
El informe de política china es un cuidado y relativamente extenso documento que bien merece una lectura por parte de los que seguimos la actualidad de China. Resulta admirable la labor que el Observatorio de la Política China realiza, y en particular Xulio Rios, cuyo trabajo estudiando “lo chino” es incansable.
En el archivo pdf, disponible en su página web, el Observatorio, actúa como un sismógrafo. Ante leves vibraciones que el vulgo jamás percibe, reacciona con un tintineo de aguja sobre el papel. Se va marcando así una silueta eterna que luego cada cual interpreta a su manera. Muy útil, en este sentido, la cronografía con titulares que se incluye al final.
Estas interpretaciones pueden tener, o pretender, efectos proféticos autocumplidos. De ahí que, sobre todo el objeto de análisis (los chinos y su gobierno) así como otros observadores puedan activar las defensas incluso antes de tiempo.
Volviendo al informe, revisa muchos de los sucesos que marcaron 2011 en China como el 90 aniversario del Partido Comunista o el primer centenario de la República de China, lo acontecido con candidatos independientes en las elecciones locales, o el trasiego de la estatua de Confucio a lo largo de la plaza de Tiananmen en Pekín, a parte de muchos otros que, por el ritmo de la actualidad parece que sucedieron hace más tiempo.
En uno de sus pasajes se puede leer: “El discurso oficial ha reiterado que las prioridades políticas son la mejora del buen gobierno, el respeto a la ley, el aumento de la transparencia, la utilización “sana” de la Red, la lucha contra la corrupción y las injusticias, la eliminación de las interferencias en el sistema judicial… pero nada indica que una evolución democrática sustancial figure en la agenda”. Prosigue diciendo que la invocación al marxismo en el discurso de Hu Jintao, responde al “populismo oportunista” sin entrar en una reforma política en profundidad.
¿Está China en transición? ¿Es una dictadura básicamente inmóvil y que desprecia los derechos humanos? Este sería el meollo del asunto. La discrepancia esencial entre lo que se refleja en el informe contrapuesto al discurso “oficial” chino. En el informe, la diferencia entre dichos y hechos se subraya en varias ocasiones como una constante del panorama chino. Dicha distancia, existe en todos los sistemas, y es cierto que los discursos políticos, o las mismas leyes, a veces son declaraciones de intenciones cuando no, directamente, un insulto a la inteligencia de los ciudadanos.
La economía es política y la política, economía. Pretender que se puede realizar una escisión en dos compartimentos estancos es sumamente complejo. El proceso de reforma y apertura iniciado en 1978 por Deng Xiaoping se interpreta internamente en China, como el inicio de una transición. Económica, y, por tanto, política. Este tipo de afirmación, que puede chocar a no iniciados en el discurso gubernamental chino, se basa en que depende de la definición de “democracia” que manejemos. Tal concepto puede ser más formalista (incluso, meramente formalista), más materialista, o puede adoptar otras perspectivas que nada tengan que ver con el formalismo o el materialismo.
Bajo un punto de vista material, y entendiendo que no puede ser libre quien no tiene para comer, el desarrollo económico es condición previa y necesaria para el desarrollo político. Por tanto, y bajo esta óptica, se defiende una transición ya en marcha en la República Popular de China y este es un discurso con baja o ninguna transcendencia fuera de sus fronteras.
Dicha transición, no está exenta de una fuerte asimetría, y mientras algunos chinos han ascendido fuertemente en la pirámide de Maslow clamando por aumentar los márgenes a la libertad de expresión más rápido de lo que se está haciendo -sin ir más lejos, así se reconoce este informe donde el uso de Weibo se menciona haciendo referencia a una libertad “sin precedentes”- otros ciudadanos chinos aún pugnan por abandonar la base de esa pirámide. Ese es el dilema entre el desarrollo y una (más rápida) adopción de democracia. Un dilema que se refiere al ritmo del proceso, más que al proceso en sí mismo.
Señala el artículo que endógena o exógenamente podría haber tensiones que cuestionen la legitimidad del Partido Comunista. Nos encontramos ante un pronóstico clásico sobre China. Como apostar una equis en el pleno al quince de forma constante juegue quien juegue. Tarde o temprano, se producirá el empate en ese partido. Lo que tiene mérito es haber acertado las catorce casillas previas de la quiniela.
El término reforma para los Occidentales está claramente orientado hacia la democracia liberal que tenemos en nuestros países. Todo lo que no vaya en esa dirección y sentido, y como vimos antes, a la velocidad que nos gustaría, se ve de manera peyorativa como retrógrado y desalineado. Este es un equívoco conceptual recurrente cuando leemos sobre China. Los chinos también hablan de reforma, concepto que unen -o, han unido hasta no hace mucho- el de “apertura”. Su “reforma” no se corresponde con la que queremos nosotros. Por tanto, la negamos. Como no se reforman del modo en que queremos, sencillamente no se están reformando. Aquí difiere la lectura que hacemos de los movimientos de esa aguja del sismógrafo.
En el informe, el gobierno chino aparece, como en muchos artículos periodísticos, dubitativo y temeroso de las reacciones de su pueblo. El mito del gobierno chino caricaturizado como un gigante con pies de barro ha calado mucho en el imaginario de análisis sobre este país. Bajo ese halo, se interpretan acciones como la rápida censura como síntoma de inseguridad. Es posible que el efecto halo esté influyendo. De hecho, la misma contundencia en la respuesta y la velocidad de acción del gobierno chino, bien podría significar lo contrario: seguridad, asertividad y claridad de acción. Es más, dicha “sensibilidad” del gobierno, lo situaría cercano y reactivo ante las demandas de su pueblo, aunque sea en una capa bastante cosmética, y no inmovilista, hierático o ajeno.
Más adelante en el informe, y tras narrar lo acontecido en varios casos de descontento social, se habla del “caldeado ambiente”. Siendo cierto que ha habido accidentes, negligencias y sucesos desagradables en China en 2011, entender como caldeado el ambiente, al menos en comparación con un año antes o lo que vendrá un año después, parece un poco exagerado. China es un país con mil cuatrocientos millones de habitantes donde pasan y seguirán pasando ese tipo de eventos: accidentes y sucesos. Conectarlos a posteriori dibujando entre esos puntos una línea imaginaria de creciente protesta social contra el gobierno en genérico es, una vez más, una construcción que aprovecha de forma ventajista la distancia cronológica y geográfica justificando de manera retrospectiva un punto de vista buscado de antemano. En otras palabras, no dista mucho de ser una fabulación con tintes conspiranoicos para reafirmar un prejuicio.
Sin llegar a ese nivel en este informe, es una práctica habitual en la narrativa foránea que cuenta en tiempo real la historia de China. Si hay una marcha para frenar una factoría, se trata de una peligrosa manifestación antisistema que pone en jaque la legitimidad de Pekín… si chocan dos vagones del metro, la gente se plantea el sistema político global en el que vive. Y, es más, según este discurso, el descontento se va agregando de un suceso a otro a lo largo y ancho de China. No resulta creíble, pero a base de repetirlo, este tipo de análisis parece estar calando en el discurso.
No es así. Los chinos no se plantean la legitimidad global de su sistema tras cada suceso, accidente, o incluso grave corrupción o negligencia de su gobierno que observa. Mucho menos cuando tales noticas llegan desde el norte de África. No hay, entre los descontentos puntuales que sí se producen, tal conexión antisistema generalizada que nos pueda llevar a afirmar que hay un caldeo creciente o especialmente relevante. Dicho sea esto, sin evangelizar y desde la humildad de otra perspectiva sometida a sesgos distintos.
La mirada sintética sobre la realidad china, y el intento de encontrar causas y efectos, de explicar lo que sucede, no debe llevarnos a teorizar simplificando y buscando una partitura que es seguida por las diferentes cuerdas de la orquesta de manera coordinada. No se percibe sobre el terreno. Los cabreos ciudadanos son muy puntuales y mundanos entre los chinos de a pie. Pekín les queda demasiado lejos.
La discrepancia con algunos enfoques de este informe no niega la mayor de que se trata de un documento de calidad que merece la pena para los que por profesión o pasión están pegados a la actualidad de China.
Últimos comentarios