Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
Perfil en LinkedIn.

Categorías

Suscríbete a RSS

¿Qué es RSS? Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.

Listado de blogs

22 marzo, 2014 | 08:59

En este nuevo artículo de Erc X. Li, vemos que China parece haberse encontrado, una vez más, ante un dilema. Esta vez en Crimea. Como país que tiene también retos a su integridad territorial consigue apoyar en cierta forma a Rusia sin generar discrepancias con Occidente en un viraje hacia un mundo multipolar post-hegemonía estadounidense. Una Rusia menos amiga de Occidente puede tener una mayor necesidad de conexión con China. Es casi seguro que las autoridades chinas consideran que Ucrania está dentro de la esfera de influencia de Rusia.

Una nueva prueba para la diplomacia china que puede utilizar para seguir dibujando un escenario de futuro favorable a su pais.

---

La mayor parte de los expertos en relaciones internacionales parecen creer que los acontecimientos de Ucrania han puesto a Pekín en una especie de dilema. Generalmente se considera que Estados Unidos, con su giro manifiesto hacia la región de Asia-Pacífico, trata de contener el avance de China, por lo que para China la importancia estratégica de Rusia es cada vez mayor. Ello, a pesar de que las acciones de Rusia en Ucrania y su absorción de Crimea contravienen el principio largamente mantenido por China de no injerencia en los asuntos internos de los Estados soberanos.

El referéndum de secesión en Crimea tiene sensibles implicaciones para China, que afronta a sus propios problemas separatistas en Taiwán y el Tíbet. Como prueba de que China estaría en un aprieto se citan sus equívocos pronunciamientos públicos sobre Ucrania. Sin embargo, esta es una errónea interpretación de la conducta de China.

De hecho, China está explotando la situación con previsión estratégica y agilidad táctica. Su reacción también es coherente con su comprensión de los matices de las relaciones internacionales en general y de la crisis de Ucrania en particular.

Pekín ha adoptado una sutil posición oficial. Se ha afirmado en el principio de no injerencia y respeto a la integridad territorial de Ucrania, al mismo tiempo que resalta su reconocimiento tanto de  la complejidad de las condiciones históricas como del estado actual de los acontecimientos en Ucrania. En cualquier análisis realista de la política exterior, debe quedar bastante claro que el enfoque de China es mantener la neutralidad formal, prestando apoyo tácito a Rusia sin causar desavenencias con la con la Alianza Occidental.

Incluso con un veto de Rusia, China se abstuvo en la votación del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la resolución condenando el referéndum de Crimea, respaldada por Estados Unidos. Esta estrategia es concordante con los intereses geopolíticos a largo plazo de China.

Uno de los objetivos estratégicos primordiales de Pekín es fomentar el desarrollo de un mundo multipolar en el que sea frenada la hegemonía de EE.UU. y China gane gradualmente espacio para reclamar su papel de liderazgo en la región de Asia-Pacífico. Para ello es propicio el resurgimiento de Rusia como gran potencia 20 años después del colapso de la Unión Soviética. La dominación de Estados Unidos en los asuntos mundiales está en relativa decadencia. Dice mucho al respecto su, tan pregonado, "giro a Asia". Después de todo, uno sólo puede girar hacia un sitio cada vez. Incluso antes de lo de Ucrania, el giro de Estados Unidos parecía haber sido redirigido de vuelta hacia Oriente Medio. Ahora, sin duda, tiene que pivotar hacia Rusia. Una superpotencia pivotando continuamente sirve a los intereses de China. Desde el punto de vista chino, puede no ser un caso claro si las si las acciones de Rusia entran en contradicción con el principio de no injerencia de China.

El precipitado colapso de la Unión Soviética fue seguido por una caótica re-disposición del orden mundial, con un abrumador desequilibrio de poder en favor de la Alianza Occidental. Es un hecho que la gente de Rusia y de muchas ex-repúblicas Soviéticas sufrieron en las postrimerías de la guerra fría. Así, pudiera ser discutible la legitimidad de las fronteras que se establecieron en esas circunstancias. Crimea es un ejemplo de ello.

Los chinos también pueden haber visto que el derrocamiento del gobierno de Ucrania en gran parte fue causado por la activa interferencia occidental. Altos funcionarios estadounidenses y europeos estuvieron llamativamente presentes durante las protestas en la plaza principal de Kiev. Un destacado diplomático de EE.UU. fue grabado en una conversación telefónica, sobre un posible futuro gobierno, antes del derrocamiento del gobierno de Viktor Yanukovich. Así, como mínimo, hubo interferencias en ambos lados. El segundo aspecto del agravamiento del conflicto entre Rusia y Occidente tiene que ver con la importante relación entre Moscú y Pekín. La importancia estratégica de Rusia para China abarca tres dimensiones: el suministro energético, los objetivos estratégicos de China en la región Asia-Pacífico y los intereses de China en Asia Central.

Una Rusia con severas sanciones por parte de una hostil Alianza Occidental sería más dependiente de China. A cambio, los intereses chinos estarían mejor atendidos en los tres ámbitos. El suministro a China de gas natural de Rusia sería en mejores condiciones y las conducciones podrían construirse de manera más favorable a los intereses chinos. El papel de Rusia en la región de Asia-Pacífico, especialmente en relación con Japón, pudiera ser más orientado hacia las preferencias de China. Más espacio podría brindarse a los chinos en su presión para el desarrollo de una nueva "ruta de la seda" a través de Asia Central.

China desea que su ascenso sea pacífico. Y para que esto suceda se requiere un nuevo paradigma geopolítico. Esto es lo que el presidente Xi Jinping propuso al presidente de EE.UU., Barack Obama, durante su cumbre en California cuando hizo un llamamiento para un nuevo modelo de relaciones entre las grandes potencias. Una gran potencia, o daguo , es un gran Estado Nación con una esfera de influencia civilizadora. Bajo la visión de China, la emergencia pacífica de un nuevo orden mundial solamente puede asegurarse de la cooperación efectiva y la gestión de la competencia entre las grandes potencias.  Por supuesto, China ve a sí misma como una daguo. Los EE.UU. y Rusia también están, sin duda, en esa lista. De acuerdo con esta nueva doctrina, deben respetarse los intereses fundamentales y las esferas de influencia. China está de hecho afirmando progresivamente su propia Doctrina Monroe para la región de Asia-Pacífico.

Es casi seguro que las autoridades chinas consideran que Ucrania está dentro de la esfera de influencia de Rusia. Ucrania es, en el mejor de los casos, un interés periférico para Occidente, sin embargo, las medidas adoptadas por Occidente han perjudicado gravemente los intereses fundamentales de Rusia. A este respecto, el sutil apoyo de China a Rusia es coherente con su gran estrategia de política exterior a largo plazo. Sin duda, para poder llevar a cabo su estrategia con respecto a Ucrania, por parte de China se requerirá agilidad táctica y alguna destreza en las maniobras. Hay muchas fuerzas imprevisibles dando forma a los acontecimientos. Pero actualmente, salvo algún grave error, la desventaja para China es mínima.

¿Habría alguien en Taiwán o Tíbet pensando seriamente en que la aquiescencia de China a un referéndum de separación de Crimea significaría que podrían salirse también con alguno? Probablemente, no.  ¿Podrán los chinos andar sobre la cuerda floja con neutralidad para no provocar una confrontación con Occidente? Su historial indicaría un "sí".

---


Eric X. Li es inversor y politólogo en Shanghai. Publicado en español con su permiso.

02 enero, 2014 | 21:25

Eric X. Li presenta una visión de Mao que se defiende en ciertos círculos en China. Entender la figura de Mao es fundamental para entender el estado actual de las cosas en China. Como sería, salvando las grandes distancias, De Gaulle para Francia. O como sería preciso entender el paso de Franco por España para conocer el porqué de algunas de las cosas que suceden.
El autor reconoce los "cimientos" construidos en tiempos de Mao: "la historia del mundo no es más que la biografía de los grandes hombres".

---------------

En estos días China celebra el 120º aniversario del nacimiento del padre fundador de la República Popular - el Presidente Mao Zedong. Nadie reviste mayor importancia en el relato de la China moderna. A medida que la nación continúa su ascenso para reclamar su posición como gran potencia, el legado de Mao es fundamental para su percepción por los ojos del mundo. El juicio definitivo dictado por la historia, si tal cosa es posible para un hombre de su importancia y complejidad, se mantiene lejano en el horizonte. Pero para comprender el estado de la China contemporánea y sus relaciones con el mundo, deben abordarse algunos conceptos erróneos fundamentales.

En Occidente, la narrativa convencional es que los 30 primeros años de la República Popular bajo el liderazgo de Mao fueron un desastre sin paliativos y el partido-Estado sólo fue capaz de salvarse a sí mismo repudiando su gobierno ideológico y llevando el país en una dirección opuesta.

Pero esto es falso. Muchos dividen los 64 años de liderazgo del partido en dos períodos de treinta años: el primero de 1949 a 1979, en su mayor parte bajo Mao, y el segundo de 1979 hasta el presente, iniciado con las drásticas reformas de Deng Xiaoping. Sin duda, las reformas de Deng corrigieron muchos errores de las políticas anteriores y proporcionaron éxitos enormes. Alrededor de 650 millones de personas han salido de la pobreza en una generación y el país pasó de una economía agraria pobre a ser una de las más prominentes potencias industriales del mundo.

Pero sin los cimientos constructivos de los 30 primeros años no habrían sido posibles los logros de los 30 segundos años. En los primeros, el Partido Comunista de China bajo el timón de Mao utilizó su autoridad política centralizada para movilizar los limitados recursos nacionales y construyó las infraestructuras industriales y humanas básicas de una nación moderna. Unas cuantas estadísticas demuestran la importancia de ese período. En 1949, la infraestructura industrial era insignificante. Salvo en pequeñas áreas urbanas, la disponibilidad de energía eléctrica era casi nula. La tasa de alfabetización era del 20 por ciento. La vacunación era prácticamente inexistente y el promedio de esperanza de vida era de 41 años.

En 1979, vísperas de las reformas de Deng, China había construido el marco de las infraestructuras industriales básicas, aunque aún muy limitado. Extensas redes nacionales y locales con cerca de 10.000 presas hidroeléctricas de nueva construcción aumentaron la cobertura de electricidad a más del 60 por ciento, incluso en las áreas rurales más pobres (ahora es casi del 100 por ciento). La tasa de alfabetización alcanzó un asombroso 66 por ciento con, muy significante, sobre el 80 por ciento de la juventud - entre los más altos de los países pobres en desarrollo (ahora es del 92 por ciento). Cientos de millones de personas fueron vacunadas, casi el 100 por cien de los niños de un año de edad, y el promedio de esperanza de vida alcanzó los 65 años (ahora 74 años). De hecho, en 1978, el índice de desarrollo humano de China ya se estaba acercando al de los países desarrollados mucho más ricos (PNUD, Informe de 1990 sobre Desarrollo Humano).

Una población aún pobre pero relativamente educada y saludable, con una infraestructura básica, constituía el escenario para el milagroso despegue del país. Y todo esto se logró con muy pocos recursos, bajo un embargo internacional. Ciertamente, ocurrieron desastres no mitigados, tal como el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, pero definir como tal el período completo sería manifiestamente erróneo.

La más importante herencia política de Mao fue la independencia nacional de China. Tras un siglo de interminables conflictos civiles y desmembramientos en manos de agresores extranjeros, el establecimiento y consolidación de la República Popular bajo el liderazgo de Mao, puso firmemente, por fin, el destino de la nación en manos de los propios chinos. Esta aptitud permitió que, tras la Guerra Fría, China activase la globalización en sus propios términos. Muchos países en desarrollo no tuvieron tanta suerte y fueron tragados por la globalización en lugar de sacar ventaja de ella. No debe negarse que el pueblo chino pagó un alto precio por esta independencia, como los catastróficos desatinos de Mao que causaron profundos sufrimientos y graves crisis. Pero la República Popular sobrevivió. Los dividendos post-Mao han sido significativos y con toda probabilidad continuarán para las generaciones venideras.

Por último, pero no menos importante, la caracterización de Mao como un ideólogo extremista está fuera de lugar. La narrativa ampliamente aceptada en Occidente, y en cierta medida en el interior de China, es que los 30 primeros años, bajo Mao, fueron ideológicos y los 30 segundos años lanzados por Deng fueron pragmáticos. Y que esta transición de un ideología a una reforma puso a China en el camino hacia el éxito.

No hay duda de que China fue objeto de destructivos hechizos de fervor ideológico en varios puntos durante el gobierno de Mao. Pero el hecho es que Mao era un pragmático de pies a cabeza. El mundo no debe olvidar que fue Mao quien sacó a China de la dominación soviética tan pronto como a finales de los años cincuenta. Alejarse de la guía ideológica de una de una nación recién nacida que se encontraba en el cénit de su época de  superpotencia fue, como mínimo, atrevido. Pero Mao no se detuvo ahí. En el apogeo de la Guerra Fría, llegó a la separación ideológica y construyó una alianza de facto con los Estados Unidos para oponerse a los soviéticos. Esto a su vez pavimentó el camino para la vinculación de China con Occidente, que fue uno de los más fuertes impulsores de las reformas económicas de Deng.

Todos los hombres de gran impacto histórico fueron complejos y sus herencias se entremezclan. Sin embargo, nosotros deseamos ardientemente que los juicios sean poco complicados e inequívocos. Como dijo Thomas Carlyle, "la historia del mundo no es más que la biografía de los grandes hombres". por lo que juzgarles mal es juzgar mal la historia y correr el riesgo de descarriar el futuro. Mao Zedong, cuya vida ha dejado marcas indelebles en la vida de más de mil millones de personas y cambió la trayectoria del mundo, debe ser estudiado con detenimiento y consideración, no ser juzgado con moral de conveniencia.

Eric X. Li es inversor y politólogo en Shanghai. Este artículo fue publicado en el South China Morning Post el 26 de diciembre de 2013. Publicado en español con permiso de su autor

03 mayo, 2012 | 03:51

Con esta lectura provocativa iniciamos aportaciones a este blog de artículos de Eric X. Li con la esperanza de que nos ayuden a comprender la visión del momento actual desde el "lado chino". 

Esta semana [feb. 2012] el gobierno de Obama fue anfitrión de Xi Jinping, vicepresidente de China y al parecer heredero. La más poderosa democracia electoral del mundo y el mayor Estado partido único se reunieron en un momento de transición política para ambos.

Muchos han caracterizado a la competencia entre estos dos gigantes como un enfrentamiento entre la democracia y el autoritarismo. Pero esto es falso. Estados Unidos y China ven sus sistemas políticos de formas fundamentalmente diferentes: mientras Estados Unidos ve el gobierno democrático como un fin en sí mismo, China considera su actual forma de gobierno, o cualquier sistema político para el caso, simplemente como un medio para alcanzar grandes objetivos nacionales.

En la historia de la gobernanza humana, que abarca miles de años, se han realizado dos grandes experimentos de democracia. El primero fue Atenas, que duró un siglo y medio, y el segundo es el Occidente moderno. Si definimos la democracia como un ciudadano un voto, la democracia estadounidense tiene sólo 92 años. En la práctica son sólo 47 años si empezamos a contar después de la Ley de Derechos Electorales de 1965 - mucho más efímera que cualquiera, salvo un puñado, de las dinastías de China.

¿Por qué, entonces, muchos dicen con vehemencia que han descubierto el sistema político ideal para toda la humanidad y que su éxito está asegurado para siempre?

La respuesta está en el origen de la experiencia democrática actual. Todo comenzó con la Ilustración europea. Su esencia eran dos ideas fundamentales: el individuo es racional y el individuo está dotado de derechos inalienables. Estas dos creencias forman la base de una fe secular en la modernidad, de las cuales la manifestación política final es la democracia.

En sus primeros días, las ideas democráticas en la gobernanza política facilitaron la revolución industrial y condujeron al comienzo de un período de prosperidad económica y poder militar en el mundo occidental sin precedentes. Sin embargo, al principio, algunos de los que condujeron este impulso eran conscientes del defecto fatal incluido en este experimento y trataron de contenerlo.

Los federalistas estadounidenses dejaron claro que estaban estableciendo una república, no una democracia, y diseñaron una buen número de medios para constreñir la voluntad popular. Pero, como en cualquier religión, la fe resulta más fuerte que las normas.

La expansión de la franquicia política se tradujo en que un mayor número de personas participaran  en más y más decisiones. Como dicen en estados Unidos "California es el futuro". Y el futuro significa referendos sin fin, parálisis e insolvencia.

En Atenas, la siempre creciente participación popular en la política llevó a gobernar por demagogia. Y en los actuales Estados Unidos,  el dinero es ahora el gran facilitador de la demagogia. Como ha dicho el economista A. Michael Spence, ganador del Nobel, Estados Unidos ha pasado de "un hombre propietario, un voto; a un hombre, un voto; a una persona, un voto; tendiendo a un dólar, un voto". Como quiera que se mire, Estados Unidos es una república constitucional sólo de nombre. Los representantes electos no tienen mente propia y sólo responden a los caprichos de la opinión pública, ya que han de buscar la reelección, con interés especial de manipular a los votantes por cada vez menos impuestos y mayor gasto público, a veces incluso apoyando guerras auto-destructivas.

La competencia actual de Occidente con China no es tanto un enfrentamiento entre la democracia y el autoritarismo, sino más bien el choque de dos concepciones políticas fundamentalmente diferentes. El moderno Occidente ve la democracia y los derechos humanos como el pináculo del desarrollo humano. Es una convicción sentada como premisa sobre una fe absoluta.

China está en un camino diferente. Sus líderes están dispuestos a permitir una gran participación popular en las decisiones políticas siempre y cuando eso conduzca al desarrollo económico y favorezca los intereses nacionales del país, como lo han hecho en los últimos 10 años.

Sin embargo, los líderes chinos no dudarían en restringir estas libertades si las condiciones y las necesidades de la nación cambian. La década de 1980 fue una época de expansión de la participación popular en la política del país que ayudó a aflojar los grilletes ideológicos de la destructiva Revolución Cultural. Pero fue demasiado lejos y dio lugar a una amplia rebelión en la Plaza Tiananmen.

Esa rebelión se cortó con decisión el 4 de junio de 1989. La nación china pagó un alto precio por ese hecho violento, pero las alternativas habrían sido mucho peores.

La estabilidad resultante marcó el comienzo de una generación de crecimiento y prosperidad que impulsó a la economía de China a su posición como la segunda mayor del mundo.

La diferencia fundamental entre los puntos de vista de Washington y de Pekín está en si los derechos políticos se consideran dados por Dios y, por tanto, son absolutos, o si deben ser vistos como privilegios a negociar sobre la base de las necesidades y condiciones de la nación.

Occidente parece incapaz de ser menos democrático, incluso cuando su supervivencia pueda depender de tal cambio. En este sentido, los Estados Unidos de hoy son similares a la antigua Unión Soviética, que también veían su sistema político como el fin último.

La historia no augura nada bueno para el rumbo americano. En efecto, la fe basada en la arrogancia ideológica podría conducir pronto la democracia sobre el precipicio.

Publicado con permiso del autor. El original fue publicado en IHT

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

© PRISA DIGITAL S.L. - Gran Vía, 32 - Madrid [España] - Tel. 91 353 79 00