Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
Perfil en LinkedIn.

Categorías

Suscríbete a RSS

¿Qué es RSS? Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.

Listado de blogs

16 mayo, 2016 | 05:36

No resulta  creíble la cantinela de que España crece al ritmo mayor de cualquier país de la OCDE. Ver las cifras macro en el periódico y luego la bandeja de entrada llena de correos de españoles buscando empleo resulta en un fuerte contraste. Los ciudadanos perdidos en el mar de Malasia y afortunadamente rescatados recientemente eran otro de esos testimonios de españoles por el mundo buscándose la vida.

Como curioso es el contraste al gestionar un equipo en Shanghai y Madrid. No podría ser mayor. En China el mercado laboral está  regido por la oferta de talento. Quien lo tiene, puede racionarlo y seleccionar, recibe ofertas y puede elegir. Algunos chinos, básicamente… que saben idiomas, tienen algún contenido técnico y algo de madurez intelectual disfrutan de un buen momento a nivel de empleabilidad.

Si a ese buen momento en su mercado laboral sumamos que muchos de ellos son hijos únicos en una sociedad de hijos únicos, tenemos un cóctel abiertamente explosivo. Insoportable... La arrogancia de algunos chinos formados resulta infumable para los que venimos de una sociedad hambrienta como es ahora mismo la nuestra, y con un problema generacional –azote de paro juvenil- impresionante.

No tiene mucho que ver la actitud ante el trabajo, en términos generales, que adopta un europeo, consciente de lo cruda que es la realidad actual, o un chino siendo ambos de nivel formativo medio o relativamente alto.

Sabiendo que no se puede generalizar y hay casos de todo tipo en todas partes, y aunque gusten miradas asépticas parece de recibo aseverar, desde la subjetividad, que es muy complicado encontrar en China los grados de compromiso, responsabilidad y lealtad que se pueden encontrar en Occidente… o digamos en España. No es muy científico hablar por sensaciones, por lo que no es más sino una opinión  más, :).

Y a esto se suma una diferencia de valores notable que dificulta la comunicación. Es como si quisiéramos conectar dos ruedas que dan vueltas a velocidades diferentes. El mecanismo chirría.

Las empresas intentan protegerse de las variaciones del entorno creando burbujas más o menos aisladas capaces de superar a su competencia. Intentas tener en otro país, el grado de productividad y la cultura de la empresa que pueda optimizar los resultados. Pero más difícil todavía… hemos de añadir que en China el proyecto suele ser aún incipiente. Un proyecto emprendedor y no una empresa madura. Luego, ahí llega otra dificultad añadida bajo el punto de vista de la cultura de empresa.

¿Puedes/Debes entonces transmitir la cultura ganadora de tu país de origen? ¿Es viable? ¿Es correcto? ¿Funcionará?

Un artículo reciente, en EL PAÍS pretendía ser la crónica de un nacimiento pero más bien parecía un obituario. Alma, una cadena de restaurantes que nace, frente a Telepizza, la churrería San Ginés y Lizarrán, que han sufrido ya los rigores de un país que nadie te tiende la alfombra roja. Hay personas que se extrañan de que no haya una charanga para recibirles a pie de pista.

Venidos en harapos de un país que niega a una o más generaciones una oportunidad razonable de vida, podemos imprimir a nuestros proyectos en China  la agresividad y tensión que se respira en España. Podemos suplir gran parte de la falta de capital que tenemos con la creatividad y la virtud que hacemos de la necesidad.

No soluciona nada el uso de esa energía para “buscarnos la vida” en beneficio de nuestros proyectos pero almenos será un ingrediente a nuestro favor a poner encima de la mesa. Como es obvio y por suerte, en España hambre real hay bastante poca.

01 marzo, 2016 | 17:33

Moisés Naím, El Observador Global, señala “raros” microacontecimientos con macroimplicaciones que suceden en China. Que derivan, total o parcialmente, según se puede deducir en el artículo, de la crisis económica que se manifiesta vía menor crecimiento económico.

El primer acontecimiento raro: aumento de la represión a la clase obrera, tiene como indicador clave el rápido aumento de las huelgas. Cuanto menos, resulta contra-intuitivo, pues un aumento del recurso a la huelga, más que represión, podría incluso significar lo contrario. La huelga es un recurso del obrero organizado colectivamente frente al patrón. El aumento del número de huelgas es consecuencia de que hay más empresas quebrando en ciertos sectores y dejan salarios por pagar. Esto provoca lógicas protestas. Desajustes de oferta y demanda laboral en un mercado dinámico donde llevamos años escuchando que debe aumentar el consumo y disminuir la inversión.

El segundo acontecimiento raro es la detención de empresarios sin información transparente al respecto, o que se han suicidado o emigran. Es decir, no es represión de la clase obrera sino al revés: represión a los patrones. Hasta el punto de que “la lista incluye a lo más granado del sector empresarial”. Se concluye que es lucha anticorrupción pero “sirve también para eliminar rivales y consolidar el poder”.

El tercer acontecimiento “raro” es una empresa, Ezubao, que llevó a cabo una estafa piramidal y escondió sus libros de contabilidad. La policía, es decir… el gobierno chino… usó excavadoras para acceder a ellos.Raro que esconda los libros de contabilidad una empresa que ha llevado a cabo una estafa piramidal, no parece.

El resto de acontecimientos hablan de otro tipo de represión: a la libertad de expresión. ¿Acaso no había censura antes de la crisis?

Al firmarlo una personalidad de peso como Mosiés Naím, muchos tenemos la tentación de buscar –tal vez sin encontrar- la razón en sus argumentos.

El observador local, desde China, puede concluir que la secuencia de acontecimientos “raros” seleccionados por Naím son en realidad banales e incluso loables dentro de la ardua reconversión del sistema productivo chino.

12 abril, 2014 | 09:21

Agnosticismo, escepticismo, relativismo, humildad intelectual. El choque frontal de ideas es comúnmente aceptado como positivo por nosotros occidentales. Asumimos que no estamos en posesión de verdad alguna. De la intersubjetividad mayoritaria pueden derivar decisiones mayoritarias, pero no necesariamente consenso. Puede haber minorías que no aceptan tal decisión y pueden seguir expresando de una manera más o menos frontal su oposición. Esa es, posiblemente, la mentalidad democrática. Puesto que vivimos todos en algún grado de error, cada cual aporta sus sesgos sin tener que llegar a un acuerdo puntual. 

Como "occidentales" en lo cultural podemos vivir en el radical desacuerdo. En el enfrentamiento incluso. Y hacerlo patente de modo más o menos civilizado en manifestaciones, en los parlamentos, en los medios, en las redes. Nos hemos puesto de acuerdo en estar en desacuerdo. Es más, creemos que este pluralismo nos hace, como sociedad, superiores. La libertad individual consiste en poder estar estar equivocado y convencido de una realidad subjetiva pintando cada cual el mundo a su manera.
 
Se trata de un concepto de libertad discutible bajo otras ópticas en general, y que en particular no se comparte de modo generalizado en China. Los chinos sostienen un paradigma que, tal vez, no es necesariamente inferior al expuesto líneas arriba. Algún día podríamos acabar considerándolo, si no superior, complementario al nuestro. 
 
Es el paradigma del consenso, de la certeza puesta en común. Del positivismo social. Desarrollo científico pueden llegar a llamarlo. En este modelo hay una verdad que podemos llegar a aprehender vía discusión y consenso y una vez llegamos a esa especie de acuerdo más o menos unánime, debemos alinearnos a pies juntillas y marcar el paso dentro de esa verdad aceptada (o impuesta). Algún día mutará la realidad aceptada pero mientras no sea así se circula sólo por ese carril. 
 
Esa es una de las explicaciones racionales detrás del concepto de responsabilidad individual sobre lo que se dice y lo que se hace por ejemplo en Internet. Puesto que hay una verdad unánime (momentánea, no eterna, pero aceptada o impuesta en el momento actual) ir contra dicha corriente, el disenso, las posiciones individuales, la hipérbole, la ironía, la sátira, el bufoneo, lo escandalizador... quedan fuera de una línea imaginaria de lo que se entiende como real. Poner en cuestión las bases de pensamiento es faltar a esa verdad de consenso. Y se sanciona.
 
En un panorama de menor relativismo el debate debe regirse por críticas que tienen que partir de esa realidad y encontrar agujeros en sus propias lógicas, pero sólo desde esas lógicas anteriores. No desde otras.
 
No significa que los chinos tengan que estar de acuerdo en lo que dicen de forma absoluta sino que para exponer desacuerdos deben desmontar primero la realidad aceptada desde las lógicas y sistemas (desde dentro del sistema) actuales, y proponer alternativas incrementales y no rupturistas. No se puede vivir en el desacuerdo. Así que el cambio es un proceso gradual con una evolución de acuerdos intermedios. Una negociación centímetro a centímetro donde las posiciones van cambiando sin que se note. Sin que nadie "pierda la cara" por el camino.
 
Es, tal vez, uno de los retos mayores para un occidental en China. Nosotros podemos mostrar el desacuerdo, teorías totalmente contrarias y nuevas sentadas sobre lógicas que nada tienen que ver. Puramente rupturistas. A nosotros, a veces, sencillamente nos gusta llevar la contraria por el mero placer de hacerlo. Decimos negro porque el otro dice blanco. Con vehemencia. Los chinos se ríen cuando les preguntas con contundencia ¿por qué? Te parafrasean sonriendo "¿por qué?".
 
¿Por qué? puede ser una pregunta a las bases racionales que sostienen una afirmación. A los cimientos. Se busca en qué se basa algún tipo de posición. Según se plantee no es tanto una pregunta de matiz sino de raíz. Para muchos chinos, ¿por qué? es demasiado directo. Es una muestra de disenso, de no aceptación del grueso de su teoría y, a veces, de enemistad no sólo hacia la teoría sino hacia el sujeto que la emite. Hecha en público, es una pregunta que puede hacer que el chino incluso "pierda la cara" llevando a difíciles laberintos de vuelta al consenso anterior, que se ha roto por preguntar eso. El hilo del consenso ha de mantenerse para no generar heridas en las relaciones. Si no quieres que se activen defensas emocionales hacia tus argumentos hay que mantener viva la llama de consenso en las bases lógicas y de un sistema comúnmente aceptado. El ejercicio para nosotros no es fácil en ocasiones y no pocos son los desencuentros personales y de negocios que genera esta diferencia de marcos conceptuales.
  
La para nosotros sagrada la libertad de expresión del que expresa el disenso, e incluso el error, puede ser vista en China como un reto deliberado, vano y nocivo a un consenso social colectivo, a una "armonía" que es superior a la supuesta libertad individual de pensamiento y expresión. Es un valor superior para ellos. Es una libertad entendida no de forma individual sino colectiva. Es la libertad no del individuo de expresarse como quiera, sino del grupo, de seguir de consenso en consenso sin excluir ovejas por el camino. 
 
En cierto modo ellos lo ven como algo generoso. Es un consenso inclusivo donde no se deja nadie fuera, pero del que tampoco puede salirse nadie. Es por tu propio bien por el que no puedes discutir las raíces. Es para no excluirte, para no apartarte como a una manzana podrida. Es para que te construyas dentro de ese órgano colectivo que es la sociedad que como tal sí es libre. Para que te integres de algún modo y participes de la alegría de compartir una visión del mundo.  
 
De igual manera que para nosotros el pluralismo, el "agree to disagree" (estar de acuerdo en estar en desacuerdo) forma parte del ADN de una conversación con  amigos. Para ellos es una secuencia de acuerdos y coincidencias lo que se practica. Nos puede resultar un abrurrida una conversación sin choques de ideas, pero para ellos aburrido puede ser lo contrario: un enfrentamiento de bases. Y agresivo.  
 
A veces con los chinos, y no por el idioma, es monótono conversar porque hay que discutir detalles por capas. Pelando la cebolla. Hasta llegar al corazón de la misma. Con los occidentales primero atacamos escandalósamente el núcleo argumental del otro, y luego damos paso, desgranándolos, a los detalles por los que negamos la teoría del prójimo.
 
Para mantener ese "hilo del consenso" con un chino hay que esforzarse en encontrar los puntos en común, en los que estamos de acuerdo. Así podemos subrayar que estamos en la misma página, en el mismo redil. Sólo con esa base de acuerdo podemos empezar a matizar. Dar una pincelada de color. Primero una, después otra. Es un desarrollo argumental de puntillismo. Punto a punto vamos pintando el cuadro. Trazo a trazo. Es muy cansado. No es poco común tener reuniones maratonianas, de un día entero. Reuniones donde te has pasado ocho horas en la mesa frente al tu interlocutor. 
 
Los chinos nos consideran cabezones, vehementes, agresivos, maleducados cuando mostramos nuestra capacidad de estar en desacuerdo en todo su esplendor. Nos consideran poco inteligentes, dogmáticos. Incapaces de discernir y progresar en ideas desde el punto de partida. Ignorantes. Consideran que no les entendemos. Y cuando nos consideran así, sencillaente nos ignoran y se cierran a nosotros.
 
Entre ellos, sigue siendo un gran activo el conocer la historia. Haber leído clásicos. Desde su lógica, solo desde el conocimiento profundo de realidades aceptadas anteriores se puede dar algún paso corto en alguna dirección. Nosotros nos regimos por la creatividad disruptiva y extraída de lógicas nuevas y paradigmas de nueva creación no necesariamente basados en un legado anterior.
 
En los debates que tenemos sobre la libertad de expresión, conciencia, pensamiento, nos basamos en una forma de ver el mundo y el ser humano que nos pertenece y entendemos como universal. Somos misioneros y aspiramos a compartir nuestra superioridad con los demás para que puedan disfrutar de nuestra profunda libertad individual. Al hacerlo somos contradictorios porque no entendemos que alguien ataque la raíz de nuestro dogma. No consentimos que nadie nos pregunte ¿por qué? Por qué es superior nuestra libertad de expresión individual y el pluralismo. Somos defensores de la libertad de expresión salvo para aceptar que alguien pueda discutir nuestra forma poliédrica de ver realidades diferentes. Para afirmar radicalmente nuestra libertad de expresión al final tenemos que negarla. Como los chinos... un consenso: el nuestro.

05 abril, 2014 | 16:25

La presión por ganar más y pagar menos es muy fuerte en un país en crecimiento, con fuertes desigualdades y ambiciones, sin un Estado del Bienestar desarrollado y con un intenso crecimiento de precios de la vivienda como es China. Un empleado de cuello blanco con cierto nivel académico puede alcanzar un sueldo decente. Incluso muy decente si se compara con la coyuntura española pero que ni de lejos le da para afrontar el estilo de vida que ve en las series de televisión.


El iPhone es obligatorio, pagar algunas cenas, tal vez algún viaje, y en general mostrar capacidad de compra. Las plumas del Pavo Real se despliegan por doquier aunque a veces, en casa, apenas un poco de huevo revuelto y unos guisantes se puedan añadir al bol de arroz. No es tan distinto en este sentido, el comportamiento que muchos chinos tienen si lo comparamos con el de bastantes occidentales.

A eso se suma un mercado laboral que para los chinos nativos es relativamente fuerte. Hay necesidad de las aportaciones que pueden prestar personas con algún tipo de talento o con acceso a recursos escasos. Por ejemplo, la información de primera mano de empresas gigantescas. Es aquí donde cobra vida un fenómeno muy extendido a veces cancerígeno en el mercado laboral chino: el estraperlo de trabajo.

Una vez que cierto tipo de empleado cree haberse adueñado de un puesto de trabajo, el rendimiento puede decaer fuertemente y la diversificación en tareas aumentar. Incluso desde el propio puesto de trabajo se asumen proyectos ajenos. Llegar ofrecimientos de colaboración o se los busca.

De los que envían su currículum a una oferta de empleo, una porción no desdeñable en realidad para nada busca dejar su empresa. Al contrario: están muy bien donde están. Su oferta suele suceder a la constatación de qeu se trata de un perfil claramente no interesado en el puesto. Puedo hacerte trabajos como “freelance” y de hecho, ya los hago.

Empleados de las empresas más grandes del país están dispuestos a vender para ganar la milla extra, su experiencia, conocimiento, y a veces, lo que es más grave… información confidencial de su empresa a cambio de ese dinero extra que permita complementar un salario siempre insuficiente.

La pirámide de Maslow puede superar las fronteras de la ética y la legalidad. ¿Quieres conocer el volumen de ventas de tu mayor competidor? Rasca y toca las teclas adecuadas. A veces toca premio. No tiene por qué ser el estraperlista de esa empresa. Puede ser un proveedor, un logístico, una plataforma de comercio…

La práctica está bastante extendida. Mucho más de lo que se ve en la superficie. Para explotarla en todo su esplendor, nada mejor que círculos de conocidos que faciliten llegar a la persona adecuada, o redes de exalumnos. El estraperlo laboral puede caer dentro de los límites de lo razonable y lógico, puede ser totalmente normal. Pero dichos límites los marca una línea difícil de definir. Conocido el fenómeno, conviene tenerlo en cuenta a la hora de hacer negocios en China.

25 enero, 2014 | 08:18

El escándalo Chinaleaks ha tenido, básicamente y en apariencia, un impacto nulo sobre la sociedad civil china. Es más, al hablar con personas de a pie que hayan llegado a conocerlo más bien parece que estos envites no hacen sino acabar reforzando al gobierno chino porque se produce cierto enroque mental ante lo que se pinta de forma un poco conspiranoica -un poco cierta- como un ataque externo no a sus gobernantes sino a China. La identidad entre los gobernantes y su pueblo es una herramienta fácil para azuzar el victimismo irracional para ganar el apoyo de los ciudadanos secuestrados. Cierto es esto. Lo mismo nos pasa en España con los nacionalismos. Si sale un escándalo que involucre a Jordi Pujol Jr se vestirá como ataque a Catalunya o si se sacan temas de la Casa Real hay quien quiere ver en ello un ataque a España.

La respuesta del gobierno chino ha sido censurar los medios extranjeros por una parte y por la otra dar un mensaje de que hay que separar el trigo de la paja. ¿Ha habido alguna repercusión a pie de calle de Chinaleaks en China? Aparentemente -si bien no tengo elementos objetivos ni científicos para asegurar tal cosa- no. No parece que haya transcendido en nada hacia el chino llano este escándalo. Hombre... es que se ha censurado. Tampoco es fácil que suceda lo contrario.

¿A qué capa de la sociedad china ha llegado Chinaleaks? Pues lo ha hecho a los chinos en el exterior o con contacto con el exterior. A la capa más ilustrada que tal vez encuentra, dentro de esta polarizada sociedad, una identidad de intereses con la élite aunque pueda estar a medio camino.

¿Cómo reacciona esta capa a algo tipo Chinaleaks? En primer lugar parecen tener anticuerpos ante las noticias venidas de fuera. Una resistencia a entrar al trapo del todo. Una prudencia bastante “china”. Un frío esperar y ver que a nosotros, latinos, a veces nos cuesta entender. Nosotros somos un poco más de levantarnos a arrear sopapos, o de quemarnos por dentro de indignación adoptando un juicio (prejuicio) rápido sobre las cosas. Ellos no. Paran y miran. Tal vez, observan. Tal vez, piensan algo. Escuchan. Y ya después, solo a veces y en confianza, se manifiestan. (Por cierto, esta actitud suelen tenerla también en proyectos en la empresa, y fastidia bastante su falta de asertividad y nos hace complicado trabajar con ellos).

Tengo amigos y conocidos en el Partido Comunista Chino. Para qué vamos a negar lo obvio. Es inevitable si vives en China. Es inevitable si has estudiado como pude yo gracias a la beca de “la Caixa” y Casa Asia tu máster en CEIBS. ¿Son ogros que comen niños? No. Son ciudadanos normales con distintos niveles de involucración en el partido. Desde ninguno, hasta pasarse las semanas con reuniones, o incluso socializando con otros miembros.

Una de las cosas que siguen haciendo miembros jóvenes del Partido Comunista Chino es juntarse en grupos y debatir de diferentes cuestiones. Unas más mundanas; otras más abstractas y divinas. Normalmente no se cuelan extranjeros en sus debates, pero si hablas un poco de chino y pasas por ahí, tampoco te excluyen si te apetece pasar e incluso hablar.

La mayoría de los que conozco son del partido sin rol alguno ni como funcionarios ni en instituciones. Sus pensamientos están bastante menos encorsetados de lo que se podría esperar. Por haber, hay hasta defensores de la Escuela Austríaca dentro del Partido Comunista Chino. Los que esperen ver una roca infranqueable, acrítica y adoctrinada, creo que se equivocan en su análisis. No es tan raro para un chino que ha estudiado en la universidad y ha sacado buenas notas, pertenecer al Partido Comunista. Un sistema muy discutible de acceso a la política, de acuerdo. También me parece discutible el trepa hispano que se pasó sus estudios pegando carteles y haciendo de extra en los mítines de nuestros partidos. No sé, realmente, qué me repugna más porque conozco especímenes de sindicato de estudiantes y cachi de calimocho en nuestra tierra que... pero no desviemos el tema con el prejuicio latino que padezco.

Para esta capa que sí se ha enterado en algo de Chinaleaks, nada nuevo bajo el sol. De sobra conocidos son excesos y corruptelas en parte de la función pública, administrativa y política. La verbalización una vez más por parte de medios extranjeros no parece haber añadido mucho en concreto. Más allá de una serie de nombres, y ni si quiera tantos. China es un país inmenso y apenas han salido 37mil cuentas bancarias. Por ejemplo, la del fundador de Tencent, que vaya usted a saber si tiene ahí los ahorros "legales" (dentro del sistema de paraísos fiscales que debiéramos abolir por completo, pero ese es otro cantar). Hay una concienciación sobre este problema pero hay bastante confianza en que se están dando pasos al respecto.

La no negación del problema de corrupción… es más, su afirmación al decir que habrá que separar el trigo de la paja por parte del gobierno chino es una respuesta hábil. Con este movimiento, el propio gobierno chino ha tomado la iniciativa sobre la cuestión. Ha internalizado a nivel doméstico un problema de imagen pública, y ha ganado su apoyo por parte de las capas intermedias que son permeables a la cuestión, que ahora básicamente, y con la misma concienciación, confían en que se sigan dando pasos para limpiar la corrupción de China. Al final, y creo que con una respuesta "a la china" vía una obviedad "hay que separar el trigo de la paja" el problema parece momentáneamente solventado. A falta e que más titulares llenen de color nuestras portadas.

Autores fuera de China tienen que alimentar audiencias ávidas de encontrar culpables a nuestra crisis, a nuestro paro, a nuestra miseria. No. No son esos que pegaban carteles y después se iban al césped con el calimocho. Autores empujados a mirar con lupa y esperar reacciones de desestabilización rápida que nos den titulares y nos permitan por un lado reafirmar la superioridad moral, formal y funcional de nuestra amada democracia, y justificar nuestros males en terceros por el otro. En otras palabras: carnaza. Consuelo de tontos.

Aún así, el impacto positivo del marcaje a la élite china por parte de los medios extranjeros puede ser un gran instrumento para el propio gobierno chino y una palanca para seguir dando pasos en un progreso que es obvio que deberá producirse. Porque sí: hay corrupción. Sí, hay una desigualdad brutal a la que hacer frente en China y más vale que se haga algo al respecto, si es posible más rápido de lo que lo están haciendo.

22 enero, 2014 | 04:42

Desayunamos hoy en China con titulares nuevamente venidos de Occidente que traen revelaciones nuevas de viejos y conocidos problemas. La rampante corrupción en algunos casos, pero no solo, ha hecho amasar fortunas en paraísos fiscales a los que han podido y sabido arrimarse a buen árbol. Es triste constatar aunque lo sepamos que la sociedad es así, y que la personificación en gente como Bárcenas en España no es el problema, sino el síntoma de una enfermedad mucho más grave, profunda y sistémica. Estos escándalos no tienen exclusividad china ni española, sino que deben llevarnos nuevamente a una visión de la sociedad en capas (clases sociales) donde tengamos claro donde está cada cual. Así que no viene mal de vez en cuando un recordatorio contundente.

Haciendo negocios en China y manteniendo un blog en EL PAÍS, hoy será un día curioso. Orgulloso estoy, como no puede ser de otra forma, de que el que siempre ha sido mi periódico, EL PAÍS, saque sin tapujos estas informaciones. También, porque no se trata de problemas ajenos de gente en otros países, sino de problemas del sistema y de las clases, insisto. La nueva independencia que el periodismo está encontrando vía “yo te exploto este grano a ti, y tú me lo explotas a mi” es una sana tendencia. Recuerda mucho a los monos quitándose mutuamente los piojos. Snowden publica por aquí y se le protege en Rusia y China, en Occidente se publica sobre China y así llegamos a un nuevo y curioso pluralismo trasnacional que seguro sigue distando mucho de la objetividad pero nos acerca.

Tampoco se puede ignorar que el espectacular e indiscutible crecimiento chino genera recelos y enemigos fuera. Su control sobre activos cada vez más estratégicos, energéticos, humanos, de materias primas, de territorio –incluso la luna- a lo largo del mundo es muy evidente. La amenaza china como profecía auto-cumplida de la que nos han hablado autores importantes ya hace tiempo está ahí. Encima de la mesa. Por eso las revelaciones que están sucediéndose en medios extranjeros no van a cesar. Más bien por el contrario podríamos esperar que incluso se agudicen.

El sistema chino es mucho más sólido de lo que se hace ver cuando salen estas publicaciones. Los que estamos aquí relacionados con el mundo de los negocios, tal vez podemos percibirlo a muchos niveles. Estas revelaciones…  casos de corrupción que incluso acaban en ejecuciones, son parte de un proceso de maduración que no puede hacerse de forma más suave. Son fricciones necesarias de un sistema.

Cualquiera que viva en China verá que el propio respeto a las normas de tráfico, incluso de urbanidad por parte de la población es lamentable en muchos casos. Cómo se tiran al suelo los envases de las cosas tras comerlas o del paquete tabaco recién fumado. Cómo los semáforos se saltan por sistema y en el paso de peatones, aunque su código de circulación afirme lo contrario, la preferencia es del vehículo grande ante el pequeño. Los coches se interrumpen unos a otros como un buen futbolista metiendo el cuerpo para imponerse.

En China la bancarización es bajísima, se mueve una economía sumergida tremenda y se hacen pagos en metálico de cantidades que ya ni nos imaginamos en España se pueden pagar en billetes. No existe una economía tan formal todavía y falta muchísimo que hacer en fiscalización.

China es un país “en desarrollo” donde se sigue dando un profundo tercermundismo con un rapidísimo crecimiento económico muy difícil de digerir tan rápido. Muchas instituciones que en Occidente damos por asumidas -instituciones en sentido sociológico del término- no existen todavía. Sus referencias de valores no tienen un anclaje en una religión extendida y de consenso, como pudiera ser el cristianismo de Occidente. Esto genera radicales desviaciones de comportamiento que solo un Estado de Derecho fuerte podría atajar. Lo que los anglosajones denominan “rule of law” y el sistema de” checks and balances”, algo así como división de poderes.

¿Cómo evoluciona el ser humano del estado de naturaleza pre-contractualista a la conversión en ciudadanos con derechos y obligaciones en común si no hay ente que centraliza el monopolio de la violencia y su distribución de forma efectiva? Es decir, ¿Cómo puede, realmente, un país del tercer mundo de la noche a la mañana tener un sistema político, jurídico, social y económico maduro al estándar occidental?

Sencillamente, no puede. No puede, por definición, China aspirar a los estándares que incluso tenemos en nuestra muy criticada España donde la renta per cápita supera los 30mil dólares anuales. No es viable. No hay una entidad tan desarrollada ni instituciones, como la familia, la educación, la religión, que hayan hecho mella profunda en unos valores de las personas que doten a la sociedad de un software que pueda hacerla rodar al nivel de las occidentales.

China no puede a corto plazo tener ni ser medida por nuestros patrones. Es un error etnocentrista evaluar China de esta forma. China ha de medirse por su progreso ante sí misma y por el rumbo tomado. En este sentido, está llevando a cabo progresos tremendos y a veces difíciles de percibir. Es como un bebé que su padre no ve crecer, pero cuando se da cuenta ya mide metro y medio.

El chino común, el taxista, la señora que limpia en la oficina, el recepcionista, el camarero, son conscientes de que viven en un sistema con un grado considerable de corrupción y tráfico de influencias. La gente no es inocente y confiada y no vive en el “mundo feliz” de Huxley todos puestos hasta arriba de soma. Los chinos no están tan alienados. Sin embargo, esa es la composición de lugar que nos gusta hacernos a los extranjeros, tan misioneros nosotros.

En España busqué piso allá por la cúspide de la burbuja en El Barrial (Getafe), en Las Tablas, en Coslada…. y no había más que llamar a un anuncio en idealista para que por viviendas sospechosamente baratas de programas de precio tasado o similar te pidieran en A lo que ponía en el anuncio, y en B cien mil euros en metálico. Familiares y amigos de responsables políticos de urbanismo. De forma directa y descarada. Hubiera bastado con poner a llamar a un juez y a un notario. Esto, lo hemos vivido todos, no veamos solo la paja en el ojo ajeno. Ni nos rasguemos las vestiduras porque el PP tenga cuentas en B en Suiza, como los chinos. El problema es de castas, y no tanto de países aunque hay diferencias significativas de grado de sometimiento en función del desarrollo institucional de las naciones.

Mi experiencia personal no es tan rica ni relevante en el gigante asiático. Sin embargo, estamos viviendo tiempos de reforzamiento de su estado de derecho, desde las propias normas de tráfico, donde Shanghái y ciudades de primer nivel se están poniendo muy exigentes y están pasando de la jungla a en pocos años convertirse en lugares de un estándar de cumplimiento casi occidental.

En lo que toca a la corrupción de bajo nivel, lo que el gobierno chino ha conseguido es espectacular. Industrias enteras, de bebidas, de lujo de cosméticos, de regalo, de decoración, de turismo y restauración, están gravísimamente afectadas por la forma en que el gobierno está cortando el tema de los “regalos”. Un tema, que, no olvidemos, es corrupción, pero que está íntimamente entrelazado con lo cultural. No es fácil lo que se ha logrado en un par de años.

En la corrupción de alto nivel hay también un fuerte componente cultural. El halo que se atribuye a descendientes de fundadores del régimen es casi religioso en un país con la religión reducida y mucha superstición. Un “descendiente de”, o “pariente de” puede ser un valioso florero que, aunque no tenga poder alguno baste para subrayar el del que utiliza ese jarrón para acentuar el propio. Así, por ejemplo, el otro día podíamos leer una entrevista a un descendiente de los Habsburgo de Austria, que mal no debe vivir, o incluso sé que hay descendientes de Cristóbal Colón mamando todavía de esa ubre.  Los hijosdalgo prefieren chupar del frasco de su apellido que trabajar.

Es decir, ese tráfico de influencias, ciertamente, a veces no se produce de forma tan directa. No hay una causa-efecto tan fácil de sacar entre que su pariente haya hecho algo en su apoyo de forma directa. Es casi una superstición de un apellido de la que se aprovechan los que lo tienen. Conozco personalmente al nieto de un presidente de país occidental haciendo muy buenos negocios por China. No es porque su antecedente (ya fallecido) le ayude. Solo porque para otros es cool tener en plantilla o cerca ese apellido. Somos así de estúpidos.  Esta gente de apellido ilustre, dadas las circunstancias, hace bien en aprovechar nuestra estupidez para lucrarse. Eso es lo que sucede en algunos casos, hasta la hipérbole, también en China. No es que el presidente ayude o deje de ayudar. Basta con ser su sobrino y dedicarse a vivir de ese cuento con habilidad para montárselo bien. Si me apellidara Borbón, me irían mejor los negocios en China sin que para ello tuviera que tuviera que mover un dedo Juan Carlos. Nos han pedido incluso meter fotos de la Casa Real en alguna web sin que venga a cuento. La meritocracia a medias de los sistemas se ve tremendamente distorsionada por este tipo de cosas.

Esto no niega la mayor de casos de corrupción. Pero si antes comentaba que el gobierno está atacando de forma intensa la corrupción de baja intensidad, la del “regalo”, la de alta intensidad aparece vía casos como el de Bo Xilai y otros. En Occidente nos gusta venderlos como meros chivos expiatorios, como si no significaran sino ajustes de cuentas entre la mafia en el poder.

China no puede hacer su progreso del estado de salvajismo tercermundista sin gobierno de las leyes al de ser un país puramente desarrollado en dos telediarios. En el camino hay muchas piedras que salvar. Los diferentes escándalos y la forma en que el gobierno chino va dando respuesta y progresando no son un síntoma de su debilidad y vulnerabilidad. Son prueba de su fortaleza. El sistema chino tiene un largo camino que andar y avanza viento en popa en la dirección correcta. Podría caer, como es lógico, pero tiene también muchas posibilidades de resistir y seguir asombrando al mundo durante mucho tiempo.

18 enero, 2014 | 08:36

Aunque los extranjeros nos regimos por el calendario “occidental” (1 de enero a 31 de diciembre) en China pesa mucho más el ciclo que media entre sus años nuevos, que se produce unas semanas después. En estos días estamos con cenas de Año Nuevo en China y las empresas agasajan a proveedores, clientes, o empleados, con un pequeño sobre rojo (hongbao) o algún otro detalle.

Muchos proyectos personales y empresariales comenzarán tras el año nuevo chino, cuando en plena cuesta de enero los motores han arrancado ya en Europa y se está llegando al pleno rendimiento. Se produce una disfuncionalidad importante que las empresas que operan en ambos mercados deben lidiar. Bajadas de actividad en muchos sectores, parada parcial o total de máquinas que para empresas en ambos mercados suponen un coste a equilibrar. Para organizaciones relativamente nuevas estas paradas son un importante agujero.

No se puede modificar el calendario porque suponga un coste empresarial. Acompasar a nivel mundial las fiestas sería bastante absurdo, aunque parece que va llegando de forma natural cierta imposición cultural de lo que hacemos en occidente. No cabe sino adaptarse y gestionar este “problema”.

Es de suponer que muchas empresas consolidadas han conseguido cierta madurez en la gestionarlo para que la actividad no se muera de diciembre a prácticamente marzo. El desastre de que eso suceda puede llegar a tener un impacto irreversible.

Algunas disfuncionalidades derivadas del calendario desacompasado suelen ser:  relajación de actividades en ambos periodos vacacionales (chino y español) duplicando de facto las temporadas de baja actividad, sobre-explotación de los “jefes”, que aprovechan vacaciones en un lado para trabajar en el otro (lo que también hacen con la diferencia horaria), incapacidad para reconocer bien ambas fechas haciendo sentir cómodos a unos y a otros si el personal es mixto.

Un problema suele ser la frustración e incomprensión que se sufre o protagoniza cuando hay proyectos en marcha. En España no se suele entender el parón de 10 días que tendremos en breve en China y los chinos suelen vernos como vagos entre el 24 y el 31 de diciembre. Es complicado de gestionar a nivel de comunicación.

La parada en China es algo más radical. En España las personas pueden mantener cierta atención parcial a algunos asuntos y no es raro trabajar los días del 26 al 31 de diciembre, lo que hace más liviano el asunto. En China, muchas empresas sencillamente cierran del todo.

Para los que están solo en uno de los dos lados, o bien en China o en España, el impacto es aún mayor porque va a costar más mantener encendida la llama de los proyectos en marcha durante esos periodos. Sin embargo, con recursos a ambos lados pueden reequilibrarse las cargas de forma que estos periodos no hagan perder comba haciendo a la empresa más resistente ante esta vulnerabilidad. Es en estos periodos donde, aquellos que tienen la actividad más repartida, pueden aprovechar para ganar algunos metros. Cada cual, con su librillo porque no parece haber un manua para optimizar, o perder el mínimo gas posible, con este reto en el calendario.

24 noviembre, 2013 | 14:30

Hay una industria que se dedica a vender el cielo por parcelas. La religión. La esperanza de que haya algo en el más allá, tras un juicio final que ha de llegar inexorablemente justifica una vida sacrificada en un sistema de infinito carnet por puntos. Millones de personas cuya vida consiste en perseguir la zanahoria que nunca llega. O tal vez, sí. Galgos a la carrera tras la liebre que ninguno cazará dispuestos a romperse las patas para ser el primero. Y si alcanza alguno a morderla, ni siquiera es una libre. La ficción consigue que apostantes se diviertan en la grada con un vaso de cerveza. Mientras los galgos crean que es una liebre y que la pueden alcanzar correrán como bestias.

Es de suponer que no todas las personas son iguales. No todas viven un presente que no es sino esperanza de alcanzar lo bueno por conocer. Pero ese conjunto de personas que vive básicamente en la pretendida construcción del futuro tiene cierto peso porque en parte sí lo modela. Algo hay de profecía auto-cumplida en mucho de lo que sucede.

Una zanahoria en la actualidad es China. El mercado chino. De bienes, de trabajo… de esperanza. China, con sus luces y sombras, se ha constituido en una esperanza a veces irracional en la mente de muchos. Así está en el imaginario colectivo. Si bien también está en el imaginario colectivo con otras acepciones.

El ejemplo de los galgos tras la liebre en la carrera con los espectadores aplaudiendo en la grada también es trasladable a la propia China. ¿Cómo se sostiene este sistema sin democracia formal? Seguramente se sostiene en una gran parte en base a esa esperanza. Es la zanahoria que nunca llega. Los padres se han sacrificado y piensan que los hijos tendrán una vida mejor. Otros, incluso pensarán que no serán sus hijos pero sí sus compatriotas, o su sistema, o su sociedad… Por eso es tan importante que siga habiendo crecimiento económico en China. Para que la esperanza siga fluyendo. La legitimación del sistema y del sacrificio terrenal. Cada vez más personas creen incorporarse con mundanas señas de identidad a una vida integrada. Cosas como el poder tener un iphone, aunque cueste dos meses de salario. Son señales de esa consecución parcial de la zanahoria, de haber tocado las  hojas del tubérculo. De formar parte del conjunto.

Las ferias sectoriales, o los eventos de asociaciones empresariales de diverso pelaje son otra cristalización de estas esperanzas. Contribuimos a alimentarlas los que somos parte interesada en este asunto. Divulgando las características de la China de los negocios, del trabajar en China, u otros aspectos regamos la maceta del mito. Después, cada cual se va sesgando a sí mismo hacia lo que quiere ver. Así vamos ayudando a que quien tiene esperanza, encuentre argumentos para reafirmarla. Este es un fenómeno que con Internet tiene un efecto látigo más agresivo que antes pues es más fácil encontrar y conectarse con los que piensan lo mismo.

Sin embargo, no está de más recordar que China es un país dificilísimo. Laboral y empresarialmente. Que un buen número de empresas que viene, fracasa de uno u otro modo. A veces el fracaso no es profesional ni empresarial y puede también ser personal. Se viene con fanfarria y cohetes y se sale por la puerta de atrás, discretamente. Nadie envía notas de prensa cuando cierra la empresa y rara vez publica su experiencia para aprendizaje ajeno.

La historia, se dice, la escriben los vencedores. Tal vez, los que quieren proyector imagen de vencedores pese a ser también derrotados. Los falsos “vencedores”.

No conviene informarse por la prensa. Tampoco por este blog, sobre las posibilidades de un proyecto personal o empresarial en China. Ni siquiera por lo que puedan publicar los organismos públicos pues también son parte interesada. Hay que hacer un ejercicio sereno y autocrítico de las posibilidades reales de tal proyecto. Hay que saber que, en la mayoría de casos, puede no salirnos bien. Y hay que intentar nadar y guardar la ropa para que incluso ante el fracaso, se pueda sacar algo en claro y pueda suponer un paso en alguna dirección.

Muchos de los que venden la fábula lo hacen alienados ellos mismos de la realidad, equivocados también en la vorágine. Otros, incluso conscientemente y animando de forma hasta negligente. Por más que estemos en esta industria, tenemos la obligación de intentar evitarlo.

He contemplado, para mi desgracia, varios dramas personales y empresariales que no se pueden desgranar al detalle en estas líneas. Nos ilusionamos con los proyectos, metemos nuestra vida en ellos, y cuando queremos sacar la pata del barrizal nos resulta muy difícil. Los costes después resultan terribles.

China es un espectáculo no apto para todos los públicos. Ojo con este mercado. Hay quien salta desde el trampolín y con cinco tirabuzones sale de la piscina sin ni que se le haya mojado el pelo. Pero los saltos desde el trampolín que acaban en barrigazo no son pocos. Y después como mínimo nos pica la panza.

09 noviembre, 2013 | 06:04

La semana próxima tendremos en Shanghái la feria Food & Hotel, con más de 100 empresas españolas del sector agroalimentario. Unos días antes la ciudad va viendo cómo llega el personal de estas empresas. Un personal no cortable bajo un mismo patrón, pero donde, con alguna regularidad, encontramos la figura del esforzado Export Manager. El profesional de la exportación en empresas ya crecidas.

Muchas veces, el Export Manager viaja solo. El viaje a Shanghai no es sino parte de un periplo de incluso meses fuera de casa. Aun en un mundo donde la videoconferencia está barata no ha dejado de existir una necesidad de contacto directo, y también se ha abaratado mucho de forma relativa el viajar en avión. Así que por las arterias del espacio aéreo viaja mucha sangre en las venas de estos comerciales de exportación.

El Export Manager curtido no tiene jet lag cuando baja del avión, donde va repasando catálogos y listas de precios durante el propio viaje. Tiene mecanizado el proceso y las posturas para dormir. Aterriza listo para una reunión, como el que acaba de salir del metro. Nada más aterrizar, el teléfono no para de sonar como si fuera una centralita. El jefe, los de Tailandia, los de Corea, los Japón… Sábado o domingo. No importa: reunión. (Así que a mi también me tocan reuniones casi todos los fines de semana).

Tiene, nuestro Export Manager, una gran presión. Vender y vender más, y todo lo vendido el año pasado ya se da como tierra conquistada. Pero no es fácil aumentar ventas. El no perder la tierra conquistada también es un gran reto. Y el céntimo. Un céntimo más. Batalla sin cuartel en la cena con los chinos para sacar un céntimo más por botella. En un país el nuestro que necesita aumentar exportaciones como el comer, nuestro ejército de Export Managers es vital. Como país, no podemos meter más peras de las que salen. Y entra mucho petróleo que hemos de pagar. Tal vez, habiendo delegado en buena parte nuestra defensa en países que entran en nuestra Red como Pedro por su casa, es más importante este que el ejército con pistolas.

Algún Export Manager se ha dedicado a la lectura. Su Kindle echa humo. Comenta los últimos siete libros que se ha zampado. Ha alcanzado un nivel intelectual que impresiona. Habla idiomas y tiene un gran sexto sentido para interpretar los gestos de la persona frente a él. En el sistema donde vivimos insertos, vender es lo más importante. Algunos de nuestros talentos más importantes se dedican a eso: a vender. Ocupan una posición clave en nuestra cadena trófica.

Como marineros, deben tener muy difícil la famosa conciliación de su vida familiar y personal con su trabajo… por eso, el Export Manager busca socios comerciales pero también una relación más allá de lo profesional.

Cuando llega de nuevo el Food & Hotel, algunos Export Manager con los que ni tenemos un proyecto en común llaman. Para salir a tomar algo. Para hablar, no ya de los problemas del vino exportado a 5 euros 30 la botella exworks… sino para enseñarte fotos de su hijo y comentar lo mucho que está creciendo en su ausencia. Para volver a decir, como el año pasado, que no sabe cuánto más podrá aguantar el ritmo. Pero los dos sabemos que casi seguro el año que viene volverá a llamar y volveremos a la misma conversación. Solo la cifra ventas puede tumbarle.  Su epitafio rezará: “antes de morir, solo podía con él el objetivo de ventas”.

Trabajos duros en el mundo hay muchos. Muchos más duros que el de “Export Area Manager Asia Pacífico”. Pero este lo es, y estos tíos también merecen nuestro homenaje.

17 octubre, 2013 | 10:19

Venir una vez por trimestre a España en estos momentos de explosión y ebullición es una experiencia curiosa. Aunque la muestra es sesgada, tras el viaje actual volveré a China con cierto optimismo.


La cultura empresarial es una infraestructura básica. Es el software. Tenemos un hardware impresionante. Tenemos parques tecnológicos, trenes, puertos, aeropuertos. Pero nos falla el software. Y dentro del apartado software, no nos falla tanto lo que se conoce como hard skills, o habilidades académicas, sino más bien las soft skills.


Dentro de la crisis que vivimos, si se intenta observar qué está cambiando bajo nuestra piel, a mi juicio, este es el cambio más importante que estamos viviendo por fin. Era un cambio pendiente y nos falta mucho recorrido.
Se está produciendo de manera muy abrupta, brusca, como el cambio de dirección de un coche que choca contra un árbol. Se trata de un cambio a nivel de la cultura empresarial, relacionado con un cambio generacional, y que finalmente es un cambio en la gestión de las empresas.


En las empresas grandes se observan los problemas más graves. La rigidez y resistencia al cambio lleva a dificultades extremas. Siendo injusto generalizar, quedan dinosaurios y trepas que resulta imposible remover de sus puestos, y que contaminan la organización desde arriba. A veces, ves dinosaurios en la treintena, así que, que no se tome esto como un alegato basado en la edad. 


Lo que no dobla, parte. En ese lamentable estado da la impresión que viven algunas empresas grandes. Sobre todo, cuando se da una alta dependencia del mercado doméstico. Algunas, no queda más remedio, desaparecerán. Sus empleados reconocen abiertamente cuando tomas un café con ellos que saben que su empresa no es viable. Son plenamente conscientes y sencillamente se preparan para el impacto. Muchos, la mayoría, valen muchísimo profesionalmente, porque a nivel de hard skills sí tenemos un capital humano muy fuerte.


Incluso en esas empresas grandes se observa un proceso de cierta introspección y cambio cultural, impulsado por la necesidad acuciante de ser más competitivos globalmente. Empresas grandes pero todavía demasiado familiares en su gestión que por poco profesionalizada no se puede delegar en terceros y pesa mucho más la cadena de confianza que vínculos en base a eficiencia. Por tanto, no pueden escalar globalmente, no pueden abandonar nuestras fronteras. En este sentido, nos parecemos un poco a China. Y no voy a entrar a diferencias regionales que las hay y que explican muy probablemente las diferencias económicas que se dan a lo largo de nuestro país.
El melón ahora mismo está completamente abierto. Aunque el legado cultural es muchas veces rentista y de extremada aversión al riesgo, las puertas están abiertas. Tratando de evitar dietas milagro y huidas hacia delante de situaciones desesperadas, algunas se plantean abordar con mayor seriedad no ya el mercado chino, sino toda su estrategia de internacionalización.


La mayoría de profesionales con los que hablas, como digo, son plenamente conscientes de lo que hay. Incluso a alto nivel, se sienten en un barco a la deriva incapaces ante dinámicas que superan lo individual. Impotentes ante lo que parece un hundimiento inevitable. Algunas, pendientes del hilo y la amenaza del crédito bancario.


Veremos cuántas más tienen que caer. Es una pena y un derroche que una porción importante del relevo deba producirse a base de muertes y nacimientos de empresas.


En empresas medianas se encuentra una situación más favorable en este momento. Muchas son de creación relativamente reciente y tienen características que las convierten en una importante cantera.


Equipo gestor potente. En general,  se trata de personas con quince años largos de experiencia, de entre cuarenta y cincuenta años y que ha tenido experiencia internacional. Lo curioso es que muchos de los gestores proceden, precisamente, de las empresas mencionadas antes. Algunos utilizaron esos entornos decadentes para, en negativo, aprender de la experiencia.


Es la característica más importante. Personas que a nivel intelectual y empresarial tienen claros bastantes conceptos. En general, fuertes en la faceta comercial y financiera, aunque bajo el punto de vista técnico y operativo puedan tener más lagunas.


Hay bastantes gestores de mucho nivel en empresas relativamente pequeñas. Gente multitarea y sin secretaria de por medio para concertar una cita, que habla como mínimo inglés con total fluidez.

Incluso de forma directa. Son empresas que han conseguido demostrar que su producto puede funcionar más allá de España. Empresas que, antes de grandes, son internacionales. Al menos son conscientes de que Europa es teóricamente un mercado común y aprovechan este hecho.


Gestión financiera relativamente conservadora. Pero no ahora, sino incluso antes cuando había cierta alegría bancaria. Empresas con un crecimiento muy orgánico, muy poco apalancadas. Incluso, ni se molestan tanto en buscar ayudas de organismos públicos. Puedes encontrar empresas que claramente podrían haber obtenido alguna ayuda y que ni buscaron la información para obtenerla y ni les importa en absoluto cuando se lo cuentas. Para estas empresas, al Estado se le paga la factura por existir, y poco más.


En definitiva, España tiene un capital humano inmenso. Nos han fallado y siguen fallando los procesos, el fluido cultural que haga eficientes, escalables, y más productivas nuestras empresas. El cambio, parece estar dándose por fin. Mucha gente es totalmente conscientes de lo que hay. Hay empresas que sencillamente no van a poder sobrevivir y sus propios ejecutivos lo saben y te lo cuentan sin tapujos. Al menos, no pueden si no hacen cambios radicales a nivel financiero en muchos casos, pero también y sobre todo a nivel cultural. El modelo de empresa familiar tiene muchas ventajas en un primer momento pero en esta crisis ha llegado el momento de dar el salto. Lo bueno es que parece que, aunque nos está costando carísimo, se está dando.

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

© PRISA DIGITAL S.L. - Gran Vía, 32 - Madrid [España] - Tel. 91 353 79 00