Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
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11 diciembre, 2013 | 06:37

En el artículo, David Gosset señala cómo la velocidad del gobierno chino contrasta con la parálisis estadounidense. Sutilmente, China ocupa un papel central cada vez más relevante en la agenda internacional.

El tríptico de moderna (reformada), global y civilizadora, puede explicar la visión y el proyecto de Xi Jinping. Una visión que refuerza el liderazgo centralizador que David Gosset ha expuesto en otros de sus textos. En esa línea cabría entender el movimiento que China ha realizado en relación a la nueva Zona de Identificación de Defensa Aérea.

El mundo tras esta crisis, no será como antes de la misma y la presencia de China como eje es un factor fundamental de cambio global. Un mundo que no es nuevo, sino que, para China, es un renacimiento y la vuelta a una situación previa a su larga decadencia. Y es la vuelta a un mundo multipolar.

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En otoño, el cierre del gobierno federal de los EE.UU. obligó al presidente norteamericano número 44 a cancelar una serie de viajes al extranjero. En la Cumbre sobre Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), en Bali, en ausencia de Barack Obama, el presidente de China, Xi Jinping fue de hecho el hombre más poderoso en la sala, irónicamente, el giro estadounidense a Asia quedó reducido a postura meramente retórica.

Ciertamente, es Xi Jinping quien más ha influido en el año 2013. El constante movimiento de China contrasta con la falta de liderazgo en la Unión Europea y la parálisis política estadounidense, en el tablero de ajedrez global Occidente pierde la ventaja de la iniciativa, reaccionando a la nuevas medidas y rápidas acciones de China.

En doce meses, el máximo líder de China introdujo una poderosa narrativa adecuada para expresar el zeitgeist chino, el "Sueño Chino". Se las arregló para volver a conectar con el espíritu de reforma de Deng Xiaoping, y, de Sunnylands a Bali, ocupó el centro del escenario político mundial sin apartarse de su natural modestia.

A los 40 años de edad, cuando Xi se convirtió en secretario del Comité del Partido en Fuzhou, provincia de Fujian - uno de los 16 puestos de liderazgo que tuvo antes de convertirse en Presidente de China - pidió a sus ayudantes que colgaran en las paredes de la oficina cuatro caracteres chinos "Ma Shang Jiu Ban" - "Adoptar medidas inmediatas"; veinte años después, ha llevado a Zhongnanhai un estilo de gestión caracterizado por la rapidez y la eficacia.

El Sueño Chino de Xi es una síntesis dinámica que puede ser presentada como un tríptico. Las visiones interrelacionadas de la "China Moderna", la "China Global" y la "China Civilizadora".

"La China Moderna" compendia los logros conseguidos desde la República de Sun Yat-sen, pero también es la búsqueda de un avance socioeconómico aún mayor. La República Popular sacó de la pobreza a centenares de millones, liberó a las mujeres chinas - "Las mujeres sostienen la mitad del cielo", proclamó Mao Zedong -  y aumentó la esperanza de vida para todos - 41 años en 1950, 76 ahora -. Pero la "Reforma y Apertura" de Deng Xiaoping sigue siendo un catalizador para la mejora de la sociedad china.

Como centro de la quinta generación de líderes de la República Popular de China, Xi Jinping  tiene una doble tarea, necesita mantener cierto nivel de continuidad con la obra de sus predecesores - Mao Zedong, Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao - pero también tiene que introducir un nuevo impulso en los contextos interno y externo, rápidamente cambiantes.

Con motivo del tercer pleno del 18º Congreso del Partido, en una referencia directa a la histórica tercera sesión plenaria del 11º Comité Central del PCCh en 1978,  sólo ocho meses después de convertirse en Presidente de la República Popular China, Xi Jinping, reafirmó el espíritu de reformismo de Deng Xiaoping con el concepto de "extensa profundización de las reformas" - quanmian shenhua gaige.

El padre de Xi, Xi Zhongxun (1913-2002), quien desde 1978 trabajó durante casi tres años en la provincia de Guangdong, impulsó la idea de Deng de las Zonas Económicas Especiales. Por otra parte, el puesto de Xi Jinping en Xiamen, una de las Zonas Económicas Especiales, de 1985 a 1988, le puso en situación de apreciar especialmente la visionaria estrategia de Deng.

Como se estableció en el comunicado del pleno, Xi está llevando China sobre un nuevo rumbo: "A la vista de las nuevas circunstancias y nuevas tareas (...) la reforma debe ser exhaustivamente profundizada desde un nuevo punto de arranque histórico." La decisión de permitir claramente que las fuerzas del mercado jueguen un papel decisivo en la asignación de recursos ganó inmediatamente el apoyo de ilustrados reformistas como Wu Jinglian

La abolición del laojiao, o sistema de "reeducación a través del trabajo", el ajuste en la política de hijo único, la constitución de un grupo líder que lleva a cabo una amplia gama de reformas económicas y financieras, y el establecimiento de un Comité de Seguridad Nacional, conforman una serie de decisiones bien calculadas que perfeccionan la forma en que se gobierna China.

La "China Moderna" está interconectada con la "China Global",  el más importante factor de cambio del mundo. De China, las mercancías, tecnología, gente - la diáspora, hombres y mujeres de negocios, estudiantes, turistas -, el capital y la cultura, están llegando a todos los rincones del mundo a través de un número casi infinito de Rutas de la Seda del siglo XXI.

En una versión mejorada de la dinastía Tang (618-907), el País del Medio es cada vez más cosmopolita, pero también se proyecta a nivel mundial con la conciencia de que la interdependencia y la cooperación caracterizan el siglo XXI. En el Sueño de China, la paz es para la "China Global" lo que el progreso es para la "China Moderna", una referencia conceptual y un proyecto. 

El ensanchamiento de la "China Global" no va acompañado de ningún espíritu misionero, su horizonte no es la hegemonía o, incluso, el liderazgo mundial, sino el retorno de la ética de centralidad del País del Medio. 

El anuncio de una Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) que envuelve las islas Diaoyu debe interpretarse como lo que es, un mecanismo defensivo ya utilizado por EE.UU. o Japón y, ciertamente, no una operación ofensiva. Es, obviamente, un golpe maestro que altera el status quo geopolítico asiático, ya que invita al mundo a reconocer gradualmente la cartografía del Mar Oriental de China, y la administración estadounidense, pese al uso de una retórica espectacular, ya ha pedido a las aerolíneas comerciales de Estados Unidos a cumplir con la nueva política de Pekín.

La "China Global" no sólo es el aumento de la presencia exterior china, desde las estaciones en la Antártida a la Ruta del Mar del Norte del Ártico, sino que también es una época de viajes y descubrimientos espaciales. La década Xi Jinping se inició con el lanzamiento del Chang'e-3 y su vehículo lunar, otro paso importante en la exploración china del espacio profundo.

Es notable el contraste entre los intentos de Occidente para preservar el status quo y la construcción de un nuevo mundo por parte de China. El primero considera que periodo poscrisis de 2008 puede ser una copia de la situación pre-crisis, la última prevé un futuro que será cada vez más ajustado a sus intereses e intenciones. Como nunca antes, globalización rima con sinización.

A diferencia del Sueño Americano, el Sueño de China no puede ser una narrativa de pura novedad, es la imaginación de un futuro mejor con el recuerdo de 4000 años de historia, un movimiento de renacimiento - concepto usado a menudo por Xi - expresado en la visión de la "China Civilizadora".

En la arquitectura, el diseño, la moda y en las artes, se está imponiendo poco a poco una renovada estética china, desde el té a la caligrafía, se han revitalizado los sabores y formas chinas. La apertura
del País del Medio no es la dilución de China en un orden centrado en Occidente, sino que es la reafirmación del carácter chino y, por tanto, la entrada en un mundo multipolar.

La "China Civilizadora" tiene como objetivo reinventar la cultura clásica china, pero también es la reinterpretación de los conceptos tradicionales. Al tiempo que el crecimiento cuantitativo está transformando la vida de los chinos, la armonía se ha convertido en el imperativo de tener en cuenta el factor medioambiental, la llamada a mantener el equilibrio entre el desarrollo material y la sostenibilidad.

El progreso, la paz y la armonía son los principios que dan substancia a la "China Moderna", la "China Global" y la "China Civilizadora".

En lo que puede interpretarse como una coincidencia, pero también como una reveladora sincronización, la primera dama de China, Peng Liyuan, se ha convertido en un símbolo de la confianza de China. La correspondencia entre el mensaje, el Sueño de China, y el medio, la Primera Pareja de China, la década de Xi Jinping también ha comenzado desde Moscú a Bali, a través de Sunnylands, con una clase magistral en comunicación global.

Pero es referente a Taiwan en lo que el año 2013 podría haber sido altamente significativo. Cuando,  en la Cumbre de la APEC, Xi se reunió con un enviado taiwanés de alto nivel, Vincent Siew, indicó explícitamente a la isla y al mundo que su década también podría marcar el fin de la división política china.

Si el genio político de Deng Xiaoping fue el origen del "Un País, Dos Sistemas", de Hong Kong, Xi Jinping está idealmente posicionado para diseñar un marco que tenga en cuenta las especificidades de la cuestión de Taiwán. Después de pasar 17 años ​​en Fujian, culturalmente un espejo de Taiwán, de los cuales estuvo tres años en Xiamen, fronterizo con el archipiélago de Jinmen administrado por la República de China, Xi ha obtenido comprensión verdaderamente única de la dinámica económica y política de Taiwán.

Él tuvo con certeza muchas ocasiones para reflexionar acerca del histórico Sueño de China de la integración y de meditar sobre el inicio de la inmortal novela Los Tres Reinos, de Luo Guanzhong: "El mundo bajo el cielo, después de un largo período de división, tiende a unificarse, después de un largo período de unión, tiende a dividirse".

David Gosset es director de la Academia Sinica Europaea en China Europe International Business School (CEIBS) de Shanghai, Pekín y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

 

 

04 junio, 2013 | 11:17

EE.UU. y China aún están en condiciones de controlar su destino nacional. Los mercados financieros transnacionales, las fluctuaciones de los precios del petróleo, el gas o los alimentos, las limitaciones de orden geopolítico multipolar repercuten en sus economías pero no pilotan sus políticas. En mundo globalizado, ellos accionan mientras que los demás reaccionan.

Es evidente la vital importancia de sus relaciones bilaterales, mientras que los predecesores de Xi Jinping, Jiang Zemin y Hu Jintao, hicieron su primer viaje a los EE.UU. varios años después de convertirse en los líderes de China, Barack Obama dará la bienvenida a su nuevo homólogo chino sólo tres meses después del cambio de poder en Pekín.

Los dos estadistas se encuentran en un momento histórico, ya sea por una rivalidad creciente alimentada por sentimientos populistas o por la búsqueda de un nuevo paradigma que diera cabida a la redistribución del poder mundial, o bien sea por miedo y la perspectiva de un conflicto o por un esfuerzo constructivo de protección contra la locuras de la guerra.

Los dos hombres más poderosos del planeta no se reunirán en una capital política sino en Sunnylands, la finca Annenberg en el desierto de California, no quedan para preparar negociaciones sino para un retiro de dos días que contribuya positivamente a un profundo intercambio de ideas y química interpersonal, el componente intangible, pero esencial, de la política mundial.

Corea del Norte, las relaciones entre China y sus vecinos del Este y el Sur del Mar de China, la ciberseguridad, Irán, Siria y Oriente Medio, Asia Central, los efectos de la crisis económica de 2008, el cambio climático, son cuestiones que ocuparán la atención de los hombres de Estado, pero, a largo plazo, lo que realmente importa es afrontar la brecha de percepción que caracteriza su relación y definir una magna visión común para el futuro.

El lado americano necesita demostrar que el giro a Asia de  los EE.UU. no es sinonímico con la contención de China.  Reafirmando que EE.UU. celebra el renacimiento de China y está dispuesto a profundizar la cooperación con Pekín  sin prejuicios ideológicos, Barack Obama disiparía los recelos chinos y contribuiría a establecer un clima de confianza.

La Asociación Trans-Pacífico (TPP), que no incluye a la República Popular China, se suma a la confusión creada por el giro estadounidense en Asia. Igual que el estudio Estados Unidos-China 2022: Relaciones Económicas en los Próximos 10 Años demuestra que el potencial de las relaciones comerciales chino-estadounidenses es enorme, indicios de que un Tratado de Libre Comercio entre las dos economías más grandes del mundo pudiera convertirse en una realidad pondrían la relación en un curso constructivo 

La mutua tranquilidad requiere que Xi Jinping presente la visión de que la reemergencia de China no conlleva el declive de Occidente.  Aunque el retorno de China a la centralidad requiere sin duda una nueva articulación entre los dos países del Pacífico, eso no contradice necesariamente los intereses estadounidenses a largo plazo, los EE.UU. pueden mantener buenas relaciones con Taiwán, Japón, Corea del Sur, Vietnam o Filipinas, pero es con el País del Medio con el que puede trabajar Washington por la seguridad y el desarrollo del mundo.

Entre una bipolaridad antagónica y una inverosímil integración política en todo el Pacífico, China y los EE.UU. pueden imaginar un camino intermedio, una combinación de competencia y cooperación que pudiera dar lugar a lo que Henry Kissinger llama al final de su libro sobre
China
, una comunidad del Pacífico.

A pesar de la aparente división chino-estadounidense en muchos asuntos, Xi y Obama están unidos por dos realidades fundamentales. En primer lugar, la modernidad occidental es totalmente compatible con el renacimiento de China, el laicismo, la igualdad entre hombres y mujeres, la creencia en el progreso social y económico son el núcleo fundamental de las sociedades china y occidental.

En segundo lugar, mientras que los EE.UU. y China siguen siendo, hasta cierto punto, los dos últimos estados realmente soberanos en medio de poderosas fuerzas globalizadoras, la magnitud de los desafíos a la seguridad y el desarrollo del siglo XXI superan su capacidad para enfrentarse a ellos en solitario, ni una Pax Americana ni una Pax China pueden garantizar que el sistema multipolar de hoy no degenere mañana en un desorden global.

En el retiro en Sunnylands, el Sueño de China y el Sueño Americano pueden entrecruzar fertilidad, lejos de ser excluyentes pueden ser los catalizadores de un Sueño Mundial, de una inspiradora visión del equilibrio entre Oriente y Occidente, de la unidad y la diversidad, del progreso y la sostenibilidad. 

Al final de su encuentro californiano Xi Jinping y Barack Obama no tienen que llegar a ningún acuerdo específico, pero, conscientes de un sentido de responsabilidad global compartida,  pueden proclamar al mundo: "Nosotros tenemos un sueño."

David Gosset es director de la Academia Sinica Europaea en la China Europe International Business School (CEIBS) de Shanghai, Beijing y Accra, y fundadordel Foro Euro-China.

 

23 mayo, 2013 | 15:15

David Gosset, uno de los occidentales que lee en la actualidad con mayor conocimiento de causa, profundiad, y luces largas la situación china, habla en su último artículo sobre la apertura, dinamismo y confianza que se reflejan en símbolos como Peng Liyuan, nueva primera dama de China. Un país que, según esta visión refleja progresión y mantiene la esperanza de ir más allá.
David Gosset reincide en este artículo en una idea eje de su discurso desde hace varios, y es la del papel de China no como mero receptor, sino como actor que da forma al mundo hacia el que nos movemos. Una influencia que se da de forma diferenciada a la actual y donde otro símbolo, los consecutivos viajes a China del primer ministro israelí y del presidente palestino, ayuda a subrayar.
Nos dice Gosset que las llamadas a equilibrio y sostenibilidad ya son imperativo a tener en cuenta en China, lo que sorprenderá a los que desde nuestros medios se aproximan a la realidad de este país, y lo que comparte el que teclea esta reseña introductoria.

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Después de convertirse en presidente de China en marzo de 2013, Xi Jinping visitó Rusia y tres países africanos, su segundo viaje al exterior le llevará a Trinidad y Tobago, Costa Rica, México y EE.UU.

Cuando Kamla Persad-Bissessar, la primera mujer que ocupa el puesto de primer ministro en la República de Trinidad y Tobago, anunció oficialmente el evento, mencionó el Sueño Chino pero, en una interesante asociación, añadió que Peng Liyuan, primera dama de China, acompañaría a Xi durante su gira americana. En la década de Xi Jinping, la primera pareja de China funciona como vehículo de un mensaje de confianza, apertura y dinamismo.

Mientras Occidente parece preocupado por preservar un orden mundial obsoleto, China impulsa la construcción de un mundo nuevo. El primero espera que el período pos-crisis sea similar a la situación pre-crisis, la última anticipa un futuro que estará cada vez más ajustado a sus intereses e intenciones.

Concepto y proyecto, definición y disposición de una nación en un siglo de cambios, el Sueño Chino de Xi Jinping puede mostrar, como un tríptico, las visiones de la "China Moderna", la "China Global" y la "China Civilizadora".

La "China Moderna" es el reconocimiento de los logros conseguidos desde la República de Sun Yat-sen, y también la esperanza de mayor progresión aún. 

Mientras el desarrollo económico y la transformación socio-política de la China post-imperial sacó a centenares de millones de la pobreza, liberó a las mujeres chinas - "Las mujeres sostienen la mitad del cielo", dijo Mao Zedong - y aumentó la esperanza de vida para todos - 41 años en 1950, ahora 76
-,  el esfuerzo de  "reforma y apertura", de Deng Xiaoping, sigue siendo un catalizador de progreso a lo largo y a lo ancho de la sociedad china.

Internamente transformada durante más de 100 años de modernización, la "China Global" se ha convertido en el más importante factor de cambio de mundo. En una nueva versión de la dinastía Tang, el País del Medio está absorbiendo ideas y prácticas foráneas, pero también se proyecta a nivel global con concienciación de que la interdependencia y la cooperación caracterizan el siglo XXI. En el Sueño Chino, la paz para la "China Global", lo mismo que el progreso para la "China Moderna", son una realidad y un ideal.

La afirmación de la "China Global" llega sin ningún tipo de espíritu misionero, su horizonte no es la hegemonía o incluso el liderazgo, sino la vuelta a la centralidad de el País del Medio

Cuando Pekín acogió recientemente al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu pisando los talones del presidente palestino Mahmoud Abbas y emitiendo públicamente una propuesta de cuatro puntos para la paz entre Israel y los palestinos, el País del Medio, asumiendo el papel de mediador, mantuvo efectivamente  una posición de centralidad.

En contraste con el Sueño Americano, el Sueño Chino no puede ser una narrativa de pura novedad, se trata de un futuro con memoria de 5.000 años de historia, un movimiento renacentista expresado en la visión de la "China Civilizadora". 

En arquitectura, diseño, moda y en las artes, se está imponiendo poco a poco una renovada estética china, desde el té a la caligrafía, los sabores y las formas chinas se han revitalizado. 

La "China Civilizadora" ambiciona reinventar la cultura clásica china, pero también es reinterpretación de las nociones tradicionales. Si bien el crecimiento cuantitativo está transformando la vida de los chinos, la armonía ha convertido en imperativo tener en cuenta el factor ambiental, la
llamada a mantener el equilibrio entre el desarrollo material y la sostenibilidad. Si el Sueño Chino indica más una ambición colectiva que una aspiración individual, y, en ese sentido, la traducción de Zhongguo Meng por Sueño Chino podría inducir a error, los ciudadanos chinos ya han reconocido las vivas expresiones de su metamorfosis nacional. 

En lo que puede interpretarse como una feliz coincidencia, pero también como una reveladora sincronía, la primera dama de China, Peng Liyuan, o lo que el ciberespacio chino llama Estilo Liyuan - Liyuan Feng - es el símbolo del espíritu del país. 

Perfectamente a gusto con los dignatarios extranjeros, embajadora de un revitalizado carácter chino , moderada, la Primera Dama de China se sitúa en la intersección de la "China Moderna", la "China Global" y la "China Civilizadora", una reminiscencia de Soong Ching-Ling, esposa de Sun Yatsen, y Soong May-Ling, la esposa de Chiang Kai-shek, es el nuevo rostro del Sueño Chino.

Con correspondencia entre el mensaje, el Sueño Chino, y el medio, la primera pareja de China, la década Xi Jinping se inicia con una clase magistral de comunicación a gran escala.

David Gosset es director de la Academia Sinica Europaea en la China Europe International Business School (CEIBS) de Shanghai, Beijing y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

Enlaces introducidos, para ilustración, durante la traducción y sin permiso expreso de su autor. 

20 marzo, 2013 | 13:25

(por David Gosset)

La sincronía entre el voto a favor de Jorge Mario Bergoglio como el 266º Papa de la Iglesia Católica Romana y la elección de Xi Jinping como nuevo presidente chino, invita a reflexionar sobre las singulares interacciones entre China y el Vaticano. 

El país más poblado del mundo, la República Popular de China (PRC), y la Ciudad Estado del Vaticano, el miembro más pequeño de la ONU, no tienen relaciones diplomáticas, lo que resulta una anomalía y menoscabo para ambas partes. La Santa Sede es una de las 23 entidades soberanas que reconocen a la República de China, y no a la República Popular China (PRC). 

Tanto la Iglesia Católica, con 1,2 millones de seguidores, como China, con 1.300 millones de habitantes, se beneficiarían de la normalización de sus relaciones. Y tal acercamiento sería símbolo de una comunidad internacional más cohesionada. 

Sin embargo, será difícil romper el status quo actual. Los dos nuevos líderes tienen enormes problemas internos que resolver, además del encontronazo en curso sobre el nombramiento de los obispos católicos de China continental. 

Aun siendo determinantes los evidentes factores de la inercia, hay también nuevos factores que podrían influir en las relaciones entre China y el Vaticano. 

Los orígenes latinoamericanos del Santo Padre le hacen singular entre los sucesores de San Pedro. En un mundo caracterizado por la multipolaridad y la creciente importancia de las relaciones Sur-Sur, sus antecedentes argentinos le son propicios para un enfoque más perspicaz hacia el mayor país en desarrollo del mundo. Es China, después de Brasil, el segundo socio comercial de Argentina.

Podría decirse que es más significativo, como el primer miembro de la Compañía de Jesús que guía a la Iglesia Católica, Francisco está familiarizado con el tradicional papel de los jesuitas como puente entre China y Europa. 

Los intercambios de los jesuitas con la clase culta confuciana fue muy productiva durante 150 años, aunque, a raíz de la disputa entre los católicos sobre la aceptabilidad de los ritos chinos, la China imperial y la Iglesia entraron en una larga fase de desconfianza. 

Después de la elección del cónclave, el gobierno chino felicitó al nuevo Papa y pidió al Vaticano que fuera "práctico y flexible", que son dos reconocidas cualidades de los jesuitas.  

También evoluciona la forma en que Beijing contempla la religión.

Yu Zhengsheng, miembro del Comité Permanente del Buró Político del Comité Central del PCCh y presidente del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Popular de Política de China, habló a finales de enero sobre los círculos religiosos y creyentes como "fuerza positiva" en la China de hoy.

El éxito, la confianza y la apertura del país están creciendo y, para 2020, a medida que China se convierta en la principal economía del mundo, su nivel de integración con el mundo, sin precedentes, tendrá un impacto positivo de sus relaciones con el Vaticano. 

A corto plazo, la presencia del máximo líder de Taiwán, Ma Ying-jeou, en la misa inaugural del pontífice complica la ecuación entre Pekín y la Curia romana. Pero Xi y Francisco sabrán cómo enfocar con paciencia la dinámica a largo plazo. 

Se trata de una serie de gestos, símbolos y "pequeños pasos" que crearán un clima favorable conducente a la normalización. 

La acción de canonización del jesuita Matteo Ricci, famoso sinólogo,  y su amigo chino Xu Guangqi sería a la vez inspiradora y útil. La amistad entre estos dos académicos extraordinarios sigue siendo el ejemplo perfecto de lo que puede lograrse cuando lo mejor de la tradición occidental cruza su fertilidad con la sabiduría china.   

Los jesuitas y sus interlocutores chinos mostraron el singular valor de los intercambios intelectuales y espirituales, con su mutua comprensión enriquecieron y humanizaron el mundo, reabriendo los contactos entre la Iglesia católica y China. 

Francisco y Xi podrían no sólo revivir uno de los momentos más significativos del diálogo entre civilizaciones sino que, además, podrían contribuir a la solidaridad y la unidad de la humanidad. 

El autor es director de la Academia Europaea Sínica en la China Europe International Business School, Shanghai, Beijing y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

 

17 marzo, 2013 | 14:24

En referencia a las relaciones entre China y Occidente, se cita con frecuencia la perspicacia del historiador griego Tucídides sobre el conflicto del Peloponeso: "el ascenso de Atenas y la alarma que inspiró en Lacedemón hizo inevitable la guerra".

En el contexto de la política global del siglo XXI – conforme se reafirma el renacimiento chino como el principal factor del cambio mundial – la aprensión que esto genera alrededor de China y, más allá, en Occidente, tiene que ser derrotada antes de que induzca a las locuras de la confrontación.

Con motivo de la primera visita al exterior de Xi Jinping, como el Presidente de la República Popular de China, un viaje organizado en torno a una reunión en Moscú con el presidente ruso, Vladimir Putin, y la 5ª Cumbre de los BRICS en Sudáfrica, mientras que los observadores insistirán sin duda en el ascenso colectivo del mundo no occidental, el nuevo líder chino también podría utilizar este momento de expectación internacional para enviar mensajes a largo plazo sobre cooperación e inclusividad válidos para hacer frente a la creciente ansiedad occidental. Cualquiera que sea el itinerario, el viaje inaugural de Xi al extranjero, al contrario de ser causante de disensión, debiera representar el más fuerte respaldo posible para una comunidad internacional más cohesiva.

Hace diez años, Rusia fue también el primer destino extranjero del presidente chino Hu Jintao, pero en el plazo de una década la distribución mundial de la energía se ha modificado profundamente, y Xi Jinping gobierna un renovado "País del Medio" en un sistema multipolar en el que las interacciones Sur-Sur tienen tanta importancia como las relaciones Norte-Norte.

Al comienzo de la era de Hu, la economía combinada de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) era de 2,4 billones de dólares o el 20 por ciento de la economía estadounidense, hoy día  Xi Jinping opera en un mundo donde la economía de los BRICS -- 14,7 billones de dólares -- es casi igual al PIB de los EE.UU.

La dinámica del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas también está afectada por la evolución del peso relativo de sus cinco miembros permanentes. Hace diez años, la suma de las economías estadounidense, francesa y británica era más de 10 mayor que la del bloque económico chino-ruso, en la actualidad es sólo dos veces mayor, y los estrategas chinos y rusos son muy conscientes de que en 2020 los dos grupos tendrán un valor económico equivalente.

En la introducción del libro  Auge y Caída de las Grandes Potencias, el académico británico Paul Kennedy resucita a autor austriaco del siglo XVII, Philipp von Hörnigk: "el hecho de que una nación sea hoy poderosa y rica o no lo sea, no depende de la abundancia o seguridad de su poder y sus riquezas, sino sobre todo de si sus vecinos poseen más o menos que ella".

Si es obvio que el poder integral de Occidente ha disminuido en comparación con la rápida subida de otros, según muchos indicadores, sigue siendo constante o incluso acrecentado en términos absolutos.

Sin embargo, a pesar de las fortalezas y capacidades de Occidente, su disminución comparativa de poder genera una percepción de decadencia y un miedo irracional de China evocador del sombrío patrón descrito por Tucídides.

El tranquilizador principio chino del "ascenso pacífico" indica que Beijing no ignora los riesgos inducidos por tal percepción occidental, pero ese miedo sólo puede ser contenido mediante una persistente política exterior de integración y, más allá, entrando en una sustancial cooperación con Occidente.

En un siglo marcado por la creciente complejidad e interdependencia, el mejoramiento de los unos no iguala la regresión de los demás, y, lejos de ser un juego de suma cero, la convergencia económica y la coordinación global pueden traer más seguridad y prosperidad para todos. 

En su informe al 18º Congreso del Partido Comunista Chino, Hu Jintao declaró: "Debemos desarrollar la conciencia sobre los humanos compartiendo un destino común".

Xi Jinping tendrá que mostrar al mundo la magnitud de las benevolentes intenciones de China, el significado concreto de la universalidad de su país y, desde Moscú o Durban, tratar el sentimiento de temor de Occidente.

David Gosset es director de la Academia Europaea Sínica Europea en la China Europe International Business School (CEIBS) de Shanghai, Beijing y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

 

01 febrero, 2013 | 20:08

Según el artículo, si Alexis de Tocqueville hubiera encontrado en la China actual una fuente de importante estímulo intelectual. "debería considerarlo como una gran desgracia para la humanidad si la libertad fuera a existir en todo el mundo bajo las mismas formas". 

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El Antiguo Régimen y la Revolución (1856), escrito por el pensador francés Alexis de Tocqueville (1805-1859), es ahora un éxito de ventas en China, un fenómeno que puede explicarse, al menos, por tres razones obvias.

En primer lugar, el libro publicado bajo Napoleón III es la segunda obra maestra de un "genio de la percepción", "una inteligencia organizada para la penetración intelectual casi perpetua", en palabras de Joseph Epstein. El filósofo político germano-estadounidense Leo Strauss, acerca de de su primera obra maestra La democracia en América (1835) comentó que "jamás se ha producido después ningún libro comparable en amplitud y profundidad".

En segundo lugar, si el Antiguo Régimen y la Revolución es uno de los mayores análisis de un acontecimiento histórico clave, la Revolución Francesa, también contiene sabiduría intemporal. Mientras una gran cantidad de literatura pretende anticipar el estado futuro del mundo, la lucidez de  Tocqueville es sobria: "Los filósofos y estadistas pueden aprender una valiosa lección de modestia de la historia de nuestra Revolución, porque nunca hubo eventos mayores, mejor preparados, más maduros, y sin embargo, tan poco previstos"(libro I, cap. 1).

En tercer lugar, algunas observaciones del Antiguo Régimen tienen para los lectores chinos de hoy en día un cierto grado de relevancia. En el capítulo de la relativa prosperidad económica del reinado de Luis XVI, Tocqueville nos recuerda que "las revoluciones no siempre son provocadas por una gradual disminución de mal en peor", y, establece también que, "Aunque el rey utilizó el lenguaje de un maestro, en realidad era el esclavo de la opinión pública"(Libro III, cap. 4).

Sin embargo, sería erróneo - y ciertamente no Tocquevilliano - inferir de estas aparentes similitudes que China estaría al borde de grandes convulsiones políticas.

Siguiendo los pasos de Aristóteles y Montesquieu, Tocqueville, siendo plenamente consciente de la importancia de los contextos histórico-culturales, para concluir su investigación sobre las causas de la Revolución Francesa se refiere a la singularidad del país que la generó: "Cuando examino esa nación en sí, no puedo evitar el pensamiento de que es más extraordinaria que ninguno de los eventos de su historia "(Libro III, cap. 8).

Aún más importante, las características que rodean la ruptura socio-política, que es la materia del Antiguo Régimen, sólo tienen una resonancia superficial en la China posterior a Deng Xiaoping, no son precursoras de cataclismos venideros sino que funcionan como un marco para comprender mejor el pasado reciente de China.

Tocqueville no era el mero reportero de las subidas y bajadas de las vicisitudes políticas, conceptualizó la transición entre dos mundos, la caída de los valores aristocráticos y el aumento de la igualdad, una profunda transformación cuya dramática dinámica ha sido bellamente captada por Leopard (El Gatopardo) de Lampedusa.

Lo que, en su prefacio al Antiguo Régimen, Tocqueville llamó las "tres verdades", ofrece una retrospectiva de la China del siglo XX. La China republicana sin duda ha sido testigo de la destrucción de la aristocracia china - la primera "verdad" - y del establecimiento de la igualdad de condiciones entre los individuos, que es la marca de una sociedad democrática.

Pero las otras dos "verdades" que coexisten con la inevitabilidad de la ruina de la aristocracia, se manifestaron asimismo en el entorno chino: sin aristocracias el despotismo se impone con mayor facilidad, y el "despotismo nunca puede ser tan dañino" como en sociedades de esta naturaleza. 

En el Antiguo Régimen, Tocqueville advirtió: "No vacilo en afirmar que el nivel normal de los corazones y las mentes nunca podrá caer tan bajo como cuando se combinan la igualdad y el despotismo". Teorizó aquello en que, en el contexto chino, se convertiría la tragedia de la revolución cultural, el despotismo sin control sobre los individuos iguales pero aislados, el mandato de un emperador sin la jerarquía imperial, los ritos y costumbres para canalizar y moderar su dominio.

Si bien en El País del Medio la actual popularidad del Antiguo Régimen no debe interpretarse como la inminencia de una nueva revolución china, no hay que dejar de reflexionar en medio de una globalización ecualizadora sobre las mejores maneras de preservar la libertad.

Tocqueville entendió los principios y las consecuencias de una era democrática, se ajustó a un mundo donde "todo cambia pero nada se diferencia", pero vivía con la nostalgia de los valores aristocráticos, con un anhelo conmovedor por un mundo en el que "nada cambia, pero todo es diferente . "

En La democracia en América, mientras describe el nuevo pero monótono espectáculo de la homogeneidad social, sigue afirmando su preferencia por la diferencia: "Estoy muy lejos de pensar que debemos seguir el ejemplo de la democracia norteamericana, y copiar los medios que se han empleado para alcanzar sus objetivos... debería considerarlo como una gran desgracia para la humanidad si la libertad fuera a existir en todo el mundo bajo las mismas formas "(libro 1, cap. 17).

Cuando el El País del Medio se encuentra atraído por la incisividad de Tocqueville, no hay duda de que los esfuerzos de la China del siglo XXI por inventar nuevas formas de modernidad política hubieran sido para el aristócrata francés una fuente extraordinaria de estimulación intelectual.

David Gosset es director de la Academia Europaea Sínica en el China Europe International Business School (CEIBS) de Shanghai, Beijing y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

13 enero, 2013 | 09:27

Volvemos en estas líneas a las luces largas de David Gosset, quien adopta una perspectiva global e histórica para poner en contexto los sucesos del día a día. Gosset presenta en este artículo un mundo en cambio hacia una multipolaridad con un papel central de China, país que ha conseguido, pese a pronósticos que preveían dificultades para ello, un gran crecimiento de su economía sin una disrupción a nivel político. Dicha centralidad es compatible con el papel de primero entre iguales que se reserva a Estados Unidos. 

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"Tendencias Globales 2030", un documento muy publicitado producido por el Consejo Nacional de Inteligencia de EE.UU., reconoce en su quinta edición que uno de sus principales retos es una mejor estimación de la velocidad del cambio: "las anteriores Tendencias Mundiales previeron correctamente la dirección de los vectores: ascenso de China, declive de Rusia. Pero el poder de China ha aumentado considerablemente más deprisa de lo esperado".

De hecho, en el año 2000, los autores de “Tendencias Mundiales 2015” especularon de manera espectacular sobre el futuro de China: "Actuando contra las aspiraciones de China para sostener su crecimiento económico manteniendo su sistema político, hay una serie de presiones políticas, sociales y económicas, que cada vez desafían más la legitimidad del régimen, y quizás su supervivencia”.

Obviamente, el informe sobreestimó las debilidades de Pekín. Desde su publicación, la economía china se multiplicó por  ocho y se llevaron a cabo dos relevos - 2002 y 2012 – en la cúspide del poder en el país más poblado del mundo.

Mientras los últimos 10 años vieron el final de un orden mundial centrado en Occidente, la próxima década dará forma a un sistema multipolar en el que el "Mediterráneo asiático" - la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) +3 (China, Japón y Corea del Sur) - afirmará su importancia.

En este nuevo ambiente, sin ninguna hegemonía y caracterizado por un enorme auge de los mercados financieros Sur-Sur y las relaciones comerciales y culturales, Occidente, China, América Latina, el mundo musulmán y otros, comparten la responsabilidad de gestionar un planeta hacinado e interconectado en el que las oportunidades para el progreso de la humanidad son tan grandes como los peligros que la amenazan.

Para el Premio Nobel de la Paz de 2012, la Unión Europea (UE), todavía el mayor bloque económico del mundo, 2013 será otro año de turbulencias, como la incertidumbre política en Italia y también la complicación en España de una ya frágil situación financiera y económica. A pesar de la adopción del Mecanismo Europeo de Estabilidad y el esfuerzo colectivo para superar la crisis de la deuda, un crecimiento del 0,2% en la zona euro no será suficiente para combatir el 11,7% de desempleo. 

Afrontando elecciones en el otoño, la canciller alemana Angela Merkel no está en condiciones de apoyar las políticas que podrían generar crecimiento en el continente, por el contrario, para obtener el apoyo en su país tendrá que pedir más rigor y disciplina dado que, como advirtió en su discurso de Año Nuevo, "el ambiente económico no será más fácil sino, de hecho, más difícil el próximo año."

A pesar de que el euroescepticismo es más elocuente en los 27 miembros de la UE, el largo camino hacia la integración política del continente europeo parece irreversible, la mayoría de los ciudadanos de la UE acepta la idea de que mediante la gradual transferencia de su soberanía a una entidad supranacional, los países europeos mantienen un cierto nivel de influencia en un mundo de gigantes. 

Mientras Irlanda asume la Presidencia del Consejo de la UE, es el momento para meditar - sobre todo en París, Londres y Berlín - sobre las ideas de Jonathan Swift sobre el poder y la dimensión, Lemuel Gulliver era poderoso entre las miniaturas de Lilliput pero sin autoridad en Brobdingnag, el reino de lo extragrande.

Los resultados de las últimas elecciones en Cataluña, como también en los Países Bajos, muestran que a pesar de las tentaciones nacionalistas los europeos consideran que su unión se ha convertido en una condición necesaria para la relevancia política del viejo continente.

En los próximos meses, para evaluar la situación actual del proyecto de integración, será interesante ver si Polonia, el único país de la UE que evitó una recesión durante la crisis económica 2008-09, se mueve, como defendió su Primer Ministro Donald Tusk, para acelerar su entrada en la zona euro.

Al otro lado del Atlántico, la segunda administración Obama asume el cargo en medio de una débil recuperación, la Perspectiva Económica Mundial del Fondo Monetario Internacional predice un crecimiento de 2,1% en 2013 frente al 2,2% en el último año.

La deuda pública sigue siendo para Washington una carga enorme, el "abismo fiscal" fue evitado en las últimas horas de 2012, pero la vitalidad demográfica de EE.UU., el vigor de sus negocios  - del listado Fortune Global 500, a EE.UU. pertenecen 132 referencias -, sus capacidades globales diplomática y militar, el atractivo de sus principales centros formativos y una revolución energética - la fiebre del esquisto - son todos ellos sólidos fundamentos de la potencia americana.

En ese contexto, "Tendencias Globales 2030 (Global Trends 2030)", explica que "lo más probable es que EE.UU. seguirá siendo 'primero entre iguales' entre las otras grandes potencias". El uso de la expresión "primero entre iguales" es estimulante, simultaneidad de esfuerzo de conceptualización y establecimiento de la agenda, pero también debe advertirse  que en la psicología social el "efecto primus inter pares" describe un sesgo cognitivo, también conocido como la superioridad ilusoria, que hace que la gente sobreestime sus fortalezas y sistemáticamente subestime sus deficiencias.

Los resultados inciertos de la Primavera Árabe en Libia, Siria, Egipto y también Túnez, añaden tensiones en un Oriente Medio que, sin una solución definitiva al trágico conflicto palestino-israelí, está condenado a los disturbios. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu está a punto de ganar una elección parlamentaria a finales del mes, pero la popularidad del partido de extrema derecha - Hogar Judío de Naftali Bennett - no facilitará las relaciones con los palestinos y con Irán.

En una región marcada por la volatilidad, el resurgimiento de Turquía es un fuerte factor de estabilidad y una fuente de esperanza. Hasta cierto punto, la dinámica del "País del Medio" de Eurasia  - Turquía – refleja, a menor escala, los cambios del "País del Medio" del mundo – China -.

Establecida hace sólo 90 años por Mustafa Kemal Atatürk, el éxito de la República de Turquía señala a 1,6 millones de musulmanes que el Islam es compatible con la modernidad. Mientras el país, de 74 millones de habitantes, creció a un ritmo promedio del 5,1% en la última década, su liderazgo en torno al popular Recep Tayyip Erdoğan ha sido capaz hasta ahora de encontrar un nuevo equilibrio entre el neo-otomanismo y la prudencia kemalista. En la cuestión kurda y también en la nueva ecuación de Siria el mismo sentido del equilibrio requiere que Ankara no debilite su posición.

Estambul, la capital de tres imperios, es una ciudad global del siglo XXI, un centro de operaciones en medio de una macro-región que se extiende desde los Balcanes hasta Asia Central y del Cáucaso a la Península Arábiga. En el otoño, el Comité Olímpico Internacional anunciará si los Juegos Olímpicos del Verano de 2020 se llevarán a cabo por el Bósforo -- Madrid y Tokio son los dos otros candidatos.

El inmenso continente africano y sus 54 países es una tierra de contrastes y diversidad sin igual - entre los 166 millones de personas que viven en Nigeria hay más de 250 grupos étnicos. Mientras que en el Sahel, en la República Democrática del Congo y en la República Centroafricana, la inestabilidad se erige como un grave obstáculo en el camino hacia el desarrollo, los logros en Ghana, Angola, Mozambique o Sudáfrica dan cuerpo a la idea de un Renacimiento Africano desarrollado por el estadista africano Thabo Mbeki.

Con una población en rápido crecimiento – el 20% de la población mundial para el año 2050 - África puede contemplarse como la última frontera con un potencial único, pero el progreso en el continente está muy condicionado a una mayor integración interna y, en ese sentido, es de suma importancia el papel de Nkosazana Dlamini-Zuma, quien asumió el pasado Octubre el cargo de presidenta de la Comisión de la Unión Africana.

Con el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos del verano de  2016 acercándose, los medios de comunicación internacionales se centrarán en Brasil, un gigante que asegura la categoría de América Latina en el siglo XXI. Con un PIB superando al de Rusia o la India, la producción brasileña ya iguala las economías francesa o británica.

Brasil se asocia a menudo con los coloridos carnavales y la samba, pero también forman parte de la realidad brasileña algunas de las mejores universidades del mundo - la Universidad de São Paulo -,  la posiblemente más ambiciosa realización urbana del siglo XX - Brasilia -, polos de excelencia como Embraer, el Centro Nacional de Tecnología Electrónica Avanzada, o el Laboratorio Nacional Brasileño de Luz de Sincrotrón, y una diplomacia genuinamente autónoma.

Con el extenso poder de Brasil en aumento (de menos de 200 millones de habitantes en la actualidad, la población será de más de 250 millones en 2050), hay que apreciar también el dinamismo de los Tigres de América Latina o el Cóndor Andino: Colombia y Chile están creciendo rápidamente, mientras que Perú, la joya de los Andes, creció a un promedio del 6,4% desde 2002.

En el Lejano Oriente asiático, los analistas no deben dejarse engañar por las recurrentes disputas retóricas provocadas por la demagogia y el populismo. De hecho, el noreste de Asia está avanzando hacia una mayor integración mediante complejos polos industriales e interdependencia económica. En el primer semestre de 2013 los ministros de comercio de Japón, Corea del Sur y China comenzarán las negociaciones sobre un tratado trilateral de libre comercio.

Este año, el líder norcoreano Kim Jong-un cumplirá 30 años, y para un hombre que estudió en Suiza y que no puede ignorar las historias exitosas, incluyendo la ola mundial del "estilo Gangnam", que rodean su país, la apertura de Corea del Norte parece cada vez más inevitable.

Los signos de cambio son cada vez más obvios para el creciente número de visitantes de Corea del Norte, y el reciente trabajo del director de orquesta alemán Alexander Liebreich en Pyongyang es una reminiscencia del viaje a China de Isaac Stern en los años 80. Cuando Park Geun-hye se convierta oficialmente a finales de febrero en presidente de Corea del Sur, Seúl y Pyongyang podrían estar en condiciones de co-escribir un nuevo capítulo de la península de Corea, exactamente 60 años después de la firma del acuerdo de armisticio.

2013 será un año de elecciones en Malasia, y la carrera más reñida de historia del país, mientras Indonesia, la mayor economía del Sudeste de Asiático y miembro del G-20, prepara sus votaciones de 2014 para elegir al sucesor de Susilo Bambang Yudhoyono. El mundo malayo, su desarrollo económico y pluralismo político, es un importante laboratorio en el que coexisten el progreso y el Islam.

El Noreste y el Sudeste asiáticos se encaminan hacia una mayor cooperación económica en el marco de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) +3 (China, Japón y Corea del Sur) y, así, a la creación de una zona de prosperidad, un "Mediterráneo asiático", girando en torno a la conurbación Shanghai-Nanjing-Hangzhou en una configuración que, mutatis mutandis, sugiere las glorias de la dinastía Song.

El año pasado, el PIB conjunto del "Mediterráneo asiático" - la ASEAN +3 - alcanzó los 17,3 billones de dólares y se convirtió en el mayor espacio económico del mundo - el PIB de la UE fue de 16,4 billones de dólares, en 2012.

El nuevo eje de este mundo multipolar, sin duda mejor representado por el G-20 que por el G-8, y en el que las conexiones Sur-Sur tienen tanta importancia como las interacciones Norte-Norte, es el País del Medio.

Cuando Xi Jinping se convierta en marzo en  el presidente chino, tendrá, con una década entera de visibilidad estratégica, los medios para servir al pacífico renacimiento de su país y, en la cumbre en Rusia del G-20 a celebrar en 2013 en San Petersburgo, él será percibido como símbolo de un re-equilibrio geopolítico.

En 2020, tres años antes del final de sus dos períodos de mandatos quinquenales, China se convertirá en la mayor economía del mundo, adquiriendo Asia, un continente africano más cohesionado, América Latina, y también el Oriente Medio, otro nivel de desarrollo, un poco más lejos de la influencia occidental.

David Gosset es director de la Academia Europea Sínica en el China Europe International Business School (CEIBS) de Shanghai, Beijing y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

Enlaces añadidos en la traducción.

Traducido y publicado con autorización del autor.

26 octubre, 2012 | 09:37

El ascenso de China no tiene por qué ser un factor de división de la comunidad internacional - por el contrario, puede ser un catalizador para una aldea global más coherente. En el documento oficial publicado por la Oficina de Información del Consejo de Estado en septiembre de 2011, titulado "El Desarrollo Pacífico de China: La Interdependencia sin Precedentes Entre China y el Mundo", se destaca explícitamente: "China no puede desarrollarse en aislada del resto del mundo, y la prosperidad y estabilidad mundial no se puede mantener sin China".

El comercio, las finanzas, los negocios o el turismo son áreas en las que la proyección global de China está teniendo un impacto considerable, pero el esfuerzo de Beijing por el mantenimiento de la paz internacional, no bien conocido ni cabalmente apreciado fuera de China,  es una de las formas más prometedoras de la apertura del país al mundo, que ilustra la voluntad del país de ser un actor global responsable.

Cuando la República Popular de China se incorporó a las Naciones Unidas hace 41 años, se la observaba con gran suspicacia en las operaciones de mantenimiento de la paz. Poniendo el principio de la soberanía política por encima de otras consideraciones, la China maoísta rechazó las intervenciones en países extranjeros que supuestamente contradecían los principios de no injerencia y de coexistencia pacífica. 

Sin embargo, en 1988 Beijing entró en el Comité Especial de Operaciones de Paz a la vez que al sistema de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz. En 1992, China envió su primera compañía de ingenieros a Camboya y los soldados de China se convirtieron en un componente activo de las fuerzas de paz de la ONU, 10 años antes de que Beijing entrara en la Organización Mundial del Comercio (en 2001).

En abril pasado, dos décadas después de la intervención en Camboya, tuvo lugar una ceremonia en la provincia de Kompong Cham de Kingdom para rendir homenaje a Chen Zhiguo y Yu Shili, dos soldados chinos que murieron durante la misión inaugural de China de mantenimiento de la paz.

Desde el despliegue en el sudeste de Asia, la participación de China en el mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas se ha ampliado considerablemente. 2.000 "cascos azules" chinos están actualmente realizando tareas en 12 misiones diferentes – del total de 15 operaciones de  mantenimiento de la paz actuales. Durante los últimos 20 años, China ha participado en más de 20 misiones con envío de 20.000 soldados y observadores militares - desde [la creación], en 1948, del Organismo de Naciones Unidas para Vigilancia de la Tregua (UNTSO) en el recién creado estado de Israel, en todo el mundo ha habido un total de 67 operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.

Es ampliamente reconocido que por su profesionalidad, sentido de la inclusión e imparcialidad, los "cascos azules" que vienen desde el País del Medio sirven a los objetivos de la ONU con una eficacia única. Es en el continente africano donde el nuevo factor China podría tener un impacto más constructivo, Pequín no sólo es el socio comercial número uno del continente (con comercio bilateral por 166.000 millones de dólares en 2011), sino también el mayor proveedor de fuerzas de paz en África entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (P-5).

Cuando una falta de confianza entre el País del Medio y Occidente debilita peligrosamente la capacidad de la comunidad internacional para hacer frente a las crisis, la creciente implicación de Beijing en el mantenimiento de la paz constituye una oportunidad única para activar un diálogo entre China y Occidente en algunos de los más sensibles problemas de seguridad.

Fundamentalmente, un acuerdo general sobre la idea de que Pequín tiene que ser visto como uno de los co-artífices de la doctrina y la práctica de la paz del siglo XXI sería un avance significativo para el mundo. De las 17 agencias especializadas de la ONU, ninguna tiene su sede central en China, mas, en un esfuerzo por ajustarse a las nuevas dinámicas globales, tendría gran sentido tener Pequín como un nodo central de la red internacional de paz. El reordenamiento del poder mundial implica una nueva división de responsabilidades y una reorganización de la gobernanza global concebida después de la Segunda Guerra Mundial.

Ciertamente, tal ambición desafiaría el status quo. El útil Instituto de Entrenamiento en Operaciones de Paz (POTI), con sede en EE.UU., en su consejo de 9 miembros ni siquiera tiene un experto chino, mientras que el país más poblado del mundo es el mayor contribuyente de fuerzas de paz del P-5. Aun siendo obvio que no puede haber ninguna reflexión genuina sobre la mejora de la gobernanza mundial sin la participación de China, cuando, hace 12 años, el Secretario General de la ONU Kofi Annan pidió que un grupo de especialistas evaluara las deficiencias del sistema de mantenimiento de la paz y formulara recomendaciones para el cambio, el diplomático argelino Lakhdar Brahimi presidió un panel en el que el País Medio no tenía ningún representante. 

En 2009, el Ministerio de Defensa de China estableció en el norte de Pequín un centro de la ONU de entrenamiento en mantenimiento de la paz, este podría, como resultado de una estrategia coordinada, no sólo servir como una plataforma donde las tropas internacionales entrenaran y prepararan sus misiones específicas, sino presentarse también como una institución en donde podrían organizarse la investigación y la docencia sobre mantenimiento de la paz del siglo XXI. 

En la narrativa de la "amenaza china", el Ejército de Liberación Popular (PLA), retratado como una fuerza antagonista, es una fuente de miedo, un sentimiento que sigue estando en las palabras del estadista canadiense Lester Pearson, "el mayor enemigo de la paz", pero cuando el ejército chino coopera con otros ejércitos para proteger la vida y establecer las condiciones para el desarrollo socioeconómico, no sólo contribuye a reducir el nivel de desconfianza mutua, sino que también pone a las partes en el camino hacia la confianza estratégica.

David Gosset es director del Centro Euro-China de Relaciones Internacionales y Negocios CEIBS, Shanghai, Pekín y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

(Copyright 2012 David Gosset.)

 

29 agosto, 2012 | 06:22

En esta lectura, David Gosset se introduce en lo que observamos contradictorio en China. Casi todo. Es en ese contexto paradójico donde está tomando forma cierto sueño chino y se proyecta como tal hacia el futuro (y el pasado) en contraste con una Europa de mayor nostalgia por los tiempos vividos.

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Orden hierático y movimiento revolucionario, decoro imperial y fluidez, nostalgia y futurismo, introversión y apertura, la vigorosa renovación de China se manifiesta en una serie de paradojas.

China ni es una "hoja de papel en blanco" ni un monolito inmutable, sino un inmenso palimpsesto viviente en el que las narraciones más recientes cubren pero no borran los estratos que subyacen acumulados a lo largo de milenios.

Uno de los más significativos rasgos de la identidad china, el sistema de escritura chino, es al mismo tiempo  hipermoderno y antiguo, es el diseño de vanguardia y la paleografía, la firma de moda y una reliquia desconcertante.

Los europeos, a quienes les gusta ver en el País del Medio los elementos que reflejan su propio contexto cultural - diversidad interna, larga historia, las intrincaciones de las antiguas tradiciones -, remarcan las similitudes entre los dos extremos del continente euroasiático, aunque, por su espíritu emprendedor e infatigable optimismo, la China del siglo XXI comparte muchas similitudes con el tejido americano.

El clasicismo europeo, su sentido de moderación y proporción, resuenan en el Extremo Oriente, pero el mundo chino también está familiarizado con el ritmo y las dimensiones de América, el pulso del "Modern Man" celebrado por Walt Whitman palpita hoy día a lo largo del río Amarillo, en el Himalaya o a través del Taklamakan.

China valora el equilibrio y la moderación, pero su obsesión por la grandeza - da - es conmensurable con su extensión geográfica y el tamaño de su mega-sociedad, en otra rica paradoja, el punto de partida del confuciano Camino del Medio a menudo saborea, como Estados Unidos, la exaltación de lo ilimitado.

En ese sentido, China contiene el Viejo Mundo y el Nuevo Mundo, es una permanente tensión entre la presencia de un pasado inmemorial y un futuro infinitamente prometedor.

Algunas megalópolis chinas simbolizan esta fecunda dualidad. Zhengzhou, Xian, Nanjing o Pekín envuelven, a pesar de sus atributos contemporáneos, la memoria del país, los rascacielos de Hong-Kong, Shangai o Shenzhen se apresuran hacia lo desconocido.

En estas zonas urbanas, muchos jóvenes talentos son capaces de crear y navegar un ciberespacio con características chinas, pero al mismo tiempo, la generación china pos-90 utiliza la última tecnología de comunicación para discutir históricos cuentos wuxia de Jin Yong, en el universo de los chinos fanáticos de Silicon Valley, habitado por los Guerreros de Terracota.

China, como Jano, el dios romano de los comienzos  y los finales, tiene dos caras, una mira al pasado, la otra al futuro, esta dual orientación - retrospectiva y perspectiva - le permite relacionarse igualmente con las dos partes principales de Occidente, Europa y EE.UU.

Como cuna de la civilización del Lejano Oriente, el País del Medio ha desarrollado ciertamente estrechas afinidades con la cultura europea, pero como una nueva frontera para los negocios, la ciencia e incluso el arte, iguala la epopeya americana. A principios del siglo XX, Shanghai, el París de Oriente, exhibía en [el hotel] The Bund sus encantos europeos, la megalópolis del Yangtsé ahora evoca, con el horizonte de Pudong, la verticalidad de Nueva York.

Un "sueño chino" está tomando forma, mientras que, a pesar de la pacífica unificación de un continente que trajo la prosperidad a más de 500 millones de personas, la Europa del siglo XXI es incapaz de inspirar un "sueño europeo" general comparable al "sueño americano".

Europa a menudo está confinada en la imaginación del público a las formas de su pasado, lo que, en las palabras del historiador francés Pierre Nora, se ve como una colección de "lugares de la memoria".

La percepción externa de China se corresponde a su esencia híbrida: uno normalmente aprecia los logros históricos de China, pero, desde Brasilia a Addis Abeba, desde Canberra a Ottawa, China se percibe cada vez más como una tierra de nuevas fronteras donde los pioneros pueden expandir el horizonte. De China como Jano, ambos museo y camino abierto, se puede decir que es "Eumericano".

El "sueño chino" es a la vez la remembranza de la Gran Muralla, la Ruta de la Seda o la Ciudad Prohibida, y la esperanza de una nueva vida, la emocional evocación del pasado y la proyección asegurada dentro del futuro.

Sobre el palimpsesto chino, el futuro está echando raíces. En el poema La Nieve, Mao Zedong con 43 años de edad, después de una revisión sarcástica de los impotentes emperadores Qin Shihuang, Wudi Han, Tang Taizong y Taizu Song, anunció valientemente que "para los hombres verdaderamente grandes" uno tiene que "mirar a esta edad solamente".

David Gosset es director del Centro Euro-China de Relaciones Internacionales y Negocios CEIBS, Shanghai, Pekín y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

(Copyright 2012 David Gosset.)

 

25 junio, 2012 | 07:46

Las obligaciones profesionales han hecho inviable recientemente el acercamiento a esta página con la frecuencia que sería de desear. Es una pena que, por confidencialidad profesional, no se puedan compartir vivencias interesantes por China.

Regresamos con otro análisis de David Gosset. En este texto, Gosset se plantea, seguramente dentro de la dialéctica de "amenaza china como profecía autocumplida", la oportunidad del reciente giro a Asia por parte de Estados Unidos.

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Hace 13 años, Andrew W. Marshall, el más influyente estratega del Pentágono, avaló el informe "Asia 2025" en el que el escenario de sinergias sino-estadounidenses ni siquiera fue considerado: Una China estable y poderosa será un desafío constante al status quo en el Este de Asia, una China inestable y relativamente débil podría ser peligrosa porque sus líderes podrían tratar de reforzar su poder con el aventurismo militar fuera de sus fronteras.

El trágico ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, modificó la orientación de la política exterior de Estados Unidos durante una década, pero a medida que Washington sale de Irak y prepara la retirada del atolladero afgano, resurge la evaluación de Marshall sobre China y ofrece la base fundamental para el gran "giro a Asia"  de Barack Obama.

Si el razonamiento de Marshall fue tomado en serio por la gran mayoría de los analistas de Estados Unidos, cuando el PIB de China representaba sólo el 10% del producto interno estadounidense, tiene ciertamente una nueva resonancia en una situación en que la economía china se ha convertido en la mitad de la economía estadounidense . 

Sin embargo, la "vuelta a Asia" estadounidense, asumiendo que los principales desafíos a la seguridad nacional de los EE.UU. provienen de factores externos y no de deficiencias internas, puede ilustrar lo que Andrew J. Bacevich llama "nuevo militarismo estadounidense" pero no necesariamente sirve a los intereses a largo plazo del mundo occidental. Una desviación de lo que realmente importa, la solidez de las condiciones internas, es un lamentable corolario de esta política, "no es solo por la rapidez o la extensión de la conquista por lo que se debe estimar la grandeza de Roma", escribió Edward Gibbon en su Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano, "sino que el firme edificio de poder romano fue elevado y conservado por las viejas sabidurías... el principio general de gobernación era sensato, sencillo y benefactor" 

La crisis financiera mundial, causada por la arrogancia de Wall Street y una adicción nacional al crédito, ha acelerado la subida relativa de Pekín y adelantado en una década el que la economía china supere realmente el PIB de EE.UU., la última encuesta del Pew Global Attitudes Project llega a la conclusión de que China ya se percibe como la principal economía del mundo.

Según el Instituto, asentado en Washington DC, los puntos de vista sobre el equilibrio del poder económico han cambiado drásticamente en los últimos cuatro años: en 2008, antes de la quiebra de Lehman Brothers, el 45% de los encuestados mencionaba a los EE.UU. como superpotencia económica del mundo, mientras que el 22% mencionaba a China; en la actualidad, el 36% se refieren a los EE.UU. pero el 42% creen que China es la número uno. 

A pesar de la penetrante vituperación contra China, la burda tergiversación de la sociedad china y la diferencia entre los instrumentos estadounidense y chino de poder blando, es notable observar que en la percepción pública global los EE.UU. no lideran el mundo, al menos en el campo de los asuntos económicos. 

En términos más generales, China demuestra una habilidad única para moverse en un mundo de paradojas, donde la multipolaridad es concomitante con la interdependencia. En este entorno sin precedentes, la relevancia de la espectacular "vuelta a Asia" americana puede ser cuestionada, pero esta doctrina sin duda pone de relieve el evidente contraste entre una polarizada visión americana, en la que Pekín se enmarca como un poder a contener, y una China del siglo XXI que opera más allá de una excluyente oposición Este-Oeste. 

Antes de que el presidente de los EE.UU. Harry Truman organizara la contención de la URSS, George Kennan escribió en su famoso Telegrama Largo de 1946 que el estalinista Moscú "todavía vive en el antagónico cerco capitalista con lo que a la larga no puede haber una permanente convivencia pacífica". Si la estadounidense “vuelta a Asia" parte de la hipótesis de que Pekín podría optar por una postura antagónica, calcula mal las intenciones de Pekín, dado que el fondo y la extrema delicadeza de la estrategia global de Pekín es, precisamente, mantener la no confrontación. 

Por otra parte, el progreso socio-económico de China no debe considerarse como un amenazador desarrollo a confinar, el resurgimiento de China no debilita a los aliados asiáticos de Estados Unidos, sino que les ofrece fuentes adicionales de crecimiento. 

El año pasado, mientras el comercio entre China y Japón llegó a 342.000 millones dólares, los intercambios comerciales China-ASEAN aumentaron hasta los 362.000 millones de dólares. Los vínculos económicos de China  con Asia Central van en aumento y su comercio con Rusia y la India se aproximarán a los 100.000 millones de dólares en 2015.

Las incertidumbres en la economía mundial y la persistente turbulencia en la zona del euro han impulsado al noreste de Asia hacia un reequilibrio colectivo y a la diversificación, pero esta importante redefinición de los flujos comerciales y financieros no obedece a ningún esquema planificado  dirigido hacia algún adversario, sino que es, simplemente, una reacción a las deficiencias económicas occidentales.

China, Japón y Corea del Sur han acordado promover el uso de sus reservas de divisas para invertir en bonos de los gobiernos de cada otro. Los tres países, que representan el 70% del PIB asiático,  también se están moviendo hacia el establecimiento de una zona trilátera de libre comercio. Pekín y Seúl ya han anunciado el lanzamiento de negociaciones de zona de libre comercio (FTA) que se espera que se completen antes de finales de 2014. China y Japón han comenzado la comercialización directa de sus monedas en una política que refuerza los lazos comerciales entre dos economías más grandes de Asia.

Las nuevas dinámicas del Noreste Asiático también rediseñan el paisaje del Sudeste Asiático. Junto con los 10 miembros de la ASEAN, China, Japón y Corea del Sur acordaron, con ocasión de la 45ª Reunión Anual del Banco Asiático de Desarrollo, ampliar una red regional de liquidez asegurada, duplicando el acuerdo de multilateralidad de la iniciativa Chiang Mai a 240.000 millones de dólares. 

Los altamente endeudados EE.UU. - más del 100% de su PIB y en camino de sumar en los próximos 5 años tres veces más deuda que la eurozona - prefieren crear las condiciones para la bipolarización de la región Asia-Pacífico veinte años después del final de la Guerra Fría, pero en lugar de un "giro a Asia", los EE.UU. deberían haber concebido un nuevo enfoque de la economía estadounidense, la verdadera amenaza a largo plazo para la seguridad nacional estadounidense, y más allá, un replanteamiento con los líderes europeos de las relaciones atlánticas. 

Sustancialmente, mientras que la China contemporánea ha aprendido a convivir con el oeste y sigue utilizándolo como catalizador para la renovación de su antigua civilización, Occidente aún no ha aceptado plenamente la realidad de una modernidad sui generis china que marca el límite de su expansión global. 

Al aferrarse a la noción de que "o son como nosotros o están contra nosotros", mientras la tradicional sabiduría china ha preparado el País del Medio para rehuir de esa dualística mentalidad, Occidente corre el riesgo de quedar aislado en una obsoleta visión del mundo.

En un contexto chino, la gestión, la gobernanza y, en general, la visión de las relaciones internacionales, están profundamente influenciadas por el "Tao de la Centralidad", una filosofía y una práctica cuyo objetivo es equilibrar los opuestos y mediar entre fuerzas contradictorias. La inteligencia de la centralidad - zhong – presupone fuerzas contrarias pero que, dado que apuntan al equilibrio y la armonía, superan la lógica de la oposición excluyente. La grandeza del "Tao de la Centralidad" no estaría en una victoria de Oriente contra Occidente sino en su mutua nutrición.

En una aldea global donde la dominación absoluta de una potencia sobre las demás se ha vuelto imposible, y donde la interdependencia ha aumentado considerablemente el precio de las tensiones, el "Tao de la Centralidad", es una poderosa fuente de eficacia. 

Una declaración repetitivamente atribuida al emperador francés Napoleón Bonaparte, que probablemente nunca profirió, se ha convertido en un engañoso cliché: "Cuando China despierte, el mundo temblará". Sin embargo, China ni una fuerza revolucionaria, ni un poder intoxicado por alguna nietzscheana voluntad de dar forma a un nuevo orden global. 

Mientras que, en las inequívocas palabras del Secretario de Defensa de los EE.UU., Leon Panetta, en el Shangri-La Dialogue "Todos los servicios militares de los Estados Unidos están centrados en la ejecución de la guía del presidente para poner Asia-Pacífico en una prioridad superior", China se concentra en su transformación interna y, gradualmente, pacíficamente, recuperar su centralidad. 

Aunque el contraproducente "giro a Asia" complica las relaciones entre China y Occidente, no es demasiado tarde para que Occidente aprehenda con sabiduría el renacimiento de China, ello no sólo contribuiría a su revitalización, sino que también llevaría el sistema global a una era de cooperación y prosperidad sin precedentes.


David Gosset es director del Centro Euro-China de Relaciones Internacionales y Negocios CEIBS, Shanghai, Pekín y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

(Copyright 2012 David Gosset.)

 

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Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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