticia. Suena rarísimo que salga esto como primera razón. Pero, veámoslo fríamente. Antes de la crisis, para muchos, ¡tampoco había crédito! Ahora, para quienes no había crédito, sigue sin haberlo. Es a los que tenían acceso al crédito a los que se les ha acabado, no a los que ya estábamos fuera de todas formas.

Por tanto, somos más iguales y ante la carencia de crédito, un ciudadano de a pie, o agrupado con otros con habilidades diferenciadoras ha reducido mucho su inferioridad finanaciera con un gran empresario. 

Los ingleses llaman a esto nivelación del campo de juego (level playing field). Ha cambiado el tablero. Y sólo dos cosas pueden suceder a futuro: 1) que salgamos de la crisis y se vuelva a desequilibrar el campo de juego y las barreras de entrada suban para los que no hayan dado el salto… o, 2) que la crisis sea, como personalmente creo, estructural y nos quedemos por muchos años en este campo más equilibrado, donde las barreras no se generarán tanto por acumulación de recursos sino por capacidad de ejecución y de adición de valor. Incluso en el segundo escenario, será quien tenga clientes y no nóminas el que saldrá mejor parado porque tendrá conocimiento directo de cuál es el agua que mueve su molino.

Visto en el extremo… si desapareciera el crédito al 100%, sólo tendríamos nuestras manos, nuestras habilidades y nuestra capacidad de sumar apoyos y trueques a nuestros proyectos. No hay que convencer al banco, sino que hay que convencer al socio potencial, y al prójimo, para que se sume a tu proyecto.

Para hacer un proyecto increíble no tengo que convencer al empleado de la oficina del BBVA de la esquina, sino que me basta convencer a otros cuatro compañeros del MBA. 

La certeza de que el empleo precario ha llegado para quedarse. Seamos serios. Si a nuestros padres los estamos prejubilando (equivocadamente) por la carestía de sus servicios y la posible obsolescencia de sus conocimientos aplicados... a una mayor velocidad de cambio, con la misma lógica, antes nos debería llegar la prejubilación a nosotros.

Con una ligera diferencia. Y es que no es sostenible ni viable hacer más veces prejubilaciones masivas ni retiros dorados. Este "chollo" se ha acabado. Por tanto ¿qué será de nosotros? Pues, seguramente, que la prejubilación serán los últimos 15 años de vida laboral trabajando en lo que se pueda. Esto será directamente proporcional a la capacidad de aportar valor en campo abierto, no bajo el paraguas de la ineficiencia disimulada en la mediocridad colectiva de una empresa que, no sabemos cómo, paga salarios a fin de mes.

Emprender, en base a esta segunda razón, es un mecanismo de defensa personal y de supervivencia, no meramente un capricho por afán de protagonismo. 

La flexibilidad. El auto-empleo, o el emprendimiento buscando una relación mercantil y no laboral con el receptor de tus servicios o productos, puede hacer que otros nos elijan o se abstengan de hacerlo.

Esta elección es recíproca y también se puede trabajar en un proyecto o dejarlo. Elegir buen jefe es vital. "Qué buen vasallo si tuviera bien señor", se decía del Cid. Esta es una realidad importantísima para ese desarrollo que no es de hoy para mañana, sino estructural y de luces largas.

No nos podemos jugar nuestro futuro profesional a que nuestro jefe sea un mediocre, ni profesional ni éticamente. No podemos caer en el sumidero de la hipoteca y los costes fijos para tener que someternos a trabajar para quien no admiramos. Al menos, no de manera fija e irremediable.

También, se trata de flexibilidad para elegir sectores y países por la misma razón. Los capitales no entienden ni de sectores ni de países y se mueven allá donde los retornos pueden ser mayores. Las personas, no tendremos más remedio que emular dicho movimiento, pero esto no es algo nuevo.

Siempre han surgido los pueblos junto a los ríos y las zonas fértiles han tenido más vida que las áridas. Ahora pasa lo mismo. Con la mayor flexibilidad, aunque parezca que aumentan nuestros riesgos, en realidad disminuyen.

El empuje de la incertidumbre. La certeza de que el sueldo llegará a fin de mes se ha demostrado falsa para millones de personas en España sin ir más lejos. Esa ilusión, que nos hace adquirir compromisos de compra a larguísimo plazo y prometer lo que no podemos garantizar, es el opio en el que una parte de la población vive anestesiada creyendo que así seguiremos hasta el final.

Lo cierto es que hoy, ni funcionarios, y casi ni los pensionistas siguen instalados como antes en tal certeza.

Es más. Para el empleado, a los riesgos de que la empresa vaya mal se suman los de no ser capaz de dar los resultados esperados, o de que una circunstancia sobrevenida (como la lotería del jefe inepto) venga a machacar una vida entregada a cantar el himno de la empresa. Dicho de otro modo, el empleado tiene sus riesgos como empleado más los riesgos empresariales de su patrón. Mal negocio.

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Esta es nuestra crisis, la de la generación que está tomando el relevo. Políticamente la protesta está en la calle. Cierto que es más sencillo saber contra qué nos rebelamos que exponer una alternativa.

Profesional y empresarialmente, no hay más crédito que el que nos podamos dar unos a otros los de la generación que debe abrirse camino. También es hora de tomar el testigo en esto. La oportunidad de emprender cuando la sociedad te ha privilegiado con dos años de estudio cuando parecía agotado el ciclo académico hay que aprovecharla con la osadía rebelde de evitar el redil. 

Para los que ahora, por ejemplo, acaban su MBA y tienen las circunstancias adecuadas, atarse al mástil del barco con un parche en un ojo (para conservarlo) e intentar capear la tempestad sin escuchar los cantos de sirena del empleo fijo hasta que no quede más remedio, es el camino. (De ahí, las escenas de Piratas del Caribe que ilustran esta entrada).

Y esta es la decisión que, desde China, apoyado por quienes han decidido que tengo crédito para ellos, he tomado. Espero poder compartir el proyecto desde estas líneas, como un caso más de los miles que hay y para que otros puedan vivir la experiencia en piel ajena.

 

 

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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